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Capítulo catorce: Planes

— Yo…— las palabras se le quedaban cobardemente atoradas en la garganta, resistiéndose a salir por fin de su boca. Y Boruto se veía tan tenso en absoluto silencio esperando ansioso una respuesta cualquiera que fuera, sería valiente, enfrentaría cualquier cosa que le viniera; ya no era un niño por lo tanto no podría seguir huyendo de la realidad sin quedar como un ridículo.

En cambio Sarada sudaba tan frío, nerviosa hasta la medula aun sabiendo que era lo que quería y no quería para ella. Pero era tan difícil decirlo abiertamente y más cuando Boruto estaba observándola tan minuciosamente, con tanto detalle que solo provocaba más incomodidad en ella.

— Yo…Boruto…yo…en serio…no sé qué — ¡pero qué sarta de tonterías estaba diciendo! Se recriminó ella con fuerza, ni siquiera era capaz de terminar una frase completa. ¡Qué pesado! Se tomó un mechón de su largo cabello y comenzó a darle vueltas alrededor de su dedo anular buscando una distracción urgentemente. Mientras Boruto continuaba con su molesta observación.

— ¡Sarada! — exclamó inquieto haciendo saltar del susto en su lugar a la joven. No era culpa de Boruto, la inseguridad poco a poco comenzaba a dominar su cuerpo, también lentamente desaparecía la valentía de la que tanto presumía.

Sarada distraída no hacía más que darle vueltas al asunto y no terminar con la tortura.

Pero si él la presionaba entonces…

— Yo…te juro…Boruto — y seguía diciendo disparates inconscientemente.

Entonces el rubio halló sin querer la respuesta que estaba esperando, mas no la que deseaba.

Lo comprendió…pese a todo.

Por orgullo, por dignidad o por tristeza por lo que fuera. El agachó la mirada e inclinó a cabeza con un deje de desánimo.

Pero no dijo nada.

Nada sensato podía venírsele a la mente en ese momento.

Sarada también mejor optó por quedarse callada y suspirar cansada. En su interior sabía que era mejor eso, darse por vencida que seguir quedando como tonta intentando dar explicaciones sin sentido como ella pensaba.

Estuvieron así en la misma posición en medio de aquel pedazo de tierra donde estaban y sin nadie a su alrededor incrementando así más el tortuoso silencio. Si no fuera por el único ruido decente de las hojas de los arboles moviéndose con el fresco viento dirían que todo estaba muerto.

Los minutos transcurrieron, parecía una agonía.

Hasta que ya Boruto decaído decidió recuperar su compostura.

— Bueno — musito consternado— tal vez…ya algún día veremos qué pasa…ya sabes — se rascó la cabeza como de costumbre con cierta timidez — mejor no forzamos las cosas o saldrán mal — sonrió afligido. Pensaba que quedaba como un tonto frente a ella, frente a la chica que le gusta, que cosa podía ser peor que eso.

Sarada lo miró desconcertada. Esperaba de Boruto todo menos comprensión como si no le afectara tanto. Claro era su amigo tampoco esperaba una reacción de agresividad de su parte pero si quizás que le exigiera alguna explicación porque él no soportaba la idea de quedarse con dudas tratase de lo que se tratase.

De cierto modo había cambiado en tan poco tiempo…pensó que quizás era un poco más maduro…y ese rasgo en él era muy interesante.

La muchacha pelinegra asintió dudosa dándole la razón a Boruto de lo que había dicho.

Decir "no forzar las cosas" era como una tregua. No volverían a tocar el tema innecesariamente por un buen tiempo. Dejarían correr los meses o los años y ya verían después que pasaba pero definitivamente aquello no iba a ocupar más su mente.

Si algo se fuese a dar…sería de forma natural.

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Un par de ojos con mirada filosa como la de un felino se mantenían fijos y firmes hacia lo que tenía enfrente, entre tanto continuaba su veloz corrida barriendo con sus pies los granos diminutos y calientes del desierto aunque fuera para entonces ya de noche.

La ansiedad por llegar a un destino desconocido culminó cuando detuvo abruptamente la carrera.

Ahí en la nada se quedó.

En la total falta de ruido porque ahí ni las aves rapiñas deambulaban a esa hora.

Era el único loco en medio de la nada.

Era Mitsuki nada más.

El peliblanco observó embelesado la luz brillante de la luna acentuando más sus mechones largos del cabello del mismo tono plateado que nuestro satélite.

Sus ojos del color de la miel evitaban interrumpir la vista de su dueño hasta con el más sutil parpadeo.

¿Qué era lo que pensaba Mitsuki?

