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Capítulo once: Nuestra llegada: enredos y líos

Como Mitsuki había predicho, los dos adolescentes se encontraban a tan solo unos minutos de llegar a su destino. Hasta entonces ninguno de los dos se había animado a tomar la palabra. Ninguno parecía tener el valor para tomar la iniciativa y sostener una última conversación antes de separarse definitivamente. No es que no tuvieran ganas de volver a escuchar del otro su voz aunque fuera tan solo una líneas, de hecho ansiaban hacerlo no solo porque habían dejado un tema inconcluso sino porque era incierto hasta cuando volverían a verse.

Y ahora más que el orgullo eran las dudas las que controlaban sus acciones. ¿Qué o cómo podrían hablarse? ¿Cuáles eran las palabras indicadas que habría que utilizar entre millones que existían? Era obvio que no sabían comunicarse bien ni con claridad por eso cada que abrían la boca les salía veneno y peleaban.

Pero era la última oportunidad que tendrían para mantener comunicación. Después de esto sus caminos se separarían definitivamente y seguramente surgirían muchos problemas a raíz de la traición a la aldea de parte de Mitsuki que tendrían todos los demás sus cabezas ocupadas en ese asunto un buen rato hasta que se superara el asunto. Hasta que pudieran olvidar que alguna vez hubo un Mitsuki en Konoha.

Eso era un pensamiento iluso pues teniendo a Naruto quien nunca abandonaba a los suyos, olvidar y dejar que Mitsuki se perdiera en el mal camino cuando había sido un excelente ninja no era lógico. Antes lo obligaría a volver en si para que retomara su camino. Pero los planes de Mitsuki eran incompatibles con los de cualquier persona que quisiera tenerlo de regreso en la aldea. A Mitsuki aún no se le olvidaba que seguía teniendo un creador al que le había dado la espalda por rescatar a Sarada, huir de la vergüenza que le significaba recordar lo que le había hecho a su padre parecía lo adecuado. Por eso vagaría como alma errante por el mundo hasta que se cansara de esconderse en el anonimato.

Sarada no estaba de acuerdo con eso más no era ella nadie para intentar hacerlo cambiar de decisión, aunque ella le hubiera propuesto en alguna ocasión que los dos entraran a la aldea y se inventaran una excusa por su ausencia no era tan terca como para seguir insistiéndole con la idea. Al final él sería el más perjudicado cuando se enteraran de la verdad de que los había abandonado voluntariamente.

Mitsuki era lo suficientemente maduro como para comprender lo que estaba haciendo y las consecuencias que vendrían con ello. Vivir como un desertor era condenarse a ser toda su vida perseguido por los aliados de Konoha. Pronto estaría en el libro bingo, no por ser un criminal pero si por ser un ninja renegado poseedor de gran poder lo que lo hacía directamente peligros. Ya casi todos en la aldea sabían que él era capaz de transformarse en modo sabio más allá de ser hasta hace unos días fiel seguidor de las políticas de Orochimaru.

Y antes de que comenzara la cacería de Mitsuki tenía algo que decir.

El tranquilo peliblanco parpadeó varias veces en cuanto volteó a ver a la orgullosa chica que se mantenía en absoluto silencio para su sorpresa desde hace unas horas. Ella no había vuelto a atacarlo con palabras hirientes ni a confrontarlo con la mirada, ni siquiera se había molestado en dirigirle aunque fuera un insulto o un reproche como acostumbraba. Dudaba que algo estuviera planeando la mujer pues ya solo era cuestión de minutos para entrar al bosque que delimitaba a Konoha. Sarada no fue testigo de la observación minuciosa de Mitsuki así que continuó su veloz carrera por el césped sin distraerse.

— Sarada – llamó con calma pero con una determinación evidente en el timbre de su voz.

Sarada perdió el aliento un instante cuando su oído volvió a captar la voz grave de Mitsuki, perdiendo la concentración del camino abruptamente.

— ¿Qué quieres? — preguntó incómoda, aunque Mitsuki más bien lo interpretó como molestia. Los ojos de Sarada se endurecieron entonces. Aún y con ese eventual rechazo Mitsuki tenía que seguir con el plan, habría que decirle algo porque se acababa el tiempo.

Mitsuki continuó observándola minuciosamente.

— Cuando lleguemos a la aldea. Por consideración trata de no hablar sobre lo que ha ocurrido realmente.

— ¿Qué estas tratando de decirme? — Contestó incrédula, algo exaltada que hasta abrió de más los ojos dejando a un lado solo un momento su mirada fría, pero intentando moderar su voz ya que si gritaba empezaría una pelea — ¿Quieres que oculte como me secuestraste? — Preguntó de forma muy seca volteando a verlo por fin — ¿Cómo iban a utilizarme para hacer un experimento o como me ayudaste a salir del propio rapto en que me metiste?

Mitsuki se sintió incómodo con la respuesta directa y franca de la morena. Cruelmente nada de lo que decía podía catalogarse como mentira. Le estaba diciendo cada una de sus verdades en la cara de manera inconsciente tal vez porque al menos Sarada no había tenido la intención de molestarlo. El muchacho intentó no flaquear pero en realidad le habían afectado mucho las palabras de la Uchiha, cada que se acordaba de lo mal que había actuado y de cómo había traicionado a sus amigos su ánimo decaía. Se sentía peor que la porquería.

Aunque eso era otro tema. Ahora importaba mantener todo en secreto. Le bastaría con que todos supieran solamente que los traicionó y que incluso él la raptó, detalle verdaderamente peligroso porque con ello se estaba ganando a pulso a un peligroso Sasuke como enemigo.

— Para mí está bien si quieres contar las dos primeras cosas. Pero jamás menciones que te ayudé a escapar — exigió determinantemente.

Llegó un momento de silencio donde los dos razonaban por su cuenta. Más Sarada sin apartar la mirada de su cuerpo de inmediato retomó el tema.

— Si no lo hago van a condenarte — contrarrestó confundida pues lo que Mitsuki le proponía iba a perjudicarlo a él mismo — Tengo que decirles que me has ayudado.

— Eso es absurdo — negó reiteradamente con la cabeza continuando con su mirada al frente.

— Pero es la realidad — Sarada detuvo su carrera antes de adentrarse al bosque — Te arrepentiste de tus actos — a su parecer no tenía nada de malo también recordarle que había hecho algunas cosas buenas, y sobre todo a tiempo antes de que a ella le hicieran más daño.

— No va a servir de nada — Confesó renuente Mitsuki e hizo lo mismo que ella dejando de correr y penetrando en el oscuro bosque.

— Deja de actuar como estúpido Mitsuki — pidió notoriamente inconforme con la propuesta de Mitsuki y se cruzó de brazos bufando como un toro — creí que el único engreído en el equipo era Boruto pero también tú eres igual de presumido. No tienes por qué aparentar que eres malo y rebelde para ganar respeto o temor de la gente.

Boruto hacía constantemente eso, intentaba aparentar en ocasiones lo que no era o tendía a exagerar sus logros para ganarse la admiración de la gente.

El chico se quedó callado varios segundos, pensando en el comparativo que acababa de hacer ella con Boruto. Nadie jamás en los años que se conocían había dicho que tenían algo en común y tenía lógica porque los dos actuaban totalmente diferente y tenían una forma de afrontar las cosas muy distinta. Boruto era cálido, buen amigo y comprensivo, gustaba primero de hablar antes que atacar a un enemigo pero con él era todo al revés, primero atacaba y jamás intentaba la paz. Era más fácil resolver el problema peleando que hablando era una política suya en batalla. Era Boruto quien lo frenaba si veía que perdía los estribos. Así que aunque Sarada no le creyera él no buscaba tampoco ser reconocido como su amigo, le daba igual el prestigio que podría tener haciéndose una imagen de hombre fuerte y cruel.

