N/A: ¡Hola! Sé que les dije que actualizaría mañana (viernes) pero me puse un poquito ansiosa y me decidí a subir el capi un ratito antes xD Total, ya tenemos el finde encima.

Sus reviews me motivan como no tienen idea y estoy inmensamente agradecida con ustedes, ¡son los mejores lectores! *heart* Sin su apoyo no dudo de que mi disposición para escribir sería otra, cada día que pasa me encuentro tecleando como loca y terminando nuevos capítulos. Gracias miles.

A continuación, paso a agradecer y responder los reviews anónimos de:

Guest: Coincido, yo en el lugar de Rukia no conocería la palabra pudor xD Pero se trata de Rukia y como sabemos, no es una chica para nada fácil. En este capítulo veremos qué actitud toman los personajes. Gracias por tu apoyo :)

Sakura chan: La idea de la pareja noinell en este fic es esa, explorar la 'calidad' que la relación de esos personajes tuvo en la historia original. No será algo desarrollado pero habrá menciones. Vaya qué recompensa que tuvo Rukia xD Byakuya es un faquin arrogante pero así y todo lo amamos, sobre todo Rukia (de verdad, ella conoció y sufrió su peor parte y aun así lo adora). Ya veremos cómo se las ingenia para conquistarla. Muchas gracias por tu apoyo :D

Mary: Me alegra que te haya hecho emocionar :D Vuelvo a decirlo: yo en el lugar de Rukia no habría tenido ningún pudor xD Ahora vamos a ver qué le deparará a Byakuya cuando vuelva a verla… Gracias por tu comentario :)

Lo dicho: esto recién empieza. ¡Que lo disfruten!

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


IV

Buscando el acercamiento

.

Tía Senshumaru la despertó al mediodía golpeando la puerta de su cuarto para avisarle que pronto estaría listo el almuerzo. Rukia se desperezó acostada y no tardó en recordar los eventos de la última noche.

Kuchiki Byakuya… Yo…

Lo siento…

Se sentó sobre la cama sobresaltada y notó que tenía un ligero dolor de cabeza, producto de la inapropiada ingesta de alcohol.

—No puede ser. ¿De veras… de veras besé a ese tipo?

Miró la ropa que se había puesto anoche y que ahora colgaba sobre la silla de escritorio y a partir de allí comenzó a recomponer la totalidad de la situación: en efecto, lo había besado.

—Qué estúpida —Se reprendió a sí misma mientras reconocía que había terminado haciendo todo lo que nunca quería hacer: había bebido de más, había perdido la estabilidad de su razonamiento y por si eso fuera poco, había perseguido al sujeto Kuchiki dentro del bar para al final acabar besuqueándolo dentro de su coche. ¿En qué había estado pensando? ¿En qué se había convertido? Ese comportamiento no era propio de ella, ni era excusable ni justificable ni nada.

Se levantó molesta y se aseó para el almuerzo. Como era domingo y, por ende, día de descanso, tía Senshumaru debía de haber preparado algún plato especial, y probablemente las acompañara Tenjiro, su novio. Antes de ir al comedor, Rukia volvió a echarse en la cama y se quedó un rato mirando el techo, preguntándose qué diantres estaba pasando con su vida y por qué todo parecía dar vueltas.

.

Tal y como se esperaba, el inusitado acontecimiento de la noche anterior fue imposible de erradicar de su mente: lo primero que Byakuya evocó cuando despertó fue el beso suave que Rukia le dio, sus labios tímidos sobre los suyos, la forma apenas tanteada de su cintura, el olor ahora conocido que él pudo arrebatar de su cuello… La actitud osada de esa joven que ya había logrado atrapar por completo su cabeza.

No cabía duda de que era la hermana de Hisana, pero ése no era el asunto; el asunto era que no le importaba. Rukia lo había cautivado de tal forma que ahora le resultaba difícil contenerse, le era imposible atenerse a la idea de que pudiera dar un paso atrás.

No podía dejarla ir, no podía privarse de conocerla; ella había desatado una tormenta donde durante años había reinado un desierto. Ese atrevimiento, ese descaro… y aun así, ese recogimiento que mostró al acercársele; ¿acaso no era adorable que una criatura tan pequeña como ella diera evidencia de un carácter tan impetuoso? El sólo pensarlo lo volvía loco. De repente se la imaginó con el ceño fruncido y algo se derritió dentro de él.

Y hubo, asimismo, timidez en el beso que ella le dio. Pudo ver que actuó por impulso, que en otras circunstancias probablemente ella hubiera rechazado de plano la sola idea de que él la acompañara en su coche. Era muy probable que fuera así, el hecho de que se hubiera disculpado saliendo disparada del vehículo lo comprobaba.

Él había agarrado, tocado la piel de su brazo mientras intentaba detenerla… Y fue como quemarse, como meter la mano dentro de una olla, llena de agua dulce, hirviendo. Rukia lo había encendido todo dentro de él; desde el fuego en sus entrañas hasta las luces de su propio abismo.

