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Capítulo cuatro: Confrontamiento

Las horas de la noche habían transcurrido naturalmente y por fortuna con ningún incidente que haya sucedido que pudiera ocasionar que Mitsuki y Sarada se desplazaran hacia otro lugar para evitar toparse con los enemigos.

Tal y como lo prometió Mitsuki en sus pensamientos. A primera hora de la mañana tomaría a Sarada y juntos se irían a donde el viento los llevara a corto plazo pues Konoha prácticamente se encontraba en la otra punta de su mapa, no llegarían ahí hasta dentro de una semana y eso con dificultades porque primero tenían que perder de vista al enemigo, pasar desapercibido para que mejor se entienda pues aunque hasta ahora ya no habían visto a ninguno, por simple lógica ellos suponían que el primer lugar al que él y Sarada se irían sería a Konoha, razón por la que Mitsuki creía que el camino que los llevaría hasta la aldea debía estar invadido por los siervos de Orochimaru, allá escondidos entre las sombras esperando ansiosos capturarle para llevar de regreso a la mujer pues él como vil traidor se merecía solo la muerte, ya nadie podía confiar en él…había perdido por tonto la gran confianza que le tenía su padre, Boruto, el capitán Konohamaru y hasta Sarada quien era muy especial a la hora de entablar una relación de confianza, en algún momento le llegó a mostrar desconfianza hasta a su mejor amigo, Boruto. Era la chica correcta del grupo, que le gustaba tener su vida bajo control y que por lo mismo no permitía que alguien llegara a causarle turbulencias. Simplemente confiar a ciegas en alguien suponía un riesgo para la tranquilidad de cualquiera y es lo que había pasado con ella, cometió el brutal error de dejar de desconfiar tanto de Mitsuki como desde el principio si lo hacía. Ella se esforzó por depositar su seguridad en él y en Boruto. Hasta antes que ellos ese único mérito lo había tenido Chōchō, su leal amiga.

Sí; la verdad es que a Mitsuki le costaría una eternidad conseguir el indulto de sus amigos y el de Konoha entero si es que el Nanadaime se atrevía a juzgarlo por su traición.

Al imaginarse esto se dio un golpe de reproche en la frente con su mano mientras estaba razonando sentado, cómo era ingenuo, aún albergaba en su corazón la esperanza de poder salir airoso de este problema. Más bien como un valiente debería de aceptar cualquier castigo que le impusieran y con placer cumplirlo.

Entonces así sería. Se bajó del techo con una sonrisa decidida. Una vez más miró los arboles bellos que rodeaban a la aldea. Esta sería la última vez que pisara este lugar. Sería descortés marcharse sin avisar luego de la hospitalidad recibida por parte de los aldeanos, pero ese era el fin, irse sin dejar rastro. Así que se adentró sigiloso a la cabaña de la anciana para despertar a Sarada, esta con suerte estaría dispuesta a emprender su partida tomando en cuenta que el día de ayer su cuerpo exhausto había sucumbido al descanso.

Halló a Sarada sentada en el futon, dándole a él la espalda. Daba la impresión de que se acababa de despertar de su letargo y su semblante era de desconcierto. Permanecía inmóvil en su sitio. Mitsuki avanzaría hasta ella para descartar la posibilidad de que se encontrara mareada motivo por el que no quería ella moverse. Pero cuando alargo su pie para caminar hacia ella por desgracia este topó contra una lata sucia provocando un ruido bastante molesto que sacó de su escepticismo a la Uchiha.

Sarada giró pronto su cabeza lo suficiente como para ver un poco la silueta delgada del muchacho. La sorpresa fue nula, era normal que él estuviera ahí. Por algún loco motivo llegó a dudar que se hubiera atrevido a abandonarla y era loco pensar eso, repito, porque cualquier otra persona que se sintiera engañada como ella por él no volvería a confiar en nadie más.

Mitsuki era desleal, enseñó el colmillo, es decir que enseñó su verdadera personalidad.

Que más daba por ahora analizar el asunto. Luego cuando estuviera en otro momento recapacitaría todo lo que ha sucedido hasta ahora y en base a eso tomaría decisiones. Por ahora dejaría que ese joven la guiara para ponerla a salvo, ya que se sentía en ese instante vulnerable. Siempre se hacia la fuerte sobre todo frente a personas que no fueran sus padres, pero eso no quería decir que en realidad no se encontrara frágil por dentro. De hecho cuando más fuerte emocionalmente fingía estar es cuando más necesitaba del apoyo, la protección y el consuelo de alguien. Es como con cualquier animal que se siente amenazado, tienen que fingir que son imponentes para ahuyentar a todo lo malo que los amenaza.

Y algo, algo muy importante debió haber sucedido para que ella estuviera así de distante e indiferente. Ella lo sabía, sabía que tenía un trauma a raíz de lo sucedido con esa criatura horrorosa el día de ayer. No solo por el abuso del que fue víctima, sino por los estragos traídos por perder la consciencia tras sufrir males físicos de salud que hacían sentir su cuerpo más flojo, como si no fuera suyo.

