Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Capítulo dieciséis: Un momento de tranquilidad

El cielo ya había despedido la oscuridad que atrae la noche, había dejado a su paso la claridad del día y apenas los rayos solares se asomaban a través de las nubes blancas.

Era muy temprano cercano a las siete de la mañana, hora de la recién llegada de Naruto hasta la sala de juntas dónde tenía una importantísima reunión con los miembros del consejo de la aldea, donde por supuesto estaría también Shikamaru como su apoyo.

Las puertas elegantes de la pequeña sala se abrieron de par en par ingresando el Nanadaime con una actitud muy seria y detrás de él venía su consejero de coleta y barba de chivo con el mismo semblante que él.

Ambos detestaban este tipo de reuniones con los ancianos de la aldea pero era una obligación que mes a mes tuvieran esas reuniones para dar parte de lo que ocurría en Konoha, o en otro caso las juntas podían tenerlas de forma abrupta si algo muy malo había pasado, algo que requiriera urgencia.

Naruto no sabía si los ancianos que ya superaban los 90 años, ya se habían enterado de los recientes problemas, que eran varios por cierto empezando por las pistas de Sasuke en torno a Momoshiki y Kaguya, la investigación de Sai sobre Orochimaru de quién volvían a sospechar de estar actuando mal. Si los ancianos se enteran de lo del viejo Sannin no dudarían en pedir su inmediato destierro de la aldea para que no volviera a pisarla jamás pues nunca habían confiado en él y tampoco habían apoyado la idea de Naruto y del sexto Hokage Kakashi de aceptarlo de nuevo en recompensa por cooperar con información en la guerra ninja a Konoha.

Pobre de Naruto, un tropezón si abría demasiado su bocota y ya se imaginaba los gritos y regaños de Homura Mitokado y Koharu Utatane, los ancianos más disgustados de Konoha.

— ¡Buenos días consejo! — levantando la mano saludó cortésmente Naruto.

— Buenos días Nanadaime Sama — contestaron educadamente ambos ancianos de cabello gris haciendo una leve inclinación desde su asiento detrás de una pequeña mesa — Puede comenzar con su discurso Nanadaime sama — dijo el varón de barba muy larga.

Entonces Naruto se quedó de pie y perplejo, los nervios lo habían traicionado cuando menos los necesitaba y apenas comenzaba esto.

Habiendo descubierto rapidamente el problema, Shikamaru de inmediato tomó la palabra como la mano derecha del hokage.

— Sasuke llegó ayer de su misión — comentó dejando un bunche ordenado de papeles blancos sobre la mesita de madera — Son los reportes del mes y la verdad no tengo noticias muy favorecedora — carraspeó incómodo, tratando de corregir su primer error, tontamente los estaba preocupando y estos ancianos eran muy dramáticos — no porque haya ocurrido algo malo pero Sasuke Uchiha no pudo esclarecer todavía las palabras que Momoshiki mencionó.

Solo unos viejos pequeños fragmentos de material extraño en una de las dimensiones que visitó dan pie aparentemente para pensar que visitaron ese lugar ya sea ellos, otros como ellos o incluso Kaguya hace mucho tiempo. Normalmente yo les diría que no hay nada de qué preocuparse porque no han aparecido fenómenos como ellos ya, solo los huevesillos de Zetsus en las cuevas más remotas del mundo, pero estos ya están secos, muertos y uno que otro de esos cuerpos sigue en nuestros laboratorios siendo objeto de investigación exhaustiva mientras que los demás fueron destruidos completamente. Así que probablemente ya no hay ejércitos de Zetsus, pero aun así como yo soy muy inseguro les diría que hay que seguir alertas — terminando de hablar se ajustó su chaqueta color carne.

Hubo repentinamente un silencio incómodo en toda la sala de reunión.

— ¿Y lo otro? — cuestionó el hombre mayor al que ya se le asomaba mucho la calvicie, solo a los lados de su cabeza se aferraba un poco de cabello plateado por las canas.

