N/A: ¡Hola! Tal y como prometí ayer en mi muro de fb, he aquí la quinta entrega de esta historia.
A tener en cuenta: a partir de este capítulo voy a estar profundizando en las personalidades y la relación de los personajes, por lo que habrá que considerar cierto OOC. Este fanfic es un AU y en ciertos momentos, el OOC se me hace inevitable. No obstante, los que me conocen y me leen hace tiempo sabrán que siempre hago todo lo posible por respetarles la personalidad y mantenerlos in character. De todos modos, cualquier advertencia o sugerencia que quieran hacerme al respecto es bienvenida, no muerdo n.n
Repito lo que anuncié en el primer capítulo: la historia es dramática. Los conflictos de los personajes no van a ser resueltos así de la nada, todo lleva su proceso. Durante ese proceso, por supuesto, los personajes van a ir conociéndose y enamorándose. Este fanfic es un byaruki, no es un triángulo amoroso, así que lo que menos va a faltar es escenas de la pareja :D
Paso a responder el review anónimo de Sakura chan: muchas gracias por tu apoyo y no te preocupes por la extensión de tu comentario, cuanto más detallado sea, más se agradece n.n Yoruichi es impredecible hasta para mí, yo en su lugar ya habría mandado al noble al diablo pero bueno, son temperamentos diferentes xD No queda más que esperar y ver qué pasa. Byakuya es directo porque tiene las ideas claras, sabe qué es lo que quiere y además es como yo veo al personaje, siempre conciso en su forma de hablar. Con respecto a Rukia, me dan ganas de pegarle y que se deje de joder con Kaien (y eso que soy yo la que escribe esto) pero bueno, Byakuya no puede tener las cosas tan fáciles con ella. Es duro que haya visto algo así pero quizás a los golpes aprenda, ya veremos. Tu pregunta sobre Nelliel será respondida a su tiempo, aunque ése es un detalle menor. Muchísimas gracias por tu apoyo :)
Como notarán, le puse título a los capítulos, pueden chequear si quieren.
También quiero advertir con antelación que la historia, a futuro, contendrá escenas lemon sin censura. Lo comento ahora porque cuando esas escenas lleguen, quiero que los tomen por sorpresa xD Lean bajo su propio criterio.
Ahora sí, sin nada más que agregar los dejo con la actualización y espero ansiosa sus comentarios. Gracias a todos los que leen y apoyan esta historia, ya sea con un simple follow, me llenan. ¡Un beso!
Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.
V
Frente al río de aguas que se agitan
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El teléfono móvil sonó mientras él hojeaba el libro de registraciones diarias. Sin poner demasiada atención en la llamada, Byakuya alcanzó el aparato y descolgó la línea.
—¿Quién es?
Un corto silencio, mientras él recorría con la mirada las columnas de las cuentas.
—Soy Rukia. Kuchiki Byakuya… ¿estás ocupado?
Toda la atención puesta en el libro se esfumó en un segundo. Byakuya se quedó en suspenso, aturullado, hasta que fue capaz de asimilar al inesperado interlocutor y entonces produjo una rápida respuesta.
—Lo estoy —Se apresuró a agregar—. Sin embargo, eso puede revertirse.
Escuchó otro corto silencio al otro lado de la línea y luego, nuevamente la temblorosa voz de esa persona.
—Esto… ¿Te gustaría dar un paseo… un rato?
—Creí que estarías ocupada —acotó él, tras reflexionar que no estaba entendiendo del todo a esa chica.
Rukia volvió a quedarse callada por un momento antes de responder.
—Necesito despejarme, pero si no puedes…
A Byakuya le pareció percibir un deje de fragilidad tiñendo esa voz, y entonces se decidió.
—Pasaré por ti en una hora.
Después de que Rukia expresara su consentimiento, él colgó la línea.
Necesitó meditar por un momento en esas repentinas acciones. Se habían visto el día anterior, en el restaurante, y él la había invitado a salir. Había intuido que Rukia no estaría acostumbrada a conocer hombres, dada la timidez que había visto asomarse en cada una de sus reacciones, pero tampoco le había dado la sensación de que fuera inexperimentada en ese terreno, dada la firmeza que sobresalía en su determinación. Le había parecido que su actitud, pese a ser tímida, era decidida, y eso le daba pie a suponer y a reafirmar que no era ninguna niñita ingenua en el campo de las emociones, que era consciente de lo que hacía y decía y que no se la podía tomar a la ligera.
Ahora, sorprendiéndolo, ella lo llamaba y lo invitaba a dar un paseo. Lo primero que se le ocurrió fue que era probable que algo anduviera mal; el tono tenue de su voz lo sugería. No obstante, a lo mejor estuviera equivocado, pero si era así, se le hacía menos cuestionable que ella, cambiando de planes, se decidiera a verlo.
Cesó de pensar y se apresuró a concluir sus actividades. No estaba seguro de qué lo esperaría al encontrarse con ella pero de todas maneras, le intrigaba descubrirlo.
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Apenas escuchó la bocina, Rukia echó un vistazo por la ventana, corriendo un poco la cortina. Byakuya la esperaba en la puerta.
