N/A: ¡Hola! Quise traer este capítulo antes pero fue un mes atareado, hoy después de rendir el último parcial pude pegarle una releída y corregirlo.

Siento que pudo haber estado mejor pero me pareció que darle muchas vueltas me iba a atascar, y la idea es avanzar XD Por lo mismo, encontré mi narración muy precaria (¡esto lo escribí hace dos años!) y siento demasiada vergüenza por ello, pero voy a esforzarme por mejorarla :)

Quizás más adelante vuelva a pulir este capítulo, por el momento lo voy a dejar como está porque fue un dolor de ovarios revisar todo esto u.u No sé por qué tuve que escribir capítulos largos.

Sin más que agregar, les agradezco la paciencia, las visitas y lo que sea, sé que están ahí leyendo y eso me hace inmensamente happy :) El fandom menguó de una manera desalentadora, pero aún hay tiempo para el fanguerleo :D

¡Hasta la próxima!

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


IX

De noche se hace blanco

.

—Pronto las hojas terminarán de desprenderse de los árboles —mencionó Byakuya cuando terminaron de recorrer la arboleda. El sendero que pisaban era como una hojarasca de fuego—. Ha sido un otoño agradable de ver. Estas hojas, secas y resquebrajadas, han poblado este árbol durante un largo período y ahora han logrado despegarse de sus ramas. Dentro de poco tiempo serán reemplazadas por hojas nuevas y este árbol volverá a dar frutos.

Rukia escuchó atentamente sus palabras, comprendiendo que otra vez estaban deleitándose en contemplar las vicisitudes de las estaciones. Los árboles se despojan de sus hojas en el otoño, mueren por un tiempo en el invierno y luego en la primavera vuelven a renacer. Es un ciclo repetitivo.

—Parece que tenemos mucho que aprender de estos árboles, que son fuertes y robustos —agregó la muchacha, siguiéndolo en la conversación—. Al igual que este hermoso y resistente árbol, deberíamos aceptar el hecho de que las hojas que no necesitamos caerán y que eventualmente seremos recompensados con hojas nuevas.

Rukia se quedó pensando en sus propias palabras, aceptando que había empezado a convencerse de ello: admitir que debía desechar las emociones que la marchitaban era ahora una realidad imperante, aunque también dolorosa.

"Dejar ir… lo que no necesito."

Rukia era muy madura por ser tan joven y tenía consciencia del daño que le causaban sus sentimientos. Por empezar, estaba segura de que debía perdonar el daño que le había hecho Grimmjow: si no lo hacía, sería difícil continuar avanzando. Su corazón se había endurecido por culpa de él.

Era difícil, él la había lastimado. Estaba segura de que sus sentimientos por él eran historia pero aun así, la decepción padecida en aquel tiempo todavía la influía, entorpecía sus más recientes relaciones, y ahora, Rukia reflexionaba que tal vez estuviera siendo por demás dura con Byakuya; él no tenía la culpa de lo que Grimmjow había hecho con ella.

Y Kaien-dono… Todo se sentía tan extraño ahora, enrevesado y confuso, todo parecía volverse repentinamente ininteligible. ¿Sería que ella realmente amaba a Kaien-dono? ¿O acaso sus sentimientos por él eran otra consecuencia nefasta de lo que había vivido junto a Grimmjow?

Fuera como fuese, mejor que meditara esos asuntos en otro momento, cuando estuviera en soledad, porque ahora, mientras estaba con Byakuya, pensarlo la retraía.

—El cambio —pronunció Byakuya— suele ser difícil de afrontar. Tememos a lo nuevo porque es lo desconocido y por lo tanto nos depara incertidumbre, y en ocasiones… —Su mirada se perdió con un halo indescifrable. —No nos sentimos preparados para asumirlo.

—Tonterías —soltó Rukia—. Yo lo resisto. Siempre lo he resistido.

Eso era, ella tenía una fortaleza descomunal. Nada ni nadie terminaría por doblegarla, ni el pasado ni el presente ni el futuro. Ella era fuerte, siempre resistía.

—¿Por qué conformarse con ideas de debilidad? ¿Por qué arraigarse a la noción de flaqueza? —Siguió diciendo la joven, ahora muy segura de sus pensamientos—. Si somos lo suficientemente fuertes para reconocer nuestros defectos, entonces deberíamos serlo aún más para corregirlos. O para sobrellevarlos. Quedarse en los errores y en los fracasos, retroceder ante lo nuevo… ¿Qué clase de tonterías son esas? No es ése el tipo de persona que yo quisiera ser. Mi único objetivo siempre ha sido avanzar, no importa lo que se interponga en mi camino, siempre he procurado vencer los obstáculos. ¿No es eso también lo que has tenido que hacer tú, Byakuya?

Las palabras de Rukia lo golpearon con la fuerza de un vendaval. Esa ferocidad, ese ímpetu… eran magníficos. Todo en Byakuya se detuvo. Rukia era naturaleza pura ante sus ojos: fuerte, espléndida, hermosa. Invencible. Y Byakuya quería alcanzarla.

No pudo contestarle, o no quiso. En ese momento Rukia brilló en el centro de todo.

Esta chica, nunca había visto un espíritu igual. Era una persona única, abismalmente distinta a su hermana, y era más fuerte que él, no tenía dudas. ¿Acaso… estaba tan mal sentirse pequeño junto a ella? Por un momento tuvo la sensación de serle centrífugo. La tenacidad de sus palabras lo había sobrepasado.

¿Él… realmente la merecía?

—Espero que no tenga que volver a decir algo tan cursi como eso —dijo ella de repente cruzándose de brazos. Después siguió caminando—. Vámonos, Byakuya. Tengo que regresar a casa.