— Yo…— musitó inseguro, y ahora con que excusa podría venirle. Entonces Sarada aprovechó el la pequeña duda que lo invadía para influenciarlo.

— Si tú hiciste algo bueno hay que contarlo — entrecerrando los ojos reiteró usando su astucia —No puedo permitir crearte más mala fama que la que ya vas a tener.

— Es vergonzoso esto — confesó el chico poniéndose muy nervioso y encogiendo los hombros. Rascó su cabello repetidamente para disminuir un poco el estrés. No se atrevía a ver de frente a la mujer, lo pondría más tenso y empezaría a dudar sobre lo que le dijo.

— No entiendo…— apretó más sus brazos cruzados perdiendo la paciencia por culpa de él. No solía ser tan necia pero en el fondo esperaba resolver el enredo que el mismo Mitsuki creaba y todo para su bien. A pesar de lo que le hizo de traicionarla y que por su culpa pudieron haberla matado no le guardaba ya tanto rencor, en el fondo sentía un poco de tristeza por él por sentirlo tan confundido y perdido y siendo manejado por un hombre tan ambicioso y frío como Orochimaru. Pero tampoco podía hacer milagros. Al menos desde que huyeron del escondite había intentado influenciar a Mitsuki para que rompiera los lazos que tenía con una persona como Orochimaru y lo único que conseguía es que pelearan. Fue precisamente la primera fuerte pelea que tuvieron junto al rio la que desencadenó otros eventos de mayor importancia, la que de la noche a la mañana le habían robado el sueño y le había arrancado suspiros a media noche, así como los que la habían obligado a mirar con otros ojos al peliblanco, que no eran precisamente en plan amistoso.

— No quiero que la gente se confunda — comenzó él mientras sus ojos se clavaban fijamente en el manto negro del cielo — Tú ya empezaste a hacerlo por ejemplo y es precisamente lo que quiero evitar — murmuró liberando un suspiro.

— Explícate rápido — impaciente se acomodó con los dedos temblorosos las gafas rojas. Lo último que había pensado sobre que ya no lo miraba con ojos en plan amistoso había perturbado su calma la que hasta hace un momento presumía — eres un dolor de cabeza cuando no eres claro — y se tocó la frente como si una repentina migraña le hubiera aquejado.

— Es que no me has dejado hablar — insistió aparentando una ligera molestia — No creas tú que es la primera vez que actuó de esa forma como lo hice contigo.

Sarada abrió los ojos abruptamente de la sorpresa. Las palabras de Mitsuki resultaron inesperada. Estaba confesándole que había cometido otros delitos. Eso era muy grave pensó ella.

¿Cómo podría ella defenderlo ante el hokage si escuchaba eso?

— Mi padre nunca ha abandonado la idea de investigar las cosas más ocultas y peligrosas que existen, y crear objetos — mencionó haciendo trastabillar la voluntad de Sarada de traerlo a la aldea — Aunque ya abandonó un poco la idea de experimentar con seres humanos a raíz del control exhaustivo que Konoha le impuso para que no representara peligro alguno. Mi padre es una persona necia y aunque yo no entiendo del todo las razones por la que hace las cosas como sus experimentos lo respeto por ser un hombre inteligente y persuasivo, además no ha sido malo conmigo.

— Estás ciego — volvió a insistir clavando como agujas sus ojos negros y temblorosos, apenas intentaba deglutir la nueva noticia — ¿cómo puedes llamar un buen hombre a quien te ha estado utilizando para sus propios intereses todo este tiempo?

— Me siento en deuda con él — tan simple la respuesta. Se asomó un poco de tristeza por el tono que empleó.

Sarada no captó el tono así que siguió hablando de lo mismo.

— Estás loco — intervino otra vez pero ya con una notable molestia, más había prometido no alzar la voz — ¿acaso no eres una persona individual? ¿No puedes pensar por ti mismo? estás tan acostumbrado a que te den ordenes que no sabes tomar tus propias decisiones

— En eso no puedo darte la razón. Discúlpame — cansado cortó la conversación de repente retomando su marcha. Lo cierto es que Sarada le recriminó una muy dolorosa verdad que no hubiera querido oír.

La adolescente fue obligada a continuar sus pasos y a permanecer callada por la impresión que le causó esa nueva actitud de su joven compañero. Parecía afectado.

Evidentemente ese chico era una caja llena de sorpresas y cada día aparecía en él algo nuevo, era tan inestable, tan mentalmente desequilibrado. El problema es que ella no podía lidiar todavía con una faceta cuando ya aparecía otra y volvía a desestabilizarla. Solo por eso ya no se enojaría. De que servía gastar sus energías en él si siempre parecía estarse burlando de ella e ignoraba todos sus comentarios. Pero una cosa era evitar enfurecerse y otra cosa era anular su curiosidad así que empujada por lo segundo le dijo lo siguiente.

— ¿Qué es lo que pretendes? — preguntó fría pero notoriamente interesada en obtener una respuesta que quitara toda la telaraña que tenía en su cabeza.

Mitsuki finalmente dirigió su mirada hacia ella quien se colocaba en ese instante a su misma distancia cuando reanudó sus pasos.

— Si quieres quedar como malo está bien — aseguró poniéndose a su lado muy cerca para que no se sintiera juzgado y comenzara a ponerse a la defensiva ya que siempre que se sentía atacado comenzaba a tornarse agresivo — Tenemos ya 17 años. Pero ¿porque has decidido vivir así? — inclinó hacia adelante un poco su cuerpo para capturar la mirada de Mitsuki y evitar que la esquivara. Quería la verdad, si esquivaba su mirada significaba que mentía.

El peliblanco fue interceptado una vez más por la joven, siempre lo dejaba desarmado porque no tenía nunca una respuesta concreta a sus preguntas, pero esta vez ya había planeado todo.

Luego de meditar las cosas unos segundos poniendo la mano en su mentón y mirando hacia el cielo hermoso y estrellado tomó la palabra ante la expectante morena.

— Hace unos momentos…— musitó serenamente — me has dicho que yo nunca tomaba mis propias decisiones. Qué tal si te digo que esta es la primera vez que tomo una.

— Oh…— fingió sorpresa llevándose su dedo índice a los labios, contemplando también el piso de ese brillante cielo — así que vivir como ninja renegado no tiene nada que ver con terceras personas — como de costumbre volvió a reacomodar sus gafas en el tabique — Me parece increíble que este sea tu sueño. Te pareces en eso tanto a mi papá — el comparativo otra vez le salió de manera natural, ni siquiera había pensado nada — Pudiendo tener una vida mejor optaron por la más difícil y oscura. Pero mi padre se enmendó aunque pasaron muchos años para eso, pero lo hizo. Me pregunto si te darás cuenta algún día del error que estás cometiendo.

El peliblanco se quedó boquiabierto por lo dicho. Precisamente eso lo tenía preocupado. Desde que había tomado su decisión de marcharse no había parado de pensar en que sería de él y sus amigos en el futuro pero ya se había cansado de buscarle la quinta pata al gato, el tiempo se encargaría de poner las cosas en su lugar pero de hoy en adelante ya no se preocuparía por eso más, seguramente había más cosas allá afuera por descubrir que mantendrían su mente ocupada todos esos años que transcurrieran. Y por eso apenas se da cuenta de que era egoísta.

Ninguno de los dos tuvo las ganas de continuar con la conversación. Estaban a minutos de separarse.

Suceso que ocurrió poco después.

— Hasta aquí eh llegado — aterrizó sus pasos e interrumpió repentinamente el silencio, acortando el listón de pensamientos que se había formado en la mente de la Uchiha y que parecía no tener nudo. Sarada hizo exactamente lo mismo, se detuvo.