— ¿Cuál otro? — espetó Shikamaru ante el mutismo largo de Naruto.

— ¿Cómo les fue en la misión al equipo del nieto del tercero? — el hombre retiró sus gafas para limpiarlas con la propia manta amarilla de su vestimenta, recargando su bastón en sus piernas.

— Oh — reaccionó por fin aunque sorprendido Naruto — excelente, como casi siempre — sonrió complacido tomando por fin asiento detrás de la mesita.

— ¿Capturaron a los ladrones? — preguntó con un tono severo

— No precisamente — intervino nuevamente Shikamaru, queriendo en vano salvar el pellejo a su amigo de ese par de ancianos difíciles de tratar.

— Entonces como dice el Hokage que les fue excelente sino cumplieron con su deber — se quejó el hombre tan inflexible como siempre. La anciana solo escuchaba pero siempre estaría de su lado.

"Malditos viejos astutos" — refunfuñó en pensamientos Naruto – "ni porque están cerca de la tumba dejan de ser tan duros — arrugó la frente sin comprender — "Que no se supone que los ancianos son dulces".

— Bueno para mí, el hecho de que hayan regresado ilesos ya es un logro — explicó el rubio algo más rígido y severo descansando en el respaldo de su silla.

— Haga a un lado los sentimientos Hokage — pidió errático inclinándose más hacia Naruto con ayuda de su bastón — porque es un honor para un ninja, sacrificarse por su aldea. Su papá por eso pasó a ser un héroe, por favor no lo olvide.

— También el suyo junto a otros, Shikamaru san — agregó por fin la anciana con una voz casi apagada por la edad avanzada — Ambos hombres se sacrificaron por nosotros. Lo mejor es que tuvieron la fortuna de que no se sacrificaron en vano.

Para Naruto y Shikamaru las palabras de los ancianos eran muy sabias. Eran conocedores expertos de la ética ninja. Ya habían vivido el triple que ambos hombres así que eran unos baúles repletos de conocimientos y experiencias muy valiosas por eso tenían esa posición tan privilegiada. No por nada seguían en ese lugar y sus influencias eran tan importantes como las del hokage aunque el hokage tuviera la última palabra ellos eran los encargados de aconsejarlo, opinar en los asunto de la aldea y exigirle resultados favorecedores. Shikamaru era también un consejero pero no estaba aún a su nivel ni era tan severo como exigía el puesto. Hasta ahora los únicos con derecho a juzgar al nanadaime eran solo ellos dos.

— Entonces — retomó la anciana casi ciega por la edad — todos están bien. Con unos molestos criminales allá afuera todavía pero están bien.

— Si así es — musitó decaído el rubio.

— Espero que para la otra mandé a un equipo más competente para que terminen el trabajo que el otro no hizo — concluyó inflexible el varón.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

— Probablemente yo también me voy a ir a entrenar un tiempo. Mi tía Hanabi se ha ofrecido a practicar conmigo pero siento que la he superado y yo necesito a alguien más de mi nivel para poder ponerme a prueba realmente — platicaba el hijo del hokage a su amigo, ambos se sentaban sobre el techo del vagón del tren de alta velocidad como era todavía costumbre y disfrutaban el aire fresco que les traía el paseo gratuito.

— Pero que soberbio — torció la boca burlonamente Shikadai recargando sus manos en el techo del tren — yo no tengo tiempo.

— No hablaba de ti — corrigió ofendido mirando de reojo a su amigo.

— En ese caso; yo te diría que no subestimes a la gente, aún estás verde. Hanabi Sama es una Kunoichi experta.

— ¿Pero un inmaduro?

— Un débil

Las palabras calaron en Boruto y bajó su ánimo repentinamente.

El muchacho se dejó caer hacia atrás sobre el techo blanco del tren quedando acostado. Las nubes blancas y el cielo azul eran hermosos a su parecer. Le encantaba estar ahí.

— Si tienes razón. Por algo no pude salvar a mis amigos.