Era una sensación nueva, extraña, una que ni siquiera Hisana había logrado provocarle. Y aun así, en parte, todo ello estaba ligado a lo que él había sentido por su antiguo amor: Rukia le gustaba mucho, era su tipo, y el hecho de que fuera la hermana de su ex novia alimentaba todavía más ese inquietante deseo; se parecía mucho a Hisana y ése era un detalle que él no podía negar, era imposible ignorar la similitud de sus rostros, no podía desentenderse de esa realidad imperante. Le recordaba mucho a ella y aunque él no lo entendiera de esa manera, estaba repitiendo inconscientemente por primera vez un patrón de atracción.

Aun así, si bien Hisana lo había abandonado hace años y ella ya no habitaba ese mundo, su existencia no dejaba de ser ineludible. ¿Cómo reaccionaría Rukia si llegara a enterarse de quién era él? ¿Le importaría? ¿Debería él confesarle esa información o era preferible que la dejara de lado? ¿Él había sido lo suficientemente importante en la vida de Hisana como para que Rukia experimentara algún remordimiento por acercarse a él? Fuera como fuese, la situación era la que era: él la deseaba, ella lo había besado y ahora no había marcha atrás, para ninguno de los dos.

Lo tenía decidido, no había más que pensar: él iba a insistir, iba a persistir en la persecución de esa muchacha hasta que ese fuego que ella había incitado dentro de él lograse consumarse...

Si es que ello era posible, si es que al final ese fuego no terminaba por consumirlo.

.

Llegó el lunes y con él una nueva semana: tiempo de comienzo, de reinicio, de recomenzar lo que hubiera por recomenzar. En Shiba's las chicas se pusieron al corriente sobre los eventos transcurridos durante la noche del sábado y lamentaron no haber podido disfrutar la noche como lo habían programado originalmente, sobre todo Nelliel. Les contó a sus compañeras que debió sentar las bases con Nnoitra y que su relación con él definitivamente se había acabado.

—Ya era hora, ese tipo ni sumaba ni restaba, al menos ahora podrás tirarte a los chicos que quieras —comentó Bambietta con despreocupación mientras pasaba el trapo sobre una mesa.

—No es tan fácil, aún no es el momento de pensar en liarme con otros hombres —aclaró Nelliel recogiendo las copas de una mesa sucia—. He tenido una relación larga con Nnoitra-kun, sabes. Supongo que acostumbrarme a estar sola me llevará algún tiempo. De hecho, es eso lo que necesito.

Bambietta la miró sin decirle nada. Rukia, en cambio, acotó mientras acomodaba las servilletas en otra mesa:

—Tonta. ¿No eras tú la que me animaba a divertirme, a conocer a otras personas? Deberías recordar tus propios consejos, Nelliel. Al menos, no quisiera ver que alguien fuerte como tú se hunda en un estúpido precipicio. Estar solo, recluirse… ¿Por qué insistir con ello cuando hay gente que te aprecia a tu alrededor? La Nelliel que yo conozco diría algo como eso.

Los ojos de Nelliel se llenaron de lágrimas, tuvo que secárselas con el delantal.

—Muchas gracias… Rukia, Bambi-chan, ustedes…

—¿Pero qué es esto, un dorama coreano? —Kaien irrumpió desencajando la escena… como siempre—. ¡Cielos, Rukia-chan, mira lo que hiciste! Ahora los pisos brillarán tanto con las lágrimas de Nelliel que incluso Kuukaku acabará emocionándose.

El joven caminó hacia su empleada favorita y al ver sus lágrimas se sintió conmovido, aunque por supuesto, procuró disimularlo.

—Vamos, no quiero ver caras tristes en mi negocio —Le dio un apretón sutil y amigable en el hombro. Nelliel hizo un puchero y asintió con la cabeza, todavía secándose las lágrimas—. Aún menos en mis empleados, quiero que todos estén bien.

Rukia observó la escena y por un instante… sintió celos de Nelliel. Se reprendió a sí misma y enseguida los sacudió, entendiendo que estaba malinterpretando la situación. Kaien-dono simplemente era así, por eso sus empleados le querían y respetaban. Era ella la tonta que siempre terminaba esperando más de lo que estaba destinada a recibir.

—Andando, les regalaré un pastel de queso cuando terminen la jornada —prometió el patrón antes de volver a sus ocupaciones. Le dirigió a Rukia una sonrisa aprobatoria y luego se esfumó en la trastienda.

—Kaien-dono es tan chulo —observó Bambietta mirando en aquella dirección—. Miyako-dono se sacó la lotería con él, qué envidia.

Rukia guardó silencio y procuró deslizarse cuanto antes hacia otro sector que hubiera por limpiar, antes de que sus compañeras pudieran notar el nudo que se le había formado otra vez en la garganta.

.

Entrando en su negocio, Byakuya siguió inmediatamente con la mirada la disposición de las mesas: le pareció que todo marchaba en orden.

"Muy bien."

Se había hecho como él ordenó: las galletas de Wakame Taishii ya estaban circulando gratuitamente entre los clientes. Como de costumbre, permaneció un rato charlando con su encargado y luego procedió a entrar en la oficina. Tenía el día bastante cargado y no había tiempo que perder, debía realizar unas cuantas llamadas.

Al entrar, se encontró con que alguien ocupaba su sillón de escritorio. Su, personal, moderno y refinado sillón de escritorio.

