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Capítulo quince: Prioridades

Un ósculo, según el diccionario es el contacto de los labios con alguna parte del cuerpo a modo de afecto o saludo.

Pero un verdadero beso puede significar tantas cosas como tampoco ninguna. Depende de muchos factores; principalmente del sentir de los protagonistas del ósculo, con qué intención lo realizaron y que esperan de la persona que lo recibió y también lo dió.

Y ese era el gran problema en ese preciso instante, una cuestión que venían arrastrando desde hace tiempo. Ninguno sabía de manera concisa que era lo que sentía el otro.

Ya no había nada de aquel tímido contacto que regularmente demuestran los jóvenes novatos.

Durante aquel, Sarada sentía que estaba flotando entre nubes blancas de algodón viviendo totalmente fuera de la realidad donde pensaba que no había nada que la distrajera alrededor.

Pero su mente era astuta y siempre era quien detenía de hacer locuras al precipitado corazón.

Cuando presentía que algo estaba mal simplemente hacia que su cerebro reconectará sus neuronas y regresaba a su realidad.

Eso mismo pasó cuando un dolor punzante y fugaz en su pecho se presentó sin avisar haciéndola abrir los ojos de par en par y abruptamente asustada colocó las manos rápido en los hombros de Mitsuki y se separó del muchacho.

A unos centímetros de él la mujer bastante afectada emocionalmente se agachó ligeramente apoyando las palmas de sus manos en las rodillas y respirando agitada, no por el aire robado durante el beso sino por el repentino pavor que la invadió al darse cuenta de lo que estaba haciendo.

¡Era inaceptable! Y era increíble como poco le había importado los problemas que le acarrearía su proximidad con Mitsuki. Por fortuna lo embelesada solo le duró menos un minuto que fue el tiempo del beso y pudo recuperar su compostura saliendo según ella, ilesa.

Mitsuki observaba atento cada una de las reacciones extrañas de Sarada. Sobre todo el repentino impulso de la muchacha.

A él no le sorprendía la distancia que entre los dos había puesto, no era la primera vez que sucedía, siempre pasaba lo mismo y lo comprendía porque también cuando él se sentía acorralado actuaba así como un animal con miedo. Así que era de esperarse porque también él estaba igual que ella de confundido y no deseaba más acercamiento o terminaría sofocándose, en su lugar prefería esclarecer las cosas en su cabeza.

— Vaya — exclamó avergonzado Mitsuki acariciándose suavemente la cabeza — yo…

— No digas nada — interrumpió toscamente levantando el brazo derecho con la mano abierta para que ni se acercara, era su propia barrera — no es necesario decir nada.

— Pero yo tengo dudas — justificó con una expresión de inocencia que avergonzó mejor a Sarada en lugar de él.

— Y yo ninguna así que déjalo por la paz — exigió severamente

— Porque siento algo raro en mí estómago — como si no la oyera prosiguió sobandose el abdomen.

— Seguramente tienes revueltas las tripas — justificó sin cero gracia la chica. De pronto Mitsuki se asustó.

— ¿Y eso es curable? — la noticia se la tomó en serio.

— Eh…— dejó de acomodarse las gafas de la sorpresa.

— ¿Cuándo van a pasar los síntomas? — preocupado exigió saber acercándose más a la pelinegra.

— ¿De qué síntomas hablas Mitsuki? — ahora cerró los ojos preguntando muy confundida e irritada dándose suaves masajes en las sienes así evitaría un dolor de cabeza por culpa de esto.

— No sé si estoy enfermo o porque actuó así — dijo preocupado mirando hacia ella.

— Ah — abrió los ojos desmesuradamente. Se le hizo absurdo eso y más porque se ofendió. Comparar una situación en la que ella estaba inmiscuida con una enfermedad no era lo más agradable que digamos. Las palpitaciones molestas en su cabeza volvieron más intensas y ella tuvo que repetir a regañadientes el movimiento anterior y acariciar sus sienes.

— No lo sé…pero no hablemos más de esto — pidió afectada por el dolor.

— Además...

— ¡Dije!…no hablemos más de esto — alzó la voz irritada — No vale la pena darle importancia a algo meramente pasajero.