La miró una vez más caminar delante de él. Algo no le gustó y entonces volvió en sí.

Esta mocosa, pequeña y de estatura insignificante… ¿Quién diantres se creía que era para darle órdenes? Su actitud insolente debía ser corregida sin dilación.

Aun así, por entonces no le quedó más remedio que ir tras ella.

.

El GPS marcaba que pronto llegarían a destino, estaban a pocos minutos de la casa de Rukia. El reproductor de música sonaba estrepitosamente al tiempo que las manos de Rukia y las de Byakuya lo toqueteaban cada dos minutos para cambiar el dial. Era un desfasaje auténtico.

—Dije que no toques —amenazó Byakuya—. Es mi coche.

—No me gusta esta música, deberías poner algo de Adele —rezongó la otra.

Byakuya torció una ceja. "Es cierto, esa cantante me gusta."

Aceptada y aplicada la propuesta, el viaje continuó siendo todo lo tranquilo posible… si es que era posible algún tipo de tranquilidad entre los dos. Rukia ahora estaba muy entretenida revisando el portafolio de Byakuya, cuya impaciencia incrementaba a cada minuto.

—Vaya, realmente tienes trabajo —comentó la joven fisgoneando los papeles que había dentro—. ¿Esto es de tu negocio?

—Sí, y no creo haberte dado permiso para que revises mis pertenencias —De no ser porque el joven debía poner atención al volante, ya le hubiera quitado el portafolio de un manotazo.

—¡Oh…! ¿T-Todo esto es un solo resumen? —Rukia se quedó boqueando al leer el inconcebible monto que figuraba al pie de una factura de materiales descartables.

—Sí, son los insumos de la última semana —contestó él—. Y dije que dejes de revisar.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que ocultas?

—Veo que desconoces absolutamente el significado de la palabra privacidad —apuntó Byakuya.

—Como si tú lo hicieras —reprochó Rukia, y luego su rostro adoptó un gesto y un tono de voz que recordaban mucho a los de Byakuya—. "Veo que desconoces absolutamente el significado de 'no estaciones frente a mi trabajo'".

—Mocosa —acusó él.

—Mo… ¿Mocosa? —El rostro de Rukia se contrajo y Byakuya se sonrió con vanidad.

—Veo que he descubierto a dónde apuntar.

—Sí, y te aseguro que no te gustará ver cómo te sale —Lo desafió.

El coche se detuvo frente a la casa de Rukia y su tía, era pequeña y bonita. La joven rechistó y empujó ligeramente la puerta para salir. Byakuya se le arrimó para hacerle algún tipo de cariño y ella lo esquivó en rotundo.

—Me voy —avisó mientras abría la puerta y ponía una pierna fuera del coche.

—¿Ni siquiera me dirás adiós? —preguntó él.

Rukia se giró para mirarlo, su expresión mitad tímida y mitad enfadada. Sin embargo, Byakuya podía ver claramente qué tipo de emociones se estaban disputando dentro de ella: esa chica era una testaruda de primera categoría.

—Nos vemos —dijo la muchacha al fin.

—Rukia —Él la llamó por última vez haciendo que se volteara para mirarlo—. Me gustas mucho cuando estás enojada.

Y habiendo escuchado esa declaración tan franca y descabellada, Rukia no pudo sino quedarse sin aliento mientras su rostro se acaloraba todavía más. Menos mal que la agitación no le permitió captar la expresión vanidosa que en ese entonces tenía Byakuya, porque de haberlo hecho, lo habría mandado al averno sin rodeos.

—Tonto… —volvió a espetar, y antes de que entrara en la casa, Byakuya pudo ver en su rostro una expresión llena de sentimientos.

.

Después de cerrar la puerta tras de sí, Rukia se apoyó contra ésta y se quedó pensativa, su rostro todavía preso de la excitación. Pese a que se empeñaba en ocultar y enmascarar al máximo sus emociones frente a Byakuya, era evidente que estaba cayendo en un fracaso estrepitoso y que se estaba dejando permear. Kuchiki Byakuya estaba ganándole, o tal vez, incluso, lo había hecho desde el principio. La mirada que él había mostrado al decirle que no había dejado de pensar en ella había sacudido por completo todo su interior.

¿Qué estaba pasando con ella? No llevaba demasiado tiempo conociéndolo como para que él le produjera semejantes efectos. Ahora que estaba sola podía permitirse hiperventilar y que su rostro no se contuviera de manifestar todas las emociones que él le estaba despertando. Kuchiki Byakuya la estaba encandilando de una manera descomunal, era irresistible.

Era el hombre más caballeroso y romántico que había conocido hasta la fecha, incluso podía decir que lo era aún más que Kaien-dono. Aunque… ¿ella conocía a Kaien-dono hasta ese punto como para afirmar que él fuera así? Su relación con Kaien-dono nunca había llegado a ser tan cercana como la que ahora tenía con Byakuya. Por supuesto que ella y Kaien-dono nunca tendrían ese nivel de intimidad. Y Byakuya… realmente la hacía sentir bien, a su lado podía sentirse plena y libre.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué debería hacer? ¿Acaso todo ello en verdad se trataba de una nueva oportunidad para empezar de cero? El sólo reflexionar acerca del abismo que había entre la corta relación que tenía con Byakuya y la no tan corta relación que tenía con Kaien-dono, si es que era concebible hacer comparaciones referentes a algún tipo de relación, la doblegaba y la hacía sentir estúpida.

Porque allí empezó a surgir la más apremiante duda, aquella que todavía no se atrevería a reconocer. No, no podía ser así, era algo difícil de admitir.

