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Capítulo trece: Máscara
Al país de la Tierra había llegado Sai, luego de un intenso día de viaje. Todo el viaje lo había tenido que hacer a pie lo más discreto posible porque de haber usado su técnica de dibuja habría acortado a menos de la mitad de tiempo el viaje. Tampoco se iba a quejar, de no haber ido a pie no se hubiera topado cerca del puente Kanabbi con Konohamaru y Moegi junto con sus respetivos equipos. Fue una grata sorpresa descubrir que estaban ilesos. Hasta que se preocupó por no ver aún a Sarada entre ellos. Pero se contuvo a preguntar. No era necesario. Él tendría que continuar con su objetivo aunque al principio solo era encontrarlos a ambos equipos. Esa misión ya había sido cumplida y le había ahorrado mucho trabajo encontrarse los capitanes y él por casualidad o hubiera batallado siguiendo sus rastros.
Lo que si tuvo que hacerles obligatoriamente fue una serie de preguntas clave que le servirían para hallar a los ninjas que había secuestrado a Sarada y Mitsuki.
Ellos le contaron sobre los hombres ladrones y secuestradores que habían combatido. Sai creyó que por las características de secuestradores ellos pudieran ser los autores de la desaparición de los dos adolescentes pero de inmediato Boruto lo negó. Asegurando que los delincuentes tenían otras intenciones y en ningún momento mencionaron los nombres de sus amigos.
También les preguntó de dónde venían, a donde habían ido, y a donde se dirigían. Respondieron todo y cuando le preguntaron a él a donde iba se negó a darles la información porque por lo regular las misiones encargadas a un ninja de su nivel eran ultra secretas y el silencio de sai les contestó. Pero Boruto era astuto e intento seguirlo, sin embargo Konohamaru se molestó mucho junto con Moegi y amenazaron con amarrarlo con cuerdas.
Con esa extraña escena Sai se despidió y continuó su camino.
Si antier cuando se los encontró le hubiera enviado Shikamaru el mensaje donde le avisaba de la aparición de Sarada en la aldea, él los habría tranquilizado a todos informándoles. No obstante aún quedaba pendiente la cuestión de Mitsuki del que no le había hablado nada en el mensaje.
De cualquier manera todo este asunto le olía mal y no había querido decírselo a Shikamaru. No podía ser que Sarada y Mitsuki se hubieran separado cuando los testigos Konohamaru y Boruto aseguraban que los habían visto irse juntos antes de desaparecer. Los enemigos eran aliados no podrían haberlos encerrado en lugares distintos. A menos que Sarada haya escapado de ellos sin llevarse con ella a Mitsuki pero también faltaba la versión de ella. Desconocía que pudo haberle contado al Hokage sobre su escape.
Solo por eso las ganas de seguir investigando por su cuenta este asunto habían incrementado. Ya había encontrado refugio en el país de la Tierra. Estaba cerca de la aldea oculta de la roca. Esperaba que al momento de ingresar no surjan muchos problemas ya que el anterior Tsuchikage Ōnokia aunque había firmado un acuerdo de paz con Konoha hace unos pocos años aún conservaba sus diferencias con ellos y Kurotsuchi otra ferviente patriota y nieta del anterior también mantenía sus diferencias y no le daba trato especial a los ninjas de Konoha aunque su relación con Naruto fuera cordial. Una visita al país de la roca sin previo aviso o permiso podría desencadenar un conflicto muy serio que desquebrajaría la diplomacia.
Pero como ni siquiera él supo desde el principio que camino tomaría primero para investigar, se le pasó decirle a Shikamaru que pidiera un permiso a la Tsuchikage para él para que pudiera ingresar y buscar ahí a los sujetos o buscar rastros por lo menos que lo ayudaran.
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— ¡Por fin! — expresó Boruto con un grito de felicidad estirando sus brazos hacia el cielo. Frente a él estaban las puertas enormes de Konoha. Todos sus amigos se veían igual de contestos que él.
— ¡Ya podré comer por fin mis deliciosas papas de queso con sabor salmón! — los ojos de Choho brillaron con intensidad al imaginarse el olor y el sabor distintivo de su comida preferida.
