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Capítulo dos: Esperanza.

Sarada comenzaba a padecer una crisis de nervios muy intensos que inevitablemente se volverían de pánico mientras permaneciera encerrada en la cárcel de un oscuro calabozo sin saber que sucedería con ella de ahí en adelante. Sentada sobre una piedra plana pensaba. No lograba ponerse de acuerdo que era lo que más le preocupaba si su futuro o la asquerosa traición de Mitsuki.
Mitsuki conocía muy bien sus puntos débiles haciendo peor su situación. Es decir, se conocían desde hace 5 años y habían formado parte del equipo Konohamaru hasta ahora. Cumplieron infinidad de misiones de distintos rangos y él había observado siempre sus técnicas y su forma de pelear ¿qué le habría contado a Orochimaru sobre ella? ¿Sobre su padre o su madre? Porque tan de repente el sennin se volvía de nuevo su enemigo, si todos creyeron que por fin había limado asperezas con Konoha luego de la cuarta guerra mundial shinobi.
Orochimaru conocía algunas cosas de sus padres y podría usarlas en su contra, tal vez por eso la secuestró para usarla como carnada y atraerlos porque sabía que la iban a rescatar. Su maldita mente no dejaba de sacar conjeturas, se estaba confundiendo más. Además sus enemigos la habían dejado totalmente indefensa, no sabía que técnica extraña habían usado para controlar su chacra que no tenía mucha fuerza, aunado a eso la tenían sujeta de las muñecas con cuerdas y le habían retirado las gafas para colocarle en su lugar un trozo de tela para taparle los ojos. Eso sí que no era difícil de explicar, lo que querían era que no usara su sharingan, sabían que de hacerlo podría escapar y en la mejor de las suertes hasta matarlos
¿Mataría en realidad a Mitsuki?
¡Por supuesto que lo haría! Si se interponía en su camino y no tuviera otra opción más que hacerlo para poder volver a la aldea, entonces lo derrotaría.
Pero por el momento trataría de saber la razón de su secuestro e intentaría que recapacitara, ¿después de todo no se decían amigos? Boruto, Mitsuki, incluso Komohamaru sensei se declaraba su amigo, se suponía que habían creado lazos irrompibles como los de sus padres desde su niñez.
¿No estaría siendo su compañero manipulado? Esa era una pregunta que llevaba rato carcomiéndole el alma. No quería lastimar gravemente a quien no tenía la culpa. Posiblemente Orochimaru, su padre le había lavado el cerebro. Si eso es, porque Mitsuki no podía ser tan cruel.
Escuchó poniéndose muy alerta el ruido de la puerta metálica abriéndose lentamente. Alguien había entrado al calabozo. Los latidos de su corazón aumentaron con el sonido de las suelas de los zapatos avanzando. Presentía al extraño afuera de su prisión, observándola fijamente.
— Sarada
El pecho de la joven resintió un golpe emocional tan solo por escuchar esa voz grave, tan reconocible.
— Mitsu...
— Te he traído de comer
— ¿Por orden de tu padre? — inquirió con cierta agresividad.
— Tuve que escabullirme para que no me descubriera — mencionó entusiasmado ignorando el mal tono de la morena — Por fortuna este lugar es muy amplio y no puede estar en varios lugares al mismo tiempo.
— ¿Porque Mitsuki? — lo cuestionó desolada, haciéndose un ovillo sobre la cama de piedra donde permanecía sentada en la orilla. Ese lugar era muy frío, se imaginaba que el calabozo debía estar en lo más profundo de la guarida. Además, Mitsuki la estremecía con su sola presencia, era muy misterioso y daba un poco de miedo.
Mitsuki dibujó una sonrisa débil en sus labios. Lo que le diría no haría sentir mejor a su ex compañera.
— Porque fue una misión secreta encomendada por mi padre.
Los oídos de Sarada le dolieron a un nivel incomprensible. Así que, después de todo lo que le había ya dicho la serpiente de Orochimaru no era mentira, Mitsuki era el responsable directo de su rapto.
— ¿Que fue eso? — Preguntó sintiendo rasposa su garganta cuando le pasaba la voz, le costaba demasiado liberar cada palabra — ¿los ninjas ladrones que perseguimos? — temió seguir preguntando por la respuesta que intuía iba a darle — No me digas que...
— Son experimentos de mi padre — manifestó con su extraña tranquilidad tal como si tuviera a su alma en paz aún después de su asquerosa traición.
— ¿¡Porque me hiciste esto!? — Sarada se levantó exaltándose furiosa, permaneció inmóvil y de pie de medio lado. Mitsuki vio asombrado como los labios delgados de la única mujer Uchiha temblaban incontrolablemente.
Ella por orgullo había intentado no sacar a relucir la emoción que la embargaba desde que supo de su traición. Pero el coraje contra él era demasiado y no era un maldito robot como para soportarlo demasiado. Unas evidentes lágrimas surcaron por sus mejillas pálidas. ¡Que más daba ya que viera su dolor! No le daba vergüenza, pero le lastimaba que a quien consideraba su amigo no le importara sus sentimientos.
— Dime una cosa — continuó hablando con firmeza, no se atrevía a verlo de frente prefería que lo único que pudiera ver él fuera su perfil y el mechón de su largo cabello negro cubriéndole parte del rostro — ¿no te arrepientes? — la chica tuvo las agallas de preguntarle directamente si estaba seguro completamente del mal que estaba haciendo. Ella podía intentar perdonarlo si le decía que no y se ponía de su parte para ayudarla a salir de ahí. De lo contrario lo consideraría ya como un miembro del equipo 6 que para ella estaría muerto.
Mitsuki ante la mención deglutió saliva pesadamente. No estaba nervioso, solo muy sorprendido por la furia contenida de Sarada Uchiha.
Todo ese rencor estaba dirigido hacia él... Y le hacía sentir muy incómodo. La verdad, con el tiempo había empezado a apreciar a su equipo, pero desde siempre supo que los lazos que los unía a ellos seria temporal porque desde que entró a la academia supo que había una misión importante que cumplir, y se tuvo que esperar cinco largos años para llevarla a cabo.
Orochimaru su padre, quería un sharingan poderoso, no quería los ojos de Sarada mientras estuvieran en la fase uno, mientras fueran tiernos, tuvieron que esperar a que ella los dotara de más poder y eso paso hace tan solo unos meses.
