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Capítulo seis: Uniendo nuevamente nuestros lazos

A la mañana siguiente, muy temprano, ambos muchachos se despertaron.

Sarada se las ingenió para hacer de las sabánas sucias de una de las dos recamaras abandonadas una vestimenta. Recordó que había un pozo y antes de que Mitsuki regresara al escondite ella se dispuso a lavar como pudiera su ropa ninja con la que se sentía más cómoda.

Mientras se secaba la tela tendría que conformarse con usar unos taparrabos sucios que mínimo le servían para taparse porque claro tenía pudor.

Mitsuki ya llevaba una hora afuera. Según dijo, iría solo a verificar que nadie sospechoso estuviera cerca, no solo refiriéndose a los sirvientes de su padre sino en general ya que los dos estaban a tan solo dos kilómetros de una aldea que en el pasado había tenido serios conflictos con Konoha. Y que aún en ella prevalecía el odio de muchos ciudadanos contra ellos. Si se enteraban que eran ninjas de la aldea de la hoja quien sabe que podría pasarles pues los aborrecían.

Una vez cruzada esa aldea ya pondría considerarse casi a salvo pues después de ese lugar lo que seguía era recorrer un espeso bosque y finalmente llegarían a las puertas de Konoha.

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Por otro lado. Por las llanuras de una selva, el equipo diez de Moegi andaba precavidos por las extensiones de ese ecosistema.

Hace un día y medio que se encontraban fuera de la aldea en busca del equipo 7 presuntamente extraviado, pero hasta ahora no tenían grandes pistas de donde podrían estar. Habían recorrido el mismo trayecto que Naruto y Shikamaru les habían dicho que había cruzado Konohamaru para encontrar a los ladrones y secuestradores que se habían adueñado ya de una zona del bosque para raptar a los indefensos viajeros que se aventuraban a pasar por ahí sin saber lo que podría sucederles. Según lo conocido, cobraban mucho dinero a sus familias por liberarlos y esto ya se estaba poniendo complicado pues incluso varios ninjas de Konoha ya habían sido atacados por esos mismos bandidos, sin embargo hasta ahora ninguno había sido raptado porque no eran simples civiles sino gente preparada para evitar sus capturas.

— Sensei — la llamó Inojin mientras urgaba entre los arbustos.

— ¿Qué sucede Inojin? — habló la profesora girando su cuerpo.

— Miré esto — el chico se agachó, tomó con sumo cuidado la pieza y luego se la mostró a la capitana desde lo lejos — se parece mucho al collar de Boruto — la piedra de plata al ser alzada brilló resplandeciente por la luz del sol.

— No se parece mucho al collar de Boruto — con sus manos en los bolsillos respondió con un tono grave Shikadai. Después acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja continuó diciendo — es el collar de Boruto — dió aviso a los testigos de manera cruda — Puedo reconocer ese perno desde cientos de kilómetros porque fue un obsequio de su padre, el nanadaime.

— ¿Y que está haciendo aquí? — musitó la mujer confundida. No quería pensar lo peor siempre era optimista pero esta vez era inevitable, todo apuntaba hacia un solo lugar.

— Una emboscada — refirió con rapidez — estoy seguro de que fueron atacados por desconocidos por eso ese collar estaba tirado.

— ¿Dónde lo encontraste? — habló la capitana con las manos en la cintura, observó desafiante al rubio dibujante pero la antipatía no era contra el chico sino contra la situación desfavorable.

— Estaba colgando en una de las ramas de un arbusto — continuó explicando. Esperaba que su información ayudara.

— Entonces es cierto — afirmó angustiada clavando la mirada decaída en el suelo — Yo también creo que fueron atacados pero ¿quién pudo haber sido? — se cuestionó a si misma, haciendo un recopilatorio de todos los enemigos que tenía la aldea, en su mayoría eran renegados que tenían pleitos personales con Naruto.

— No lo sé pero debieron ser tipos muy fuertes porque no hay más rastro de ninguno. Además Konohamaru sensei es muy poderoso y si no pudo contra ellos eso indica que nuestros enemigos está vez se encuentran en otro nivel — armó una conjetura el rubio.