—Tiempo sin vernos, Byakuya-bo.

Ya fastidiado, cerró la puerta tras de sí y encaró a la intrusa frunciendo el entrecejo.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó—. ¿Cómo entraste?

Yoruichi, cruzando las piernas sobre la mesa, se sonrió de lado.

—¿Ya olvidaste cuál es mi título? "Yoruichi, la diosa de la velocidad". No por nada me ofrecieron una beca en los servicios de inteligencia y espionaje, recuerda que puedo sortear fácilmente cualquier puerta.

—No te pongas arrogante —amenazó Byakuya. Esa mujer, siempre invadiendo su espacio privado, realmente lo crispaba.

—No es arrogancia, es ingenio. Dónde será que tienes la cabeza, Byakuya-bo, que la última vez que dormiste en casa te quité una llave y ni siquiera te diste cuenta —Levantó una dorada y brillante pieza de metal y la meneó frente a él en ademán provocador.

Byakuya dejó su portafolio sobre el escritorio e intentó quitarle la llave en un movimiento que fue demasiado brusco para tratarse de alguien tan sereno como él. Yoruichi se llevó la mano hacia atrás y sus rostros ahora se miraban fijos.

—¿Quién es la afortunada? Si me lo cuentas, te la devuelvo —Siguió provocándolo. El rostro de Byakuya se mantuvo imperturbable.

—¿Por qué debería decírtelo?

—¿Por qué tienes que reformular todas mis preguntas?

—No me hagas repetirlo.

—No me hagas reír.

Byakuya se alejó de ella y la contempló furioso, injuriándola mentalmente en todas las formas posibles. Shihouin Yoruichi ya se estaba ganando el podio de las personas a quien él deseaba destruir personalmente y él tenía muchas, muchas ganas de darle inicio a ese ansiado exterminio.

Finalmente, ella le extendió la llave y resopló:

—Qué hacerle… Deberías poner más atención la próxima vez. Supongo que no es tan malo que te la haya quitado yo, ¿cierto? Podría ser peor.

Tenía que estar bromeando. ¿Acaso pensaba que eso lo aliviaba y que a ella la eximía? Esa mujer no tenía consciencia de lo que decía, era una absoluta descarada. La vio abandonar el asiento para ir a echarse en el sofá, lo más campante, y entonces su indignación aumentó. ¿Peor? Ella era lo peor, indiscutiblemente… al menos en ese momento.

—Vuelve a burlarme y será lo último que hagas —amenazó finalmente él, y disimulando perfectamente la turbación, se ubicó en el asiento y empezó a sacar los papeles del trabajo.

Yoruichi se quedó chequeando sus mensajes en el teléfono mientras se enroscaba el pelo con el dedo anular, ajena a la silenciosa ira que emanaba del joven empresario sentado a su diestra. Al terminar de revisar toda la correspondencia, preguntó:

—¿Qué tal el negocio? Tu encargado me dijo que has implementado una estrategia de venta.

—Así es —Byakuya estaba haciendo anotaciones—. Mi trabajo de hoy consiste en analizar el comportamiento de los consumidores así que procura guardar silencio.

—¿Oh? ¿Y qué estrategia?

Byakuya la miró de lado. ¿Es que era tan difícil para ella entender que él estaba ocupado?

—Tch, eres tan intratable, hombre —rezongó Yoruichi al ver su gesto, y luego se puso de pie—. Bueno, te dejaré tranquilo. En cualquier caso podemos reunirnos cuando tengas un rato libre. Y… así hablamos de quién es la chica.

—Aun insistes.

—Por supuesto, terminarás confesándolo tarde o temprano —Le lanzó una sonrisa pícara—. ¿Me equivoco?

Yoruichi caminó hacia la puerta, ignorando gloriosamente la mirada arrogante e indignada de Byakuya.

—Nos vemos, Byakuya-bo. Te dejé la factura de este mes en el primer cajón, lamento decirte que viene con aumento. Procura no atrasarte, sabes, en verdad quiero que logres adquirir el local. Y, de veras, deberíamos reunirnos con Ukitake un día de estos.

Dicho eso, Yoruichi se marchó y la puerta de la oficina volvió a cerrarse. Byakuya permaneció un rato en silencio cuestionándose su actitud.

¿Por qué se tomaba tan a la ligera la idea de que él estuviera interesado en otra persona? ¿Realmente no le afectaba? Tenía entendido que las mujeres, en su mayoría, solían ser muy posesivas cuando se trataba de hombres, y podía ver que Yoruichi era una clara excepción a la regla. Aun sabiendo que su relación con ella no se cimentaba sobre sentimientos románticos, incluso ninguna clase de sentimientos, aquel detalle lo inquietaba y no obstante, también prefería que fuera así, porque sus vidas personales eran asunto de cada uno.

En fin. Todavía no se había detenido a pensar en lo que fuera a suceder con Yoruichi, sus pensamientos se repartían entre el trabajo, las cuentas que debía pagar, los asuntos de la hacienda a los que debía atender y la muchacha de ojos azules que el sábado por la noche le había robado un beso.