Rukia corrió a su cuarto para acomodar sus cosas y luego emprendió la lectura de los apuntes. Mejor que hiciera todo a tiempo para ir temprano al bar.

.

Por ser día de semana, el bar de Jackie estaba bastante tranquilo. Rukia y Nelliel habían escogido quedarse en la barra e incluso Riruka se quedó charlando con ellas, sobre todo con Nelliel, ya que ambas solían intercambiar chismes acerca de cualquier conocido en común que tuvieran en la ciudad. El mundo es un pañuelo dicen, y vaya si un grupo de meseras chismosas no iba a saberlo.

Mientras Nelliel y Riruka discutían sobre lo hot que estaba el carnicero de la otra cuadra y se lamentaban porque aquél comiera carne por la popa, Rukia volvió a hundirse en sus pensamientos… Pensamientos que tenían nombre y apellido, un rostro atractivo y una mirada increíblemente cautivante.

Ya no podía negar la fuerte atracción que ese sujeto estaba ejerciendo sobre ella, era definitivo que dicha atracción la estaba persuadiendo.

Realmente… no he dejado de pensar en ti…

La única razón por la que estoy aquí es mi deseo de verte, así sea nada más que para mirarte pasar entre una mesa y otra…

Me gustas mucho cuando estás enojada…

El sólo recordar esas palabras le producía un inevitable azor. Incluso sin poder verse, Rukia estaba segura de que su rostro había empezado a acalorarse.

Pero aun así, todavía…

Vaya, eres dedicada… Te felicito, Rukia-chan, llegarás lejos…

Algún día, dentro de unos cuantos años, quisiera verte entrar en Shiba's y saber que has logrado lo que te habías propuesto. No importa lo que sea, sólo persíguelo…

¡Ni una palabra más, quedas contratada…!

¿Y qué si no tienes experiencia? Aprender también es parte del trabajo... Tienes una gran determinación, eso es bueno…

Lo estás haciendo muy bien, Rukia-chan. He decidido que quedarás efectiva…

¡Así no, mujer, no debes vaciar la botella sobre la frapera…!

¡Me debes una cerveza…!

Andando, les regalaré un pastel de queso cuando terminen la jornada…

"Kaien-dono…"

Él todavía ocupaba sus pensamientos. Kaien-dono la había valorado de una manera en la que Grimmjow no lo había hecho jamás, él era un hombre íntegro. Y ella lo admiraba tanto.

Rukia sacudió esos pensamientos.

"No. Tengo que dejar atrás lo que Grimmjow ha hecho, eso sólo me está ofuscando."

Era así, por fin estaba dándose cuenta de ello. Al demonio con Grimmjow, esos resentimientos no eran más que un obstáculo que le impedía avanzar y ella nunca se quedaba atascada: ella siempre avanzaba.

"Eso es. Olvidaré este rencor, perdonaré su error para aliviarme. Sólo así tendré paz y podré ser capaz de ver claramente qué es lo que siento."

"Soy una persona libre, estoy preparada para volver a ser feliz. Soy responsable de cómo resulte lo que sobrevenga de ahora en adelante."

Tal vez ahora no lo entiendas pero algún día, cuando crezcas, lo harás. Sólo evita dañar tu corazón e intenta ser feliz, ¿de acuerdo?

Aunque cometamos errores que lastimen a otros, siempre tendremos la posibilidad de volver a intentarlo…

"Nee-san… Seguiré tus consejos. No tiene caso pensar de esta manera, dejaré atrás mis fracasos y voy a…"

—¿Verdad? —La voz de Riruka la sacó de sus cavilaciones.

—¿Qué? —El estupor de Rukia era tan grande que cuando volvió a poner los pies sobre la tierra fue como despertarse de un largo sueño.

—Ese sujeto, Shiba Kaien —repitió Riruka—. Es demasiado guapo para que esté casado. A que le has espiado el trasero, ¿eh?

—¿Qué?

—Rukia —Nelliel se tomó un largo trago de sake y cuando vació la copa, la expresión de su rostro anticipó un arrebato de sinceridad. Y de ebriedad. —Todas hemos estado espiando el trasero de Kaien-dono, ya va siendo hora de que tú también lo admitas.

—Nelliel, tú… —Rukia se quedó boqueando y el rostro de Nelliel era un frenesí de alcohol y vergüenza.

—Anda, mujer. ¿Nunca te has preguntado por qué Nnoitra-kun se la pasaba buscándome en el restaurante? Él no sólo estaba demente, él también estaba celoso de Kaien-dono. Cualquier novio lo estaría, ahora que lo pienso.

Rukia se quedó pensativa. Riruka estaba inclinada sobre la barra con la mano en la mejilla.

—Ella tiene razón —resopló la muchacha—. Cuando fui a Shiba's con Tsukishima-kun, el muy tonto se ponía incómodo cada vez que me descubría viendo a ese sujeto. Honestamente, me pareció un hombre demasiado guapo para dejar de mirarlo.

Nelliel y Riruka continuaron hablando y Rukia las escuchaba.

¿A Nelliel le gustaba Kaien-dono? ¿Por qué sentía que eso la inquietaba? ¿Por qué se sentía inferior e impotente?

¡Has pervertido la imagen inmaculada y virginal que tenía de mi tierna Rukia-chan…!

"Qué tonta…"

La razón estaba frente a sus narices: Nelliel era toda una mujer y a ella, en cambio, Kaien-dono la veía simplemente como a una niña. Era patética. No podría estar a la altura.

