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Capítulo ocho: Corazón vacilante
La boca de Mitsuki continuaron acariciando con paciencia los labios rosados, paralizados y húmedos de la única heredera del clan Uchiha. Sarada se mantenía con los ojos abiertos de par en par sometida bajo el shock que le provocó la acción de Mitsuki.
La mujer de cabellos negros brillantes no podía deglutir todavía las sensaciones que le provocaba el repentino ósculo robado por Mitsuki.
El chico quien tenía agarrada fuertemente por el codo a Sarada, deslizó lentamente su cálida mano por el brazo de la joven haciéndole caricias inocentes que a Sarada le puso los vellos del brazo como de gallina, erizados, la mano del joven no se detuvo ahí, este siguió hasta quedar enlazado con la mano de ella provocando una conexión eléctrica entre ambos con el simple contacto.
Los párpados de Mitsuki desde el primer momento cedieron a las sensaciones provocadas por la unión de ambos labios por ello se cerraron para sumergirse y agudizar sus sentidos.
Sarada en cambio enfocaba sus ojos oscuros en el rostro pálido del muchacho, tiritaban como si tuvieran frío pero Mitsuki no pudo darse cuenta. De todas formas no hubiera podido leer mucho la expresión de su rostro si en su lugar tuviera los ojos abiertos. Era inexperto después de todo en el tema, no sabía ni porque la estaba besando. Solo sabía que se sentía agradable estar tan cerca de Sarada y tocarse.
Pero no había ningún movimiento por parte de ella así que creyó que lo indicado era parar y recuperar su compostura, además el aire empezaba a ser escaso y a él no le gustaba sentirse encerrado. Pensaba en alejarse cuando Sarada se dió por vencida.
Dejó de prestar atención a los ruidos de la naturaleza, a los silbidos del viento y al movimiento de las hojas de los árboles y cedió a la curiosidad de saber que podría sentir si ella se dejaba llevar por el osculo de Mitsuki. También dejó caer las cortinas carnosas que eran sus párpados y empezó a mover los labios de arriba a abajo justo cuando Mitsuki pretendía separarse.
Esta vez el muchacho fue quién abrió asustado los ojos porque Sarada lo tomó desprevenido con su actuar.
Sin querer todo era muy íntimo y silencioso en el mundo donde ambos habían quedado atrapados juntos. Un mundo imaginario donde no existía nada a su alrededor ni objetos, solo ellos dos.
Mitsuki enfocó sus pupilas doradas en el rostro color tostado y estirado de Sarada. No había ni una sola arruga, ni una sola cicatriz ni ningún lunar en algún rincón facial. Sus cejas no eran muy pobladas pero tampoco delgadas, era proporcional a sus ojos grandes, negros y de aura misteriosa. La nariz recta y proporcional al tamaño de su cabeza, sus labios parecidos a un melocotón, lucían pequeños pero rellenos y ya podía comprobarlo, también eran suaves como un bombón. Desearía poder saborear de hoy en adelante más seguido aquellos apetitosos rebordes exteriores de su boca y descubrir los más ocultos secretos que aguardaba con recelo, pues según sus amigos, no había cosa más placentera que besar a una mujer hermosa.
Y lo había corroborado, ahora entendía porque fácilmente las personas se volvían adictivos a ese tipo de contacto, en la aldea había visto muchas veces a mujeres y hombres en pareja haciendo lo lo mismo.
Sus pensamientos fueron abruptamente cortados. Lamentablemente en el momento menos oportuno se dio cuenta de que era un ser humano y por tal su oxígeno era elemental. Aquel aire se había agotado, ya era hora de hacer una hendidura entre los dos y como si Sarada lo hubiera presentido hizo lo mismo.
Aspiró hondo decidido a aceptar las consecuencias. Sarada aún agitada nunca inclinó la cabeza, despedía seguridad por los poros y además su mirada se había vuelto austera. Su boca permanecía medio abierta con una pequeña grieta entre sus labios rojos, su boca robaba el aire que necesitaba para rellenar sus pulmones que habían quedado sofocados.
Mitsuki decretó con una sensación incómoda a que ella lo estaba desafiando con la mirada a que hiciera algo si es que se atrevía.
Pero... Aunque pareciera insólito. Cobardemente no se movió ni un centímetro y ella estaba en la misma posición.