Volvió a concentrarse en sus papeles y miró de reojo el reloj sobre el escritorio. Mejor que adelantara todo el trabajo posible antes de que llegara el horario del almuerzo.

.

—Qué extraño, creí que ya había recargado estos saleros —Rukia sacó unos cuantos frasquitos de la farmacia, colocándolos en una bandeja, y se los llevó al otro lado de la barra para recargarlos de sal. Emprendió la tarea tranquilamente mientras Nelliel y Bambietta atendían las mesas.

Me interesas…

Tienes razón. Debería solucionar eso…

¿Te gustaría que no lo fuera…?

¿Ya tienes tu respuesta…?

Se encogió de hombros por un momento. ¿Qué estaría haciendo él? ¿Él de verdad estaba interesado en ella o sólo se había tratado de un encuentro ocasional de aquella noche? Quizás debía dejar de pensar, a lo mejor nunca más volvieran a verse. Después de todo, él aún era un extraño. Sin embargo, ella… lo había mirado con deseo, se había atrevido a besarlo.

Ella no solía ser así. En cualquier caso, sería conveniente que aquel incidente quedara atrás, de ahora en más procuraría no volver a descuidar sus modales. No volvería a beber de más ni a besarse con cualquier desconocido, menos que menos subirse a sus coches para terminar acosándolos.

"Sin embargo, él…"

Él realmente la atraía, su mirada y su voz eran cautivantes. Kuchiki Byakuya, ese hombre tan misterioso de quien nada sabía a excepción de su nombre, había provocado algo en ella. ¿Y si volvía por el restaurante? Eso sería problemático, pensó. La pondría en una situación incómoda.

Todavía conservaba su número, ahora lo tenía sobre la mesita de noche. Había estado mirando su tarjeta personal antes de dormir, recordando nerviosamente cómo se había sentido el besarlo. Él… tenía una constitución física fuerte, notó, y la mano que deslizó por su cintura, casi cariñosa, le había despertado una sensación agradable.

¿Quién era ese tipo? Ella realmente estaba intrigada, deseaba saber más, quería…

—Hey, te buscan —Bambietta pasó junto a la barra con una bandeja cargada de platos sucios—. Es el mismo del otro día. Ya le dejé la carta.

"¿Qué?"

—¿Qué? —Rukia miró con perplejidad a su compañera, que siguió de largo, y enseguida miró hacia el otro extremo del salón, no pudiendo visualizar al sujeto aludido. ¿Acaso estaba hablando de Kuchiki Byakuya? Nadie solía ir al restaurante y preguntar directamente por ella. Si se trataba de él, debía de estar más al fondo, infirió, justo en el mismo sitio de la última vez.

Echó un vistazo hacia Kaien-dono, que estaba hablando por teléfono en el sector de la caja, y luego se dirigió de inmediato a donde creyó que estaría su visitante.

Allí estaba, de hecho, Kuchiki Byakuya, justo donde ella supuso. Lo observó leyendo la carta y haciendo lo mejor que pudo por contener sus nervios, se acercó a la mesa y lo abordó.

—¿Por qué viniste aquí, tú? —cuestionó en parte asombrada y en parte indignada—. Éste es mi trabajo.

Byakuya dejó la carta sobre la mesa y la miró con el ceño fruncido. ¿Esa era la forma apropiada de recibir a un cliente? No le gustó. Sin embargo, pronto se percató de la expresión de su rostro, que volvía a remover algo dentro de él…

—¿Por qué, dices? —le respondió, y tras un breve silencio, agregó—. Quiero conocerte.

Rukia se sintió enrojecer hasta las orejas. Aquella situación no era conveniente, no en su trabajo, no en las narices de Kaien-dono. Diablos, ¡como si a él le fuera a importar!

—¿C-Conocerme? —La joven se hubiera esperado cualquier respuesta menos esa—. No, es un error. Lo que pasó, ese beso… Yo estaba ebria —aclaró nerviosa— y… y no soy así, en verdad.

—¿Y cómo eres? —quiso saber él.

—Soy… —Rukia debió poner la cabeza en frío: había gente yendo y viniendo dentro del salón y ese tipo se encontraba allí intentando cortejarla como si se encontraran en una discoteca. Intentó recuperar su línea—. Soy difícil —informó contundente— y para que lo sepas, no me lío con cualquiera.

Byakuya la contempló por un momento, comprendiendo la cabalidad de su declaración.

—Ya veo —respondió—. Entonces… debería asumir que no soy cualquiera y remarcar que de hecho me gusta lo difícil.

Rukia no tenía dudas, en ese mismo momento debía estar tan roja como la cabeza de Renji. Todo el intento por recuperar su línea se le fue de bruces al averno.

—¿Tú… eres siempre tan directo? —Fue lo único que le salió decir, y Byakuya lo meditó por un instante.

—Quizás. Probablemente lo sea cuando estoy seguro de qué es lo que busco.

No, no iba a permitirle llegar a más, si alguien se daba cuenta de la situación en la que estaba no tardarían en dispersarse estúpidos rumores. Siempre sucedían esas cosas en el restaurante, no por nada Nelliel estaba bien informada sobre todo lo que pasaba en ese pequeño y caótico recinto. Usualmente le repateaba lo que otros pensaran de ella, pero éste era su trabajo, no era un juego.