Fue en ese momento que Orochimaru consideró prudente tenderle una trampa para atraerla y así secuestrarla. Y ya estando en el escondite gracias a Mitsuki, el resto le competía solo al sennin. Mitsuki podía regresar si quisiera a Konoha y fingir que se había escapado de los enemigos o que simplemente había perdido de vista a Sarada, total que él ya había cumplido con la parte más difícil del trabajo.
Mitsuki suspiró tranquilo, recuperando la seriedad absoluta en su rostro pálido.
— De lo único que me arrepiento es que no podrás nunca ser hokage — el muchacho reconoció gélidamente — me da un poco de pena porque tu sueño era incluso más interesante que el de Boruto. Me hubiera gustado ver como progresabas como persona para conseguirlo. Pero no todo lo que queremos puede hacerse realidad.
El cuerpo de Sarada se estremeció por lo dicho. No podía creer que Mitsuki hablara de sus sueños con tanta indiferencia. Si él fue uno de los primeros que confió en que algún día cumpliría su meta de ser hokage. Darse cuenta que ahora le importaba poco si lograba ser hokage o no la llenaba de ira, una jamás sentida hacia alguien.
— ¡Imbécil! — volteó colérica hacia su persona, encajándole la mirada asesina a través de la tela que tapaba sus ojos. Mitsuki supuso que Sarada había activado su sharingan aunque no podía verlo, pero su padre le había dicho que los Uchiha activaban su sharingan por furia o tristeza, por alguna emoción fuerte. Si era por odio era por un potente odio no por uno ligero, porque cuando los Uchihas amaban u odiaban lo hacían intensamente, eran muy pasionales.
— ¡Cuando salga de aquí te voy a Matar! — aseguró estrujando los dientes y apretando los puños. La chica había logrado deshacer la cuerda que sujetaba sus muñecas, un poco de su chacra había vuelto. Una vez más dejó asombrado a Mitsuki por su increíble fuerza.
Aun así no era de preocuparse por el momento ese detalle.
La ninja retiró molesta la venda de sus ojos teñidos de un brillante rojo.
Mitsuki por su parte prosiguió relatando.
— Me gustaría poder decirte que tienes la esperanza para hacerlo — le contestó como si no le importara la amenaza, incluso le volvió a sonreír con sutileza; jamás se le veía molesto, más Sarada se tomó pésimo el gesto — después de todo yo solo soy uno de los cientos de experimentos de mi padre, no valgo nada, aunque mi padre dice lo contrario yo me doy cuenta de que solo me utiliza.
Sarada suavizó solo por un instante su profunda mirada. Por lo dicho Mitsuki reconocía que se sentía inferior, era triste saberlo y le daba nostalgia. Lo que no comprendía es porque aún después de eso continuaba sonriendo — si muero mi padre podrá clonarme con mi ADN, tal vez ya no sea yo mismo pero será mi reemplazo. Pero aunque me mates por desgracia tú no podrás escapar de aquí. Empezando porque los barrotes de tu cárcel están hechos de un material especial que neutraliza tu chacra volviéndolo dócil. Sino sales de aquí no podrás usar toda tu fuerza para enfrentarme a mí o a mi padre o incluso a sus ayudantes — advirtió mostrándose firme.
— Entonces...— murmuró cabizbaja y dudosa la joven mujer.
Sus ojos aún activos por el sharingan habían empezado a perder de a poco su fuerza. De repente volvían a ser de color negro como las pasas y al otro instante rojos como la sangre. Se empezaba a sentir de nuevo más débil de lo normal. Los barrotes especiales de su prisión ejercían una energía extraña que le hacía sentirse como si le absorbieran su chacra — ayúdame tú.
El muchacho de cabello canoso abrió los ojos de par en par algo indignado por la propuesta pues le estaba obviamente pidiendo que traicionara a su padre, a su creador.
Iba a refutar pero en eso Sarada agitada por su falta de energía se acercó temblorosa a los barrotes que la enjaulaban en su cárcel, rodeó esos gruesos pilares con los dedos de sus manos. Observó con miedo y desesperación a Mitsuki, rogando en silencio que se tocara el corazón y que la ayudara a volver con sus padres sana y salva. No había otra cosa más en el mundo que querer ver sus caras junto con la de Boruto, su amigo desde la niñez y su...posible enamorado.
Porque si...Boruto...ese chico tonto y encaprichado por sus padres ya le había declarado sus sentimientos hace tan solo tres semanas, bajo la copa de un árbol frondoso en mitad del campo de entrenamiento.
Esa vez astutamente aprovechó que estaban solos para decirle que le gustaba entre titubeos constantes que le parecieron a ella tiernos, pero que ni así lograron convencerla para darle una respuesta afirmativa y segura. Sólo le pidió sonrojada hasta las orejas un poco de tiempo, para asimilar las cosas ya que estaba recién entrenando muy duro con su padre y no quería por el momento distracciones ni anteponer su vida sentimental de su deber, pues aspiraba a ser la mejor kunoichi de toda su generación.
Pero ahora con lo hecho por Mitsuki...todo el panorama futuro se veía negro. A no ser que el talentoso ninja cediera a su petición.
— Sarada... ¿sabes lo que me estas pidiendo?
— Es porque confió en ti — respondió ella musitando. Apretando más el hierro de los barrotes de su celda y recargando totalmente en ellos su rostro, su nariz afilada quedó muy cerca de la boca de Mitsuki, pues él era un hombre y por lo tanto más alto que ella.
El chico boqueo algunas veces de manera insistente. Intentando encontrar las palabras adecuadas para refutar lo dicho por Sarada, pero no las encontró ni en lo más recóndito de su misteriosa mente.
Así pues; se dio por vencido.
Sarada era una mujer muy astuta como todas las kunoichis tendrían que serlo si querían lograr sus objetivos en sus misiones. Solo que ese talento era natural en Sarada y curiosamente ella no se daba cuenta de lo astuta, manipuladora e inteligente que podría ser. Solo bastaba con que ella dejara fluir sus emociones para dejar encantado a cualquiera.
Mitsuki sonrió una vez más complacido por lo que ella acababa de provocar en él. Que el remordimiento le llegara de pronto.
El joven hijo de Orochimaru asintió hasta cierto grado aliviado. La verdad es que llevaba rato sintiendo apretujado el pecho.

