N/A: ¡Hola! Otra entrega bastante pronta, pero es que este finde voy a estar complicada para actualizar, así que me decidí a subir el capítulo un día antes.

Quiero agradecerles inmensamente por el apoyo que están dándole a este fic, les juro que sin los preciosos y alentadores reviews que me están dejando, creo que no encararía el proyecto con la misma onda. No les miento, me entusiasma tanto que la idea les guste que esta semana pude adelantar varios capítulos :D

Con esta tercera entrega finaliza la fase introductoria. A partir del próximo capítulo, se puede decir que la "verdadera" historia va a estar comenzando.

Aprovecho este espacio para responder los reviews anónimos de:

Sakura chan: Me alegra mucho que el pasado y las motivaciones de Rukia te hayan cautivado de esa manera, y estoy de acuerdo en lo que decís sobre Byakuya, tardó bastante en decidirse xD Pero, ¿quién puede decirle que no a nuestra preciosa taicho? ^^ Él, primeramente, pienso que no. Nell y Rangiku harán de las suyas en esta historia, y el rumor sobre Bazz… Habrá que esperar para ver si se confirma. Espero que este capi te guste :)

Guest (1): Gracias por leer y comentar. Concuerdo, debe ser un sueño recibir el número de un hombre así, si yo estuviera en el lugar de Rukia y me cortejara alguien como Byakuya, de seguro me olvidaría hasta de mi apellido xD

Mary: Repito, si yo fuera Rukia, ¡me olvido y dejo todo a la miércoles por Byakuya! xD Espero que el capi te guste y que sigas disfrutando de la historia, muchas gracias por comentar. Sip, a Byakuya le gusta desde que la vio, eso es obvio xD

Guest (2): Muchas gracias por tu comentario ^^. Rukia le movió el piso a Byakuya y le dejó algunos cables sueltos, qué se le va a hacer. "Esto se va a descontrolar" xDxDxD Me reí fuerte con eso, jajajaja. Yo diría que estos dos juntos van a hacer un desastre. Espero que el nuevo capi te guste.

Los dejo con la actualización y sigo esperando sus amables reviews. Supongo que hay errores de sintaxis y eso pero los corrijo después de un tiempo, cuando veo el documento publicado. Cosas que pasan.

¡Un beso!

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


III

Sábado por la noche

.

Cuando el trabajo se alivió y hubo más mesas vacías que ocupadas, las chicas se quedaron junto a la barra charlando un rato. Kaien se había marchado y la responsable a cargo del negocio mientras tanto era Nelliel, cuya expresión se había endurecido un poco después de recibir la visita de su novio.

—Está furioso porque le dije que hoy saldré con ustedes —explicó—. Llevamos discutiendo toda la semana, es un egoísta.

—Te lo dije, hay más y mejores chicos que él en la ciudad, no sé por qué te haces tanto rollo por ese ogro —agregó Bambietta, que al final había aceptado sumarse a la salida.

—Como sea, no seguiré permitiendo sus acusaciones absurdas. Le dije que deberíamos tomarnos un tiempo.

Rukia apenas si prestaba atención a la conversación, se había quedado pensando todo el rato en aquel sujeto, que se veía enigmático, era guapo y le había dejado su número. Ella no estaba acostumbrada a que la cortejara esa clase de hombres, y el interés que éste había exhibido por ella era innegable, su forma de mirarla lo había comprobado.

Kuchiki Byakuya…

Su nombre sonaba importante, aunque quizás sólo fuera porque le sonaba poco común. Tenía una mirada penetrante y un tono de voz que la había cautivado.

A lo mejor debería desconfiar, después de todo no dejaba de ser un extraño. No todos los días se le aparecía a una semejante oportunidad servida en bandeja, mucho menos a ella. Quizás debería arrojar la tarjeta a la basura y olvidar el asunto, dejar de darle vueltas a tan irrelevante cuestión. Tal vez el tipo simplemente fuera de los que se entretenían seduciendo a meseras de restaurante ingenuas como ella y no, no estaba dispuesta en entrar en ese juego; no iba a arriesgar su trabajo liándose con un cliente y menos que menos mancillar su imagen ante Kaien-dono.

Quizás estaba leyendo más allá de un desacostumbrado y trivial encuentro, también.

—¡Oyeeee! —Nelliel le sacudió el hombro y la sacó de esa momentánea dispersión—. ¿Te encuentras bien?

—S-Sí. ¿Qué pasa?

—Otra vez… —resopló—. Estamos organizándonos para la salida de esta noche. El local cierra alrededor de las doce así que deberías traer tu ropa para cambiarte en el vestuario. Ya le avisé a Jackie que nos reserve una mesa.

Siguieron discutiendo los detalles de la salida hasta que Kuukaku llegó al local y hubo que ponerse a trabajar nuevamente. Rukia y Nelliel terminaron el horario del mediodía y se marcharon hasta el turno de la noche. Mientras tanto, las suplieron Rangiku y otras meseras.

Caminaron juntas hasta la parada del ómnibus, charlando sobre las mismas cosas de siempre. De todas sus compañeras de trabajo, Nelliel era con quien tenía más confianza.

—Hiciste lo correcto —dijo Rukia con rotundidad cuando Nelliel le relató la pelea con su novio—. No tienes que permitir que él controle tu vida, Nelliel, él sólo debería ser un complemento para ti.

