Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Capítulo nueve: Reencuentro

— ¡Ahora mismo quiero que te hagas cargo de mis asuntos mientras que ausento! — mencionó exaltado detrás del escritorio pero de pie apoyando las manos sobre el escritorio.

Shikamaru detrás del escritorio del rubio le dirigió una mirada austera, no porque tuviera que hacer temporalmente el trabajo que le correspondía al Hokage ya que él era el consejero y por lo tanto el segundo al mando, pero Naruto no estaba pensando con la cabeza. Se veía nervioso y como siempre se dejaba manejar por las emociones que le llegaban. Mejor debería de meditar bien que es lo que iba a hacer antes de actuar porque ya no era un simple ninja, era el hokage y tenía otras obligaciones en la aldea que atender y no podía descuidarla por mucho tiempo como tampoco podría estar exponiendo su seguridad a la más mínima cosa.

— Me parece bien que vayas a buscar a Boruto y a sus amigos pero como Hokage tienes también otras obligaciones igual de importantes. Ya fue el equipo diez a buscarlos — era importante recalcarle a su amigo que había ya alguien afuera haciéndose cargo del problema.

— Y no hemos tenido respuesta — replicó molesto dándole nula posibilidad a Shikamaru de reconsiderar por su parte su decisión.

— Te equivocas — dijo con determinación dando un paso adelante — Ya nos llegó ahora desde antes de que llegarás tú aquí un mensaje de parte de Inojin.

Informando esto, Shikamaru levantó el mentón para observar el techo detenidamente. Con calma, se puso a recordar como minutos antes de que llegara Naruto al trabajo, estaba tranquilamente en su propia oficina revisando unos nuevos tratados de economía con otra aldea, cuando de pronto una ave formada de tinta negra había aparecido afuera de su ventana posándose sobre el marco de esta. Shikamaru la descubrió inmediatamente. Creyó que podría ser un Jutsu de Sai con algún mensaje oculto así que antes de abrir la ventana recogió un pergamino en blanco de uno de los cajones de su escritorio y extendió el rollo sobre el mueble. Abrió la ventana y el ave entró para colocarse sobre el pergamino deshaciéndose en este para formar unos escritos.

Solo que...Shikamaru se llevó una ligera sorpresa cuando leyó el mensaje porque no era Sai el autor del mensaje, además le informaban de algo sumamente importante.

— ¿Y que decía el mensaje de Inojin? — cortó de forma brusca el hilo de sus pensamientos mirándolo expectante. Shikamaru carraspeó antes de continuar. A Naruto no le iba a gustar lo que iba a decir sobre su primogénito.

— Boruto acaba de complicar más la misión.

— ¿De qué hablas? — urgió a hablar. No entendía nada, solo que si se estaban tardando en terminar la misión era porque un imprevisto surgió pero no sabía de qué imprevisto podría tratarse.

— Verás...— endureció la mirada haciendo una mueca de desagrado — no solo Sarada y Mitsuki se encuentran desaparecidos.

— ¿¡Desaparecidos!? — sintió un balde de agua fría sobre su cabeza, y como la sangre de las venas se le helaba. El pobre casi cae para atrás de la impresión.

— No sé porque Konohamaru tardó tanto en informarnos esto — opinó extrañado. De Konohamaru podría esperar honestidad y no desacato como el que había hecho — Pero han perdido el rastro de Mitsuki y Sarada desde hace días.

— ¡Diablos! — maldijo abiertamente golpeando con la mano cerrada sobre su mueble — por eso tardaban tanto en llegar — frunció más el ceño tensandose — Konohamaru hizo mal en no decírmelo a tiempo.

— Tal vez estaba buscándolos por su cuenta — intentó en vano defenderlo. Konohamaru era de los mejores ninjas de Konoha, siempre responsable y correcto muy diferente al niño desobediente que fué.

— Sí pero no es su trabajo buscarlos él solo. Siempre eh dicho que todos necesitamos de los demás. Se trata de personas, de seres humanos. De Mitsuki... Y de Sarada — enmudeció abriendo desencajadamente los ojos luego de soltar lo último — demonios... Sakura me va a matar...— con frustración golpeó otra vez el escritorio ligeramente — y Sasuke — la piel se le humedecido de un ligero sudor frío y también palideció de solo pensar cómo ambos comenzarían a recriminarle su incapacidad cuando se enteraran del extravío de Sarada. Le estarían atacando con palabras regañandolo pues le dirían que como era posible que no se hubiera enterado antes de la gran problemática. Sakura hasta lo iba a querer golpear como en los viejos tiempos y vaya que dolía pues su especialidad era el control de su chacra en sus puños — ¿¡y porqué dices que mi hijo vino a complicarlo todo!?

— Porque para colmo Boruto decidió ir a buscarlos por su cuenta. Ya sabes lo arrancado que es — chasqueó la lengua irritado metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

— ¿¡Y Konohamaru!? ¿Esta con él? ¿Cierto? — cuestionó dudoso. Temia que su hijo se hubiera marchado solo, de hecho tenía el fuerte presentimiento de que él y su maestro estaban separados por eso su ahínco a escuchar una respuesta positiva de Shikamaru como intentando auto convencerse de que todo no estaba tan mal.

