Hola, como había querido volver, pero tenía bastante cosas que hacer, bueno, solo quedan un par de capítulos, pero no iba perder su efecto subir todos de una vez, voy a subir dos, luego la siguiente semana les diré como subiré final, me alegro mucho que la disfrutaran tanto como yo ¡Que sigue ahora? en realidad, como dije al principio, yo no pensaba escribir un fanfic de Haruka y Michiru, esto era una parodia que tenía su lugar en las notas de mi celular, por lo que quisiera compartirles la historia que me acompañó este verano en el trabajo, obviamente de mi autoría, pero con toda la intención de ser un fanfic, pondrán leerlo hoy mismo y ustedes me dicen que les parece, intenté que fuera una historia vulgar, violenta y sexual, pero en intento se quedó, lo entenderán cuando la lean, llevará el nombre de Semidios, explorando un poco la mitología griega de Sailor Moon, espero lo disfruten.
La sangre por delante
-La vida no es justa- murmura Michiru mientras los niños bajan de la camioneta –Hijos, Setsuna va a pasarlos a recoger, yo tengo que ir a la empresa-
-¿Por qué tía Setsuna parece estar enojada con todos?- pregunta Eliot mientras espera a que su hermana descienda del vehículo para poder hacerlo él.
-Porque la vida no es justa- explica su madre.
-Ya se- confirma Hotaru haciendo que Michiru y Eliot la vean con detenimiento -¿Qué?- pregunta al sentir sus miradas.
-¿Por qué dices eso hija?-
-Por que empiezan las eliminatorias, tengo exámenes, tío Zafiro me tiene en cursos por la tarde y debo rendir el doble en todo para poder entrar a la universidad que quiero, solo queda un año, estoy en pánico y me quedo sin energía cuando Rini- Hotaru calla de repente, su hermano solo le da una sonrisa comprensiva pero su madre le pone bastante atención a lo que omite, siempre fue consciente de que sus hijos empezarían una vida sexual activa en algún momento.
-Hija- el claxon de un auto atrás interrumpe pues ya ha estado demasiado tiempo estacionada enfrente de la escuela –Salgan pronto niños, hablaremos en casa- ambos obedecen.
-La final será en una secundaria del oeste- grita Hotaru, Michiru asiente y le arroja un beso con su mano para despedirse.
La aguamarina maldice internamente, no es capaz de decirle a Hotaru que termine aquella relación, lo habló con Diamante, ese noviazgo les había traído muchos problemas, no solo legales, entre familias, también el sufrimiento mudo de Eliot, pero ninguno de los dos era tan desalmado como para pedirle a su hija terminar con la chica por la paz y al parecer las dos ya estaban pensando en formalizar un poco más aquello entrando en el terreno sexual, si, definitivamente pinta para mal.
Diamante por su parte continuaba en el trabajo, insistió en que Eliot ya no fuera vigilado tan estrictamente ya que pasaba las tardes con él aprendiendo todo sobre los negocios familiares, aunque eso también se había vuelto asfixiante; con el divorcio de Serena rápidamente concretado gracias a sus contactos, la rubia ahora se la pasaba en la empresa, dispuesta a invertir con los Reyes del mar.
-Señor Blackmoon- oír su alegre voz por toda la empresa en verdad hacía feliz al hombre, solo había un pequeño detalle, él seguía casado y después de ese beso había mantenido su distancia con la mujer.
-Serena- forzó la sonrisa al verla entrar en su oficina –Ya te dije que me llames Diamante-
-Es verdad- la rubia sonríe mirándolo encantada por varios segundos –Es que me cuesta acostumbrarme-
-No hay problema, ya lo harás- el hombre extiende la mano a la silla frente a él para que la mujer tome asiento –Ponte cómoda ¿Qué sucede?-
-Estoy muy impresionada con su infraestructura y añadir la tecnología del Cristal de Plata me parece adecuado, talvez podamos tener una cena para revisar a mayor detalle la unión entre nuestras empresas- esa clase de comentarios incendiaban a Diamante por dentro, ve en su sonrisa que ella también lo quiere, lo desea, sin embargo, todavía es un hombre de familia.
-Oh, no tenías que venir hasta acá a decirme esto, pudiste enviar un mail para que concretemos la reunión adecuada para esa clase de acuerdos- al ver la decepción en su mirada, el peliblanco desea golpearse a sí mismo en la cara –Aunque te veo mucho mejor, veo una sonrisa en tu rostro casi todo el tiempo ¿Las cosas van mejor? Sé que solo ha pasado un mes desde que te separaste-
-Sí, estuve preocupada por Darien, desempleado y con la mayoría de nuestras posesiones a mi nombre temía que se quedara en la calle pero Amy lo acogió en el hospital y Rini pasa los fines de semanas con él ¿Sabía usted que era doctor?-
-No, pero me alegro, es un buen hombre, no tengo nada personal contra él- después le preguntaría a Zafiro sobre eso.