— Oh…— desanimado cayó en cuenta Mitsuki — son síntomas pasajeros — susurró intentando comprender.

—… Si así es — respondió dudosa observándolo detalladamente con el ceño fruncido.

— Vaya — suspiró aliviado — y yo que pensé que había cambiado algo en mí — sonrió nostálgico.

La joven permaneció pensativa, sintiéndose culpable por la mentira, no era difícil mentir cuando tenía a un chico ingenuo como Mitsuki que apenas estaba aprendiendo del mundo y las emociones. Pero todo era por algo por el bien de ambos. Ahora lo importante era otra cosa. Y se enfocó en eso desacreditando lo anterior.

— Ahora tú dime que pretendes hacer, ¿vas a regresarte?

— Si por supuesto

— ¡Cómo pudiste querer correr el riesgo de que te atrapen solo por venir de paso! — lo regañó severamente.

— Ya te dije que quería verte — reiteró dándole poca importancia.

— ¡Pues ya lo hiciste! ahora regrésate antes de que alguien te vea — lo corrió groseramente.

— Entonces tú no me querías ver — sospechó el chico con astucia, señalándola como culpable.

— Estás hablando estupideces Mitsuki — la mujer juraba que si tuviera una soga ya lo habría ahorcado. ¡Era exasperante! Y seguramente la hacía enojar a propósito.

— No, pero está bien. Estamos de todas formas un poco lejos — sonrió burlándose, creyó Sarada que de ella.

— Pero en medio de un camino muy transitado por los ninjas. No quiero testigos.

— No te preocupes Sarada. Si los hay; los eliminaré — prometió con una sonrisa torcida.

— ¡Tú estás loco Mitsuki! Quieres llenar todo un libro con tus antecedentes criminales, ¿tan poco te importa?

— Claro que me importa poco, ya que no pienso volver en un largo tiempo, es indiscutible

— Y por mientras...

— Que me busquen si quieren, lo único que hallaran son dos cosas, o no hayan nada o hayan la muerte.

A Sarada pareció aturdirle la frase cruda del muchacho. Y por un momento quiso recriminarle fuertemente que todo esté embrollo había sido provocado por su causa que no podía sentirse con el derecho de matar a sus perseguidores porque ellos solo seguían órdenes de capturarlo o matarlo por algo que él mismo se buscó. Pero también su lado lógico le decía que aunque fuera el villano de la historia tendría que defenderse de cualquier enemigo incluso si esos enemigos eran compañeros o amigos. No podía esperar que Mitsuki se dejará amedrentar por ellos, tampoco ella lo quería así. El bienestar de Mitsuki era muy importante para Sarada.

— Entonces... ¿solo viniste a advertirme? — preguntó suspicaz.

— Yo...— titubeó rascándose la mejilla repeliendo la mirada del chico sino se ruborizaría — pues... ¿para qué otra cosa te querría?. Aunque también había venido para darte la oportunidad una vez más para que razones y vuelvas a la aldea.

— ¿Demasiado tarde no? — deshechó la idea.

— ¿Porqué?

— Ya me topé con tu padre. Seguramente no tardará nada en ir a decirle al Hokage que me vió cuando se entere tu papá que supuestamente estoy desaparecido.

— Mi padre no es ningún soplón — defendió ella manteniendo la calma

— Pero se le hará raro haberme visto solo vagando por el desierto. Cuando se supone que me tienen secuestrado — consideró — ¿Pero sabes una cosa? Mejor para mí, así se adelantó lo que sabíamos que iba a suceder.

No tendremos que esperar semanas a que el Nanadaime me declare traidor. Es un alivio después de todo. Lo único que me preocupa un poco es que no sé si voy a ser recibido por mí papá y si contaré con su apoyo.

— Mitsuki — sonrió con una mueca burlona la chica agachando la cabeza y rascando con la punta de su pie el suelo terroso del inmenso bosque — no seas ingenuo. A tu padre le hiciste una de las peores cosas que un ambicioso como él no puede soportar. ¡Le arruinaste sus planes!

— Oh — exclamó asombrado. Entendiendo de nuevo la magnitud del problema.