— ¿No vas a acercarte más? — preguntó extrañada la muchacha acomodando enlazados sus brazos detrás de la espalda. Faltaban todavía unos 50 metros para llegar a las puertas de la aldea. Pero para Mitsuki lo mejor era no arriesgarse a que alguien lo viera.

— Imposible — dijo con firmeza sin ver de frente a la morena, sus ojos estaban fijos en otro punto — lo que menos deseo es que me descubran. Después no podré irme o tendré que enfrentarlos con violencia para hacerlo — explicó con determinación indicándole a Sarada que no bromeaba y que no dudaría ni un segundo en atacar a los ninjas de su ex aldea. Él no era precisamente condescendiente.

— Entonces…— musitó decaída clavando la mirada en el suelo al no haber otra opción. Entonces eso quería decir que este era el final definitivo.

Mitsuki ignoró la tristeza que invadió a su compañera. En cambio; en su misteriosa mente cierto chico de cabellera rubia y sonrisa arrogante apareció en su cabeza.

Aunque durante el tiempo que estuvieron juntos casi no lo hayan mencionado, no se había olvidado un solo instante del muchacho, él era una pieza importante en esto.

— Cuando veas a Boruto — mencionó con la voz ronca y siempre envidiablemente serena — espero que desaparezca esa expresión — pidió haciendo referencia a las múltiples emociones persistentes de la ninja que no pasaban desapercibidas porque se reflejaban claramente en su rostro.

Sarada pudo sentir un ligero tono de reproche en su oración.

— ¿Debo de fingir de nuevo? — contestó huraña y hasta cierto grado frustrada. Pero ya no tenía más ganas de discutir. Después de todo no quería que el último recuerdo que tuvieran fuera el de una pelea como la vez pasada donde la única herida emocionalmente hablando parecía haber sido ella, quien terminó con el alma destrozada, pero fortalecida porque ella era una orgullosa Uchiha y las personas como ella solían levantarse rápidamente después de sus fracasos.

— Lo siento — fue su pronta y corta respuesta.

Los ojos negros de Sarada se abrieron incrédulos. Le dio demasiada importancia al hecho de que de las pocas veces que había pedido perdón, esta era la única que se escuchaba sincera. Las demás se escuchaban forzadas como intentando solo pedir disculpas para evitarse ser objeto de sus reclamos. Ya Mitsuki había demostrado que no toleraba los gritos, es más ni siquiera las discusiones.

La Uchiha observó por unos instantes la espalda cuadrada de Mitsuki, antes de que finalmente vencida ella suspirara derrotada acomodándose una vez más las gafas y retrayendo detrás de la oreja su flequillo negro y lacio. Jamás podría leer los pensamientos de Mitsuki ni descubrir su verdadera naturaleza, así que se conformaría con lo poco que sabía de él. El tiempo se encargaría de colocar todo en su lugar y cualquiera de sus dudas algún día tendrían respuesta se volvieran o no a encontrar en el futuro.

Pero tenía que advertirle algo a Mitsuki, no como su amiga, sino como la futura hokage en que quería convertirse. Se sentía con esa obligación.

— La verdad siempre sale a la luz tarde o temprano — dijo con voz cansada.

— Espero que nunca salga. Para poder vivir libre — respondió con la voz ronca.

— La libertad la tenías en Konoha Mitsuki — la confesión de la chica paralizó el cuerpo de Mitsuki cuando mencionó una dolorosa verdad — Es solo que no empezarás a valorar lo que tenías hasta que te suceda algo muy malo. De eso modo lo comprenderás.

— Gracias por tus buenos deseos — giró completamente el cuerpo mientras sonreía exageradamente como de costumbre y apretando los ojos para acentuar más la expresión. Apareció en sus palabras y en su gesto el sarcasmo en todo su esplendor. Sarada lo intuyó con lo astuta que era. Mitsuki volvía a mostrar su otra personalidad, la cínica y descarada. Parecía no tomarse nada en serio, y sin embargo ella ya se había conformado con lidiar con esa desesperante actitud. Le serviría de entrenamiento por adelantado para que cuando fuera hokage no quisiera golpear a los ninjas poco serios y burlones como él cuando la sacaran de quicio.

— Hasta luego — se despidió ella alzando una mano dirigiéndole también una sonrisa, nostálgica pero sincera al final de cuentas no como la de él.

— Hasta entonces — respondió él aún con su fría sonrisa.

Brotó un silencio arrullador acompañado de los cánticos de los grillos y las luces de las luciérnagas merodeando por todo el desolado bosque. La morena sentía como su corazón comenzaba a sonar como un tambor descontrolado. Temía que el muchacho tuviera un oído tan sensible capaz de captar hasta los sonidos más sutiles y lejanos.

Sus ojos negros temblaban. No conseguía mantenerlos fijos en el centro del rostro del muchacho, quien por su parte, había adoptado la quietud que tanta paz transmitía.

Entonces. La morena tomó la iniciativa empujada por un alma indecisa pero necesitada de afecto. Seguido de Mitsuki quien caminó la misma cantidad de pasos hacia ella.

El par de brazos entrelazaron la espalda de la persona que tenían en frente.

El abrazo que se dieron transmitía consuelo, eso sintió Sarada desde que Mitsuki había optado por darle pequeños golpecitos en las escapulas como para serenarla, serenarla por una ingrata despedida que no sabían cuando terminaría.

El grilleo se mantuvo en aquel momento así como el abrazo y las luciérnagas que continuaron bailando alrededor de esos cuerpos, unas metiéndose entre los árboles espesos y verdes, protegiéndose del ligero viento.

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Después de encontrar a Boruto, el equipo 7 y el equipo 10 continuaron su camino por una extensa selva. El grupo de adolescentes parloteaban detrás de Konohamaru y Moegi, es decir de los capitanes.
Moegi necesitaba ponerse al tanto de la situación antes que nada, aprovechando la distracción de los chicos.
— ¿Se puede saber qué ocurrió? — habló lo más bajo que podía, le ganaba la curiosidad. Además olía algo turbio en todo esto porque Konohamaru se veía como nunca antes muy tenso — Es raro en ti que pierdas el control total de las cosas — le dijo respecto a que no había cumplido la misión y en su lugar había hasta salido perdiendo todo, como a sus dos alumnos.
— Tengo una mala espina de todo esto — masculló apretando los dientes y sus puños.
— Explícate — presionó la pelinaranja pero sin la intención de sonar muy terca. Konohamaru lo que menos necesitaba era el juicio de alguien o que lo molestaran.

Por el silencio de Konohamaru presintió que no era el momento ni el lugar para que le aclarara las cosas y porqué sentía su amigo que algo no cuadraba en esta historia.
Moegi se aguantó la curiosidad, lanzó un suspiro y luego se encargó de tomar primero la palabra para quitarle pesadez al ambiente.
— ¡Pues nuestra misión ha sido cumplida chicos! — avisó Moegi sonriendo y con satisfacción.
— ¿En qué consistía su misión Moegi? — Saliendo de su ensimismamiento volteó hacia ella curioso alzando las cejas.
— Debíamos encontrarlos ya que misteriosamente habían desaparecido de la faz — explicó animada.
— ¿No nos acompañarán a buscar a Mitsuki y Sarada? — preguntó el castaño desconcertado.
— Si lo hacemos vamos a preocupar más al Hokage que ya bastante angustiado está por no saber nada de ustedes — arrugó las cejas usando un tono de reproche.
— Sensei — desde atrás interrumpió Inojin levantando la mano para llamar su atención — pero podríamos enviar un mensaje por medio de mi técnica — propuso el muchacho.
— Inojin — dijo remarcando su nombre en señal de que no permitiría objeciones — Somos ninjas obedientes — usó una indirecta — No quiero que sigan los pasos de Boruto que siempre hace lo que se le da la gana — Boruto cuando oyó eso torció la boca enfadado y volteó la cara hacia otro lado, con lo que le costaba no responder a los insultos y esta mujer provocándolo, no le respondía solo porque era su superior — Lo mejor siempre será entregar nuestro reporte personalmente y cuánto antes — indicó con aire de superioridad levantando su dedo como cuando daba consejos o decía algo que nadie más sabía, ella siempre buscaba ser lo más correcta posible.
— Y por eso siempre tienen que sacarme a mí en todos los temas— se quejó haciendo un puchero Boruto. Había intentado no respingar pero le caía mal la presumidez de la gente y que lo usaran para plantear un mal ejemplo.
— ¡Es tu culpa que tú padre se encuentre más estresado de lo normal! — Reprocho la mujer alzando la voz — andan muy lejos de cumplir la misión. Lo mejor será que regresen también con nosotros
— ¿¡Y abandonar a mis amigos!? — exclamó exaltado y furioso el rubio. Echando chispas hasta por las orejas.