Nelliel era hermosa y agraciada, poseía una figura despampanante y lo que era más importante: tenía una personalidad increíble. Era madura y firme en sus convicciones y no le tenía miedo a la soledad. Por si eso fuera poco también era la empleada favorita de Kaien-dono, de entre todas las meseras que trabajaban en Shiba's, ella era la más antigua y lograba hacer que todos los clientes se sintieran como en casa. Sin dudas, todavía le faltaba mucho para ser como ella. Aún le quedaba recorrer un largo camino…

De modo que mientras Nelliel y Riruka seguían conversando entre ellas, Rukia se permitió sonreírse con un deje de aflicción.

Me gustaría que puedas interesarte en alguien que pueda elegirte sólo a ti, sabes…

Ese Renji, siempre tenía las palabras adecuadas.

Y en efecto, Rukia ya no dudaba de nada: finalmente había llegado el momento de olvidar a Kaien-dono de forma definitiva.

.

—Te digo, Bambi-chan, no puedes continuar en ese estado de negación.

Una jornada más plagada de tediosos chismes… O al menos, éste no era el mejor día de Rukia como para que tuviera ánimos de soportarlos.

—Déjalo ya, Nelliel. No creeré en lo que dices hasta que yo misma pueda comprobarlo.

Rukia abrió la segunda caja de servilletas de papel para plegarlas en forma de triángulo. Ésa actividad solía hacerse a primera hora del día, antes de que el restaurante comenzara a llenarse. Por entonces, Shiba's estaba bastante vacío.

—Rukia, díselo —demandó Nelliel mientras acomodaba las servilletas plegadas en los centros de mesa—. ¿En qué situación pillamos a Bazz-kun anoche cuando estábamos en el bar de Jackie?

—En una muy peliaguda —corroboró la aludida—, aunque no determinante.

Bambietta, que estaba bebiendo jugo exprimido de naranja, compuso un gesto testarudo.

—Les creeré el día que pueda verlo con mis propios ojos —declaró, y dicho eso se dirigió hacia el otro extremo del salón para regar las flores.

Nelliel suspiró sola y se llevó la primera tanda de centros de mesa hacia el sector principal del salón. Mientras tanto, Rukia continuaba plegando las servilletas de papel hasta que escuchó el pitido de su teléfono, entonces se alarmó. Había recibido un mensaje pero debía tener cuidado si quería abrirlo: Kuukaku andaba cerca.

Aguzó el oído y escuchó que la patrona estaba rezongando en la cocina, así que se decidió. Cogió el teléfono de su bolso, que estaba en un estante bajo la barra, y echó un vistazo rápido hacia el remitente:

Kuchiki Byakuya.

Rukia se apresuró a leerlo.

«Quiero verte».

Ese sujeto, siempre tan directo… Rukia digitó una respuesta rápida.

«No puedo, hoy tengo clase».

Envió el mensaje y esperó. Byakuya no tardó en responder.

«Aun así. ¿A qué hora finaliza?».

Rukia se sonrió desafiante. "No se dará por vencido…"

«Lo siento, no puedo».

Byakuya volvió a responderle sin dilación.

«Insisto».

«También yo» agregó ella.

Ahora, Byakuya se tardó un poco en responder, por lo que Rukia no pudo sino ponerse ansiosa. Finalmente el teléfono volvió a pitar.

«Ya veo. Entonces tendré que pasar por tu trabajo».

"Este tipo…" Rukia frunció el entrecejo y luego escuchó que la voz de Kuukaku ahora sonaba desde la trastienda, así que se apresuró a contestar.

«Eres obstinado. Mi clase finaliza a las ocho y regresaré tarde, realmente será difícil».

El corazón comenzó a darle tumbos mientras esperaba que Byakuya le respondiera; sabía que en cualquier momento Kuukaku volvería a entrar en el salón.

Entonces el joven respondió con una declaración terminante y Rukia se apresuró a leer el mensaje, sin aliento.

«Creo haber dicho que me gusta lo difícil y que no me gusta repetir lo que digo. Iré a buscarte».

"Tonto…"

—Hey, tú, ¿qué crees que estás haciendo?

Rukia casi que se infartó al oír la voz de su patrona. Cuando giró la cabeza, con el corazón en la manga, Kuukaku se dirigía a zancadas hacia un sujeto extraño que al parecer había intentado robarse algo de una mesa.

—¡Fuera de este lugar, sabandija!

Cielos… Sí que se había dado un buen susto. Pero ahora que lo pensaba, Kuukaku en sí era un susto de muerte, y aún más cuando la hacían enojar.

Me gustas mucho cuando estás enojada…

Inevitablemente recordó esas palabras y se sonrojó sola. Mejor que siguiera trabajando antes de que tales recuerdos la distrajeran y provocaran que Kuukaku la regañara por cualquier cosa.

.

Cuando finalizó la jornada y tuvo que despedirse de Kaien-dono —Kaien y Kuukaku, al ser los patrones, solían rotar sus horarios indistintamente—, Rukia sintió que volvía a compungirse. No importaba cuanto lo intentara: incluso habiendo tomado la determinación, el estar cerca de él no facilitaba las cosas.

"No… Está mal. ¡Ya es suficiente! Ni siquiera has compartido algo tan íntimo con él."

Kaien continuaba moviendo algo dentro de ella, sin embargo, era mejor que dejara de mirarlo y de darle trascendencia a esas ideas y pensamientos que lo único que hacían era detenerla de avanzar. Rukia volvió a corregirse: ella siempre avanzaba, nunca retrocedía.

Así que salió del restaurante, cogió el ómnibus y descansó un rato en su casa mientras se preparaba para el examen que debía rendir ese día. Después de tomar la merienda con oba-san, fue a la universidad, charló un rato con Inoue antes de que el profesor entrara en el salón y cuando el examen hubo finalizado, Rukia se repantigó sobre el pupitre y suspiró. Vaya si los días eran largos.