— No...— contestó con firmeza meneando de un lado a otro su cabeza y colocando una mano en su cadera — le tendió una trampa y se alejó de él. Algo hizo que no le gustó a Boruto y por eso se fue por su cuenta.

— ¡Hay ese niño! — renegó furioso tamborileando los dedos sobre el escritorio — ¡Qué dolor de cabeza! — se frotó la frente enojado.

— ¿A quién te recuerda Naruto? — lo dijo burlón arqueando la ceja izquierda. Naruto vio una diminuta sonrisa en Shikamaru. Obviamente se refería a su persona pero este no era momento de recriminarle en la cara que estaba pagando sus viejas travesuras de niño con su ahora hijo.

— Bueno...pero es que...— murmuró vacilante y pestañeando — ya no solo se trata de Sarada y Mitsuki, ya son tres personas desaparecidas — indicó furico mostrando extendidos tres de sus dedos — y ahora hay que buscarlos por diferentes rumbos para dar con ellos. Y sabes que me preocupa más... que si nos tardamos demasiado vendrán sus padres a cuestionarnos.

— ¿Lo dices por Sakura? — adivinó. Nada podía tener tan atemorizado al rubio como una tunda (una golpiza) y un regaño de la pelirrosa.

— Pues...

— Porque no creo que venga Orochimaru a preguntarte por Mitsuki. Ese tipo tan extraño no puede tener sentimientos de cariño o amor hacia nadie.

— Lo sé, lo sé. Es que no lo entiendo — suspiró agotado, las conjeturas que podría haber tenido para llegar a una razón del porque el equipo 7 se había separado ya estaban desechadas luego de lo informado por Shikamaru — No se les dió una misión tan complicada. Pero bueno tú eres mi consejero ¿No?

Shikamaru hizo una mueca de desagrado. Ya sabía para donde iba Naruto con eso

— Además eres muy inteligente, un genio con un coeficiente alto — comenzó a enlistar sus cualidades, sonriente.

— Ya ve al grano — cortó brusco agitando la mano con calma — no necesito que me halagues tanto, ni Temari lo hace.

— Bueno está bien — sonrió más rascándose la cabeza al haberse descubierto sus intenciones— estaba pensando que tú podrías ir. En mi lugar claro.

— Tengo dos años que no voy a ninguna misión me estás proponiendo una. Sería más coherente si mandas a Sai pues es el más preparado, es un experto en rastreo

— A Sai lo utilizo solo yo para misiones de más riesgo, no sé si esto amerita que lo envíe — comentó con duda — además va a levantar sospechas su intervención.

— Si quieres una solución rápida es él — aconsejó el hombre.

— ¿Ino sabrá guardar secretos? — llevó su mano a su mentón — ¿Crees que Sai le diga algo? Ino es muy amiga de Sakura.

— Entonces pidamosle discreción a Sai — propuso.

— Ino es una entrometida manipuladora — opinó Naruto de mala gana cruzándose de brazos.

— Te doy absolutamente la razón. Es también mi amiga y fue mi compañera de equipo por muchos años... aunque de todas formas van a enterarse algún día.

— Estoy perdido — se sentó el Hokage en su sillón sintiéndose presionado — Hinata me comentó que Sakura ya amenazó con salirse de la aldea para traer a Sarada.

— Nuestra única esperanza es que todo esto se trate de un mal entendido. Qué esos dos chicos se hallan separado para buscar a alguien — dijo Shikamaru.

— Los voy a regañar cuando los vea.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

— Comenzaremos a movernos más de prisa — adelantó el paso corriendo más veloz por el suelo de un enorme campo de flores.

— Oye...— habló agitada por la aceleración de la corrida, su ropa que consistía en una blusa de manga tres cuartos, color blanca que tenia una delgada franja roja que la cruzaba y un largo y negro chaleco encima que siempre tenía entre abierto solo sujetado con una cinta blanca y gruesa, se mecía con el sofocante viento de ese verano caluroso — ¿y qué tal si nos paramos una vez aunque sea para comer? — esta mañana no había comido la gran cosa, solo unos cuantos frutos secos porque Mitsuki no tenía dinero. Lo poco que había fue gastado ayer en el hotel y ya estaba exhausta y gravemente hambrienta.

— Eso nos va a retrasar — dijo rotundamente, sin esperar a que lo contradijeran. Sarada se irritó en cambio por su poca consideración hacia ella, no le interesaban sus necesidades básicas.

— Siempre estás pensando en el tiempo — bufó molesta agitando con el aliento su lecho .de cabello negro y obsequiándole una mirada filosa que Mitsuki ignoró porque le llevaba ventaja en el camino dejándola un poco atrás.

— ¿No te parece ya que ah sido demasiado el tiempo que hemos estado incomunicados con el Hokage?...— dijo áspero sin molestarse en observarla — y además tus padres — los padres de Sarada debían de estar muy preocupados por su ausencia eso quiso decir pero no lo aclaró. Aunque Sarada entendió el mensaje.

— Mi padre no está en la aldea — gruñó desanimada.

— Con tu madre nos basta — había escuchado que Sakura era un volcán cuando explotaba.

— Escúchame — exigió con un tono severo y todavía corriendo se acercó un poco a él teniendo que acelerar el doble sus pasos para alcanzarlo — ...yo soy un ser humano común y corriente no como tú — espetó exaltada.

