N/A: ¡Hola! No sé ni por dónde empezar, hace mucho que no actualizo y probablemente cuando comiencen a leer se sientan algo confundidos.

Paso a explicar algunas cosas:

1. Borré los capítulos 7 y 8 que estaban publicados y los cambié por otros, porque los que estaban publicados no pertenecían a la línea original de la historia que escribí. Como en ese entonces mi pc estaba rota, había tenido que reescribir los capítulos en otra parte y modifiqué muchas cosas en ese momento, y esa es la razón por la que mi historia haya quedado estancada por más de un año. Se me había ido de las manos y no supe cómo, ni tuve el tiempo de, solucionarla.

Así que hoy, después de pensarlo por un tiempo, me decidí a continuar con lo que ya tenía escrito aunque eso siginificara sacrificar los capítulos 7 y 8 que leyeron tiempo atrás. No sé cuál versión sea mejor en cuanto a desarrollo, pero definitivamente la original (los capítulos que les traigo ahora) es más viable porque me permite seguir publicando el trabajo que tengo guardado: hasta ahora llevo escritos catorce capítulos largos.

2. Mi idea es actualizar una vez al mes hasta que termine de escribir, sin embargo, es posible que el capítulo 9 lo traiga antes para compensar el tan prolongado hiatus.

3. Al releer esta historia sentí que los personajes están algo ooc y les pido perdón por eso, sin embargo, no voy a cambiar nada porque de todas formas se trata de un AU.

4. Y ahora sí, les pido perdón por tanta irresponsabilidad. Sé que esta historia les gustó bastante y se merecen que la continúe, pese a mis contratiempos. Entiendo que estén molestos por el cambio, pero decidí que es lo mejor para poder seguir desarrollando el fic. Así que, a los que sigan leyendo: muchas gracias por seguir allí y disculpen por este terrible hiatus, y a los que no: gracias también por haber leído.

Espero que aunque el manga de Bleach haya terminado, aún quede algo de vida en este bello fandom, que tantos momentos memorables nos dio.

¡Nos leemos en otra!

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


VIII

Hojarasca de miedos (II)

.

El coche de Byakuya estacionó a las tres, como se esperaba, nada menos que frente a la fachada de Shiba's. Mientras esperaba que Rukia pisara fuera del estrepitoso almacén sin clase, se dedicó a realizar llamadas de negocios. Cuando la vio cruzar finalmente la puerta, se percató del enfado que tiñó su rostro al momento que vio el coche estacionado en aquel lugar.

La joven caminó hacia el vehículo a regañadientes y él le destrabó la puerta. Mientras ella se acomodaba en el asiento, él continuó haciendo un sutil alarde de su sofisticado repertorio discursivo plagado de expresiones tales como: "regulación de los precios agrarios", "adquisición de bienes industriales para el crecimiento", "influjo de divisas", "estancamiento inconveniente de la producción requiere de una inminente necesidad de reorganizar la agenda" y demás yuyos venenosos que, de no ser más o menos afines a la carrera que Rukia estudiaba, hubieran conducido a la muchacha inmediatamente fuera del coche.

Rukia, además de estar enojada, comenzó a sentirse indignada ante semejante y descarada muestra de altivez, pero al mismo tiempo, también tuvo que luchar por ocultar la impresión. Kuchiki Byakuya era un soberbio de primera categoría, pero lo que tenía de soberbio también lo tenía de inteligente, debía reconocer. Y… eso la seducía.

—Entiendo. Será necesario repasar las partidas del último mes, no es posible que haya errores. Seike, revisa eso por favor.

Cuando Byakuya colgó la llamada hubo un largo minuto de silencio entre los dos.

—No debiste estacionar aquí otra vez —El tono de voz de Rukia contuvo el enfado lo mayor posible—, te sugerí que me esperaras a la vuelta.

—Lo olvidé —mintió Byakuya. A Rukia le dio una vena asesina.

—Descarado —rezongó la otra.

—No veo qué problema hay. ¿Acaso te perturba que nos vean juntos? —Byakuya adoptó un gesto receloso.

—Te dije que no es eso.

—Entonces pongámosle término a esta trivial discusión y vayamos a dar un paseo, el día está lo suficiente agradable como para amargarse por asuntos insubstanciales. ¿Está bien?

Rukia resopló con impaciencia y tras unos segundos, decidió que ésta vez descartaría la acusación. Después de todo, Byakuya estaba en lo cierto, el día estaba espléndido.