— Sarada…

— Mitsuki — habló Sarada sin ningún tinte de emoción, ni de entusiasmo o decaída — ¿Qué estamos haciendo aquí?

— Aquí nos resguardamos anoche porque caíste desmayada de pronto durante nuestro viaje. Pero ten cuidado al hablar en voz alta porque no estamos solos.

— ¿A qué te refieres con que no estamos solos? — preguntó desconcertada.

— Es decir que la dueña de esta casa y quien nos dio cabida en ella se encuentra dormida en la planta alta. El objetivo es no despertarla.

— ¿Con qué motivo? — cuestionó a la defensiva la morena.

— Porque de saber que pretendo llevarte fuera de este pueblo sin habernos casado no nos permitirá salir.

— Ca…ca... ¿casarnos? — titubeo Sarada abrumada.

— Es que en este pueblo son muy tradicionales — comenzó a explicar con precaución Mitsuki para no asustarla con las palabras que pudiera decir, además dejó de pretender acercarse más — es de los pocos lugares donde la tecnología no ha llegado y la educación aquí es bastante anticuada y reservada. Para que me entiendas mejor. Aquí la sociedad le da demasiada importancia a los valores.

— ¿Y eso que tiene que ver conmigo y contigo? — siguió confundida.

— Es simple. Precisamente por esa educación tan arcaica es que les parece incorrecto que una mujer y un hombre naveguen por el mundo sin tener ningún lazo afectivo que los una. Ya me cansé de decir que no somos esposos pero la vieja de este lugar no quiere escuchar mis argumentos, es obvio al ser una mujer muy importante para la aldea.

— ¿Entonces no podemos irnos de aquí? — concluyó poco receptiva e indignada porque ¿Quién se creía esa desconocida para decidir cómo manejar su vida? ella no quería casarse ni tener hijos.

— Sí que podemos…a menos que quieras escuchar los regaños de esa astuta mujer si esperamos a que despierte para agradecerle su gentileza de dejarnos hospedar aquí.

— No…mejor prefiero irme — se levantó energética, resbalando por las piernas la sabana que la tenía hasta entonces cubierta — así que partamos ahora mismo — propuso entusiasmada.

— Sa…Sarada — la voz de Mitsuki se escapó temblorosa. Sarada no comprendía el repentino motivo del nerviosismo de Mitsuki hasta que sintió una ráfaga de aire frío acariciarle la espalda y las piernas cuyos poros se dilataron por la baja temperatura.

Lo siguiente que se escuchó…fue un grito que recorrió cada rincón de la cabaña.

Preocupado Mitsuki corrió a taparle la boca con la mejor velocidad posible. Seguramente llegó algo tarde pues el sonido si pudo haber llegado hasta los oídos de la anciana.

Sarada se quedó petrificada en su lugar. De pie y con los brazos descansando hacia los lados, con su cuerpo titiritando del frío pero más que nada de la impresión, incluso ya la vergüenza se trasminaba en sus mejillas furiosamente sonrosadas. Tan solo los ojos desorbitados ya indicaban lo impactada que se encontraba.

Mitsuki no era tan ajeno. Esto que estaba haciendo era lo más atrevido y representaba lo más terriblemente incómodo en su vida.

No había entre ellos ningún contacto físico que no fuera solo su mano varonil con su boca, eso ya era algo positivo por lo menos. Si no fuera porque sus ojos dorados bajaron hacia el suelo producto de una reacción tímida de su parte para evitar verla en esa situación bochornosa, podría decir que el problema no resultaría tan grave y Sarada lo disculparía por su poca amabilidad al ir a taparle la boca. Pero si se da cuenta la mujer de que sus ojos se deslizaron por error sobre la suave malla de piel del glúteo de Sarada entonces si podría llamarse hombre muerto.

Dentro de todo lo malo…era una fortuna que tuviera su ropa interior bien puesta, cubriéndole sus partes prohibidas, por más delgada que su tela fuera.

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Los cánticos de las aves rapiñas y no rapiñas de los bosques ricos del país del fuego se escuchaban en todos su esplendor por los lugares por donde avanzaban un par de jóvenes bastante callados. Era tanto la carencia de ruido humano que incluso se podían escuchar las alas revolotear de los pájaros, unos salían de entre las ramas de los árboles en busca de alimento para sus nidos, para ellos mismos o quizás solo volaban para buscar pareja.

Ya había trascurrido cerca de media hora desde aquella catástrofe emocional producido en Sarada.

La única persona que la había visto en paños menores y eso de pequeña fue su madre de ahí en adelante nadie más y hubiera seguido con ese mismo récord sino fuera porque Mitsuki se había encargado de pararlo.