— Dios mío — susurró pero se escuchó alterada — ¿A dónde iremos entonces ahora? No hay más pistas chicos.

— No — negó rotundamente Shikadai — Y si acaso hubo algunas ya se borraron porque hubo una lluvia aquí — concluyó frustrado — Lo noto por la tierra húmeda — Ya no hay huellas.

Todos quedaron en absoluto silencio pensando duditativamente que hacer. Analizaban la situación detalladamente para saber cómo proceder.

Un aire frío recorrió el lugar llevándose algunas hojas en el camino. A sus espaldas escucharon de pronto unas ramas crujir captando de inmediato la atención de todos. Todos los implicados alarmados voltearon hacia atrás y abrieron los ojos desmesuradamente al descubrir al individuo que les encajaba los ojos como dagas. Aparte de su hostilidad también los observaba con curiosidad, como exigiendo alguna explicación.

— ¿Qué están haciendo aquí? — dijo arisco frunciendo el ceño y con sus manos en los bolsillos de su chaleco verde de anbu. Los chicos presintieron que el capitán no buscaba preguntas para él, solo respuestas contundentes.

— Konohamaru — exclamó asombrada la capitana quien ignoró la insolencia del muchacho. Realmente estaba feliz de saber que estaba bien.

— ¿Naruto los envío?

— Si — contestó titubeante. Ahora sí lo notaba, Konohamaru se veía molesto y no sabía el motivo pues casi nunca sonaba tan antipático. Ella meditó en que hacer al respecto, lo menos que quería era tener conflictos inútiles.

— Se había tardado — lanzó un suspiro de alivio el hombre y al mismo tiempo también el resto se relajo. Ya volvía a ser de nuevo el chico tranquilo y no el hombre duro que les hablaba con frialdad — necesitaba urgentemente refuerzos — reconoció.

— ¿Y dónde está el resto? — preguntó Shikadai.

— No sé nada de Sarada y Mitsuki — confesó angustiado — pero Boruto ahora es un peor dolor de cabeza — se apretó la sien disgustado.

— ¡Boruto! — gritó enfurecida chocho apretando los puños — no me extraña, siempre causando problemas. Pero ahora ¿qué hizo?

— Estábamos buscando a los chicos — comenzó a relatar cerrando los ojos.

Se concentró y los recuerdos de hace tan sólo unas horas fueron el centro de su atención.

Boruto y Konohamaru seguían necios en su búsqueda. Boruto se rehusaba a abortar la misión, estaba dispuesto a matar dos pájaros de un solo tiró, capturaria a los ladrones y encima recuperaría a sus amigos. Konohamaru no estaba de acuerdo con su idea pero tampoco iba a abandonar a su pupilo y dejarlo desprotegido, Naruto nunca se lo perdonaría ni él tampoco si algo le llegará a pasar. Abandonar una misión era una vergüenza, pero abandonar a un amigo o a un alumno era mucho peor.

Así que los dos estaban en medio de un campo de cultivo. Era como eso de las 12.30 del mediodía.

Examinaban cada rincón minuciosamente con la esperanza de encontrar huellas, pero no aparecía ninguna todavía para su mala suerte.

Sin embargo, aparte de buscar, Boruto tenía otra idea más rondando en la cabeza.

Se descubrió lo que tramaba cuando aprovechó que Konohamaru le daba la espalda.

— Kage Bunshin no Jutsu — anunció su técnica haciendo una serie de trazos para aplicarla.

Konohamaru reaccionó tarde desgraciadamente. Su rostro desencajado fue la única expresión que alcanzó a pintarse en ese instante porque no pudo repeler el ataque de Boruto. Quien se jactaba victorioso de haber logrado atrapar a su sensei tan fácilmente con ayuda de sus clones.

Konohamaru ahora lo observaba furioso mientras el chico festejaba a sus costillas. Intentaba con toda su fuerza zafarse del agarre de 20 clones pero era imposible, lo tenían perfectamente sujeto.

— ¡¿Qué demonios es eso Boruto!? — gritó frustrado y con ira.

— Es su culpa sensei — lo apuntó acusándolo de algo que no comprendía todavía — estoy seguro de que usted le envío a mi padre un mensaje ayer en la noche mientras usted creía que yo dormía.

