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Capítulo tres: Orgullo.
Su boca se abría y se cerraba en automático varias veces por segundo para inhalar aire para luego exhalar. Sus largos y ruidosos jadeos llevaban un tiempo llamando la atención del joven Mitsuki. La observaba expectante esperando que ella le pidiera que se detuvieran, en lugar de eso aunque estuviera fatigada o sintiéndose pésimo la orgullosa Uchiha continuaba caminando a paso lento y hasta temblorosa pero con una voluntad firme que impresionaba a su compañero quien continuaba todavía sujetándola con su brazo alrededor de su cadera femenina y el brazo de la chica enredado detrás de su cuello. Desde ese ángulo notó inmediatamente las pupilas dilatadas de Sarada. Ya sabía el ninja que no estaba bien su salud, la temperatura elevada de su piel era el indicador de que padecía de una fuerte fiebre. Él no era un experto curando enfermedades pues era un experimento exitoso de Orochimaru y nunca antes se había enfermado. Pero Sarada era una humana completa llena de defectos a diferencia suya que no era vulnerable. Necesitaba recuperarse o no llegarían muy lejos antes de que ella cayera inconsciente.
— Sara...
— Mitsuki, soy un estorbo — musitó con la voz casi apagada. Luchaba por continuar despierta abriendo más si es que era posible los ojos que yacían adormilados.
Mitsuki pestañeo extrañado varias veces, sin dejar de verla directamente. Le llamaba la atención la opinión tan dura que tenía Sarada de sí misma.
— No vamos a llegar muy lejos y rápido si sigo apoyándome en ti para caminar — murmuró entre pausas, jadeante. De un movimiento brusco se alejó como relámpago de su amigo. La mujer se sostuvo débilmente como pudo de pie. Fijó su mirada oscura en el centro de un tronco conectado con su respectiva rama ya seca, el tronco y su gruesa rama se veían borrosos para ella y hasta parecía que le bailaban por qué no dejaban de moverse de un lado a otro. Estaba absolutamente mareada pero ese síntoma no le impediría continuar su camino, era una ninja profesional no un aldeano cualquiera que se daba por vencido ante un obstáculo inesperado.
Entonces decidida cuando dejaron por fin sus pies de tambalearse saltó hacia arriba y se trepó en la rama ancha del tronco. Fue un verdadero martirio permanecer inmóvil sobre la rama con ese intenso mareo. Mitsuki se quedó abajo vigilándola perfectamente en dado caso de que se cayera para poderla rescatar. Sin embargo ella se quedó ahí, paralizada sobre la rama mirando medio perdida hacia al horizonte. Confiado de que nada malo sucedería subió también de un brinco veloz posando su figura imponente junto a la mujer. La morena a la vez al sentir su potente presencia giró la cabeza, le obsequió una fría mirada muy fugaz que le hizo pensar a Mitsuki que todavía guardaba rencor por lo que les hizo a todos. El hombre encogió los hombros desinteresado observando minuciosamente la espalda de Sarada cuando se adelantó y comenzó a trepar habilidosamente rama por rama. Él nunca sentía culpa de nada, tal vez remordimiento pero no se arrepentía de nada de lo que hacía. Si acaso cambió de idea y estaba ayudando a Sarada a escapar era porque quería volver a Konoha para ver a sus amigos, Shikadai, Boruto e Inojin la verdad los extrañaba. Aunque el remordimiento por su traición a su padre doliera más que cualquier cosa no se arrepentía. Sabía que tendría que pagar por su falta y estaba dispuesto a aceptar cualquier castigo con tal de tener saldada esa deuda. Su padre podría exterminarlo si lo quisiera, conocía el punto débil de cada una de sus creaciones, lógicamente a Orochimaru le servía conocer la manera de como asesinarlos para en dado caso surgieran casos como el suyo donde lo traicionaran.
Sonrió complacido el chico. Si lo asesinaba por lo menos le quedaría la satisfacción de haber pagado su falta a su padre y también de no haber vuelto a traicionar a su equipo.
Con eso en su consciencia siguió pensativo a Sarada por los gigantescos árboles.
Nuevamente jadeaba incesantemente, sus ojos adormilados iban perdiendo la batalla por permanecer despiertos. Le impresionaba a Mitsuki que hubiera sido capaz de durar una hora activa con esa debilidad. Luego la impresión cedió su lugar al susto.