Después de que la línea hubiera quedado en off se había echado en la cama para reprenderse, una vez más, por lo que estaba a punto de hacer. Sin embargo no se arrepentía, estaba decidida a poner en práctica los cambios que necesitaba hacer en su vida y Kuchiki Byakuya se le había presentado en el camino como un buen y conveniente recurso de distracción.
El tipo era un engreído y eso la repateaba, no había dudas de ello, pero de todos modos la atraía mucho físicamente y que él estuviera interesado en conocerla, le daba todavía más alas a la idea de que con él pudiera ser capaz de olvidar… Olvidar lo que sentía, lo que la hería: sus sentimientos por Kaien-dono.
Después de haberse duchado y vestido más o menos acorde para la imprevista ocasión, se puso a adelantar apuntes. Un rato después escuchó la bocina del coche y luego de confirmar que se trataba de él, procedió a salir de la casa.
Sólo sería un paseo, un simple momento de distracción. Y si él, en cualquier caso, fuera capaz de comprenderlo de esa manera, entonces merecería tener sus respetos, ya que los hombres suelen aprovecharse de esas ocasiones y de las vulnerabilidades de una chica.
La puerta del vehículo se destrabó y ella tiró de la manija. Se sentó junto a él y lo miró, encogiéndose de hombros pero haciendo prevalecer aún su preponderante disposición recelosa.
—¿A dónde quieres ir? —preguntó Byakuya.
Rukia, haciendo caso omiso del agradable olor personal que había en el interior de ese coche, respondió:
—¿Has ido al malecón? No está lejos de aquí y es un sitio tranquilo.
—Muy bien. Vayamos —aceptó Byakuya, y puso el coche en marcha.
Avanzaron algunas calles sumidos en silencio. Byakuya no necesitó preguntarle nada, pudo notar fácilmente que ella, pese a su aparente y recurrente antipatía, estaba retraída, así que decidió abstenerse de hacer cualquier clase de indagación. Él no era precisamente alguien que gozara de meter las narices en la privacidad de los demás, y estaba claro que con esta muchacha no tendría el asunto fácil, así que mejor que se atuviera a sus limitaciones.
Rukia, por otro lado, lo espió por el rabillo del ojo y volvió a tener la sensación de que su presencia era muy imponente, y estaba guapo, por cierto, lo que hizo que para ella la tensión que había entre los dos se acrecentara.
Salieron a la avenida que bordeaba el río de la ciudad y Rukia contempló el paisaje por la ventanilla. Hacía frío y pronto comenzaría a caer el ocaso.
—Dijiste que estudiabas —comentó él iniciando una conversación.
—Sí.
—¿Y qué estudias?
Rukia se giró para ver su rostro y él la miró de lado.
—Administración Hotelera, empecé este año. Falta poco tiempo para los exámenes así que en estos días estoy bastante ocupada.
—Ya veo. Es una buena carrera, tendrás oferta laboral y la posibilidad de desempeñarte en diferentes ambientes. Además, el lugar donde trabajas será una referencia significativa en tu currículum —observó él.
—Sí, eso espero. Es una carrera que abarca el manejo de alimentos y bebidas, por eso se me ocurrió que buscar trabajo en un restaurante sería una buena idea para empezar —explicó Rukia, sintiéndose extraña al tomar consciencia de que en ese momento de veras estaba teniendo una conversación con ese sujeto—. Oye, por cierto… Lamento haberte respondido de esa forma ayer.
—¿De qué hablas? —La expresión de Byakuya dejaba ver un deje de confusión. Rukia evitó su mirada pero él pudo advertir en ella un semblante que se debatía entre el sonrojo y un orgullo testarudo.
—De cómo malinterpreté tu reacción… cuando te dije que estudiaba.
—Ni siquiera lo recordé —concedió él, girando ahora el volante. Habían doblado una curva y ya podía avistarse el malecón a lo lejos.
Después de unos minutos, Rukia volvió a hablar.
—¿Y tú a qué te dedicas, Byakuya?
Él la miró de lado una vez más con cierto disgusto. De modo que sin honoríficos…
—Tengo un negocio. Y además, administro una hacienda familiar. Tenemos una viña.
—¿D-De verdad? —La joven no pudo disimular el asombro y él asintió mirando hacia adelante.
—Sin embargo, cuento con ayuda. Es una gran responsabilidad y carezco de la experiencia necesaria para tomarla por completo. Tengo un largo camino por recorrer y a decir verdad, puedo afirmar que apenas me encuentro en el inicio.
Rukia no supo si maravillarse más por el tipo de trabajo que ese hombre hacía o por el hecho de que estuviera prescindiendo de su arrogancia para reconocer su inexperiencia. En fin, cuando se repuso de dicho asombro continuó con la charla.
—Ya veo. ¿Y qué tipo de negocio tienes? —quiso saber, ahora intrigada.
—Una tienda de café. El local está cerca del restaurante donde trabajas. La primera vez que te vi, me iba de ahí.
—Oh, vaya… ¿Y por qué una tienda de café? Quiero decir, no es como si tuviera algo que ver con una viña. Además, ¿por qué tienes tu propio negocio? ¿No te gusta trabajar en familia? ¿Te llevas mal con ellos?
