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Capítulo cinco: Tensión, presión y suspenso

Después de aquel episodio amargo ninguno de los dos volvió a acercarse. Y la verdad dudaban que en las siguientes horas lo hicieran; sobre todo Sarada quien quedó muy indignada por la manera en como Mitsuki se sobrepasó con ella.

La joven era una mujer digna, orgullosa y que jamás se le olvidaba lo que le hacían, así que también era terriblemente rencorosa. Por lo tanto Mitsuki sin tan inteligente era podía esperar alguna venganza de su parte o en su defecto tendría que tolerar durante mucho tiempo los reclamos de esa chica porque no había quedado para nada satisfecha con el hecho de solo haberlo golpeado con el puño cargado de chacra que fue a dar directo en su cara inmediatamente de que Mitsuki se separó voluntariamente de sus labios, el pobre no tuvo tiempo ni de respirar cuando vio una mano envuelta golpearlo con todo su potencial y enviarlo hasta chocar contra la piedra de una montaña. Como no querían dirigirse la palabra ese mismo día decidieron quedarse a acampar cerca del río. Preferían mil veces eso antes que seguir juntos viajando.

Sarada sabía que tenía que prepararse para dormir pues en unas horas más la manta oscura de la noche cubriría el cielo nublado. Por eso haciendo uso de un poco del chacra que había estado acumulando se le ocurrió demoler el tronco de un árbol y haciendo pedazos la madera se dispuso a armar una casa de campaña pequeña donde solo pudiera caber ella. Se tomó muy poco tiempo y logró hacerse de un techo de poco menos de un metro y medio de alto, lo importante era que su casa improvisada había dado el largo necesario para caber ella acostada para cuando se dispusiera dormir. Además unas hojas enormes de una palma le cubrían el techo de su casa.

Mitsuki observó atento todo el quehacer de la mujer, no tenía contemplado continuar estático en un solo lugar, su idea era seguir viajando para pronto llegar a Konoha. Desgraciadamente no podía irse sin ella porque en ese caso no tendría sentido ir para la aldea a dnde iba a dejarla sana y salva para luego retomar un nuevo camino. En esta carrera solo importaba él, se lo había jurado así de manera que más valía que Sarada empezara a tener más cuidado con lo que hacía porque de ahora en adelante tendría que aprender a valerse por sí misma.

Si alguien le preguntara el motivo por el que su conducta era más apática, contestaría que estaba cansado de preocuparse y ver por el bien de una persona que no estaba considerada ni siquiera como una verdadera amiga.

Cuando parecía estar oscureciendo, Mitsuki se arrojó a la tarea de buscar alimentos. Había sido un largo día de camino prácticamente desde que salieron de la aldea con costumbres arcaicas de la anciana. Regresó al poco rato con varios tipos de frutas que había estado recolectando de distintas plantas, en el instante que llegó vió despistadamente que Sarada se encontraba ya acostada y dándole la espalda en su casa de campaña. Claro que sabía que no se encontraba dormida pues su cuerpo ligeramente vibraba de repente, y él era muy intuitivo.

Al margen de eso la ignoró, se subió a un árbol y se sentó en una rama. Desde ese lugar comió una fruta pero su apetito era pequeño por lo que la abandonó a medio comer.

Esa era una de las ventajas de no ser un humano completamente normal, aunque a decir verdad; no era ese el motivo por el que no quería seguir consumiendo alimentos. Toda la culpa recaía en el la tensión existente en ese momento entre los dos el cual estaba sostenido por un delgado hilo que hasta con el viento podía reventarse y dar como resultado otro conflicto aún más fuerte que el anterior.