Ella no estaría en boca de nadie, mucho menos por culpa de ese intrépido y arrogante sujeto que se hacía llamar Kuchiki.

—Escucha, realmente estoy trabajando —advirtió, sintiendo que su rostro ardía—. Deberías irte, éste no es el lugar apropiado.

—¿Debería? —Byakuya la miró fijo.

—Sí, deberías —Rukia, como pudo, se mantuvo firme en su postura.

—Entiendo —alegó Byakuya—. Sin embargo, quiero ordenar un plato.

—¿Qué?

—Éste es un restaurante, ¿cierto? Y tú eres una mesera. Quiero hacer una orden.

Después de salir del asombro y sin decir una sola palabra, Rukia se llevó las manos al bolsillo del delantal y extrajo su libreta y su bolígrafo de conejillos. De repente, como si se tratara de una revelación divina, la embistió una insoslayable obviedad y no tardó en ejercer la acusación.

—Tú… me dejaste tu tarjeta personal a propósito, lo sabía.

—Lo hice —confesó Byakuya—. ¿Te molestó?

—No es ése el punto…

—¿Y cuál es el punto?

Rukia le lanzó una mirada impaciente y se tomó algunos segundos antes de responder.

—Pudiste haber dicho la verdad desde el principio —Su tono de voz denotaba cierta decepción. Después de todo, ¿tanto le costaba a él ser sincero aquella noche del sábado? Qué extraños podían ser algunos hombres…

Byakuya guardó silencio, sintiendo la acusación certera de sus palabras. Rukia no era ninguna ingenua según había empezado a ver, era bastante inteligente por tratarse de alguien tan joven. Le pareció que debía tenerle respeto por eso.

—Tienes razón —aceptó por fin—. Tengamos una cita.

—¡¿Qué?!

"Este tipo, él realmente... En este lugar… Yo… Él… Ahora…"

—Si aún no puedes sobrellevar que te lo diga de frente, tal vez deba continuar empleando otros métodos.

—No te burles de mí —advirtió ella.

—Sólo intento adaptarme a tus códigos.

—Eres arrogante…

—Quiero un plato de yakisoba. Y que esté bien condimentado.

Rukia lo fulminó, lo asesinó y lo exterminó íntegramente con la mirada. ¿Quién se creía que era este tipo cortejándola de esa forma tan engreída? ¿Un bishounen fatal? Anotó la orden en su libreta con toda la indignación reprimida de su trastocada alma, agregó una condenada botella de agua mineral que él pidió, y cuando terminó de trazar el último carácter sobre la hoja colorida, se marchó de allí apurando sus pasos.

Byakuya contempló su figura, desapareciendo tras la esquina que daba inicio a la barra, y se sonrió minúsculamente. Rukia le parecía graciosa, lograba hacerlo divertir.

Era muy consciente de lo que estaba haciendo, había empezado un galanteo peligroso que fácilmente se podía volver contra él: se estaba involucrando con esa chica, podía decir que se había involucrado al primer momento en que la vio, y si ella, por la razón que fuera, se enteraba del vínculo que él había tenido con Hisana, era muy probable, casi seguro, que terminara por rehusarse a intentar algo con él.

Y no quería, no podía dar marcha atrás, ya no podía retroceder. Ese beso que ella le dio lo había permeado demasiado.

Observándola pasar por las mesas, mientras ella hacía todo lo posible por evitar, ruborizada, su mirada, él observó algunas diferencias que ella tenía con su ex novia: podía ver que tenía menos estatura y que sus senos eran más pequeños, y también notó, viéndola de espaldas, que sus caderas eran más anchas y que sus muslos se curvaban de una forma mucho más prominente.

Quizás fuera él el causante de ese furioso sonrojo de su rostro y debiera suspender la observación, además. Con todo, no tenía la intención de perturbar su desempeño en el trabajo ganándose así su resentimiento.

Rukia volvió con la orden un rato después; le sirvió un cuenco de humeante y aromado yakisoba, le dejó una pequeña canasta con algunos panecillos y le sirvió el agua mineral en un vaso impecable. Por último, colocó el set de condimentos sobre la mesa.

—Que lo disfrutes —Se limitó a decirle, con una amabilidad que dudosamente alcanzaba su rostro. Un rato después de que ella se alejara, Byakuya la avistó acomodando frascos de sal en una estantería.

.

—¿Quién es? —preguntó Bambietta en voz baja mientras Rukia, supervisando su sector, observaba la espalda de Byakuya con cierta violencia.

—No tiene importancia —dijo, simulando un tono de voz indiferente. Estaba de los pelos por el sujeto Kuchiki, nunca nadie había logrado ponerla así.

Mesa que va, mesa que viene, Rukia continuó realizando sus labores. Estaba cambiando un mantel cuando echó una mirada furtiva en dirección a Byakuya, y él, de hecho, también la estaba observado.

"¿Por qué diablos tiene que mirarme todo el tiempo de esa forma? ¡Es molesto!"

Mejor que lo pusiera en su lugar, por su culpa le temblaban los brazos, las piernas, y temía cometer errores.