Y Byakuya también cayó preso del asombro… De repente la antipatía de esa muchacha se había transformado en una serie de preguntas de índole personal que se atropellaban unas con otras.
—No es eso —aclaró él—. Mis padres murieron hace once años y me fue legada su parte de la hacienda, por esa razón, en la actualidad llevo a cabo mis actividades junto a mi abuelo y otros miembros de la familia. Aunque asumí el rol que me fue conferido, también pensé que necesitaba trazar un camino propio.
Era una sorpresa tras otra para Rukia. Al oír esas palabras, no pudo evitar conmoverse y sentirse, de alguna manera, identificada con él. Lo que menos se hubiera imaginado era que detrás de esa soberbia fachada que el sujeto poseía existiera una persona con esa madurez y con un pasado así de dramático.
—Ya veo —expresó después de unos segundos—. Yo tampoco tengo padres, vivo con mi tía desde que tengo memoria. Nunca he sabido nada de mi padre y mi madre murió de un tumor cuando yo tenía tres años. Por otro lado, mi hermana mayor falleció hace poco más de cuatro, fue un accidente en el puerto.
Byakuya frenó el coche de golpe, habían llegado al malecón. Habiendo escuchado esas últimas palabras no pudo evitar que una inminente inquietud se instalara dentro de él. La situación se le tornó muy pesada de repente, un torrente de miedos e inseguridades indeseables se había desatado en su interior; era una oleada de sentimientos que no habían sido planeados y que lo embistieron con fuerza.
De cualquier manera, nada de todo eso había sido planeado por empezar. Se preguntó, casi inconscientemente, qué diablos estaba haciendo en ese momento.
Bajaron del coche y caminaron hasta el terraplén, había un viento raudo sobrevolando el río. Byakuya, de un momento a otro, centró su atención en el rostro de una distraída Rukia que, apoyándose contra las gradas, no pudo ver lo expresiva que en ese momento se había vuelto la mirada del joven.
Byakuya sintió que al menos por el momento era demasiado pronto para mencionar su relación con Hisana.
—¿Qué edad tienes? —le preguntó después de unos minutos, ambos contemplando el frío paisaje del cielo crepuscular.
—Dieciocho. Pronto cumpliré diecinueve.
La contempló un poco en silencio, ella todavía estaba distraída, y no pudo evitar que sus ojos se detuvieran en ella más tiempo del necesario: el movimiento desprolijo de su pelo arremolinándose y azotándole las mejillas, el brillo de éste siendo violentamente opacado por las pupilas diáfanas y azules que conformaban su mirada; mirada que, ajena a la observación intensa y pausada de él, se perdía en algún punto distante del paisaje…
Se parecía mucho a Hisana y al mismo tiempo no se parecía en nada. Rukia poseía una expresión facial demasiado propia.
Después, el tiempo recuperó su decurso.
—¿Sueles frecuentar bares? —indagó Byakuya, queriendo saber más. La voz de Rukia, cuando le respondió, le sonó tan fuerte y asimismo tan tranquilizante como el golpe de una ola.
—No del todo, lo hago de vez en cuando. ¿Y tú? —Rukia, percatándose de la expresión suave y agradable que había en el rostro de ese joven, desvió la mirada con timidez.
—No realmente. Prefiero los lugares silenciosos.
Manteniéndose en silencio por un rato más, Rukia dejó que sus pensamientos corrieran de aquí para allá a la par del viento. Notó que Byakuya no le había hecho ninguna pregunta acerca del repentino cambio de planes y en secreto, le agradeció que no lo hiciera. Se atrevió a inferir, vagamente, que con él podía guardarse cierto margen de privacidad y que era mejor que no le hiciera preguntas personales que pudieran incomodarla. Nada como toparse con un hombre discreto que no intenta llegar forzosa e indecorosamente a la vida íntima de una. O al menos en esos momentos, se le ocurrió a Rukia, ya que apenas habían comenzado —supuesta y aparentemente— a conocerse.
Asimismo, se percató de que él también se había quedado pensativo, aunque eso no le molestó. Lo entendió como un simple momento de reflexión que había surgido entre ambos.
Cuando Rukia sintió que sus ánimos se reponían, retomó la charla.
—Me gusta venir aquí, siento que puedo desconectarme del caos de la ciudad. ¿Tú no? En este sitio puedes respirar y empezar de cero —apuntó apoyándose contra la grada, ahora de cara a la elevación rocosa que había enfrente. Byakuya, por su parte, continuó mirando la agitación de las aguas.
—Estoy de acuerdo. También procuro buscar espacios naturales que estén apartados del ajetreo urbano. En sitios como éste se halla una paz que no puede hallarse entre las calles y los edificios, es saludable para la mente.
Rukia se volvió a medias para espiar el perfil de su rostro y se dejó convencer por el agradable meneo de su fleco suelto. Sin pensárselo más, se dejó ganar por la curiosidad y se atrevió a preguntarle, antes de que la timidez la cohibiera:
—Oye, Byakuya... ¿Tienes novia?
El interpelado se giró para mirarla pero ella ya había virado la dirección de su atención, ahora enfocándose nuevamente al frente. Con una expresión reticente que Rukia no pudo ver, él alegó:
—¿Insinúas que podría interesarme en conocerte teniendo un compromiso previo con alguien más? —A pesar de que el tono de su voz guardaba la calma, Rukia pudo percibir cierto reproche conteniéndose en ella.
