En la salud y en la enfermedad

El tiempo vuela cuando te diviertes, los meses se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos para la pareja que vuelve de celebrar Navidad con sus padres, habían alternado con los Kaioh en Inglaterra, ahora la habían pasado con los Blackmoon en Japón.

Los vuelos son algo habitual en su vida, habían decidido vivir en Los Ángeles porque ahí está el Centro tecnológico Némesis, donde Diamante trabaja y este antepone la cercanía con la producción y desarrollo de sus prototipos, que vigilar dinero en Nueva York desde dónde dirige las empresas familiares, Michiru también viaja constantemente con él a la ciudad de los rascacielos por su carrera, sin embargo también prefiere su hermoso estudio en Los Ángeles.

Pero en esta ocasión tuvieron que regresar antes a Nueva York, la aguamarina ofrecería un concierto para darle la bienvenida al año nuevo además recibiría un importante reconocimiento de la Escuela Juilliard como una de sus estudiantes más destacadas, aunque solo estuvo un semestre antes de elegir continuar sus estudios en Inglaterra; su esposo por su parte comenzaría con la producción en serie del Diamante oscuro.

-Buenos días- susurra el peliblanco, la mañana los sorprende con la vista de una ciudad nevada desde la comodidad de su suite.

Michiru sin ganas de levantarse solo se abraza más a su pecho, desde que eran novios compartían la cama y en todo ese tiempo había concluido una cosa, Diamante es muy cálido, justo lo que necesita en esa fría mañana del 31 de diciembre.

La joven mujer a veces no podía con toda emoción acumulada en su pecho, la dicha se desborda y solo una cosa la tranquiliza, alza la vista para besar a su esposo con devoción.

Aunque no tienen sentimientos románticos por el otro y tampoco atracción sexual, es la forma que tienen para demostrarse su afecto, para ellos es ridículo que solo el amor una a las personas, que entre toda la gama de emociones humanas, solo el amor sea el de los lazos válidos y duraderos ¿Qué hay de la admiración? ¿El orgullo o una sincera amistad? Eso en si sería culpa de que solemos pensar que con el amor vienen incluidos otros sentimientos de facto, pero no, puedes amar a una persona y no respetarla, puedes amarla y no valorar su presencia solo necesitar de esa presencia.

Ese es el caso de Michiru y Diamante, pues su compañía es lo más importante para el otro, se admiran sinceramente, disfrutan escucharse y comparten una camarería que les permite una sincronización envidiable, se leen la mente, se escuchan, se apoyan ¿Acaso esos sentimientos no les permitirían un lazo tan fuerte, que aquellos que solo viven de amor?

Lo único claro para Michiru es que era la forma física para expresar todo lo que Diamante le inspira y eso le provoca una cálida satisfacción en el pecho, que aumentaba ante el respeto de él, que le acaricia los brazos, como diciéndole lo pleno que también se siente, pasa las manos por su espalda dejándole claro que siempre la cuidará y pone sus manos en sus caderas como entrega inocente a aquellos sentimientos, la aguamarina sonríe en el beso al darse cuenta que entre sus piernas el miembro de su esposo sigue calmo, se separa mordiendo su labio inferior con satisfacción, jamás la tocaría, jamás se atrevería a faltarle lo prometido, su sonrisa perfecta se lo confirma, vuelve a besarlo pero son interrumpidos por su estornudo.

-¿Diamante Blackmoon tomaste tu medicina?-

-Lo olvidé-

-Pareces un niño pequeño- Michiru se incorpora tomando de la mesita de noche la caja de pastillas, le da una y el vaso de agua que dejó a la mitad anoche –Tómatela ahora ¿Puedes creerlo Setsuna? Tenemos que vigilar si el SEÑOR está siguiendo su tratamiento- dice con un tono de reproche cruzando los brazos, mientras su esposo se sienta un poco en la cama para beber el agua.

-Inverosímil señorita- contesta la morena sarcástica dando vuelta a la página de su periódico, está sentada en la sala de suite y los ve desde la puerta abierta.

-Vamos querida, no me regañes, solo es una gripe y lo olvidé porque trabajé hasta tarde- se defiende Diamante dejando el vaso en su lugar.

-Claro, pero prometí cuidarte en la salud y en la enfermedad, por lo que te voy a pedir cariñito que no se lo hagas más difícil de lo que ya es a tu cuerpo o a mí, tomate tu medicina- sentencia poniendo su índice sobre la nariz del hombre.