Cuando Byakuya terminó de comer, no tardó en hacerle un gesto a la muchacha para pedirle la cuenta. Tras unos minutos, Rukia le llevó el ticket. Esta vez, en vez de pagar en físico, abonó el almuerzo con su tarjeta de crédito, entregando asimismo su documentación.

—Ahora tendrás un registro confiable de mi identidad —señaló Byakuya, sin que nadie le preguntara nada.

Rukia, aunque tímida, cogió la documentación con una mirada desafiante.

—Por supuesto.

Cuando ella regresó de la caja, Byakuya firmó la factura y recibió de vuelta la documentación. Le fijó los ojos.

—¿Cuándo tienes un día libre?

—No lo sé —La voz de Rukia titubeó—. Tal vez el fin de semana.

—Es mucho tiempo.

Rukia lo miró confundida.

—¿Para qué?

—Para que vuelva a verte.

Presa una vez más de la impresión, Rukia necesitó algunos segundos para reponer una respuesta. Kuchiki Byakuya, en cambio, se mantuvo inalterable.

—El sábado —estableció al fin—. Estaré muy ocupada antes de ese día.

—No tengo tu número —apuntó él.

—Yo te llamaré.

Byakuya aguzó la mirada.

—¿Realmente?

—¿Por qué debería mentirte? En todo caso, ya ves cuál es mi trabajo y además, estudio.

El joven alzó las cejas con sorpresa y curiosidad. De modo que la chica también estudiaba…

—¿Qué pasa? ¿Es tan increíble que una simple mesera pueda estudiar?

—No fue eso lo que pensé.

Entonces Rukia atenuó el gesto de acusación. Pensó, con fastidio, que tal vez fuera ella quien estuviera juzgándolo sin fundamento…

—Que sea el sábado, entonces —aceptó Byakuya. Se puso de pie y la miró por última vez antes de irse—. Nos vemos pronto, Rukia. Esperaré tu llamado.

La joven permaneció de pie junto a la mesa, observando a ese hombre mientras se iba. Reflexionó que sus últimas palabras habían estado de más y que era una tonta; el interés de Kuchiki Byakuya daba evidencia de ser genuino y ella no tenía mejor idea que decir una tontería para estropearlo.

Debería disculparse la próxima vez que lo viera. En una de ésas sus palabras lo habían ofendido. Lo vio desaparecer tras la puerta de entrada y entonces se dispuso a continuar su labor.

—¿No tiene importancia? —Bambietta le pasó por al lado dirigiéndose al baño, sonriéndole con picardía. Rukia ignoró el comentario y comenzó a desocupar la mesa.

No, por supuesto que no, él no era importante. Aunque en verdad, debía admitir… estaba empezando a sentirse interesada.

.

Al finalizar la jornada de trabajo, Rukia se apresuró a salir del restaurante cuanto antes para coger a tiempo el ómnibus, esa tarde tenía clase y primero debía pasar por casa.

El viaje se le hizo corto dado que a esa hora el ómnibus iba relativamente vacío, pero todavía más por el aceleramiento en el que se encontraban sus pensamientos. Kuchiki Byakuya se había presentado en el restaurante pidiéndole conocerla, y ella no podía ignorar lo mucho que ese hombre, por más arrogante que fuera, la halagaba. Además, había empezado a concientizarse de que debía olvidar de una buena vez sus sentimientos por Kaien-dono; ahora no sólo sentía celos de verlo charlar cariñosamente con su esposa, sino que también sentía celos de verlo interactuar con sus empleadas. Era una locura, se estaba zafando los estribos. Todas esas emociones que ella sentía eran completa y llanamente erróneas.

A lo mejor Nelliel tuviera razón y no estuviera mal intentar conocer a otras personas, pensando en eso fue que la noche del sábado ella se había acercado a Byakuya Kuchiki. No estaba segura de que salir con ese joven fuera a solucionar algo, pero que él había movido algo dentro de ella tampoco se podía negar: ahora se sentía intrigada por el sujeto, y pese a que su actitud engreída la encrespaba, el poder de atracción que él ejercía sobre ella era demasiado contundente.

Rukia se mordió el labio inconscientemente mientras miraba distraída por la ventana. Quién sabe qué hubiera visto ese sujeto de presencia intimidante en alguien como ella, una simple mesera de restaurante… Pero fuera lo que fuese, ella tenía aun la posibilidad de averiguarlo.

Cuando el viaje culminó y Rukia bajó del vehículo, se apresuró a caminar hasta su casa. Pasando cerca del supermercado del barrio, avistó una conocida cabellera roja saliendo de adentro.

—¡Oye, Renji!

El aludido, que cargaba una bolsa, se dio vuelta.

—¡Rukia!

Su amigo estaba desaliñado y llevaba puesto un desprolijo uniforme manchado con grasa. Rukia entendió que volvía del trabajo; un taller mecánico grande de la región.

—Idiota, no es como si hubieras visto un fantasma —reprochó ella al ver su expresión de asombro.

—Podría decirse que lo es, tiene tanto tiempo que no nos vemos que una vez que te veo, me asustas.

—Pues lo mismo debería decir yo entonces, señor mecánico —Rukia le dio codazo ligero—. ¿Cómo va eso?