—No fue eso lo que dije.
—Tal vez lo pensaste.
—Tampoco, fue sólo una pregunta —La joven se cruzó de brazos, gesto que Byakuya interpretó y muy bien como una muestra de incipiente impaciencia.
—Está bien —concedió él al fin, todavía mirándola—. De cualquier forma, la respuesta es no. Y actualmente mi único interés eres tú.
Rukia se sobresaltó y le pareció que esas palabras habían sonado demasiado sinceras por tratarse de un primer encuentro, aunque en realidad no fuera precisamente la primera vez que ellos se encontraban; era la primera vez que se reunían a solas más bien, y sin que otros medios y situaciones los condicionasen.
Asimismo, Rukia se permitió alarmarse porque de cualquier manera Kuchiki Byakuya no la conocía en verdad. ¿Debería pensar que ese intrigante y atractivo sujeto, ahora en pie junto a ella, era un verdadero romántico empedernido o más bien un psicópata en potencia? Era extraño.
Fuera lo que fuese tampoco le pareció que él la estuviera acosando. Y por si acaso, ella ya había visto su documentación…
Sacudió esos pensamientos, ignoró como buena obstinada el cumplido, y comenzó a caminar lentamente junto a la grada. Byakuya, observándola, intuyó que se dirigía al muelle que podía avistarse a unos cuantos metros de ese terraplén, así que la siguió.
Cuando llegaron a esa pequeña construcción de madera, Rukia se dispuso a avanzar por el camino, pero la voz de Byakuya la contuvo.
—Aguarda. Es peligroso.
La joven se ladeó para encararlo.
—No tengo miedo —reclamó—. Siempre vengo a este lugar.
—Aun así.
La resolución que teñía la voz de ese joven le hizo darse cuenta de que hablaba en serio. No obstante, ella no iba a darle el gusto de retroceder, claro que no.
—Entonces… ven conmigo —propuso a regañadientes.
Byakuya lo meditó por un momento y al final aceptó, caminando un paso detrás de ella. Rukia se detuvo al final del muelle y se sentó sobre un escalón, limitándose a continuar observando la tranquilidad del paisaje.
—Solía venir aquí con mi mejor amigo —comentó de pronto—. Ahora, con tantas ocupaciones y la vida de cada uno es difícil que podamos volver, o al menos del modo en que lo hacíamos antes. Soy muy joven pero… pienso que crecer es duro. Extraño las cosas que podía hacer cuando era pequeña.
—Lo es —acordó Byakuya, cuando pudo reubicarse del asombro que le produjo esa inesperada reflexión—. Pero no debería ser problemático. Dejamos momentos atrás y recibimos otros, se trata de un ciclo que está en constante renuevo. Por otra parte, pienso que cada etapa de nuestras vidas tiene sus ventajas y no tiene caso deprimirse por lo que fue o lo que debió ser. Siempre se está en el mejor momento y deberíamos aprender a reconocerlo para poder aprovecharlo.
—Tienes razón —aceptó Rukia, sonriendo y reconfortándose—. Supongo que hoy me siento melancólica. Me gusta este aire —comentó tras unos segundos—, es tranquilo.
—Veo que te gusta la naturaleza —observó él.
—Sí.
—¿Qué otras cosas te gustan?
Rukia se ladeó un poco y torció una ceja en gesto de meditación.
—Bueno… me gustan muchas cosas —balbuceó—. Por ejemplo: ir a campamentos, trepar árboles, rodearme de animales… prefiero especialmente los conejos; me gustan los bollos de arroz y los pepinillos, también leer historietas, y hasta hace poco solía practicar karate.
—¿Karate?
—Sí. ¿Y a ti que te gusta?
Byakuya, conservando una expresión serena, volvió la vista hacia el río.
—Mis intereses personales son de índole individual. Principalmente, me gustan la lectura y la caligrafía. En cuanto a deportes, suelo practicar equitación cuando visito el campo y hasta hace algún tiempo practicaba natación como actividad de relajación; desde que abrí el negocio, no he tenido tiempo libre para volver al natatorio. Y en ocasiones, también suelo tocar el piano.
—¡¿El piano?! —Rukia volvió a sobresaltarse—. Increíble…
—¿Eso crees? —En el rostro de Byakuya se dibujó una sonrisa diminuta.
—Sí —convino Rukia—. Bueno, yo… Nunca se me ha dado bien la música. Cuando era pequeña me regalaron una flauta de bambú pero yo la usaba para jugar y la empuñaba como a una espada.
—Veo que eres una chica aguerrida —observó el joven después de volver a sonreírse. Rukia, tal y como él esperó, se volteó con un ademán acusador.
—¿Y qué esperabas? ¿Una damisela en apuros o algo por el estilo? Pues déjame decirte que te equivocaste de chica.
La joven volvió a darle la espalda y Byakuya contempló por un breve momento su figura. Confirmó que si en verdad pretendía continuar conociendo a esta chica, debería tener mucha paciencia con ella, y oh, cuánta.
—No —concedió él al fin—. De hecho… esta chica dura y aguerrida, que ahora está frente a mí, realmente me atrae.