— Oye oye no pongas esa cara — regañó al joven — Vamos tampoco seas tan duro contigo mismo. Enfrentarte con gente fuerte te hace más fuerte a ti también. Es un juego de perder y ganar.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

— Me alegra muchísimo que por fin hayan regresado todos — Ino llegó y dejó sobre la pequeña mesa roja de su jardín una taza de té frío y la otra se la llevó a la boca para disfrutarlo estando ella de pie frente a sus invitadas.

— Te imaginarás como estoy — sonrió enlazando sus manos debajo de su mentón — Feliz como nunca — dijo con una pizca de engreída para molestar a drede a la otra.

— Tampoco te creas mucho frente de marquesina — frunció el ceño acompañado de una sonrisa torcida.

— Oye ya tenías mucho tiempo que no me decías así, Ino cerda — replicó como si no la molestara y bebió un poco de su taza.

La otra mujer ensanchó más la sonrisa. Parecía aparentemente molesta.

— Es obvio frente de marquesina, somos ya unas hermosas señoras y encantadoras amas de casa — revoloteó su brillante cabello rubio con una mano — así que me vería muy ridícula si te siguiera llamando frente de marquesina como si fuera aún una adolescente — aclaró burlándose una vez más de Sakura.

— Tienes razón… — mencionó cerrando los ojos — Ino cerda — agregó mostrándose complacida pero por llamarla por su viejo apodo— hay que madurar.

Hinata observaba todo sentada y confundida enfrente de ellas. Las dos chicas se sonrieron como cómplices. A Temari prácticamente poco le importaba como aquellas amigas y rivales se llevaban, también eran sus amigas pero le parecía una completa ridiculez ciertas actitudes de la gente y esa era una de esas. Ella continuaba tranquilamente bebiendo lo suyo y comiendo un poco de galletas de arroz ofrecidas por Ino en un plato sobre la mesa.

— Pues que bien por ustedes chicas — felicitó la del viento mordiendo su comida — Shikamaru está ahora en una junta.

— Oh sí — Le siguió Hinata interesada— tienen una junta con los del consejo.

— Esos viejos tienen la vida comprada — mencionó arisca la princesa de la arena — Todos mueren menos ellos — concluyó.

— Hm. Solo los conozco de vista — dijo Ino, pensativa tocándose los labios levemente con los dedos.

— Entonces están en una junta — volvió al tema Sakura para evitar desviarse. Algo le había parecido más interesante así que se puso de pie junto a Ino.

— Si. La que mes a mes tienen para dar a conocer sus reportes — aclaró Hinata sosteniendo su taza de una oreja.

— Creo que el tema más relevante será sobre la desaparición forzada de Mitsuki — opinó Sakura poniendo los brazos en jarra.

— Tal vez ya lo hallaron — intervino despreocupada Temari tomando otra deliciosa galleta y llevándosela a la boca.

— No lo creo — se metió otra vez Hinata con su voz apagada y serena — si así fuera el primero que habría corrido a verlo sería Boruto. Es su mejor amigo.

— O incluso Sarada — complementó la pelirrosa — Seguramente de saber que ya está aquí regresaría de su entrenamiento.

— Si pero Boruto estaría más entusiasmado.

— ¿Oye que quieres decir, que mi hija no estima mucho a sus amigos? — respingó enojada volteando hacia la rubia.

— Yo nunca dije eso frente de marquesina — de la misma forma habló confrontándola.

— Cualquiera de los dos eso que importa — dijo Temari ignorando el ambiente.

— Si...creo que cualquiera de los dos estarían ahí para él — quiso controlar la Hyuuga.

— Claro eso sin dudarlo — remedio Ino sacudiéndose las manos terminando la pelea verbal.

— Me recuerda un poco a Naruto, a Sasuke y a mí — sentándose de nuevo recordó con añoranza Sakura poniendo una sonrisa de nostalgia.

— Si...bueno — murmuró la florista siguiéndole el juego — todos en realidad me recuerdan a algo, es porque son jóvenes y prácticamente ahora están pasando por lo mismo que nosotros cuando éramos unos adolescentes. Incluyendo en el tema del amor — agregó emocionada.