—De acuerdo. ¿Qué plan tienes para esta tarde? —preguntó al fin, arrellanándose en el asiento con mejor talante y reiniciando la exploración de objetos personales que ocupaban aquel vehículo. Byakuya hizo un esfuerzo descomunal por no reprenderla mientras la observaba coger un disco de la guantera.

—El que tú decidas.

Rukia, entendiendo que este sujeto era de verdad todo un caballero, alzó las cejas leyendo el título del disco y luego repuso:

—¿Qué tal el parque de arces que está cerca de aquí? Es un buen sitio.

—Muy bien. Vayamos.

Entonces, condujeron durante algunos minutos por la ajetreada capital y cuando avistaron la enorme empalizada que daba inicio al parque, Byakuya buscó con la mirada algún punto de aparcamiento. Dieron una vuelta y pronto el coche se detuvo entre un complejo de vehículos. Era una tarde de otoño radiante y llena de personas y colores, mas ellos caminaron hacia el sector del parque que estaba menos poblado.

—Trabajar en atención al público termina por producirte rechazo hacia las multitudes —suspiró Rukia de un momento a otro—. Es agotador.

—¿Te gusta tu trabajo? —preguntó él, observando sus gestos.

—Sí, supongo —resopló Rukia, sus manos en los bolsillos de su abrigo—. Estoy acostumbrada y he forjado buenos vínculos.

—¿Qué clase de vínculos? —quiso saber él. Rukia se sintió perseguida y lo miró con reticencia.

—¿Es esto un interrogatorio?

—Sólo es un paseo para conocernos —respondió Byakuya, inalterable.

—Pues paseemos —dijo ella adelantándose a él—. ¿Qué clase de vínculos se pueden forjar en un trabajo? Pues vínculos de nakama, es obvio.

Siguieron recorriendo el parque tranquilamente, las hojas caídas, amarillas y rojas, de los árboles crujiendo bajo sus pies. Llegaron a un apacible y cálido sendero rodeado de árboles y un lindo cachorro blanco que parecía estar perdido comenzó a seguirlos. Rukia jugó un poco con él y Byakuya la observó desentendido de cualquier medida de tiempo.

—Solía venir aquí con mi hermana cuando éramos pequeñas, veníamos con oba-san —dijo Rukia de un momento a otro—. Oba-san y nee-san permanecían tranquilas mientras armaban el picnic y yo buscaba algún grupo de amigos para jugar. Siempre terminaba corriendo por todo el parque —Recordó riendo sola.

En ese instante, Byakuya sintió que el único individuo que ocupaba un podio despreciable e impune era él: él no merecía estos momentos.

—¿Ya habías venido aquí? —preguntó Rukia. Antes de responder, él se tomó unos segundos.

—Alguna vez —musitó—. Prefiero el parque de sauces.

Allí, otra vez, el torrente de miedos sacudiendo su estómago. Éste era el parque de Hisana, éste era el lugar donde a la joven le gustaba venir. El lugar que siempre le había traído malos recuerdos y que en tantos años después de haber terminado la relación con ella no se había atrevido a volver a pisar. Fue angustiante durante mucho tiempo avistar este sitio aunque fuera de lejos, y ahora, pese a que esa sensación ya no lo aguijoneara, el hecho de que hubiera regresado nada más y nada menos que con la hermana menor de su ex novia, quien era completamente ignorante de todos esos eventos, no eximía a la situación de ser peor.

Porque de hecho, era peor.

Sin embargo él ya lo tenía claro, ya había tomado una decisión. Los sentimientos que tenía por Rukia no tenían nada que ver con Hisana, eran puramente genuinos. Lo angustiaba saber que podía perderla, no ahora cuando finalmente podía compartir algo sincero con alguien. Rukia, desde el primer instante, no le fue indiferente, su comportamiento con él era definitivamente opuesto al que había tenido Hisana. Rukia era una chica difícil pero él podía ver que en el fondo ella estaba atraída de verdad.

Y estaba ese sujeto, Kaien, revoloteando entre los dos. Eso no lo dejaba tranquilo. Rukia, que de un día al otro se le había aparecido en el camino ofreciéndole estos momentos, aparentemente tenía cierta debilidad por ese hombre, una que parecía no ser recíproca pero que no por eso dejaba de ser susceptible de revertirse. El sujeto la conocía desde antes que él, eso le jugaba en contra, pero aun así él no estaba dispuesto a cederla.

Vaya egoísta y errónea forma de pensar que tienen los hombres, disputándose a la chica de sus sueños como si fuera un trofeo. Byakuya, aunque no se detenía a contemplar estos insoslayables y mediocres aspectos que conformaban su actitud, en el fondo, era muy consciente de lo sucio que estaba jugando.