Por lo que, doblegados por las circunstancias callaron. Ella sin darle la espalda retrocedió unos pasos inclinado ahora la mirada hacia el suelo y cerró las ventanas junto a las cortinas ocultando de su vista el rostro desconcertado del ninja
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— ¡Boruto! — gritó el nombre del joven y el ninja a cambio respondió acercándose. Dejó a la pequeña desatendida un rato, la pequeña no tardó en ir a corretear al gato que Boruto no quería que cargara.
— Los aldeanos aceptan que nos acompañes a buscar a los padres de mi sobrina.
— ¿¡En serio! ? — musitó incrédulo. Estaba realmente muy emocionado.
— Si — asintió el tío de la pequeña colocando sus manos en la cadera — es raro que acepten a alguien dentro de nuestro círculo. La verdad no solemos confiar los aldeanos absolutamente en nadie — enfatizó — ya sabes, aquí cualquiera puede resultar un delincuente — sonrió siniestramente como si ocultara algo a Boruto. Pero Boruto se despistó, en su lugar tenía otra pregunta que hacerle.
— Si, y me siento agradecido por la confianza que depositan en mi, tengan la seguridad de que no les fallaré. Pero ¿qué pasará con Hidari? ¿Quién la cuidará?
— Oh por ella no te preocupes — sonriente agitó la mano y con la otra se rascó la nuca — hay una vecina que se hará cargo de ella — aseguró con poco interés.
— Bien — confió demasiado en sus palabras — entonces partamos.
— Así me gusta chico...tu entusiasmo.
El quinteto de hombres, Boruto incluído se adentraron sigilosos hacia el bosque. Comenzaba a sentirse un aire frío pues ya mero llegaba la noche. Sino se daban prisa la oscuridad no les permitiría buscar entre los rincones de las miles de hectáreas de terreno.
Todos caminaban unos cerca de los otros. Los campesinos llevaban varas, cuerdas, espadas y todo que lo pudieran necesitar en caso de toparse con ladrones o hasta con las personas que buscaban pues la posibilidad de que se encontrarán atrapados en algún lugar no estaba siendo descartada.
Avanzaron por una hora llegando a una de las zonas más recónditas del bosque. Boruto creía que la búsqueda estaba siendo improvisada. No se dirigían a un sitio en concreto, la intención era solo hallar a los desaparecidos y luego regresar ya fuera con buenas o malas noticias y al día siguiente regresar para continuar con la búsqueda. Definitivamente esto retrasaba muchos de sus planes originales pero el deber era primero y ya se había comprometido a ayudar a rescatar a esa pareja de aldeanos de la villa de la hierba.
— Nunca vamos a encontrar a nuestros amigos sino nos separamos — comentó el tío de Hidari con preocupación.
— Tienes razón — intervino el otro sujeto tan delgado como un palo y peinado con una coleta corta — Tenemos que buscar por distintos lugares, así que cada quien que tome su camino.
— Si no hallamos nada antes del anochecer regresará cada uno por su cuenta a la aldea — ordenó un hombre de piel muy oscura, con cuerpo fornido y totalmente calvo.
— Estoy de acuerdo con ustedes — respondió un campesino obeso de barba larga, cabello largo y castaño.
Boruto observó atento a los cuatro adultos. Entendió las indicaciones de sus mayores y se apresuró a acatarlas.
Cada uno eligió el camino que iba a investigar y así fue como se separaron.
Boruto retomó las mismas energías que desde el principio. Estaba en una misión muy importante y peligrosa y eso le subía el ánimo, todo esto era muy emocionante.
Con una seguridad inata se siguió adentrando a lo profundo del tenebroso bosque sin titubear.
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— Me imagino que Boruto sigue buscando a Sarada y Mitsuki — mencionó Shikadai. Luego resopló frustrado. El equipo 7 se había dividido en dos partes, debido a eso estaban buscando a los implicados y no sería tarea fácil. Además de estar preocupado por sus amigos era un verdadero calvario el esfuerzo que estaban haciendo por darse prisa y encontrarlos antes de que fuera tarde. Andaban solos por ahí en completo riesgo y ellos sin poderlos ayudar.
Los cinco ninjas de Konohagure, Moegi, Inojin, Chocho, Shikadai y Konohamaru descansaban en medio de un bosque. Había anochecido por fin y era momento de recabar toda la información que habían encontrado pero desgraciadamente ninguno halló ni una sola pista. Mañana trazarían un plan diferente para encontrar a cualquiera de los tres alumnos de Konohamaru.