—Sí. Pero aun así le quiero, sabes. Tengo la esperanza de que este distanciamiento le ayude a reflexionar.

—Claro que lo hará. Es una lástima pero… parece que ellos tienen que perderte para recordar cuánto vales. Con Grimmjow fue igual, es como si algunos siguieran el mismo patrón. Aunque… supongo que es así como aprenden todas las personas, ¿verdad?

—Sí, puede que estés en lo cierto —Nelliel se quedó pensativa por unos segundos—. Ya que lo mencionas, ¿no has pensado que es hora de que vuelvas a conocer a alguien? —indagó—. Tiene tiempo que cortaste con él. Tal vez debas empezar a salir más, Rukia.

—No tengo tiempo para eso —Se escudó ella—. Y además, no podría liarme con cualquier tipo, no soy de ese modo.

—Entiendo. Sin embargo, al menos podrías considerarlo. Oh, ahí está mi ómnibus. ¡Nos vemos a la noche, Rukia!

Nelliel se fue y poco después llegó el ómnibus de Rukia, que iba bastante lleno a esa hora, así que tuvo que viajar de pie. Las palabras de su compañera permanecieron por un largo rato en su cabeza, haciendo que se planteara varias cosas…

Podía estar en lo cierto: esos sentimientos que ella tenía por Kaien-dono no la llevarían a nada, siempre supo que eran como un callejón sin salida. Debía alejarse de él, dejar de mirarlo con esos estúpidos ojos cada vez que se encontraba a su alrededor. Aun así… era difícil teniendo que verlo todos los días. Y cada vez que pensaba en su sonrisa, signada por su constante y admirable confianza, sentía que algo se rompía dentro de ella.

.

La cafetería estaba bastante ajetreada, los fines de semana se trabajaba mucho en el local. Shinji cambió la pista musical e inició el recuento diario de mercadería.

—Momo, ¿hay servilletas?

La aludida estaba secando unas tazas a pocos metros de él.

—No, queda una sola caja y está en uso. Ah, buenos días, Kuchiki-dono.

Byakuya pasó por al lado de la muchacha respondiéndole con un asentimiento y se dirigió al sector de la caja. Tras él entró un señor, que era uno de los proveedores, y se quedó conversando con él por un breve momento. Después de recibir una factura, chequear el monto a pagar y haber entregado el dinero correspondiente, le indicó al señor que entrara las cajas y las colocara sobre la barra. Shinji las acomodó en un estante tarareando una canción.

—Madre mía… Qué diseño tan… ¿innovador? ¿Qué es esto, Kuchiki-dono? —El encargado había abierto una caja por accidente y descubrió que contenían galletas. Parecían galletas artesanales, ya que estaban envueltas en papel de vidrio; tenían la forma de una nube verde y una curva de pasta blanca bajo dos puntos creando así una sonrisa.

El patrón mantuvo la expresión hermética de siempre.

—Estrategia de venta. Es un diseño personal, nunca antes visto. Instruye a las meseras para que distribuyan un paquete sin cargo por cada orden que reciban.

Shinji lo miró con una ceja arqueada. No debía de estar hablando en serio, su "diseño personal" era todo menos estratégico, si es que su estrategia consistía verdaderamente en atraer. Byakuya lo miró de lado antes de irse a la oficina.

—Hazlo.

—¡Entendido!

Después de cerrar la puerta, se acomodó en el sofá que había al costado del escritorio y se quedó un rato en silencio.

Tú…

No suelen pasarme esas cosas, en verdad he sido descuidada…

Sé cocinarlas desde pequeña, así que las como seguido…

¿En qué había estado pensando? En nada sensato evidentemente. Dejarle su número de esa forma deliberada, como si fuera uno de esos casanovas descarados a quien él miraba con desaprobación. Si es que algo de razonable pudo haber tenido lugar en esa precipitación imprudente, él de seguro lo había anulado en un segundo. Si en algún momento pensó que podía existir una pequeña y ulterior posibilidad de conocer a esa chica un poco más, era indudable que la había arruinado.

Nunca había sido demasiado bueno para conocer mujeres, quizás la consideración, por de más generosa, que él tenía sobre sí mismo había influido, de alguna manera, negativamente en ello. Estaba acostumbrado a que fueran las mujeres quienes le coquetearan y de vez en cuando los hombres, a quienes descartaba con mayor resolución. A él no lo conquistaban, quien debía conquistar era él. Su especialidad con las personas radicaba más bien en el acto de rechazar que en el de galantear y tampoco se dejaba intimidar por nadie.

El único interés genuino que había tenido fue Hisana, pero eso había sucedido hace mucho tiempo. Aunque no recordaba en detalle el proceso de cortejo, sí se acordaba de que captar su interés no le había tomado mucho; había sucedido rápido y no le había requerido demasiado esfuerzo acercarse a ella. Hubo otra chica, Aika, con la que se acostó una noche tras la fiesta de fin de año del campo y a la que nunca más volvió a ver. Era linda y estaba visitando a sus familiares en una finca cercana a la hacienda, pero había tenido tan pocos pudores por tratarse de una primera y única vez en la cama, que el interés que tuvo en ella se había esfumado tan pronto como el orgasmo mismo. Al igual que con Sayuri, a la que había conocido en el aeropuerto durante uno de sus viajes de negocios. Cuando llegaron a destino se encerraron dos horas en un hotel y antes de regresar al país, él la contactó para volver a acostarse con ella. No se molestó en conservar su número cuando todo terminó. Después de algún tiempo, comenzaron los encuentros con Yoruichi y hasta la fecha no había más nombres en su historial de conquistas.