Llevaba años sintiéndose miserable por lo que iba a terminar haciendo algún día, de ese modo lastimando a todos. Digamos de una vez que las palabras de Sarada, lo habían salvado de llevar una vida infeliz que no encontraría nunca consuelo.

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— ¡Boruto! — nombró al susodicho con un grito impaciente, dejó a un lado la tarea que estaba haciendo que consistía en mirar la tierra investigando la huella de una pisada que descubrió.

Boruto estaba sobre la rama de un enorme árbol vigilando el tranquilo panorama, con la esperanza de hallar algún sospechoso — está oscureciendo. Lo mejor es ir a descansar, montare unas casas para acampar — se dio la vuelta en sentido contrario para empezar a sacar las cosas de su mochila, pero la fuerte voz lo detuvo.

— Tan fácil se da por vencido — renegó el rubio furioso bajando de un salto del árbol — ¿acaso no desea seguir buscando a Sarada o a Mitsuki? Son nuestros amigos — le reclamó indignado al nieto del tercer hokage. Apretó los puños exasperado.

— No vuelvas a insinuar que no me importan — respondió molesto por la impresión que tenía su alumno de él — Mejor usa tu sentido común, no podemos seguir buscando por la noche — miró al cielo rojizo, muy pronto se tornaría negro — Mañana temprano continuaremos buscando sus rastros. — propuso el adulto avanzando de nuevo.

— Ja — sonrió orgulloso el Uzumaki alzando el puño como celebrando algo — ¿se le olvida acaso que ya soy capaz de usar el Byakugan? Puedo ver cualquier chakra en la oscuridad. Si alguien se está moviendo o vigilándonos lo veré.

— Boruto...— lo observó con seriedad desmedida, raro en él — no se trata de eso. No te esfuerces demasiado. Lo mejor es que reservemos energía para el día de mañana.

— Como puede decir eso en estos momentos — volvió a alzar la voz — Ni usted ni yo sabemos por lo que están pasando nuestros compañeros, puede que en este instante estén sufriendo o a punto de matarlos y nosotros por mientras aquí durmiendo.

— ¿Y qué puedes arreglar tú con estas condiciones? — Regresó hastiado el mismo tono de voz — ¿Cómo puedes impedir que los malos les hagan algo? Si ni siquiera tenemos una idea de a donde se fueron.

— ¿Y la huella que usted encontró en la tierra qué? — lo cuestionó muy altanero.

— Es una huella que no mide más de 20 cm Boruto — comunicó con astucia — Es la huella de un niño. No había ningún niño luchando con nosotros. Los ladrones eran hombres de estatura normal y además solo es el rastro de una pisada no de dos o de varias. Eso quiere decir que por aquí pasó solo una persona, y no quiero desilusionarte pero se nota que la huella ya es vieja.