Todas se quedaron perplejas, sorprendidas esperando que alguien más interviniera. Y fue la misma Temari quien extendió la plática.

— Oh, pues Shikadai es un bobo — entrecerró los ojos, en su voz había algo de decepción — Él todavía no se fija en eso — tomó otra galleta de la mesa.

— Claro que no va a decirte que alguien le gusta — opinó Ino muy segura de sí misma — son adolescentes y todo les da vergüenza. Me extraña que no lo sepas cuándo Shikamaru se comportaba precisamente como un bobo cuando te veía. Se le hacía agua la boca — bromeó Ino recordando aquellos tiempos.

— Pienso lo mismo que Ino — habló Hinata tomando también otra galleta de arroz — es natural que comiencen a aparecer nuevos sentimientos, y si conviven demasiado chicos y chicas puede darse con mayor facilidad.

— ¡Imagínate entonces de pareja a Shikadai con Choji! ¡O de consuegras a Hinata y Sakura! — mencionó emocionada la florista.

— ¡Oye y porque a mi hija! — se molestó la pelirrosa abruptamente — no es que tenga nada malo Boruto — sonrió nerviosa a Hinata que la observaba detenidamente, pensando que la había ofendido por sus palabras — es solo que Sarada es mi única hija y para mí es muy difícil despegarme de ella — confesó.

— Es solo una suposición — se burló Ino palmeándole la espalda suavemente a Sakura — pero seguramente tú ya te imaginaste hasta campanas por la boda

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

— De modo que los ancianos no quedaron muy conformes con mi investigación. No los culpo, yo también estoy igual — confesó el Uchiha que paseaba por el jardín del edificio donde trabajaba el Hokage.

Naruto acompañaba a su mejor amigo en el paseo y escuchaba en absoluto silencio, raro en él puesto que era demasiado hablador el rubio. Para Sasuke no pasaba por alto el comportamiento del Nanadaime.

— ¿Y cómo va todo allá adentro? con tanto papeleo. Debe de ser aburrido — intentó sacar plática, algo muy nuevo en él.

— Ni lo digas — suspiró agotado pero resignado inclinando hacia adelante su espalda como un anciano — aunque ya me acostumbré a leer como cien kilos de papeles a diario. Es muy monótono pero es mi deber.

— Si claro... — en realidad no le importaba lo que hacía, Naruto siempre había querido ser hokage, entonces que se aguantara creyó Sasuke — por cierto. Me dijiste la otra vez cuando regresé a Konoha, qué Sarada había salido de misión hace unas semanas. ¿Cómo le fue?

— Maldición — masculló el rubio, Sasuke no alcanzó a oírlo. No quería tocar ese tema tan delicado — muy bien. Deberías de saberlo son nuestros herederos Sasuke — enderezó su espalda de nuevo.

— Hm — estaba inconforme — ¿y se puede saber qué tipo de misión tuvieron?

— Una muy sencilla. Hasta se ofendieron cuando se las impuse — recordó los gritos de Boruto en su oficina cuando les dijo a los cuatro incluyendo a Konohamaru de su nuevo deber.

— No me meteré en tus decisiones — aseguró.

Aludiendo a que jamás le reclamaría por darle a su hija misiones de rango C.

— ¿Y porque preguntabas por el tipo de misión que tuvieron? — Sonrió burlonamente — tu nunca te preocupas por banalidades. No me digas que te estas ablandando por la edad — se rió a carcajadas Naruto.

Pero Sasuke permaneció en silencio.

— Es solo que...— la imagen de Mitsuki pasó por su cabeza pero inmediatamente descartó hablar sobre él, solo por prudencia — quería saber si Sarada había avanzado.

— Tu hija es magnífica — reconoció complacido — la veo como una pequeña Sakura. Como cuando ella buscaba aprender todo lo relativo a la medicina ninja. Pienso que Sarada también es muy ambiciosa. Escuché que su sueño es ser Hokage así que en eso se parece a mí — río el rubio con cierto orgullo.

