N/A: ¡Hola! Antes que nada quiero disculparme por la demora, como les avisé en mi profile y en mi página de fb, mi compu está en reparación con todos los capítulos que llevo escritos del fic. Por ahora, decidí adelantar algo escribiendo con la laptop de mi hermano, que no es lo mismo pero a nada... sirve. Estos días están siendo muy caóticos para mí, mi casa está en construcción, volví a la facultad, mi gato se accidentó y casi pierde una pata y actualmente me la paso yendo al veterinario cada dos días. Ya verán, me pasaron todas juntas, sin mencionar que la cuestión económica me hizo percha :(
En fin, a lo nuestro. Este capi es corto pero es substancial, ya que resolveremos un primer problema. Ahora paso a responder los reviews invitados:
Sakura chan: gracias por seguir ahí y por tu apoyo, me alegra que la cita byaruki te haya gustado :D Rukia necesita cambiar de actitud con Byakuya, eso es cierto, y por eso en este capítulo me dediqué a explorar eso. Veremos qué piensa Byakuya al respecto, nuestro Edward Cullen asiático xD lol. Espero que lo disfrutes :)
Guest: Muchas gracias por tu comentario, la verdad que tu observación sobre Rukia me hizo replantearme toda la historia xD Y te agradezco por eso, porque me hiciste ver que estaba escribiendo al personaje bastante ooc. Ojalá que este capítulo te satisfaga y que sigas disfrutando del fic, te mando un beso :)
No estoy segura de que pueda volver a actualizar en lo próximo, como les dije, ando bastante complicada. Esperemos que pueda recuperar mi pc cuanto antes al menos, no se dan una idea de lo que extraño escribir esta historia.
¡Les mando un beso!
Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.
VII
Hojarasca de miedos (I)
.
—Así que ya has empezado a rendir los exámenes, qué bien —Kaien le sonrió a Rukia apoyándose contra la barra—. ¿Y cómo va eso?
—Eso, bien —respondió ella—. La semana entrante tendré el segundo examen así que pasaré muchas horas estudiando.
—Vaya, eres dedicada —observó el joven—. Me gusta ver eso. Me enorgullece que mis empleados sean personas esforzadas. Te felicito, Rukia-chan, llegarás lejos.
—Kaien-dono… —Ella se conmovió y se perdió en la expresión amable de su rostro.
—Lleva tiempo y esfuerzo completar una carrera, aún más si alternas el estudio con el trabajo —Siguió diciendo él—, por eso pienso que una persona que persiste de esa manera es alguien admirable. Hay quienes bajan los brazos en poco tiempo y se pierden de lo más interesante, que es el camino. Está lleno de altibajos y es allí donde nuestro carácter se pone a prueba, porque estamos expuestos al error y al fracaso pero también es donde surgen las enseñanzas. Y, si somos capaces de seguir en pie mientras lo transitamos, es posible que alcancemos nuestros sueños, ganando asimismo fuerza —Kaien volvió a sonreírle—. Sigue así, Rukia-chan. Algún día, dentro de unos cuantos años, quisiera verte entrar en Shiba's y saber que has logrado lo que te habías propuesto. No importa lo que sea, sólo persíguelo.
Rukia sintió que no tenía palabras para expresarse y que aunque las tuviera, de seguro no bastarían para demostrarle a ese hombre su gratitud. Éste era el hombre del que ella se había enamorado tiempo atrás; ésta era la persona que al hablarle con esta misma sinceridad y transparencia, había depositado su confianza en ella para pedirle que trabajara junto a él. Kaien-dono siempre estaba tan cerca, acariciándole el corazón, y a la vez estaba tan lejos…
—Muchas gracias —Fue lo único que Rukia pudo decir, mientras asomaba en su mente el pensamiento de poder envolver a ese hombre entre sus brazos, de cómo se sentiría poder palpar su calidez. Kaien-dono era tan inalcanzable.