— Inepto...— mascullo a rabietas, cada vez más enojado — podría tratarse de una estrategia del enemigo para pasar desapercibido. Colocaron una huella falsa con la ayuda de un zapato sin dueño.

— Eso es muy aventurado — opinó en desacuerdo negando con la cabeza — mejor acepta que no tenemos pruebas que se basen en tu teoría — esto lo dijo con un tono frío, y es que se sintió herido cuando Boruto le dijo inepto, incluso no le importó percibir una tristeza en los ojos del rubio, se había pasado de la raya al faltarle el respeto — y respecto a lo otro; no me vuelvas a decir inepto que por algo soy tu capitán y el futuro hokage que sustituirá a tu padre niño — con una personalidad decidida le dejó en claro ese punto al muchacho para que no se volviera a suscitar un enfrentamiento verbal. Estaba un poco malcriado por su gran amigo Naruto pero él iba a tolerar su prepotencia. Mejor ponía de una vez las cosas sobre la mesa.

— Lo siento, Komohamaru sensei — las palabras afligidas de Boruto sorprendieron al maestro. El joven de 17 años había dejado su orgullo y su propio dolor interior a un lado porque reconoció que con sus groserías no conseguía más que empeorar las cosas. Siempre había declarado él que la unión entre las personas hacía la fuerza necesaria para ayudarse en los problemas, pero fue tanta su frustración por no encontrar a sus amigos que se le olvidó ese valioso principio. Y eso que él era de las personas que no solían perder el control ante situaciones complicadas, no solía desquitar su coraje con el resto.

Konohamaru sonrió feliz. No le dijo nada. No era necesario hacerlo. Los dos eran hombres sinceros y humildes que aceptaban las disculpas del prójimo, sin rencores. Simplemente le demostró su comprensión colocando su fuerte mano sobre el hombro de Boruto, con este gesto le perdonaba y además le transmitía consuelo por el gran dolor que le causaba la pérdida de sus amigo, porque a él también lo ponía mal no saber nada sobre su paradero.

Sus pupilos se habían ganado desde hace mucho un lugar en su corazón.

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En el interior de la casa Uchiha, esa calurosa noche Sakura se encontraba en compañía de Hinata.

La Hyuga había sido invitada desde la tarde a comer en su casa pues sus hogares estaban cerca y la convivencia no se hacía tan difícil. Por lo regular una o dos veces por semana se reunía a platicar cuando terminaban sus deberes, bueno más que nada cuando Sakura tenía tiempo porque era una mujer mucho más ocupada que Hinata.

Haruno no solo era ama de casa, también trabajaba en el hospital como médico para solventar los gastos de su familia y Sasuke trataba de ayudarla aunque se volvía más pesado cumplir con sus obligaciones ahora que estaba fuera en una misión. Sarada también le ayudaba a mantener todo en orden. La ayudaba en las compras, a limpiar o lavar ropa pero desafortunadamente tampoco estaba en la aldea. Llevaba una semana fuera de casa en una misión con su equipo.

Se sentía muy sola por la ausencia de su esposo y su hija, por eso Hinata solía visitarla más seguido cuando no tenía a nadie en su hogar para que no se sintiera nostálgica.

Hinata por lo menos tenía la compañía de Himawari cuando Boruto se iba, y la de su esposo que aunque fuera poco el tiempo que se veían en el día por lo menos notaban que estaban juntos y no con la casa vacía.

Sakura alejó de manera abrupta sus pensamientos cuando se percató de que la taza de té de Hinata que estaba sirviéndole se derramaba por el agua hirviendo. Esperaba que Hinata quien estaba sentada en una silla de su comedor no se diera cuenta del incidente. Al parecer ni lo notó pues estaba muy distraída parloteando.

— Y si...me alegro mucho de que pronto vayan a llegar nuestros hijos.

— ¿Eh? — Dijo Sakura retraída — ¿van a llegar ya?

— Si — la observó extrañada — no te había dicho ya que Naruto me dijo que Konohamaru le envió un mensaje informándole que ya habían encontrado a los ladrones.

— Ho — le ofreció la bebida a Hinata y Hinata la recibió — Perdón no te escuche — reconoció avergonzada bajando la mirada — Sí. Pero eso no implica que vayan a capturarlos tan pronto.

— Solo es cuestión de tener paciencia y fe — mencionó Hinata con una dulce sonrisa acercando la taza de té a sus labios — después de todo son nuestros hijos. Si nosotros no creemos en ellos entonces ¿quién?

— Si. Tienes razón — tomó asiento a un lado de la chica — Pero no puedo evitar preocuparme por Sarada. Es mi única hija y mis pensamientos solo están dedicados a ella.

— Te veo por eso desde hace rato muy preocupada. Pero nuestros hijos son fuertes. Además no están solos; tienen a un gran maestro cuidándolos.