— Me imagino que quería mi Sharingan para gobernar el mundo o algo por el estilo. Después de todo no se da por vencido. Es un tipo inteligente y siempre hallará la manera de conseguir lo que quiere pero tú acabas de mandar al demonio una de las pocas oportunidades que tendrá para obtener un Sharingan genuino, no un Sharingan clonado que tiene habilidades limitadas.

— ¿Así? — se mostró ligeramente preocupado — No entiendo la ambición que tienen por el Sharingan. Casi todos los que lo han poseído le han dado mal uso y terminan muertos como Danzo, Obito, o les va muy mal porque tienen una vida muy corta y agotadora como tú tío. Que terrible es ser cazado solo por tu Sharingan, es como cuando los cazadores matan a los rinocerontes solo por su cuerno y el resto lo deshechan como basura — palabras crueles pero verdaderas. Sarada estaba acostumbrándose a esa mala actitud.

— ¡Pues no será mi caso eso te lo aseguro! — clamó orgullosa.

— Pues eso espero — reconoció sonriendo con pasividad — no quisiera que te desaparecieran para siempre. Aunque halla momentos en que me irrites.

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— La última vez que vi a Mitsuki fue hace bastante tiempo. Dos meses diría yo — su voz rasposa resonó en toda la cueva.

— ¿Entonces no has tenido comunicación con él? — aseveró, poniendo en duda con su tono de voz renuente la declaración del sujeto.

— Ya te dije que no — reafirmó molesto el hombre de cabello largo y negro como la noche. Lanzándose una mirada filosa.

— Pues que extraño — se puso a analizar sin terminar de convencerse — Yo creí que ustedes dos tenían una relación más estrecha y como te gusta tener todo bajo control...

— Eso sin duda alguna — hizo una mueca burlona dándole la espalda — pero hay cosas que se me escapan de las manos no soy perfecto. Tu sabes a lo que me refiero — insinuó suspicaz tocando delicadamente con las yemas de sus dedos un tubo de ensayo que estaba sostenido por unos ganchos metálicos a lado de una enorme cápsula con un líquido verdoso brillante y muy extraño — incluso tú te me saliste de las manos cuando creí que estabas de mi lado — mencionó dándole un rápido vistazo — Sino hubiera sido por Sasuke tal vez me hubieras engañado.

— Hm — sonó molesto indispuesto a replicar aquello. Pues recordaba para mal que Sasuke había descubierto su verdadera identidad cuando él tuvo el atrevimiento de infiltrarse en la guarida de Orochimaru haciéndose pasar por aliado del Sennin solo para asesinarlo por órdenes de Danzo. Había sido derrotado aquella vez cuando protegió a Naruto de ser atravesado por su espada de Kusanagi, recibió a cambio por eso el chidori de Sasuke, casi termina muerto.

— Mitsuki es un alma libre — aquella voz rasposa interrumpió sus pensamientos — cualquier Mitsuki es un alma libre — repitió por si no le había quedado claro, tratando de convencerlo.

— ¿A qué te refieres? — preguntó preocupado y confundido.

Una risa ladina que trataba de ser discreta pues ni llegó a carcajadas fue suficiente para que el hombre se pusiera en alerta y agudizará bien sus oídos.

— Ya saben que yo sigo haciendo de las mías — exclamó orgulloso — claro, con advertencias y limitaciones. Pero nadie me prohibió seguir creando mis propios monstruos.

— Oh...— sacó en cuenta — Sí. Mitsuki es una creación tuya, un humano sintético creado a raíz del embrión de otro igual que él. Tuviste quisieras o no, que contarnos y consultarnos a Naruto, a Shikamaru y a mi si el experimento que estabas haciendo violaba alguna de las condiciones que el consejo te impuso para quitarte del libro bingo.

— Ah sí...que humillante fue eso — rememoró de manera agria — a lo que me refiero es que yo no le impongo las reglas a ninguno de mis hijos sintéticos

Sai posó la mano en su mentón fingiendo estar reflexionando algo en específico.

— Que manera tan rara de llamarles hijos, cuando solo los utilizas — dedujo hostil.

— Jamás los he utilizado — se defendió volteando hacia él — Al contrario yo quiero su libertad — aseguró curvando levemente la boca — ¿O acaso alguno de ellos se ha salido de control?... Sai— dijo presumiendo de su inigualable astucia, sospechaba la razón de la visita del misterioso pelinegro — y por eso creen que es culpa mía y por eso has venido a verme — agregó sobrio.