Mitsuki de pronto se quedó callado. Sarada estaba tan concentrada en el actual enojo que no notó el cambio repentino de humor del peliblanco. Así que siguió con sus reclamos echándole más harina al costal.

— También sufro hambre, sueño, sed, cansancio — empezó a relatar cada uno de los puntos con indignación.

— Ese es el problema de la humanidad — contrarrestó desafiante, por primera vez en el día dedicándole una fiera mirada — Por eso mi padre decidió hacer sus experimentos con diferentes ADN perteneciente a los seres más fuertes que hayan pisado este mundo, para crear a un ser más resistente y poderoso que ninguno.

— Y me imagino que según él, ese eres tú — hizo una mueca burlona rodando los ojos — Qué arrogante — murmuró por su parte.

— Soy más resistente que cualquier ninja que haya salido de la escuela — reiteró pedante ya que alcanzó a oír su susurro— No soy totalmente un humano.

— ¡Entonces porque!... — exaltada hasta la médula calló abruptamente. Se mordió todo lo que pudo su labio inferior hasta sentir una ligera gota resbalando debajo de su boca, quería decir algo, quería soltar las palabras que ya tenía en la punta de la lengua deseosas de salir como el veneno de una serpiente pero el orgullo la contenía y sin embargo...no pudo tolerarlo — entonces porqué...— llevó su brazo hacia su boca — ¿¡Porqué diablos hiciste lo de ayer!? — y violentamente limpio con la manga de su ropa la sangre derramada por su labio.

— ¿Qué? — volteó a verla furico arqueando una de sus cejas. Sinceramente no sabía de que hablaba la adolescente.

— Sabes a qué me refiero — rugió furiosamente apretando todo lo que pudiera su ceño. En sus pensamientos solo pudo maldecirse a si misma porque sin desearlo se estaba sonrojando ¡Qué humillante!, Y si Mitsuki de verdad no recordaba nada sería el doble de humillante. Agachó echa una bola de nervios la mirada fingiendo que le interesaba mucho más ver las ramas del terreno que aplastaba con los pies para esquivar el escrutinio de Mitsuki. Afortunadamente su largo cabello azabache le cubría gran parte del rostro así que se había aliado a su favor porque así no podría ver el chico lo que provocaba en ella entablar está conversación vergonzosa

— No sé — confesó incómodo ya que no entendía la plática.

— idiota — chasqueó la lengua enojada — eres idiota — espetó echa una rabia — Por eso no deberías de hacer las cosas atrabancadamente para que nadie te reclamé, para que las recuerdes.

— Será que estás hablando de...— abrió los ojos abrumado.

— ¡Si! — afirmó con fervor alzando la voz.

— Fue un arranque...tú misma lo has insinuado — recalcó tajante un poco intimidado.

Las crueles palabras las resintió en su pecho. Un invisible y ligero golpe se hundió en el lado izquierdo de su corazón y de lleno en su pecho femenino.

— ¿¡Y que te hizo pensar que podías tratarme como una maldita muñeca!? — reclamó al punto de lloriquear pero su orgullo era más inquebrantable que una barra de acero.

— Los humanos son muy sentimentales — murmuró inconforme para luego levantar un poco el volumen de su voz para imponer su postura sobre la de Sarada — Mi padre creó a seres como yo que pudieran anular sus emociones más fácilmente que los humanos comunes, para que esas emociones no pudieran resultar perjudiciales a la hora de luchar contra un enemigo.

— ¿¡Y yo soy tu enemigo!? — le reclamó con cólera poniéndose a su nivel y volteando a verlo como una fiera, queriendolo atravesar con un kunai provocando en Mitsuki un escalofrío por toda la columna. Más cuando Mitsuki pudo admirar embelesado el peligroso Sharingan activado de Sarada. Era bien sabido que este se activaba automáticamente cuando su portador sufría fuertes emociones que no podía controlar — ¿¡Por eso las anulaste!? — quería saber, ya no era una pregunta, era una exigencia.

Mitsuki silenciado por la reacción exaltada de la fémina no supo que responder al respecto. Parpadeó muchas veces confundido por la conducta de Sarada. Aturdido sin más que pudiera hacer para conciliarse volvió su atención hacia el frente del camino. Pero algo iba a decir para desviar la pregunta comprometedora que lo habia puesto nervioso. Supuso que lo ideal era ignorarla, no quería responder tonterías que lo incomodaban y lo acorralaban.

— No sé porque tanta importancia a esto...— recalcó abrumado — después de todo tú estás enamorada de Boruto...y yo te robé el beso...no tú.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

—Así que así están las cosas — comentó reflexivo Sai a Shikamaru. Ambos estaban en un campo de entrenamiento. Este fue el lugar en donde Shikamaru encontró dibujando a Sai.

— Si — afirmó preocupado rascándose la barba larga — Y nos urge encontrarlos. No puedo creer que una simple misión se convierta en un problema tan grande — y pensar que todavía faltaba ingeniarselas para esquivar a la astuta de Temari por si su hijo también tardaba en llegar. Bueno, solo tenía un par de días que se fue. Era muy pronto todavía para pensar en eso. La desventaja es que Temari empezaría a escuchar también rumores sobre esta situación.