—Igual que siempre. Sigo insistiéndole al jefe Zaraki para que me dé un aumento y parece que tendré que seguir insistiéndole durante un tiempo más, el trabajo ha estado declinando.

—Ya veo.

—¿Y tú? ¿Qué tal el restaurante? —Renji y Rukia habían empezado a caminar juntos hacia la esquina—. ¿Sigues enamorada de ese jefe tuyo?

—¡¿Q-Qué dices?!

—Sin rodeos, Rukia.

Qué hacerle, Renji tenía razón. De todas las personas que la rodeaban, él era quien mejor la conocía, incluso mejor que oba-san. Renji conocía a todas las Rukias, y no había manera de que ella pudiera mentirle a él; si lo hiciera, él lo notaría al instante.

La expresión de Rukia se tornó tenue.

—¿No crees que sea tiempo de hacer algo diferente? —sugirió él—. Sé que estás ocupada, pero sabes, deberías hacerte un momento para divertirte.

—Lo sé.

—¿Y qué estás esperando? Quedarte todos los sábados en tu casa no ayudará a que cambien las cosas.

—Lo sé. Es más, ya he empezado a salir —Renji la miró con sorpresa—. El sábado me reuní con mis compañeras de trabajo en un bar, y hasta bebí algunas copas.

—¿De verdad? Bueno, supongo que eso es un progreso. Por otra parte… Me gustaría que puedas interesarte en alguien que pueda elegirte sólo a ti, sabes. Deberías olvidar a ese tipo, eres inteligente y sabes que no es bueno.

Rukia guardó silencio por un rato, dejándose embestir por esas palabras que, aunque duras, eran certeras. No respondió nada al respecto, y tampoco necesitaba hacerlo para que Renji supiera que, en el fondo, ella en verdad las meditaría.

—Oye, ¿y qué tal Arisawa? ¿Todavía sigue dando clases en el doujou? —preguntó después, cambiando de tema.

Tatsuki Arisawa era la novia de Renji y ambos vivían juntos. Antes de que Rukia comenzara a trabajar en Shiba's, tomaba clases de artes marciales con ella. Ahora, entre el trabajo y la universidad, no le quedaba tiempo para hacer deportes, pero en el pasado solía practicar artes marciales con asiduidad.

—Sí. Estamos planeando hacer un viaje juntos, supongo que lo haremos cuando incrementen nuestros ahorros.

—¡¿De veras?! ¿A dónde?

A Rukia le hacía ilusión oír acerca de cualquier viaje. Le encantaba que le relataran anécdotas y que le recomendaran lugares para visitar, los apuntaba mentalmente en el itinerario de los viajes que ella misma realizaría a futuro. De hecho, tenía un poco de dinero ahorrado desde que había comenzado a trabajar en el restaurante y planeaba utilizarlo para viajar a algún lugar cuando tuviera vacaciones.

Llegaron a una esquina y se quedaron unos minutos conversando allí, era el punto donde sus caminos se bifurcaban. Renji le insistió para que cenara algún día con él y Tatsuki, y Rukia le prometió que sí, que ni bien culminara el período de exámenes lo haría.

Se despidieron y Rukia corrió hasta su casa. La jornada académica la esperaba en un rato…

.

Otro día en el prestigioso y caótico Shiba's. Los primeros días de la semana solían ser los más tranquilos pero aun así, la demanda siempre era alta y ponía el negocio de cabeza, sobre todo en las horas pico.

Como siempre, Rukia se limitaba a supervisar su sector y a ir y venir cargando las bandejas con comida, y miraba a su patrón de reojo cada tanto tiempo. Kaien-dono era un hombre tan entregado a su trabajo, ella se preguntaba si algún día sería capaz de administrar una empresa con el mismo profesionalismo que lo hacía él. Kaien-dono era magnífico, estaba en todos los detalles, conocía todas las comidas y bebidas, los ingredientes, la disposición de las mesas, la temperatura a la que debía cocerse cada alimento, reconocía al instante el defecto de cada plato, notaba cualquier desperfecto que hubiera en la presentación del salón… Él de veras era admirable, y Rukia soñaba con ser tan talentosa como él.

"No, ¡detente! Dijiste que olvidarías estos pensamientos."

Lo miró una vez más antes de corregir su actitud. Esa admiración que le profesaba, asimismo, le dolía.

"Kaien-dono…"

—Si continúas mirándolo así, terminarás comiéndotelo con los ojos —Nelliel se paró junto a ella. Rukia no pudo evitar agitarse—. Así que… te lo tenías bien guardado, ¿eh? —acusó misteriosamente después—. Vamos, cuéntalo.

—¿Qué? —Rukia la miró confundida.

—Así que fingiendo desentendimiento —Nelliel se sonrió y luego se aclaró—. El sábado.

Tras unos segundos de embotamiento, Rukia comprendió: finalmente su encuentro con Kuchiki Byakuya ya no era más un secreto. Probablemente la información hubiera sido proveída por Rangiku y, tal vez, reforzada por Bambietta. Nelliel no aceptaría un no como respuesta, así que a Rukia no le quedó más remedio que relatarle, entre cliente que venía y cliente que se iba y las mesas que, en el transcurso de ello, hubo que desocupar y reacomodar, el acontecimiento relativo al joven Kuchiki durante la noche del sábado.