— ¿De qué hablas? — exigió una explicación aumentando su cólera. Lo había traicionado su alumno, como pudo haber caído en una trampa tan barata y no haber previsto el ataque. Era insólito.

— ¡No se haga el tonto! — se cruzó de brazos bastante molesto crujiendo la quijada — usted llamó a una de sus mascotas de esas que invoca y la mando a darle un mensaje a mi padre seguramente pidiendo ayuda. Sabe usted que mis amigos podrían estar secuestrados por los mismos delincuentes que íbamos a atrapar. ¿Y qué tal si ellos pretendían exigir un rescate? Sabe usted que si metemos a más gente en este embrollo podríamos intimidarlos y al sentirse acorralados pueden llegar a matar a mis amigos sin que pidan un rescate en efectivo. ¡No quiero que entorpezca las cosas!

Konohamaru sintió en parte que había actuado mal porque efectivamente si los secuestradores se enteraban que habían pedido refuerzos optarían por asesinar a sus rehenes en venganza, desechando toda posibilidad de hacer un intercambio con ellos para tenerlos de regreso. Así que no le quedó de otra que quedarse callado. Tenía después de todo la razón Boruto.

— Bien entonces suéltame y continuaremos nuestra búsqueda. Te prometo que seguiremos como hasta ahora, solo buscándolos nosotros dos — propuso en un tono conciliador intentando convencerlo.

— ¡Ja! — bufó Boruto rascándose la nariz. Sonriendo con burla — ¿me cree idiota? — arqueo su ceja.

Konohamaru arrugó más el entrecejo.

— No me arriesgaré a que ahora me atrapé usted. ¡Mejor ahí nos vemos! — el muchacho se dió la media vuelta y se marchó corriendo por el campo hacia un bosque que lucía tenebroso.

Konohamaru resopló resignado. Ya se había hecho a la idea de que no encontraría a Boruto tan fácilmente y Boruto tampoco se dejaría encontrar porque sabía que él intentaría llevarlo a lo mejor a la fuerza de regreso a Konoha.

Todos los que escucharon su relato lo miraron con sorpresa. Jamás imaginaron que Sarada y Mitsuki estuvieran secuestrados. Pensaban que quizás estaban aún todos juntos como el equipo que eran y que continuaban la búsqueda del enemigo o por lo menos que en el peor de los casos estuvieran atrapados por ahí. Por eso encontraron el perno de Boruto tirado.

— ¿Entonces qué haremos? — musitó Shikadai pensativo.

— Por ahora no necesitamos más refuerzos. Sugiero que continuemos buscando — mencionó el capitán.

— Entonces nos separaremos — indicó la mujer de manera firme — inojin, chocho y yo nos iremos hacia la izquierda. Shikadai y Konohamaru que se vayan hacia la derecha. Nos veremos aquí mismo dentro de dos horas exactamente, ni un minuto más. ¡Recabemos información!

Los presentes asintieron estado de acuerdo y en un santiamén ya se habían ido.

Había algo que no cuadraba en la historia, desde entonces no había dejado de darle tantas vueltas al asunto Shikadai. Había esperado el momento oportuno para preguntar, pero necesitaba estar a solas con Konohamaru porque presentía que algo estaba ocultando. Fue una fortuna que su capitán lo colocará en pareja con él.

— Sensei — habló Shikadai.

— Hm — contestó de esa forma indicando que lo escuchaba.

— ¿Cómo fue que secuestraron a Mitsuki y Sarada? Tengo entendido que no eran muchos ladrones.

— No lo eran — mencionó rotundamente.

— ¿Entonces? — la duda y la curiosidad continuaban incrementando.

— No quise decirle a Boruto — brincó otro árbol fácilmente acelerando el paso. Shikadai escaló también más rápido. Necesitaba seguir escuchando pues era de su interés, intuía que sucedía algo grave detrás de todo lo que se sabía por la propia boca de Konohamaru. El hombre incluso se había delatado porque lo que había dicho había transmitido cierta tristeza, cierto pesar. Y Shikadai quería saber porqué.

— ¿Qué no quisiste decirle? — instó a que continuará ya que no se le veía voluntad al sensei.

— Qué tal vez no se trate de un secuestro esporádico — escudriñó el paisaje entrecerrando sus ojos.