Se sentía bastante incómoda escalando los árboles junto a él, era como si el muchacho invadiera su espacio personal y eso era incoherente puesto que debían andar juntos porque iban en busca del mismo objetivo, perderse hasta despistar al enemigo unos días, luego regresar hacia Konoha. Aún estaba la incógnita de que haría ella una vez que pisaran Konohagure.

Se supone que su obligación como ninja era ser leal hacía la aldea informando todo lo que sucediese en su misión, pero hacerlo significaría darle la espalda a Mitsuki, prácticamente era entregarlo a las autoridades de Konoha para que la división de fuerza de interrogación y tortura de Konoha, liderado por el temible Ibiki Morino lo interrogaran y mediante el uso de tortura si es que era necesario para sacarle toda la información sobre los nuevos planes de su padre.

El hokage no era despiadado como para aceptar el uso de esos métodos violentos pero había ciertos asuntos en los que él no podía meterse. Tenía superiores, gente más influyente que él que tomaban las decisiones más importantes de la aldea y la cuestión de la seguridad era una de ellas. El consejo sin duda era el verdadero dueño de Konoha, el nanadaime solo los representaba. En resumen no quería ser la culpable de que trataran como criminal a Mitsuki, seguramente Boruto tampoco estaría de acuerdo en entregarlo para que le hicieran pagar su delito porque él valoraba más que a nadie a los amigos y por lo mismo jamás los lastimaría.

Tendría que dejar de pensar en ello, total que aún faltaba mucho para llegar a Konoha. Y sus pensamientos se volcaron nuevamente en el momento en que Mitsuki la vio levantarse del futon. El recuerdo la obligó a sonrojarse del coraje y de la vergüenza de nuevo.

Ella era muy cuidadosa en todo su aspecto, en la imagen que proyectaba en los demás porque era una mujer muy correcta que no aceptaba fácilmente los errores cometidos por los demás o lo imperfectos que podían ser. Si Mitsuki llegaba a decir algo accidentalmente sobre lo sucedido y se corría el chisme entre sus compañeros de la aldea su imagen quedaría estropeada de por vida. Por más fortaleza emocional que tuviera había ciertas cosas que la derrumbaban.

Tenía sus propios ideales difíciles de corromper, esa por fortuna era una característica que debía tener todo aquel individuo que quisiera convertirse en hokage, tener una fortaleza emocional inquebrantable era indispensable por eso se esforzaba por hacerse la fuerte ante acontecimientos desfavorables, como cuando perdía una pelea. El orgullo le ayudaba a recuperar la confianza en sí misma procurando no caer en la maldición del odio que habían cargado muchos Uchiha. Debía ser muy lista para saber hasta qué grado debía sacar su orgullo tras una herida mental producida por algo que no había resultado a su favor como cuando estaba tensa al ser acorralada por el enemigo. El orgullo naturalmente aparecía y cuando sucedía despotricaba palabras hirientes que al enemigo le erizaban los cabellos de la nuca de la furia y eso le quitaba la confianza a su rival y era cuando ella aprovechaba para contraatacar como última opción para salir viva y triunfal.

Era una mujer ágil, el cerebro del equipo 6 liderado por Konohamaru. Boruto era la nobleza y la valentía combinada y Mitsuki la pieza firme y letal a la que no le temblaba la mano para hacer las cosas, el muchacho jamás dudaba de lo que debía hacer así que era la versión personificada de la decisión. Boruto era de noble de corazón y sentía compasión por los demás, contrario a él Mitsuki era frío y no perdonaba a sus enemigos no se conmovía. En cambio Boruto buscaba primero la forma de evitar una confrontación con aquellos enemigos que tenían un lado bueno pero que por alguna razón terminaron cometiendo actos maliciosos. Mitsuki en cambio iba directo a la violencia con intención de masacrar para bañar el suelo de sangre tal y como lo intentó con la delegada de la clase, Sumire Shiragaki cuando se supo que era la portadora de Nue. No sabía Sarada porqué de pronto los estaba comparando pero si le quedaba claro que si ponía a ambos hombres sobre la balanza Boruto salía ganando.

Siempre; desde que conoció al chico Misuki tuvo el claro presentimiento de que algo no era normal en él. Parecía un envase vacío de sentimientos, un cascaron sin yema, un cuerpo sin alma.

Hace mucho cuando él luchó por primera vez con Iwabe en un simple ensayo para una clase, Mitsuki atacó muy seriamente. Podría haber hecho un daño muy grave a su contrincante sino fuera porque Boruto intervino cuando estaba asfixiando a Iwabe. Para ella que el chico no era muy consciente de lo que podría provocar o sencillamente le importaba poco si mataba a alguien como si la vida fuera cosa poco valiosa. A veces se preguntaba si acaso también él creía que su propia existencia no significaría ningún cambio positivo o negativo en la naturaleza, como si su muerte o su existencia valiera tan poco que nadie la notaría y ésta fuera a ser suplida por cualquier otra.