A Moegi poco le importó que Boruto comenzara a ponerse histérico, para personas histéricas estaba ella así que estaba más que acostumbrada por eso pudo controlarse y empezar a usar un tono más conciliador, a ver si así podía hacer entrar a todos en razón de una buena vez.
— Si reportan su desaparición de manera definitiva. Ten por seguro que tú padre mandará un grupo de ayuda especializada en la búsqueda. Tú solo con Konohamaru no van a resolver nada.
— No nos subestimes — exigió él pero en eso intercedió una tercera persona.
— Es verdad Boruto — reconoció decaído agachando avergonzado la mirada. La verdad es que le costaba reconocer su fracaso pero no por orgullo, sino porque sentía una impotencia infinita al no poder ser más de ayuda, estaba físicamente agotado. Era su culpa además, solo a él se le podrían haber extraviado dos de sus alumnos casi frente a su nariz. Había quedado como una persona incapaz de proteger a sus alumnos que no se merecía nada ni siquiera se merecía cruzar las puertas de la oficina del Hokage para que le dijera lo que ya sabía, que era un inútil incompetente que había fallado en su misión de manera catastrófica y que no merecía tener a cargo suyo a nadie porque no era de confianza. Quién sabe porque se imaginaba que eso le diría el Hokage si para empezar Naruto no gustaba de juzgar a la gente pero el estado anímico en Konohamaru era tan malo que en este preciso momento no hacía más que flagelarse mentalmente y autocriticarse duramente como una forma de castigo por su falla.
— Yo no pienso volver Konohamaru sensei — replicó de forma desafiante encajando sus profundos ojos azules como dagas en la nuca de su capitán.
— No te estoy preguntando Boruto — contestó rígido, indispuesto de escuchar objeciones — Vendrás conmigo. A la fuerza o no — y ese fue un ultimátum que se oía hasta cierto grado amenazador, por eso Boruto se desconcertó. Sin embargo el orgullo de Boruto era más fuerte que el miedo, así que nervioso expresó.
— Ja. Esta desafiándome de nuevo — le apunto con el dedo sonriendo burlonamente. Estaba sumamente enfadado con él. Decepcionado también porque nuevamente se daba por vencido y no quería buscar a sus amigos.
— Esta vez no caeré en ningún de tus trampas — advirtió agravando el tono de su voz ,mandándole por último una mirada mortífera y desafiante a su alumno mostrándole que hablaba en serio — además no estoy solo... ¡Vamos a irnos todos juntos!.

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Sarada se mantuvo caminando con calma en lo poco que le quedaba de trayecto.

Estaba a tan solo unos pasos de ver la puerta de Konoha. Esa puerta que siempre era testigo de cuando un grupo de ninjas se despedía para cumplir su misión, sin saber si el día de mañana volverían a cruzarla. Eso fue lo que pasó precisamente hace unos días. El equipo 7 se dispuso como siempre a salir con todo el entusiasmo posible a cumplir una de sus tareas, como decenas de veces lo habían hecho sin mayores contratiempos, se habían ido riendo y haciéndose pequeñas bromas como la familia que se consideraban. Y ahora se había desintegrado.

Por lo menos esperaba que ya hubieran regresado su capitán y Boruto, era lo lógico pues ella ya llevaba días ausente y no creía que aún allá afuera anduviera buscándola la mitad de lo quedó de su equipo. Necesitaba urgentemente verlos a los dos y saber que estaban bien, que no habían resultado heridos por su culpa, además los extrañaba.

Para ella no había sido nada fácil estar sin sus dos familias, es decir sin sus padres ni su mentor y Boruto.

Buscaba además los consejos de su madre porque llegaba verdaderamente confundida de todo lo que había ocurrido con Mitsuki, que aunque ya no debería de tener importancia porque no volvería a verlo eso no significaba que podía ignorar todo lo que pasó.

Era un hecho que venía exhausta porque no había podido dormir más de tres horas seguidas en estos últimos días pensando en cuál sería el próximo paso que daría el albino o con que la sorprendería esta vez, pero no estaba ilusionada más bien temerosa porque no entendía que era lo que sentía ella misma.

Mucho menos comprendía la actitud del muchacho. Jamás se había tragado del todo el cuento de que si la había besado había sido por un impulso, por una curiosidad natural por saber que sentían los humanos comunes haciendo eso tal y como se lo había querido dar a entender él, restándole importancia a eso alegando que los humanos se tomaban muy en serio todo eso de los sentimientos, que por eso su padre se había esmerado en hacer seres como él más resistentes, menos débiles para que fueran más competentes.

Sarada no era él. Así que tampoco podía llegar a una conclusión certera. Decir que le gustaba ella, era presuntuoso.

Además había algo que le martilleaba constantemente la cabeza cuando creía bobamente en la teoría de que a él en algún momento llegó a gustarle.

Se acordaba perfectamente cuando lo encaró y se lo dijo en un momento en que perdió los cabales y se puso a decir una sarta de estupideces. Aún tenía esas palabras bien presentes en su mente.

— Claro, es envidia — reafirmando lo anterior apretó más el agarre de sus brazos en su pecho y dijo lo siguiente con mayor énfasis — ahora tiene sentido porque nos traicionaste. ¡Tiene que ver con el hecho de que yo te gusto!

— ¿Qué diablos tiene que ver esto con el otro? — volvió a preguntar sonando su voz un poco más exaltada, viendo como Sarada se acomodaba detrás de la oreja un mechón de su cabello mugriento y como lo observaba con una mirada filosa.

— ¡No te hagas el tonto! — Lo insultó poniéndose más fiera, a la ofensiva — escuchaste aquella vez después de los entrenamientos, cuando Boruto me citó a escondidas tuya y de Konohamaru sensei en uno de los parques naturales de Konoha.

— ¿Y qué fue lo que según tú yo escuché? — exigió molesto achicando los ojos para analizar mejor cada una de sus reacciones.

— ¡Que Boruto tenía sentimientos hacia mí! — aclaró la chica abriendo más los ojos enfurecida.

Oh ese momento vergonzoso. Se pegó con la palma de su mano la frente y agachó la mirada con las mejillas sonrojadas mientras continuaba su pausada caminata. Se acordaba de cada letra de cada oración. No había minuto en que no se arrepintiera de haber abierto su bocota. Se había balconeado ella misma porque estaba furiosa por culpa de él porque horas antes de haberle dicho eso se había tomado el maldito atrevimiento de besarla furiosamente mientras peleaban fuertemente junto al río al que habían ido a parar para descansar un rato.

Pero eso no era todo. La conversación se había alargado y lo peor es que habían continuado el mismo rumbo, era de esperarse pues había sido ella la que puso sobre la mesa ese tema.