Ahora todos estaban sentados alrededor de una fogata recuperando su energía.
— Si tan solo Boruto no fuera tan impaciente ahora estaría aquí — refunfuño furiosa Chocho — ayudándonos a buscar a ese par.
— Boruto los está buscando por su cuenta — refutó inojin, tratando de defenderlo, aunque reconocía que Boruto era impetuoso, ante eso no podía hacer nada.
— Sí pero no es lo mismo — replicó la mujer — En equipo todo es mejor.
— Chocho tiene razón — intervino Moegi a favor de ella — ahora no tendremos que buscar solo a dos sino a tres personas. Eso chico solo vino a complicar más la misión.
— Pues — vasiló en hablar Konohamaru— no se porque tengo la fe en que volverá sano y salvo — bajo la mirada apenado. Se imaginó que Moegi lo consideraba un mal maestro por no poder controlar a sus alumnos — Ojalá que sea con ambos.
— Konohamaru — llamó Moegi — Aún no entiendo cómo es que se alejaron tanto del sitio donde estaban haciendo su misión. Estaban no muy lejos de las inmediaciones de Konoha.
— Lo sé y me siento muy avergonzado de no haber podido controlar ni la situación ni a mis estudiantes. Fui muy despistado, ahora ya perdí la mira en los tres — comento angustiado — Creo que después de todo no sirvo como capitán — vencido por la situación llevó sus manos hasta su cabeza y se retiró la banda de la aldea. La apretó en su mano con un aire nostálgico.
— No digas tonterías — molesta la mujer le arrebató la banda de las manos al joven ninja — cuando éramos niños parecíamos un trío de ninjas fracasados. Éramos el peor equipo de nuestro salón. ¡Pero jamás nos dimos por vencidos a pesar de que nadie creyó en nosotros!. Por eso nos juramos que algún día seríamos los mejores de nuestra generación y creo que lo logramos porque ningún otro tuvo el honor de convertirse en capitán de un equipo.
— Moegi...— su voz salió temblorosa.
— ¡Ahora no es momento de llorar! — lo regaño de manera muy dura — es momento de ponernos mas serios. Busquemos en los lugares más peligrosos del país. Empezemos por ahí.
Se exaltaron todos poniendo una cara de pánico.
— ¿En los lugares más peligrosos? — la voz de Chocho retumbó temblorosa.
— Si — reiteró firmemente — Es obvio que estamos bastante lejos de donde ellos están. Por eso no hemos hallado rastros de nada. Entonces busquemos en las aldeas más dificiles de acceder.
— Pero no tenemos el permiso del nanadaime para hacerlo — replicó preocupado su amigo y camarada.
— Naruto te confió a su hijo — contestó exigente — tu deber es corresponderle la confianza que te tuvo. Te aseguro que te entenderá cuando se entere.
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— A ver. Ya anocheció — miró el cielo negro con desilución — tendría que haber regresado hace rato a la aldea pero... — a su mente llegó el rostro triste de cierta niña —...no puedo romper mi promesa. ¡Le dije a Hidari que iba a encontrar a sus padres cueste lo que me cueste!. Además...ningún aldeano de por aquí cuenta con mi Jōgan — río por su astucia chasqueando los dedos — Esto me ayudará a ver un poco de noche.
Cómo lo advirtió. Activó su Jōgan, un Dōjutsu que pintaba la pupila de Boruto de un color azulado casi blanco el cual le permitiría observar con nitidez los flujos de chakra por si había intrusos cerca que pudieran serle de utilidad o perjudiciales.
Seguro de si mismo se alejó unos metros dispuesto a continuar su exploración.
En un determinado momento alguien de manera violenta se arrojó desde un árbol cayendo encima de Boruto. Boruto cayó de lleno contra el suelo, la pierna del agresor quien estaba de pie quiso aplastar la cabeza del rubio pero este de inmediato rodó hacia un lado y luego se levantó. Cuando se puso de pie otro individuo apareció de entre las sombras y le acertó un puñetazo en la barbilla, el ninja retrocedió por la fuerza del impacto, entonces antes de recuperar la compostura alguien más por detrás lo sostuvo por los brazos. Boruto gruñó furioso como un animal salvaje.
— ¿¡Qué demonios significa esto!? — dominado por la impotencia gritó enardecido. Una gruesa gota de sangre escurrió por su boca rápidamente.