—Kaien-kun —Miyako se acercó desde la trastienda rompiendo el hechizo de ese mágico momento que, al final de cuentas, para Rukia, no era más que eso: una simple conversación, encantada por los desvaríos de su mente. Nada más que eso.
Rukia saludó a la dama y pronto se fue a seguir con sus labores, antes de escuchar cualquier cosa que sus oídos pudieran captar de aquella charla entre el patrón y su esposa. No se iba a permitir decaer. Había pasado una buena tarde con Kuchiki Byakuya y no iba a consentir que este tipo de situaciones se la estropearan, ella ya había tomado una decisión.
Renunciaría a Kaien-dono, olvidaría esos sentimientos. Se quedaría con lo bueno que él le había ofrecido y se desharía de todo lo demás: las estúpidas ilusiones que ella había creado en su cabeza. Eso era, continuaría pensando así. Estaría agradecida con él, por su bondad, por su constante apoyo, pero eliminaría las otras emociones, las que nunca debió haber sentido. Tal vez, si se lo repitiera constantemente, terminase por creerlo y en definitiva, por lograrlo.
Ella sólo era una empleada en ese lugar y Kaien-dono no era más que su patrón; un patrón genial y único, pero era solamente su patrón. Y fuera de ello, ella también tenía una vida, una que pese a todo ansiaba vivir pacíficamente, felizmente, sin tener que sufrir más de lo necesario, sin tener que volver a sufrir en realidad.
Decidió que continuaría encontrándose con Kuchiki Byakuya, él la había confortado de alguna manera porque le había recordado que todavía había cosas buenas en su interior. Kuchiki Byakuya, por un momento, le había hecho sentir especial, y aunque no tuviera la intención de profundizar una relación con él, esos ratos que habían compartido juntos la habían aliviado considerablemente. Fuera como fuese, Kuchiki Byakuya le agradaba y ahora no sólo era una atracción física: aunque el sujeto continuara siendo un petulante, debía reconocer que era una compañía grata.
Eso era lo que tenía que hacer: preocuparse por sí misma, ir en busca de su propio bienestar con las personas que le hicieran bien.
Estableciendo esos pensamientos en mente, continuó realizando su trabajo.
.
—Realmente te ves bien, Yoruichi, creí que te encontraría afligida —Juushiro Ukitake colgó su gabán en el perchero que estaba junto a la puerta.
—¿Por qué? No puedes ir por la vida deprimido como si tal —contestó la aludida acomodando una serie de platos y otros utensilios sobre la mesa.
—Por supuesto que no, pero imagino que el declive de un negocio debe afectar a cualquier persona.
—Ah, como si eso importara —Yoruichi meneó la mano con despreocupación—. Siempre que mi negocio se hunda puedo deshacerme de él y dedicarme a otra cosa. De hecho, tengo ganas de hacer un viaje largo.
Juushiro largó una carcajada amigable y se sentó en seiza sobre el cojín. Continuaron charlando de una cosa y otra hasta que el timbre del departamento sonó y la joven cruzó la sala para recibir al visitante: Byakuya.
—Siempre haciéndote rogar —comentó la joven dejándole el paso libre—. Anda, la comida ya está lista.
El grupo de amigos disfrutó de una cálida velada, plagada de anécdotas familiares y cualquier clase de injerencias tal como los problemas con que cada uno de ellos debía lidiar por aquellos días en sus respectivos trabajos: la inmobiliaria de Yoruichi tenía inconvenientes fiscales con el municipio; Juushiro, que trabajaba en la hacienda de los Kuchiki, padecía dolores de cabeza por culpa de una acuciante inestabilidad en los precios de la renta agraria; y Byakuya, por su parte, se las ingeniaba para hacer reflotar el flujo de consumo en la cafetería.
Un bodrio, para ser honestos.
—Entonces, dices que quieres hacer un viaje, Yoruichi —retomó Juushiro, antes de llevarse los palillos con udon a la boca.