— Es decir...— abrió los ojos expectante.

— Fue premeditado. Estoy seguro.

— ¿El secuestro de Sarada y Mitsuki ya estaba contemplado? — resumió incrédulo.

Pero Konohamaru con pesar negó con un movimiento lento de cabeza, estaba en un error .

— ¿Entonces? — exigió saber más intrigado.

Konohamaru en cambio mantuvo un silencio sepulcral e incómodo llegando a exasperar al joven quien estaba perdiendo ya la paciencia. Justo cuando iba a hablarle de malos modos Konohamaru abrió la boca.

— Mitsuki tuvo que ver con su secuestro.

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— Ya regresé — avisó Mitsuki al momento de entrar a la guarida de su padre. Pero nadie le respondió para su sorpresa. Muy probablemente Sarada no se encontraba y eso no era de su agrado porque tenía contemplado que ya se fueran. Había dado una vuelta por todo el terreno y no había ningún riesgo así que debían irse sin preocuparse mucho. No encontrarla lo obligaría a retrasar la partida.

Salió de nuevo hacia el bosque quedándose a observar desde la entrada del escondite sin alejarse. Esperaría a la chica, no tenía otra opción.

No tuvo que esperar mucho afortunadamente. Veía a la joven llegar despreocupada quien sabe de dónde y dirigirse hacia el.

La adolescente una vez cerca se detuvo desafiante frente al muchacho con su habitual arrogancia.

— Tardaste mucho — dijo ella reclamándole con las manos posadas sobre la cadera.

— Estuviste afuera, ¿A donde fuiste? — ignoró su pregunta. Él no tenía porque darle explicaciones ya se había hartado de hacerlo. Además por más que las ofreciera seguiría siendo el malo de la película para ella. Así que, que más daba lo que le respondiera nunca le creía.

— Quería conocer el lugar solamente — relajo los brazos deshaciéndose un poco de su comportamiento seco.

— Aquí solo hay arbustos y árboles — bromeó con tranquilidad.

En cambio rechinaron los dientes de la morena.

— A veces me desesperas Mitsuki. Eres muy antipático — le restregó en su cara.

El muchacho sonrió ligeramente. Ya nada que dijera ella podría fastidiarle el día. Pronto llegarían a Konoha y no quería que la última impresión que ella tuviera de él antes de separarse definitivamente fuera la de un chico malhumorado y desalmado. Suficiente daño ya le había hecho.

— Deberíamos de irnos — musitó entre dientes — Supongo que ya podrás moverte libremente, traes tú uniforme ninja — señaló la ropa de la chica.

— Si pero los lentes — murmuró con un poquito de angustia. Sus lentes le ayudarían a moverse más rápido.

— Oh es cierto — parpadeo varias veces hasta que recordó que había sucedido con ellos —...ayer los perdiste. ¿Podrás moverte con facilidad? — dudaba que lo hiciera pues nunca la había visto sin la compañía de sus anteojos lo que quería decir que eran muy indispensables.

— Tampoco estoy tan ciega — replicó ofendida.

— Me alegra saber eso — lo dijo sinceramente — Aunque no entiendo entonces porque los usas si te ves mejor sin ellos — Mitsuki no fue consciente de lo que decía pero sonaba tan halagador para Sarada. Un sonrojó no pasó desapercibido — en ese caso llegaremos más rápido de lo que pensé a la aldea del arroz — avisó. Ya no habría contratiempos, de seguro para mañana ya estarían en las puertas de la aldea de la hoja — Está a tan solo dos kilómetros de aquí. Pero te advierto — entrecerró los ojos amenazador — que a los de Konoha no nos quieren.

— Eso ya lo sabía — aclaró altanera. Subestimando la notícia de Mitsuki.

— Entonces has algo pronto con la insignia del clan Uchiha, porque sino nos descubrirán — ordenó.

— ¿Acaso quieres que me quite la ropa? — apretó su puño dispuesta a darle una lección por imprudente — Pervertido.

— Espera un segundo — agitó las manos desesperado y temeroso. Un sonrojó ligero apareció en sus pómulos — puedes taparlo con la cobija que te quitaste.