Sarada cayó de pique de un viejo árbol de ocho metros de alto. Iba descendiendo rápido con los ojos cerrados respirando agitada hasta que a punto de proyectarse contra el brutal suelo fue atrapada ágilmente por Mitsuki en el aire.
Mitsuki aterrizó discreto sin hacer nada de ruido. Llevaba a la mujer cargada sobre sus dos brazos. La cabeza femenina colgaba floja hacia atrás totalmente debilitada, incapaz de mantenerse erguida. Su compañero concluyó que estaba en un estado semiinconsciente del que no saldría en unos minutos.
Afligido por su compañera pero también a la misma vez molesto por la impotencia que sentía al no poder seguir viajando resopló bastante inconforme mirando a la mujer con demasiada intensidad. Lo peor no era que estuviera vulnerable a cualquier ataque, lo peor era que tendría que esconderse por ella y la verdad en ese enorme bosque a simple vista no se veía ninguna cueva donde meterse. Tampoco podría estar en medio del bosque y la total oscuridad debido a la salud de la Kunoichi. Necesitaba un médico urgentemente o seguro empeoraría su estado de salud.
Resignado se puso a crujir sus blancos dientes, era muy raro que demostrara sus emociones, nunca perdía la cordura pero ahora mismo estaba demasiado frustrado porque también aparte de una guarida tendría que hallar un médico o un curandero mínimo que supiera remedios naturales para su enfermedad. La aldea del barro se encontraba hacia la derecha a dos kilómetros de ahí. Llegaría con su velocidad en una hora solo porque traía consigo cargando a Sarada de lo contrario llegaría en media hora.
No le quedaba de otra, no tenía entre sus planes abandonarla. Sin el ánimo de perder más tiempo, y con nada de gentileza colocó el esbelto y frágil cuerpo de Sarada sobre su hombro, sino fuera tan terca ahora estarían descansando los dos en vez de haber seguido viajando pero en lugar de eso su orgullo le instó a decirle a él que ella le estorbaba y que no necesitaba más su ayuda para caminar sin reconocer que no podía hacerlo porque se sentía mal. Recordando aquel mal trago se aventuró a cruzar esos largos laberintos compuestos de plantas y hierbas algunas posiblemente venenosas. Si la suerte se ponía de su lado y se recuperaba la mujer entonces cuando anocheciera ambos retomarían su andar.
Sería una ventaja viajar de noche de ese modo seria extremadamente difícil que los encontraran los súbditos de su padre.
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— Esto es preocupante — murmuró Naruto contemplando serio la aldea a través de la ventana abierta.
— Si lo sé...— respondió su consejero con el mismo semblante sin gracia, observándolo haciéndole compañía.
— Tenemos dos días que no nos ha llegado un informe sobre la misión del equipo 7. Konohamaru es un hombre muy responsable y no creo que se le haya olvidado tenernos al tanto.
— Bueno Naruto. Es cierto que en ocasiones se extienden las misiones por algo no planeado — refutó sereno tomando un cigarrillo de la bolsa de su pantalón.
— En casos como ese... — el rubio observó absorto hacia abajo a la aldea — ¿crees que debemos enviar refuerzos?
— Hmm — mirando al techo le dio una profunda calada de humo a su cigarro, después lo separó de sus labios — yo creo que hay que darles el beneficio de la duda — con una actitud decidida volvió a centrar su mirada fija en Naruto, claro que en su espalda ya que seguía asomándose por la ventana de su oficina — Si para mañana no hay un informe sobre la misión entonces mandáremos al equipo 10 como apoyo. Ya tiene tiempo que no va mi hijo a misión, tampoco es que este entusiasmado por trabajar pero Temari no lo quiere ver de perezoso en la casa ni de vago. Dice que no quiere que sea como yo.
Naruto se giró hacia él carcajeándose bastante de las palabras de Shikamaru. Para todos Temari siempre ha sido una mujer de temperamento fuerte que no tiene reparos en demostrarlo. Una mujer por demás sincera que valía la pena tener como amiga o esposa pues nunca te miente y nunca te traiciona. A pesar de ser agresiva era muy leal.
— Si...— asintió sonriendo el rubio hokage — entonces hay que ir preparando a partir de mañana al equipo 10 en dado caso de que no nos llegue ningún mensaje de Konohamaru.
Shikamaru volvió a inhalar gustoso el tabaco de su cigarro. Era una sensación placentera la relajación que le proporcionaba la nicotina en su cuerpo.