—Sí, creo que adoptaré un estilo de vida bohemio de ahora en más, estoy harta de las obligaciones —Tal declaración fue inconcebible a los oídos de Byakuya, que detuvo los palillos a medio camino entre el cuenco y la boca.
—¿Y qué harás con la inmobiliaria? —preguntó.
—Conozco a un par de personas que están interesadas en comprarla. En todo caso, cuando llegue el momento lo decidiré.
—¿Y por qué un viaje? —interrogó el joven, sintiéndose curioso.
Yoruichi compuso una expresión traviesa.
—¿Te importa?
—No del todo —respondió apresurándose a dar un bocado. ¿Cómo se atrevía a provocarlo frente a terceros?
—Lo dicho: ya me aburrí de las obligaciones —reafirmó la joven lo más campante—. Ahora sólo me quiero divertir.
—Por cierto, Byakuya —espetó Juushiro un rato después—. Deberías darte una vuelta por la hacienda en estas semanas, eres uno de los titulares principales y, a decir verdad, Kouga-kun se está volviendo loco entre tanto alboroto. Tal vez puedas echarle una mano, no deberías descuidar eso.
—Lo sé, he estado pensando en ello —correspondió Byakuya—. De hecho, me encuentro decidiendo qué fin de semana será adecuado para ir. Tiene casi un mes que no he vuelto.
Continuaron la charla por un rato más hasta que terminaron de cenar. Juushiro y Yoruichi, como habían bebido algunas copas, comenzaron a balbucear alguna que otra sandez. Byakuya, por su parte, sintió que lo vencía el cansancio; por ser lunes había tenido un día agotador.
Yoruichi recogió las lozas de la mesa y Juushiro las lavó. Poco después, éste se despidió amigablemente de ellos.
—Esperaba ver a Yuushiro-kun pero parece que tendrá que ser en otra ocasión —lamentó el hombre mientras Yoruichi le abría la puerta—. Espero volver a verlos pronto, Yoruichi, Byakuya. Hasta luego.
De repente la casa cayó en un silencio profundo, totalmente vacío. Yoruichi caminó hasta el sofá que estaba junto a la ventana y se arrellanó sobre él, acariciándose los dedos de los pies con la mirada un poco ida.
—Ha sido un buen rato —comentó con tranquilidad. Byakuya la miró desde la mesa.
—Tenemos que hablar —dijo de pronto.
La otra lo miró de reojo sin cambiar de expresión y sin dejar de acariciarse los dedos. El joven se puso de pie y se acercó hasta quedar parado frente a ella. Otra vez volvió a caer entre los dos un pesado silencio, hasta que Byakuya retomó la palabra.
—Esta relación se termina.
El rostro de Yoruichi se contrajo un poco, adoptando ahora un gesto ceñudo. Después de un rato, la joven se sonrió con cierta ironía.
—Vaya, te tienen comiendo de la mano, ¿eh?
Byakuya guardó silencio, expectante a la próxima reacción. Era obvio que tal pronunciación no iba a dejarla indiferente. Tras reacomodarse en el sofá para encararlo mejor, Yoruichi se tornó pensativa durante algunos segundos mientras se acariciaba la barbilla.
—Lo que me encoña, Byakuya-bo, es que creas que tienes el poder de decisión —dijo de un momento a otro— porque, sinceramente, ésta no es sólo tu decisión —Lo miró fijo—. ¿Piensas que no lo vi venir? Te conozco desde que eras un crío.
El rostro del joven apenas se contrajo mientras todavía se mantenía en silencio.
—Está claro que las explicaciones sobran entre nosotros, sin embago… será mejor que lo aclaremos de una vez—Siguió diciendo ella—. ¿Querías saber por qué un viaje? Yo también he conocido a alguien.
Yoruichi pudo advertir que la circunspección de Byakuya vaciló.
—Y… ya que estamos en el asunto, considero que esto es lo mejor para ambos.