A Mitsuki le tomó varios segundos comprender las palabras de la pelinegra. Había caído en un laberinto de donde no podía salir porque la mirada dura y el trato áspero de Sarada no le daría la oportunidad de hacerse el tonto y cambiar de tema, además estaba desencajado y así nadie podía trazar un plan para escapar. La verdad no comprendía absolutamente nada, le estaba hablando en otro idioma.

— ¿Eso qué tiene de especial para mí? — se apuntó el mismo con el dedo en el pecho, incrédulo — Desde siempre he pensado que ustedes dos llevan una relación bastante común y estrecha — empezó a explicar el punto de vista que tenía hacia ellos dos para sacarla de su enorme error — Son los típicos tontos que fingen que se odian y que tienen sus diferencias más marcadas de lo que ya lo son para evitar tener algo en común que los vuelva más que unos simples compañeros, porque temen que de hacerlo puedan enamorarse profundamente — Sarada abrió los ojos asombrada por la forma en que Mitsuki había dado al clavo en cuanto a la relación de ambos.

La verdad es que sí; ella desde hace un tiempo pensó y estaba segura de que Boruto también, que podría haber entre ellos cierta atracción que no estaban dispuestos a aceptar por orgullo, porque no querían ser emparejados pese a lo que el corazón les dictaba desesperado que cedieran a reconocer sus sentimientos — Son la típica pareja en donde siempre el chico o la chica intenta molestar a la persona que le gusta para llamar su atención. ¿Crees en realidad que algo como llevar un noviazgo entre ustedes pudiera afectarme? — muy retador se acercó un paso hacia ella pero aun otorgándole un espacio donde no se sintiera acorralada.

Así que si se ponía a analizar la situación de aquella vez con la de ahora; llegaba a la conclusión de que sus sentimientos eran como un tornado violento, un fenómeno sin control imposible de contener que removia todo pero que con el tiempo iba perdiendo su fuerza hasta que se extinguía este por completo.

Por lo tanto; si quería obtener una respuesta era para tomar experiencia. Y si bien su madre no era precisamente una persona con demasiada experiencia, al final de cuentas era una mujer extrovertida. Se trataba de su madre quien mejor la conocía y le daba aparte el mérito de haber conquistado a su padre cosa que nadie más hubiera conseguido ni en un siglo.

Su mamá sabía de estas cosas por lo tanto ella sería su consejera y confidente porque no confiaba en Ino ni en Chocho.

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¡Por última vez Naruto! un poderoso golpe se oyó en seco contra el escritorio haciéndole compañía a una estruendosa voz que bien podía espantar hasta al más valiente del mundo. Dicho grito salió de la boca torcida de la mujer que dé pie inclinada sobre el escritorio esperaba agitada y furiosa una respuesta rápida fulminando con una peligrosa mirada a un intimidado hombre hecho un ovillo en su asiento detrás del escritorio al que ya se le había hecho una abolladura por el golpe en tanto que el importantísimo hombre buscaba desesperadamente una ruta para poder escapar del demonio en que se convirtió ella – te estoy hablando Naruto! ¡No te distraigas! – exigió con cólera al nervioso hokage pues había notado sus cobardes intenciones de salir corriendo de la oficina cuando sus ojos azules se habían quedado fijos en las grandes puertas del lugar que lo llevarían a la salida, al único lugar que le salvaría la vida si lograba escapar de una incontrolable mujer.

¡Por dios Sakura! Chilló desesperado mientras los labios pálidos del terror le temblaban como si estuvieran hechos de gel - ¡te lo juro por dios que el equipo 10 van a encontrarlos a todos! – terminando de decir dificultosamente por el miedo, Naruto se ocultó tan rápido como la luz detrás de su silla, esperando que el pobre y frágil objeto pudiera defenderlo del golpe de acero que sentía que pronto se avecinaría de parte de Sakura.

Y Sakura convertida hipotéticamente en un monstruo con los ojos desorbitados de la furia no podía querer menos que verlo hundido en la tierra por sus golpes, pero primero tenía que sacarle toda la verdad porque sabía que algo muy grave le ocultaba por eso por ahora lo estaba reprendiendo todo lo que se pudiera hasta que no quisiera salir el pobre rubio de su despacho por una semana por el trauma.

¡Maldita sea Naruto! explotó y para esto sus nudillos crujieron amenazadoramente. Todos sabían que no se podía jugar con los sentimientos de esa mujer. Era un arma letal cada uno de sus golpes ¡No puedo creer que seas tan estúpido!

¡Yo porque! se escabulló debajo del escritorio que tenía una gran abolladura en su superficie Yo no tuve la culpa – intentó en vano salir ileso alegando que él no tenía nada que ver con la larga ausencia del equipo 7 y su eventual separación de la que Sakura hace apenas unos minutos se había enterado cuando oyó sin pretenderlo una conversación bastante delicada entre él y Shikamaru en la oficina cuando ella iba precisamente a ver a Boruto para preguntarle sobre la tardanza de su hija y sus amigos con la misión.

Ya le parecía bastante sospechoso que cada que quería ver a Naruto para preguntarle sobre el tema el hombre la esquivaba fingiendo no verla, se hacía el distraído cuando se acercaba y se metía de inmediato al edificio como si llevara prisa, así como también nunca lo encontraba cuando iba directamente a buscarlo a la casa de Hinata. Hinata decía que también casi nunca lo veía, suponía que tenía mucho más trabajo últimamente. Pero Sakura no era tan ingenua, ella era muy astuta y podía oler los nervios en Naruto cada que la veía cerca así que no tardó nada en deducir que algo pesado le estaba ocultando, y precisamente ese día fue el elegido para ella para ir hasta su oficina aprovechando que le dieron el permiso para salir del hospital temprano para ir a verlo. Pero jamás se hubiera imaginado que Shizune, es decir su secretaria le negara la entrada a la oficina diciéndole que Naruto expresamente había prohibido todas las visitas porque estaba supuestamente muy ocupado y no tenía tiempo para atender a nadie.

Eso molestó a Sakura ya que Naruto jamás se comportaba de esa forma tan déspota, además el ingrato ¿quién se creía? No podía tratar a sus amigos como sus empleados o como simples desconocidos.

Por supuesto que no se rendiría. Su honor estaba en juego y además le dieron unas tremendas ganas de pegarle a Naruto por ser tan desconsiderado con sus amigos.

Para lograr entrar a la oficina le preparó una sencilla trampa a Shizune. Le dijo que Tsunade había llegado a la aldea y que si no deseaba ir a saludarla porque ella ya lo había hecho. Shizune no se extrañó porque era habitual que la ex hokage visitara la aldea para ponerse al tanto de las cosas en la villa con eran los asuntos políticos. Shizune no iba a salir de su trabajo pero fue animada por Sakura asegurándole que ella iba a regresar al hospital. Y cuando vio a la ingenua mujer recorrer los pasillos para salir del edificio, la pelirrosa aprovechó para escabullirse hacia la oficina.

Fue en ese momento, justo cuando se detuvo frente a la puerta de la oficina e iba a tocar con los nudillos de sus dedos la puerta entreabierta, que escuchó que Shikamaru mencionaba el nombre de su hija.

"Encontraron a Boruto, pero no a Sarada. Al parecer están todos ya en camino"

Ella sintió que el pecho se le oprimía, como si diez bultos de arena hubieran sido colocados arriba de su tórax porque la sensación de tener apnea se había hecho presente.

Tuvo un mal augurio de todo esto. Shikamaru se expresaba serio, con la voz grave y determinante. Y Naruto estaba en las mismas, hablaba pausado y con evidente preocupación.

"El tiempo se me está viniendo encima" — declaró echando un largo suspiro y viendo por la ventana. Se acarició angustiado el cabello dorado mientras reflexionaba inquieto — "Ya no sé qué más pretextos inventarle a Hinata".