— Lo sé, lo sé — sonrió con un dejo de tristeza — Pero Sarada y yo somos muy unidas. Las mejores amigas. Siento una punzada en el corazón cuando algo está mal con ella. Es como si estuviéramos conectadas. Te parecerá una locura — sonrió más ampliamente. Burlándose de lo que decía pero era totalmente cierto. Ella y Sarada parecían gemelas. Dicen que las gemelas presienten lo que le sucede a la otra, algo parecido pasaba con madre e hija.

Hinata se quedó boquiabierta, asombrada. Lo que le decía Sakura sonaba tan bonito y real. Ella también era madre y como tal intuía con tan sólo ver a sus hijos si se encontraban bien o mal, tristes o preocupados. De inmediato se acercaba a ellos para conversar y animarlos si algo andaba mal.

Pero Sakura se veía angustiada. Mientras ella relajada y contenta. Ella tenía la seguridad de que su hijo estaba bien.

Le colocó la mano encima de su mano para reconfortarla. Una sonrisa de su parte fue suficiente para que Sakura recuperara su confianza.

Todo estaría bien.

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— Entonces...— musitó sereno el chico a la joven de cabello negro y largo que llegaba hasta la mitad de su espalda. Estando tan cerca y solo separados por una pared de barrotes, ambos se siguieron observando con insistencia. Ninguno de los dos tenía la intención de interrumpir el contacto ocular que tenían. La verdad es que para Sarada esa era la manera efectiva en que podía descubrir si su compañero le decía la verdad o le mentía. Más el chico parecía hablarle con sinceridad porque no esquivaba su exhaustivo escudriño. Los negros ojos de la Uchiha se fusionaban con las pupilas color oro de Mitsuki de los cuales salían un destello muy hermoso similar al que emitía las piedras preciosas. Las dos tonalidades formaban un contraste peculiar, claro y negro, pero las emociones que transmitían eran contradictorias. La mirada de ella pese a lo oscuro del color de sus ojos era muy expresiva y la de él era en cambio muy intrigante.
El escuálido cuerpo de la adolescente mientras continuaba en la firme posición de antes, titiritaba de frío. Ya era de noche y por lo mismo la temperatura iba decayendo.
Todo estaba sucediendo muy drásticamente, primero luchaba contra enemigos, después la Interceptaban para secuestrarla. El semblante misterioso del muchacho no lo hacía mucho de fiar para ella, existía el riesgo de que se tratara de otra trampa más de su parte. Pero no había otra mejor opción. O confiaba en él y acataba lo que le indicaba u optaba por quedarse encerrada de por vida a no ser que Orochimaru la matara antes con sus crueles experimentos — entonces...— prosiguió con una seguridad de hierro — entonces Sarada — retomó la conversación — Por el momento tienes que fingir que tú y yo nunca nos vimos — le ordenó errático presionando más su mirada contra la enigmática de Sarada — mi padre es muy astuto. Notará algo diferente en tu actitud si te muestras menos asustada. Pensará que es porque ya tienes un plan entre manos para escapar. De una vez te aviso que el hecho de que haya accedido ayudarte no garantiza el éxito en el plan — advirtió con la mayor crudeza posible para que fuera consciente la kunouchi de lo que podía esperarles. Sarada se estremeció comprendiendo la delicada situación, apretó los labios frustrada. Ella no era como Boruto a quien admiraba profundamente porque nunca perdía la esperanza aunque tuviera múltiples circunstancias en su contra.