Un inmenso calor invadió las mejillas de Rukia, que apenas se atrevió a espiar a Byakuya por el rabillo del ojo. Él… realmente sabía lo que decía, y ella estaba sintiéndose afectada otra vez por la franqueza de sus palabras. La inmutaba, era innegable que la inmutaba, pero por otro lado, no estaba segura de que fuera conveniente sucumbir a ese tipo de emoción.
Sus sentimientos eran un caos y debía evitar confundirse, y pese a que necesitaba olvidar lo que sentía por Kaien-dono, no creía que involucrarse emocionalmente con alguien tan pronto y encontrándose en aquellos bretes, fuera a funcionar. Era arriesgado, no quería siquiera pensar en volver a ilusionarse con alguien y así, en una de esas, volver a sufrir. Al menos por aquel tiempo eran esas las inquietudes que la agobiaban.
Pasó un rato de silencio y de contemplación compartida y cuando el ocaso comenzó finalmente a ceder, Rukia se puso de pie, sacudiéndose ligeramente la ropa.
—Debería regresar a casa —informó, encarándose con Byakuya.
Él la miró con una expresión serena y asintió en silencio.
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El viaje de vuelta se hizo corto y en el transcurso, Rukia le contó algunas cosas más acerca de la carrera que estaba estudiando. Byakuya, mientras pudo, le dio algunos consejos y Rukia los aceptó con modestia pero también con cierta acritud: ese sujeto por momentos hablaba como si lo fuera entendido en todo y aunque Rukia se sentía bastante impresionada, tampoco es que fuera a alabar cada una de sus presunciones. Kuchiki Byakuya, aunque ahora no le desagradaba tanto, no dejaba de parecerle un engreído.
Llegaron a la casa y Rukia se percató de que las luces no habían sido encendidas, por lo que intuyó que oba-san aún no había regresado; debía de estar en casa de Tenjiro.
Se desabrochó el cinturón y cuando se dispuso a despedir a su acompañante, súbitamente la golpeó una vez más esa ineludible sensación de intimidad que le hizo recordar, automáticamente, lo que en ese mismo lugar había sucedido el sábado por la noche.
Pudo sentir cómo su rostro comenzaba a acalorarse.
—Asumo que esta vez no me besarás —musitó Byakuya como si estuviera leyendo sus pensamientos.
Rukia le lanzó una mirada trémula y al notar la expresión que había su rostro, volvió a desviarse tratando de mantener la apostura.
—Asumes bien —Su voz sonó fuerte pero también titubeante—. Te dije que ese día estaba ebria, así que no esperes que vuelva a…
Fue en un segundo. Él tomó su mejilla y la atrajo hacia sí, pegando sus labios contra los suyos. Otra vez… ese beso suave, lento, que ya no se sentía desorientado sino muy seguro de sí, que ahora era imponente y que no estaba dispuesto a retroceder. Fue irresistible, él la saboreó de lleno con sus labios.
Rukia respiró contra su boca y después de responderle moviendo apenas sus propios labios, él ejecutó con los suyos un último movimiento suave, tortuosamente lento, que le arrancó un respiro que la sofocó.
Este sujeto sí que sabía besar. Rukia debía admitir que ese beso la había desestabilizado un poco.
Byakuya, con el aliento apenas agitado, le susurró sin que sus miradas pudieran encontrarse.
—Entonces tendré que hacerlo yo.
Decir que no se sentía persuadida, intentar convencerse de que ese beso lento y arrastrado no la había cautivado, era lo mismo que mentirse y negarse a sus propios deseos. Fue un beso demasiado hábil, certero, uno que a pesar de ser corto hizo subir la temperatura de su cuerpo en un santiamén.
Pero… no, aún no. Si se dejaba llevar sabía que pondría en juego sus —desordenadas— emociones, o al menos podía afirmar que aquél no era el mejor día para darle rienda suelta a los impulsos físicos que, entonces y por culpa de él, se habían desatado en ella. Y todavía no conocía bien a Kuchiki Byakuya, además, detalle que logró reafirmar su determinación.
Rukia compuso un gesto tozudo y se soltó de él.
—Dije que no sería fácil —espetó.
—Insistiré —afirmó él.
—Pareces muy seguro de ti mismo.
—Lo soy —Él guardó la compostura—. Siempre consigo lo que quiero.
La mirada de Rukia parpadeó con un brillo inextricable y Byakuya se arrimó nuevamente a su rostro, deslizando la mirada por sus labios.
—Y no me gusta perder —agregó— ni repetir las cosas.
Rukia, consciente de que su pecho subía y bajaba, colocó la mano sobre la manija de la puerta del coche dispuesta a irse. Byakuya, entendiendo y respetando la determinación de esta muchacha, obstinada según había empezado a ver, se apartó despacio y le destrabó la puerta.
—Me voy, tengo que estudiar —sentenció Rukia en rotundo, sus mejillas todavía ardiendo—. Supongo que… nos veremos el sábado.
Byakuya le sostuvo la mirada mientras se agarraba al volante.
—Nos veremos el sábado —correspondió, con un tono de voz grave y sereno que todavía sonaba altivo.