Por eso nunca dejaras de ser gorda — opinó divertido Inojin haciendo enfadar a su compañera que estuvo a punto de golpearlo con su brazo gigante. Saltó hacia atrás Inojin y lo esquivo entre risas enfureciéndola más.
El puño letal se había impactado contra el suelo haciéndole una enorme grieta. El golpe ensordecedor despertó de su letargo al par de guardias descuidados que tenían cuidando las puertas.
Y antes de que continuara extendiéndose la pelea por fortuna interrumpieron los guardias.
— Oh — Venía corriendo uno de ellos que se había levantado de su silla — ¡Konohamaru sensei!
— Hola como estas Kohitsu — saludó amablemente levantando su brazo.
— Que pregunta — se sorprendió el hombre mientras abría la enorme y pesada puerta — yo debería de ser quien le pregunte eso a usted. Tanto tiempo ausente.
— Oh no es nada — restó importancia. Sabía que nadie de la aldea conocía la verdad y así se quedaría eso — Solo fue una misión que se extendió.
— Seguramente se extendió tanto que debe de estar muerto de agotamiento — abrió el candado y las puertas — Me imagino que por eso la señorita Sarada regresó antes que ustedes. Se veía muy cansada también.
— ¡Como dices! — en un segundo se exaltó Boruto y sus ojos hermosamente azules se abrieron en toda su extensión, su corazón comenzó a palpitar aceleradamente tras oír el nombre de su amiga.
También el corazón de los demás presentes cambió su ritmo. Es como si se hubieran congelado porque de pronto todos se quedaron con mente en blanco y con los pies encajados en la tierra.
— Que la señorita Sarada ya llegó — reafirmó con el semblante serio — Tiene un par de días aquí.
De pronto sin avisar Boruto saltó por encima de la cabeza del guardia a una gran velocidad dispuesto a buscar a la morena por toda la aldea.
Sus amigos estando aún quietos lo observaron alejarse como si trajera cohetes en los pies por la rapidez de su corrida. Esquivaba a la gente y escalaba techos para asomarse desesperado por toda la gran aldea. Los demás no tardaron nada en reaccionar también. Tan pronto como vieron a Boruto llevarles ventaja lo siguieron ansiosos y para obtener mejor resultado se separaron para encontrar lo más rápido posible a Sarada.
Quien la encontrara se sentiría un ganador porque tenían miles de cosas que hablar con ella y ella era el premio.
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Sarada ajena a todo lo que sucedía en el exterior, alejada del borlote y el ruido de la sociedad. Se hallaba apasible y de pie con el hombro recargado en un estante enorme que guardaba cientos de libros, de hecho tenía en su mano alguno leyendo la introducción. Era notable que estaba dentro de una silenciosa biblioteca donde solo se podía respirar la paz y la tranquilidad. Cualquiera que quisiera huir de sus problemas tan solo tenía que ir ahí a leer para despejar su mente. Le había dicho Sumire nuevamente cuando hoy se la encontró que se había inaugurado hace dos semanas una nueva biblioteca que tenía una pequeña área de cafetería adentro a diferencia de la vieja biblioteca que era más grande pero no contaba con una cafetería, estaba prohibido meter bebidas porque en su interior había libros muy importantes y ninguno era replica, eran un tesoro que más valía mantenerlo intacto sin el riesgo latente de mancharlos con algún líquido En cambio esta nueva biblioteca igual de grande pero más moderna y permisiva contaba con copias de libros importantes como también con material original, tenía unas cuantas mesitas unas diez, todas pegadas a un gran ventanal, y por en medio corría el pasillo que separaba a las mesas con los estantes de libros, así que de lado izquierdo estaban las mesas y de lado derecho los libros. Y Sarada estaba en la segunda área eligiendo que libro leer. Mientras que Sumire estaba detrás de ella leyendo un libro en una mesita.
Ese libro no le había convencido. Así que lo cerró, lo acomodó en su lugar y eligió otro al azar para dirigirse después a Sumire que disfrutaba mucho su actividad con la lectura. Se sentó frente a ella y la observó por mucho tiempo minuciosamente.