Ella era fuerte, pero también muy realista y por desgracia Mitsuki también porque no podía contar con que le diera ánimos como Boruto, no podía esperar que ese frío muchacho le dijera que todo iba a estar bien y que lograrían escaparse sanos y salvos. Nostálgica pensó que si estuviera aquí Boruto sentiría la calidez de sus palabras transmitiéndole aliento y no como Mitsuki que le robaba la fe — Mañana mismo mi padre ira a buscar a aldea más cercana, unas plantas medicinales que son muy raras Aprovecharé para venir por ti.
La joven consternada asintió inmediatamente.
— Espera entonces mi llegada — por el momento era todo lo que podía decirle. Sin más se marcharía. Se alejó tranquilo del barandal de la prisión pero entonces Sarada lo llamó por su nombre.
— Mitsuki...— hizo una pausa que volvió incomodo el entorno. Agachó avergonzada la cabeza sombreándole la frente de negro — Gracias.
Mitsuki ladeó un poco su cabeza, lo suficiente como para poderla ver por el rabillo del ojo con disimulo. Le sonrió de lado. Ella no notó su mirada así que continuó ocultando su cara coloreada de rojo. Apretó más el agarre en los tubos de su celda, nerviosa. Mitsuki no consideró propicio continuar en el calabozo junto a ella. En cualquier momento podría llegar su padre a cerciorarse del estado de Sarada.
Lo que sí es un hecho es que al abandonar el lugar su compañera tendría que buscar una excusa para justificar por qué y cómo rompió las cadenas que estaban en sus manos.
La joven Uchiha fue dejada a merced de la soledad cuando la puerta de hierro se cerró al salir Mitsuki. Volvió a sentir la oscuridad de ese subterráneo lóbrego.
Fue una fortuna que Orochimaru por una u otra razón no se hubiera acercado a vigilar a Sarada. De lo contrario no se le hubiera ocurrido decirle nada sobre sus cadenas. En su lugar llegó hasta el día siguiente uno de sus súbditos a darse una vuelta. Era un espécimen de piel caliza muy feo, con piel áspera como la roca. Seguramente uno de los muchos experimentos del sannin. Sarada se mantuvo quieta acostada sobre su cama de piedra gran parte de la mañana, de ese modo no se daría cuenta de que estaba libre de las ataduras de las cadenas y de la pañoleta que la noche anterior le cubría sus ojos.
Fingió estar dormida pero de vez en cuando emitía algún ruido ya fuera tosiendo o con un carraspeo para no levantar sospechas, o se movía simplemente de posición en la cama.
El guardia solo lograba ver la silueta curvada de la atractiva mujer.
Sonrió grotesco mostrando sus filosos colmillos, había la más pura lasciva en su mirada.
Se había enterado de que la mujer estaba bajo la influencia de una técnica muy especial que provocaba que la celda la volviera débil, es decir vulnerable a cualquier agresión.
Desgraciadamente para ella era imposible usar todo su poder, esto con el fin de que no intentara fugarse en la ausencia de su maestro, Orochimaru.
Como uno de sus exitosos experimentos, tenía la habilidad de volverse inmune ante cualquier jutsu, es decir que ninguna técnica tenía efecto en él exactamente por 3 minutos. Lo suficiente como para cometer rápido lo que tenía pensado hacer.
Su sonrisa turbia se ensanchó todavía más en esa boca amarilla anormalmente grande y llena de filosas y babeantes puntas.
El fenómeno se lamió con su lengua exageradamente larga toda la boca mojada de saliva, saboreando desde antes un suculento aperitivo. Pero aún con eso seguía escurriéndole el líquido por una orilla.
Sarada, ajena a todo, no presentía el peligro que se estaba tejiendo afuera de la celda.
La criatura era silenciosa como un muerto y también astuta como un depredador. Fácilmente se le ocurrió hacer uso de una de sus habilidades, cambiar su físico.
Pronto su cuerpo empezó por si solo a convertirse en agua, se podía ver a su figura humana hecha de agua. Era una estrategia para lograr entrar a la celda ya que no contaba con las llaves. Así que convirtiéndose en una criatura de agua podría pasar por los barrotes de la prisión. De todos modos su cuerpo ahora de agua siguió conservando su tamaño real así que cuando intentó pasar a través de los tubos su cabeza y su ancho tórax se atoraron pero eso no fue ningún impedimento, para esos casos su cuerpo perdía agua para que su figura se amoldara al objeto que quería atravesar. Ese exceso de agua que ya no le servía caía al suelo. El ruido del agua cayendo fue lo que hizo que Sarada se alterara. Rápido se enderezó sobre la dura cama y observó atónita todo el extraño proceso.
La criatura convertida en agua deshizo su técnica ya estando adentro de la celda. Con la más grande sorna le dedicó una mirada enorgullecida a la Uchiha.
Sarada se puso de pie temerosa, a la defensiva.
Sus ojos delataban el más auténtico terror, sabía que debía defenderse y lo haría sin dudarlo pero le causaba tanta consternación no saber cómo pues desconocía de lo que era capaz de hacer ese individuo de facciones sumamente desagradables para el gusto de cualquiera.
Al examinarla se vio un poco sorprendido la criatura. Esperaba lógicamente que la prisionera estuviera atada de manos y con la venda cubriéndole los ojos, y sin embargo ahí estaba parada junto a la cama en pose de lucha. Por lo menos los nervios de la chica serian una desventaja para ella. No estaba segura de cómo atacarlo.
Volvió a sonreír con arrogancia sintiéndose el que dominaba la situación. Disfrutaba ver como los ojos negros de la Uchiha incluso temblaban de miedo aunque tratara de mostrarse valiente y firme ante su presencia para intimidarlo.
Pero no podía ganarle. Era momento de presumirle unos cuantos de sus trucos a esa niña de mirada fiera.
Acortó su distancia hacia la mujer. Fue el instante en que Sarada activó urgentemente su sharingan. El espécimen no dudó en arrancarse los ojos, Sarada se impresionó.
— No necesito esto porque mis oídos son en realidad mi punto fuerte — comunicó guardando sus ojos entre la capa y su ropa — No puedo ver pero puedo adivinar los movimientos de tu cuerpo por tu chacra. Además si lo deseo puedo volver a colocarme estos ojos como si nada — comunico con una voz escabrosa.
— Eso…es...imposible...— balbuceó sufriendo un colapso mental la Uchiha. Pues con esa habilidad le arrebataba la esperanza de poder ganarle. No podía usar toda su fuerza por culpa de esa celda especial que le drenaba el chakra.
— Prepárate para entregarme todo lo que posee tu cuerpo. Siempre he sentido una gran excitación por todos aquellos que son poderosos. Su poder me parece un elixir difícil de probar debido a que por su fuerza me es imposible luchar contra ustedes. No tengo ninguna posibilidad de ganar contra gente de tu talla. Estoy seguro de que no volveré a tener una oportunidad como esta. Si no sació mi libido contigo jamás podre sentirme completo.
— ¿Q, que contemplas hacer? — su voz sonó titubeante y débil. Sabía que su pregunta era absurda pues el tono usado por la criatura portaba un tinte claramente lascivo.
— Eres hermosa — admitió entre risas roncas.
Cómo un instinto de protección Sarada retrocedió pero no deshizo su postura defensiva tan férrea. Sin duda golpearía con toda la energía que pudiera. Nadie la tocaría. Se lo prometió.
El fenómeno intuyó lo que estaba dispuesta a hacer pero eso no le importó. Que más daba si tenía un espíritu de acero, si él era superior en estos momentos y solo contaba con tres minutos para ejecutar lo que pretendía. O de lo contrario terminado el tiempo esa cárcel ejercería su técnica sobre él y también le empezaría a robar su valioso chakra. Consciente de ese hecho se arrojó agresivo sobre Sarada, en el proceso golpeándola en la cabeza contra la dura pared por el fuerte empujón. Se le escapó un grito de dolor a Sarada, sus anteojos habían salido volando hacia el suelo. Automáticamente tocó su cabeza y notó la existencia de un líquido rojo entre sus dedos. La había descalabrado.
Al libidinoso fenómeno le importó poco, él quedó posesivo sobre ella. Su lengua larga y puntiaguda recorrió babeante el cuello y la mejilla de la Uchiha quien no podía defenderse con efectividad porque el golpe le había nublado los sentidos. Intentaba débilmente apartar de su pecho los brazos secos del guardián que buscaban desesperadamente adentrarse por debajo de la blusa blanca de lino de la mujer. Ella portaba encima de esa prenda un chaleco a la altura de los muslos color café de cuello "v" que no suponía un impedimento para que el monstruo quisiera apartar su blusa de cuello circular con su callosa mano.
Sarada habría querido gritar en su desesperación o por lo menos dedicarle muchos insultos en su frustración pero gemía incesantemente de dolor porque sentía palpitarle el cráneo.
El espécimen seguía sobre ella lamiéndole el rostro e incluso había empezado a empujar su pelvis contra sus torneadas piernas, un contoneo meramente sexual.