Orochimaru pasó de Sai y se acercó a la mesa donde realizaba sus experimentos y dónde tenía decenas de instrumentos químicos.

— Si es así tendremos que eliminarlo — advirtió de manera dura, fingiendo un lamento que por supuesto Sai no se creyó para nada.

El ninja espía era experto en manipulación y conocía cada una de las reacciones cuando eran fingidas o reales.

— Es un experimento fallido que pone en peligro mi reputación y el bienestar de la aldea — justificó, lo que le pareció superficial y narcisista a Sai porque solo pensaba en él y lo que le convenía — ¿No crees? — como si necesitara su opinión se atrevió a preguntar.

— Bueno — quitando la mano de su mentón se cruzó de brazos pensativo — no puedo concluir eso hasta no terminar mi investigación — avisó, no aceptando la solución de Orochimaru, de momento.

— ¡Entonces adiviné! — sintiéndose triunfante tomó de la mesa un vaso con una sustancia gelatinosa con pésimo aroma, que por cierto olió él mismo disfrutando la esencia — Me estás haciendo cuestionamientos porque uno de mis experimentos causó problemas — su sonrisa altanera y de sabelotodo se ensanchó cuando el silencio de Sai se lo confirmó.

— Jamás pensé que uno de mis experimentos más exitosos terminaría provocando su propia ruina — se lamentó fingidamente — Ese Mitsuki sí que es una cajita de sorpresas — eso último lo murmuró sin ganas de que Sai lo oyera.

— Pero tú no estás exento de culpa — corrigió de inmediato llamando su pronta atención.

— ¡Ja! — Se burló el Sennin en cambio — ¿tú crees que si yo tuviera algo que ver con las travesuras de Mitsuki te estaría proponiendo acabar con él?

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— Bueno — repentinamente tomó la palabra Mitsuki — como ya nos hemos dicho todo. Yo ya me retiro — levantó su mano despidiéndose sobriamente, como de costumbre muy seco, cuando Sarada era un manojo de emociones que apenas podía controlar.

— Este... — habló entre dientes desviando la mirada cuando revolvía sus manos incansablemente — ¿Nos volveremos a ver?

— ¿Quieres volver a verme? — confrontó extrañado el muchacho arqueando su ceja.

— ¡No es eso idiota! — Con las mejillas sonrojadas gritó histérica ahora si observándolo — pero tengo que saber que por lo menos está bien — se justificó.

— Imposible — aseveró ligeramente decepcionado tras lo anterior sin saber porque le tomaba tanta relevancia a las palabras de Sarada. Quizás sin saberlo esperaba otra respuesta suya y no aquella en la que aseguraba que solo le preocupaba su bienestar — tengo que irme y esconderme un tiempo. Después no sé qué haré. Pero por tu seguridad no nos veremos más — encogió los hombros y soltó frunciendo el entrecejo apretando el puño.

Sarada no dijo nada en un rato, pero su semblante era de la más pura derrota.

Bajó la mirada desilusionada, fijando su vista en el suelo sin gracia del lugar. "Si las cosas se hubieran dado de manera diferente", se restregó ella.

Mitsuki la contempló retraída sin entender el motivo. Le hubiera gustado descubrirlo pero Sarada era de mecha corta y cualquier cuestionamiento la encendería.

El momento no era el adecuado para pelear. Pues seguramente esta sería ahora sí la última vez que se encontrarían sin dar marcha atrás.

De pronto, como si algo la atrajera la mirada de la pelinegra se dirigió hacia una mariposa monarca que se había posado sobre la raíz de un árbol muy cerca de ellos. Se concentró en ella como si fuera la cosa más peculiar del mundo, seguramente para distraerse porque estaba incómoda dónde estaba y con quién estaba pero se mantenía serena porque no había otra opción.

En seguida la dichosa mariposa monarca fue alcanzada por un colibrí de un color azul rey que la acompañó posándose a su lado. Ambas parecían convivir en armonía porque ni una ni la otra intentó alejarse por miedo por más que una fuera depredadora natural de la otra, y más bien parecían viejas conocidas.