Empezó a fumar desde que murió Asuma y como si fuera una herencia de su parte le tomó gusto a ese vicio. También era cierto que era una especie de homenaje a su memoria seguir sus pasos. Cada que se llevaba un cigarro a la boca se acordaba de su entrañable sensei.
— Le avisaré yo a Moegi personalmente, para que se aliste en caso de requerirla.
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Mitsuki se encontraba meditando profundamente sobre lo acontecido. Hasta ahora lo ocurrido no representaba un grave problema pues al parecer el panorama estaba a tranquilo allá afuera. Además afortunadamente había encontrado un refugio a tiempo tan solo una hora antes de que la luz del cielo se apagara para ceder su lugar a la oscuridad. La aldea del lodo estaba totalmente rodeada del bosque, era un sitio aislado de pocos habitantes que se dedicaban a la construcción y a la agricultura, aquí estaban los mejores arquitectos del mundo. No era para nada una aldea de lujo de hecho era muy humilde y pequeña. Estar ahí le hacía sentir a cualquier turista que estaba en una época antigua por el diseño de casas de esa aldea. Era de los pocos lugares donde la tecnología aún no había llegado, no existía un sistema de comunicación avanzado ni un sistema de transporte moderno, sus habitantes aún se trasladaban en canoas o a caballos. Así que por esa razón Mitsuki se sentía seguro estando adentro de una aldea poco impresionante que no llamaba mucho la atención a los shinobis. Casi estaba escondida gracias al inmenso bosque virgen que la rodeaba como muralla.
Aparte de eso la gente de ahí era muy cordial. Cuando llegó apresurado con una Sarada convaleciente algunas personas se acercaron a auxiliarlo. Y de entre ellas una anciana bastante respetada por los aldeanos le ofreció su cabaña para revisarla.
Y ese es el modo en que llegó a ese hogar. Él estaba con su semblante misterioso observando quieto la oscuridad tenebrosa que se escondía detrás de los arboles gigantescos que se veían desde ahí, los mismos que abrazaban a la aldea celosamente. La expresión de su cara no era de agobio ni de enojo, de hecho no transmitía nada porque su reflejo destilaba misticismo como siempre.
Se puede apreciar una conducta de displicencia total imposible de romper con facilidad. Sino fuera porque en realidad Mitsuki poseía corazón cualquiera creería que se trataba de un robot.
Solo había una cosa que disfrutaba ese chico en el mundo. Cumplir con las misiones o con determinada meta le otorgaba un placer parecido al que disfrutaban los dioses. Y entre más complicada y extremista era más le daba placer.
Aunque por desgracia en este momento por la posición en que se encontraban no podía seguir con la meta que se había fijado él y Sarada.
La salud de su compañera les impedía continuar con su viaje hacía Konoha o hacia un lugar donde esconderse para despistar a los siervos de Orochimaru. Al final de cuentas tendrían que llegar a la aldea oculta de la hoja a resguardarse y lo peor todavía no sucedía pues al llegar tendrían que contarle al hokage la verdad de todo lo ocurrido y si bien Naruto tenía fama de ser condescendiente y nada rencoroso lo que había hecho Mitsuki era una traición descarada que no tenía por objetivo secuestrar a cualquier aldeano sino a la hija de su mejor amigo, casi hermano. A lo mejor Naruto lo perdonaba pero Sasuke no. Sasuke era rencoroso y de sangre fría casi como Mitsuki, solo se permitía ser más humano y cándido con su esposa, su hija y su amigo Naruto de ahí en adelante era antipático con la mayoría.
Ahí sentado en las escaleras afuera de la cabaña de la anciana estaba Mitsuki meditando todavía. Aguardaba paciente a que la anciana le dijera el nuevo pronóstico de su compañera ya llevaban tres horas ahí. La primera vez que le informó le dijo que la chica de cabello negro como la pasa padecía de una grave fiebre que le había hecho caer casi desmayada, según contó deliraba y decía incoherencias producto de la alta temperatura de su cuerpo. Era tan elevada que se atrevió a compararla con un cántaro de agua hirviendo y se lo creía, porque él había sentido los brazos de la chica sobre su cuello y se dio cuenta de la anormalidad en su temperatura.
Además la anciana que sabía de remedios medicinales con hierbas le mencionó que venía deshidratada. Le regañó a él por tal descuido porque la deshidratación en su estado la habían debilitado a tal extremo que podría haber causado su muerte en unas horas más.