El primer atacante le respondió déspota.
— ¡Cállate! ¡vendrás con nosotros!
— ¿¡A donde!? — no le importaba si el sujeto le hacía algo, el no era ningún cobarde que se dejaba amedrentar por cualquier idiota.
— ¡No preguntes! — exigió imponente acercándose a él. Le dió un derechazo en el costado que hizo retorcerse de dolor a Boruto. Fue tanta la brutalidad que lo dejó por un instante débil al punto que hizo que desapareciera el Jōgan — que te sirva para que no vuelvas a hablarme tan altanero. ¡Así que escucha mocoso! — lo tomó agresivamente por el cabello estirándoselo fuertemente hacia atrás provocándole más agonía — de tu familia depende que continúes vivo. Este es el momento indicado para saber que tanto le importas a tus padres — sentenció, antes de que otro ninja le golpeada en la nunca dejandolo inconsciente.
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Ya eran pasadas las 12 de la noche. Por fin el turno laborioso de Naruto había terminado. Permaneció en la jardinera afuera de su casa sacando las llaves de la chaqueta, tanteando su bolsa hasta que las encontró.
Con una cara de agotamiento que no podía ni con ella intentaba meter la llave a la ranura pero resultaba ser una tarea muy difícil pues se les estaban cerrando los párpados.
Hinata por su lado, lavaba los recipientes de la cocina, escuchó un ruido y se asomó desde ese lugar, era el sonido de la chapa de la puerta pero nadie todavía entraba. Supuso que Naruto intentaba ingresar pero no podía, no sería la primera vez que ella tendría que abrirle la puerta aunque tuviera el hombre su propia llave.
Separó frente a la puerta pero antes de abrir se secó las manos con el delantal amarrado a su cintura.
Ahora sí, abrió encontrando a Naruto recargando la cabeza en el muro de su casa.
Estaba durmiendo de pie.
Hinata le sonrió con ternura. En un acto de bondad lo ayudó a entrar al hogar, pero como estaba bastante pesado unicamente pudo llegar con él hasta un sillón de la sala donde lo sentó para que continuará durmiendo hasta que ella terminará sus actividades.
Iba a regresar a sus deberes pero en eso Himawari bajó las escaleras e interrumpió a su madre.
— ¡Mamá!
— ¿Qué quieres cariño?
— Mi pijama está sucia, no la has lavado. Necesito otra — la pequeña de 10 años hizo un puchero infantil.
— Toma una de Boruto — sugirió comprensiva.
— Mi hermano — se quedó pensativa, había en su voz un tinte de melancolía — por cierto ¿Cuando va a regresar?
— ¿Eh? — la pregunta tomó por sorpresa a Hinata.
— Ya tiene mucho que no lo veo y lo extraño mamá — afirmó la pequeña muy decaída.
Hinata no la estaba pasando mejor que ella. Su hijo mayor había sobrepasado un par de días de la fecha que se suponía debía haber llegado. Pero estaba consciente que durante las misiones el tiempo no era fijo, podían tardarse más o tardarse menos los ninjas sin embargo estaba enterada de que su hijo mayor y su equipo habían sufrido un contratiempo aunque desconocía la razón real. Naruto solo le dijo que no se preocupara pero ella en su corazón presentía que debía de hacerlo. Le daba un poco de tranquilidad saber que el equipo diez había ido en su ayuda, pero aún así tanto Sakura como ella no podían conciliar el sueño al no haber noticias sobre ellos.
Por su parte le confío a su esposo el bienestar de Boruto porque creía ciegamente en sus palabras pero Sakura en una conversación entre ambas ya le había confesado que de no regresar su hija pronto ella misma se iría de la aldea a buscarla como aquella vez que se fugó para buscar a su padre. No sabía si Sasuke estaba enterado de la situación puesto que nuevamente se había marchado y ya tenía alrededor de dos meses fuera de la aldea.
— Pronto lo veremos Himawari — buscó tranquilizar a la niña inútilmente ya que la menor podría parecer ingenua pero en realidad era incluso más astuta que su hermano. Había escuchado hace poco una conversación entre sus padres. En aquella ocasión Hinata no dejaba de insistirle a Naruto porque le dijera la verdad de la situación ya que presentía que algo muy malo le ocultaba, y su padre se mostraba muy nervioso cuando le explicaba a Hinata las cosas. Sabía Himawari que su papá estaba mintiendo cuando se reía sin querer hacerlo, o cuando se rascaba el cabello del cuello repetitivamente. Aún con todo esto ¿ella qué podría hacer? Esperar sentada junto a su mamá a que aparecieran buenas noticias.