Pero Sarada estaba tan aturdida por el efecto del golpe que no se dio completamente cuenta de lo que sucedía. Esto fue aprovechado por el humanoide quien teniéndola acostada la controló dejándola sin la manera de defenderse.
Disfrutaba cada roce de piel con piel, Sarada en cambio sentía desprecio sentir la piel reseca como roca y su aliento putrefacto que la mareaba. Sus caderas curvadas y femeninas tan pegadas a su pelvis era un elixir para la criatura quien deseoso empezó dificultosamente a quitar el short blanco de la chica que casi se ceñía a sus muslos.
— Makita san — una voz serena interrumpió el desenfreno sexual.
Sarada entre abrió los ojos con dificultad por el fuerte mareo. No pudo ver nada porque la criatura tapaba su vista con su cuerpo al estar encima de ella. Por cierto que esa criatura se quedó petrificada en el instante en que escuchó la voz.
Regresó lentamente su lengua húmeda y pegajosa a su boca escondiéndola. Estaba en serios aprietos al ser encontrado de esa manera por el entrometido que osó entrar cuando estaba a punto de empezar la mejor parte del juego con la prisionera.
La criatura se levantó aturdida. Se abrochó el pantalón gris el cual no había alcanzado a bajase.
Cuando terminó tuvo la valentía de girar su cuerpo para ver al responsable de haber entrado abruptamente al calabozo. Se llevó la sorpresa al reconocer de inmediato la cabellera blanca casi azulada del adolescente siervo e hijo de Orochimaru, su maestro y creador. El muchacho estaba afuera de la prisión con un semblante tranquilo.
Aún y con eso, para el guardia significaba un riesgo para su vida que él se diera cuenta de lo que intentó hacer con la indefensa prisionera. Si le informaba a su padre quien lo estimaba tanto, podría provocar incluso que lo destruyeran por tocar a la chica sin el permiso debido.
Deglutió nervioso sin moverse de su sitio. Extrañamente Mitsuki le sonreía despreocupadamente, sin una pizca de molestia en su rostro.
— Mitsuki san...
— ¿Cómo se encuentra la interna? — interrumpió con calma al fenómeno

— Perfectamente — respondió con titubeos, bastante nervioso.
— La noto un poco inconsciente — con la duda dominándole, se fue a asomar a través de las barras de acero de la celda — ¿Seguro que está bien? — desde esa distancia observó a la morena inmóvil.
— Creo que la técnica que hizo Orochimaru sama le está robando demasiado chakra — rio inquieto, asustado porque Mitsuki entrara a verla y se diera cuenta de su estado — y ahora la niña no hace más que dormir demasiado.
— De acuerdo — observó preocupado a Sarada a través de la celda cerrada — le informaré de eso a mi padre. Has hecho un buen trabajo al intentar levantarla del suelo. Ya puedes descansar — le dio la orden y la criatura deforme sonrió de medio lado haciendo una mueca burlona. Satisfecho se sintió cuando sin proponérselo el hijo de su maestro lo había exculpado.