Analizándolo fue que había llegado a la tardía conclusión de que era un desequilibrado mental por eso por su parte prefería tomar su distancia y no relacionarse mucho con él.

Ahora más que nunca no se acercaría. Entrecerró los ojos, avergonzada, haciendo un gesto de disgusto bastante cómico. Afortunadamente no pudo ver su expresión el muchacho al tenerlo detrás de ella corriendo sobre los árboles.

Sin embargo el joven era muy susceptible y presentía que no era bienvenido en el territorio de Sarada. Era como si la chica tuviera un letrero en su espalda diciendo "aléjate".

Bastante lo repelía y él no tenía la más mínima intención de ignorar la advertencia. Había visto como se ponía su madre de violenta cuando le provocaban y daba miedo simplemente imaginándosela estallar como ella.

A la vez, Sarada estaba en un dilema. Tenía algo que decirle a él o más bien advertirle, pero tendría que sacar de nuevo ese tema a relucir y era muy incómodo. Pese a eso era necesario.

— Oye Mitsuki — la voz grave de Sarada poseía un tono poco cordial. Un destello brillante en las gafas de Sarada le dio un toque aún más temible. Mitsuki asoció la voz de la chica a que era demasiado serio lo que quería decirle. Presentía que algo desagradable le diría — ni una palabra de lo sucedido. ¿Entiendes? — advirtió con un tinte de amenaza.

— ¿Ah? — reaccionó confundido arqueando ambas cejas. Pero luego cerró la boca comprendiendo de inmediato a qué se refería ella. Lo apropiado era solo asentir y ceder a su pedido o más bien a su exigencia sin replicar. Así lo hizo por evitar un conflicto. Sarada no escuchó ninguna respuesta de su parte dando por hecho que por lo menos guardaría discreción absoluta como un caballero, quedó satisfecha con eso.

Pero Mitsuki era bastante raro. No podía confiar cómo ahora en que se quedaría callado. Solía ser demasiado sincero y bocón y ese detalle sobre lo oportunista que era se le olvidó en ese momento a la mujer por eso la agarró desprevenida lo que declaró el hombre sin ninguna pena.

— ¿Pero qué es lo que te avergüenza que no quieres que sepan? No lo entiendo — exclamó preocupado al no hallar explicación — sino tienes feo cuerpo. No estás gorda como Chocho, ni demasiado delgada como Sumire que se ve tan frágil con ese cuerpo. Creó que según los estándares físicos del que habla tanto Iwabe, Shikadai y Boruto tienes un cuerpo perfecto.

Las mejillas de Sarada se habían tornado furiosamente rojas desde que escuchó el halago respecto a su definido físico. No era por ser vanidosa pero ella sabía que se encontraba en buena forma por algo entrenaba tres veces por semana con su madre o cuando se podía hasta con su ocupadisimo padre al que casi no veía. Pero una cosa era que ella lo reconociera y otra cosa es que se lo dijera directamente un chico, y con esa seguridad y descaro que caracterizaba a Mitsuki se ponía más nerviosa. Lo peor es que si Mitsuki decía algo muy seguramente no era en tono de broma porque rara vez bromeaba. ¿Cómo podía reaccionar ante eso? su la había agarrado desarmada. Ah sí, ya supo cómo repelerlo...fingiendo restarle importancia a lo dicho.

— Calla — ordenó titubeante ella. Tal y cómo si sus cuerdas vocales estuvieran dando brincos y no pudiera salir su voz con claridad.

— ¿Qué? — se encogió de hombros haciéndose el inocente — ¿Está mal tratar de subir tu autoestima? — exclamó interesado.

— No necesitó que me suba nadie él autoestima, sé quién soy — replicó de manera ruda.

— Tranquila — diciendo eso se río un poco. El atrevido muchacho estaba pisando terreno desconocido en la vida personal de Sarada y eso la inquietaba — intentaba apaciguar un poco el ambiente. Creo que se siente tenso — continuó diciendo entre sonrisas ligeras todavía ante la mirada severa de Sarada quien no se dignaba a verlo continuando su andar sobre las ramas de los árboles con esa agilidad de admirarse.

A Sarada le provocó curiosidad algo que había mencionado al azar Mitsuki, no tuvo reparo en preguntárselo después de todo tenía el derecho a hacerlo porque estaba involucrada...y todo gracias a tres personas a las que tenía que encarar cuando los viera. Iwabe, Shikadai y Boruto debían de prepararse para su ataque de preguntas.

— Mitsuki...

Él chico borró la sonrisa liviana de su rostro cuando escuchó su nombre.

— ¿A qué te referías con eso de los estándares físicos de los que habla Boruto?

— Sobre eso...— alzó la cabeza admirando el cielo gris con esa actitud analítica, dudando en cómo decirlo — pues no es sólo Boruto. En realidad son temas que se tocan en las reuniones de hombres.