Y hablando de la madre naturaleza, el viento comenzaba a sentirse con el avance de la noche cada vez más intenso. Primero balanceaba armoniosamente las hojas de las plantas y se sentía agradable porque el aire era cálido no frío, por lo menos dentro de todo el clima estaba a su favor, o bueno eso fue lo que ambos creyeron al principio porque luego de unas dos horas el soplo del viento se tornó fastidioso sobre todo por el ruido que hacia al golpear contra árboles, era un ruido casi fantasmal como el que hacía en las películas de terror y suspenso que tanto iban a ver al cine Boruto y sus amigos incluyéndolo a él. Solo ellos podía asustarse con esos trucos y efectos especiales del cine, ese pensamiento le provocó una sonrisa de felicidad a Mitsuki pero también de nostalgia porque probablemente cuando Sarada regresara a la aldea él se iría de ahí sin despedirse y no volvería a ver a Boruto hasta la adultez.

El aire aún más agresivo soplando contra su mejilla lo trajo de nuevo a su más reciente realidad. Posteriormente un olor a humedad en el ambiente le llegó a la nariz y ese aroma fue señal de que pronto llovería. Y así ocurrió, en minutos se presentaron unas gotas finas de lluvia que se posaban sobre su frente mientras el miraba las nubes rechonchas de agua y el cielo nublado. Desde su sitio Sarada escuchó la ligera lluvia golpetear el techo de hojas de su casa, por fortuna no se trasminaba la humedad Aguardaron así un momento entre la preocupación de que no fuera a desatarse una tormenta y creyendo nuevamente que habían tenido la suerte de su parte se dispusieron a dormir.

No fue hasta después de una hora que se escuchó el estruendo de un furioso trueno el cual provocó que Sarada alertada saliera de su profundo sueño, se encorvó exaltada observando confusa a su alrededor. Notó que caía agua, mucha agua por todos lados, había relámpagos iluminando incensantemente el cielo negro, y lo peor no era eso. Lo peor fue que despertó demasiado tarde de su sueño porque el río que estaba a tan solo unos pasos de ella había rebasado el límite hace mucho tiempo y se estaba desbordando. Solo a ella se le había ocurrido la genial idea de irse a acampar cerca de un río, se pegó como tonta en la frente con la palma de su mano reprochándose su idea, ella tan inteligente y astuta había optado por asentarse ahí con tal de no seguir andando a lado de Mitsuki.

Media hora antes Mitsuki había despertado. ¿Por qué no había alertado a Sarada del "pequeño" problema? Sencillamente no lo consideró necesario. Ella era tan inteligente que seguramente se había dado cuenta antes que él del gravísimo problema, no fue hasta que contempló como Sarada intentaba salir con dificultad de su casa de madera por todo el lodo que a su alrededor estaba , que se desengañó porque claramente se notaba que la morena acababa de despertar.

Mitsuki aguardó paciente a que la kunoichi saliera de su encierro pues era propio de su inteligencia crear estrategias de escape, pero para ella se estaba tornando difícil la situación. Sus tobillos habían sido en pocos minutos ocultados por el lodo que se hizo con la tierra húmeda y este funcionaba como trampa, como esposas de prisioneros porque no le permitían a sus piernas avanzar en el camino. Y tratándose de un suelo con altura dispareja, había partes que estaban más llenas de agua y lodo, por lo que si lograba avanzar seguramente el lodo le llegaría a la cadera, si ella antes no se había dado cuenta del problema que se estaba haciendo alrededor de su casa de campaña era porque por fortuna su casa había sido construida en una zona más alta en la que no alcanzaba a llegar el lodazal, aún no pero muy posiblemente fuera a alcanzar ese sitio de continuar lloviendo como hasta ahora porque el río continuaría desbordándose hasta hacer un desastre el terreno cercano.

Sarada se dispuso a acumular chacra como era costumbre siempre que se veía envuelta en situaciones extremas. Su chacra esta vez fue acumulado en sus pies para que estos agarraran la fuerza suficiente para hromper los grilletes de lodo y así caminar fluidamente. Mitsuki revisó ese procedimiento admirado, era propio de ella salir siempre airosa, esta vez no se equivocó cuando decidió no preocuparse por su seguridad.