En realidad las preocupaciones de Mitsuki eran nulas. Solo sabía que tenía que llegar a realizar una tarea que desde un principio se había autoimpuesto.

Y es que aunque dijera Sarada que era un pobre manipulado la opinión de él era otra.

Ella jamás entendería la relación que tiene con su padre. No era enfermiza como casi ella lo consideraba.

¿Por qué era tan difícil aceptar para los demás las decisiones ajenas? Muchas veces él tuvo que acatar órdenes de sus superiores es decir de sus senseis y nunca objetó porque sabía bien lo que tenía que hacer. Solo quedarse callado y moverse como ellos querían y luego con eso lo dejarían en paz. Era tan fácil complacer a los humanos.

Pero tampoco se consideraba una vulgar marioneta. Es que simplemente no era una persona común y corriente que se llenara de preocupaciones vanas. Él tenía tiempo como cualquier ser vivo pero a diferencia de todos ellos no sabía qué hacer con el suyo.

Por lo tanto lo único que se le ocurría en ese instante era regresar con su padre y ver que acontecía porque él no tenía un plan fijo para mañana. En pocas palabras regresaría a hacer lo que sabe hacer y volvería a su lugar de origen hasta que algo nuevo se le ocurriera.

A la gente común como según les llama Sarada, les parece poco las horas del día y siempre por eso estaban desesperados por hacer mil cosas a la vez como si no tuvieran nunca el suficiente tiempo. Para él su vida era tan rutinaria o aburrida como otros decían que le daba realmente igual si no hacía nada nuevo, se sentía satisfecho consigo mismo.

Todo esto hasta que Sarada Uchiha intervino y se metió entre sus ojos, en su camino…y en su cabeza.

Frunció el entrecejo impotente y torció la boca con una ligera molestia.

¿Qué era lo que tenía esa simple mujer que la veía últimamente diferente a las demás? Respiraba igual que Chocho o cualquier mujer, físicamente tenía brazos y pies como Chocho, comía como Chocho…bueno como chocho no pero sí que comía.

Pero no sabía…porque últimamente la veía…de otra manera que no sabía explicar.

Era lo que todo el mundo llamaba ¿atracción?

Se negaba a creerlo rotundamente por eso asqueado sacudió su cabeza como loco negándose a esa idea tan absurda.

Le sonaba tan repulsivo algunos sentimientos humanos.

Para sentir atracción debes de ser demasiado cercano a esa persona, y él nunca había hablado demasiado con la Uchiha. Su atención y sus palabras eran más dirigidas a Boruto porque él era más su amigo, su sol que nadie en el mundo.

Sarada ni siquiera le había llamado jamás la atención

Hasta el día en que por impulso pegó sus labios…y cuando la vio semidesnuda en la guarida de su padre, ese fue el comienzo de toda su pesadilla y su confusión.

Tenía que aparentar la frialdad natural que en su corazón imperaba desde el día en que nació para no perturbar a la pelinegra con sus dilemas. En realidad tenía tantas cosas que hubiera querido preguntarle por las sensaciones extrañas que habían empezado en él por su culpa pero se vería como un tonto por saber desesperadamente la respuesta que no iba a gustarle seguramente.

Además, Sarada jamás hubiera sido capaz de apaciguar sus dudas sin el riesgo de recibir un duro golpe sobre su cara. Si le explicaba con lujo de detalle todo lo que le sucedía, si le confesaba que ella lo estimulaba mínimo lo mataba.

Revolvió una vez más su cabellera con el movimiento brusco de su cabeza sacudiéndose las locas ideas.

Si, se sentía impotente y abrumado porque no podía luchar con la misma firmeza de antes contra sus deseos.

Quisiera o no Sarada significaba ahora algo importante para él. O porque otro motivo ahora sentía unas ganas inmensas de volver sobre sus pasos para verla de nuevo aunque sea de lejos.

Esa entrometida no solo era dueña de sus pensamientos sino que también le había dado un motivo vergonzoso e imperdonable para no querer del todo volver con su padre.

Sentía que tenía ahora otra prioridad en su solitaria vida donde Orochimaru no estaba sorprendentemente involucrado.

Por primera vez se preguntaba si es que acaso había otro camino en el mundo para tomar.

No todo era volver y vivir para su padre. ¿Habría acaso otro camino? ¿Otras opciones? ¿Otros motivos por los cuales vivir?

La pelinegra se lo había dicho mil veces aunque no quiso entender. No sabía lo que era la vida y ser un ave libre. No era capaz tampoco de pensar por sí mismo y ver por primera vez por él, era hasta desconsiderado con él mismo, bastante duro.

¿Pero hacia dónde ir?

Ni las estrellas relampagueantes del cielo podían darle una respuesta sabía que lo hiciera feliz.