Y ahora aparecía esa chica, que parecía haber golpeado de un manotazo todas sus bases. Estaba claro que la atracción no habría tenido lugar en primera instancia de no ser por el parecido que la joven tenía con su precursora, Hisana, pero aunque fuera ese enorme detalle el que captara inmediatamente su interés, había ciertos rasgos de una personalidad fuerte emergiendo de su rostro, de sus ojos, de su tono de voz, que eclipsaba completamente cualquier semejanza que tuviera con su ex novia y que lo arrastraba a fantasear inevitablemente con la forma de su cuerpo.

Porque aquel era un terreno desconocido y había muchas cosas que él deseaba saber. Pese a que su rostro le recordaba mucho a su ex novia, él entendía bien que esta persona que ahora se había cruzado con él era de hecho otra persona, alguien diferente, y aunque aún tuviera poca información sobre ella, había visto algo en sus ojos, en la totalidad de su rostro, que le resultaba magnético y que le parecía tan atrayente como la gravedad quizás.

O quizás simplemente se sintiera solo y hubiera terminado por confundir sus sentimientos. Quizás ella solamente hubiera movido viejos recuerdos, tal vez sólo hubiera despertado el olvidado sabor de sus viejas y agrias pasiones.

Por si eso fuera poco, él lo había estropeado. O en el peor de los casos… o mejor, según se lo mirara; ¿qué haría si ella decidiera contactarse con él? Era evidente que no había sopesado las consecuencias, que había actuado por impulso y movido por sus absurdas y desordenadas emociones.

Él no era de esa forma, él siempre lo tenía todo bajo control. Era difícil que quebrantaran su entereza, nadie solía alterar la fortaleza impenetrable e indestructible que él, con mucha cautela y tino, se había construido para sí.

Miró vagamente el teléfono móvil descansando sobre la mesa de centro.

"Rukia…"

Decidió que no esperaría ningún llamado o mensaje de ella, pero tampoco se resignó a que no pudiera volver a verla una vez más, y también resolvió que era momento de empezar a reordenar sus emociones.

.

Las meseras iban de aquí para allá, por la noche el restaurante desbordaba de gente y demandas. Había un aroma intenso, mezcla de deliciosas comidas, música agradable, personas yendo y viniendo en los baños y en la barra, y algún que otro niño haciendo alboroto en los caminos que se formaban entre las hileras de mesas. Rukia tenía a su cargo dos mesas grandes con muchas personas y como ambas habían pedido parrillada libre, no eran difíciles de atender; sólo tenía que estar atenta a las bebidas que pidieran o a cualquier aderezo que desearan de repuesto.

Entre un momento y otro recordaba el encuentro con ese desconocido, cuyo rostro ahora tenía un nombre, y se preguntaba si en verdad debería darle importancia. Por supuesto que le parecía atractivo, su sola mirada la había seducido y el hecho de que alguien como él le hubiera dejado su número de teléfono no la dejaba para nada indiferente, más bien la halagaba demasiado. Había dejado la tarjeta en casa, por si acaso, ya que aún no estaba segura de qué hacer al respecto, y tampoco es que hubiera tenido mucho tiempo para pensar en ello en realidad.

Permaneció de pie en una punta supervisando el sector que le habían asignado. En el sector del patio estaban Meninas y Candice, las meseras del turno noche. No tenía confianza con ellas y como sabía que no eran del agrado de Nelliel, especialmente la segunda, tampoco tenía interés en trabar lazos de amistad. Candice siempre estaba compitiendo con Bambietta, según Nelliel, por un rollo montado en torno a un ex novio que las dos tenían en común.

Continuaron trabajando, recibiendo a los clientes con sonrisas y palabras de cortesía y sirviendo las mesas con la debida profesión. En un momento, Rukia avistó a Rangiku entreteniéndose amigablemente con una mesa de muchachos que estaba sirviendo y, del otro lado del salón, a Nelliel charlando divertida con una pareja de ancianos.

Y ahí estaba él. Siempre tan ocupado, esforzado, atento a todo… Y sonriendo, por supuesto, esta vez junto a su esposa. Miyako-dono era una mujer tan elegante y simpática... Ella nunca podría superarla, ni siquiera comparársele mínimamente. Rukia desvió la mirada, empezando a sentir el nudo en la garganta típico de esos momentos, cuando no tenía más opción que tragárselo y soportarlo sin que nadie se enterara de nada.

Las horas pasaron volando entre tanto que hacer y en cuanto menos se dio cuenta, ya era tiempo de preparar las lozas y la cristalería para el siguiente día. Las chicas solían turnarse para hacer esa tarea y atender a los últimos clientes que quedaban en el salón, y al final de la jornada era común que los empleados comieran juntos en la gran cocina que estaba en la trastienda, ya que Kaien-dono les permitía comer todo lo que ellos desearan.

—Shuuheeeeei, me dijiste que me prepararías una ensalada —Rangiku hizo un mohín de desilusión cuando vio que Shuuhei, el otro cocinero, no tenía listo su pedido.