— Ni lo digas — arremetió el moreno — mi hija si es inteligente.

— ¡Oye! — se quejó

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

— ¡Achu! — estornudó estruendosamente Sarada junto a las ramas de unos arbustos.

— ¿Estás enferma? — a su lado preguntó curioso volteando a verla puesto que le daba la espalda.

— No...no lo creo — se rascaba la nariz que había quedado húmeda por la anterior expulsión violenta — más bien fue como un ataque de alergia.

— ¿Así? — Habló dudoso el ninja — También oí decir una vez a Inojin que la gente estornudaba cuando hablaban mucho de ella.

— Bah que tonterías — desmeritó el hecho sacudiendo su mano.

— Si. También pensé lo mismo — miró distraído hacia el cielo.

— Oye Mitsuki

— ¿Que sucede? — giró su rostro hacia la chica.

— ¿Qué vamos a comer ahora?

— ¿Tienes hambre?

— Por algo te pregunto — rodó los ojos impacientemente, cruzando sus brazos.

— Lo mismo de siempre. Fruta. Aunque yo no tengo hambre — encogió los hombros.

— Tú casi nunca tienes hambre eres un zombie — espetó.

— Soy un humano sintético. También tengo hambre y otras necesidades pero me puedo contener más que cualquier otro ser humano — explicó con claridad el hombre dirigiendo ahora su completa atención hacia un árbol gigante que estaba a su lado.

— ¿Cuándo vivías solo que hacías entonces? — Se volteó a observarlo con curiosidad — ¿Nunca comías?

— Solo lo necesario. Aunque rara vez — el muchacho a la altura de su pecho sacó de su kimono azul con blanco una pequeña serpiente del tamaño de la palma de su mano. Pretendía lanzarla en lo alto de ese antiguo árbol donde se posaba un bonito colibrí en una rama sin hojas. Le serviría durante un rato para calmar el hambre inagotable de Sarada.

— Eres sorprendente — seguía hablando ella sin parar dándole la espalda y por eso sin notar las intenciones de Mitsuki — No sé cómo Orochimaru pudo crearte con mucha perfección

— ¿Perfección? ¿Yo? — Se hizo el sorprendido girando su cabeza nuevamente hacia ella, cosa que ocasiono su distracción y por eso el ave se marchó — no lo soy. Ni siquiera he terminado de conocerme. No sé mis debilidades y a la hora de pelear esa es una gran desventaja para mí.

— Yo conozco las mías — se acomodó en cuclillas sobre la hierba tomando alegremente una flor rosa que estaba clavada en la hierba por su tallo — Y es algo con lo que tengo que trabajar a diario para poder reducirlas. Quiero hacerme más fuerte.

— ¿Entonces porque no entrenas? — así de obvió cuestionó.

— Porque estoy estresada en este preciso momento. Con todo lo que está sucediendo pienso que necesito unas largas vacaciones.

— ¿No cuentan estás cómo vacaciones?

— No...No cuando te tengo a ti cerca. Eres un pequeño imán de problemas — arrugó su nariz en el acto — Cosa que nunca me imaginé porque eres tan serio.

— ¿Entonces estarías más tranquila si me fuera?

— ¿Qué? — Se sorprendió dejando de acariciar la flor — yo nunca dije eso.

— Hm. Eres contradictoria — se quejó — Lo mejor sería que me alejara para que puedas descansar y lo sabes por lo que dijiste — señaló disgustado — Pero también a la vez ayer me pediste que siguiéramos frecuentándonos. Entonces ¿Por qué haces lo que no te hace sentir bien?

— Porqué... — dudó un instante en decir la verdad, que lo hacía con doble intención; primero para asegurarse que estuviera bien y en segunda, también por otro tipo de interés — Aún somos un equipo. En equipo 10. Hasta el final. Y debemos de apoyarnos.