La chica de cabello purpura era muy intelectual. Encontrar a una muchacha inteligente y al mismo tiempo tan poderosa y letal como ella era algo rarísimo de encontrar. Nadie se imaginaría ni en un billón de años que detrás de esa máscara de niña buena, inocente y pacífica se hallaba una verdadera luchadora experta, peligrosa que no le temblaba la mano para pelear.
Sobre ella se hallaba solo un disfraz que sabía utilizar muy bien desde hace años. A todos en su momento había logrado engañar con su inocencia. Y por eso en este instante se preguntaba Sarada. ¿Cuál era la verdadera Sumire?
¿La inocente, nerviosa, tímida y tierna joven que vestía perfectamente como colegiala con su vestidito y se trenzaba el cabello, la muchacha que evitaba conflictos y seguía siempre las reglas? O por otro lado ¿la fría mujer que no se tocaba el corazón en una pelea, que no perdonaba enemigos y seguía su objetivo hasta conseguirlo porque persistía, la que hablaba con la verdad por más cruda que fuera, la orgullosa mujer que le costaba reconocer las derrota? O quizás no era realmente ninguna de las dos, ¿y era la muchacha brillante, inteligente y sensible a más no poder, que cargaba a cuestas mucho sufrimiento por su pasado pero que era tan valiente y madura que lo enfrentaba día tras día aunque ella misma dijera en alguna ocasión que casi siempre se sentía sola y nostálgica por no poder ser normal?
Había tres Sumire. Y todas sus facetas aparecían en momentos determinados.
La tímida y nerviosa en la escuela, la poderosa, fría y orgullosa en batalla, y la madura y sensible joven en la vida cotidiana.
Por ejemplo, ahora mismo creía Sarada que estaba con la tercer Sumire.
Si le prestaba mucha atención. Sumire le demostraba que tener varias personalidades no le acarreaba mayores problemas y podía vivir bien con eso.
Suponiendo que también ella se pusiera su propia máscara. ¿Funcionaría de la misma forma que con Sumire?
De ahora en adelante tendría que ponerlo a prueba.
Ser le buena e impaciente amiga de Boruto, ser la excelente hija de Sakura que nunca mentía, ser la ninja disciplinada y astuta en quien más confiaba su sensei, ser la alegre, incondicional y honesta confidente de Chocho, y también junto con todo eso la traidora, mentirosa y cómplice de cierto peliblanco.
Todo eso era complicado…pero necesario.
Sumire y ella al fin de cuentas no eran tan diferentes.
A Sarada también le gustaba leer. Pero no frecuentaba las bibliotecas como Sumire que si podía y no estaba en ninguna misión siempre iba un rato ahí a relajarse.
Pero las dos usaban mascaras….
Un ruido exagerado afuera de la ventana llamó la atención estrepitosamente de ambas. Alguien había corrido como loco por la calle y pasó por la ventana desconcentrándolas.
Sentadas, voltearon a ver a través del vidrio pero no encontraron nada anormal. Se observaron extrañadas pero no dijeron nada.
En seguida detectaron otros ruidos más allá lejanos pero que poco a poco iban escuchándose más cerca y más fuertes. Voltearon de nuevo y ahora sí lograron alcanzar al causante del nuevo ruido. Chocho corrió del otro lado del ventanal gritando el nombre de Boruto que le llevaba ventaja en la carrera.
— ¡Boruto espera! — Exigía entre gritos — ¡Yo seré la primera que encuentre a Sarada!
"Sarada"
— "Es decir que yo" — pensó Sarada —"¡Boruto está aquí!" — exclamó espantada.
— Oh — exclamó con sorpresa Sumire — parece ser que todos están ansiosos por verte — sonrió encantada la muchacha – me alegro que tengan una amistad tan fuerte.
— Ca…cla…Claro — titubeo la chica
— ¿No vas a salir a verlos? Yo creo que ni siquiera te vieron y están tan cerca. Estaría bien que salieras detrás de ellos — aconsejó al notarla indecisa.
— S…ssi...si – contestó insegura — voy — indicó con el dedo índice hacia la puerta.
Sumiré asintió contenta meneando la cabeza. Ella seguiría con su lectura y tomándose su café.