—Rukia-san, pronto publicarán en la web las fechas de las inscripciones —Le recordó Inoue con una gran sonrisa—. De veras estoy tan ansiosa, siempre he soñado con trabajar en un crucero y convertirlo en mi propio barco pirata —El rostro de Inoue adquirió un gesto soñador. Cielos, cuánta imaginación tenía esa chica.

—Esto, Inoue... ¿Tienes idea de qué tipo de trabajo habrá que hacer allí? —indagó una curiosa Rukia.

—Eso… Parece que habrá varios puestos —explicó la chica—, he oído acerca de un servicio de mesa y de recepción. Kojima-kun también mencionó que habrá una sala de juegos.

—Ya veo —Rukia se tornó pensativa—. Suena interesante.

—Huh. Recemos para que nos den una oportunidad, Rukia-san.

Las chicas se despidieron en el hall de la universidad y Rukia pasó primero por la oficina de alumnos; le habían comunicado que su libreta de calificaciones estaba lista para ser retirada.

Cuando salió al extenso predio iluminado por faroles, buscó con la mirada el coche de Byakuya. Se habían comunicado antes de que ella partiera de casa para pactar el punto y la hora de encuentro, de modo que ahora Rukia se encaminaba en esa dirección. De pronto escuchó una bocina y al darse vuelta lo avistó: allí estaba él.

Esto iba mal… ¿Desde cuándo se ponía nerviosa por tener que verse con ese tipo? Era extraño, no había vuelto a sentirse así desde que lo conoció. O tal vez fuera solamente ansiedad.

Sí, tenía que ser solamente eso.

Rukia tiró de la puerta y se adentró en el vehículo. Oh, no, otra vez ese estúpido y agradable olor personal que amenazaba con persuadirla. Pero no, ella ya no iba a perder el control, o eso creyó hasta que finalmente lo miró en detalle…

Kuchiki Byakuya era realmente atractivo. ¿Qué diantres hacía el tipo sin un abrigo cuando hacía un tiempo fresco afuera? ¿Acaso intentaba seducirla? Bueno, era obvio que sí pero… Oh, no, ¿por qué de repente ella sentía calor?

¿Y por qué él ahora estaba escuchando esa inusual música romántica? Realmente iba mal.

—Siento retrasarme, tuve que pasar por la oficina de alumnos —empezó Rukia.

"Un momento, aquí dentro realmente hace calor". Al percatarse de que la calefacción del coche estaba encendida, se quitó el abrigo, completamente ignorante de lo mucho que Byakuya la observaba mientras lo hacía.

—No importa —respondió Byakuya—. Te esperaría toda una vida.

—¡Tonto! ¿Es que no puedes estar un día sin decir esa clase de cosas? —Rukia se escandalizó, su rostro había enrojecido.

—¿Por qué? Realmente lo haría —El sujeto hablaba como si estuviera comentando alguna trivialidad—. Palabras insubstanciales raramente saldrán de mi boca.

—Tch… —Por supuesto que el rostro de Rukia se había vuelto hacia la ventana, el tipo apenas hablaba y ya la ponía nerviosa. "Estúpido romántico…"

—¿Qué tal el examen? —quiso saber él.

Y Rukia, antes de responder, tuvo que dar un largo y pesado suspiro…

—Normal, supongo. Estoy algo cansada así que no me extrañaría que mi redacción haya sido un desastre.

—¿Tuviste mucho trabajo? —Rukia afirmó con un asentimiento—. Entonces relajémonos.

Rukia finalmente volvió a mirarlo y entonces reparó en la expresión suave y serena de su rostro. Dio otro suspiro. Era mejor que se tranquilizara.

—Es cierto —aceptó—. Es una linda noche.

El viento soplaba brioso sobre la vasta extensión del predio, que era en sí un gran parque. Como era de noche y hacía frío, no había demasiada gente andando por los senderos de aquel lugar, más bien estaba descampado. Se vería sombrío de no ser por los preciosos árboles de sakura de invierno con sus flores blancas meciéndose en las ramas y revoloteando en el aire, aquellos le daban un toque fresco y acogedor al lugar.

Sin embargo, un par de gotas de lluvia empezaron a repiquetear sobre el coche de un momento a otro. Cierto, pensó Rukia, esa noche llovería.

—Qué mala suerte —Se encontró diciendo la joven.

—¿Por qué? —Se extrañó Byakuya—. ¿No te gusta la lluvia?

Entonces Rukia se recogió y se percató de que aquel comentario había sido nada más y nada menos que un traicionero lapsus sentimental. ¿Mala suerte para qué? ¿Qué estaba esperando de ese momento con Byakuya? Fuera lo que fuese, la situación daba mucho pie a la imaginación.

—Olvídalo —dijo al fin—. Por supuesto que me gusta, el sonido de la lluvia me ayuda a pensar.

—¿Y en qué piensas ahora? —indagó él, incapaz de ignorar lo bella que Rukia se veía con ese sonrojo sutil en su rostro y con esa falda corta de invierno color gris que la hacía ver tan femenina.

Rukia se tomó un tiempo antes de responder. ¿Cómo que en qué pensaba? Era obvio que estaba pensando en él. Estaba experimentando una vez más la sensación de que la presencia de ese hombre era demasiado imponente y esto no había sido así durante su encuentro anterior, y con un demonio, él no le sacaba los ojos de encima.

—En nada importante —Se limitó a decir, pero Byakuya ya era capaz de leer y descubrir sus mentiras.

—¿Es así?