Detrás del sillón, el rubio Hokage había escuchado todo el relato. Permanecía con los ojos abiertos. La expresión de su rostro ya había borrado aquella que hasta hace un rato era de agotamiento, ahora lucia un poco alterado. Además estaba al pendiente de la plática entre ambas mujeres. No iba a moverse ni dar señales de estar despierto pues no quería adentrarse en el delicado tema y ser el culpable de que su esposa y su hija se volvieran a poner muy tristes. Mejor mañana retomaría con mayor fuerza el caso del equipo de Konohamaru que todavía se encontraba desaparecido. Hablaría con Shikamaru y Sai para saber cómo actuar ante este acontecimiento, pues todavía el equipo de Moegi no le traía noticias.
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Cof, cof — escupió ruidosa y violentamente el aire desde sus pulmones hasta su boca. Boruto yacía acostado de lado sobre el frío suelo de piedra. Sus ojos azules estaban privados de visión porque tenía una venda alrededor de ellos, no podía retirarla porque tanto sus pies como sus manos estaban amarrados con una sola cuerda quedando en posición de rana.
Estaba doblegado. Y quería saber que había pasado.
Se puso a nadar entre las lagunas de su memoria y por fin recordó.
No sabía hacia cuántas horas ya, pero lo último que juraba haber hecho fue que salió en compañía de cuatro hombres de la aldea de la hierba para buscar a una pareja de personas.
Todo iba bien en el camino aunque sin frutos. Habían optado que tendrían que separarse para buscar más rápido y él no objetó la decisión de sus mayores.
Pero al cabo de casi media hora alguien, una figura oscura lo asalto.
Alguien calló desde un árbol y lo tiró brutalmente al suelo de manera intencional, luego intento aplastarle el cráneo con uno de sus pies pero se movió hacia un lado a tiempo. Al momento de ponerse de pie, alguien de entre las sombras se colocó detrás de él y lo sostuvo de los brazos para frenar sus movimientos. Se puso altanero como cualquier hombre que es atacado injustificadamente y como respuesta no solo recibió un doloroso golpe en su costado que resintió sus costillas sino que también alguien más lo noqueó.
No sé necesitaba ser un genio para darse cuenta que cayó inconsciente, y ahora despertaba después de tanto tiempo.
Pero él era Boruto Uzumaki. Y no se dejaría vencer por las adversidades. Fue de cobardes atacarlo por la espalda y nada de esto podría quedarse así. Le enseñaría a esos cobardes a combatir limpiamente. Pero para eso primero tendría que salir de ahí.
Desgraciadamente el nudo de sus manos con sus pies estaba muy apretado. Hizo fuerza para haber si lograba aflojar las cuerdas aunque fue en vano. En eso escuchó el barrido de una puerta metálica.
— Así que aquí te tenemos — una carcajada grotesca viajo por el lugar — tu captura nos ha resultado un premio — confesó un sujeto muy delgado y medio calvo.
— ¿¡Y eso porque!? — exigió saber lleno de rabia. Empezó a agitarse violentamente contra el suelo en un intento por liberarse de esas ataduras.
— Tus padres pagarán una buena suma de dinero por ti si tanto les importas...y gracias a ti saldré de mi maldita pobreza — mencionó con resentimiento puro. Se agachó y jaló con fuerza el cabello de Boruto para alzarle la cara y verlo de frente.
— ¡Déjame!...maldito — bramó adolorido con el orgullo herido.
— De eso depende tu familia. Asi que más vale que se apure en contestarme — advirtió intimidante.
— ¿Cómo sabes dónde está mi familia? — de pronto perdió más el control — ¿Cómo pretenden rescatarme!?
— Sabemos perfectamente donde viven tus padres — se párvulo sonriente.
— Entonces vas a buscarles por dinero.
— Exactamente — torció la boca soberbiamente pero obviamente Boruto no pudo saberlo
— Son secuestradores... — Murmuró incrédulo pero luego un pensamiento de le cruzó — ¡Ustedes fueron quienes secuestraron a los padres de Hidari!
— Puede ser — no lo descartó para hacer a drede enfurecer más al rubio.
— Son unos miserables — apretó los dientes con repulsión.