Y era por eso que ahora estaba frente a Naruto llena de ira, sin poder detener los estribos reclamándole por haberle ocultado a ella, a Sasuke y hasta su propia esposa Hinata de la desaparición de sus hijos. Si les hubiera avisado antes ella misma habría salido de la aldea a buscarlos.

Te repito que yo no tuve la culpa dijo agitando nerviosamente las manos frente a su cara

¡No! espetó Directamente golpeando nuevamente el escritorio pero con la palma de la mano abierta ¡no! Pero Konohamaru está hecho bajo tus enseñanzas, es como tu pupilo y ese mal nacido me las va a pagar. Es tan irresponsable como tú. Ahora solo me da ganas de matarlo apretó con ira la mandíbula en tanto se imaginaba como retorcería el cuello del castaño cuando tuviera la mala suerte de encontrarse con ella.

— Te lo juro Sakura. Que si pudiera yo mismo iría a buscarlos — manifestó con devoción y su voz temblaba. En su rostro se plasmaba no solo una expresión cansada por su vida ajetreada sino también llena de arrepentimiento por lo sucedido. Buscaba de alguna manera el perdón y la comprensión de su mejor amiga. Pero Sakura con las manos en la cintura con actitud retadora solo podía darle una mirada hostil de su parte que hacía que Naruto se estremeciera y se sintiera todavía más culpable.

La mujer apenas iba a pronunciar unas duras palabras cuando un individuo sin permiso abrió la puerta café bruscamente exaltando a los dos ninjas.

— ¡Naruto! — se escuchó su nombre pronunciado de la boca de Shikamaru, la voz ronca retumbó por toda la oficina. Sin embargo de inmediato calló cuando consternado notó la presencia inesperada de Sakura.

La mujer de la misma manera que a Naruto, lo miró despectivamente. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Shikamaru. Si la médico se encontraba ahí y con el ceño fruncido solo significaba una cosa; que ya se había enterado de todo.

— Tú...— musitó escuchándose severa. Shikamaru con los ojos muy abiertos respingó al oír que pronunciaban su nombre con severidad. De los nervios deglutió saliva y no se movió de su sitio, temiendo acercarse además a su próxima asesina. La puerta continuaba abierta y nadie se percató de ello por el ambiente tan tenso que había surgido. La manzana de Adán del consejero del Hokage comenzó a titiritar y su quijada entreabierta parecía haberse trabado porque ni decía nada ni cerraba tampoco la boca.

— ¡Shikamaru! — Naruto encrispado por el miedo tuvo la valentía de tomar la iniciativa para romper con el ambiente incómodo donde ya se podía oler a sangre por lo que Sakura les haría.

— ¡Tú cállate Naruto! — volteó hacia él fulminándolo con la mirada. Cuánto le costaba a ella contenerse — O te va a ir peor — sus amenazas era lo único que por ahora podía realizar.

El rubio intimidado se ocultó más detrás de la silla que supuestamente le serviría para protegerse de los golpes de la mujer.

— Yo — titubeó pero esquivándole la mirada asesina a la furiosa médico, no podía verla a la cara sin sentir vergüenza — Espera Sakura...— pidió buscando comprensión en ella — antes que nada...tengo que decirles — observó a ambos, primero a uno y luego al otro alternando su atención visual — que si quieres obtener una respuesta a esto...— hizo una pausa que impacientaba más a los dos — se lo preguntes directamente a Sarada.

— ¿¡Que!? — Gimió desconcertada perdiendo el aliento y sintiendo que el mundo en ese instante se le venía encima. Sus pies trastabillaron haciéndola retroceder involuntariamente pero afortunadamente estaba el escritorio que le sirvió para apoyar su cintura.

Temblaba ligeramente su cuerpo, sus manos blancas también, y aunque no pudiera mandar a su cuerpo sobre su mente si gobernaba. Así que como no podía todavía razonar bien la noticia necesitó explicaciones. Shikamaru se le adelantó y comenzó a aclarar, sabía que tenía la obligación de informarle todo. La mujer estaba preocupada hasta el límite.

— Acaba de llegar a la aldea — acotó con seriedad — Ya se reportó conmigo.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

A lo lejos, de espaldas aparecía una figura alta de silueta delgada que llevaba una blusa de manga tres cuartos con un chaleco encima que era largo hasta los muslos y de color negro. Poco a poco se podía distinguir que era una muy joven chica la dueña de ese cabello negro que le llegaba poco más debajo de los hombros.

Sarada estaba detenida en medio de la calle contemplando consternada los diferentes sitios que la rodeaban.

Un gran puesto de carne frente a ella que despedía un aroma delicioso que le había abierto así de la nada un apetito feroz pues tenía horas que no comía ni un solo bocado. Y luego la estación de correos se ubicaba detrás de su cuerpo y por ahí unos alegres niños de nomás de ocho años jugaban a atraparse mientras corrían chocando a veces con algunas personas. La gente pasaba a su lado, por enfrente o por detrás. Unos se notaba que estaban trabajando pues cargaban material de obra o andaban en sus bicicletas mientras que otros simplemente conversaban entre risas como esas mujeres parlanchinas que tenía a unos pasos o como esos hombres de traje que discutían un asunto político con seriedad. Se respiraba la más pura tranquilidad en esta parte de la aldea y era contagiante el ánimo de la gente pues ella quien había atravesado las puertas de la aldea con muchos nervios, ahora se encontraba con absoluta calma aunque supiera que esa calma estaba a punto de extinguirse cuando tuviera que darle explicaciones al Hokage.

La joven estiró distraídamente hacia arriba uno de los guantes negros que llevaba usando en su mano derecha en tanto seguía admirando embelesada cada sitio. Se sentía extraña ahí. Llevaba tiempo afuera, pero nunca le había sucedido que al llegar a su aldea se sintiera tan desconectada con esta, como si en realidad fuera una extranjera y no conociera nada. Era una sensación extraña llegar a tu hogar y aunque conocías a tu villa perfectamente de adentro hacia afuera era como si nunca antes la hubiera visto.

¿Cuántos días fue que se ausentó?

Esa fue una pregunta que se hizo al aire en su mente para la cual no tenía una respuesta concreta. Pero estaba casi segura que no más de dos semanas. Desde que salió de la misión hasta hoy.

Otra incógnita era si ya había llegado su equipo.

Si así fuera también tendría que explicarles a ellos dos dónde estuvo tanto tiempo sola y cómo logró escapar de sus captores. ¡Por supuesto que no mencionaría a Mitsuki ni a su padre adoptivo para que no fueran a buscarlo inmediatamente!. Pero para eso tendría que poner a prueba sus dotes de actriz para que le creyeran el relato que más o menos ya había ensayado cuando caminaba por la aldea. Incluso había inventado su propia historia.

Sería difícil sostener sus palabras ya que no era de las personas a las que le gustaban las mentiras, de hecho odiaba decirlas y odiaba que le mintieran. Siempre que alguien le mentía y lo descubría (pues ella tenía excelente percepción) se lo tomaba muy en serio como una traición y dejaba de hablarles por días o no dejaba de recriminarles su falta.

Cómo cuando creyó que su mamá no era su verdadera madre sino Karin.

Todo eso estaba a punto de venírsele encima como una avalancha.

Alzó la cabeza hacia el cielo y suspiró resignada.

Protegería a Mitsuki porque era su amigo, y quién para bien o para mal...le debía la vida.

No importaba que él le hubiera afirmado que le parecía correcto si decía que la había secuestrado... jamás sería capaz de dañarlo.

Solo se preguntaba disgustaba: ¿Quién sería la primera persona que escucharía sus explicaciones?

Y como si estuviera llamando a esa persona...

— ¡Sarada!