Byakuya se tomó un buen rato para responder y sopesó bien cada una de sus palabras. Palabras para nada gratas de oír, por cierto, porque ningún hombre que se precie como tal y que además desborde de arrogancia y orgullo como él es capaz de soportar semejante excusación. Esa mujer acababa de zaherir de manera infame su ego y lo peor de todo es que estaba haciéndole sentir como si todavía fuera un crío. De alguna manera, una muy absurda, comenzó a sentirse usado, incluso burlado por esa mujer.
Shihouin Yoruichi… ¿Cómo es que no antevió algo así? ¿Acaso era tan ingenuo? Y lo que era peor: ¿él no la había satisfecho lo suficiente? Aunque no tenía sentimientos por ella, la situación no dejaba de ser humillante.
—Oh, vamos. No vas a decirme que estás celoso —lo provocó ella, y él le clavó una mirada helada.
—Molesto, tal vez —correspondió—. ¿Te acostaste con él mientras lo hacías conmigo?
Yoruichi se rio con sorna.
—Tranquilo, chico. Aún no he caído tan bajo —respondió ella, y acto seguido se levantó del sofá para ir a llenarse una copa de vino. Luego se quedó en pie junto a la ventana, su expresión pensativa y con un deje de nostalgia—. Lo hemos pasado bien, Byakuya-bo. Y tenemos la madurez suficiente para enfrentarnos y comprendernos hasta este punto, hemos logrado respetarnos. No lo arruinemos, ¿está bien?
Era totalmente denigrante. Ella en verdad lo ventajeaba, en edad y en experiencia pero sobre todo en madurez. Él entendía que la mujer estaba en lo cierto pero aun así, no podía hacer a un lado ese fastidio que le provocaba el hecho de que ella le hablara como si fuera un niñato. Estaba sintiéndose como un estúpido adolescente a su lado. Pero ahora que lo pensaba… estaba claro que ella lo había visto de esa manera durante todo el tiempo. Había sido un tonto. Tenía que aceptar que había sido un tonto con todas las letras.
Aquello era un puñetazo en su ego, uno que no se lo perdonaría, pero de todas maneras… Él también era lo suficientemente maduro como para comprender la totalidad de la situación. Esta relación se termina fue lo que él dijo, y era justamente porque él lo había decidido así. Su ciclo con Yoruichi había concluido, era indiscutible.
Ahora su mente sólo tenía espacio para pensar y fantasear con una mocosa bella y testaruda llamada Rukia.
Byakuya podía tener muchos defectos como persona y como hombre, pero que era hombre de una sola mujer, no se podía cuestionar. Con él no había lugar para terceros, él no compartía ni hacía concesiones en caso de que los sentimientos lo dominaran. No había forma de que fuera de otra manera. Absolutamente no.
—Está bien —dijo al fin—. Que así sea, entonces.
Yoruichi le dio una sonrisa que él no pudo ver, porque pronto se había acercado al perchero que estaba junto a la puerta para descolgar su abrigo.
—Me voy —avisó poniéndoselo—. Nos veremos luego.
—Oye, todavía quiero saber quién es la chica —Byakuya la miró entre resentido e indignado—. ¿Qué? De veras siento curiosidad —Yoruichi cogió las llaves y le abrió la puerta—. Y además, tengo que darte mi aprobación, no voy a permitir que mi dulce Byakuya-bo se deje manipular por cualquier bruja.
"¿Ahora soy dulce? En cualquier caso, tú eres la menos indicada para decir algo así…" Byakuya la miró frunciendo el entrecejo.
—Tal vez en otra ocasión —se limitó a decirle, y con eso se marchó.
Yoruichi volvió a sonreírse con afecto mientras lo veía desaparecer en el rellano del pasillo. "Tonto e ingenuo, Byakuya-bo… Tal y como un crío".
.
Malditos negocios de atención al público, ¿por qué siempre tienen que sintonizar la molesta radio en la que no dejan de sonar melodías sensibles, lentas y románticas; estúpidas canciones sentimentales que aguijonean el corazón de uno y que parecen estar hechas nada más que para terminar de destruirlo? ¡Ah!