-Señores...- entra Setsuna -No quisiera apresurarlos pero hay una nevada y el tráfico nos obliga a acelerar nuestras actividades-

-¡Sí!- exclama la aguamarina saltando de la cama y desvistiéndose sin pudor ante los dos para cambiarse.

-Por supuesto, hoy es un día muy importante para mi querida Michiru- se levanta Diamante -Llévala de compras, las mejores prendas, la cena más exquisita, bebamos el vino más delicioso del mundo ¡Hoy has conquistado Estados Unidos!- dice tomándola por la cintura y haciéndola girar en el aire -No podría estar más orgulloso-

La morena sonríe al verlos así y pasa la mañana con ellos, después deja al señor en el centro para que atienda los negocios, a la señorita en la galería al medio día, luego va al aeropuerto para confirmar si el clima les permitirá volver al día siguiente, feliz le lleva la noticia a Diamante cuando va a recogerlo.

-Perfecto Setsuna, hasta el clima nos sonríe, vamos por Michiru, tendrá hambre-

La aguamarina tendría una exhibición de sus pinturas, está en el estudio de la galería con otros pintores reconocidos, el sitio se encuentra lleno y los pobres asistentes corren de un lado a otro complaciendo los caprichos de aquellas mentes creativas, el olor a fiesta ya inunda el lugar aunque apenas es la mitad de la tarde, pero los artistas pueden embriagarse si quieren, ella tiene que dar un concierto, algo que aquel francés envalentonado con vino al parecer no entiende.

-Su arte es muy expresivo señorita Kaioh-

-Gracias- contesta aburrida.

-Es arrasador, casi caótico ¿que impulsa a una dama que no rompe un plato a pintar así?- le pregunta acorralándola contra la mesa, ella no se asusta porque el sitio está lleno, un grito y todo estaría bien.

-No soy lo que parezco-

-¿Está invitándome a descubrirlo?- dijo sujetándola de las caderas, Michiru asqueada lo empuja, de la misma manera Diamante la había tocado en la mañana, pero el sentimiento es radicalmente diferente.

-¡Suéltame sucio fracasado!-

-¿Cómo te atreves maldita zorra?-

-Oye- el francés reacciona cuando lo llaman pero no alcanza a ver quién fue pues un puño se impacta en su cara con brutalidad mandándolo al suelo contra el que se estrella, recibiendo un golpe doble -Más bien ¿Cómo te atreves tu a tocar a mi esposa?-

El peliblanco pasa su brazo por los hombros de Michiru.

-Escúchame bien, si te vuelvo a ver haré que te arrepientas, y mi mujer no es ninguna zorra, jamás se acostaría con un gusano miserable con tu, tiene más modales y clase en suspiro que tu pseudo artista remedo asqueroso de bestia, Setsuna encárgate- dice al tiempo que se retira con su esposa.

El francés se levanta dispuesto al pelear pero enmudece al encontrarse con una alta morena que con una mirada muerta le grita silenciosamente que es su final.

-¡Que vulgar evento! Yo y mis cuadros nos vamos- alza la voz.

El pequeño espectáculo había llamado la atención, dejando claro que de Michiru Kaioh y el señor Blackmoon nadie se burla; nadie hace el mínimo movimiento más que una chica rubia que corre a alcanzarlos.

-Señorita Kaioh, espere por favor- se para frente a ellos sin aliento -No se vaya por favor, el evento será pronto y su nombre es el de peso en ésta exhibición, se lo ruego por favor, no se vaya-

La aguamarina la delineó con la mirada, atractiva pero muy joven, tenía en cabello recogido y algo de pintura en la cara, seguro estaba empezando y necesitaba ese empujón en sus carrera, por lo que abre su bolso para sacar su tarjeta.

-De acuerdo- el suspiro de alivio de todos en el lugar hace reír a Diamante -Llámame si necesitas algo- le extiende la tarjeta y la pareja sale del edificio.

Esperan en el asiento trasero de su auto hasta que Setsuna aborda, tiene sangre que no es suya en los puños y se ha quitado el saco de su uniforme.

-El señor Pierre acaba de retirarse de la exhibición por problemas de salud- es lo único que dice antes de salir del estacionamiento directo al hotel para su última actividad del año, la pareja sonríe complacida.

-Cielos, la gripe está acabando con todos- dice el peliblanco con sorna antes de estornudar de nuevo, su esposa rueda los ojos y saca un pañuelo mientras los tres ríen.