Sin embargo no siempre todo sale como uno espera. Si bien Sarada ya no tuvo problemas para caminar entre el lodo, este cada vez subía más de nivel sobre su cuerpo hasta que le llegó a la altura del pecho, temía que llegara a taparle todo antes de llegar hacia el árbol más cercano que tenía que le serviría para subirse sobre él y ponerse a salvo.

Pero como ya había dado aviso antes, el terreno sobre el que caminaba tratándose de un bosque no era firme, teniendo como consecuencia que al dar el siguiente paso cayera en un profundo bache que la sumergió totalmente, y como Sarada no pudo prevenirlo dado que la oscuridad y el lodo tapaban lo que pudo haber visto en el suelo fue presa fácil.

Mitsuki al percatarse de esto que había desaparecido de su vista, arrancó de urgencia hacia ella, la mujer podría ahogarse. Trepó hasta el árbol más próximo pero la distancia aún era amplia entre ella y él. Era una fortuna precisamente quien fuera él su compañero de travesía ya que ningún otro tenía la habilidad de hacer estirar su cuerpo como plastilina como lo hacía él.

Sin perder un minuto más de tiempo estiró su brazo tres metros y lo sumergió en el lodo, a tientas alcanzó a sentir el cabello lacio y largo de la ninja, solo así estando seguro de tenerla sujeta, pudo retraer el brazo y sacarla a la superficie. Sarada completamente pintada de café vomitaba lodo mientras era llevada arrastrada a la rama del árbol, prácticamente era irreconocible su aspecto pues lo habitual de su parte era rayar en lo exageradamente pulcro.

Por fin sobre un espacio seguro, pudo sentirse aliviada, por lo menos en el estado de salud porque en lo anímico estaba hecha un desastre. Tocia un poco de lodo, tenía un sabor asqueroso en la boca y sentía su lengua rasposa por la consistencia con que estaba hecho el lodo. Mitsuki le dio su espacio para que se tranquilizara. Mientras él tendría que ingeniárselas para salir de ahí, la lluvia había parado un poco y no quedaba de ella más que precipitaciones, pero el rastro de que hubo una tormenta quedaba de evidencia. Ambos estaban subidos en un árbol en medio de un deslave de lodo y agua de río. Él podría salir por su cuenta escalando los árboles y las palmeras, pero Sarada estaba totalmente mojada, llena de lodo y mugre, a ella se le dificultaría saltar sobre los árboles y correr sobre ellos, no solo porque sus pies estaban mojados, sino también porque la mujer había perdido sus gafas y no veía perfectamente bien, mucho menos entre tanta oscuridad— Sarada — musitó el muchacho, captando la atención de la kunoichi que estaba sentada en el tronco, no le respondió de inmediato ya que intentaba quitarse antes que nada el lodo de su cara, sobre todo del área de los ojos que comenzaban para acabarla de joder, a arderle — tenemos que quedarnos aquí.

— ¡Estás loco! — Soltó colérica manoteando con sus manos con drama — ¿acaso no ves mi aspecto? ¡Estoy hecha un asco y si esperamos a movernos hasta mañana te aseguro que vas a encontrarme hecha una piedra!, estoy llena de lodo, va a secarse ¿y sabes qué? — reprochó — Aunque el aire no esté tan frío estoy tan mojada que muero de frío.

— No estés exagerando — rodó los ojos con impaciencia — No pensé que tenía a Boruto a un lado mío. Son igual de dramáticos.

— ¿¡Qué problema tienes tú con Boruto!? — Se puso furiosa apretándose el pecho entre tanto frío — ¿no será que le tienes envidia? — lo vio con sospecha, presentía que Mitsuki cuando hablaba del rubio lo hacía con burla y eso no le gustaba.

— ¿Envidia? — preguntó arqueando las cejas asombrado.