— ¿Reuniones? — carraspeó intencionalmente para aclarar la voz— ¿Secretas?

— Así como ustedes las chicas a veces de juntan para platicar, los hombres también lo hacemos.

— Si eso ya lo sabía.

— En ese caso te imaginarás ya que uno de los temas de los que más se tocan durante las charlas aparte de los videojuegos son las chicas. No sé qué obsesión tienen con eso del amor. Pero al parecer les importa mucho conseguirse una novia. Creó que algunos chicos ya tienen citas. A veces se dan consejos entre ellos como si fueran unos expertos.

— ¿Y eso del estándar es porque quieren una chica que cumpla con sus requisitos? ja — resopló ofendida. Es por esos pensamientos narcisistas de los hombres que solo los veía como monos descerebrados y en celo — es muy superficial.

— Ellos dicen que ustedes las mujeres también califican a los hombres por su aspecto físico y su personalidad. No entiendo todavía la guerra de sexos que hay desde el principio de los siglos entre ustedes, chicos y chicas. Al final resulta inútil atacarse verbalmente porque terminan congeniando cuando se relacionan mediante el amor. Son extraños los humanos — razonó inconforme.

— Más bien tú eres el extraño — afirmó con acidez — No sabes qué es lo que quieres en la vida. Vives cada día como si no lo valoraras, desperdicias tu vida con esa mentalidad conformista porque no tienes ninguna ambición. No tienes ninguna meta fijada para esforzarte a ser mejor — empezó a argüir para darle certeza a lo que pensaba de él.

— Yo sólo vivo para servir a mi padre — argumentó concentrándose más en el camino. De alguna forma quería que Sarada entendiera que no le interesaba tocar ese tema.

— Y ahora que lo has traicionado eso dejó de ser tu meta. ¿Cuál es ahora entonces? — lo encaró ciertamente molesta. Le desesperaba la actitud indiferente de Mitsuki. Le molestaba que nada le importara, ni siquiera su futuro.

— Huir hasta que considere apropiado volver a Konoha.

— ¿¡Y después!? — volvió a atacar cada vez más enfadada por el hecho de que cada una de las respuestas de Mitsuki carecían de lógica. Según Mitsuki su vida giraba alrededor de su padre, el sujeto ese disponía de su cuerpo y sus sentimientos para beneficiarse él mismo sin importarle arriesgarlo a perder su vida o lo poco que aún le quedaba de sensibilidad humana porque para él solo era un arma indestructible. Era tan estúpido desvivirse por alguien, nadie merecía tener tanta vehemencia como la que Mitsuki mostraba a su padre casi de manera enferma.

— No pienses que volveré contigo para que me esposen — mencionó sonriendo con cinismo — por ahora solo se me ha ocurrido dejarte cerca de Konoha para que tú sola puedas entrar. Después voy a proseguir mi camino como un ninja renegado.

— No es muy inteligente de tu parte. Además vas a abandonar a tus amigos — la verdad no le hacía gracia la idea de Mitsuki; parecía muy desconsiderada pues no pensaba en sus amigos, solo en él para que nadie lo atrapara.

— Por ahora no me preocupa, cabe la posibilidad de que no sea un adiós definitivo. Tal vez cuando te conviertas en la nueva hokage me indultaras y me dejarás volver a Konoha.

Sarada se mantuvo silenciosa meditando profundamente las palabras crudas de Mitsuki. Era impresionante la manera en que todo se tomaba a la ligera como si fuera tan fácil conseguir las cosas. En su caso la sola idea de querer convertirse en hokage significaba un reto complicado que le llevaría años cumplir. Debido a eso Mitsuki debía saber que era incierto todo lo que pretendía, a lo mejor no podría volver a poner un pie en Konoha porque en el futuro ella no consiguió ser hokage.

— Quién sabe...— amplió más su peculiar sonrisa, una sonrisa que nunca sabría Sarada porque la dibujaba sino lo meritaba la delicada situación en la que los dos estaban involucrados, a lo mejor hasta era un gesto falso para transmitirle confianza, viniendo de Mitsuki no sería raro, él era tan falso, ya lo había demostrado — con suerte cuando ese día llegue me llevaré la sorpresa de que estas casada con Boruto.

— ¿¡Cómo dices!? — Dio el grito en el cielo bastante exaltada, los pajarillos de las copas de los árboles salieron rehuyendo por el abrupto ruido — ¿yo casada con él? — Agitó su largo cabello negro cuando giró su cuello hacia atrás para verlo tal como lo haces cuando hay un loco cerca — ¿Por qué lo dices? bueno no sé porque te lo pregunto si siempre has intentado liarme con él, desde que éramos unos niños.

— ¿Y qué tiene de raro? sus padres son amigos desde la infancia, así que ustedes se conocen desde siempre. Se conocen mejor que nadie.