"Ni loca" – añadió Sarada en su mente. Lo que menos quería era verlos no se sentía preparada. Hace tan solo unos minutos se sentía un poco más confiada cuando analizó a Sumire pero es que ella no era Sumire. No le salía tan bien la hipocresía.
Así que aprovechó que Sumire volvía a su lectura para ocultarse detrás de un estante de libros.
"Aquí estaré segura por un rato" "Hasta que decida cuál es el momento"
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— ¡Ya llegó Boruto! — Shikadai le comentó a Naruto de la nueva noticia
— ¡Eso es excelente! — mencionó excitado detrás del escritorio
— ¿Qué vas a hacer con él? — cuestionó impaciente
— Me gustaría primero hablar con Konohamaru. Pero definitivamente ese chico merece un castigo – aventó una bola de papel que no atinó a encestar en el bote de basura que estaba a su costado por la ventana.
— ¿Un castigo de tu parte? Le creo más a los castigos de Hinata por más pacífica que sea. Tu eres demasiado blando Naruto. .
— Este si va a ser un verdadero castigo. Se ha ido a los extremos
— ¿Quieres que le mande a hablar a Boruto?
— ¿Me lo traerías aquí? — dudaba que su hijo rebelde viniera por voluntad propia.
Shikamaru suspiro inconforme. No le gustaba batallar con adolescentes por eso nunca se le pasó por la cabeza convertirse en profesor.
En ese instante se abrió con lentitud la puerta de la oficina asomándose alguien tímidamente.
— ¿Konohamaru?
— Naruto — pronto se percató de su error — eh que digo ¡Hokage! — Corrigió su falta de respeto — ¡que gusto verlo! — sonrió nerviosamente, hasta temblarle los labios.
— ¡A mí también! — contestó con sonrisa radiante.
— ¡En serio! — grito asombrado
Los tres quedaron en silencio. Shikamaru meneo la cabeza de un lado a otro con una sonrisa burlona. Resumió que Konohamaru esperaba una reprimenda de muerte de parte de su amigo de la infancia.
Eligió dejarlos solos conversando así que se salió discretamente de ahí. Tenía una difícil tarea que hacer con Boruto.
— Yo…hokage…verá — titubeó mientras se acercaba dudoso hacia el escritorio - ¡me haré responsable de mis actos!
— ¡Excelente! — Respondió contento — Te toca lavar toda la semana mi baño — sentenció con un tono malicioso. Regocijándose por la expresión del maestro.
— ¡Qué! — casi se le cae la quijada de la impresión
Naruto en cambio se rio.
— Es broma es broma — admitió divertido meneando la mano.
Konohamaru no comprendió. Este no era el momento de hacerse bromas de ningún tipo. Cundo estaba tocando un tema tan serio.
Naruto dejo de carcajearse de su amigo y se limpió una traviesa lagrimita de su ojo. Después se levantó de su asiento reclinable y se acercó a su amigo poniendo tenso al más joven.
— En realidad. Sé que hiciste todo lo que estaba de tu parte — reconoció comprensivo tocando su hombro.
— ¿He? — musitó aturdido.
— No es fácil lidiar con mi hijo. Cuando una idea se le mete a la cabeza no hay poder sobre la tierra que pueda obligarlo a estarse quieto. Para mí fue increíble que lo encontraran.
— Pero Mitsuki…Sarada
— Sarada ya está aquí. Lo importante es que está bien y que estaremos prevenidos para que nunca más vuelva a suceder algo así.
— ¿Y qué pasa con Mitsuki? — quiso saber inmediatamente. No por ser el chico hijo de un antiguo enemigo debían restarle importancia.
— Sai está investigando todo — dictaminó.
— Sai es de los mejores rastreadores y espías de Konoha — reconoció apenas que se enteró de que estaba terminando un trabajo que inicialmente a él le correspondía pero que no había vergonzosamente podido cumplir.
— Confío plenamente en él. Pero me gustaría enviarle refuerzos — analizó profundamente.
— Si es así yo puedo…
— ¡No! — Negó determinadamente sin permitir objeciones —¡Tú has hecho suficiente! Ve y descansa — pidió con un temple apacible.