—Tch, tuvimos mucha demanda y lo olvidé. Enseguida te la preparo —Se notaba que el aludido estaba cansado pero por alguna razón, le costaba negarse a las súplicas de la bella Rangiku. Ésta festejó con un amigable "¡yay!" y lo siguió hasta la mesada.

Al otro lado de la mesa larga que estaba en el centro de la cocina, Candice charlaba con Bazz, sentada frente a él sobre el borde de la misma. Bambietta, que observaba la situación de lejos, la puso en ridículo señalándole estar sentada sobre una porción de pizza. Después de que Candice saliera de la cocina hecha una furia, Rukia y Nelliel se sonrieron cómplices y siguieron comiendo.

—¡Oigan, oigan! ¿Por qué está todo tan tranquilo? Así no es como debe funcionar esto —Kaien entró a la cocina junto a su esposa—. ¡Cantinero, trae una jarra de cerveza!

—¡Sí! —El cantinero, Sentaro, fue a llenar una jarra en el sector de bebidas. Cuando volvió, la dejó sobre la mesa junto a algunos vasos y tanto el patrón como los empleados comenzaron a beber.

—¿Tú no bebes? —Le preguntó Kaien a Rukia.

—N-No —Ella se sintió incómoda.

—¿Estás a dieta?

—N-No. Sólo no me apetece.

—Hhm, eso es malo —observó Kaien con un gesto escrutador—. Es sábado, eres joven y ya estás fuera de servicio. Deberías disfrutar la noche, Rukia-chan.

Rukia notó a Miyako sonriéndole con amabilidad. Ésta luego depositó una caricia suave en el hombro de su esposo y se retiró hacia el sector de la caja para empezar a registrar las cuentas.

—Sí… Supongo que beberé algo cuando vaya al bar con los chicos.

El estómago se le revolvió y sintió deseos de regresar a casa. Al demonio con la salida, el bar, Shiba's y la mar en coche. Una situación tan simple e insignificante como esa fue todo lo que bastó para que sus ánimos quedaran por el suelo, ahora estaba segura de que ya no le quedaba ningún motivo para pensar siquiera en divertirse.

Sin embargo, ya se había comprometido con sus compañeras y no les iba a fallar, incluso los cocineros se habían sumado a la salida. Cuando todos terminaron de comer y estuvieron aseados y vestidos para salir, la desazón que le produjo la situación había comenzado a desvanecerse. Sus compañeros de trabajo estaban haciendo chistes, se reían, y la risa de un compañero siempre le resultaba contagiosa por más de que en el fondo no se sintiera del todo bien. Al llegar al bar buscado, que quedaba relativamente cerca del restaurante, se sintió mejor.

Jackie's pub era un bar sofisticado dirigido a un público joven, tenía mesas montadas hacia la vereda, un salón grande y acogedor, un bonito patio semi-techado y una terraza atractiva con mesas y sofás. Las mesas que habían sido reservadas para ellos estaban en el patio, ya que Rangiku y Bazz fumaban y no se les permitía hacerlo dentro.

—¡Yoooshi! —Nelliel se emocionó cuando la mesera les llevó la carta—. Quiero lo mismo de siempre, Riruka-chan.

—Yo también —apuntó Rangiku.

Kiwi Blast —Pidió Bambietta—. Que sea sin limón.

—Sake —Pidieron Bazz y Shuuhei al unísono.

—Muy bien, chicos —Riruka anotó todo en una libretita y luego miró a Rukia—. ¿Y tú?

Rukia se lo pensó por un momento, tenía tiempo sin beber y a decir verdad, no es que conociera demasiado sobre bebidas alcohólicas. En realidad no poseía ese tipo de hábitos, aún menos en épocas de estudio. Se apresuró a hacer su elección antes de que Rangiku o Nelliel lo hicieran por ella.

—A-Algo con… Uhm, chocolate, ¿quizás?

—¿Martini, Baileys? —ofreció Riruka—. Son los clásicos.

—Esto… Baileys.

Esperaron los tragos, que llegaron pronto, y así empezaron a beber y a divertirse. Nelliel le recordó a Rukia que le debía una cerveza y a ésta no le quedó más remedio que cumplir su palabra. A medida que las copas se vaciaban, volvían a ordenar más y diferentes tragos, especialmente Rangiku. Por ser empleados del prestigioso restaurante Shiba's recibían atención especial y les otorgaban descuentos generosos.

—¡Salud! —canturreó la joven rubia alzando su copa y abrazando por el hombro a un atolondrado Shuuhei. Chocó su copa con la de Nelliel e intercambiaron sus tragos.

El alcohol no tardó en surtir efecto; pronto, Rukia comenzó a sentirse mareada, sin mencionar que había empezado a reírse y a decir cualquier tontería. Quizás el haber inaugurado la noche con un licor no hubiera sido lo más acertado; debió de haber escogido alguna bebida suave, a lo mejor un simple refresco. Enseguida notó que las copas de sake pasaban una y otra vez frente a sus ojos, encontrando su destino en las manos ávidas de una divertida Rangiku, entonces decidió que en cuanto terminara de beber el porrón de cerveza irlandesa que Shuuhei le había recomendado, le pondría término a ese inusual arrebato de ebriedad que ya había comenzado a embotarla.

Sí, eso haría, ya había tenido suficiente.

De repente, una oleada de sentimientos conocidos y desagradables se aunó en el centro de su pecho.