— De hecho no — meneó de un lado a otro la cabeza en una actitud renuente, en una clara negativa — Somos totalmente diferentes, jamás nos entendemos.

— Yo diría que se comprenden mejor que nadie y se agradan porque son iguales por eso siempre se pelean. La mujer se puso a la defensiva respondiendo rápido apenas que Mitsuki terminó de hablar.

— Tú no sabes nada del amor Mitsuki, confundes las cosas — soltó serena porque le tenía paciencia en ese aspecto a Mitsuki, después de todo el chico parecía nuevo en el terreno de los sentimientos. Aún no comprendía los diferentes tipos de sentimientos que existían en este mundo. De hecho él no conocía el mundo por eso cada que soltaba un comentario, regularmente era tonto — Que dos personas de pronto tengan algo en común no quiere decir que se gusten o que tengan que terminar juntos. Nuestros padres se conocen desde niños por eso nosotros siempre nos hemos visto las caras, pero el hecho de que nuestros padres sean muy amigos no me obliga a ser su mejor amiga también. De hecho yo casi no tengo amigos, pocos pueden comprenderme. Boruto en cambio es una persona legible, muy sociable y hasta cierto punto lo admiro por eso pero no quiero ser igual a él; de hecho no quiero ser igual a nadie — mencionó severa, obviamente no le agradaba ser comparada con nadie. Nunca le había gustado parecerse a ninguna persona desde que era niña. Tal vez tuviera algo de culpa el hecho de que es hija única y jamás tuvo que competir con alguien por la atención de su madre, claro, hasta que conoció a sus compañeros de la academia tuvo que empezar a ponerse a prueba, para ser mejor que todos, siempre siendo ella misma, siempre siendo auténtica bajo sus propios ideales sin dejarse influenciar por el resto.

— Hmm — se rascó la cabeza poniéndose a meditar el albino mientras la seguía por el camino entre la multitud de arbustos — lo que dices es bueno — reconoció con un suspiro de alivio, tal y como si le hubieran dado una noticia muy buena — Si tú tuvieras la personalidad de Boruto, no me agradarías, serias tremendamente inmadura y dirías muchas tonterías como él.

Los latidos del corazón de Sarada cambiaron de ritmo, pasaron de una sístole y diástole calmado a un palpitar alterado. Lo observó de reojo para ver qué cara tenía pero a diferencia de ella no se veía afectado por lo que había dicho. El adolescente todavía no se daba cuenta de hasta donde sus frases podían afectarle. No es que él fuera especial o algo por el estilo, el problema era la magnitud de sus palabras que podían alcanzar a cualquiera y perturbarlo. Ya no sabía si lo hacía intencionalmente porque disfrutaba dejarla callada.

Sarada se mordió la esquina del labio. Se ponía nerviosa cuando se tocaban temas tan personales. Necesitaba despejar la mente y relajar la cabeza la cual sentía extrañamente caliente. Temía que la temperatura de su frente volviera a indicar fiebre como el día anterior, lo raro es que físicamente no se sentía mal.

Se desvió de repente de camino sacando de contexto a su compañero. Mitsuki la siguió confundido. Sarada anduvo unos metros hasta que finalmente descendió del árbol y se detuvo junto a un río cerca de una cascada. Había escuchado el ruido del agua caer con tanto frenesí que supuso que había una cascada cerca. Aprovecharía el cauce para beber agua fresca y descansar un poco antes de continuar el viaje.

Silenciosa se acercó hasta la orilla del río ante la observación atenta del chico. Se puso en cuclillas e hizo con sus manos una especie de recipiente para cargar agua entre ellas al sumergirlas en el agua, bebió y se mojó la cara.

Fue relajante realmente, eso era lo que necesitaba, un momento de paz.

También necesitaba bañarse. Creía que olía mal o simplemente la suciedad que sentía no venía precisamente de su cuerpo sino de su alma manchada por el recuerdo de los tocamientos que aquella bestia inhumana le había hecho en el escondite de Orochimaru. Por cierto que había un asunto que tratar con Mitsuki que no se le había olvidado, no había un maldito momento en que no quisiera reprocharle por haberla dejado a merced de ese violador asqueroso. Él tendría que pagar por ese error y si no quería ser víctima de su venganza tendría que buscar una muy buena excusa para dársela a ella porque eso no se quedaría así definitivamente.

Ambos seres le habían herido y los recuerdos de ese día se le habían quedado fundidos en la piel; cruelmente la perseguirían por el resto de su vida. Su único consuelo era saber que se había librado de que sucediera algo peor. También podría ir con sus padres y contarles, seguramente su padre estando furioso sería capaz de ir hasta el fin del mundo con tal de matar al responsable de hacerla sufrir. Podía sentir el amor que sentía su padre hacia ella aunque su mirada gélida y su actitud arisca no se le quitara. Solo su madre y ella sabían que sus acciones no correspondían a sus actitudes, podía parecer un hombre distante y frío pero les demostraba cada día que se preocupaba sumamente por ambas.