— No te preocupes — sonrió fingidamente tratando de confortar a Shikamaru. La conducta insegura de Shikamaru le indicó que el consejero se encontraba angustiado más no preguntaría las razones, cosa rara pues solía ser muy oportunista — Le diré a Ino que hoy mismo debo de salir a una misión.

— Te pido que no le des detalles —alzó la voz alertado dando un paso delante para presionar a Sai.

— Siempre me pregunta cuando me voy de misión — mencionó cabizbajo moviendo de un lado a otro las pupilas analizando lentamente la situación.

Veía muy difícil que Ino no le preguntara. Él era su esposo y ella era demasiado preocupona por él y su hijo. Siempre estaba al pendiente de los dos no podía quejarse del todo, aunque en ocasiones se sintiera hastiado por tanta cercanía a la cual no estaba acostumbrado — Te prometo que no caeré en su juego — levantó la cara decidido — Me iré rápido.

— Bien. Entonces te dejo — se despidió con un movimiento de la mano — Debo de volver con Naruto

— De acuerdo...

Y esa tarde la única manera en que Sai encontró para poderse ir fue fugandose. Es decir irse a escondidas aprovechando que Ino Yamanaka estaba en su trabajo en la florería. Se imaginaba el grito en el cielo que la mujer daría al no encontrarlo en casa, pero su reacción no era tan importante como la misión que le había sido encargada.

Él era un ninja por demás disciplinado y sus obligaciones como tal eran muy importantes. Jamás podría rechazar una misión. En raíz de anbu le enseñaron a acatar órdenes inmediatamenete como una marioneta y un instrumento al mando de Danzó.

Pocos minutos después Sai caminaba hacia las grandes puertas de madera de la aldea. Los guardias de la villa que custodiaban la entrada y salida lo dejaron pasar automáticamente pues sabían de quién se trataba, de un ninja que supusieron iba a misión.

Traspasó las barreras en total calma. Pero apenas se adentró al bosque verdoso detuvo sus pasos. Las hojas de los árboles se agitaban velozmente sin haber viento. Concluyó que alguien de la aldea venía siguiéndolo.

Correcto, no se equivocó. Naruto se apareció como un fantasma a lado suyo. Sai no se perturbo de hecho rara vez lo hacia. Siempre mantenía una expresión vacía. Naruto frunció el entrecejo tomando aire por la boca.

— Cuándo traigas a Sarada, Mitsuki o Boruto de inmediato les dices que los espero en mi oficina. Sakura no debe de enterarse de que perdimos el rastro de esos chicos — suspiró tenso masajeando su cuello con su mano izquierda. Para relajar los músculos de su cuello lo movió de un sentido a otro tronandolo y eso ayudó — Cambiaremos la historia. No diremos que se retrasaron por algún accidente o algo parecido. Porque Sakura suele ser muy sobreprotectora.

— Si... Pero es muy seguro que tarde varios días encontrarlos pues es posible que estos chicos hayan agarrado rumbos diferentes. Se supone que Boruto no sabe dónde están. Así que me voy a enfocar a buscar primero a Mitsuki y Sarada. Konohamaru ha de estar buscando más a Boruto.

— Entonces hazlo.

Sai asintió y así se retiró.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

"Esto es demasiado incómodo" — pensaba frustrado con mucho fastidio, con tanto calor y agitando el cuerpo violentamente dentro de la caja de madera que estaba en la parte trasera de una carreta que usualmente usaban los campesinos para cargar trigo, maíz, frutas o cualquier cosa que cultivaran. La carreta iba jalada por dos caballos. Encima de los animales al mando iban dos bandidos y los otros allá atrás caminando cuidando las espaldas y cuidando que Boruto no se desatará las cuerdas que lo mantenían sujetado del cuerpo y huyera.

Boruto yacía acostado dentro de la caja de la carreta con la boca tapada con un pañuelo y tanto las manos como los pies estaban amarrados fuertemente por la misma cuerda. En esta posición con sus manos amarradas por detrás de su espalda no podía hacer ningún sello así que estaba deshabilitado. Aunque aún si pudiera hacerlo no le convenía porque su plan original consistía en dejar que esos maleantes lo llevarán hasta su escondite, donde encontraría a los padres de Hidari.

La carreta avanzaba con lentitud por un camino de curvas extremadamente estrechas que a sus lados tenían simplemente el vacío del paisaje pues las curvas estaban en las alturas rodeando las montañas.

Y como era un camino de piedra el rubio resentia los dolores en su espalda cada vez que las llantas del carro pasaban por encima de los bordes.

Pero valía la pena el sacrificio. Se autoconvenció por centésima ocasión para no caer en la desesperación al encontrarse ahí amarrado, acostado en la carreta y en pleno calor con harta sed que a los delincuentes poco les importaba porque ellos si aliviados podían detenerse a descansar por lapsos y tomar de sus cantimplora el agua que llevaban mientras él estaba bañando en sudor por el calor abrasador de esa tarde.

— Ya deja de estar gimiendo como perro herido — golpeó fuertemente la carroza con su vara para amonestar a Boruto uno de los ninjas que vigilaban sus espaldas. El hombre con ropa de campesino, de buena altura y cuerpo grueso le llamó la atención hastiado de su comportamiento — llevamos 8 horas de camino. Solo nos faltan dos para llegar a la aldea del sonido — comunicó enojado al ninja.