Apenas la confundida morena bajó la cabeza para mirar hacia el frente a quien la había llamado con mucho entusiasmo cuando sintió que alguien sin pensarlo se le echaba encima con brusquedad y le rodeaba el cuello con unos brazos fuertes pero bañados de calidez.

Sarada podría no reconocer muy bien la aldea en ese momento pero sí que podría reconocer el amor y el cariño infinito que cada poro de la piel blanca de esa persona transmitía solo para ella...y para su apático padre.

— Mi amor...Mi vida — musitó con enorme disgusto ocultando su rostro entre el cuello de la muchacha y su largo cabello negro...— ¿Dónde has estado todo este tiempo? — suplicó devastada apretando más sus extremidades en el cuello frágil de la adolescente.

Ella se estremeció al sentir su tristeza, y la humedad en la tela de su ropa que cubría su hombro.

La joven deglutió pesadamente sin poder corresponder de inmediato al afecto porque continuaba consternada pese a saber quién era la dueña de esos brazos. De pronto sintió un ardor incesante en su garganta y sus ojos, seguramente sus ojos oscuros estaban enrojeciendo por contener las lágrimas. Eso explicaba porque se veían tan hermosamente brillantes, podía verlos reflejados en la vitrina de la panadería que tenía en frente.

Se sintió conmovida por todo esto. Por la forma en que su madre velaba por ella, por la forma en que expresaba su preocupación y mostraba su pena por no verla como si le hubieran arrancado un pedazo de su alma por perderla. Pero sobre todo porque se sentía decepcionada de ella misma, desmerecedora de su amor por la traición que iba a darle a cambio de todo lo que ella le ofrecía, una pena llevaba a cuestas y tendría que aprender a vivir con el remordimiento.

— Mamá — gimió con los labios temblorosos entre tanto resbalaba la primera lágrima amarga de su ojo izquierdo. Por fin se dio por vencida y correspondió a su madre con otro abrazo lleno de emoción con una mezcla de nostalgia pero que también escondía otras cosas que esperaba que con el tiempo no fueran reveladas por ella misma por el remordimiento que ya la aquejaba.

El instinto de madre hizo que Sakura percibirá por medio de un sexto sentido el dolor reflejado en la voz de Sarada. Se imaginó que su angustia debía ser por las situaciones que había pasado sola mientras estuvo pérdida o desaparecida. Ese Naruto no se había salvado de una buena golpiza, solo que al recibir la noticia de que su hija había vuelto enloqueció y por supuesto hizo que su corazón saltará de alegría por saberla sana de regreso así que no tardó nada en salir como cohete de la oficina para ir a buscarla por toda la aldea brincando sobre los techos alterada, ansiosa por encontrarla y revisar que estuviera perfectamente bien.

Y hablando de sanidad. Se separó de manera brusca del cuerpo abatido de su hija. Permaneció la muchacha con el rostro cabizbajo cómo si estuviera avergonzada y la notó llorosa. Ella no estaba acostumbrada a llorar delante de la gente así que seguramente se sentía incómoda por eso no quería verla a los ojos. Aunque eso no impidió que Sakura analizara súbitamente cada rincón, cada pieza del cuerpo de su hija, buscando alguna herida, un rasguño, cualquier cosa. Ella la curaría.

Pero no halló nada serio. Traía un raspón grande debajo del hombro casi por el codo pero se veía viejo porque estaba un poco endurecida la herida, señal de que estaba cicatrizando.

Bueno. Entonces podía empezar a tranquilizarse. ¡Basta ya de tantos lamentos! La escena era muy conmovedora pero necesitaba un poco más de alegría, algo que reconfortará su alma.

Entonces con una tierna sonrisa le dio cariñosamente unas palmaditas suaves en los hombros a su hija, tratando de tranquilizarla.

— Sarada. Vayamos a casa.

La chica correspondió al gesto de su madre y asintiendo también le sonrió limpiándose una cristalina lagrimita con el dedo a través de sus anteojos.

Las dos mujeres llegaron a casa en una actitud pacífica.

La primera en entrar fue Sakura a quien todavía no se le borraba la sonrisa de felicidad de la cara.

Sarada en cambio permanecía detrás de ella, pegada a la puerta con los brazos cruzados detrás de la espalda. Su mamá no lo veía pero la chica llevaba tiempo jugando con los dedos de sus manos en una reacción nerviosa.

Ya sabía lo que venía.

— Y dime Sarada...— volteó sonriendo hacia ella — tenemos días que no nos vemos hija. Dime qué fue lo que pasó — en el tono de Sakura se asomaba una evidente preocupación. Pero continuaba tranquila pese a todo. Quizás por el hecho de que intuía que la pelinegra estaba muy cansada luego del viaje y no quería estresarla.

Sarada se removió incómoda. No hallaba la suficiente valentía como para poder alzar la mirada. Su mamá cómo ella también era muy astuta. Podía desglosar tantos sentimientos o cosas con sólo interpretar una mirada o un gesto. Por lo tanto está era la primera parte de la prueba para superar el principal problema.

Iba a mentirle con la forma más creíble que podía. Para eso tendría que recordar lo que le había dicho a Shikamaru cuando lo buscó.

Shikamaru, en medio de la calle se encontraba de espaldas hablando con su ayudante personal. Un muchacho de cabello castaño que andaba en la edad de la veintena. Era una especie de secretario que Sarada ya había visto un par de veces cuando iba a las oficinas del Hokage. Por cierto que ese muchacho era muy distraído por eso Shikamaru casi siempre estaba con él vigilándolo para que hiciera todas sus tareas bien. Sino lo despedía era por lástima, bueno eso decía él.

Sarada sabía que se iba a llevar una gran sorpresa al verla. Pero esa era la intención y más que él fuera el primero en verla. Antes que Naruto.

— Shikamaru — con suavidad le tocó el hombro al veterano ninja para captar su atención.

Shikamaru no reconoció de inmediato su voz así que no se alteró. Sin embargo volteó el rostro hacia la persona que interrumpió su plática con su ayudante y ahí sí se llevó una grata sorpresa que provocó que incluso su cigarrillo se cayera al suelo al quedar boquiabierto.

— Necesito hablar con usted.

El ayudante de inmediato supo por la reacción de su jefe que era algo importante y su presencia estorbaba. Por lo tanto le hizo una reverencia que supo que no vio Shikamaru por lo quejumbrado que estaba volteando a ver hacia otro lado, hacia la chica. La conocida Uchiha.

— Nos vemos después sensei.

— Sa…sa...Sarada — musitó consternado.

— Buenas tardes — lo saludó demasiado tarde haciendo una respetuosa reverencia — ¿Me acompaña un momento? — pidió de favor avergonzada.

Shikamaru siguió observándola como si hubiera visto un fantasma.

Luego pasaron los minutos. Ambos se metieron en silencio y total discreción a un negocio de ramen que estaba al aire libre a unas cuadras. Shikamaru pidió un plato y aunque invitó a Sarada está no tuvo el ánimo para comer aunque hace tan solo unos minutos aún moría de hambre pero la preocupación por lo que iba a decir le arrebató las ganas de comer.

— Entonces — terminó con el incómodo silencio entre los dos — ¿Que me ibas a decir?

— Yo...

— Porque en realidad yo tengo miles de preguntas que hacerte — la observó meticulosamente de reojo. La chica estaba muy tensa — Pero prefiero que tú seas la que me lo diga.

Sarada cabizbaja apretó los labios en respuesta. Era ahora o nunca. Ahora empezaría su plan o iba a empezar a dudar.

— Yo fui retenida por un grupo de campesinos de una aldea.

— ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? — alzó las cejas desconcertado, removiéndose en su silla.