Rukia quitó el mantel de una mesa empapada de gaseosa de un sopetón y le pasó un trapo con una ira y una violencia rigurosamente titánicas.
—¿Por qué ese talante? —expresó una asombrada Nelliel mirándola de costado.
—Por nada —La voz de Rukia fue un rugido feroz.
—Santo cielo… Eres como yo mientras limpio los pisos de mi casa cada vez que pienso en Nnoitra-kun. Temo que un día llegue a taladrarlos.
Al ver que la muchacha no emitía respuesta y que seguía tan resentida con la vida, el mundo y aquella pobre e inocente mesa, Nelliel suspiró y puso los brazos en jarra.
—Sólo se me ocurre una solución para todo este despliegue de cólera —dijo con seriedad—. Salgamos de copas.
—Vaya, qué gran idea —ironizó Rukia, y cuando terminó de secar la mesa y se hubo limpiado el sudor de la plegada frente, agregó—: ¿Cuándo?
—Hoy. Le diré a Jackie que nos reserve una mesa.
—Está bien —No se sabía si Rukia lo estaba diciendo en serio o si lo estaba diciendo irónicamente, pero de todos modos Nelliel festejó con un "¡yoshi!" y con una sonrisa fantástica. Luego se marchó de allí.
"Por supuesto, eso es lo que haré... Definitivamente tengo que ver otras cosas."
Se contuvo de dirigir la mirada hacia el sector de la caja, donde en esos momentos se encontraba Kaien-dono, y caminó hacia la trastienda para enjuagar el trapo.
Bien, pasó de verlo. Eso ya era un logro muy grande.
Llegó al lavabo y giró el grifo para dejar que corriera y se entibiara el agua.
No estoy contento con saber que alguien más se haya ganado tus sentimientos…
No me gusta compartir…
Eres una mujer alerta, inteligente, decidida, y ningún hombre puede pasar por alto algo como eso…
Esta camelia… es rosa y es única… y es todo el jardín…
Quiero que esta flor… nunca se apague…
Ese arrogante de Byakuya, ¿qué estaría haciendo ahora? El muy soberbio... No había olvidado ni una sola palabra de todas esas cosas maravillosas que él le había dicho, menos aún el tono sincero de su voz… menos que menos la transparencia que hubo en su mirada durante esos momentos; la franqueza de esa arrogante e irresistible mirada.
No habían vuelto a comunicarse desde el sábado. Estaba claro que él se estaba absteniendo de presionarla, o al menos ella creía haber sido lo suficientemente contundente en sus acciones como para que el sujeto se diera cuenta de que no iba a facilitarle todo ese intento de cortejo o lo sea que fuera que estaba llevando a cabo. El muy arrogante había osado bajarla del coche nada más que frente a la entrada de su trabajo. ¿Pero quién se creía que era el tipo? ¿Su novio?
Terminó de escurrir el trapo y volvió al salón. Kaien-dono le indicó que recargara los aceiteros así que prosiguió a recogerlos de la farmacia y regresó con ellos a la trastienda. Intercambió alguna que otra broma con los cocineros del mediodía y luego siguió con lo suyo.
¿Por qué, dices? Quiero conocerte…
Mi único interés eres tú…
El entrecejo se le contrajo y las mejillas se le acaloraron sin que lo pudiera evitar.
"Tonto…"
Cogió el botellón de aceite de la estantería y se puso manos a la obra.
.
La hora del almuerzo se aproximaba y por supuesto, Kuchiki Byakuya debía almorzar en tiempo y forma: ni un minuto más, ni un minuto menos. La agenda de un hombre meticuloso y organizado como él dispone que cada actividad sea así: escrupulosa.
Así que, una vez que hubo estacionado su camioneta blanca de alta gama —recientemente lavada según podía apreciarse— frente a la fachada del poco categórico almacén Shiba's, el joven se adentró en el recinto vistiendo su última adquisición de Comme des Garçons color cobalto, y se aproximó hacia la barra con la usual circunspección, robándose unas cuantas miradas femeninas en el camino. Apoyó sobre la superficie un elegante brazo diestro y dejó a la vista —de una manera dudosamente casual— su costoso y exquisito reloj de muñeca, y después de acomodarse en el rudimentario taburete que estaba allí, abrió su periódico.