Entonces un escalofrío tenebroso recorrió el cuerpo entero de Sarada cuando creyó haber descubierto una torcida solución. Y no tardó nada en exhibirlo.

— No seas tonto Mitsuki — murmuró mientras seguía embelesada con el panorama que le ofrecían ese par de seres vivos que continuaban conviviendo en increíble paz a pesar de la evidente diferencia de especies — no te preocupes por mí. Me hiere en el orgullo que supongas que soy tan frágil.

— Pero...

— No importa que tan diferentes ahora seamos — enfocó de nuevo toda su atención en él hablándole con entera firmeza— Podemos seguir viéndonos sin causar problemas.

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"Todo esto me huele mal" — subió con agilidad y alzó el vuelo sobre un águila gigante hecha de tinta negra.

El ninja especialista en espionaje no terminaba de convencerse.

Acababa de salir de uno de los más lúgubres e importantes escondites de Orochimaru, y aquella conversación rápida le había dejado un sabor muy amargo.

Ingenuamente había pensado que podría encontrar a Mitsuki dentro del territorio de sennin pero se equivocó.

Supuestamente el ninja criminal no sabía nada del paradero de su invento, vamos, ni siquiera estaba al tanto de todo lo que le había sucedido. Le perdió la pista.

Él creyó que el astuto hombre o lo que fuera lo tenía muy bien vigilado pues era un controlador innato pero cuál fue su sorpresa cuando le dijo Orochimaru que según él su libertad era muy importante y primordial por eso cada uno tomó su propio camino.

En conclusión, eso quería decir que todas las acciones de Mitsuki corrían por cuenta suya y no por órdenes de terceros.

Pero tampoco perdía el hilo. Orochimaru tenía antecedentes muy turbios y si a alguien quería proteger no dudaría en hacerse su cómplice pero claro; este nunca ayudaba a nadie si su recompensa no era tan grande.

Desgraciadamente no tenía evidencias en contra suya por ahora, pero estaría al pendiente de cada una de sus actividades.

Todo le olía muy mal, y su sexto sentido nunca fallaba.

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— Bien. No entiendo muy bien tu postura — admitió con un deje de satisfacción Mitsuki ante la tensión reflejada en el rostro de Sarada — y tampoco estoy convencido — reconoció cambiando su semblante a uno más serio — de hecho es un riesgo muy grande el que tomaré. Es una locura, cualquiera diría — hizo énfasis en lo último para que a la chica no se le olvidará este hecho y después no se llevará noticias no gratas cuando por estarse exponiendo al peligro todo se echará a perder — Pero dado que creo que tengo aún una deuda muy grande contigo por lo que te hice, considero que mínimo lo que puedo hacer por ti es darte gusto con esto — refirió incómodo.

— Oye no intentes hacerme sentir culpable — le recriminó pero no enojada sino más bien dolida, no por culpa de él sino por su propia consciencia que le indicaba que lo que le estaba pidiendo a Mitsuki hacer no se valía porque señalaba un peligro muy grande para los dos pero principalmente para él. Sin embargo su egoísmo, su maldito egoísmo que no conocía límites la empujaba, casi la obligaba a pedirle a Mitsuki que se siguieran viendo en secreto y con mucho cuidado aún bajo estas peligrosas circunstancias que los rodeaba.

Era su egoísmo junto con su muy oculto y oscuro deseo inquebrantable de querer verlo permanentemente fuese como fuese posible porque simplemente no se imaginaba en un futuro demasiado lejos de Mitsuki.

Entre ellos, había una especie de telaraña enredándolos que no les permitía alejarse del otro demasiado porque al final de cuentas el efecto rebote aparecía y el golpe era doloroso.

— Esto es demasiado complicado — admitió, moderado con sus palabras.

— Lo sé — dio la razón muy desanimada, acomodándose detrás de su oreja un mechón corto de su cabello largo.

Todavía se sentía avergonzada por haber sido capaz de haberle pedido algo tan difícil y poco conveniente a Mitsuki y aún así aunque sabía que estaba actuando mal, de su boca no podían salir las palabras indispensables para retractarse y pedirle que por su seguridad mejor ni tuvieran contacto.

Maldito egoísmo, nuevamente Sarada se reprendió.