"Bastardos" — pensó rojo de la rabia Boruto — "me la van a pagar cuando apenas lleguemos allá"

— ¡Oye! — habló alterado uno de los hombres encapuchados, un flacucho que iba adelante conduciendo a los caballos — tenemos problemas — jaló hacia atrás las cuerdas de su caballo que llevaba la carreta para frenar la velocidad del vehículo. El otro hombre a su lado también hizo lo mismo.

— ¿De qué se trata? — preguntó con voz grave el mismo sujeto de cejas negras muy gruesas que no dejaba de ver amenazante a Boruto con detenimiento.

— Parece ser que nos hemos topado en el camino con unos ninjas

— ¿¡Cómo dices!? — gritó exacerbado abriendo exageradamente los ojos — ¿De verdad son unos ninjas? — una gota de sudor escurrió por su sien debajo de la capucha.

— Claro que si — reafirmó preocupado colocando su mano a la altura de su frente para taparse del sol y achicando los ojos para observar más detenidamente a los intrusos desde su amplia distancia — traen unas bandas aunque no logro distinguir desde aquí la insignia — avisó frustrado.

El otro sujeto repasó la información de alerta de su compañero, llegando pronto a una deducción preocupante.

— Si nos llegan a ver verán a este niño atado con cuerdas y de inmediato sabrán que está secuestrado. No dudarán en liberarlo y a nosotros atraparnos.

Boruto escuchó muy atento a eso. Entonces comenzó a agitarse con más brusquedad en la carreta moviendola un poco.

— Hey — el mismo hombre autoritario de cuerpo robusto volvió a golpear muy fuerte con su vara la carreta bastante cerca de las rodillas de Boruto tanto así que el rubio de buenos reflejos tuvo que retraer un poco sus piernas a tiempo para evitar que le pegará directo en los meñiscos con la vara. ¡Ya lo tenía harto esa maldita vara! Estaban tratándolo como un esclavo, solo faltaba que también lo azotarán con cuerdas por no estarse quieto. Se cuestionó furioso otra vez si realmente valía la pena pasar por tantos perdurios. Tres centímetros más y le pegaban en los huesos con esa gruesa vara de madera. Lo primero que iba a hacer, se juró, era destrozarla a golpes contra la espalda ancha de ese hombre abusivo con ropa de campesino cuando se liberara. Fulminó con una mirada la vara como si viera a su peor enemigo, y fue tanto su escrutinio sobre ella que se percató de un detalle que al principio pasó desapercibido. Escudriñó detenidamente enfocándose en un solo lugar.

La empuñadura de esa vara que mantenía recelosamente el hombre junto a su cadera, de forma curiosa tenía tallada un símbolo con una inicial, un kanji que su mente reconocía como algo que ya había visto antes.

Le costó unos momentos ubicar perfectamente el lugar o con quién había visto ese símbolo.

Abrió los ojos de par en par cuando supo la respuesta.

"Cuando iba caminando junto a esos cuatro hombres de la aldea de la hierba, al ser hombre humildes ya sea que fuera que se tratara de campesinos o comerciantes, no contaban con el armamento que cualquier ninja tendría. Así que no tuvieron otra opción más que marcharse armados a lado de Boruto con cualquier objeto que pudiera ser peligroso para cualquier ser vivo, ya fuera una bestia o un humano para poder defenderse en caso de ser atacados. Fue así como Boruto miró comprensivo que cada uno de ese cuarteto de hombres incluido claro el tío de Hidari, llevaba en sus manos hachas, machetes caseros, palos y hondas.

Hubo un palo peculiar que llamó su atención pues pese a ser una simple vara se notaba que había sido alterada para transformarla en un bastón, una vara de un metro y medio de largo ,gruesa de adelante como la cabeza de un hongo y delgada de atrás.

Debajo de la cabeza con forma de hongo de madera, había una inicial 十三竹. ¿13 bambú? En su momento meditó pero no tenía sentido, sin embargo lo inconscebible era que el propietario de esa arma era Susano, el tío de Hidari.

Liberó un gruñido que no pudo ser percibido por ninguno de los cuatro secuestradores, o mejor dicho traidores. Hasta el número de sujetos coincidía como pudo ser tan tonto, quiso pegarse con su mano en la frente pero al estar atado fue imposible.

Cuatro sujetos lo acompañaban en el bosque, cuatro sujetos lo atacaron por la espalda y cuatro sujetos ahora lo llevaban atado hacia su destino para ser intercambiado por dinero. Si que era un estúpido.

No sabía de qué trataba todavía esto, hasta donde eran responsables del secuestro de Hidari, Mitsuki y Sarada. Si lo que buscaban era dinero como a él le habían dicho entonces ¿qué ganaban llevándose a Mitsuki y Sarada?, más confuso aún ¿qué ganaba Susano con secuestrar a su propia hermana si el único familiar con vida de ella era él mismo?. No podría pedir rescate a sí mismo eso era absurdo. Por lo tanto ya empezaba a dudar incluso que él fuera el responsable del secuestro de estos tres. Confió en que lo eran porque cuando hizo su misión junto a sus amigos y su capitan hace ya varios días, los individuos a los que se enfrentaron también estaban encapuchados igual como estos, no recordaba el color de sus capuchas eso era imposible pero ahora que lo notaba bien, estos que ahora mismo lo llevaban atado lucían más como simples aldeanos que como ninjas. En cambio los que si se llevaron a Mitsuki y Sarada lucían como auténticos ninjas, todos llevaban capuchas del mismo color aunque no recordaba el tono, y su uniforme tambien era ninja.