Es sábado, eres joven y ya estás fuera de servicio. Deberías disfrut…

"¡No, no pienses en él! ¡No lo eches a perder!"

No, no iba a pensar en él, no se iba a permitir deprimirse justo en ese momento. Debía ponerle fin a ese sentir inútil, debía eliminar completamente de su pecho toda emoción inapropiada que tuviera que ver con esa persona.

"Sólo tengo que olvidarlo. Tengo que sacar a Kaien-dono de mi cabeza..."

Eso era; ya estaba encaminándose. No cabía ni siquiera pensar que alguna vez pudiera tener una chance con él, eso estaba completamente fuera de su alcance, de las posibilidades y de toda coherencia. Ella sabía dónde estaba parada y la idea de que podía terminar frustrando su vida por un amor imposible había comenzado a hacerle frente. Por supuesto que debía esquivar ese charco, debía procurar avanzar correctamente por un sendero limpio y firme. Ya no más Kaien-dono; ya no más emociones inútiles.

"Soy fuerte, he superado situaciones peores. Estos sentimientos... Yo voy a…"

—Lo siento, chicos, tendré que irme —La voz de Nelliel interrumpió sus cavilaciones. Ésta terminaba de guardar su teléfono—. Nnoitra-kun ha montado un lío en un bar y ahora está detenido. Nos vemos luego.

Nelliel se disculpó con sus amigos y, tras recibir las condolencias de una deprimida Rangiku, abandonó el lugar, en parte furiosa y en parte triste.

Un largo rato después, viendo que Bambietta estaba muy cómoda con Bazz, que Shuuhei ya se había retirado y que Rangiku ahora charlaba divertida con un extraño dentro del salón, a Rukia le pareció que era hora de que ella también se marchara de allí; estaba cansada y considerablemente ebria.

Pidió la cuenta y después de pagar, se acercó a Rangiku para avisarle que se iba.

—Ten mucho cuidado cuando viajas, Rukia-san, avísame cuando llegues —Rangiku compuso una expresión exigente. Cuando Rukia aceptó y siguió su camino, continuó alegremente su conversación.

Rukia pasó de la barra y empezó a avanzar entre las mesas. Entonces notó algo, o mejor dicho: a alguien, que captó su atención.

.

—¿Y bien, Byakuya-san? ¿Qué dices?

Gin Ichimaru, un viejo compañero de la universidad, había invitado a Byakuya a tomar unos tragos esa noche. Byakuya aceptó, más por cortesía que por ánimo propio; los gustos de Gin divergían notablemente de los suyos y si habían llegado a mantener una amistad, sólo había sido por el área de negocios a la que ambos se dedicaban. En ese momento el sitio escogido para el encuentro no combinaba del todo con sus preferencias, no obstante, llegados a tal punto, tampoco tenía caso quejarse.

—Es un bonito bar, ¿verdad? Me gusta venir aquí, y hay chicas lindas.

Llegaron bastante tarde porque la idea y el llamado de Gin surgieron a última hora. Por ser sábado, quizás después de todo hubiera sido mejor que quedarse durmiendo. En realidad, Byakuya era bastante solitario y disfrutaba de sus momentos de soledad, pero en aquellos días, con tantas inquietudes poblando sus pensamientos, aprovechaba cualquier distracción para relajarse.

—Preferiría una caminata por el parque o a lo sumo un club de jazz, sin embargo debo admitir que el ambiente es lo suficiente decente.

Se acomodaron en una mesa apartada y ordenaron sus bebidas.

—Siempre tan desestructurado —ironizó el otro—. Tú nunca cambias, ¿eh?

—No dije que lo hiciera.

Charlaron de cualquier asunto: el trabajo, la familia, la hacienda, los viejos compañeros en común… Incluso de libros. También intercambiaron sus puntos de vista con respecto a la situación política del país, la cual por aquellos días atravesaba un período de transición.

Gin era buen conversador y su personalidad descarada de alguna manera lograba generar comodidad en Byakuya. Se llevaban bien y, a su particular modo, se entretenían.

—Vaya, vaya… Parece que la concurrencia de hoy es más agradable que de costumbre —observó Gin mientras veía pasar hacia el baño a una chica rubia y atractiva: Rangiku—. Deberíamos ponernos un rato al acecho, ¿eh?

Byakuya ignoró la sugerencia.

—Oh, vamos, no puedes mantenerte impertérrito habiendo tantas chicas lindas —insistió—. Estamos en nuestro mejor momento, ¿eh? Luego uno se pone rancio y es difícil coger buenas oportunidades con ellas.

—Te equivocas —señaló Byakuya—. No deberías categorizar algo tan variable como el éxito en base a una edad establecida.

—Bueno, qué más da... Hace tiempo que no te veo con una chica, ¿o acaso ya te conseguiste una novia y no me he enterado?

—No en realidad. No estoy enfocado en ese tipo de búsquedas.

—Oh, vamos, no puedes decir algo como eso mientras estamos divirtiéndonos en un bar. Es un insulto para esas muchachas que están mirándote allí desde que entraste.

Byakuya miró vagamente en la dirección señalada: un grupo de chicas parecía estar hablando juguetonamente sobre él. Las ignoró en rotundo.

—No estoy seguro de que una mujer pueda atraer mi interés en un bar. No es mi estilo —asentó.