— Estás loco si crees que me pondré de nuevo esa prenda mal oliente — se resistió a hacerlo cruzándose de brazos y volteando el cuerpo de medio lado.

— Pues no se me ocurre otra cosa — los labios le temblaron avergonzado — Este es el único camino que nos llevará muy pronto a Konoha. No voy a rodear de nuevo el bosque para llegar hasta ahí.

— ¡Pues no lo hagas! — mencionó alzando el tono — creo que sí volteó el chaleco estará bien — esa era la mejor opción, dedujo.

— Entonces andando — expresó inquieto.

— Todavía no — se rehusó y aún de brazos cruzados caminó hacia una roca y se sentó ahí con las piernas cruzadas, cerrando los ojos — atrapé algunos capuchinos y tordos.

— ¿Aves? — levantó una ceja sorprendido.

— ¡No me quedó de otra pues no encontré liebres! — respingó frustrada — Tal vez no llenemos con eso pues son pequeños y además solo atrapé tres pero servirá de algo.

— No te preocupes — sonrió y le restó importancia — Yo no como mucho, de todas maneras gracias.

Sarada aflojó los labios de la sorpresa. Contadas veces Mitsuki daba las gracias pues no tenía modos para hablar. No sabía que diablos les pasaba pero se estaban volviendo bipolares. Por un lado tenía motivos de sobra para odiarlo pues él la había metido en este problema y no le importó que su padre quisiera arrancarle los ojos, por el otro lado se había redimido y por eso la ayudó a escapar antes de que fuera demasiado tarde. Entonces la balanza estaba equilibrada, no podía odiarlo más que estimarlo y no podía estimarlo más que odiarlo, lo aborrecía pero al mismo tiempo no, así que no sabía por eso cómo actuar de la manera correcta con él porque a veces ella le contestaba mal y otras veces era amable. Además sabía de sobra que estaba contagiando de su bipolar conducta a Mitsuki por eso el muchacho a veces le sonreía y después le hablaba a secas como si no quisiera tenerla cerca. Cómo si batallará para entablar una conversación con ella porque lo asqueba.

En cambio la cabeza de Mitsuki era otro tema. Aparte de Boruto a nadie más le había interesado su bienestar. El mundo entero creía que no necesitaba de nadie porque era medio humano y los medios humanos no tenían tantas necesidades como los humanos completos. Eran más fuertes, más fríos y no les importaba los sentimientos de la gente. Sin embargo se equivocaban porque si algo había heredado Mitsuki era precisamente emociones solo que no estaban muy bien desarrolladas por eso no eran evidentes. Aparte no le interesaba que la gente supiera que tenía sentimientos. Así estaba mejor fuerte y distante. No tenía la imagen de debilucho como otros ninjas sentimentales que se quejaban y lloraban por todo, que sufrían de desamores, tristezas y odio. Él estaba mejor así, él era feliz dentro de su burbuja así nadie podía lastimarlo en el área emocional y él a cambio no experimentaría rencores ni amor por ningún ser humano.

Esperaba que Sarada ya no hurgara más de lo que lo estaba haciendo en su alma pues no tenía la intención de seguir mostrandole debilidad como cuando lo hizo enfurecer al reprocharle su lealtad obsesiva con su padre aún por encima de lo que él en realidad quería.

Los motivos para servir a su padre ya se los había dado, que se conformara con esa explicación o que muriera con la duda ya lo había jurado por su honor Mitsuki.

— ¿¡Bien!? — respondió con desdén — pues sino piensas comer yo si — acotó sin sutileza alejandose unos pasos, tan solo unos metros, se puso en cuclillas para recoger al trío de aves muertas. Las tomó con poco cuidado, se levantó y después las colgó de forma tosca sobre la rama de un árbol, se alejó unos pasos por precaución y finalmente dijo formando unos sellos — Katon. Hōsenka no Jutsu.

Mitsuki observó atento que repentinamente de la boca de Sarada salieron unas diminutas bolas de fuego que fueron a las aves interés. Sin embargo no midió bien su chakra y encendió accidentalmente todo el árbol. Se escuchó un grito que alertó a Mitsuki. — ¡Mitsuki se va a quemar todo! — llevó sus manos a su boca asustada.