— Claro, es envidia — reafirmando lo anterior apretó más el agarre de sus brazos en su pecho y dijo lo siguiente con mayor énfasis — ahora tiene sentido porque nos traicionaste. ¡Tiene que ver con el hecho de que yo te gusto!

— ¿Qué diablos tiene que ver esto con el otro? — volvió a preguntar sonando su voz un poco más exaltada, viendo como Sarada se acomodaba detrás de la oreja un mechón de su cabello mugriento y como lo observaba con una mirada filosa.

— ¡No te hagas el tonto! — Lo insultó poniéndose más fiera, a la ofensiva — escuchaste aquella vez después de los entrenamientos, cuando Boruto me citó a escondidas tuya y de Konohamaru sensei en uno de los parques naturales de Konoha.

— ¿Y qué fue lo que según tú yo escuché? — exigió molesto achicando los ojos para analizar mejor cada una de sus reacciones.

— ¡Que Boruto tenía sentimientos hacia mí! — aclaró la chica abriendo más los ojos enfurecida.

A Mitsuki le tomó varios segundos comprender las palabras de la pelinegra. Había caído en un laberinto de donde no podía salir porque la mirada dura y el trato áspero de Sarada no le daría la oportunidad de hacerse el tonto y cambiar de tema, además estaba desencajado y así nadie podía trazar un plan para escapar. La verdad no comprendía absolutamente nada, le estaba hablando en otro idioma.

— ¿Eso qué tiene de especial para mí? — se apuntó el mismo con el dedo en el pecho, incrédulo — Desde siempre he pensado que ustedes dos llevan una relación bastante común y estrecha — empezó a explicar el punto de vista que tenía hacia ellos dos para sacarla de su enorme error — Son los típicos tontos que fingen que se odian y que tienen sus diferencias más marcadas que lo que ya lo son para evitar tener algo en común que los vuelva más que unos simples compañeros, porque temen que de hacerlo puedan enamorarse profundamente — Sarada abrió los ojos asombrada por la forma en que Mitsuki había dado al clavo en cuanto a la relación de ambos.

La verdad es que sí; ella desde hace un tiempo pensó y estaba segura de que Boruto también, que podría haber entre ellos cierta atracción que no estaban dispuestos a aceptar por orgullo, porque no querían ser emparejados pese a lo que el corazón les dictaba desesperado que cedieran a reconocer sus sentimientos — Son la típica pareja en donde siempre el chico o la chica intenta molestar a la persona que le gusta para llamar su atención. ¿Crees en realidad que algo como llevar un noviazgo entre ustedes pudiera afectarme? — muy retador se acercó un paso hacia ella pero aun otorgándole un espacio donde no se sintiera acorralada.

Sarada estaba abrumada y seguía sumergida en sus pensamientos clavando su mirada hacia un punto que no era Mitsuki aunque aparentara lo contrario. Se decía a ella misma el por qué fue tan despistada o ingenua que siempre pensó que sus sentimientos estaban bien ocultos por Boruto. Algo había que aclarar. No siempre le gustó Boruto.

El sentimiento no empezó a florecer hasta que ella cumplió 15 años, justo dos años después de que se hicieron compañeros de equipo junto con Mitsuki. Aunque Mitsuki desde antes de ser compañeros empezara a mandarles indirectas a ambos aludiendo que serían buena pareja si se decidieran a dar el paso dado lo mal que se llevaban, a lo mejor Mitsuki lo decía en ese entonces como broma, dudaba que él tuviera el don de ver el futuro y predecir una futura atracción entre ambos, pues como ya había reconocido, no empezó a sentir nada por el rubio hasta mucho después. En cambio Boruto le había dado a entrever cuando se le declaró que había empezado a sentir cosas especiales por ella casi de inmediato de hacerse compañeros de clase pero no se había decidido a decírselo porque no estaba seguro de si ella sentía lo mismo. De haberse confesado en aquellos años hubiera recibido un gran rechazo de su partee, peor que el último que fue un rechazo indirecto que ocasionó que Boruto tuviera todavía la esperanza de enamorarla completamente. Es que la última vez ella aludió que entre sus prioridades no era comenzar una relación romántica con nadie, sino superarse como ninja para prepararse algún día para ser hokage, no fue un rechazo cruel, no fue un no definitivo, solo un "tal vez" para después.