Eran tres hombres y estos eran cuatro. Y por lo que había escuchado temían que unos verdaderos ninjas los atacarán, lo que le hizo pensar que no eran tan fuertes como a los que su equipo se habían enfrentado.

Entonces posiblemente estuviera perdiendo el tiempo. No encontraría a sus amigos ni a la madre de Hidari. Lo llevarían a la aldea del sonido irremediablemente pero se escaparía. No sin antes darles su lección. Pero había otro inconveniente. Si se deshacía del tío de Hidari ¿qué pasaría con esta niña? Él era su único familiar. Era todo un caos terrible su cabeza.

Antes de que pudiera estallar su cabeza por pensar tanto sintió que la carreta daba violentamente media vuelta hacia una cueva nada profunda de la montaña.

Escuchó las conversaciones de unas personas a unos metros. Alguno de ellos tenía un tono de voz chillón y molesto. Se parecía tanto al de Chocho, penso nostálgico; pero eso era imposible. El equipo de Moegi estaba en la aldea, se suponía.

— Ahí vienen — susurró titubeando otro sujeto que estaba muy pegado a la pared de la cueva en la que ya no había cabido pues tanto media la carreta que ocupaba espacio y los otros tres hombres se hallaban ocultos adentro. Supuso Boruto que el que se quedó afuera se trataba del obeso de cabello y barba muy larga y castaña, que tenía los ojos tan estirados que dudaba si podría ver bien. Lo recordaba perfectamente cuando andaban en el bosque buscando a los padres de Hidari.

En seguida oyó el ruido más de cerca.

Creyó que los murmullos, las pisadas y demás conversaciones a gritos provenían por encima de la cueva por lo tanto no podrían verlos.

— ¡No es mi culpa que una mujer tan guapa y exuberante como yo sea motivo de distracción de los hombres débiles como tu! — con desaire agitó con una mano su cabello café.

— ¡Oye gordita estás mal entendiendo! — a su lado se defendió con una mueca burlona Inojin.

— Par de infantiles — detrás de ellos una voz desganada intervino en la discusión — Ya llevan media hora discutiendo por lo mismo. Me fastidian — boztezó y luego barrio con su mano toda su cara, harto de oírlos.

Boruto abrió más sus ojos, una luz de esperanza atravesó como un flash su mente. La voz aflojerada, su muletilla de que todo le fastidiaba y después el nombre de aquel artista de cabello rubio le delataron que se trataba de ellos, sus amigos.

— No volverá a sucitarse un error así — comentó Moegi sonriendo volteando hacia atrás para ver a sus pupilos discutir. Era toda una parodia las discusiones entre ese trío de inmaduros — si vuelve a escaparseles lo que iba a ser nuestro alimento entonces los amonestaré por torpes — sentenció señalando a cada uno con el dedo.

— Podríamos intentar pescar para la próxima. Seguro será más fácil cazarlos que a un venado — opinó divertido Konohamaru un paso más adelante que Moegi.

Esta era su oportunidad, dedujo alterado Boruto.

Decidido porque reconocía que era única su oportunidad. Acumuló todas sus fuerzas en sus piernas y las levantó. Retrajó su cuerpo hasta por encima de su cabeza y se abalanzó hacia adelante cayendo entre volteretas al piso empedrado de la zona. El ruido alteró a todos los presentes, tanto a los ninjas como a los nerviosos secuestradores.

— Pero — el ruido despertó la curiosidad de Konohamaru en seguida. Atraído por las voces cercanas de unas personas enojadas se detuvo. Allá abajo había alguien estaba seguro. Sigilosamente se acercó más a la orilla de la montaña, apoyó despacio las rodillas en el suelo y se inclinó hacia adelante ante la confusión del equipo 10. Se asomó Konohamaru. Descubrió a un regordete manoteando en el aire como loco y gritándole a alguien que no podía ver. El individuo lucía sospechoso pues llevaba cubierto medio rostro como si quisiera pasar desapercibido por la gente concretamente.

Entonces observó en ese instante que rodaba más allá un cuerpo, el cual detuvo su andar cuando topó contra los pies inflados del regordete furioso. Lo primero que pensó asustado es que se trataba de un homicidio pues no se movía el cuerpo y estaba amarrado con cuerdas, había quedado boca abajo.

Dispuesto a averiguarlo, valientemente saltó rápido de la colina que estaba arriba de la cueva, aterrizando frente al gordo que se había quedado pálido de la impresión por verlo.

— Hmhm— se oyó que pujaba el cuerpo del inocente. Konohamaru por eso descartó que estuviera muerto.

Aparte vio la cinta cubriéndole la boca, eso explicaba todo. O era un rapto o estos también eran ninjas y habian capturado a un delincuente.