-Estudió medicina en Estados Unidos, pero cuando se casó conmigo mi madre esperaba que tuviera el apoyo de alguien al momento de heredar la empresa y Darien siempre fue muy inteligente, después levantó su propio negocio para ya sabe, estar a la par de mi legado, cosas de hombres, supongo-
Diamante acomoda los papeles en su escritorio –No negaré que fue un duro adversario por años, es sólo que se metió con mi hija y no me gusta que amenacen con mi familia- afirma mirándola fijamente, dejando en claro que el tema ha acabado, pero la mujer sigue mirándolo con una sonrisa encantada por sus palabras.
-De verdad pienso que su esposa es bastante afortunada- responde saliendo de la burbuja.
El celular de Diamante brilla y él mira la pantalla.
-Hablando de ella, me tengo que retirar Serena, voy a comer con mi esposa-
-Oh por supuesto- afirma tratando de esconder sus sentimientos, ambos se levantan y salen de la oficina.
-¿La acompaño al estacionamiento?- extiende su brazo y la mujer lo toma de inmediato para dirigirse al elevador.
Aunque ahora que tenía un pretexto la señora Tsukino se negó apartarse él, por lo que se vio forzado a invitarla. Al llegar al restaurante con ella, Michiru se sorprendió un poco, pero que le iba a hacer, la aguamarina ya había notado el deseo de esa mujer por su marido.
-Hola querido, que sorpresa verla señora Tsukino- saludo cordialmente.
-Por favor llámame Serena y perdón si los estoy incomodando, pero Diamante fue muy amable en invitarme-
-No es ninguna molestia, déjeme llamar al mesero- la mujer pone una servilleta en sus rodillas y levanta la mano haciendo que un joven se acerque de inmediato a atenderlos.
-Su orden aún no está lista señora, tardará un par de minutos-
-No es por eso, es que quisiéramos ordenar más- explica haciendo un gesto de cabeza hacia la rubia –Lo siento, ya había ordenado-
-¿Me pediste ese filete?- pregunta Diamante.
-Si cariño, toda la semana estuviste hablando de eso, lo encargué con tu vino favorito- se sonríen con complicidad, su química es envidiable, por lo que la rubia decide distraerse pidiendo su comida, cuando vuelven a quedarse solos Diamante y Michiru están platicando con naturalidad.
Los observa, su conversación es enfermizamente fluida, ríen y comparten como fue su día con calma, se felicitan por sus pequeños logros y hacen planes a futuros con confianza. Muy pronto se siente ajena, porque aunque amablemente tratan de incluirla en la charla es inevitable sentir que sobra entre los dos.
Él la alaba cuando les traen el plato fuerte y prueba ese dichoso filete, son tan cariñosos que aunque la aguamarina está del otro lado de la mesa parece muchísimo más cercana a Diamante que ella que se encuentra su lado, es obvio quien es la esposa y Serena lo reflexiona agriamente, no puede competir con eso, nunca se vería junto al peliblanco como Michiru lo hace, se hunde en su sitio mientras termina sus alimentos.
-Oye, sobre lo de la otra vez- Blackmoon hace referencia a sus últimas discusiones respecto a Setsuna –Espero que ya no te duela la cadera- no la había golpeado, sus "peleas" eran básicamente un juego de niños con pequeños forcejeos al no saber lidiar con un punto tan sensible para ambos como lo es Setsuna en su vida.
-Ni lo menciones, siempre eres muy cuidadoso aunque pierdas el control- se miran desafiantes.
Serena termina su copa de un trago, quizá no debió ir.
-¿Serena?-
Los tres voltean a la mesa a sus espaldas, Seiya se levanta a saludar a la rubia.
-Seiya ¿qué haces aquí?-
-No te he visto desde dijiste lo del divorcio- el matrimonio se dedica a su comida, ni siquiera se molestan en saludar, saben que el hombre tiene un único interés en su mesa.
-Bueno si, es un proceso complejo-
-Pudiste al menos contestar mis llamadas-
-Seiya ahora no-
-¡¿Me estás evitando?! ¡Ahora que al fin podemos estar juntos!- levanta la voz, los comensales miran en su dirección, Michiru bebe de su vino mirando en otra dirección.
-¡No más! ¡Olvídate de esto!- Serena arroja su servilleta en la mesa y se pone de pie para encararlo -¡Olvídate de mí! Todo fue por tu culpa-
-¡No! ¡NO!- grita más fuerte. Pone sus brazos sobre los hombros de la rubia, pero ella no baja la mirada, ni siquiera se molesta en hacer un gesto de dolor cuando la aprieta con fuerza, no piensa darle el gusto, no le quita los ojos de encima, lo odia y las ganas de hacerle daño superan el miedo que podría llegar al sentir -¡Tú debes estar conmigo!-
-No…- el tono en su voz es frío –Yo perdí al hombre que realmente amaba- Seiya parece a punto de enloquecer.
-¡Basta por favor!- reprocha Michiru con fastidio, ambos voltean a verla -¿Terminaste tu teatro? Porque estamos comiendo y Serena y yo esperamos el postre- le sonríe a la rubia que asiente agradecida.
-No toleran esta clase cosas ¿o sí?- le pregunta Diamante al mesero más cercano que observaba la escena.