—Cielos, ya veo por qué llevas tanto tiempo solo. Deberías apartar un poco esos escrúpulos, Byakuya-san, te estás perdiendo de cosas divertidas.

Se hizo difícil poner atención en las últimas palabras de Gin cuando la figura de una muchacha de rostro conocido captó su atención desde lejos. Byakuya observó con perplejidad la situación: Rukia acababa de salir del baño de mujeres con la joven rubia a la que Gin había halagado. Debía ser algo sumamente entretenido a esas alturas el que tuviera que encontrársela en el mismo día por pura casualidad, pero en realidad, la sorpresa fue tal que Byakuya no supo cuál debía ser la reacción al respecto.

Por el momento se limitó a evadir la cuestión; mejor que la historia, si es que había historia, con esa muchacha llamada Rukia quedara reservada para su intimidad. Gin no era precisamente alguien que pudiera opinar a tono con el embarazoso trasfondo que conllevaba todo eso.

Mientras lograra hacerlo cautelosamente, sólo la observaría. La vio desaparecer junto a la otra mujer tras la puerta que conducía al patio.

Pasó una larga hora de continuo y bien enmascarado desasosiego, y de charlas que por momentos se le hacían lejanas: saber que Rukia estaba en el mismo lugar que él le generaba una ansiedad enorme que por momentos provocaba que se desconcentrase. Al parecer ella no lo había visto, pero aun así, si lo hiciera… ¿qué debería hacer él?

Un rato después de que continuaran bebiendo, al ver que Byakuya estaba muy disperso y que la joven rubia y bonita había pasado otra vez hacia al baño, Gin avisó:

—Creo que lo intentaré con esa chica. ¿Te importa quedarte un rato solo?

Byakuya aprobó con un asentimiento y cuando Gin se fue a esperar a Rangiku junto a la barra, se pidió otro trago. El último de la noche, se dijo a sí mismo, ya que pronto alcanzaría su límite. La mesera le sirvió una copa de sake y tras unos pocos minutos bebiendo a solas, se le ocurrió que Rukia debía de estar acompañada. La joven que había visto con ella ahora estaba charlando con Gin, y él no avistó a Rukia en ningún momento encaminarse hacia la puerta, era evidente que todavía se encontraba en el patio. Estaba con otra persona, eso era seguro, y si iba más allá en sus especulaciones, inevitablemente terminaba preguntándose con quién…

No lo había pensado. A lo mejor la muchacha tenía novio y él ya se había montado una casa de inquietudes con respecto a ella. Aunque… ¿realmente importaba? No, no debía importarle. ¿O sí? Quizás el alcohol hubiera empezado a ofuscar sus pensamientos, impidiéndole sopesar la profundidad de la situación con claridad. Miró hacia la puerta del patio sin obtener visión de ella y decidió que saldría de aquel lugar antes de que un posible exceso de alcohol y la poca contundencia de sus reflexiones lo llevaran a cometer otra locura.

Terminó de beber tranquilamente su sake y le hizo una señal a Gin indicándole que se iba, se estaba sintiendo más ansioso y ello no era una buena señal. Pasó primero por el baño y finalmente se encaminó, pasando entre las mesas ocupadas, hacia la puerta de entrada. Al tocar el pomo escuchó su voz, esa conocida y desesperante, torturadora voz hablándole.

—Kuchiki Byakuya…

Se giró a medias y la vio. Rukia había ido a buscarlo.

Podía sentir cómo su corazón daba tumbos. Sólo bastaba con verla, avistar su rostro, para que sus entrañas se removiesen al instante. Ella lo ponía a temblar todo dentro de él, ella… esa simple, linda desconocida, que se parecía tanto a Hisana.

La miró con la acostumbrada parquedad y esperó lo que fuera que tuviera para decir. Rukia se sintió afectada ante esa mirada que la oprimía y que también parecía provocarle un hormigueo.

—Esto… —No se lo pensó bien antes de acercarse a él, en realidad había bebido de más y ahora sus acciones eran poco consistentes. Cuando lo vio, pensó en muchas cosas: en Kaien-dono, en las palabras de Nelliel, en ella misma… Y en cuanto se dio cuenta, ya lo había ido a buscar y lo estaba llamado por su nombre.

Era un hombre muy atractivo. Podía notar que era joven, que no le llevaba muchos años, pero había un halo de madurez y seriedad sobre su rostro que lo hacía ver mayor… experto. Rukia sintió calor en las mejillas al notar otra vez la forma, extraña y asfixiante forma, en la que él comenzaba a mirarla.

"Maldición… ¿qué estoy haciendo?"

—Kuchiki Byakuya —repitió—. Es tu nombre, ¿verdad?

—Lo es —respondió él tajante.

—Me… Me dejaste tu tarjeta personal, hoy. En el restaurante. En Shiba's.

Rukia esperó la respuesta mirándolo a los ojos. Ambos estaban frente a la puerta.

—¿Lo hice? —Él fingió un sutil desentendimiento. Su tono de voz le pareció mitad invariable, mitad arrogante, y Rukia se sintió algo irritada.

—Sí, lo hiciste.

Esa chica, su mirada le avisaba claramente que no debía jugar con ella. Mejor que descartara rotundamente cualquier intento que tuviera por provocarla.

—Ya veo. Tuvo que haber sido una equivocación —mintió. Observó cuidadosamente su reacción, que por un momento fue vacilante.