Aún quedaba la posibilidad de que su padre no lo perdonara y le diera su respectivo merecido por haberlo traicionado pero desde el inicio era un castigo que había aceptado desde que le tendió la mano a Sarada.

E increíblemente no se arrepentía.

Y se reprochaba por eso porque se estaba convirtiendo en otra persona.

Desesperanzado, con un gran peso de culpa sobre su cuerpo en un arranque de locura se decidió por arrastrar las sandalias en contra de la arena hacia las huellas que había dejado atrás con sus pasos. Iba de reversa con una pena que no podía ni con ella.

Fue entonces que entre los remolinos de arena una sombra lúgubre captó su atención además de un mal presentimiento que cal como espinasó en su cuerpo y lo hizo sudar frío del temor porque se sintió descubierto.

La vista aguda que poseía se proyectó hacía a un lado, a varios metros de distancia en ese inmenso desierto que apenas podía presumir de tener unas cuantas plantas entre sábilas y matorrales secos.

Poca gracia le provocó hallar al dueño de la silueta que le había dado un terrible miedo.

Sasuke Uchiha con su sencilla capa hasta la mitad de los muslos deambulaba corriendo lentamente cerca de él, a unos diez metros pero no parecía haber llamado Mitsuki su atención de inmediato, no fue su presencia sino más bien la mirada pesada y filosa que sintió clavándose como agujas en su costado lo que termino obligándolo a mirar hacia su lado. Y ahí estaba el responsable de que de repente se sintiera observado poniéndolo en estado de alerta.

Era el raro amigo de su hija…el pupilo de su antiguo maestro Orochimaru.

¿Qué hacia ese chico solo ahí en medio de la nada?

No tenía permiso de salir de la aldea sin la compañía de su equipo por la desconfianza que aún prevalecía en contra de su propio creador.

Aunque no tenía nada que ver con eso, sentía que como guardián de la aldea tenía la obligación de investigar. Por eso con cautela se acercó al joven ninja.

Se plantó frente a Mitsuki en un santiamén quien opto por conservar una tranquilidad en su rostro y en su cuerpo que en realidad no sentía, pues por dentro había una ligera preocupación por haberse topado con el veterano ninja. Sino sabia jugar bien sus cartas inmediatamente Sasuke descubriría sus secretos y ahí sería el final de todo.

— Tú debes de ser Mitsuki…el estudiante de Orochimaru — musitó con severidad, era algo habitual que se dirigiera con esa frialdad con todos, lo que hacía que la mayoría le tuvieran un gran respeto.

— ¿Estudiante? — escuchó bien Mitsuki. Él no era estudiante de Orochimaru. Era su hijo. Pero le seguiría el juego de todas formas.

— Si… — contestó suavemente mirando sin miedo los ojos serenos del pelinegro.

— No me parece que estés en una misión. No veo a nadie de tu equipo cerca de aquí. Aun así por mera cortesía te preguntare. ¿Dónde están los demás?

— Vine solo señor

— ¿Y a dónde vas Mitsuki? — inmediatamente atacó con otro cuestionamiento.

— Voy hacia la guarida de mi padre — delató sin titubear

Vaya incógnita. Resumió para sí Sasuke. Para él no era cosa del otro mundo que Mitsuki visitara al tan temido Sennin. Ya sabía que tenían una relación muy estrecha así como él con el propio Orochimaru. Orochimaru no era su amigo pero tampoco del todo su enemigo, siempre lo vigilaba de cerca porque aquel era tan traicionero como la serpiente más venenosa y se movía siempre según sus intereses pasando desapercibido para no levantar jamás sospechas, era inteligente y un estratega de gran respeto.

— ¿Sabe Naruto que saliste de la aldea?

— Por supuesto señor — sonrió torciendo la boca. A cinismo le supo a Sasuke. Su sonrisa falsamente amigable transmitía una potente pizca de burla, pero bueno que se podía esperar de otra serpiente, el heredero de la más venenosa — no sería la primera vez — agregó.

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— Oh bienvenido Sasuke, tanto tiempo ausente por un momento no te reconocí — bromeó el rubio a carcajadas levantándose pesadamente de su escritorio, recién salía de una deliciosa siesta — ¿Qué tal en tu viaje?

— Todo está tranquilo. No encontré muchas cosas interesantes — reconoció apacible permaneciendo junto a la puerta — Recogí algunas evidencias para podernos ayudar a descubrir los oscuros secretos y planes de Momoshiki y Kaguya

— Momoshiki eh — arqueó su ceja interesado y estirando todo su cuerpo también para terminar de despertar completamente del letargo — Aún muerto no deja de ser parte de nuestras peores pesadillas. Nos dejó muchas incógnitas estando a punto de morirse, no dejó muchas pistas así que estamos buscando a ciegas.