A pesar de tener la opción de cobrar venganza contra el maldito monstruo acusándole con Sasuke no lo haría. Su dignidad estaba de por medio y jamás expondría su imagen de mujer inquebrantable por culpa de él. Pero tampoco pensaba quedarse de brazos cruzados aparentando que no había sucedido nada de gran magnitud, claro que no señor, iba a buscarlo cuando considerara apropiado y haría de él algo menos que la basura.

Eso obviamente no le daría alivio hasta no hacerlo. Para nada. Pero Mitsuki sí.

— ¿Por qué no viniste a rescatarme antes de que ese compañero tuyo me atacara? — soltó la pregunta sin ninguna dosis de impaciencia, algo raro. Cuando hablaba con ese tono era preocupante, era como para ponerse en guardia.

— Porque no quería verme sospechoso llegando antes que él hasta tu celda — respondió sin más argumentos desviando la mirada hacia la cascada que estaba a unos metros.

— Entonces estas admitiendo que dejaste que abusara de mi falta de fuerza para defenderme — contestó en el mismo tono sin color ni sabor. Agachó más la cabeza, fijando su atención en los pequeños peces que nadaban en el río.

— ¿Qué crees tú que él hubiera pensado si me hubiera encontrado en el calabozo junto a ti antes que él? — La cuestionó impávido con cierta mofa pues Sarada estaba siendo muy ingenua, no se daba cuenta de la magnitud del problema en que por ella se había metido y todo por tratar de ayudarla — Se supone que él era el guardia de turno, yo no.

— ¿Y eso qué? — se quitó de estar de cuclillas levantándose del suelo. Cuando lo hizo se secó las manos húmedas por el agua del río con la tela roja de su uniforme. Por todos los medios evitaba un contacto ocular con Mitsuki, hasta que le dijo ella lo siguiente es que se atrevió a hacer conexión solo para regalarle una mirada resentida — Era más importante para ti proteger las apariencias que mi seguridad.

— De hecho lo que hice fue por nuestra seguridad. El guardia que estaba junto a ti hubiera pensado que era muy extraño que yo estuviera en el calabozo si nadie me había ordenado entrar.

— Y fue por eso que dejaste que las cosas prosiguieran hasta que encontraste apropiado entrometerte para evitar un desenlace fatal. Pues déjame decirte que no llegaste lo suficientemente temprano

— Se corren riesgos para conseguir lo que se quiere" es un "tómalo o "déjalo" — explicó Mitsuki elevando un poco el volumen de su voz, iba perdiendo la serenidad, cosa poco común — yo pude haberme quedado contigo hasta que el guardia llegara, pero él podría haberle dicho a alguien más que desconfiaran de mí al verme en el calabozo y eso habría frustrado nuestro escape porque me habrían estado vigilando más de cerca.

— Y no los culpo — sonrió torciendo la boca burlonamente y girando medio cuerpo hacia él. Le apuñaló el pecho con una mirada filosa. El joven se encontraba frente a una mujer endemoniadamente resentida que no aceptaría excusas por la grave falta que según ella había cometido— si fuiste capaz de traicionarme a mí, a tus amigos, con más razón serías capaz de traicionar a los que no lo son.

Mitsuki abrió exageradamente los ojos de par en par. Le había afectado cada letra liberada que llevaba una gota de malicia. Sentía el coraje atorado en la garganta y que empujaba a sus cuerdas bocales para salir por medio de su voz con palabras hirientes tal y como ella lo estaba haciendo.

—Todo esto es tu culpa — tembló su voz de remordimiento, no de tristeza, era un coraje infundado por los acontecimientos, inclinó la cabeza obsequiándole al pasto la atención de sus ojos — si tan solo no hubieras dicho nada en la celda, no te habría escuchado, no hubiera tenido remordimientos por traerte con él y yo hubiera seguido bajo el mando de mi padre. Pero lo he traicionado también — diciendo esto apretó los puños con fuerza.

— ¿Ah? — Exclamó incrédula fijando más su mirada profunda y negra en el albino quien seguía cabizbajo — no puedes decirme que lo que hice estuvo mal. Ya te dije que yo si tengo un buen motivo para querer seguir viviendo, tengo una meta. Quiero ser hokage…y para lograrlo no puedo dejar que me maten. No es mi culpa que tu no tengas un objetivo. Te desvives demasiado por alguien que no piensa en ti como hijo — ella lo dijo sin ninguna ganas de ser condescendiente, no se lo merecía.

— No soy su hijo de sangre. ¡Pero tú qué sabes! — Le reclamó en un tono despectivo — los lazos que nos unen no son genéticos como los tuyos con tus padres. Es demasiado complejo…solo te diré que si no fuera por él yo no siquiera existiría. Soy su creación y me hace feliz compensar lo que hizo él por mí al darme la vida. Lo único que podía ofrecerle era mi lealtad pero ya ni eso puedo hacer — confesó frustrado llenando los oídos de Sarada de esas duras palabras.