—¿Por qué mentiría?

—Es lo que estás haciendo.

Se miraron a los ojos por un breve momento, Rukia desafiante. Entonces ella urdió la evasiva más rápida y conveniente que pudo.

—No puedes enterarte de todo. Además, se dice que la noche es para pensar, ¿verdad? Tú dijiste que nos relajemos, ¿así que por qué no haces lo mismo?

—Yo estoy pensando en ti.

Rukia sintió que la respiración le fallaba. Y este sujeto que ahora estaba junto a ella no era el de la expresión intrépida y arrogante de la última vez, éste era el Byakuya calmo y sereno de aquella tarde en el jardín. Y a ella… la agitaba esta serenidad, como el agua que tiembla al ser golpeada por un suave viento.

Era un sujeto extraño.

—Pues yo no —espetó cruzándose de brazos, su expresión contradiciéndola rotundamente—. Pienso en otros asuntos.

—Mentirosa.

—No miento.

—Lo haces. Tú también estás pensando en mí.

Este tipo… Al cuerno con los pensamientos anteriores, sí que seguía siendo un arrogante.

—Presumido —lo acusó.

—¿Estoy equivocado?

—Claro que sí.

—Tu expresión dice otra cosa —apuntó Byakuya—. Aun así, me gusta la expresión de tu rostro en este momento. Es caprichosa y voluble pero también es radiante, al igual que esa luna.

—Suficiente —obejtó Rukia acalorada, el sujeto realmente la estaba superando con toda esa parafernalia poética. Ella no se la iba a dejar fácil—. Tengo que hacer algo.

Byakuya observó cómo aquella muchacha de tozudez exagerada abría su bolso y comenzaba a revolver dentro de él. Rukia extrajo su libreta de calificaciones y empezó a revisar las páginas, concentrada.

—¿Qué pasa? —indagó Byakuya.

—Hoy me entregaron mi libreta de calificaciones y olvidé revisar mis datos personales. He oído que otros estudiantes han tenido problemas con la registración.

—Ya veo —observó él, poniendo también atención en aquella libreta. Entonces se la quitó de las manos abruptamente y Rukia lo miró como si fuera una cría violenta a quien acabaran de arrebatarle su juguete favorito.

—¿Qué estás haciendo? —cuestionó.

—Quiero saber cuándo es tu cumpleaños.

—Pues podías preguntármelo.

Byakuya, ignorando gloriosamente la acusación, pasó las páginas hasta que dio con el dato que buscaba. Rukia aprovechó la ocasión para evaluar escrupulosamente cuál sería la mejor forma de acabar con él.

—Catorce de enero —musitó el joven, y tras reflexionar un poco se volvió hacia la muchacha—. Rukia… Deberíamos alquilar una cabaña en el lago durante ese día.

—¿Qué? —El semblante de Rukia se iluminó maravillosamente en contra de su voluntad. Mientras tanto, Byakuya continuó investigando la libreta.

—El negocio tendrá que ser administrado por Shinji por un día entero —dijo más bien para sí—. Tendré que cerciorarme de que la agenda esté adecuadamente organizada con antelación.

Rukia, todavía presa del asombro y de una repentina e inevitable ilusión, se quedó sin palabras. La imagen que Byakuya acababa de imprimir en su mente formaba parte de sus mayores sueños.

—Shutara —agregó él después—. Es el apellido de tu tía.

Acotación innecesaria hizo Byakuya, él ya conocía ese apellido. Después de todo, era el mismo apellido que había tenido Hisana.

—Sí —repuso Rukia saliendo el anonadamiento—. Ya has visto lo que querías ver, ahora devuélveme la libreta.

Byakuya volvió a ignorarla magistralmente pero esta vez fue porque su semblante se había tildado en un gesto de preocupación. Era como si estuviera confundido.

—Está mal —dijo de pronto. Rukia ya desbordaba de impaciencia.

—¿Cómo que "está mal"? ¿Y ahora a qué diantres te refieres?

La mirada que Byakuya le dirigió a Rukia hizo que ella también se recogiera. Al parecer algo no iba realmente bien.

—Me refiero a que… Kuchiki Rukia sonaría mejor.

—¡Es suficiente! —exigió ella—. Devuélvemela.

—No.

—Estás de broma, ¿cierto? Esto no es gracioso.

—Ahora que lo mencionas —Byakuya escondió la libreta en su espalda—, sí lo es. Me apetece divertirme contigo.

Rukia se detuvo por un momento, expresión asesina a la orden, y luego se abalanzó sobre él como una fiera encolerizada. Byakuya, resistiéndola, se sonrió con vanidad y picardía.

—Idiota… No sabes lo que estás haciendo —Rukia trató de forcejear pero la fuerza física de Byakuya era mayor que la suya.

—Te equivocas —respondió él—. Sé muy bien a dónde quiero llegar.

El rostro de Rukia fue todo lo violento y encantadoramente furioso posible… al menos para Byakuya, que se entretenía viéndola en esos pliegues.

—Eres un hombre imprudente. Y fanfarrón —La chica siguió forcejeando.

—Cuida tu comportamiento —advirtió él—, no dejas de exhibir manifestaciones de un claro e irrefutable salvajismo. ¿Esta actitud está relacionada con que tal vez estés sucumbiendo a tus instintos más primarios? De ser así… —Byakuya aguzó la vista— a lo mejor debería descartar este recelo, ahora que lo pienso este salvajismo me gusta. Ven, Kuchiki Rukia.

—¡No soy Kuchiki! —Rukia dirigió su brazo hacia la espalda del joven—. Además, te lo tienes muy creído para hablarme en ese tono. Eres un arrogante.