Nerviosa y agitada, Rukia asintió y se salió del coche, cerrando la puerta tras de sí. Byakuya, antes de marcharse de aquel sitio, esperó a que ella cruzara el portón de la casa. Rukia lo saludó con la mano y desapareció de su vista tras una puerta, dejando atrás, en dirección al coche y acabando concretamente donde estaba sentado él, la estela de una inquietante emoción que ya no parecía ser solamente deseo.
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La semana transcurrió sin demasiadas variaciones, ahora era jueves y el restaurante estaba bastante tranquilo. Bambietta se había pedido el día para resolver asuntos personales, así que Kaien había llamado a Rangiku para que la supliera. Una mesa repleta de jóvenes universitarios agitaba el salón halagando a la bella Rangiku, por lo que, más que ser un restaurante, Shiba's parecía más el buffet de un predio de fútbol.
—Quién lo diría Rukia-san, te liaste con un guapetón de primera —comentó la joven rubia con un guiño, aludiendo a los eventos de la noche del sábado—. ¿Qué tal, eh? ¿Fueron a su casa?
Rukia bañó la barra con el agua que se estaba bebiendo.
—¡P-Por supuesto que no! ¡¿Pero qué dices?! —Su rostro enrojeció hasta las orejas.
—Ja, jugando el papel de la chica ingenua —Rangiku la miró con perspicacia—. No, no, ya has demostrado lo contrario. Por otro lado, ¿no eras tú la que nos advertía en contra de liarte con sujetos desconocidos? Lo sabía… —A Rukia no le gustó para nada esta confrontación—. Las calladitas son las peores.
—¡¿Q-Qué?!
—¿Qué? No tienes que encubrirlo —Ahora Rangiku se expresaba con franqueza y sencillez—. No es como si fuéramos a juzgarte. Verdad, ¿Nelliel?
—Huh. Rukia ya conoce mis pensamientos al respecto —afirmó la aludida dándole un sorbo a su licuado—. De hecho, ya hice una apuesta por una compra de trescientos yenes en Mimi Jeans con Bambi-chan porque se lo voltea antes de las vacaciones de fin de año. Rukia —Nelliel le fijó la mirada—: no me decepciones.
—¿Apuesta? ¿En Mimi Jeans? —Rangiku se quedó sin aliento y luego su expresión adquirió un tono sombrío—. Quinientos yenes porque se lo voltea en dos semanas, anótalo.
—¿D-Dos semanas? Eso sería épico —Nelliel alzó las cejas.
—Sí. Gin me dijo que ese sujeto, Byaku no sé cuánto, realmente está interesado en Rukia-san, así que el tipo va en serio.
—Oh, ¿y qué tal tú con Gin?
—Hhm, no estoy segura de que pueda considerarlo para una relación seria, aún es sólo un bocadillo. ¿Y qué pasó con Nnoitra, volvió a llamarte?
—Sí. Tuve que desbloquear sus llamadas para evitar que fuera por casa, parece que se está dando cuenta de que nuestra separación es en serio.
—Ya veo, que se vaya al diablo. Pero volviendo al tema… Gin se mostró muy seguro al mencionar que Rukia-san ha atrapado la atención de ese sujeto, Byaku no sé cuánto, y me aseguró que el tipo es bastante meticuloso para escoger mujeres. Y además… —Rangiku sonrió con picardía—. Él tiene dinero, Rukia-san.
—¿De veras? Rukia —Nelliel adoptó un semblante de extrema seriedad—, no puedes desaprovechar esta oportunidad, ¡tienes que llevártelo a la cama!
—Así es —enfatizó Rangiku—. Puedo asesorarte en lencería erótica y recomendarte una buena tienda de disfraces y juguetes sexuales para cuando…
—¡YA CÁLLENSE, PAR DE IDIOTAS!
El puño vicioso de Rukia dio un lindo paseo por las coloridas cabezas de Nelliel y Rangiku.
—¡Ustedes… realmente están dementes! —Las acusó sin aire—. ¡Haciendo apuestas sobre mí, recomendándome juguetes sexuales, ¿pero qué diablos…?!
—¡Sí, ¿pero qué diablos?! —Kaien se asomó a la barra con una expresión espeluznante.
"Oh, no. No puede ser… Esto…"
—¡¿En qué se supone que han convertido mi restaurante?! ¿En una peluquería de barrio o en un club de porno? ¡Diablos, cuiden esas bocotas!
—Lo siento, Kaien-dono —concedió Nelliel—. Pero es que Rukia…
—¡NELLIEL! —Rukia se horrorizó.
Rangiku tuvo que darle un codazo para que se contuviera de seguir hablando.
—¡No, no, no quiero saber! —Kaien estaba escandalizado—. Con un demonio, Nelliel, ¡has pervertido la imagen inmaculada y virginal que tenía de mi tierna Rukia-chan! ¿Ahora cómo rayos haré para mirarla a la cara?
Rukia deseó que la tragara la tierra, que la absorbiera una errante nave espacial, que se aviniera el apocalipsis del que habló el apóstol; ya veía a los cuatro caballos y a sus jinetes montando mientras sonaba la quinta trompeta… Era el fin.