Pero es que él era un humano modificado no padecía nunca enfermedades así que no sabía cómo proceder en casos así, esta era la primera vez que veía a alguien enfermarse.
La anciana por mero compromiso casi obligada le había invitado a pasar a su cabaña para que se reguardara de la ligera llovizna de la tarde, ¿Qué pensarían los ciudadanos de ella sino demostraba hospitalidad a los extranjeros? Tenía una imagen respetada que cuidar. Para su fortuna él se negó a entrar para darle tranquilidad a Sarada y no perturbarla; tampoco quería ser un estorbo para la anciana que ya llevaba mucho tiempo tratando a la kunoichi en el futón en la sala.
No sabía que tanto hacía allá en el interior pero desde la calle podía percibir el aroma de hierbas de menta. Y toda una mezcla de más olores de la naturaleza.
La anciana curandera de la aldea, la que se estaba haciendo cargo de Sarada y que lo ofuscaba con su mirada extenuante como si lo estuviera juzgando. Se daba por enterado que la anciana lo culpaba por estado de la Uchiha por no llevarla a atender a tiempo con algún médico o con alguien que sepa de medicina natural como ella que era una experta conocedora de plantas medicinales. Mitsuki no se sentía culpable como fue aclarado antes pero sí que era casi insoportable tolerar el mal juicio que la mujer mayor hacia sobre él. Es más, en ese momento se escuchó detrás de él el rechinido que hace una puerta de madera muy vieja cuando se abre. No tenía curiosidad alguna por voltear su rostro ya que era obvio quien era. La anciana de pie se posó a su lado un poco más adelante del cuerpo del varón para verle bien la cara al muchacho.
No entendía la parsimonia que reflejaban sus facciones estando muchas horas con el desconocimiento del estado de la salud de la que creía era su pareja sentimental pues cualquiera que viera solos a una mujer y a un hombre eso pensaría.
También pensaba que eran una pareja de comerciantes pero matrimonio al final de cuentas. Así que si, le molestaba la indiferencia del hombre en esa situación crítica.
— Tan poco caballeroso — murmuró a regañadientes alcanzando a escuchar el susurro el pálido joven más este para evitar un conflicto inútil, la ignoró. Él siguió sentado en el pequeño escalón de madera de la cabaña optando por seguir pensando.
— Te voy a decir una cosa hombre — empezó a decir en un tono de reclamo — si hubieras dejado transcurrir las horas antes del anochecer esta joven mujer habría entrado en un coma irreversible y como sabrás aquí no hay ningún hospital cercano a donde ir, somos una comunidad aislada de la civilización. La chica habría muerto irremediablemente antes de la mañana.
— ¿Qué es lo que tiene? — preguntó a secas minimizando las palabras de la anciana. Ni sí siquiera se tomó la molestia de mirarla. Encontraba más entretenido fijar su atención visual en los árboles. La anciana empezaba a acostumbrarse disgustada a ese tipo de actitudes toscas.
— Trae el rastro de un golpe en la cabeza, lo noté por la sangre seca que tenía entre las hebras de su cabello. Sin embargo lo peor es que no toda la sangre propiciada por el golpe logró salir, alguna quedó encapsulada provocando una pequeña hemorragia interna lo que explica porque llego inconsciente y en un estado delicado.
— Hm — sonó de los labios del chico. Ese sonido y su posterior mueca no evidenciaba ni molestia ni felicidad por enterarse que Sarada ya estaba fuera de peligro luego de cuatro horas sin saber nada de ella pues no había querido entrar a la cabaña a cerciorarse de su estado de su salud aun cuando la curandera lo había invitado de mala gana a entrar para no ser tan hostil porque aparte de todo tenía una buena fama que cuidar en el pueblo. ¿Qué imagen tendrían de ella los aldeanos si de pronto la más dulce, respetada y refinada anciana del lugar trataba mal a sus invitados? Además la brisa húmeda, rica y fresca que se estaba soltando era augurio de una tormenta eléctrica y el muchacho no podía permanecer en el exterior hasta que amaneciera bajo el pequeño techo de madera del porche de su cabaña.
— Te preguntaré por última vez — refunfuñó la anciana — ¿Vas a entrar o no? Si lo que no quieres es ver en estado deplorable a tu esposa te informo que de todas maneras no lo ibas a hacer aunque quisieras. Te prohíbo verla hasta que despierte ella. Es un castigo de mi parte por tu poca caballerosidad y atención hacia tu esposa.