— Algún escondite ya sea aquí o en la luna, o en algún espacio temporal debió haber dejado — analizó con mucha inquietud — Sus secretos son tan inmensos, casi parecen inalcanzables pero tenemos que parar sus planes antes de que sea lo que sea que haya vaticinado ocurra. Tanto él como Kaguya han dejado muchos cavos sueltos.

— Bueno — sonrió resignado Naruto — confío en tus habilidades sobre todo de tu rinnegan. Oye…Cómo has estado tanto tiempo trabajando te sugiero que te tomes unas rápidas vacaciones. Sobre todo ahora que Sarada volvió, podrías convivir con ella.

— ¿Volvió? — Se sorprendió muy apenas — no sabía que estaba en alguna misión.

Naruto se regañó por haber metido la pata. Se le olvidó que Sasuke no sabía nada sobre lo ocurrido. Aunque era cuestión de tiempo que se enterará sobre todo de boca de Sakura.

— Oh...si...ya terminó — anunció agitado rascándose la nuca.

— Mmm — Sasuke sospechaba que algo importante le ocultaba; su palidez también lo delataba pero no insistiría.

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De inmediato la noticia de la llegada de su padre llegó a oídos de Sarada. Se había encontrado por casualidad con Shikamaru y este le había informado.

Estaba contenta por volverlo a ver y nada en el mundo quería más que ir hacia el despacho del hokage a recibirlo como se merecía.

Y así fue. Sasuke salió del edificio y se halló a su hija al pie de las escaleras esperándolo con una gran sonrisa.

Bajó hacia ella y de inmediato cuando empezaron a caminar la muchacha lo atiborró de preguntas

— ¿En dónde estabas ahora padre?

— En alguna misión secreta

— ¡Vamos!, no seas tan egoísta. Quiero saber — objetó emocionada.

— ¿Para qué quieres saber?

— Solo quiero saber qué haces de tu vida. Cuando no estás con mamá y conmigo — colocó sus brazos detrás de la espalda pensativamente pero si borrar su gran sonrisa.

Sasuke la observó de reojo mientras seguían paseando. No debería de ser tan parco con ella, reconoció. Así que cedería un poco.

— Viajé a varios lugares. Solamente eso te diré — advirtió renuente a dar más explicaciones

— ¿Hallaste algo interesante? — poco le importó su negativa.

— Si... seguramente si te digo que a tu amigo.

— ¿Amigo? — Abrió la boca confundida — ¿cuál de todos?

— Al tal Mitsuki.

La pelinegra palideció con la noticia. Se detuvo ahí mismo.

Sasuke notó la reacción de la chica, por eso igualmente paró de caminar para no adelantarse.

— ¿A...a...sí? — tartamudeo desconcertada.

— Si — repitió por si no había entendido — estaba solo.

— ¿Y hablaste con él? — la ansiedad la mataba. Miraba hacia el vacío no hacía Sasuke.

— Solo un poco — reconoció sosegado.

— ¿Qué te dijo?

— No sé a dónde iba — admitió con tono seco — ¿Tanto te importa?

La joven se quedó en silencio.

No había escuchado muy bien la pregunta de su papá por estar distraída con sus propios pensamientos repletos de dudas y preocupaciones de nuevo.

— Es que...— musitó absorta. No estaba completamente consciente de la situación.

— No te dijo ni a Boruto ni a ti a dónde iba — concluyó. Por la reacción anonadada de su hija eso era.

Sarada asintió con un movimiento lento de cabeza. Más que nada para que su padre no siguiera divagando en ideas le daba la razón, así no seguirían sus preguntas.

Si supiera que en realidad su angustia se originó por enterarse que ahora que su padre se topaba con él se podía revelar todo.

Ella no podía impedir que su mamá y el nanadaime le contarán el tormento por el que pasó. Podía seguir aferrada a su mentira pero eso poco serviría cuando su papá contará que lo había visto vagando solo, sin enemigos ni nadie más con él.

Entonces todos se preguntarían porque no volvía Mitsuki a la aldea y al no encontrar una respuesta lógica empezarían las teorías. Y entre más se extendiera el tiempo más se acentuarían las habladuría, cobraría más fuerza la teoría de una posible deserción.

Lo único que podía hacer era advertirle al peliblanco lo que podía sucederle. Claro que Mitsuki de todas formas no tenía intenciones de volver a Konoha y desde un principio acepto las consecuencias pero ella aún albergaba la esperanza de que cambiará de opinión y regresará. Nadie se enteraría de su traición, la cual ya había superado.