—¡Tch, carajo…! —resopló el patrón al fin—. Mejor que terminen de beber sus refrescos y vayan a repasar los baños antes de que llegue Kuukaku, no quiero escuchar sus quejas por teléfono mientras esté durmiendo mi acogedora siesta. Y hablo en serio, ¡cuiden sus bocotas!
—¡Sí!
Nelliel y Rangiku miraron a Kaien irse y cuando volvieron la vista hacia Rukia, notaron que su rostro era como un fuego infernal, ¡un fuego que amenazaba con incinerarlas!
—¡Par de estúpidas! —Las reprendió y dicho eso, la joven se fue dando pasos furiosos a repasar los baños… sola.
-o-
El predio de la universidad estaba tan bullicioso como siempre: coches circulando por las avenidas internas, bancos ocupados, gente yendo y viniendo, y numerosos grupos de estudiantes aunados por aquí y por allá, algunos estudiando en conjunto y otros simplemente divirtiéndose. Situaciones típicas de aquel sitio.
Rukia avanzaba por la extensa empalizada cargando su bolso, perdida en sus cavilaciones… Repasando mentalmente, unas tras otras, las palabras clave que había memorizado para rendir el examen de aquel día: servicio gastronómico, oferta gastronómica, valor competitivo, recreación, aspectos sociales de la oferta… Dado que contaba con la práctica suficiente para entender los temas, supuso que le iría bien, aunque aun así, la teoría no dejaba de ser importante, era la base de todo, el punto de partida.
El restaurante… Por momentos quería mandar el empleo al diablo y buscarse uno nuevo pero era difícil en aquellos días con tanta inestabilidad en la oferta laboral. Además, aquél era su trabajo después de todo y gracias a él podía decir que tenía lo suyo y que no necesitaba depender del todo de oba-san. Aparte de sustentar la matrícula universitaria junto con los gastos en viáticos y apuntes, con su sueldo también podía comprarse ropa y cosas que le gustaran. Sería difícil conseguir otro empleo bien pago, tenía entendido que en otros restaurantes las meseras ganaban la mitad de lo que Kaien-dono les pagaba a ella y a las otras chicas.
Kaien-dono… ¿Realmente tenía que resignarse a él? ¿Y si él y Miyako-dono, alguna vez…?
"No, ¿en qué estoy pensando? Qué tonta... Como si algo así pudiera suceder. Es más, él sólo me ve como a una estúpida virgen. ¿En qué diablos estoy pensando?"
Sacudió esos pensamientos, reubicándose.
"Que me vea como a una niña, que me vea como a una mujer, ¿qué más da? Él sigue siendo un hombre casado, está prohibido para mí…"
"Olvídate de él, Rukia. Tú no tienes nada que hacer en ese terreno, no es un terreno digno, él no es el hombre para ti. Sólo olvída…"
—¡Rukia-san!
La joven se dio vuelta cuando escuchó que la llamaban; era su compañera de clase, Orihime Inoue.
—Inoue…
—Qué nervios, ¿verdad? —La muchacha le sonrió—. Me quedé estudiando hasta esta mañana, dormí muy poco. Es que… uhm, me cuesta entender cómo se hacen las comidas normales.
—Ya veo.
—Pero a ti no debe costarte, Rukia-san, ya que tú trabajas en un restaurante.
—Sí, es verdad. Aun así, también tuve que estudiarme todo el libro.
Las chicas llegaron al edificio y continuaron avanzando mientras charlaban. Al llegar al salón de clase, se sentaron la una junto a la otra. La gente que ya estaba allí se encontraba repasando los textos.
—Esto, Rukia-san —Orihime le habló en voz baja—. Sabes, quiero comentarte sobre un trabajo.
Rukia sintió que su corazón daba un vuelco. Una cosa era pensar las cosas y otra cosa, muy distinta… era hacerlas. ¿Acaso…?
—¿Un trabajo? ¿Qué trabajo? —expresó Rukia, no sabiendo si debía alegrarse o entristecer por la noticia. Orihime compuso un gesto radiante de entusiasmo.
—Es para un crucero —exclamó—. Tomarán pasantías dentro de pocos meses para trabajar en el puerto. ¡Rukia-san, tenemos que apuntarnos!
—Oh…
Oh, un crucero sonaba demasiado bien… Y la mirada de Rukia le demostró a Orihime que la idea realmente le había gustado.
—Kojima-kun me pasó el dato—siguió explicando Orihime con una gran sonrisa—, estaré atenta a las fechas de inscripción para las pasantías y te mantendré al tanto, ¿quieres? ¡Será muy divertido!
Rukia observó que su compañera se perdía en alguna extraña e impredecible ensoñación, pues Orihime era muy soñadora y, por momentos, extraña. Se habían conocido cursando asignaturas juntas y se habían hecho una bonita amistad, aunque usualmente solieran verse nada más que en momentos de estudio. Alguna que otra vez iban a tomar licuado juntas, en alguna pastelería, o a lo sumo se veían en reuniones de compañeros que tuvieran en común, lo cual no se daba a menudo.
La idea de renunciar a Shiba's, la idea de tener que renunciar a Kaien-dono… se hacía cada vez más inminente.
El profesor entró en el aula y en pocos minutos, Rukia debió apartar esas inquietudes de su cabeza para poder comenzar a resolver el examen.