Konohamaru viendo que no era posible hacer cambiar de opinión al séptimo hokage decidió irse inconforme
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— Aquí estás — habló Shikamaru apretando las manos que estaban dentro de los bolsillos de su pantalón. Frente a él estaba de costado Boruto asomándose curiosamente dentro de una tienda de ropa.
— Oh Shikamaru Sama. — se giró hacia él — ¿Le ocurre algo?
— Mira que maleducado — bufó divertido mirando hacia otro lado — que desconsiderado eres luego de que nos tuviste a todos pendiendo de un hilo de la preocupación.
— Preocupación ¿porque? — repitió confundido. Vivía en la ignorancia.
— No te hagas el tonto. Sabemos perfecto todo lo que les ha sucedido.
— Ah...ah... ¡todo! — exclamó tartamudeando. Retrocedió unos pasos como precaución.
— Cada detalle — reafirmó con una oscura burla. Disfrutando de su miedo.
— Entonces mi madre...
— ¡Ja! ¿Tú madre? — Preguntó socarrón — Tú madre aún no sabe nada pero tú padre sabe tanto como yo o tú mismo.
— Bah — resto importancia — mi papá sabe que en una misión todo puede pasar.
— ¿Así? — Arqueó sus cejas — Entonces no tendrás problemas en ir a verlo ahora mismo.
— Oh lo siento Shikamaru — tranquilamente colocó sus manos tras la nuca — pero estoy buscando a Sarada, quizás en otro momento cuando no esté muy ocupado.
— ¡No! — Alzó la voz muy molesto — ¡Ahora mismo! De nada sirve que rehúyas como un cobarde.
Boruto intentaba postergar su llegada a la oficina.
Todo el camino fue caminando perezosamente. Por una vez en la vida le haría caso a los adultos pero no para beneficio de ellos sino para beneficio suyo. Estaba seguro de que si su padre estaba enterado de todo entonces habría de saber bien que fue lo que sucedió con sus amigos pues ni siquiera él había podido resolver el misterio.
Shikamaru se extrañó que no tuviera que usar la fuerza para obligar a Boruto a ir. Pareciera que los nuevos acontecimientos lo habían hecho madurar un poquito más.
Ambos llegaron al despacho y entraron ante el asombro de Shizune. Entonces una vez en el interior fue turno de Boruto hablar. De hecho con su actitud déspota fue él quien primero inicio la plática como si tuviera derecho a exigir respuestas.
— ¿Porque todavía no está Mitsuki aquí? — Arrugó el entrecejo incómodo — ¿Qué te dijo Sarada?
— Oye cálmate — pidió reticente a responder Naruto.
— Perdón padre — recapacitó bajando la voz — ¿Qué fue lo que pasó con Sarada? ¿Dónde están los responsables?
— Ellos aún no han sido capturados.
— Maldición — crujió los puños con coraje
— Ya te dije que te calmaras. No vas a arreglar nada estando aquí
— No son tus amigos los que fueron raptados — renegó inexorable.
— No...Pero cada uno de esos ninjas son como mis hijos o mis amigos. Me duelen igual que a ti — se levantó de su silla.
Boruto con frustración no pudo repeler la respuesta del hokage.
— Ya hay alguien encargándose del asunto — agregó severo
— ¡Quiero participar!
— No. Imposible — negó con el mismo rigor.
— ¿¡Porque no!? — se alteró el menor como era su costumbre. No podía controlar sus emociones.
— Porque podrías entorpecer la investigación — aclaró. Lo que sonó como una ofensa a Boruto.
— ¿Me estás llamando estorbo?
— Si — no se tentó el corazón.
Boruto lo observó abrumado. Su papá nunca le había hablado así con tanta frialdad. En muchas ocasiones lo había regañado sobre todo en su infancia por las travesuras que cometía para llamar su atención pero jamás le había agraviado, es decir...lo estaba denigrando, despreciando.
— No creas que todo lo que has hecho hasta ahora ha sido precisamente muy correcto.
— ¿Qué quieres decir con eso? ¡Explícame!
— Después de lo que hiciste y lo que le provocaste a Konohamaru ya no te te voy tanta confianza
— Soy tu hijo — recalcó furioso.