Creía que aún Mitsuki estaba a tiempo. Había dos opciones o volvía y seguía con su vida normal aquí como un buen ninja o nunca más volvía para que no lo capturaran jamás por renegarse

No se sentía que estaba equivocada.

Si aún había un poco de sensatez en él.

Intentaría persuadir al chico. Era ahora o nunca.

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Ese mismo día, abordó al nanadaime al salir de su edificio. Quería expresamente hablar con él.

— Nanadaime — llamo Sarada tranquilamente. Naruto agotado por su día extenuante se sorprendió por la presencia de la Kunoichi. Ya era muy tarde, el cielo se había ennegrecido. Fácilmente pasaban las 10 de la noche

— Sarada. ¿Qué estás haciendo tan tarde aquí? — mencionó adormilado tallándose los ojos y bostezando. Lo único que deseaba era llegar muy pronto a casa y dormir.

— Vine para pedirle un favor — se acercó más la muchacha hacia él.

— ¿Un favor?

— ¡Un permiso!

— Oh un permiso, ¿para qué? ¿De qué se trata? — preguntó con desinterés, preguntaba más por obligación.

— Me gustaría ausentarme uno o dos días de la aldea — dispuso ese tiempo para encontrar a Mitsuki. Si antes de esos dos días no lo hallaba tendría que regresar para no levantar más sospechas.

— ¿Para qué quieres ausentarte tanto tiempo? Principalmente, ¿Lo sabe Sakura?

— ¡No! Pero pienso decírselo. Quiero irme a entrenar duramente fuera de la aldea un par de días.

— A supongo que Sasuke va ayudarte claro — supuso inmediatamente él.

— No por supuesto que no Hokage Sama. Es una cosa personal. Me gustaría probar mis propias fuerzas y técnicas en privado en medio de la naturaleza, ya sabe que afuera hay un poco más de peligros y eso es justo lo que necesito, ¡nuevos desafíos! — Aseguró — Eh pensado que últimamente no he entrenado demasiado, necesito mejorar mis puntos débiles para que no vuelva a darse un caso similar.

Obviamente hablaba de lo pasado.

— Bien — asintió orgulloso él recargando su mano en el hombro de la chica de forma cariñosa — en ese caso tomate el tiempo que quieras. Pero agradecería mucho que le contarás a tu madre de lo contrario yo tendré problemas — avisó poniéndose tenso.

La adolescente aceptó.

Y así fue. Al volver se encargó de decirle a Sakura cada uno de los detalles durante la cena mientras estaban sentadas en el comedor.

— ¿Es en serio? — Sakura terminó de acomodar los platos y utensilios de cocina sobre la mesa. En seguida se sentó a lado de Sasuke aún perpleja — ¿Hacia dónde irás?

— Hacia el bosque nada más — se removió en su silla, tenía harta hambre y su atención la tenía prácticamente la cena — No pienso alejarme demasiado porque solo voy a eso.

— ¿Quieres entrenar un poco? ¿No sería más adecuado si te acompaña Sasuke?

Sasuke se quedó callado contemplando su plato vacío. También esperaba que alguien le sirviera la comida. A él no le importaba si Sarada quería irse sola, no era una niña y creía que Sakura la subestimaba.

Por supuesto que Sarada no estaba de acuerdo con su mamá, sus planes eran otros.

— Papá acaba de regresar de un extenso viaje — diciendo eso acercó sus manos al banquete y comenzó a repartir la carne de cerdo a su papá pues su mamá no tenía la intención, jamás pensó que algo tan simple como irse pocos días la preocuparía tanto — Será mejor que descanse, seguramente pronto se irá de nuevo así que aprovecha el tiempo con él mamá — recomendó.

Sakura comprendió o malentendió el mensaje pero lo primero que se le pasó por la mente fueron otras cosas hasta el punto que se sonrojó pese a la indiferencia de su pareja quién empezaba a comer como si estuviera solo en ese comedor.

Sarada sonrió de medio lado. Los pensamientos atrevidos de su mamá diferían mucho de los de su papá.

Y aun así su familia funcionaba y no sabía ni cómo.

— De... de...acuerdo — aceptó avergonzada hasta la médula

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A la mañana siguiente, en las puertas de Konoha, Sarada se despedía de Boruto. Al parecer Naruto le había contado al chico lo de su permiso y Boruto no quiso perder la oportunidad de despedirla.

— ¡Espero que vuelvas más fuerte que nunca Sarada! — exclamó con entusiasmo alzando la mano en un puño.

Sarada agradeció el gesto con una sonrisa orgullosa.

— ¡Claro que sí Boruto! — arrugó el ceño emocionada. Meras apariencias.