— Y eso que no has conocido al resto de mis chicos en la aldea del sonido — comentó descarado.
Pero entonces al oír esto, una idea ingeniosa se le cruzó por la cabeza al rubio aunque continuará con el enfado.
Si estos tipos eran unos secuestradores veteranos que se echaban la culpa de haber raptado a los padres de Hidari y encima presumían de haber secuestrado a un pez grande como él. Entonces por lógica la probabilidad de que fueran los responsables de la privación de la libertad de Sarada y Mitsuki era grande. Y si lo que quería era encontrarlos entonces permitiría que los maleantes lo llevarán a su sede. Una vez ahí planearía su fuga pero primero tendría que reunir la suficiente información que lo llevaría con sus amigos.
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La luz del día cubrió en su totalidad a la aldea del arroz. La hora marcaba las 8.10 de la mañana y algunos ciudadanos desde muy temprano comenzaban las actividades. Mitsuki pensó por lo mismo que también era la hora indicada para que Sarada y él emprendieran su viaje directo a Konoha finalmente. Si partían ahora llegarían casi al anochecer.
Entonces Mitsuki escaló los mismos árboles que la noche anterior había pisado para poder llegar al techo del edificio donde Sarada se hospedaba. Le encantaba observar las ciudades desde las alturas y sentirse el guardián de las villas todo lo contrario a la realidad ya que el mismo demostraba con sus actos que no quería fungir como guardián ni protector de nadie. Si ahora actuaba como uno hacia cierta chica era para remedar su error con Sarada luego de todo lo malo que provocó que le hicieran en el calabozo de su padre. Además de sentirse también responsable por todas las calamidades que habían atravesado juntos. Pero ya por fin al llegar a Konoha la tortura culminaría.
El muchacho con su habitual sonrisa amable se aventuró a tocar con sus nudillos la ventana transparente de la habitación de Sarada.
Sarada escuchó los pequeños golpes desde su cama. Se removió inquieta todavía sumida en sus sueños hasta que quedó boca arriba. Entonces los golpes en la ventana se hicieron más constantes y fue cuando ella frunció el ceño pero aún sin despertar se llevó su mano izquierda hasta sus ojos y se los talló con el dorso de su mano. Abrió los ojos confusa, su área de visión solo comprendía el techo blanco de algún lugar.
Entonces al encontrarse en una habitación extraña recordó todos los acontecimientos del día anterior.
Una plática pacífica durante el camino, un viaje extenuante que los condujo hasta aquí y para terminar su mente reprodujo como un vídeo un beso.
Espera un segundo ¿¡Un beso!?
La mujer alterada irguió su espalda sobre la cama activando todos sus sentidos de forma abrupta.
Nuevamente se repitió la escena en su mente para descartar si se trataba de un delirio o un sueño.
Y llegó a la conclusión menos esperada.
Pues si. Había ocurrido un beso impensable.
Un beso...¿Podía ser así como lo pensaba? un beso arrebatado...un beso robado...un beso extraño...con su casi amigo.
Bueno. Definitivamente él no era su amigo. En su círculo de amistades figuraban pocas personas porque así era ella de especial. No era como Boruto quien se podía hacer amigo hasta de las palmas.
¿¡Y porque demonios estaba pensando en Boruto!? Cómo es que sus pensamientos hacia Mitsuki se desviaron y se detuvieron en ese rubio remilgoso pero agradable.
Parecía una treta de su mente y ella estaba indispuesta a ser su víctima. Así que sacudió su cabeza frenéticamente. Sus cabellos negros hondearon por el movimiento hasta que ella supuso que ya había sido suficiente, ya había despejado su mente de esos malos recuerdos.
Otra vez el "toc" "toc" de la ventana. Creía saber quién era. Después de todo quien más se subiría hasta el segundo piso y estaría tocándole precisamente a ella la ventana para que le abriera.
¿Qué podía hacer? No quería ver a Mitsuki para evitar morir de vergüenza. La morena mordió la esquina de su labio. Era muy temprano para estar tensa pero increíblemente lo estaba, no por nada sus dedos estaban tamborileando sobre el colchón de la cama. Y su mirada enfadosa encajada sobre la pared amarillenta del cuarto.