— Pero no por eso mereces un trato especial. Quítate esa idea de la cabeza.
— Tú eres un...
— Soy tu padre...en la casa...pero aquí soy tu Hokage y se hace lo que yo te digo porque eres un ninja Boruto.
— ¿Y eso a ti te hace importante? — lo confrontó rechinando los dientes de furia.
— Boruto — lo calló de inmediato Shikamaru — tu padre tiene razón. Eres un ninja Boruto. Compórtate como tal — exigió con un tono poco blando.
— Ustedes dos...
— Todo ninja que no cumple con mis órdenes — prosiguió el rubio mayor rodeando su escritorio para ponerse delante de su hijo — se merece un castigo — sentenció — No vas a ir a ninguna misión durante los próximos quince días.
—Tú estás loco — espetó. Entre molestia y asombro.
— Si revocas mi orden —extendió la pausa — Yo mismo me encargaré de extenderte la sanción Boruto.
El adolescente bramó como un toro. Su expresión era de odio. No obstante como era tanta su cólera no pudo abrir la boca o terminaría diciendo cosas de las que después se arrepentiría.
Era obvio que los dos hombres se estaban uniendo en su contra. Así no podría con ellos.
Salió rápido dando un portazo a la puerta que tiró un retrato que estaba colgado.
Cuando se marchó; Naruto por fin pudo respirar tranquilo. Volvió a sentarse con apesadumbre.
— Tu hijo sí que tiene carácter. ¡Ja! y yo que pensé ingenuamente que ya había madurado — sonrió con ironía.
— Me esperaba algo menos peor — confesó afligido apoyando la mano en su frente y el codo en el escritorio — espero que le entre pronto la madurez.
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Boruto salió como un demonio del lugar, maldiciendo.
— Maldito viejo — mumuró con rabia contenida bajando los escalones - ¿Qué y no confía en mí? ¡Ja! pero si soy yo uno de los ninjas más destacados de mi generación
Sarada quien casualmente lo vio entrar y salir se ocultaba detrás de un poste de luz vigilándolo debajo de la copa de un árbol que le brindaba sombra. Hace unos minutos iba con el nanadaime para preguntar sobre el paradero de su padre pero se detuvo abruptamente en su objetivo cuando por unos segundos de diferencia observó a Shikamaru y a Boruto entrar al sitio. Por poco y se encontraban.
Se preguntaba porque ahora el chico lucia como alma que lleva el diablo. Seguramente le habían dado una mala noticia. Una vez más de entre tantas se sintió culpable por sus mentiras. Era probable que Boruto haya ido a preguntar por ellos y la respuesta no le había gustado nada.
Las dudas entre los ninjas prevalecían por su culpa. Todo porque ella no había querido aclarar los puntos y hablar con la verdad. Una mentira se había hecho más grande por abrir la boca. Aunque la historia inventada por ella tuviera la misma versión cada ninja le ponía su propia pizca de mentira agregándole quizás cosas que no había dicho como cuando hace unos minutos Chocho la encontró y la creyó enferma de angustia y quiso consolarla por lo asustada que creía que todavía podía estar por el rapto cuando Sarada sabía que ese tema ya estaba superado y por más que insistió que ya estaba bien no pudo sacarla de su error porque Chocho así era de exagerada. Si Chocho se la pasaba contándoles a todos como "supuestamente la vio" casi traumada empezarían los cuestionamientos de la gente de nuevo.
De modo que no quería que Boruto también se hiciera ideas extrañas tenía que enfrentarlo y aclararle las cosas para que no quedaran tantas preguntas abiertas.
Se volteó aturdida dándole la espalda a Boruto y recargándose en el poste.
Un poco antes de que saliera de su escondite fue Boruto quien sintió una presencia a su lado a varios metros. Contemplo extrañado la silueta pequeña, que se mecía hacia un lado y hacia otro nerviosamente y curioso se acercó.
Sarada escuchó unos pasos a sus espaldas acercándose y se tensó.
— Tú…— una voz masculina se oyó.
La voz de Boruto no hacía dudas, pensó melodramática Sarada.