El chico alarmado rápido llegó a su lado corriendo. Observó cómo velozmente se empezaba a propagar el fuego. Esto tendría repercusiones en todo el lugar si se propagaba hacia el bosque por no parar el desastre.

Sarada daba brincos de los nervios y el miedo de no saber cómo actuar. Mitsuki en cambio ya sabía que hacer.

Alargó su brazo tan pronto como pudo, arrancó la madera y lanzó la rama ardiente hasta lo más alto.

— ¡Elemento viento ruptura! — realizó los movimientos manuales requeridos para invocar la técnica y acumuló chakra dentro de su cuerpo, casi al mismo tiempo exhaló una ventisca de viento directo hacia el objeto de madera que expandió el fuego por toda la superficie de la rama carbonizandola al instante.

Sarada contempló admirada la acción. Enseguida resopló luego del gran susto. Mitsuki se limpio la frente con la manga de su uniforme secando un poco de sudor despedido por el esfuerzo.

— Demonios — murmuró la morena derrotada y cabizbaja, sus hombros lucían abatidos — ahora ya no tenemos que desayunar — clavó la mirada en el suelo. Vaya que tenía ganas de llorar porque hasta ahora nada estaba saliendo a su favor — Moriremos de hambre.

Mitsuki volteo a verla y le sonrió en respuesta como si no pasará nada malo.

¿Donde estaba la gracia? se preguntaba ella pues habían perdido su única fuente nutritiva. Con lo que le costó trabajo armar las trampas para cazar las aves.

— Nuestra comida sobrevivió — aseguró Mitsuki extendiendo su dedo para señalar un lugar más adelante. Sarada le siguió con la mirada a donde indicaba el dedo y no lo podía creer, así que incrédula abrió los ojos de más y descubrió pasmada.

Allá debajo, cerca del árbol al que fue arrancada la rama se encontraban tiradas tres piezas de carne humeando, algo negras por la quemazón pero no completamente. Serviría sin duda para apaciguar un poco el hambre monstruoso de Sarada.

Tenía que agradecerle la ayuda a Mitsuki. Por lo mismo instantes después lo invito a sentarse junto a ella en el tronco de un árbol que había derribado con una patada gracias a su chakra.

Comían en armonía , estaban por primera vez en armonía.

Los cánticos de los pájaros les transmitían una tranquilidad que desde hace rato ya deseaban disfrutar. Estar en medio de la naturaleza en un silencio cómodo era relajante.

Era tan relajante que incluso podían entablar una plática sin deseos de pelear.

Continuaron así un buen rato.

Sarada dió un fuerte mordisco a su carne de ave.

— Mitsuki — la voz de Sarada sacó a ambos de su estado de su ensimismamiento. Ella tomó la iniciativa de cortar el silencio. Mitsuki alejó la sumersion en la que estaba cuando se puso a pestañear múltiples veces extrañado.

— ¿Qué harás cuando halla llegado a Konoha? ¿A dónde irás? — la pregunta lo tomó desprevenido. Pero recuperó la compostura y tuvo que satisfacer la curiosidad de su compañera solo para continuar reconciliados y mantener la paz que disfrutaban ahí.

— Supongo que vagar — musitó con su habitual tranquilidad observando el pedazo de carne que sujetaba, a ojos de cualquiera no tenía intención por consumirlo.

— ¿Crees que tu padre no descanse hasta encontrarte? — preguntó limitándose a no indagar más de lo necesario. Unicamente quería asegurarse de que después de separarse y anduviera solo no corriera peligro, que estuviera bien hasta el día en que se reencontrarán.

— Creo que puedo hacerle frente — musitó brevemente. ¿Que más podía decir? Si no estaba tan seguro de su futuro. Podía vivir o morir, todo era tan incierto, con tanta bruma que no podía ver más allá de su límite.

— ¿¡En serio!? — su rostro no podía con tanto asombro. ¿Era tan poderoso Mitsuki como para darle pelea a su padre. Ella no había notado la duda latente en el propio muchacho — pero Mitsuki... — pausó y aprovechó para admirarlo más de cerca — Orochimaru es muy fuerte. Casi diría invencible e inmortal.

— Yo creo que todo lo que vive puede morir — opinó con calma, no le ofendia que lo subestimaran — Solo que a veces es muy difícil lograr quitarle la vida a alguien.