— Mi...¿Esposa? — balbuceó inquieto Mitsuki fijando asombrado su atención en la mujer.
— Si. ¿Porque otra razón andarían un par de jóvenes de sexo opuesto solos en el bosque? Espero que estén casados y que no sean los típicos enamorados que huyen de sus aldeas porque sus clanes no los dejan estar juntos de esos abundan y de una aberración porque para los espíritus está penado que un hombre y una mujer copulen sin sin ningún compromiso como es una boda. En esta aldea es inaceptable que un hombre y una mujer convivan demasiado sino están comprometidos o casados. Pero como ustedes son fuereños y creo que están de paso toleramos sus actos, en cambio sí se quedan a vivir aquí entonces deberán casarse y vivir bajo nuestras costumbres.
— Ahora habla de casarse — dijo el muchacho desconcertado.
— Entonces es cierto — la anciana concluyó con sabiduría —...no es tu esposa.
— No lo es — afirmó Mitsuki colocándose de pie a un lado de la mujer.
— Con más razón no vas a verla hasta que se vayan ambos de la aldea. Mientras sigan aquí no se verán — mencionó exigente y renuente a una objeción.
— Oh — murmuró inconforme pero aceptando en silencio la regla de la curandera.
De todas formas tenia contemplaron irse mañana con Sarada estuviera o no inconsciente porque de seguir en ese lugar pronto los sirvientes de Orochimaru los alcanzarían y ellos debían sacar ventaja.
Cómo no podía hacer más al respecto, Mitsuki sumiso ingresó al humilde hogar de la mujer caminando detrás de ella a paso lento.
El joven al cruzar al umbral de la puerta de madera analizó la sombra en la pared de la silueta de Sarada. La kunoichi yacía dormida de lado en el futon en medio de la sala junto a una chimenea construida de barro. Se veía tan vulnerable y frágil así como se encontraba con los ojos tapados por sus párpados y su cabello suelto que a simple vista se veía húmedo, por el sudor producido de su anterior fiebre seguramente. De la fuerza descomunal física y espiritual no había quedado ni un gramo.
La anciana no era ninguna despistada por lo que se percató de la mirada atenta de Mitsuki sobre la mujer, como era incorrecto hacer eso tal como ya le había advertido, la anciana se enojó y le dio un golpe en la cabeza a Mitsuki con un bastón que había estado recargado en la pared, sacándole al hombre una mueca de dolor.
— No voltees a verla, es impropio al no estar comprometidos — le dio una fuerte reprimenda que vino a sacudir la mente activa de Mitsuki por lo que interrumpió sus pensamientos — Además se me olvidó decirte que tuve que quitarle esas prendas apretadas y calientes que le cortaba la respiración por su mal estado de salud — las mejillas pálidas del adolescente fueron el envase donde su sangre se acumuló dándole un color rojizo a la piel que envolvía sus pómulos — Venia deshidratada y con mucha fiebre por eso tuve que quitarle la ropa así que no te acerques, no te quiero ni a diez metros de ella — amenazó apretando los rasgos arrugados de la cara .
Mitsuki entendió en seguida la amenaza por segunda vez así que dejo de fijar automáticamente su mirada del contorno femenino y delicado de Sarada Uchiha como si fuera un objeto de gran valor que solo se le permite ver exclusivamente a contadas personas. No le importó no ser parte de ese grupo de personas, luego de que sí consiguiera analizar rápidamente la situación cuando sus ojos barrieron a la muchacha. A su opinión probablemente despertaría mañana, pero cansada y desorientada por la fiebre y la deshidratación que padeció. Pero como ya se había prometido, estuviera o no en excelentes condiciones tendría que arrancarla de los brazos de la vieja mujer para llevársela a continuar su largo viaje, sería una carga bastante pesada tenerla demasiado dependiente de él pero se supone que eran compañeros de equipo y según había escuchado no hay peor humano que aquel que abandonaba a sus amigos, ellos eran peor que la basura.
Retomó su andar bastante presionado emocionalmente por la anciana que lo tenía bajo estricta vigilancia, se notaba a kilómetros su desconfianza hacia él. Siendo lo más extremo que podría hacer en estos momentos con Sarada seria robársela en medio de la noche si es que los subordinados de Orochimaru andaban cerca y los obligaban a moverse de su escondite.