— En ese caso. ¿Crees que Boruto me daría la mano en este momento? — volteó al cielo más confundido pero esperando una valiosa afirmación.

— Sin dudarlo. Es el chico más leal que conozco.

Y eso calo como llamas ardientes en su pecho. Porque le recordó su defección.

— No sientas que estás solo — en seguida poniéndose de pie colocó su mano en su hombro — Aún nos tienes a nosotros dos. Somos tus amigos — sonrió al chico.

— "Amigos" — musitó consternado.

— Si. Y los amigos no se abandonan

Mitsuki se puso a analizar cuidadosamente todo. Y llegó una respuesta sola.

— Ah, es por eso que no quieres dejarme — supuso haber encontrado una explicación lógica.

— Si — se rió nerviosamente entre dientes...seguro — masculló

— Eres contradictoria — negó repetidamente moviendo la cabeza — Nunca podré entenderte.

— Es un caso perdido Mitsuki — ensanchó más su sonrisa.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Después de un rato buscando comida ambos jóvenes de sentaron debajo de la sombra de un gran árbol de naranjas disfrutando de la paz y el aire fresco de aquella área tan verde. El panorama era hermoso, estaban encima de una montaña y frente a ellos un gran campo de césped despejado. La luz del sol se veía salir por el horizonte. Podían estar ahí si pudieran todo el año relajándose.

— Hm — probó un pedazo — Están muy buenas estas naranjas también moría de sed. Qué bueno que son muy jugosas — se alegraba disfrutando cada bocado.

— ¿Así? ¿Quieres más?

— ¿Podrías traerlas tú? — probó el jugo de la naranja exprimiéndola sobre sus labios con ayuda de sus delicados dedos. Mitsuki sin saber porque quedó simplemente absorto ante el movimiento.

— Claro que sí — alcanzó a decir pasando dificultosamente saliva — A un costado de nosotros hay un árbol de ese fruto — señaló sin quitarle la mirada de encima.

— Entonces anda — lo ánimo empujándolo suavemente del hombro.

El muchacho se levantó del suelo gustoso y trepó ágilmente por el árbol mientras Sarada continuaba comiendo.

Mitsuki llegó hasta una gruesa rama y desde ahí en cuclillas se puso a pensar en Sarada teniendo la seguridad de que ella desde su altura no podía darse cuenta de que él la observaba detenidamente.

"¿Por qué últimamente Sarada me rechaza?" ¿Le caigo mal? "Jamás me había importado eso. "El único que me importaba que opinaba de mi era Boruto". "Pero desde hace poco tiempo me interesa más lo que ella pueda creer de mí. Incluso me interesa descubrir cosas nuevas sobre ella, saber más de su vida"

"Me molesta un poco creer que ella me odia". "Es mi amiga después de todo. No tengo otra opción. De una vez tendré que comprobar mi teoría".

"Ese Mitsuki es un enredo — bostezó con sueño la pelinegra apoyando sus codos en el césped quedando medio recostada — a veces se comporta muy gélido y otras amable como hace un momento. ¿Qué es lo que quiere de mí?

¿Estará Tan arrepentido de lo que me hizo que por eso intenta darme gusto en muchas cosas?

Yo ya le di a entender que lo perdoné. Si no fuera así entonces no soportaría estar cerca suyo. Tengo que hablar seriamente este tema con él. A ver si por fin nos podemos entender.

— Oye Mitsuki — llamó al joven albino alzando el volumen de su voz puesto que Mitsuki estaba allá arriba.

Mitsuki se exaltó un poco desde su sitio cuando cortaron abruptamente sus pensamientos.

La chica volteó hacia arriba para cerciorarse de que la había escuchado.

Mitsuki se sintió sorprendido en el acto pues seguía observándola demasiado. Las miradas de ambos se conectaron pero para Sarada fue algo natural ella no fue consciente de que Mitsuki la observaba de otra manera y que llevaba vigilándola desde hace rato.

— Deberíamos de hablar de algo muy serio

— ¿De mi padre de nuevo? — habló con normalidad, sin molestarse.