Una voz femenina lo abordó.
—Buenos días, señor cliente. Permita que le deje…
—Kaiseki Ryouri —la cortó Byakuya sin mirarla—, nimono. Que esté bien condimentado.
Bambietta, por supuesto, tuvo que contenerse de mandarlo al diablo porque si lo hacía se quedaba sin empleo, de modo que asintió con una muy forzada cortesía y procedió a retirarse de allí.
Entonces, Byakuya avistó al sujeto.
Estaba en el sector de la caja, trabajando en la computadora, con un semblante y una apostura demasiado desgarbados como para que él pudiera mirarlo con aprobación. Su lenguaje corporal era demasiado abierto. Todo en ese sujeto gritaba imprudencia y desatino.
Frunció el entrecejo y continuó leyendo el periódico. Evidentemente cualquier dama se sentiría atraída por un sujeto tan desestructurado como él, no era tan testarudo como para no reconocer los méritos de otros: el sujeto tenía una expresión facial relajada y condenadamente agradable, no le extrañaría que Rukia tuviera cierta debilidad por él. Cierta… Ciertamente él se encargaría de verificarla y después, de destruirla.
Eso era. Yoruichi retrocedió un paso en su podio mental de personas despreciables e impunes.
—Kaien-dono —Rukia pasó apurada del otro lado de la barra, frente a él, sin siquiera notar su presencia. Aunque por supuesto, el periódico abierto de par en par debió de habérselo dificultado.
Byakuya observó atentamente la situación. La observó atentamente a ella.
—Se agotaron las botellas de aceite de oliva —avisó la muchacha, con una actitud y un lenguaje corporal un tanto… agitados.
—Oh, vaya. Gracias por apuntarlo, Rukia-chan —El otro apenas si la miró y continuó trabajando concentradamente en la computadora.
Al parecer… si allí existía algún tipo de atracción, estaba claro que ésta no era del todo compartida. De todos modos no podía confiarse, ese sujeto llamado Kaien le generaba una fuerte sensación de competencia.
¿Acaso el sujeto era incapaz de darse cuenta del comportamiento de Rukia? ¿O en realidad era él mismo quien estuviera siendo por demás observador?.
Rukia se volvió por donde vino y fue entonces cuando se percató de que Byakuya estaba allí, mirándola.
—Byakuya —Su expresión fue de desconcierto total. Entonces se le acercó cuanto antes—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Espero mi orden —respondió él lacónico.
—Oh… —Rukia era demasiado obvia al demostrar lo mucho que se estaba esforzando por ocultar sus emociones. Y Byakuya, insólitamente, comenzaba a ser capaz de leer a través de ella—. Esto…
—¿Algún problema? —quiso saber él.
—Ninguno —Ella titubeó—. Es sólo que… no esperaba verte.
—¿Por qué? Soy un cliente.
—¿Cómo que "por qué"? —Rukia procuró que la conversación se mantuviera en privado, por lo que su tono de voz sonó bastante bajo—. Por empezar, éste es mi trabajo…
—Pareces muy territorial con respecto a este lugar —señaló él. La joven se agitó aún más.
—¡No es eso! —exclamó—. Además, no hemos vuelto a comunicarnos, ¿cómo esperarías que reaccione?
—Más alegre, quizás —musitó él—. Como cuando estabas… dentro de mi coche.
El rubor que tiñó las mejillas de la joven y la dilatación inmediata de su mirada hicieron que Byakuya recordara, con una ráfaga de victoria, que él aun ejercía un importante poder de seducción sobre ella. Ésta no era una batalla perdida, en absoluto.
—Demos un paseo hoy, Rukia —propuso con una expresión y un tono de voz más suaves—. Realmente… no he dejado de pensar en ti.