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La situación no era la esperada sino una que verdaderamente estaba calando más hondo de lo que él hubiera imaginado; más hondo de lo que el —escaso— tiempo en sí debiera de haber permitido. De cualquier forma, ¿qué era lo que esperaba él, si desde el principio tuvo bien claras las circunstancias?
Le estaba pasando algo con ella, no importaba que la conociera hace pocos días; no importaba que hubiera empezado conocerla de verdad hace apenas cuatro jornadas. Ya no era su belleza física lo que le atraía; ahora era su forma de ser lo que lo había cautivado. Los hombres aman con los ojos, se enamoran en pocos minutos y, como si eso fuera poco, suelen hacerlo para toda la vida. Es como una maldición.
Esto había golpeado sus bases, esto estaba dejando una insoslayable huella sobre él. Lo seguía sosteniendo: esta sensación que Rukia le provocaba era igual que una tormenta desatada en medio de un desierto y él, de alguna forma, no dejaba de amonestarse por haberse dejado vulnerar así.
Porque no era así como debía ser, él no debía dejarse vulnerar por nadie. Y ahora, con Rukia, él sabía que en algún aspecto —uno que todavía no podía identificar precisamente— estaba perdiendo. Podía decirse que ésa era la mayor debilidad de alguien tan circunspecto y hermético como él: o nada lo afectaba, o una simple y sola cosa lo afectaba del todo.
Pero todo ello por dentro, eso sí, porque por fuera él aún era un hombre de maneras y modales impecables. Él tenía afinado a la perfección el don de guardar la calma ante cualquier circunstancia y el de saber sopesar las situaciones con toda claridad. No importaba lo que padeciera, siempre mantendría la cabeza en frío, resolvería los problemas con la mayor celeridad y a través de un escrutinio limpio e inalterable.
Ésa era su marca personal, el no dejarse dominar por nada, pero ahora… ahora se había instalado una emoción dentro de él que a duras penas estaba logrando controlar; el tipo de emoción que uno no elige sentir y que despiadadamente pone a temblar todo dentro de nosotros: principios, valores, ideas, razones, propósitos, metas, sueños, sentimientos… Qué imperdonable puede llegar a ser nuestro propio corazón cuando nos revela de manera cruel e injusta que no siempre somos lo que creemos y que no creemos todo lo que pensamos.
Byakuya, aunque no lo pensaba con esas palabras, se sentía de ese modo.
No tenía el control pleno de sus emociones, estaba equivocado. Esta tormenta no podía ser detenida por él, estas inquietudes eran nuevas y lo asustaban.
Y Rukia, Rukia le despertaba un misterio y una intriga que nunca le había despertado Hisana, ni Aika, ni Sayuri, ni Yoruichi, y aunque hubiera logrado acercársele y obtener un primer y real vistazo de ella, aún lo invadía una molesta sensación de que la joven le era inalcanzable, como si fuera ajena. Y pese a que ello le deparaba fastidio, también constituía un desafío inmenso en sí, porque él estaba habituado a rechazar y no a que lo rechazaran. No podía soportar esa clase de indiferencia, no con alguien que había logrado captar su verdadero interés. Rukia, aunque también evidenciaba interés por él, no lo hacía del todo… o mejor dicho, no lo hacía del modo en que él estaba acostumbrado. Era como si tuviera una barrera frente a ella para que él, y tal vez nadie, pudiera alcanzarla.
¿Qué clase de ser o acontecer habría forjado un individuo así? De alguna extraña y neblinosa manera, llegó a sentirse identificado.
Era muy fuerte esta curiosidad, iba más allá del deseo pero también lo retraía, incluso lo inquietaba. Él quería acercarse a Rukia, seguir conociéndola, arrebatarle otro beso, conocer su piel, y ella, aparentemente, también poseía alguna clase de curiosidad por él, porque podía notar que se sentía atraída. No obstante… el problema era que Rukia, incuestionablemente, desconocía la relación que en el pasado él había tenido con Hisana, y ese detalle por demás complicado creaba una bruma sobre la ya espesa inquietud.
¿Qué debería hacer? ¿Debería ser honesto con ella y contarle la verdad, a riesgo de que pudiera perderla y nunca más volver a verla? ¿O debería ser honesto consigo y reconocer que Hisana no le importaba, que esos sentimientos habían muerto hace tiempo, que ahora otra persona había capturado su interés y que por más de que esta persona fuera la hermana de su ex novia él no estaba dispuesto a recular?
Era tan egoísta, pero no podía evitarlo. Rukia le representaba un desafío irresistible.
¿Sería tan cruel de su parte permitirse vivir esos sentimientos? ¿Acaso lo correcto era renunciar a ellos, olvidar a Rukia y seguir su camino solo? ¿Sería tan ruin de su parte que decidiera ocultarle la verdad tan sólo por un breve tiempo?
Mientras miraba a Rukia sentarse junto a él en el asiento del copiloto, con su gesto ceñudo torciendo la mirada azul, cargando un bolso ridículamente infantil y vistiendo una falda de invierno corta y holgada que la hacía ver preciosa, ambos listos para ir a pasear, Byakuya seguía replanteándose todas esas acuciantes cuestiones.