Sarada pensó que su compañero se había puesto a la defensiva pero nada más fuera de la realidad. Mitsuki se lo había tomado bien. Ya se había acostumbrado a la imprudencia y los ataques verbales de Sarada.

— No para nada. Ese tema ya quedó atrás. Me quedó muy claro desde la otra vez tu postura y si bien no lo acepto ya lo comprendí.

— Solo quiero saber porque de pronto te vuelves tan frío conmigo y después te muestras muy amable

— Es parte de mi personalidad Sarada.

— O sea que ni tú sabes porque eres así — habló inconforme — ¿No es porque te sientas culpable por haberme hecho aquello? — resumió con astucia, y arqueó su ceja.

— Dijiste algo parecido a que había que olvidarlo ¿no?

— Si por mí parte eso intento — declaró ella.

— Por mi parte también — aseguró tranquilamente — Ya no me siento tan mal como antes. Seguimos siendo amigos después de todo — hizo hincapié. El muchacho entonces bajo de golpe del árbol llevándose consigo unos cuantos frutos entre las manos — Decía Boruto que en todo los amigos se apoyan.

— En verdad admiras demasiado a Boruto eh — movió las cejas con relativo interés.

— Es mi sol — cosa que todo el mundo conocía aunque nadie sabía que era para él "Ser su sol"

— ¿Y yo que soy para ti? — preguntó sonriente a modo de broma viéndolo de reojo. Se puso de pie frente a él.

— Eso estoy por descubrirlo — contestó astutamente bajando los ojos hacia el piso, examinando el tallo de una pequeña planta que sobresalía sobre el césped.

— ¿Eh? — incrédula se tocó la banda de su aldea con su mano izquierda.

— Supongo que eres algo parecido.

El viento meneo el cabello de ambos chicos revoloteándoselos con fuerza, los cabellos negros y largos de Sarada llegaron a tocar con sus puntas los cabellos cortos de Mitsuki.

— Si Boruto es mi sol — retomó el muchacho — Y me ilumina para guiarme con su luz para no sucumbir a la oscuridad de la que salí. Es probable que tú seas la persona que me ate a los lugares a donde vaya para no regresar a la penumbra.

— Rayos — escupió nerviosa y sonrojada Sarada. Su corazón comenzó a latir desbocado que casi se le sale por los ojos. Mitsuki dirigió su mirada dorada hacia la chica que estaba en shock.

— Sabiendo esto. Ahora me interesa saber qué es lo que hace que me ates tan fácilmente.

Diciendo esto Mitsuki le jalo los brazos a la chica para que los extendiera y le obsequió las naranjas que cayeron en las manos abiertas, delicadas e inertes de Sarada, que quedaron por supuesto ocupadas por los frutos, situación que aprovecho Mitsuki para mantener sus manos libres a la altura de los codos de la fémina y acercarse a ella para obsequiarle también un tibio beso.

La pelinegra trago pesadamente. Él, al notar la duda en sus suaves labios apretó más fuertemente sus labios sobre los esquivos de la chica. ¡No quería un rechazo más! Suficiente había sido con saber que el día anterior le había dicho que no tenía paz por su culpa.

Quería demostrarle que no todo los que él atraía era malo. También podía ser alguien que traía positivismo a su vida y un poco de calma aunque allá afuera de su círculo no hubiera más que tormenta. Se sentía con la obligación de enmendar su error y a ella de sacarla también de su error por la mala opinión que tenía sobre él. No era por el orgullo herido no conocía ni que era eso.

Sarada con los ojos abiertos se preguntaba que hacia ella todavía ahí en esa misma posición. Si, la había tomado desprevenida pero ya tenía varios segundos en la misma posición en trance. Sus cabellos azabaches volvieron a menearse con los de Mitsuki por el viento fresco y limpio del ambiente. Y ella se sentía sofocada como siempre que la besaba.

— Mitsuki — con mucho valor logró apartarse un milímetro de su boca suficiente para liberar palabras aunque con dificultad — deja de...— y vió sus ojos de oro líquido sobre los suyos y la congeló con esa mirada profunda.