El joven lo mira confundido pero después de unos segundos reacciona -No, claro que no- se acerca a Seiya y lo aleja de la rubia –Señor le voy a pedir que regrese a su mesa en paz o que se retire del restaurante- más miradas se centran en ellos por lo que el pelinegro decide irse antes de ser reconocido y se arme un escándalo.
-Muchas gracias- le dice al mesero que asiente retirándose, la rubia vuelve a sentarse –Gracias a los dos-
-Ni lo menciones- dice Michiru tomando su copa mientras hace un gesto con su otra mano –No se puede evitar, tenemos ese irresistible encanto de la madurez que vuelve locos a los hombres- mueve su torso en movimiento coqueto, Diamante ríe junto a la rubia.
-Eso es indiscutible- agrega su esposo –Soy afortunado de compartir la mesa con tan bellas mujeres, Serena ten cuidado que podrían secuestrarte, yo lo haría- ríe confiado, la rubia se sonroja mientras él mira a su esposa con ternura por propiciar el ambiente para coquetearle a Serena sin que se vea fuera de lugar.
Aunque la señora Tsukino siente algo de culpa por desear al hombre de una mujer como Michiru, que no ha sido otra cosa más que amable con ella. Siempre ha estado para escucharla, le ha dado incluso consejos con respecto a Rini, es una amiga, y se ha acercado con ella de una manera que ni siquiera Haruka había hecho, no la cuida, ni la mima como si tuviera miedo a hacerle daño, actitud que si tienen muchos de sus conocidos. Al contrario la trata como una mujer, y su esposo también, confían en ella como adulta siendo eso su principal motivación para hacerle frente a Seiya. Un fuerte equipo en el que se había podido apoyar en sus momentos de mayor necesidad, les agradecía en silencio por tanto que realmente sus sentimientos le parecían desagradables.
¿Cómo podría desear que estén separados?
Mientras en la casa de los Reyes del Mar, la joven Hotaru entra encontrando a su hermano con su novia, parece que le enseña algo en su celular y ella ríe, de seguro es uno de sus bobos juegos que jamás la convenció para jugar.
-¿Rini? No me dijiste que ibas a venir, me hubieras esperado-
-Hola Hotaru- la pelirosa salta del sillón y correa a abrazarla –Es que mi mamá fue a la empresa de tus papás y ahí estaba Eliot, les dije que quería verte así que nos mandaron a ambos para acá-
-Ah está bien, pero pudiste haberme dicho o pudiste haber ido a mi práctica- desvía unos segundos la mirada a su hermano que está más que entretenido en su teléfono por lo que aprovecha para tomar a la joven de la cintura –Te extrañe, sabes cómo se ponen las porristas cuando no estás- le sonríe acariciando su mejilla, pero sus palabras no tiene el efecto que esperaba porque Rini inmediatamente se enoja.
-¿Qué te dijeron esta vez? Esas arpías, casi necesito estar pegada a ti para que no te salten encima- se cruza de brazos indignada alejándose de ella.
-No me dijeron nada, bueno Aiko me invitó al cine pero le dije que no- la ingenuidad ante su empeño en ser sincera con ella solo empeora la situación, manifestándose la adolescencia como la etapa del nunca saber que decir, o ni siquiera decirlo bien al menos.
-¿Aiko? Esa chica, ah voy a tener que hablar con ella, como si no tuviera suficiente con la planeación del baile-
-No te pongas así, es solo una compañera de equipo ¡No pasó nada! Yo no te haría eso Rini-
-Yo sé, pero el sólo hecho de que te miren lascivamente me molesta-
-No te estreses, yo me encargo de ellas, tienes muchas obligaciones como para meter más problemas a la ecuación- dice Hotaru tratando de calmarla, no quería ponerla de mal humor, aunque de nuevo, en su ingenuidad no se da cuenta que ya está de mal humor.
-¿Cómo no quieres que me estrese? Eres mi novia y esa tontas solo quieren subirte la falda-
-Cualquiera que le quiera subir la falda a mi hermana terminaría muerto- dice Eliot acercándose a la conversación, sin embargo, Hotaru lo toma del cuello y lo azota contra la pared, incluso levantándolo un poco del piso.
-No quiero oír tus malditas estupideces Eliot, lárgate ahora- Rini se queda callada ante tal demostración de violencia. La pelinegra tampoco está segura porque su reacción tan agresiva, pero algo le decía que su hermano merecía una patada en el trasero, instintivamente lo sabía, lógicamente no tenía una respuesta a eso, por lo que lo baja se golpe. Eliot cae, pero para sorpresa de la pelirosa él sonríe.
-Sí que debes estar cansada si solo haces una amenaza- contesta riendo, acostumbrado ya a los arranques de su hermana –Haz la cena tonta que tu novia se va quedar, avísame cuando esté lista- dice mientras se va a su habitación.
Por la noche, acostadas en su cama, Rini tiene toda la intención de llevar todo más allá para aliviar la tensión, hay besos y caricias, pero Hotaru se queda dormida.
Gracias.