Se alejó del lugar parsimoniosamente. Cuando llegó a la puerta del calabozo lo suficientemente apartado como para que Mitsuki no lo escuchara, se atrevió a denostar.

— Estúpido ingenuo — bisbiseó el hombre con la más evidente cobardía.

La sonrisa amable de Mitsuki se despareció en el momento en que el guardia cruzó la puerta. El joven mantuvo serio la preocupación hacia su amiga. Continuaba tendida sin moverse en el frío suelo. Y tal como si Sarada recuperara su voluntad al saberse segura luego de que se fuera el guardia, la kunoichi se empezó a mover temblorosa. Su cabeza parecía querer estallarle, para acabarla de empeorar se sentía más débil que antes. Fue una tortura el proceso de enderezar el cuerpo. Primero la valiente Uchiha apoyó los codos en el piso, de esa manera podía mantener el equilibrio de su cuerpo al estar acostado. Luego se puso lentamente de rodillas hasta que por fin levantó la cabeza y se sostuvo ya de pie de la pared. Mitsuki estaba a la expectativa de lo que sucediera. Examinaba con admiración cada uno de los movimientos de Sarada, la mujer tenía una voluntad de hierro que difícilmente se quebrante. Se levantaba dignamente la miembro de su equipo 7 luego de sufrir un despiadado ataque. Aunque Mitsuki no lo haya mencionado claro que entendía que el guardia intentaba sobrepasarse de una débil ninja. Si hubiera tardado un poco más seguramente habría encontrado ultrajada a la joven mujer.

No necesitaba de sus explicaciones. Conocía bien a ese sujeto. Era creación de su padre, poseía muchas habilidades que Mitsuki habrá visto muchas veces.

La sonrisa amable de Mitsuki se despareció en el momento en que el guardia cruzó la puerta. El joven mantuvo con una conducta seria la preocupación hacia su amiga. Por lo tanto continuaba tendida sin moverse en el frío suelo. Y tal como si Sarada recuperara su voluntad al saberse segura luego de que se fuera el guardia, la kunoichi se empezó a mover temblorosa. Su cabeza parecía querer estallarle, para acabarla de empeorar se sentía más débil que antes. Fue una agonía el proceso de enderezar el cuerpo. Primero la valiente Uchiha acostada apoyó los codos en el piso, de esa manera podía mantener el equilibrio de su agotado cuerpo. Luego se puso de reversa con la cara cerca del suelo, lentamente apoyó las rodillas, levantó la cabeza y extendió su brazo hacia la pared para poderse levantar. Mitsuki estaba a la expectativa de lo que sucediera. Examinaba con admiración cada uno de los movimientos de Sarada, la mujer tenía una voluntad de hierro que difícilmente se quebrantaría. Se levantaba dignamente la miembro de su equipo 6 luego de sufrir un despiadado ataque. Aunque Mitsuki no lo haya mencionado claro que entendía que el guardia intentaba sobrepasarse de una débil ninja cuando interrumpió. Si hubiera tardado un poco más seguramente habría encontrado ultrajada a la joven mujer.

Sarada arrastró su cuerpo hasta recargarse en la pared, respiraba agitadamente por la boca. Se sostenía el brazo, había resultado algo lastimado por el golpe anterior. Mitsuki se asombró cuando por fin se acercó hacia él, la chica completamente agotadase recargó en los barrotes de la celda, claro que por dentro porque Mitsuki seguía afuera a la expectativa. La morena lo observaba con una actitud arisca, tal vez propiado por el hecho de que estuvo a punto de ser abusada y él por poco no la rescata. Le estaba reprochando.

Sin haberlo pretendido el joven se percató agobiado de una gota de sangre escurrirle por la nuca a Sarada. Su compañera estaba muy mal, necesitaba curarse o se desmayaría en cualquier instante.

Era su decisión. Pero no podía hacer nada por ella si antes no solían.

La respiración sofocada de ella fue interrumpida cuando Mitsuki aplastó los barrotes de la prisión con ayuda de su jutsu. Consistía en estirar sus brazos los cuales enredó como cuerda alrededor de los tubos ejerciendo mucha presión. Así los doblo y permitió la salida de Sarada a través de ellos.

La tomó de la mano para que no se tambaleara pues amenazaba con caerse. La joven dudaba cuando daba cada paso así que concluyó que estaba mareada pero eso no importaba ahora.

Después de esto pasarían al siguiente plan o podrían esperar a morir tras nunca haber conseguido salir de ese calabozo repleto de laberintos por dentro.

Mitsuki no se confió del estado físico de Sarada así que en un acto de solidaridad tomó delicadamente su brazo y se lo pasó alrededor del cuello para sostenerla firmemente. De ese modo la encaminó con precaución hacía el exterior.

Esto solo era el inicio de un largo trayecto. Pensó decaído Mitsuki...

Eran un equipo...eran el equipo 7... El mundo entero que se pusiera en su contra se enteraría de que cualquier reto que se propusieran lo lograban así sea a base de lágrimas y sangre...saldrían vivos de ahí, sí o sí.


¢σηтιηυαяá...