Rukia amagó con darle un rodillazo en la entrepierna pero Byakuya lo detuvo y lo desvió a tiempo, y ahora… Ahora estaban en una posición inconveniente, absolutamente, demasiado sugerente en realidad.

El pecho de Rukia subía y bajaba mientras los rostros de ambos se miraban fijos, ambos acalorados y embistiéndose.

—¿Qué pasa? —La provocó él—. Pareces… excitada.

Rukia intentó arremeter nuevamente contra él pero fue en vano, Byakuya la agarró de ambos brazos y la acopló rápidamente sobre su cuerpo. Podía sentir la forma de sus senos contra su torso, desgarrando toda la entereza que hasta el momento estaba logrando mantener.

Santo cielo… ese contacto lo arrebató, realmente sentía que podría tomarla ahí mismo.

Entonces, la expresión y la respiración azoradas de Rukia contra su rostro dieron evidencia de que sus hormonas habían sido considerablemente alteradas; el reconocimiento de esta situación representó el puntapié necesario para que él se rindiera a ello. Era ineludible que deseaba tomarla, ya no importaba si se encontraban en un espacio público y ni siquiera que estuvieran dentro del coche. Esta situación y esta emoción eran totalmente nuevas para él, y ahora estaba por demás acalorado.

No vaciló, capturó su boca en un beso ávido y, sin esperárselo, ella le respondió vehemente deslizando las manos sobre su torso, manos airadas que no tardaron en comenzar a buscar las formas de su cuerpo, empezando por sus hombros anchos y siguiendo por la curva de su cuello. No podía ser, esto no tenía nada que ver con Hisana… Las manos de Rukia lo reclamaban a gritos.

—Estúpido… y arrogante —espetó ella sin aire entre un beso y otro. Sus bocas estaban agitadas y sus respiraciones todavía más, y ahora las manos de Byakuya también habían empezado a explorar el cuerpo de ella.

Rukia estaba completamente fuera de sí, había sido incapaz de resistirse cuando sus bocas se encontraban tan cerca; cuando la mirada dilatada de ese hombre la había tentado por completo. Ella en verdad lo deseó. Ahora estaba sintiendo una vez más su mano fuerte y decidida acariciándole la espalda, y después esa misma mano se atrevió a descender un poco más, en un movimiento sinuoso que buscaba otro rumbo…

Esto era el cielo, Rukia quería hacerlo ahí mismo.

—Vayamos atrás —susurró Byakuya acariciándole una pierna desde la rodilla hasta el muslo, tortuosamente.

Incapaz de rehusarse, de retroceder, de cohibirse, Rukia se dejó guiar hacia el asiento trasero y por el cielo que ya no pudo pensar en nada, hacía largos meses que no tenía sexo y esto tenía que permitírselo. Era imposible detenerse a pensar. Kuchiki Byakuya la había sacado de quicio en más de un sentido y ahora tendría que pagárselo.

Y allí continuaron besándose, esta vez en una posición más cómoda y osada. La mano de Byakuya acarició su cuello con un ímpetu desgarrador y le desabotonó el saco, mientras que la otra mano estaba muy entretenida recorriendo la curva de su cadera.

No, no se iba a detener. Kuchiki Byakuya sabía muy bien lo que estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. Al demonio si era un presumido y un arrogante, el título lo tenía bien merecido: su forma de tocarla la estaba incinerando.

Sus bocas se despegaron y la de Byakuya comenzó a descender lentamente a lo largo del cuello hasta encontrar un sitio acogedor en la clavícula. La mano que acababa de desabotonar el saco regresó por un momento hacia arriba para acariciarle la nuca y el lóbulo de la oreja, el tacto primoroso de sus dedos sofocándola. Los besos que él dejaba resbalar desde el cuello hasta la clavícula eran insoportablemente largos, inimaginablemente ricos. Ahora esa misma mano había empezado a deslizarse nuevamente en forma descendente por encima de la camiseta, masajeando en el trayecto, con fuerza, uno de sus pechos, y luego se inmiscuyó debajo de la tela para lograr el contacto directo con su piel.

La estaba quemando, esa mano experta y segura de lo que hacía. Rukia lo sintió alcanzar otra vez su busto, ahora por debajo del corpiño: su dedo pulgar le rozó el pezón y ella entonces se quedó sin aliento.

—Byakuya…

Hacía demasiado calor. Ya no era sólo la calefacción del coche, ahora eran sus propios cuerpos los que irradiaban esa temperatura. Rukia llevó las manos hacia el cuello de su camisa y comenzó a deshacer uno por uno los botones. Su piel expuesta y clara, su pecho firme y lampiño… Quería hacerlo con él cuanto antes, Kuchiki Byakuya la estaba volviendo loca.

Le dio besos en el cuello mientras él le olisqueaba el pelo, como si estuviera arrebatado, mientras sus manos seguían intentando desnudarle el torso. A Rukia sólo le quedaba puesto el corpiño y antes de quitárselo, Byakuya besó sus pechos por encima de la tela dejando pequeñas motas de humedad sobre el encaje.

—Byakuya… —Su voz era un suspiro.

—Me gustas tanto —La suya no era diferente.

Se sentía muy excitada, sus manos no podían sino explorar, incapaces de refrenarse, las formas armoniosas y masculinas de ese cuerpo. Byakuya la excitaba mucho desde el inicio; sucedió con la primera mirada, con aquel encuentro accidental y cuasi trágico en el que sus caminos se habían cruzado. Tenía una mirada cautivante que la había paralizado desde el primer momento; un tono de voz que, secretamente, la derretía; y su pelo cayendo sobre los hombros anchos había captado instantáneamente su atención.