—¿Equivocación? —Rukia acentuó su recelo, algo no parecía concordar en el comportamiento de ese tipo, de modo que insistió—. ¿Realmente lo fue?

—¿Te gustaría que no lo fuera? —dijo él con seguridad. Fuera lo que fuese, no iba a delatarse ante ella; si la chica demostraba algún interés en él, entonces decidió que lo intentaría de otro modo.

Notó que la respuesta la tomó desprevenida.

—Bueno, yo… —balbuceó Rukia. Oh, no, no estaba realmente preparada para afrontar un galanteo de esos, ese tipo la ponía muy nerviosa y ella no estaba del todo en sus cabales. Aun así, retrucó—. ¿Por qué lo harías?

—No has contestado a mi pregunta.

Rukia lo miró fijamente: ese tipo era un engreído.

—No tengo por qué hacerlo —lo desafió.

—¿Entonces por qué te has acercado a mí?

—Porque te vi y… Recordé, y quise saber.

—Ya veo —observó Byakuya—. ¿Y ya tienes tu respuesta?

El talante de Rukia se aplacó brevemente, producto de la sorpresa que él le infligió. Él realmente le provocaba algo, pese a la soberbia de su actitud, ese tipo tenía algo que le resultaba verdaderamente intrigante. La dejó sin palabras.

Byakuya se sonrió, era una sonrisa imperceptible que no llegaba a sus ojos.

—O quizás… ¿deberías continuar buscándola? —propuso al fin. Reparó en el detalle de que ella cargaba su bolso en ademán de marcharse y comentó—: Al parecer te ibas.

—Sí… —¿Qué estaba haciendo? Rukia estaba verdaderamente nerviosa. Esa persona que estaba frente a ella era muy imponente, demasiado, y la intimidaba. Pero ella debía olvidar a Kaien-dono, qué más daba el cómo en esos momentos… Sirviéndose como excusa la bruma del alcohol, continuó—: ¿Y tú?

—También —Byakuya fijó su mirada—. ¿Quieres que te acompañe?

A Rukia le pareció que la situación estaba llegando lejos, de repente se sintió insegura y se halló desconfiando de él. No porque fuera guapo y tuviera una mirada irresistible tenía que ser alguien fiable, ¿verdad? Por eso mismo, mejor que se tomara algunas precauciones.

—¿Acompañarme? ¿Por qué? —cuestionó—. Quiero decir… No me conoces, y no te conozco. ¿Por qué debería confiar en ti, Kuchiki Byakuya?

Byakuya observó su rostro, por supuesto que ella tenía razón. Decidió dejarse de rodeos.

—No deberías —aseguró—. Sin embargo, tu compañera nos está observando en este momento y mi compañero está con ella; conociendo su indiscreto sentido de la privacidad, doy por hecho que ya le ha proporcionado la información suficiente para que tengas un rastro fiable sobre mí. Aun así, es lógico que desconfíes, por eso, entenderé tu recelo y me abstendré de insistirte para que lo hagas.

Rukia le devolvió una mirada reticente y enseguida buscó con los ojos a Rangiku; ésta le guiñó el ojo entusiasmada desde la barra, levantando el pulgar mientras sostenía una copa. Sintió calor en las mejillas al considerar el peso de la, inusual, situación en la que se encontraba, volvió a encararse con Byakuya, y tuvo la sensación de que al día siguiente se arrepentiría de lo que estaba por hacer.

—Está bien —aceptó con una mezcla de resolución y timidez—. De todos modos, todavía tengo tu número.

.

Caminaron hacia la esquina y al llegar al coche, Byakuya desactivó la alarma. Entraron y él encendió el motor. Rukia lo miró curiosa.

—¿Siempre haces esto, tú? Acompañar a mujeres extrañas… a sus casas.

Byakuya le lanzó una mirada indescifrable antes de responder; el tono de voz de esa chica era acusatorio.

—No.

—¿Y por qué lo haces conmigo? —cuestionó Rukia, su tono de voz elevado por culpa de la embriaguez—. ¿Es porque casi me atropellas? No tienes que devolverme un favor o algo por el estilo.

—¿Favor? —Byakuya arqueó una ceja, empezando a conducir—. Yo no hago favores.

—¿Entonces, por qué lo haces?

Byakuya reflexionó un poco antes de responder, ya había salido a la avenida y debía poner cuidado al conducir el coche.

—¿En verdad quieres saberlo? —La probó. Rukia, como pudo, se mantuvo firme.

—Sí.

—Me interesas.

Rukia se quedó mirándolo con una expresión que era mezcla de asombro y timidez. Al final se mordió el labio y fijó la vista erráticamente en la expansión de las calles.

—No me conoces realmente.

—Tienes razón —reconoció él tras un momento—. Debería solucionar eso.

Sus palabras terminaron por dejarla impresionada, otra vez, o quizás fuera que el efecto del alcohol estuviera entorpeciendo sus habilidades comunicativas. El caso es que no halló palabras con qué responderle, así que se arrellanó en el asiento, todavía mareada, sumiéndose en un silencio profundo.

Le había indicado dónde quedaba su casa y él había activado el GPS para ubicar la dirección. Byakuya recordó que Hisana le había contado que vivía en esa parte de la ciudad y entonces corroboró, más que nada técnicamente, que ella y Rukia eran familia; ya no dudaba que fueran hermanas. Miró a la chica brevemente de reojo y la vio apoyada contra el vidrio.