Mitsuki todavía la observaba con impaciencia, aunque ya no con aquel rostro de enfado. Supuso que algo que dijo había calado hondo en Sarada por lo que había quedado consternada. Sin embargo había tiempo suficiente para resolver eso, tenían que tomar una decisión rápida.

— ¿Entonces como pretendes salir de este lugar? No puedes sostenerte con los zapatos húmedos.

— ¿Los zapatos húmedos? — Repitió la mujer saliendo de su mutismo — oh —exclamó observando sus zapatos, analizándolos— eso es, son los zapatos.

Mitsuki observó como Sarada se retiraba sus zapatos quedando descalza. Entonces Mitsuki comprendió, como no se le había ocurrido antes, se reprochó. Precisamente la suela de los zapatos era el principal problema al estar húmedos y llenos de lodo resbaladizo. Sarada tenía los pies húmedos pero esos no eran tan resbalosos como un calzado, le permitiría correr pero con precaución.

— Ya entiendo — soltó con seriedad dando un resoplido — entonces vayámonos — apresuró a Sarada dándose la vuelta y saltando antes que ella.

Sarada hizo lo mismo saltó con igual agilidad, y después del sexto salto su pie se resbaló del tronco, y aunado a eso su pie seguía un poco mojado por lo que la dolorosa caída era inevitable. Afortunadamente Mitsuki reaccionó rápido y alargando su mano nuevamente la sostuvo pero esta vez de su brazo, la posicionó nuevamente en lugar firme.

Y ella apenada juntó la voluntad suficiente para darle aunque sea un sutil "gracias".

Continuaron su camino pero Sarada nuevamente no estaba en las mejores condiciones. Ya no sentía frío pero eso porque el lodo que aún tenía sobre su cuerpo comenzaba a endurecerse, era bastante incomodo viajar así con un poco de peso extra además estaba cansada de todo, de toda esa situación. Aparte era de noche, quien sabe qué hora pero sus ojos clamaban por cerrarse. Odiaba a todo lo que veía, todo lo que le estaba sucediendo. Había ido a misiones, estaba entrenada para soportar fuertes cambios de temperatura, estaba entrenada para poder acampar en cualquier región, cualquier ecosistema pero esto ya era extremo.

Mitsuki entendió el sentir de Sarada y por tercera vez se compadeció de ella. Recordando que la primera fue cuando la sacó del calabozo de su padre, y la segunda cuando la llevó a la aldea de la anciana a que la curaran. Le vino a la mente al albino que había prometido dejarla salir de sus problemas sola, y como no quería romper con su promesa optaría por incitar a Sarada a que le pidiera ayuda a él, así él no rompería su propósito.

— Sarada

Sarada escuchó interesada desde atrás.

— ¿Quieres que bajemos a descansar?

— Eso sería perfecto — reconoció la pelinegra — pero no hay donde – mencionó abatida.

— Claro que lo hay — avisó con seguridad.

Entonces se bajó del árbol, Sarada hizo lo mismo y lo siguió. Lo siguiente que observó fue que Mitsuki estiró su brazo hacia adelante, de ahí salió dos de sus serpientes que bajaron arrastrándose hasta llegar al suelo. Mitsuki sacó de la bolsa de su pantalón un trozo de tela de color morado con franjas negras, Sarada reconoció atónita la tela, era un trozo de aquellos cordones que usaba Orochimaru alrededor de su vestimenta. El chico se agachó y les ofreció la tela a sus mascotas y con el sentido del olfato tan agudo que tenían los animales de su especie, de inmediato comprendieron lo que tenían que hacer.