Físicamente era muy diferente a Grimmjow, aunque en realidad, por empezar, Grimmjow no había sido del todo su clase; Grimmjow la había galanteado y había sido el primer chico en fijarse en ella de esa manera, y Rukia, siendo aún inexperta, se había construido una tonelada de expectativas en base a él. Con el tiempo supo darse cuenta de que a lo mejor era algo típico en un primer noviazgo: el dejarse llevar y no contemplar la compatibilidad de las personalidades. Sin embargo, fuera como fuese, tampoco se detenía a pensarlo demasiado. Lo único que le había marcado Grimmjow era la humillación, no la autenticidad de los sentimientos.

Después apareció Kaien-dono para opacarlo todo y a todos, con la totalidad de su intachable existencia, y finalmente se había encontrado con Byakuya, de un día para el otro, y se había embarcado en aquella… inefable situación con él.

Se suponía que esos momentos que compartía con Byakuya eran para olvidar a Kaien-dono pero a decir verdad, Rukia debía reconocer que aquel día había aceptado la propuesta de reunirse con él por el simple deseo de que ella también tenía ganas de verlo. No podía ponerle un nombre a esos sentimientos tan recientes, aún eran neófitos, pero que estaban allí, lo estaban. Byakuya, a pesar de poseer una intensa e insufrible arrogancia, la hacía sentir bien.

Rukia nunca se lo diría de frente pero él realmente la estaba volviendo loca. La sola mirada de Byakuya la prendía fuego.

Le masajeó los pectorales, sus tetillas eran pequeñas y duras, la fascinaban. Luego se acomodó todavía más debajo de él, esta vez pudiendo sentir cómo su deseo latía debajo de los pantalones.

—Rukia… —Byakuya jadeó contra su oreja y le pasó una mano por el muslo en otro movimiento provocador buscando sus nalgas, sus uñas queriendo rasgarle las leggings… Por Dios, sí que quería rasgárselas.

La garúa se acrecentó y pronto se convirtió en una inminente llovizna que repiqueteaba con más fuerza sobre el techo del coche. Sumado a eso, el hecho de que estuviera el reproductor de música encendido —con una melodía que iba muy a tono con la situación— hacía difícil que alguien que pasara por allí pudiera escuchar algo desde afuera. Estaban prácticamente solos.

Byakuya alejó los labios de su cuello para empezar a soltar besos sutiles a lo largo de su barriga; las formas de Rukia eran delicadas, su ombligo era pequeño y tentador y llamaba su boca a gritos. Y él respondió, lo saboreó con un movimiento suave de la lengua. En cuanto menos se percató de ello, su boca había empezado a descender queriendo probar algo más.

Sin embargo, se contuvo, y a cambio de eso, continuó el recorrido con la mano, ahora eran sus dedos los que estaban ávidos por explorar lo que había más allá. Byakuya deslizó con cuidado la falda y las leggings hacia abajo, apenas. La sensualidad de Rukia le provocaba tanto deseo como ternura.

Luego, la imagen de una banda delgada y de color blanco circundando la curva esbelta de su cadera y el nacimiento de su muslo prominente lo enloqueció. Era demasiado, realmente quería tomarla allí.

Y por Dios, realmente podría quitarle las bragas con los dientes.

No obstante, el pitido de un teléfono suspendió ese fantástico y altamente elevado idilio climático haciendo que ambos se sobresaltasen. Era el teléfono de Rukia el que estaba sonando.

—Debo atender —dijo ella sin aliento.

Como si fuera a permitírselo, pensó Byakuya. Aquello no podía detenerse.

—Byakuya…

Las manos del joven buscaron el abrojo del corpiño deslizando las manos debajo de su espalda y entonces Rukia reaccionó. Tenía que atender ese llamado.

—Debe ser oba-san —insistió —. Realmente… debo atender.

Byakuya, después de exhalar pesadamente con la cara entre sus pechos, consintió. Se echó despacio hacia atrás, la camisa y el pelo desarreglados, mientras ella estiraba el brazo para coger el bolso. El teléfono seguía sonando. Rukia sacó el aparato y antes de descolgar la línea, revisó el remitente.

Kaien-dono.

Su cuerpo se tensó y dudó al responder.

"Es cierto, finalmente quité esa melodía de su contacto."

Byakuya se percató de aquel embotamiento y no tardó en ponerse receloso.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Rukia lo desestimó con un gesto —que Byakuya discernió correctamente como uno nervioso— y entonces se decidió a descolgar la línea.

—¿Kaien-dono? —contestó, preguntándose qué estaría necesitando su patrón y maldiciendo mentalmente lo inoportuno que era ese llamado en aquel momento; Rukia estaba segura de que Byakuya podría notar con facilidad el que ella se hubiera recogido y, ¿qué carajos? ¿Por qué debería sentirse perseguida, de cualquier modo?

En cualquier caso, ahora no sólo se sentía tensa por el llamado de su patrón; ahora era la mirada de Byakuya la que se imponía por encima de su propio recogimiento. Sus ojos fijos y demandantes, casi acusadores, cavaban hondo en los suyos y la estaban asfixiando.

—Sí —Siguió diciendo por teléfono—, sí, lo escucho…

Iba mal. Byakuya la estaba desmoronando con esa mirada y por si eso fuera poco, mientras hablaba por teléfono él había empezado a inclinarse otra vez sobre su cuerpo con una actitud por demás despótica y posesiva.

Sus dedos habían iniciado un viaje no autorizado por debajo de la falda, luego por debajo de las leggings, avanzando tortuosamente… hacia allí. Rukia se estremeció en el asiento.

La había empezado a tocar justo allí.