— Sé que no será mucho tiempo pero espero que cuando regreses podamos poner en práctica tu entrenamiento, ¡Yo seré tu mejor juez! — aclaró soberbio.

— ¡Ja! — Exclamó con el orgullo herido — te daré la paliza de tu vida! ¡Eso te lo prometo!

Los dos se sonrieron con su habitual forma.

Sarada supo que ya era el momento y se marchó.

Pero Boruto se quedó con el deseo oculto de despedirse de otra manera, más ya había dicho que no forzaría las cosas.

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Al principio la chica pelinegra andaba con paso lento hasta que perdió de vista a Boruto se puso a correr y a escalar los árboles con rapidez. El tiempo le jugaba en contra y ella tenía mucha prisa.

Era incierta su ubicación pero lo más sensato sería irse por el mismo camino por el que vinieron hace días.

Jamás lo alcanzaría, ese chico le llevaba días de ventaja pero no perdería la esperanza.

Se anduvo moviendo por todo el bosque de Konoha llevaba exactamente cinco horas sin parar. Ese extenso camino de hierbas se le hacía eterno cuando llevaba toda esa presión encima.

Hacía mucho calor y harta sed tenía. Aceleró sus escaladas con todo el potencial que podía e iba ya a detenerse finalmente un momento a descansar unos minutos cuando abruptamente alguien se interpuso de frente en su camino a punto de ocasionar un fuerte accidente si llegaban a chocar. La muchacha apenas logro frenar sobre la rama de un altísimo árbol pero tambaleándose hacia atrás. El culpable quien estaba estable sobre la misma gruesa rama logró sostener con fuerza su mano para evitar su eventual caída.

Sarada inclinada hacia atrás sobre la rama suspiró aliviada quitándose el sudor de su frente con la mano que tenía libre. Pero en seguida encajó su mirada furiosa sobre el culpable.

— ¡Demonios! ¡Fíjate por donde Camí!...— calló los gritos repentinamente — nas — añadió absorta abriendo sus ojos negros como lupas.

— ¡Mitsuki! — exclamó asombrada la mujer

— Sarada — respondió en cambio él con calma.

— ¿Dónde demonios te habías metido? — le reclamó.

— Estaba en el bosque — mencionó sin interés ayudando a enderezar el cuerpo ligero de la chica sobre la rama.

La muchacha resopló aliviada nuevamente por estar en terreno firme. Hasta que se dio cuenta de que su mano con el guante seguía enlazada con Mitsuki y entonces la calma se esfumó. Rápido avergonzada la retiró de la calidez de la del muchacho quien se sorprendió por el repentino movimiento.

— Está bien Mitsuki., está bien — bajó la mirada sonrojada — Aunque pensé que estabas más lejos. ¿Porque volviste que haces aquí? — comenzó los cuestionamientos agitada, muy nerviosa.

Y parecía estarle contagiando como virus a Mitsuki esas sensaciones que para él eran nuevas y extrañas porque en seguida de eso se rascó la barbilla inquieto, el motivo para volver sobre sus pasos lo sabía pero se preguntaba seriamente si era apropiado decirlo o guardarlo como un secreto. Todo lo que fuera mejor para los dos lo tomaría sin rechistar. Insatisfecho contestó.

— Solo quería volver contigo y saber que pasaba — encogió los hombros mirando hacia otro lado.

— ¿Qué, que pasaba conmigo? — respingó balbuceando avergonzada pero no lo demostró demasiado, ni sus ojos se fusionaban con los de Mitsuki, ni los del peliblanco con los suyos porque se rehuían para evitar conectarse y juzgarse el uno al otro.

Ni ella quería que a él le diera la impresión de que estaba apenada ni él quería que lo viera vulnerable y débil. Así estaban estos dos inexpertos.

La Uchiha sacudió su cabeza para olvidarse de ideas sin importancia, tenía algo importante que hacer antes que nada.

Por consiguiente reanudó la palabra con total entereza.

— Te están buscando ya Mitsuki.

— Era obvio — asumió desinteresado — desde el momento en que te vieron volver sola a la aldea la atención se centraría ahora únicamente en mí.

— Si pero mi padre...

— Lo sé. Lo vi... — interrumpió a secas

— ¿Qué harás? — mencionó afligida.

— ¿Qué debo de hacer? — volteando hacia el cielo oscuro arrastrando las palabras con desgana se preguntó confundido él mismo pero no perdió su envidiable serenidad.

— Creo que estás a tiempo de volver — opinó con sensatez sin quitarle ya la mirada de encima.

— Quería saber también si ahora que tu papá volvió les dijo a todos que me vio — mintió en ese aspecto.