Estaba por demás aturdido, en ningún momento se le pudo haber ocurrido que terminaría la noche con Rukia sentada en el asiento del copiloto. Había pensado tanto en ella por haberla conocido hace menos de una semana que en esos instantes, todo le parecía abrupto e incongruente. Espió su cuello descubierto por el rabillo del ojo, luego sus labios entreabiertos, después su mirada débil, por momentos perdida… A pesar de que su carácter todavía le deparaba misterio, no podía negar que le gustaba.

¿Por qué se había acercado a él? ¿Acaso ella estaba interesada? No lo tenía claro del todo, pero tampoco podía apartar la ansiedad que le provocaba el imaginar cualquier cosa que pudiera ocurrir en esos instantes. ¿Qué estaba buscando ella? ¿Por qué aceptó viajar con él? Su actitud lo confundía y él no podía soportar tanta incertidumbre.

—Te has silenciado de repente —observó tras largos minutos de silencio—. Parecías habladora hasta hace un momento.

Rukia se sobresaltó; ¿el sujeto Kuchiki estaba intentando mofarse de ella? No iba a permitirlo.

—¿Y eso qué? —contestó volviéndose de la ventana—. No es como si tú fueras precisamente alguien conversador.

Byakuya frenó el auto de golpe, habían llegado a un semáforo en rojo. Evaluó a Rukia con la mirada y le pareció que la mesera amable y tímida que él había visto esa tarde en el restaurante era más bien un troll de la montaña. Tal vez la embriaguez la ponía de ese talante, consideró, pero fuera como fuese, ignoró el reproche y cuando el semáforo se puso en verde, siguió conduciendo.

—Rukia —Ella volvió a mirarlo, su expresión esta vez estaba cargada de sueño. Byakuya la miró de lado—. ¿Tienes novio?

Rukia sintió que su pecho se agitó de golpe. La mirada de ese hombre parecía estar llena de muchas cosas que ella en ese momento no era capaz de entrever, además de que realmente… él la atraía mucho.

—No —repuso al fin—.Yo… no tengo tiempo para eso.

Byakuya, acostumbrándose ya a su mal genio, insistió:

—¿Por qué?

—Porque… soy una persona muy ocupada. Y estoy proyectando mi futuro —En su voz cansada podía percibirse un tinte de orgullo.

Esta vez a Byakuya sí que le costó ocultar el asombro: no se esperaba una actitud tan resuelta proviniendo de esa pequeña e impredecible muchacha. Tal vez ese universo llamado Rukia fuera aún más rico de lo que él se había imaginado...

Habían llegado al barrio donde ella vivía y pronto a la puerta de su casa. Byakuya detuvo el coche y miró cautelosamente alrededor, por si acaso.

—Gracias por traerme —dijo ella luego de quitarse el cinturón. Cuando lo miró, se encontró con su mirada fija, indescifrable, y de súbito todo pareció estar sacudiéndose.

Estaban solos en el coche, entre tanta oscuridad, en silencio, que fue difícil no percatarse de que se había formado un ambiente muy íntimo entre los dos. Rukia miró sus labios y los deseó. Él, se le ocurrió, parecía estar pensando en lo mismo. Sus ojos nuevamente ardían sobre los suyos con una intensidad que a ella le parecía desesperante. La forma en que ese hombre la observaba, repleta de un incontenible deseo, la estaba quemando.

No pensó en nada más. Se inclinó sobre él, tiró ligeramente de su camisa y después de fijarle los ojos por unos segundos, le dio un beso.

Él le correspondió con un beso suave, confundido, perdido… Un beso ingenuo, uno que ella estaba forzando. Su boca se movía con cuidado, casi con ternura. Sintió que su mano le tanteaba la cintura y entonces se inclinó un poco más, buscando pegarse a su cuerpo, capturando por accidente una oleada de delicioso perfume. Él respiró sobre su boca haciéndola sentir fuera de sí, haciendo que quisiera avanzar un poco más... Rukia se agarró del volante para reacomodarse y entonces, con un movimiento brusco y torpe de su mano, golpeó la bocina haciéndola sonar y haciendo que ese hechizo repentino se rompiera en pedazos.

—Lo siento… Yo… —Rukia se echó para atrás desandando el camino entre sus cuerpos—. Yo…

Trató de recomponerse y volver a sus cabales, si es que algo de sensatez le quedaba. Miró desorientada el rostro de Byakuya y luego se bajó del coche cuanto antes. Ignoró el "aguarda" que él murmuró tras ella, se soltó del agarre inútil y ligero de su brazo y corrió al portón de la casa deslizando el cerrojo lo más rápido que pudo.

Byakuya se quedó perplejo por un instante, no entendiendo bien lo que acababa de pasar. La vio desaparecer tras una puerta y, después de echar una mirada breve en derredor, se vio obligado a reubicarse: estaba en un barrio desconocido a altas horas de la madrugada y era mejor que saliera de allí antes de empeorar la situación.

Volvió a mirar la casa por última vez antes de reemprender la marcha del coche, procurando sosegarse.

"Rukia..."

Aquello no se iba a terminar allí, de ninguna manera. No iba a dejarla ir.

Aquello recién había empezado.