Ella misma era presa de su propio egoísmo y esperaba que este no le trajera efectos tan devastadores; con eso se conformaba pues no se atrevía a actuar de otra manera.

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— Vaya Mitsuki — se rio de manera grotesca el hombre que todos tenían como maldito. Pese al tiempo trascurrido su mala fama prevalecía para su placer — como te las has ingeniado para quedar como una víctima — se burló de la atrevida astucia del muchacho.

El hombre caminó en medio de ese salón desolado y en penumbras y se sentó sobre su trono recargado en la pared. Un sillón enorme en una gran sala desde donde vigilaba todo, absolutamente todo alrededor de su territorio.

Apoyó su mejilla sobre la mano de ese brazo que reposaba en el descansabrazos de su sillón y su sonrisa burlesca aún no desaparecía de su boca.

Todo le parecía tan divertido.

En eso las puertas de su laboratorio se abrieron con lentitud, asomándose cauteloso por la abertura un joven peliblanco y con colmillos sobresalientes y graciosos que llevaba una camisa de manga corta color morado y un pescador del mismo tono.

Su expresión era seria a decir verdad pero porque delante de Orochimaru pocas veces se permitía la libertad de bromear como era costumbre en él. No es que le tuviera tanto miedo, sino más bien respeto por el que ahora era su maestro.

— Suigetsu — nombró con tono grave Orochimaru al percatarse de la presencia entrometida de su pupilo y ayudante de laboratorio.

— Lo siento. No pude evitar escuchar tu conversación con aquel sujeto de la aldea oculta de la hoja.

— Oh con que lo escuchaste todo — de mostró interesado.

— Absolutamente — admitió sin más, terminando de entrar al salón solo iluminado por dos velas grandes posadas en jarrones a un lado del trono de su maestro — y lo que me parece inaudito es que Mitsuki se les haya escapado de las manos así como así otra vez

— Hablas por aquella vez en que los traicionó supuestamente y decidió irse con aquellos ninjas fenómenos de la aldea oculta entre las rocas — refirió aquel episodio — fue un tonto. No lo planeó bien y fue seguido — escupió muy hostil. Mitsuki a su parecer era emocionalmente muy débil, muy frágil, todo lo contrario a su fuerza física.

En palabras breves, Mitsuki era un pedazo de masa que cualquiera podía moldear a su conveniencia. No tenía en sí, realmente una personalidad propia.

— Tal vez dejó pistas a propósito — conjeturó a la ligera acercándose con mayor confianza a la silla de Orochimaru — aunque me pregunto qué fue lo que pudo haberlo orillado a hacerlo otra vez. Claro, suponiendo que realmente haya abandonado a la aldea por su propio pie.

— Una razón estúpida seguramente — opinó sin gracia — es un chico con la mente de un niño, que no sabe lo que hace.

— Tú lo crees — puso en duda de manera graciosa — yo diría que es un genio que aún no ha descubierto todo su potencial. Le falta vivir experiencias.

— Hm — refunfuñó inconforme removiéndose en su lugar — yo diría entonces que le falta ambición. No conozco a nadie que se haya hecho poderoso que no haya tenido ambiciones.

Suigetsu le dio la razón pero también tenía algo que agregar.

— Bueno — se rascó la nuca de manera despreocupada y bostezando — Tampoco sabemos si realmente se fue. No creo que la tierra se lo haya tragado. Muy seguramente anda vagando por ahí como cualquier demente. Y más le vale no salir de su escondite por su propio bien — sugirió sin saber que en aquello estaba involucrado su maestro. Él se refería a los ninjas de Konohagure que estaban buscándolo.

— Eso también pienso — sonrió torcidamente tomándoselo personal.

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Después de aquel encuentro, Sarada se marchó por su cuenta cerca de Konoha. No podía regresar porque se suponía que estaba en un entrenamiento exhaustivo para mejorar sus habilidades así que sería muy absurdo que regresara el mismo día que se marchó como si hubiera renunciado a su intento de entrenamiento.

Ya también era muy noche, su espalda estaba recargada en el tronco de un enorme árbol mientras permanecía medio acostada, y desde ahí solo se escuchaba el sonido típico de los búhos y algunas que otras hojas que se movían por el revolotear de ciertas aves que regresaban a sus nidos a descansar.