— Iba junto a mi equipo — supuestamente estaba recordando ella. Eso aparentaba cuando en realidad ya tenía planeado todo lo que iba a decir — Encontramos a los ninjas que debíamos capturar. Eran tres pero uno se le iba a escapar así que lo seguí.

— ¿Y qué pasó?

— No sé por cuánto tiempo lo hice — confesó meditando, fijando sus ojos oscuros en el cielo soleado — Pero si fue bastante y me aleje del grupo.

— ¿Y Mitsuki? — exigió saber. Eso aclararía las dudas.

— Nunca lo vi — afirmó tajante. Poniendo atención a la mujer obesa que se acercó a la barra y que le servía al consejero su platillo que humeaba de lo caliente.

— ¿Cómo que nunca lo viste? — creyó haber escuchado mal. Si nunca había estado junto a Mitsuki entonces el problema que tenían se duplicaba porque también tendrían que buscarlo a él cuando todo el tiempo estuvieron buscándolos a los dos al mismo tiempo.

— No sé qué está pensando usted — encajó una mirada apacible al adulto que había adoptado una verdadera actitud pensativa. Para Sarada la inteligencia analítica de Shikamaru era peligrosa para su plan. Si se ponía a pensar demasiado el hombre, comenzaría a dispararle con preguntas. Por eso había optado por buscarlo primero a él para quitarse el principal problema de encima — Pero creo que nos tendieron una trampa — parpadeó confundida — Y yo fui la única que caí. Ya que cuando me aleje de todos. De pronto salieron varias personas de entre los árboles y me acorralaron.

— No pudiste escapar. Supongo. — dedujo comprensivo él.

— De hecho me les enfrenté. Pero no pude con todos porque el ninja que había estado buscando estaba ahí y era muy fuerte. Necesitaba principalmente defenderme de él — explicó — la cuestión es que no lo logré y me encerraron en una celda oscura...y fría — arrastró la palabra como si le pesara decir aquello. Tenía lógica. Ya que ese fragmento de la historia era real y le traía un recuerdo turbio.

— ¿Cómo te saliste?

— Tuve que fingir por muchas horas que estaba inconsciente. Esperando la oportunidad de que me abrieran la celda para poder irme. Pero nunca pasó. Tuve que resignarme a descansar por lo menos un día porque me había quedado con poco chacra — esa última parte de lo narrado también contenía una pincelada de realidad — Finalmente cuando pude hacerlo, planee esperar el momento apropiado para escapar sin muchos problemas. Ese momento ocurrió cuando el ninja que me había tendido la trampa lo ví por los barrotes de la ventana de la celda irse fuera del pueblo. Cómo era el más poderoso de todos no tuve ningún problema en usar mi fuerza con mi chacra para derribar la celda aunque todos escucharán el ruido.

— Y entonces — presionó interesado.

— Ya se imaginará — espetó a secas — Todos se dieron cuenta. Aproximadamente había 10 personas. Pero ninguno pudo hacerme frente. Me fui pero como no sabía dónde estaba ni por dónde irme para regresar deambule por todos lados por días. Escondiéndome también de ellos. "Procurando no volver a topármelos" — enfatizó la frase. — Así que creó fervientemente que si Mitsuki está también desparecido. Ellos tienen que ver — terminó de contar Sarada con seguridad en su voz. Shikamaru lo único que podía hacer era tamborilear sus dedos sobre la barra en tanto pensaba profundamente sobre toda la nueva información que había recibido. Jamás pensó que unos simples ladrones pudieran ponerles el mundo de cabeza.

— Puede ser...— fue su única sencilla respuesta. Dándole el beneficio de la duda a la pelinegra quien por fin podía soltar el aire retenido en el estómago de puro alivio.

Y eso fue lo que pasó. Ahora su madre, sentadas en la sala; escuchaba con atención cada una de las palabras que pronunciaba una convincente Sarada. Vaya que había aprendido rápido a dominar mejor sus emociones. Porque ya no había nervios en el tono de su voz ni miradas esquivas. Sentía el deber de retribuirle un poco a Mitsuki todo lo que hizo por ella.

Y ya para la noche. Cuando el sol había desaparecido del manto azul y la luna llena cayó sobre el. Sarada se fue a dormir.

Su habitación estaba en la planta de arriba. Y ella yacía acostada en su cama mirando el techo pensativamente.

Hoy había sido un día agotador. Había jugado con sus emociones como los malabaristas, todo para no perder el equilibrio en sus sentimientos y que no la descubrieran.

Se preguntaba si la mentira tendría que perdurar toda la vida. Porque si era así se tendría que acostumbrar a mirar de frente a todos sin mostrarse culpable por ello.

Pero no tenía otra salida. Era mejor llevar una carga de culpa a cuestas por engañar a todos sus amigos, conocidos y familia que llevar la carga de traicionar a quien le tendió la mano pese a los problemas en que también él se había metido con gente poderosa como su padre Orochimaru. Tampoco era una malagradecida.

Mitsuki podría en ese instante estar sufriendo las consecuencias de haberle ayudado, de no tener un hogar cálido, una aldea acogedora ni unos amigos cercanos. Por más que él le restara importancia al aspecto personal, sabía que tenía sentimientos muy ocultos y poco explorados pero ahí estaban en un rincón de su corazón encerrados como si fueran viles criminales.

Ella ya lo había comprobado...que él tenía sentimientos... Vergonzosamente.

Ella no podía dejar de pensar en el bienestar de Mitsuki.

Ella no podía apartar de su mente la imagen de Mitsuki.

¿Qué diablos le estaba pasando?

Se rendía.

Suspiró con resignación. Estaba cansada.

Mañana, tal como había planeado, empezaría una plática con su madre sobre estos casos.

Pero por ahora… por ahora...solo estiraría su suave mano hacía su mueble, y apagaría la luz de su lámpara, para descansar.

La luz que faltante la envolvió en la oscuridad de su cuarto...la luz de la luna que por la ventana iluminaba su rostro delicado.

¢σηтιηυαяá...


Ya es la una 13 de la mañana y acabo de terminar el capítulo. Estoy con ganas enormes de dormir pero me alegra mucho haber terminado este capítulo que por cierto vendría siendo hasta el momento el más largo. Normalmente cada capítulo lo hago de 4000 a 5000 palabras y me satisface saber que ahora he escrito 10,178 xD. Me he esforzado a escribir tanto porque se las debia, ya que nuevamente me retrase con el capítulo así que este cuenta por el que me faltó jaja no, en realidad espero darle prontitud a mi historia y lograr que para diciembre vaya mínimo en el capítulo 15.

Ah por cierto, ya me di cuenta hace poco que la serie de Boruto esta pasando por una saga super importante que involucra mucho a Mitsuki. o sea que Mitsuki está pasando por su momento protagónico en la serie, estoy feliz por eso porque ya era hora de que alguien le diera más importancia al personaje. Y espero que con esto Mitsuki consiga más fanáticos porque no es solo un personaje misterioso, sino un personaje muy poderoso que esconde muchas cosas que me gustaría que se fueran destapando para que vayamos conociéndolo un poco más.

Además de esto, me he dado cuenta mucho más todavía que en la serie plasmaron una parte que yo ya había escrito en mi fic muchos meses antes de que comenzara la saga de Mitsuki xD, es como si yo ya hubiera preevisto que Mitsuki traicionaría a la aldea. En la nueva saga de Boruto efectivamente Mitsuki traiciona a su aldea y deja a sus amigos no sé porque todavía ¬¬ pero aquí en mi fic yo ya había escrito mucho antes de que se viera en la serie que Mitsuki traiciona a la aldea así que fue una coincidencia que afortunadamente le da más sentido a mi Fic porque entonces eso quiere decir que tiene un poco de realidad mi fanfic.

Por ultimo, quiero desearles buenas noches. Nos vemos en la siguiente actualización. ¡Hasta la próxima!