Con esas dos hipótesis comenzó a entender mejor el problema. Precavido sin quitarle la mirada fiera de encima al otro hombre desenvainó un cuchillo de su chaleco especial ninja. Cuando se agachó para retirarle la cinta, los tres restantes aprovecharon su distracción para atacarlo por detrás.

— Ahhh — gritó un sujeto como salvaje empuñando su espada directo a clavarla en el cuello del capitán.

Pero subestimaron el buen reflejo de Konohamaru, quién se levantó a tiempo y volteó dándole una patada certera al brazo del atacante mandando a volar su espada hacia el vacío quedando irrecuperable.

El regordete salió de su trance e intento golpearlo con su honda pero Konohamaru se le adelantó un segundo y estando de espaldas le pegó con el codo en la boca del estómago.

Entonces el mismo sujeto que había tenido antes la espada aunque adolorido de la mano por el golpe de la patada empujó a Konohamaru con todas sus fuerzas hacia el vacío. Konohamaru trastavillo en el acto pero se apoyó sin saber en el regordete que tenía medio inclinado detrás de su cuerpo y como este todavia no se recuperaba del codazo en el estomago no pudo resistirse a la presión del cuerpo del capital del equipo 7 por lo que terminó involuntariamente orillandose de más perdiendo el equilibrio hasta que accidentalmente cayó al vacío de la montaña perdiéndose entre la extensa neblina que maquillaba el panorama.

Konohamaru volteó hacia atrás asustado por lo ocurrido, dándose cuenta que también él se encontraba demasiado cerca de la orilla. El responsable de la muerte de su compañero no daba crédito a lo ocurrido, estaba en completo shock. Inojin y Moegi saltaron también colocándose delante de Konohamaru. Entonces los otros dos hombres ocultos aún en la cueva salieron imponentes de la penumbra con una seguridad innata. Konohamaru, Moegi e Inojin ya habían visto sus siluetas antes de que se descubrieran. Se mantuvieron en alerta. El hombre que había empujado a Konohamaru no estaba mentalmente consciente de lo que sucedía. Chocho fue la encargada de quitarlo del lugar haciendo enorme su mano para envolver su cuerpo entre sus dedos y recogerlo llevándoselo hacia arriba junto a ella. No correría peligro ni ella ni Shikadai mientras se mantuviera en ese estado fuera de sí.

Los otros dos en cambio se notaban antipáticos, imponentes, temibles. Sin ningún reparo se retiraron las capuchas mostrando su verdadero rostro.

El flacucho, de nariz prominente y aguileña, calvo de la la base del cráneo y con coleta corta y canosa fue el primero en retirarsela. En seguida del otro corpulento y de mejor altura con cabello y barba castaña.

Los ninjas contemplaron ofuscados. Al final los 7 presentes se miraron amenazantes. El otro delincuente seguía perdido, en realidad ya había recuperado la razón pero no podía actuar teniendo a la gordita y al otro muchacho vigilandolo tan de cerca.

Boruto seguía gimiendo desesperadamente. Nadie le hacía caso porque también no lo habían reconocido al estar boca abajo. Ni para Moegi ni para los demás era el momento apropiado de distraerse. Tenían un muy mal presentimiento de estos dos sujetos.

Dicho y hecho. En medio segundo Susano ya había formado los primeros sellos con tal maestría. En todo el área se formó una enredadera de hierbas largas. Futaro, el hombre de mayor edad hizo lo suyo. Trazó sus sellos y de su boca escupió unos gases grisaseos que coloreo el panorama.

Los presentes empezaron a toser incesantemente sintiéndose sofocados por la cantidad de gases que les provocaba un cosquilleo en el pecho. Momento justo para que el delincuente que habían estado cuidando Chocho y Shikadai saliera corriendo hacia rumbo desconocido. Shikadai lo observó irse entre los movimientos incesantes de su pecho que luchaban por expulsar los gases. No era veneno de eso ya tenía certeza pues de haber sido un gas tóxico habrían muerto en seguida. A lo mejor este Jutsu se hizo con la intención de distraerlos para que pudieran escapar. Pero nada más lejos de la realidad porque luego las hierbas que pisaban los presentes empezaron a moverse cobrando vida propia. Moegi, Chocho, lnojin y Shikadai fueron sujetados por las piernas y brazos como lazos por las mismas hierbas. No podían ver muy bien por culpa de los gases, hasta que de apoco se fue esclareciendo el lugar.

Se carcajeó el hombre robusto.

— Pobres ilusos. Tal vez pensaron que todos nosotros éramos simples criminales sin ningún talento. Pero les tengo malas noticias — ensanchó su sonrisa macabra — mi compañero y yo somos especiales.

— ¿Ninjas? — alcanzó a decir titubeante Konohamaru mientras seguia tosiendo descontroladamente. Tapó su boca y su nariz con el pañuelo que siempre portaba en el cuello. Su garganta ya le ardía de lo irritada.

— Preferiría decir que somos pertenecientes a la extinguida secta de los bambú — mencionó soberbiamente golpeando su puño contra la palma de su mano de manera retadora.

— No reconozco de dónde diablos salieron — admitió el capitán del equipo 7 con los ojos irritados por los anteriores gases.