Cuando terminó de comentarle la historia, Nelliel sonrió con entusiasmo.

—¿Y le darás una oportunidad, cierto? —preguntó.

—Creo que no pierdo nada con hacerlo —confesó Rukia, tímida.

Las horas pasaron corriendo y llegó el momento de irse. Rukia salió del vestuario y se despidió de Shuuhei, que ese día estaba cubriendo al cocinero de ese turno, y pasó por la barra para despedir a su patrón, como acostumbraba. Antes de llegar, pudo escuchar un ligero murmullo…

—Eres ansiosa, Miyako. Tendré que corregirte eso.

Y entonces vio. Rukia sintió que el mundo se le venía encima, que en ese momento todo podía acabarse y ella estaría más que feliz de terminar su existencia. ¿Qué hacía una chica estúpida como ella sufriendo por ver cómo su patrón abrazaba y besaba a su esposa, con un cariño y una pasión que sabía que nunca vería para sí?

Una vez más, una condenada vez más, el tortuoso y angustiante nudo se le formó en la garganta, y era tan enorme y doloroso que deseaba más bien vomitarlo.

Kaien y Miyako, que jugueteaban cariñosamente, se volvieron hacia ella. Habían sido nada más que unos pocos segundos…

—¿Ah? ¿Qué es esto, Rukia-chan? ¿Eres vouyerista?

—¡Kaien-kun! —Su esposa lo reprobó.

—N-No, yo… Yo sólo…

—Ya lo sé, mujer, sólo estoy bromeando —El joven se le acercó y la despeinó.

No, no podía soportar esa sonrisa, no podía actuar como si ese arrollador encanto que emanaba de él no le afectara. Tenía que irse de ahí, desaparecer de ahí, y rápido.

—Yo sólo pasaba a despedirme, Kaien-dono, Miyako-dono. Esto, lo siento... Hasta mañana.

—¡Procura no quedarte dormida! —Alcanzó a oír mientras cerraba la puerta por donde había salido y empezaba a sentir un agujero enorme abriéndose en su pecho.

El viaje a casa se le hizo eterno, y fue incapaz de ponerse los auriculares. Sabía que si escuchaba música terminaría deprimiéndose y ella nunca se permitía llorar en público.

Y ahí estaba otra vez, finalmente en su hogar, encerrada en su habitación, tras los barrotes de un inútil sentimiento que la corroía. Ni siquiera prestó atención a los apuntes que tenía en el escritorio cuando cruzó la puerta, que se suponía era lo primero que debía controlar. Tampoco se molestó en quitarse el calzado ni en medirse al cerrar de un porrazo la puerta. Sólo se dejó caer en el suelo y empezó a llorar hasta que no le quedara nada dentro de sí.

"Voy a olvidar… Yo… Yo voy…"

Tenía tiempo sin llorar de esa manera, tenía tiempo sin darle alas a sus más puras emociones. La mayoría de las veces las reprimía porque no deseaba que luego oba-san tuviera que verla triste, por eso, siempre procuraba resistir y dejarlo todo atrás. Pero ahora, justo ahora, algo había vuelto a quebrarse, y cada vez que ella se permitía llorar, sólo lo hacía con el fin de sacarlo todo de adentro.

Cuando ya no quedaron más lágrimas que pudieran resbalar de sus ojos, se secó la cara con los puños de la camiseta, se puso de pie y se sentó ante el escritorio. Contempló su tesoro, que era su retrato, y entonces se quedó un rato en silencio.

"Nee-san… ¿Qué me dirías si estuvieras aquí?"

Su hermana mayor le sonreía desde el retrato, de modo que Rukia conjeturó una posible respuesta, una que sólo su hermana probablemente le diría.

"Me dirías que evite dañar mi corazón y que intente ser feliz, ¿verdad?"

De pronto se halló recordando las palabras que Hisana le había dicho una vez, hace algunos años en el pasado, cuando cierta noche la encontró sola, sentada en el corredor del fondo y mirando el cielo nocturno con una expresión triste y pensativa. Rukia le había preguntado si se sentía bien aquella vez, y su hermana se había limitado a responderle que sí con una sonrisa, agregando aquellas extrañas palabras, las cuales ella pudo entender sólo cuando hubo pasado mucho tiempo.

"Sí. Seguramente me dirías algo como eso."

Como por acto reflejo, dirigió la mirada hacia la mesita de noche y avistó un elemento familiar; la tarjeta personal de cierta persona que tenía impreso un número de teléfono.

Rukia se levantó de la silla y caminó perezosamente hasta allí. Cogió la tarjeta, la miró por unos segundos y al final, buscó el teléfono móvil en su bolso y procedió a marcar el número en la pantalla. Tras oír una serie de tonos, escuchó que alguien la atendía.

—¿Quién es?

Contuvo el aliento. Trató de ignorar el repentino azor que se produjo en su pecho y reunió el valor para responderle.

—Soy Rukia. Kuchiki Byakuya… ¿estás ocupado?