— Sarada — su voz sonó grave y el agarre sobre el brazo de Sarada se intensificó así como la mirada expresiva del muchacho que la dejó aún boquiabierta — no...te vayas — escurrió entre sus labios, súplica.

— Pero...— gimió de inconformidad hasta que sus pupilas parecieron vidriosas. Por más que le dictará su mente otra cosa la realidad es que no tenía voluntad para rechazar la tentadora oferta.

— Te juro... — batallaba para hablar — que en mi... no todo es malo — se comenzaba a sentir impotente por las dudas de la chica. Todo se complicaba cuando ella perdía el control sobre sus emociones.

Ella apretó los labios con rabia pero contra ella por no poder ser lo suficientemente fuerte para mantener sus sentimientos equilibrados. Tal vez fue su frustración la causante de que con un poco más de voluntad pudiera zafarse de los brazos cálidos y firmes de Mitsuki.

— Yo...— con dificultad le sostuvo la mirada — estás jugando — mencionó decaída pero no pudo evitar que su voz saliera temblorosa en el acto.

Mitsuki por vez primera pudo identificar un sentimiento y fue el de ella. Su tristeza en su voz y en su rostro de finas facciones fue notoria.

Agachó la mirada la mujer y grande fue la sorpresa de él que pensó que debía remediarlo rápido, no quería ver ese rostro así de nuevo. Y naturalmente se le ocurrió disiparlo distrayéndola cuando se lanzó sobre ella tomándola de nuevo de sus brazos y besándola con mayor intensidad y pasión.

Esta vez... A Sarada la venció...

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Una serpiente verde que se camuflajeaba perfectamente con el césped, de aspecto tan pequeño que parecía tan frágil; observaba parada en estado de alerta desde unos metros atrás la escena de los jóvenes compartiendo un beso moraz.

Imposible que parpadeara por ser de esa especie y a falta de orejas la hermosa serpiente sacaba constantemente su lengua bífida al mismo tiempo que la agitaba pues por medio de ella olía el ambiente y está le informaba mediante aromas de todo lo que pasa y pasó alrededor, especialmente la guía hacia su suculenta víctima que lleva días buscando.

Sus ojos rojos con una franja en medio color negra y fina se clavaban con interés en sus elegidos

Pero detrás de esa vista fiera había alguien más inteligente capaz de controlar su pequeño cerebro, sus emociones, sus acciones. Una ente siniestra que no conocía límites.

Orochimaru. El rey de las serpientes, el domador. Controlaba a este pequeño reptil desde su guarida principal. Se divertía observándolo todo como un maníaco, en vivo y a color.

Su sonrisa perversa era el reflejo de todos sus sentimientos en ese preciso momento. Orochimaru amplio más su gesto, sentado desde su silla que más bien parecía un gran trono en medio de una inmensa sala a oscuras.

Por fin había encontrado lo que tanto buscaba.

— Qué imprudencia la tuya Mitsuki — murmuró divertido — Liarte con la única heredera Uchiha en medio de un bosque cerca de Konoha. No es muy propio de ti que digamos tomarte las cosas a la ligera…Una serpiente depredadora encariñándose de su víctima, quien lo creería — se levantó de su lugar recargándose en los descansabrazos con suma paciencia. Luego se acercó hacía un enorme mueble recargado en la pared y lleno de rollos de pergaminos muy valiosos y únicos. Tomó a uno con sumo cuidado y lo desplegó dándole rápidas leídas — a este paso tan lento se te va a acabar el tiempo y no podrás enseñarme lo que tanto busco — mencionó acompañado de un tono inusualmente impaciente.

¢σηтιηυαяá...


Vaya vaya, ¿Qué estará tramando el sádico ambicioso de Orochimaru? ¿Será que sus planes serán descubiertos antes de que cause más daño o se saldrá con la suya?

¡Lo veremos en el siguiente capítulo.

13/08/19 12.55 am