En realidad primero había tenido la intención de venir a verla una vez más antes de despedirse definitivamente. Pero cuando se encontró con Sasuke tuvo que esperar horas a que esté se adelantara para no cruzarse de nuevo. Había calculado que se acercaría mucho a la aldea en la madrugada pero no pensaba entrar de todos modos. Y aun sabiendo que verla afuera de la aldea sería difícil no se desanimó y siguió avanzando. Y ahí estaba que por una casualidad de la vida se la había topado en el camino, ella iba hacia con él y él hacía con ella.

— Eso sería un problema para ti. Creo que por eso no te quedaría de otra más que delatarme

Eso ofendió enormemente a Sarada. Ella era una mujer de palabra.

— Yo te prometí que no te iba a traicionar — murmuró apretando el ceño, estaba muy enojada — No me creíste y por eso te arriesgaste a regresar innecesariamente — espetó cruzándose de brazos — Yo te sugiero que tomes ya una decisión. Cuando mi padre abra la boca y tú aún no estés aquí inmediatamente te convertirás en un traidor y no abra vuelta atrás, ni espacio para arrepentimientos. Tampoco seré abiertamente ya tu amiga. Tengo que ver desde ahora por mí — advirtió con crudeza, como una Uchiha haría.

Mitsuki no se acobardo. La decisión desde hace mucho estaba tomada. Sonrió de forma extraña ante la molestia y seriedad de la pelinegra.

— Estoy feliz por eso — reconoció tranquilo bajando la voz, apenas un murmullo — eso quería desde el principio — inclinó la cabeza hacia abajo, su largo y liso cabello cayó hacia adelante, tapaba la mitad de su rostro, solo se vislumbraba su boca — No tienes por qué preocuparte por mí, yo ya tengo un destino trazado, no me hubiera perdonado involucrarte más.

Lentamente el ceño arrugado de Sarada se suavizó así como todas sus facciones, desdobló sus brazos dejando su pecho vulnerable. Sin desearlo, sin escapatoria se conmovió.

— Es por eso que...— pausó su voz indeciso — tomaré algo como un recuerdo — concluyó resuelto a hacer algo.

La otra permaneció expectante, quieta, a la espera de que continuará palabreando.

Pero lo que no se espero es que él la tomara firmemente de sus delicados hombros con sus dos fuertes manos y se le quedaba observando a la distancia con aquellos brillantes topacios bañados en un tono oro.

Se abrieron como flor de par en par sus jades negros deslumbrados por la pulidez perfecta de esas piedras doradas.

Pero también fue porque creyó adivinar sus intenciones las cuales fueron confirmadas cuando él se acercó sólidamente hacia sus labios y los cubrió del frío de la noche y de los rayos de la luna llena.

Sarada se quedó inmóvil. Petrificada y amarrada por unas ramas invisibles que no le permitían levantar sus brazos.

Pero Mitsuki la libraría de ellas, de esas ramas alimentadas de miedo cuándo no se separó ni un instante aunque no le correspondiera, su ansiedad, su verdadero deseo lo manipulaba a su antojo y le dictaba que hacer.

Era cierto...desde ese primer beso un nuevo ser, un ser extraño que no reconocía había poseído sin permiso su cuerpo y sus pensamientos aislando al antiguo Mitsuki. Torció ligeramente la boca por decepción y burla, se daba por vencido. Tenía curiosidad por saber quién era ese nuevo fenómeno y que haría desde ahora con un recipiente vacío y sin anhelos como llamaba a su cuerpo.

La chica suspiró agotada con sus labios cubiertos, le drenaban el aliento con los segundos pero no estaba tampoco dispuesta a aislar a su única fuente de oxígeno.

Tragó pesadamente estremeciéndose, sintiendo temblar todo, hasta la punta de la uña de sus dedos entre sus fuertes brazos.

Aquel hombre, que expiraba tranquilidad y paz desde cada rincón oculto de su cuerpo todo el tiempo. recién mostraba una actitud muy humana tan contradictoria que la volvía loca porque no sabía que pensar de él y sus reacciones abruptas que la mantenían absorta y paralizada a su merced.

Sino terminaba ahogada entre sus cálidos brazos y su insistente boca se desmayaría de una u otra forma por falta de aire y como su vida estaba de por medio en aquel tormentoso juego cedería a su única ruta de escape robándose ese aliento ajeno para sobrevivir.

El beso de Mitsuki era mudo, suave, húmedo, emocionalmente intenso pero con falta de fuerza física la cual no era necesaria porque todo lo que transmitía era suficiente para ella pues llenaba los rincones que componían su emocionado y encogido corazón. Sarada buscaba tanto como él urgentemente la aceptación de sus propios sentimientos dejándose manejar a su antojo por las sensaciones y los deseos para obligar a su testaruda razón a dejar de oponerse a sentir.