La anciana permitió que Mitsuki caminara ahora delante suyo, serviría para que fuera obligado a no voltear de nuevo hacia la chica semidesnuda bajo la protección de una delgada sabana roja.
De cualquier forma el ufano de Mitsuki no tenía contemplado seguir hurgando en la intimidad de Sarada. No era ningún pervertido o libidinoso que sentía curiosidad por saber cómo era el contorno de su cuerpo.
Con eso en mente se fue. La anciana le dijo al abrir una puerta que rechinaba de vieja, las bisagras estaban bastante carente de aceite.
— Esto es lo único que puedo ofrecerte, una hamaca. Acomódate como puedas
— ¿Y usted donde dormirá?
— ¿Acaso ves otro cuarto por aquí? — pregunto renegona.
Mitsuki paseo sus ojos por su alrededor y no hallo ningún otro sitio con puerta.
— Es obvio muchacho tonto que yo me dormiré aquí también — sentenció.
— ¿En serio? — exclamó incrédulo.
La mujer con una actitud arisca ya no contestó. Resopló nada más empezando a caminar hacia un rincón del cuarto que más bien parecía una bodega vieja.
Parecía que había dicho algo muy malo y como no conseguiría el indulto de la amargada y orgullosa anciana, Mitsuki subió de un salto a la hamaca. Se llevó los brazos detrás de la nuca clavando su mirada en el gastado techo, con goteras por cierto.
En tanto la mujer sacó del rincón de la habitación las cobijas que necesitaría para montar su propia cama en el suelo de madera. De inmediato sucumbió al sueño la curandera. En cambio el comportamiento de Mitsuki continuaba impávido.
Detrás de él la gran ventana de la habitación se asomaban relámpagos brillantes que iluminaban todo el lugar.
Debía ser ya la madrugada y él no podía conciliar el sueño. La verdad era raro que cayera en los brazos de Morfeo. No era un ser humano normal, bueno eso siempre lo ha sabido todo el mundo.
Al ser un experimento exitoso de Orochimaru nadie podía considerarlo un ser natural. Para empezar era un humano sintético y como tal estaba perfeccionado para no padecer males, su sistema inmune era más resistente que ninguno así que nunca enfermaba y lo mejor es que no se cansaba fácilmente; daba gracias a su chacra especial pues era extremadamente mayor en cantidad que el de un humano cualquiera. Tampoco estaba su chacra a nivel de un Jinchūriki, de hecho era muy inferior a ese pero definitivamente era un punto a su favor poseer un chacra anormal a la hora de pelear contra un ninja. Podía durar bastante tiempo en batalla y ganar.
Sin embargo ese no era su único don. Desde que era un puberto se pudo convertir en modo sabio. Una habilidad de cuidado que por lo mismo solo de vez en cuando demostraba.
Aburrido de todo, incluyendo del ruido de la tormenta, Mitsuki se levantó en automático. La anciana estaba de piedra, tenía un suelo muy profundo afortunadamente. Puso los pies en el suelo con la mayor cautela posible.
Con la tenacidad que lo caracterizaba camino en medio de la luz diurna que atravesaba el vidrio de la ventana.
Su objetivo era revisar a Sarada, esta vez la anciana no estaba presente para ofuscar su intención. Vanagloriado se puso antes a husmear un poco el sitio. No había nada que llamara su atención. Retomo su tarea de ir hacia su compañera. De pie se colocó sereno a su lado. La chica se había movido durante la noche, ya no estaba de lado como la encontró al adentrarse a la cabaña. Sarada se encontraba de perfil con las facciones de su cara hacia arriba.
Se percató después que ella tenía un pañuelo limpio pegado en la nuca, justo donde se había abierto una herida, desconocía si poco o muy profunda pero si sangraba profusamente cuando estaban todavía en los escondites de su padre. Intuía que la culpa de eso fue aquella criatura deforme que intento sobrepasarse con ella. Cuando lo descubrió encima de Sarada una sensación nueva recorrió rápidamente su cuerpo entero, sintió que le hervía la cabeza por las inmensas ganas que le dieron de alargar sus propios brazos para enredar el cuello de él como una serpiente que sofoca o rompe el cuello a sus presas. Y aún con ese anhelo por hacerlo tuvo que contenerse para no complicar su fuga.