— Entonces...— estaba pasmada, maravillada.

— No te equivoques — tajante interrumpió su oración pero no denotaba molestia alguna — sería incapaz de eliminarlo. Es mi padre — reconoció con dolor. Lastimaba tener que considerarlo su enemigo también — Pero tampoco permitiría que lo hiciera conmigo — aseguró confiado. Denotaba coraje, seguridad — ahora que me doy cuenta, creo que debo reconocer que tengo un motivo para sobrevivir.

— ¿Y...y cuál es? — preguntó hipnotizada. Sus pupilas de la nada se habían tornado húmedas y sus ojos temblaban de ansiedad. Los dedos le empezaron a sudar y a perder el equilibrio como si tuvieran frío. Sus labios entreabiertos estaban preparados para dejar en libertad las palabras o tal vez estaban sirviendo de ayuda para dejar entrar y escapar el aire que se filtraba por su boca para continuar respirando sin agitarse.

— Pues...— meditó varios segundos adoptando el silencio, pensativo mientras ella continuaba absorta. Por un momento parecía que había dejado de respirar porque estaba tensa — pues...— repitió dudoso y su mirada profunda se clavó en el cielo — pues por ti y Boruto.

La expresión de Sarada se fue transformando hasta quedar finalmente desencajado. No sabía porqué pero de la nada sintió frío el pecho como si un líquido helado le circulará por las zonas cercanas al corazón. Todo apuntaba a una posible desilución pero ¿Porqué? Si sus arterias congeladas no se equivocaban el motivo no le gustaba. Aún así dudaba que fuera eso.

Tanto Boruto, Mitsuki y ella conformaban el asombroso equipo 7 y le agradaba. No podría haber hecho mejor mancuerna que con ellos dos. Juntos habían logrado tantas cosas porque se compenetraban pues ser tan distintos entre sí mantenía equilibrado el equipo y así esperaba que fuera para siempre hasta el día en que murieran pero si Mitsuki se iba...— apretó los dientes — si Mitsuki se iba...

¡Se rehusaba a pensarlo! Pero tampoco queria cegarse, ella era la realista entre los tres, la que siempre tenía los pies sobre la tierra y mantenía a ambos hombres controlados para que no cometieran locuras. Si faltara alguno de los tres, los restantes perderían el ritmo y ya no sería lo mismo.

Habían creado lazos tan profundos. O eran hermanos o eran amigos pero nunca nada.

Caminaban por el mismo sendero ninja, a veces uno estaba más adelantado pero no existía entre ellos la envidia ni la competencia. Al contrario, si uno de ellos aprendía algo nuevo los demás se entusiasmaban y aprendían algo nuevo también para no quedarse atrás estancado.

Pero Mitsuki... Mitsuki se descarriló de las vías del tren. Se desvió de camino y abandonó a sus amigos. Vivía en la enajenación y ella sentía que estaba en su deber ayudarlo a retomar la vida que tenía junto a ellos, donde no existía enemistad ni el dolor de una traición. Incluso, podía ella hacer un esfuerzo por fingir que no le había hecho daño, que no había pasado nada malo, que no la había lastimado para continuar siendo amigos. Boruto les había enseñado a darle siempre la mano a aquellas personas que caían en un bache porque creía ciegamente que nadie podía ser tan siniestro, tan desalmado como para no sentir remordimientos por sus malas acciones, creía que en el fondo todo el mundo tenía en su subconsciente las ganas de redimirse y solo él, Boruto, les tendía la mano para hacerlo, les brindaba la ayudaba para salir del bache. Y ella Sarada, seguiría su ejemplo al pie de la letra en su ausencia, después de todo hasta ahora había funcionado. Además Mitsuki no era cualquier persona, su compañero y amigo era un ser querido y ella misma le haría entender poco a poco que tan importante era para ambos, para que despejará todo aquello que no le permitía ver lo asombroso y dichoso que era por tener a una familia, porque el equipo seis era otra familia. No estaba solo, Sarada se encargaría de brindarle todo lo que le hiciera falta para que volvieran a unir los lazos que se habían roto y mantenido separados.

¢σηтιηυαяá...