— Deberías entonces de preguntárselo a ese chiquillo de allá abajo — refiriéndose al joven acostado en el piso.

— ¡El chico! — gritó alarmado Konohamaru acordándose de la pobre víctima. Seguramente se estaba ahogando por los gases antes despedidos y a ellos se les olvidó por estar concentrados en la lucha.

Con el temor de hallarse lo peor se agachó tomando despacio de la camisa al muchacho dandole media vuelta para corroborar su estado de salud. Al descubrir su identidad por medio de su rostro apacible se alarmó.

— ¡Boruto!

— ¿!Boruto!? — repitieron todos atónitos con los pies clavados en la tierra, no era literalmente hablando ya que en verdad tenían hierbas fungiendo como ligas alrededor de sus tobillos. Entonces una luz de esperanza los iluminó a todos. Había terminado una parte de la búsqueda. Ya tenían a Boruto.

— ¿Es Boruto? — cuestionó incrédulo Shikadai forcejeando con las plantas vivas.

Ante eso Konohamaru solo pudo asentir lentamente. Recordando los acontecimientos de lo que le había hecho el rubio apretó más el agarre contra la ropa del chico. ¿Qué lo había llevado a estar ahí en manos de unas personas peligrosas? Tan incapaz de defenderse por estar sujeto y ahora hasta inconsciente.

— Está inconsciente — decretó subiendo la mirada hasta Shikadai — Seguramente los gases lo ahogaron.

— ¡Estará muerto!— gritó Chocho espantada estirándose con las manos la cara sumiendose en la histeria propia de su personalidad que siempre exageraba las cosas o las alteraba para hacer drama.

— No lo creo. Es demasiado pronto para morir — encojiendose los hombros sonrió perversamente el flacucho — no puede morir el chiquillo que va a sacarnos de nuestra pobreza.

— Pensaban pedir su recompensa — Moegi concluyó en un susurro consternado. Las piernas le flaquearon, su deducción iba más allá — ¿Saben quién es él?

La risa irónica de los dos hizo estremecer a Moegi e incomodar a los demás.

— Como no saberlo — encogió los hombros el flacucho cerrando los ojos para concentrarse. En ningún momento su sonrisa socarrona desapareció — la intervención de su padre en la cuarta guerra ninja dejó a nuestra aldea en la peor situación económica — relató denotando tranquilidad. Una engañosa por supuesto porque para estar contando un episodio amargo mínimo ameritaba que produjera odio — después de ganar la guerra la alianza Shinobi; los Kages de muchas aldeas decidieron poner más control sobre la aldea de la hierba y por eso ya no pudimos hacer nuestra voluntad en ella. Nos impusieron una especie de castigo de su parte por todos los problemas que los ninjas renegados exiliados en nuestra aldea les provocaron por tantas décadas — admitió conteniendo su rabia pero apretando los párpados cerrados — A los ciudadanos ya no nos dejaban entrar y salir con tanta facilidad de nuestra propia aldea. Siempre había ninjas camuflajeados que nos tenían bien vigilados y además los kages de las demás naciones nos pusieron demasiadas exigencias y requisitos para poder entrar a sus villas por lo tanto para los que nos dedicamos al comercio significó un traba que obviamente produjo un declive en la ventas, sumiendonos en la más terrible pobreza. Y como casi en ningún lugar nos aceptaban por la mala fama de la nuestra por culpa de todos los criminales que llegaron a refugiarse aquí, tuvimos que resignarnos a regresar a nuestras casas viviendo con lo poco que aquí se producia.

— Y fue así que más gente decidió adoptar viejas costumbres — completó su compañero carcajeandose con ganas tocándose la dura barriga.

— Y entonces — quiso escuchar más Moegi. Acumular más información.

— Nuestra organización estaba conformada por la treceava generación de bandidos. Pero la mayoría de nuestros compañeros murieron por la guerra. En la antiguedad la secta de los Bambú atacaban los pueblos, recopilaban cualquier objeto de valor de sus habitantes, regresaban con su tribu y vivian comodamente como ricos despilfarrando dinero y gozando con mujeres, tambien ayudaban un poco a la gente pobre de su tribu. Desde entonces cada generación hacía lo mismo hasta que nos anexamos a un país. Acumulábamos riquezas y algunas veces las repartiamos entre los pobres de nuestra villa hasta que se puso más tensa la situación entre las naciones, en cualquier momento estallaría la tercera guerra y nos separamos. No nos equivocamos, Kusagakure nuestro nuevo hogar entró a la guerra sin querer. La aldea oculta entre las rocas y Konoha eligieron Kusagakure como escenario de su batalla y la destrozaron casi hasta dejarla en completas cenizas con poco menos de treinta sobrevivientes. El señor feudal del país intentó rehabilitarla. Sin embargo abandonó la obra porque hubo una cuarta guerra Shinobi y ahí murieron casi todos nuestros compañeros... Solo sobrevivimos él y yo — señaló al calvo — los otros dos eran simples ladrones sin ninguna habilidad — espetó con arrogancia — y cómo no queremos que nos quiten nuestro tesoro — refiriéndose a Boruto hastiado — ¡voy a tener que eliminarlos! — sentenció colérico como un demente abriendo los ojos de forma exorbitante y levantando su vara.

¢σηтιηυαяá...

...***