Eso mismo debería de hacer ella lo sabía. Después de todo lo que había ocurrido esa tarde su sueño se le había espantado.

Lo último que le dijo Mitsuki es que se mantendría a una distancia prudente de Konoha, en un espacio de transito libre que no perteneciera a ninguna aldea o país en específico para no tener problemas por introducirse en territorios ajenos sin permiso.

El lugar estaba bastante lejos de la aldea de Konohagure aunque no tanto del bosque que pertenecía a su aldea.

Se llevaba por lo menos la tranquilidad de que difícilmente lo atraparían.

Mitsuki era veloz y silencioso así que no batallaría en esconderse, mientras ella buscaba un refugio para dormir esa noche, regresaría pasado mañana.

Pero por kami que no podía olvidarse del intenso beso que el peliblanco extraño le había robado desde el primer momento en que se volvieron a ver.

¿Porque lo habrá hecho si él no sentía nada por ella?

Ya estaba segura de que él no sentía más que simpatía por su persona porque Mitsuki era capaz de confundir la atracción con una enfermedad mortal como se lo demostró, cosa que la hirió profundamente tomándole demasiada importancia a eso cuando no debería de ser así pues estaba consciente desde mucho tiempo atrás que Mitsuki era un cabeza hueca que como niño apenas se estaba nutriendo de conocimientos. Muy apenas estaba comenzando a conocer las relaciones sociales para que de pronto saltara de ellas y ella quisiera que se comportara como un hombre normal que sabe cómo actuar ante un beso o un abrazo.

Además no debería de atormentarse.

Ella tomaría un camino muy diferente al de cualquiera que haya conocido.

En su mente solo estaba la palabra "Hokage", esto solo era una fuerte distracción que esperaba fuera pasajera. Pero Mitsuki no se lo dejaba fácil porque no sabía controlarse. Actuaba siempre por impulsos y ella ya no podía resistir recibir esos impulsos que tan bien la hacían sentir aunque después de ellos reaccionara y se recriminara por permitirse usar de esa manera para que Mitsuki resolviera su multitud de dudas sobre sus sentimientos.

¡Ella no era un juguete! ¡Y no podía usarla cuando le apeteciera!

Se trataba de darse a respetar y poner sus límites.

Estaba olvidando por completo quien era la gran Sarada Uchiha. ¡Pero no más! Ahora más que nunca debía analizar todo con su cabeza bien fría para mantener todo bajo su control.

Ahora que de verdad todo se estaba poniendo cuesta abajo y los minutos seguían avanzando en su contra.

Después de regresar a la aldea daría mil excusas para irse de vez en cuando a "entrenar". Estaría al pendiente de Mitsuki pero no más que eso. Lo único que deseaba es que Orochimaru pintara su raya y no lo capturara. Jamás se perdonaría que por ayudarla a ella lo asesinaran.

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— Así que así están las cosas — murmuró calmada Hinata acomodando un plato sucio en el lavadero de su cocineta para después limpiarlo. Acaba de cenar junto con Naruto, y también Boruto solo que esté se había retirado a su recamara. Seguramente a jugar en línea con sus amigos su nuevo disco.

Naruto desde la silla de la mesa observaba atento a su esposa quién le daba la espalda pues estaba lavando ya los trastes.

— Si. Estamos encargandonos de todo; tengo fe en que lo encontraremos bien.

Entonces Hinata tuvo una abrupta idea.

— Ahora que volvió Sasuke kun... ¿no será conveniente que te ayude? — sugirió dándole un vistazo a su marido.

— Oh...— exclamó asombrado — acaba de llegar de una expedición — avisó tamborileando los dedos sobre la mesa — Necesita descansar en casa — mencionó comprensivo.

— Pero también tiene mucha relación con los subordinados de Orochimaru, Suigetsu y Karin san — opinó pensando que la amistad que tenía con estos le serviría para preguntarles sobre el paradero de Mitsuki.

— Si. Tienes razón — sonrió a su esposa. La idea no era en si, mala.

¢σηтιηυαяá...


Ahora sí que pasará. Ustedes creen que ¿Sasuke se enterará de todo?

¡Lo veremos en el siguiente capítulo!