Porque ésa había sido su decisión: ocultar la verdad. No iba a confesarle a Rukia que había tenido una relación con Hisana sino hasta que el sujeto Kaien saliera del medio. De cualquier manera, él y Rukia aun llevaban poco tiempo conociéndose… si es que en verdad tenía derecho a buscar razones que abogaran a su favor.

Era deplorable, lo sabía. Pero viéndola jugar cariñosamente con los animales y sonreír con tanta calidez mientras conversaba con él, no podía sino anhelar que Rukia le correspondiera, que pudiera compartir finalmente sus sentimientos.

Los hombres temen y mucho cuando se trata de perder a la mujer que quieren. El amor los hace fuertes y al mismo tiempo débiles.

De modo que cargando con toda esa montaña de justificaciones absurdas y malogradas, estaba decidido a ganarse los sentimientos de aquella joven que ahora caminaba a su lado, porque de todas maneras también había algo de altruismo en ese mejunje infame y egocéntrico que habitaba dentro de él: observar la sonrisa de Rukia en esos momentos no hacía más que alimentar el creciente deseo de mantener y procurarle esa felicidad.

Aunque llevara poco tiempo conociéndola, Rukia ya se había ganado un lugar en sus sentimientos y él estaba dispuesto a ir más allá, iba a garantizarle cualquier tipo de alegría. Porque, ¿qué es un hombre sin poder querer a una mujer, al final de cuentas? Es como un vaso medio vacío.

—¡Hey! —Rukia lo devolvió de sus dispersiones.

—¿Qué pasa? —Él respondió con cierta abstracción.

—¿Cómo que "qué pasa"? —El rostro de la joven estaba acalorado—. Estás viéndome de ese modo hace un buen rato, ¿es que eres un psicópata?

—No —contestó Byakuya sonriéndose—. Sólo me gusta apreciar la belleza de un paisaje, eso es todo.

—Tch —Rukia se dio vuelta y continuó andando—. Estúpido romántico…

—¿Romántico? —La sonrisa de Byakuya se acentuó.

—No me hagas volver a decirlo —gruñó la joven.

Byakuya siguió sus pasos sonriéndose de una manera vanidosa

—Ésa es mi línea —contestó, y continuaron con el recorrido.

Llegaron al final del sendero y pronto reemprendieron la vuelta, los rayos de sol se filtraban entre los ramajes de los árboles. Aquel era un paisaje precioso, una radiante explosión de tonos naranjas y rojizos que se complementaban con el color terroso de los troncos de los árboles. Asimismo, el aire estaba cargado de humedad, anticipando que en algunas horas llovería.

A medio camino del sendero, Rukia se dejó caer sobre un banco.

—Estoy cansada —resopló—, quedémonos aquí un rato.

Byakuya consintió la propuesta y se acomodó junto a ella.

—Lo malo de trabajar en un restaurante es que al estar de pie por tanto tiempo tus piernas se fatigan —comentó la joven mirando el cielo a través de los ramajes.

—¿Llevas mucho tiempo trabajando allí? —quiso saber él.

—Nueve meses.

—¿Te gusta? —indagó—. Ese sitio.

Rukia lo miró de reojo.

—Te dije que ya me acostumbré.

Byakuya se quedó en silencio por un rato. Aunque su postura se mantenía inalterable, por dentro estaba algo ansioso.

—¿Qué clase de relación tienes con tu patrón? —preguntó de un momento a otro. Rukia no pudo contener el sobresalto.

—¿Disculpa?

—Me intriga saber qué clase de sentimientos alberga un empleado por su patrón —agregó mirándola de reojo—. También tengo un negocio.

La postura de Rukia se tornó vacilante. En efecto: Byakuya ya podía leer a través de ella.

—Eso… Bueno, respeto. Y gratitud, supongo —concedió la joven—. Y admiración, también.

—¿Admiración? —El joven torció una ceja. Esa acotación no le gustó para nada.

—Sí… He visto que dirigir un negocio no es una tarea sencilla, requiere mucho esfuerzo y dedicación —Rukia sintió que titubeaba—. Por eso pienso que… alguien que dirige un negocio es alguien admirable.

—Entonces admiras a tu patrón —La expresión de Byakuya fue todo lo resentida posible.

Rukia se azoró pero hizo lo mejor que pudo por ocultarlo.

—Supongo que sí —afirmó mirando en otra dirección y levantándose del banco cuanto antes—. Sigamos con el paseo.