— ¡Sarada! – grata sorpresa expresó
Sarada poco a poco iba girando el cuerpo hacia él pero no alcanzó a hacerlo voluntariamente porque unos brazos fuertes y confortantes la jalaron hacía él y rodearon su frágil cuello con fuerza. Por supuesto que se quedó pasmada y no podía reaccionar ante semejante gesto.
Pero Boruto estaba demasiado emocionado y tenía tantas cosas que decirle y otras tantas que quería escuchar.
— Bo…Bo…Boboruto – titubeó estupefacta aún. Necesitaba oxigeno necesitaba respirar. Ese muchacho no se daba cuenta de que no estaba moderando su energía.
— Sarada — recalcó incrédulo.
— Necesito respirar Boruto — suplicó desesperada
— Oh — el rubio comprendió preocupado y de inmediato la soltó — perdón — se disculpó avergonzado.
— Está bien — entendió ella sacudiéndose la ropa ya que Boruto se la había arrugado accidentalmente con el afectuoso abrazo.
— Me alegra tanto que estés aquí — sonrió con júbilo. No podía con la felicidad que sentía correr por todo su cuerpo — tenía tantas ganas de verte — admitió risueño
— Yo también — alegó ella correspondiendo a su sonrisa con el mismo gesto
— ¿¡En donde estuviste todo este tiempo!? Estaba como loco buscándote por toda la aldea — con sus brazos extendidos señaló todo a su alrededor.
— Oh ¿en serio? — en realidad no le importaba porque ella lo había estado evitando.
— Nadie me supo dar razón parecía como si te estuvieras escondiendo de mí. Por supuesto que tú no eres así
Como si se estuvieran burlando de ella en su cara y adrede hicieran que Boruto tocara sus fibras sensibles lo dicho hizo que Sarada sintiera un pequeño trozo de su corazón desprenderse.
¿Porque tenían que empezar tan rápido los remordimientos? Y no llevaban ni dos minutos de charla.
— Estaba con chocho — alegó ella tranquilamente
— Entiendo. Aunque me hubiera gustado platicar primero contigo no pude porque me mandó a hablar mi padre — explicó fastidiado, recordando el mal trago.
— ¿Y se puede saber que hablaron? — rogaba a kami que nada comprometedor
— Ah eso no tiene importancia — expuso de pretexto
Para ella mejor. Discurrió Sarada
— Tengo miles de cosas que preguntarte. Pero no quisiera incomodarte con esto. No sé si estés lista para decírmelo — comenzó a platicar
— ¿De que estas hablando Boruto? — demandó desorientada siguiendo lento el paso.
— Todo lo que ha ocurrido — esclareció solemne volteando a verla
— Ah…si…para mí no es problema — dijo con seguridad. Pero no correspondió a la m irada de Boruto que buscaba insistentemente verla.
— ¿De verdad Sarada? Porque me gustaría saber qué pasó con ustedes.
— Si…— reconoció decaída – si te soy sincera. No sé qué pasó en realidad con Mitsuki
— ¿Tú no sabes dónde está? — Cuestionó indulgente — lo mismo me dijo mi padre. Por eso están investigando – expresó analíticamente observando el piso mientras seguía caminando
— Estamos iguales — murmuró afligida — creó que lo único que podemos hacer es estar quietos — recomendó. Aunque sabía que a Boruto la idea no le iba a parecer. Pero tener a Boruto lejos del asunto era algo que ella consideraba ideal para que no busque a Mitsuki y lo encuentre.
— ¿No estarás hablando en serio verdad? — contestó tal como ella se lo esperaba confundido hasta cierto grado ofendido.
— ¿Dime que harás en este momento sin tener ninguna pista? — Respondió astutamente — sino tengo nada concreto no voy a moverme. No quiero entorpecer las investigaciones. Se realista e inteligente Boruto.
Boruto se quedó perplejo pensando detenidamente en lo dicho por la ninja. Ella siempre pensaba antes de actuar porque estaba dotada de una gran agilidad analítica mientras que él solo era la fuerza. Y la combinación entre ambas habilidades era Mitsuki. A ella si podía darle el beneficio de la duda. Ella era la única que podía hacerlo desistir. Confiaba plenamente en esa chica.