En ese momento se arrepintió un poco de lo gélida que sonaba cada una de sus oraciones pero era reacción del momento. Aún lo sentía culpable del mal trago que se llevó y tardaría tiempo sanar esas heridas pero ya era suficiente por el día de hoy, había desquitado un poco de su coraje con él.

Ahora satisfecha se daba cuenta de que ninguno de los dos se encontraba bien. Estaba tremendamente resentida que lo único que quería era hacerlo sentir igual de mal como ella estaba, ¿acaso no era injusto que sólo ella sufriera? Por eso Habiendo logrado ya su objetivo de hacerlo sentir basura tomaría su distancia. Ya no quería cruzar palabras con él. Se giró para alejarse hacia el río otra vez, pero en ese instante alguien le interrumpió.

— Sarada…— nuevamente la voz ronca y seca de Mitsuki logró cortar la respiración de Sarada pero esta ya estaba lista ante cualquier huracán de sentimientos, se había propuesto ser inmune a partir de ahora a él — yo también puedo ser muy rencoroso cuando alguien me ataca.

— ¿¡Y eso a mí qué!? — cruzándose de brazos respondió altanera más no lo dijo a gritos. Mitsuki tampoco se alteró pese a lo irritado que le puso su arrogancia. Pero eso no era todo, el muchacho tuvo un repentino cambio de humor de nuevo que podría poner en aprietos a Sarada.

— Espero que esto algo te recuerde y te haga sentir más repugnante — respondió el otro clavando en ella sus intensos ojos color miel y de pronto acortó la distancia entre los dos de forma abrupta pegando su cuerpo fuerte con su figura delineada y como si tuviera premeditado lo que ella haría se preparó para evitar su huida agarrando con cierta agresividad con una mano la cintura baja de la perturbada azabache para así atraparla entre su brazo y su tórax. La chica se estremeció e instintivamente para protegerse de las intenciones de él buscó retroceder pero el brazo izquierdo de Mitsuki alrededor de su cintura funcionaba como una pared y le impidió el paso.

Los ojos color miel, profundos y brillantes que parecían un espejo, se fundieron por una milésima en los ojos grandes color ónix de la mujer quien no daba crédito de la inexplicable acción. Tuvo el instinto de repelerlo trazando la manera de alejarse de su cuerpo pero estaba desarmada por eso comenzó su respiración a agitarse tanto que podía ser escuchada por el albino quien disfrutaba de tenerla así a su merced, desubicada. La chica tenía una expresión de susto y sus orbes zafiro continuaban abiertos desmesuradamente porque aún no se recuperaba del golpe del impacto. Lo que vino después terminó dejándole sin razonamiento alguno y eso fue cuando forzosamente Mitsuki la obligó a combinar su rostro moreno con el tono pálido de su cara al fundir sus labios húmedos con los suyos que estaban reticentes a tocarlos.

¢σηтιηυαяá...


Hola amigos, ya tenía un ratito sin actualizar. Agradezco mucho los comentarios de las personas que se tomaron la molestia de dejarme alguna opinión, algún halago o algo por el estilo. Eso me inspira a seguir escribiendo esta historia. De verdad pensé al comenzar a escribirlo que no encontraría a personas que les gustara la pareja MitsukixSarada, como desde el principio en los fan art se ha estado utilizando el BorutoXsarada creía que yo era la única que optaba por preferir a Mitsuki como pareja de esta chica. Es que de verdad no es que odie a Boruto pero su personalidad y su actitud me parece muy baka para alguien como Sarada que es más madura e inteligente. Mitsuki para mí es un chico serio, fuerte e inteligente por el que muchas chicas añoran, además viéndolo de esta forma no por el hecho de que Boruto y Sarada tengan en común que sus padres sean amigos eso quiere decir que ellos forzosamente tenga que ser pareja eso sería muy intuitivo ya que mucha gente soñó con el SasukexNaruto (hay muchos fics yaoi de ellos dos) y digamos que algunas personas de manera rara creen que Sarada es la versión mujer de Sasuke razón por la que poniendo a Borutoxsarada como pareja piensan de alguna forma que así su fantasia se ha vuelto realidad como si fuera un sasukexnaruto. EN LO PARTICULAR, a mí no me gusta Boruto simplemente porque es muy infantil y ridículo jejeje eso es lo único que puedo decir, me desagrada verlo como pareja de Sarada por ser tan opuestos, pienso que ella se merece como pareja a alguien mejor con otro estilo y que no tenga ninguna conexión con su familia como Boruto que es hijo del mejor amigo de su padre y de su madre.

Dicho esto, seguiré actualizando y espero que dentro de poco. Gracias nuevamente por su apoyo y hasta la próxima.