Él la observó caminar por algunos segundos. Esta sensación no le gustaba, otra vez lo golpeó el sentimiento de que Rukia era inalcanzable…

Era evidente que ella sentía algo por ese hombre y podía intuir que ese algo no era correspondido, aunque sólo fuera atracción. Porque si lo fuera, ¿qué estaría haciendo ella ahora con él? Algo no encajaba.

Lo dicho: caminaron un poco más hasta que regresaron al inicio del parque y entonces tomaron otro rumbo tranquilo; ahora estaban deslizándose por una apacible arboleda. Las hojas secas continuaban crujiendo bajo sus pies y las ramas de los árboles se mecían con el soplo del viento húmedo.

La actitud de Rukia había cambiado, ahora estaba un poco retraída y Byakuya la observó con detenimiento. Él no era ningún tonto, ahora estaba casi seguro de qué era lo que pasaba con ella, no era demasiado difícil arribar a tal conclusión: si Rukia ahora estaba con él, la razón tenía que ser que el sujeto llamado Kaien no correspondiera sus sentimientos. La actitud despreocupada del sujeto cuando los vio charlando en el restaurante reforzaba ineludiblemente esa conclusión.

¿Serían sentimientos o solamente atracción? No lograba ver hasta ese punto.

De cualquier manera, ahora podía comprender mejor el modo en el que ella se comportaba, Rukia debía de estar descartando la atracción o lo que fuera que fuese por ese hombre. No cabía otra explicación. ¿Debería él contentarse con ser nada más que el premio consuelo? No, por supuesto que no, él no concebía la idea de encasillarse en segundos lugares. Sin embargo… el único premio que él ahora podía ver allí era el corazón de Rukia y sólo podía pensar en ganárselo con todo el esmero del que fuera capaz, no tenía caso tornarse reticente. Se esforzaría, no volvería a perder a la chica que quería y mucho menos iba a cederla por ese sujeto llamado Kaien.

Con todo, Rukia todavía evidenciaba un interés demasiado patente en él, y él estaba decidido a aprovecharse de ese recurso al máximo.

Esto era un desafío con todas las letras, uno que él iba a ganar. Kuchiki Byakuya siempre conseguía lo que quería y ahora, justo ahora, lo que más quería era un beso de ella, pero no iba a pedírselo, iba a arrebatárselo.

La tomó del brazo en un movimiento brusco y la atrajo hacia sí. Rukia lo miró confundida y antes de que pudiera pronunciar cualquier palabra, él no tardó en silenciarla apoyando los labios sobre su boca. La boca de Rukia ahora era suave, dulce, ingenua… y contradecía completamente su forma de ser. Un beso bien robado le dio Byakuya, y deliciosamente establecido.

Rukia se dejó llevar y le respondió de la misma manera, colocando las manos sobre sus hombros anchos y deslizándolas hacia su cuello, enredando los dedos entre su pelo. Éste no era un beso como los anteriores, pensó, éste era demasiado… entregado, y a Rukia le gustó.

La lengua de Byakuya se abrió paso lentamente entre sus labios marcando el ritmo del beso y entonces Rukia no tardó en sentir que la temperatura de su cuerpo aumentaba, ni en notar que el aroma personal de ese hombre la estaba substrayendo. Sintió una mano decidida deslizarse en un movimiento provocador, y asimismo elegante, a lo largo de su espalda, atrayéndola contra su cuerpo, y entonces la respiración se le cortó.

Esto se sentía demasiado bien.

Byakuya le dio un último beso, uno muy apasionado que dejaba bien claro el tipo de deseo que albergaba dentro de sí. Cuando los labios de ambos se despegaron, él le rozó la barbilla con el dedo y la miró a los ojos. El rostro de Rukia era un despliegue de emociones que sugerían cierta reticencia pero que también revelaban una inequívoca satisfacción: era como si ella estuviera debatiéndose consigo misma.

El joven volvió a quitarle una hoja pasajera del pelo y poco después, ella no tardó en componer su típico ademán tozudo. Rukia estuvo a punto de decir algo que al final no dijo, el beso de Byakuya había sido muy agradable como para que fuera a reconocerlo. No iba a alimentar la presunción de aquel sujeto que encima ahora se le daba por besarla de esa manera tan provocativa cogiéndola desprevenida. No, por supuesto que no.

Tal vez estuviera siendo por demás complicada también, eso sí, pero el arrogante de Byakuya se lo merecía, o al menos eso era lo que ella pensaba, aunque estuviera equivocada.

—¿Qué pasa? —La provocó él.

—Nada —mintió Rukia empezando a caminar, entre tímida y orgullosa.

Byakuya la observó con un deje de entretenimiento y de pronto le pareció escuchar que, unos pasos más adelante, volvían a llamarlo estúpido romántico…