Eh ahí entonces en ese momento, la expresión dura en el rostro de la muchacha. Aunque estuviera dormida, aparentemente descansando, cada línea de expresión de su cara parecía haber envejecido diez años. Reflejaba dolor o sufrimiento emocional. No sabía si estaba soñando, rememorando el episodio traumático o en el mejor de los casos era meramente dolor físico que podía esfumarse con el transcurrir del tiempo.
Un ardor en su estómago surgió como una llama en una antorcha. Instantáneamente y en todo su esplendor. Hipotéticamente podía ver los fragmentos del alma de la morena flotar en el aire. Estaba rota. Y como la digna mujer que era nunca mencionaría como se sentía tras lo ocurrido tal y como lo había hecho. Ella habría querido que él se tragara ese cuento de que estaba en perfectas condiciones y no le dolía nada, aunque reconociera en el fondo que había cierta penumbra en su alma. Si...el orgullo Uchiha se heredaba.
Aún con eso él era el menos indicado para reprochárselo. Siendo tan megalómano, según Boruto.
De la nada al estar inspeccionando el rostro de la muchacha, la expresión abatida de Sarada empezó a cambiar. Fruncía el ceño y luego inmediatamente lo relajaba, volvía a arrugar sus facciones para después alisarlas consecutivamente. ¿Estaba soñando? ¿Una pesadilla?
Salían quejidos de agonía de su garganta, sus dedos se abrían, después se cerraban formando un puño fuerte lo deducía porque apretaba los ojos cuando lo hacía. En una situación diferente ella podía recargar sus puños de chacra y golpear hasta destrozar cualquier cosa que impactara.
Pero estaba débil afortunadamente o de lo contrario él podría recibir uno de sus golpes y mandarlo a volar varios metros.
Mitsuki soltó el aire lentamente. Desgraciadamente la calma no le duro nada. Uno de sus peores miedos se volvió realidad.
— Mitsuki — murmuró al mismo tiempo que alargaba sus brazos fuertes. Envolvió sus antebrazos en el cuello del chico, mismo que pestañeaba aturdido, esperando el momento en que lo masacraría de un puñetazo.
Mitsuki no pudo evitar analizar los rasgos de Sarada. No proyectaban molestia alguna. Era la misma mujer en apariencia pero con una personalidad distinta. Poco a poco a base de respiraciones profundas exhaladas e inhaladas de los labios de Sarada, fue viendo como esta se acercaba cautelosa y él entre más próxima la sentía retraía su cabeza hacia atrás impidiendo el contacto letal de un posible golpe.
Pero el subconsciente de Sarada era necio. Fue evidente cuando para impedir que se alejara, lo tomó del rostro con ambas manos con tanta delicadeza, sin un ápice de brusquedad impregnado.
Por su parte, el hombre tenía encima un problema enorme. Si no paraba de acortarse la distancia entre ellos no podría huir; concluyó nervioso.
En realidad no supo en que momento absorbió por su nariz el aliento tibio de la Uchiha, pero después de eso lo siguiente superó su expectativa.
En un tiempo récord Sarada estaba uniendo sus labios cálidos con la boca completamente paralizada de Mitsuki.
Ninguno de los dos hizo el intento de mover los labios. Sarada lo sujeto con mayor firmeza del rostro pero sin apretar, negándole la retirada. Su objetivo era sentir la piel rosada que rellenaba por fuera las líneas de su boca. Mitsuki no daba crédito a lo ocurrido, mantenía los ojos abiertos de par en par como si una gran tragedia estuviera ocurriendo y no podía creerlo.
El suceso abrumó su consciencia anclándolo en la confusión. No lograba comparar la sensación con alguna otra conocida, todo era totalmente nuevo y por lo mismo no era extraño que se sintiera incómodo.
Fue Sarada quien rompió el contacto directo, animada por sentirse abrumada quizás. Cosa que de inmediato fue descartada porque al separarse de él se vio que continuaba en una estado de seminconsciencia dentro de un sueño.
Mitsuki no reaccionó tan rápido pero al hacerlo lo primero que hizo fue tomarla cuidadosamente por los hombros para volverla a acostar sobre el futon aparentando que no había pasado nada, aunque los latidos de su corazón se contrajeran y se relajaran velozmente.
Tal vez, y solo tal vez. Tendría la ventaja de que ella no recordara nada mañana. No quería preguntas ni cuestionamientos, pues ni él mismo sabía que había sucedido.
Lo que si es cierto; es que él necesitaba enterarse del significado de ese vergonzoso acto que a estas alturas lo obligaba a estar aturdido.
¢σηтιηυαяá...