— ¡Vaya! — Exclamó apenado enlazando por detrás de su espalda sus manos sudorosas por los nervios — no sé cómo le haces para hacerme reconsiderar mis ideas — reconoció con un rubor en las mejillas que Sarada no noto, excepto el temblor en su voz.
— Tal vez porque soy un genio — aseveró sonriendo entre broma y verdad. No podía evitar tener un lado megalómano.
— Tal vez no es eso — rio tímidamente — tal vez solo eres especial…
— Me lo dicen siempre por ser una Uchiha — añadió desinteresada.
— Para mí — también el añadió sacando de su área de confort a Sarada
— Que dices — abrió los ojos de par en par desencajada. Ahora si clavó fijamente su negra mirada en él.
— Que con todo lo que ha pasado — continuó indeciso no sabiendo como retomar bien la conversación sin sonar ridículo, no tenía el valor ni siquiera para regresarle el gesto y prefirió mirar distraído las copas de los árboles para darse ánimo y seguir tocando el mismo tema — me he dado cuenta de que tu ausencia me pesa demasiado — concluyó derrotado en un suspiro.
Ella perturbada en cambio quedó muda ante lo dicho.
— Si lo pienso bien... — hubo un intervalo de tiempo — no solo tú eres quien guía a nuestro equipo, no solo eres la cabeza del equipo…— meditó nostálgico — también eres quien sabe dirigirme por eso siempre te hago caso; pero sé que todo lo que dices no lo haces con el afán de molestarme. Hasta hace poco comprendí que dentro de todo lo haces por mí bien
La cara de la pelinegra era de póker. Le tomaría un rato deglutir cada palabra.
— No me gustaría que volviera a pasarme algo así — imploró decaído. La tristeza que le embargó aquella vez cuando no supo de sus amigos regreso para recodarle ese momento angustioso —perder a mis amigos…pero sobre todo perderte a ti — continuó caminando como si trajera un gran peso encima como la culpa.
— Boruto… — fue su único débil murmullo
— Por eso quisiera que reconsideraras lo que te dije aquella vez; hace mucho tiempo — pidió cohibido esquivando su mirada. Se notaba que le costaba mucho trabajo hablar de eso — creo que somos ninjas de élite ya — desvió un poco el tema y juntos se adentraron a un jardín — y estamos tan expuestos al peligro que nunca sabremos si volveremos mañana a casa o si nos veremos.
Si era cierto. La vida era incierta siempre; más tratándose de su mundo.
— Por eso no debemos de perder el tiempo — sonrió tensando la mandíbula — quisiera que lo consideraras por eso.
Si…había oído bien Sarada…lo último fue de rápida comprensión.
Boruto Uzumaki estaba pidiéndole de nuevo una oportunidad para estar juntos pero no como solamente amigos.
Boruto había comprobado que no podía dejar correr el tiempo como si nada cuando todavía no había hecho nada importante de su vida. Por lo menos quería llevarse un bonito recuerdo cuando ya no estuviera. Los ninjas crecen rápido, deben de madurar rápido pero por lo general viven poco.
"Vivir rápido y morir joven sin disfrutar lo suficiente" no sonaba atractivo. Pero era así como habían decidido vivir cuando eligieron que iban a ser de grandes.
Y no se arrepentían de nada…pero sonaba tan oscuro.
Tan "crudo"
Si Sarada lo rechazaba. Por lo menos se llevaría el gusto de haberlo intentado de nuevo. Porque era un momento más en la vida, ya sea bonito o feo…pero era una experiencia más que lo hacía más fuerte, que lo ayudaría a superar las situaciones de la mejor manera posible sin avergonzarse por haber fracasado sin sentirse un fiasco, derrotado.
Y lo que dijera Sarada sería su prueba de madurez…porque ni siquiera él sabía cómo reaccionaría con su respuesta.
¢σηтιηυαяá...
¡Por fin! Capítulo 13 subido...20/03/11.56 pm xD me dije a mi misma que lo subiría antes del día 21/03 y lo logre por cuatro minutos...yeiii xDDD ¡Disfruten!