Las serpientes se alejaron rápido. Sacaban la lengua y con ella recogían del suelo los olores que transportaban a su paladar.

Mitsuki optó por explicarle a Sarada ante su silencio y confusión.

— Ellas encontraran uno de los escondites de mi padre, si es que hay alguno cerca por aquí. De lo contrario entonces tendremos que usar nuestro chacra y nuestras habilidades para hacernos de un hogar para acampar solo por lo que resta de la noche.

— Tu papá tiene escondites por todos lados ¿no? — le preguntó con gran curiosidad.

— Tiene bien puestos sus ojos en todos lados — fue lo único que dijo, sin afirmar ni negar.

Sarada no comprendió muy bien el mensaje pero no le gustó la manera calculadora en que él lo dijo. Sin embargo ya estaba harta de hacer corajes así que lo dejó pasar.

Las serpientes regresaron a su dueño después de quince minutos. Una de ellas había tragado un fruto eso podía saberse por el bulto redondo que yacía en su largo cuerpo. Entonces Mitsuki dijo satisfecho.

— Esa es una buena señal — tomó a su serpiente con extremo cuidado, la estuvo admirando con verdadera pasión, le tenía gran estima a sus mascotas — La serpiente logró adentrarse al suelo subterraneo y consiguió traer algo. Mi padre no tiene tan buena memoria, así que opta por colocar ciertos frutos casi en la superficie de sus escondites para que sus serpientes puedan hallarlos.

— ¿Y como sabes que no es un fruto traído de otro lugar? — comentó poniendo en duda lo explicado.

— No nos subestimes — defendió su postura mal humorado — estas no son serpientes cualquiera Además mi padre utiliza frutos alterados, que a cualquier perro ninja que nos esté rastreando podría matar. No queremos intrusos cerca de nuestros escondites — miró a Sarada con profundidad. Sarada carraspeó captando la indirecta — pero es obvio que no me queda otra opción. Tu aspecto no es de lo mejor.

Anduvieron cautelosos por el terreno seco hasta que Mitsuki llegó al lugar indicado por sus serpientes. Golpeteó con la suela de su zapato ante la curiosidad de Sarada. Efectivamente estaba hueco ese sitio así que había algo abajo. Al comprobarlo Mitsuki rompió el suelo con una vara, abrió lo necesario como para caber un cuerpo humano. Sarada descubrió impresionada unos escalones estrechos de piedra que te adentraban tres metros debajo de la superficie. El lugar era muy oscuro tal como imaginó Sarada. Pero Mitsuki era otra historia, agarró de la pared un candil, lo encendió y con ello alumbró el sitio.

Era muy pequeño, no contaba con las dimensiones exageradas del principal escondite de Orochimaru.

Apenas y podían moverse. Con su mano Mitsuki le señaló hacía la derecha poco después.

— Abre esa puerta de madera, hay un pozo que se conecta a una laguna que está a medio kilómetro. Te servirá para quitarte todo ese material de encima — refiriéndose al lodo ya sólido.

Sarada asintió y ahí se dirigió sin pensarlo mucho.

En el interior de ese diminuto cuarto solo había dos camas de piedra con cobijas sucias, por lo visto hacía años que no se paraban a acampar en ese lugar. Eso le produjo mucha inquietud a la morena, pues eso quería decir que Orochimaru podría tener cientos de escondites que nadie más imaginaba, luego dejaba abandonados a otros como este y hacía uno nuevo según a donde fuera y según qué tarea personal fuera a realizar. Tenía vigilado a medio mundo.

Cuando fuera hokage, trabajaría muy duro para quitarle a Orochimaru el gozo de querer tener a todos controlados, encerrándolo en un solo lugar donde podría seguir con sus experimentos pero sin perturbar la paz de nadie. Pues sino optaba por asesinarlo su razón recaía en la misma que los demás ninjas más experimentados como Sasuke o Naruto. No asesinaban a Orochimaru porque era una pieza tan importante en el tablero que resultaba beneficioso tenerlo de tu lado cuando las cosas se ponían difíciles.