Para el colmo, por tercera ocasión escuchó incesantes golpes esta vez más fuertes. Entonces; ante su falta de determinación aunado a que el ruido le martilleaba en los oídos, en un arranque de furia halo la sábana y se paró rápido violentamente. Su camisón blanco se agitó con el brusco movimiento. Abrió de golpe las puertas de las ventana encontrándose con el rostro de Mitsuki el cual tenía una ligera sonrisa.
"Por lo visto no recuerda nada" — dedujo encajando su filosa mirada en la cara del ninja.
Desde afuera Mitsuki sintió un temblor ligero en el brazo. Los ojos de Sarada lucían retadores dictaminó, y también hostiles.
Su absurda respuesta fue ensanchar más su sonrisa queriendo eliminar en vano la tensión en el aire. Esperaba que con eso a Sarada se le bajarán las ganas de activar su Sharingan.
Ambos permanecieron varios segundos con las miradas cruzadas sin decirse nada. Mitsuki no sabía el motivo de su enojo pero se andaría otra vez con cuidado por si intentaba golpearlo. Ella por su lado veia que la respiración acompasada del peliblanco indicaba que estaba tranquilo y no alterado como ella.
"Bastardo" fue el último pensamiento dirigido hacia él por haber olvidado el atrevimiento de su parte ocurrido ayer. Si era así, entonces por orgullo ella fingiría que no había ocurrido nada y de paso lo iba a evadir otra vez como lo había estado haciendo seguido. Total. Que solo quedaban unos cuantos kilómetros para llegar a la aldea.
Donde finalmente se separarían.
Una sensación de melancolía se fue regando por el pecho haciendo que lo sintiera frío. Cualquiera que estuviera despidiéndose de un compañero se encontraría igual de triste por tener que hacerlo. Por no poder hacer algo al respecto para impedirlo cosa que a ella le hacía sentir peor por la impotencia. De alguna manera curiosa también se sentía culpable de que él se tuviera que ir a pesar de que ella no fue quién le ordenó revelarse contra la aldea. Esa persona quién sabe dónde ahora estaba pero si por ella fuera, fuera hokage a quien ordenaría capturar sería a Orichimaru por manipular a Mitsuki para que hiciera el mal; él solo era una víctima aunque le costará aceptarse como tal ya que aseguraba que el delito que había cometido se llevó a cabo por voluntad propia en agradecimiento a su padre, a su creador.
Todo era muy confuso con él. Mitsuki siempre hablaba de ser independiente y de tomar sus propias decisiones pero ahora estaba siendo demasiado obediente con Orochimaru, excepto aquella vez que se dejó convencer por ella y la liberó de un sufrimiento seguro. Si el chico no estaba ni seguro de que era lo que quería en la vida no podía a ella menos que afectarla, total que ella si sabía lo que quería hacer de la suya, ser un Hokage. ¿Qué es lo que a ella podía afectarla? Estaba a un paso de llegar a la seguridad de su aldea, en brazos de su madre y bajo la protección de su poderoso padre, jamás nunca volvería a caer en una trampa igual a la perpetrada por el ninja. De los errores se aprende y confiar demasiado fue su error. Que se enfrentara entonces él a las consecuencias de su propio error. Que se diera por bien servido porque ella no iba a delatarlo, pues aunque le costará reconocerlo, en lo más profundo de su corazón deseaba infinitamente que el tiempo que estuvieran separados, él se encontrará bien, alejado del peligro, blindado de la muerte aunque no se lo mereciera, aunque aún estuviera un poco resentida, era más el anhelo de desearle lo mejor para poderse reencontrar en un futuro y volver a estar juntos.
¢σηтιηυαяá...
¡Por fin! Mitsuki y Sarada se dan el beso mejor correspondido hasta ahora. Aunque creó que si no fueran tan inexpertos habrían hecho ahora si "Click" y habrían prolongado el beso, pero bueno ellos nunca antes se habían besado con otra persona así que son muy inocentes. Lo que sí es que esto solo es la punta del iceberg. Realmente muchas cosas están por suceder y esto a ellos dos no solo los implica. ¡Recuerden que nadie sabe de la traición de Mitsuki!.
Cambiando de tema, quiero pedir disculpas por decir que iba a subir el capítulo el sábado. Realmente acabo de terminarlo y de inmediato hoy lo eh subido no quería que llegara jueves y todavía yo sin subir nada. Así que hoy miércoles se los traigo, espero que lo disfruten ;) síganme enviando comentarios. En verdad disfruto leer sus puntos de vista, son como el motor que me da energía para seguir escribiendo más capítulos.