Sarada coloco sus brazos detrás de la nuca del peliblanco acercándolo lo más posible hasta su cuerpo, ni una hoja de árbol podría atravesarse en medio de ellos porque no había espacio, apretó los labios ligeramente para luego volverlos a abrir con más intensidad, absorbiendo el labio superior masculino que gustosamente Mitsuki le ofrecía empujándolo de apoco hacia ella. Sarada saboreó el fruto prohibido tocando con sus labios el líquido dulce de la boca del muchacho, se sintió embriagada por su sabor y deseó no separarse pronto, para Mitsuki también era una droga el jarabe de su boca y empujó con necesidad ligeramente más hasta lograr doblar la espalda de la chica un poco hacia atrás. Sus respiraciones se comenzaron a escuchar, se sofocaban por la falta de aliento fresco. Sarada gimió frustrada, quería a la vez separarse y regalarle un poco de oxígeno a sus pobres pulmones pero también deseaba continuar con el robo de aire y de fluidos, más para su desgracia también a Mitsuki se le había acabado el aire almacenado en su pecho y en su abdomen así que no había más que ofrecerle para que resistiera un poco más estar unidos por la boca.

Vencida se separó abruptamente de Mitsuki tomándolo por el pecho y separándolo hasta una distancia prudente donde ya no podían más tocarse. Mitsuki la observaba completamente despeinado mientras respiraba desesperado por recuperar aire. Sarada esquivo su mirada profunda y prefirió mirar al piso avergonzada, era todo un caos su mente. Para Mitsuki era un deleite sus labios sonrojados por el tiempo que estuvieron comprimidos por los suyos. Sus labios femeninos parecían pequeñas y finas rebanadas de cerezas, hasta en el sabor se asemejaban a unas.

Sarada liberó varios suspiros antes de por fin poder serenarse y recobrar su compostura pero todavía no estaba dispuesta a mirar a Mitsuki, no luego de portarse como una salvaje.

Mitsuki ni siquiera sabía el significado de lo que había hecho pero que más daba, le gustaría probarlo una vez más pero estaba perturbado todavía tratando de descifrar que sentimientos y emociones albergaban en ese momento su cuerpo. Se mente trabajaba rápidamente.

Sarada dejó a un lado la cobardía, tenía que enfrentar sus miedos. Se animó por vez primera a verlo directamente a los ojos, los cuales estaban dilatados pero no fue una sorpresa para ella porque podía jurar que los suyos estaban en iguales condiciones.

— Mitsuki…— musitó jadeante, aun luchaba por llenar sus pulmones con suficiente aire — yo...

— ¿Qué es esto? — exclamó completamente perplejo mirando hacia el vacío que estaba detrás de Sarada.

La expresión de asombro de Mitsuki desencajó a Sarada, parecía un niño asustado o confundido descubriendo nuevas cosas y hasta cierto punto su inocencia le causó algo de gracia a ella.

— Yo no sé…— murmuró entre balbuceos sin saber qué hacer, sonrojada hasta el cuello.

¡Diablos!, se maldijo, ¿en que hoyo podía meter la cabeza como las avestruces?

— Sarada yo — sus ojos tambolireantes y brillantes volvieron toda su atención hacia ella nuevamente sobreexcitado — ¡quiero volver a hacerlo!

— ¿¡Eh!?

¢σηтιηυαяá...


¡SIII! Capítulo 14 subido...24/04/2019 a las 12:52 am xDxDDD ¡Disfruten! Pd: si se fijan casi todos mis capitulos son subidos casi en la o en la madrugada no recuerdo un solo día haberlo hecho en la mañana o en la tarde, soy sonámbula, madrugadora, rara o que xD pero bueno también me dije que no iba a atrasar más mi historia asi que por lo menos cada mes tendrán un capítulo nuevo, en una de esas hasta dos quien sabe ni yo misma sé que tanta inspiración voy a tener la próxima vez ¬.¬ para mí es muy importante tener inspiración más que nada porque por lo regular cuando pretendo subir un capítulo nuevo no tengo planeado absolutamente nada. No sé ni lo que voy a poner, ni cómo se va a llamar el capítulo nada. Todo me sale espontáneo cuando me pongo a escribir por eso no tardó más de dos días en terminar cada capitulo, solo afinó detalles aunque algunos se me pasen y listo, pero lo hago con el mayor cuidado posible siempre procurando ser leal a mis ideas y a la personalidad de los personajes para no ofrecerles algo tan imperfecto o feo 😋

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