Dejando de lado la idea, se acercó al pozo. Comenzó a extraer agua fría con un balde de madera, se limpió con la sabana de las camas de piedra, no quedaría muy pulcra pero se conformaba con no sentir su cabello endurecido ni su cuerpo.

— Mitsuki — la voz temblorosa de Sarada pasó a través de la puerta.

Mitsuki quien no estaba muy lejos alcanzó a escucharla.

— ¿Qué quieres? — denotó disgusto.

— Necesito ropa, ¿o cómo diablos se te ocurre decirme que me limpie con el agua del pozo sin tener planeado darme un traje?

— Mi padre de seguro dejó algo por aquí — agregó pensativo.

— ¡Pues consíguelo! — entró en cólera.

Mitsuki se fue a regañadientes por un pasillo y regresó con una bata demasiado delgada pero fue lo único que pudo ofrecerle a la exigente muchacha. Se la pasó cuidadosamente por la abertura de la puerta cuando ella entreabrió.

Sarada salió al cabo de otros quince minutos, con la bata cubriéndole. Mitsuki por fin podría descansar en un lugar cálido, protegido del exterior sin escuchar más gritos ni reclamos. Se sentó en un rincón muy cerca de las escaleras que los llevaría hacia afuera del escondite de nuevo. Sarada hizo lo mismo, optó por sentarse frente a él a una distancia prudente de dos metros que era lo máximo que el pequeño lugar podría darle de espacio porque su espalda se apoyó con el límite de la pared. A un lado de ambos estaba el pasillo estrecho por el que había caminado Mitsuki para traerle la bata, allá al fondo de ese mismo pasillo había una puerta vieja, seguramente otra habitación pues de ahí sustrajo Mitsuki la ropa. Pero ella ni loca se iría a dormir por ahí, todo era medio tenebroso. A un costado de los dos se encontraba la puerta en el cual estaba el dormitorio de donde salió Sarada. En resumen, solo eran dos habitaciones, un estrecho pasillo, un espacio de cuatro metros cuadrados donde estaban ambos sentados y los escalones de piedra.

Sarada no entendía porque Orochimaru, un científico que hacía experimentos horrorosos optaría por hacer un lugar así de pequeño su escondite. Era inútil.

Mitsuki dormitaba, le estaba ganando el sueño; en cuanto a Sarada lucía está nerviosa, no había estado a solas con él desde lo ocurrido. Mitsuki cabeceaba contra la pared hasta que sin querer se golpeó con el filo del escalón lo cual lo obligó a salir un poco de su estado de relajación, empezó a ver bruma hasta que poco a poco aclaró la vista, solo así un poco más despabilado fue capaz de observar sin querer lo que la bata delgada y amarilla de Sarada en vano buscaba ocultar con su tela.

Eran dos protuberancias seguramente rosadas las que se trasminaban por las hebras que componían la tela. Y ella ni en cuenta. Ni en cuenta de que pese a la media penumbra del lugar, la luz de la vela del candil le estaba jugando de enemiga, porque ponía en evidencia las erecciones de su par de complementos femeninos. Podría ser el frío del agua de su baño el causante de esa vergonzosa reacción. Sea cual fuera la causante estaba ocasionando que Mitsuki sintiera de manera inexplicable que su boca estuviera produciendo saliva más de lo normal como aquellas serpientes que controlaba que producían saliva cuando iban a atacar a su presa o a su depredador.

Además en medio de sus piernas la cosa no estaba mejor. No entendía como ni en qué segundo pasó pero sintió una presión placentera contra su pantalón.

Los labios torcidos del joven en un intento vano de lucir serios fueron percatados por Sarada. Pero la chica ajena a las sensaciones del muchacho, nunca se enteró del motivo.

¢σηтιηυαяá...