Rukia se quedó sin aire por un segundo y sólo entonces reparó en lo guapo que él se veía. Otra vez la estaba mirando de esa forma, con ese estúpido y seductor fleco cayendo sobre sus… bellos ojos y vistiendo un abrigo azul que le sentaba de diez. Esto no iba bien…
—Byakuya, no es momento ni lugar para decir cosas como ésas —Se azoró la joven, mirando por el rabillo del ojo hacia donde estaba su patrón.
—¿Por qué? Nadie nos está escuchando —concedió él—. Y en todo caso, tú sólo eres una mesera charlando amablemente con un cliente ocasional.
—"Cliente ocasional" —Se indignó la joven—. ¡Como si fuera a tragarme ese cuento!
—Es cierto —convino él—. La única razón por la que estoy aquí es mi deseo de verte, así sea nada más que para mirarte pasar entre una mesa y otra. Realmente quiero que salgas conmigo y por si eso fuera poco, muero por volver a besarte. ¿Qué otra cosa debería agregar?
Rukia se quedó boqueando. La mente se le ofuscó, las piernas casi le flaquearon, el corazón le dio tumbos, los pulmones se le quedaron sin aire… Maldito Byakuya, engreído, ¿qué diablos estaba haciendo?
—¿Hhm? —El turbulento estado físico de la joven no pudo sino llamar la atención de su patrón, que ahora se había acercado a ella—. ¿Sucede algo, Rukia-chan? —preguntó alternando la vista entre la joven y Byakuya.
—¡Ah, Kaien-dono! ¡No es nada! —Se apresuró a decir ella—. Descuida, por favor.
—¿Seguro? —quiso saber él, echándole una mirada un tanto sospechosa al ahora nada simpático de Byakuya.
—Seguro —concedió Rukia.
Entonces, Kaien pensó que en esos instantes estaba invadiendo un espacio bastante personal entre la muchacha y ese joven, así que se retiró. Aun así, la mirada arrogante y por momentos desafiante de Byakuya no le pasó desapercibida. De todos modos tampoco le dio demasiada importancia. Debía de ser algún mocoso arrogante…
Al ver la actitud despreocupada del sujeto, Byakuya se atrevió a inferir que en efecto allí no había ninguna atracción compartida. Ahora sólo restaba asegurarse de que no hubiera ningún tipo de atracción, ni compartida ni sesgada ni nada, en absoluto. Fuera como fuese, no podía permitir que Rukia estuviera expuesta y lo que era peor; predispuesta ante semejante y desdeñablemente respetable espécimen masculino. Era absolutamente inaceptable consentir tal situación. Ningún hombre en su sano juicio aprobaría algo como eso.
—¿A qué hora finaliza tu jornada? —le preguntó a la muchacha después. El rostro de Rukia estaba tan rosado como las camelias que habían contemplado juntos.
—A las tres —respondió ella con una violenta y magnífica efusión. Byakuya se detuvo a observar su figura por un segundo y luego retomó el periódico.
—Pasaré por ti a esa hora —informó empezando a leer—. Y por cierto… Te ves muy bonita hoy, Rukia.
Y dicho eso Rukia se agitó, lo miró sin poder ocultar sus emociones y regresó a la trastienda antes de que los cumplidos de Byakuya acabaran por embotarla. En el camino se cruzó con una ceñuda Bambietta, que iba llevando una orden.
—Escupiría sobre su plato si no supiera que estás liada con él —le musitó la muchacha en un tono de voz muy bajito.
Rukia, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para recuperar su línea, no se contuvo de modular una sonrisa maliciosa.
—Hazlo.
Antes de cruzar el umbral se giró para observar a Byakuya, que ahora estaba leyendo su periódico.
"Idiota" pensó con fastidio, aunque la expresión de su rostro indicaba completamente lo contrario.
Kuchiki Byakuya la estaba persuadiendo… Y a Rukia se le estaba haciendo muy difícil controlar sus emociones con él.
