Hijos de la Discordia


Capítulo VI

"Mueran"


La primera vez que Trunks vio a Bardock había sido muchos años atrás, en algún pasillo metálico perdido en el palacio. Bra estaba ahí, una mera infante que sabía decir oraciones cortas, y su madre también. Recordaba que era de madrugada y que tenía frío, pero Bulma había insistido en levantarlo de su cama porque quería mostrarle una sorpresa que tenía para ellos dos. Bra sollozó un poco pero pronto se quedó dormida en los brazos de Bulma mientras que Trunks tuvo que caminar todo el trayecto por sí solo.

Bardock apareció de pronto y sin avisar de entre las sombras y Trunks disimuló un quejido de miedo al verlo ahí, como un enemigo que amenazaba a su familia.

—Mamá… —murmuró él, viendo cómo ella no retrocedía.

—Toma a tu hermana, Trunks…

Ahora no le daba miedo como antes y cuando se le acercó no lo hizo desde un rincón oscuro sino que lo hizo en la misma sala común durante el almuerzo. No estaba Raditz con él por lo que sería una conversación tranquila, al menos eso esperaba.

—Si quieres me quedo contigo… —le sugirió Goten susurrándole al oído pero Trunks se negó con una mueca.

—Estaré bien —aseguró y buscó en la multitud algún testigo de aquel acercamiento. Nadie les prestaba la atención como esperaba y se encaminó hacia la habitación del holograma para tener una reunión más privada.

Cuando ya estuvieron fuera de la sala común, Bardock se animó a hablar siempre con su semblante serio y algo lúgubre.

—Entonces ya hablaste con… eso.

—Si te refieres a mi madre, sí lo hice. —Bardock sonaba un tanto supersticioso, miedoso a aquello que no podía explicar—, aunque por el momento sólo nos hemos dedicado a charlar de tonterías — dijo sin estar convencido de por qué quería mentirle a Bardock.

—Entonces no te ha hablado… del plan.

«—El plan —pensó Trunks con cierta sorpresa. No importaba cuánto esfuerzo pusiera en tratar de adivinar el supuesto plan, Trunks lograba imaginar algún plan que su madre haya maquinado junto a Bardock. La mueca de desagrado del guerrero tampoco le daba pistas de lo que vendría.

—No… —dijo él como si fuera un niño pequeño y se arrepintió al notarse vulnerable. Bardock lo escudriñó con la misma mueca molesta de siempre como si estuviera teniendo dudas de su misión ahí y Trunks no hizo más que ponerse más nervioso.

Se escucharon pasos a lo lejos cuando estuvieron cerca de la habitación privada de Trunks y ambos hombres se voltearon ante la presencia con la intención de disimular. Era la muchacha morena del desayuno hacía unos días y venía rápido, instintivamente Trunks dio un paso adelante para hacer distancia entre ella y el guerrero forastero que era conocido por ser un genocida, pero la desconocida no hizo sino mirar hacia abajo. Solo cuando chocó contra su cuerpo ella pareció notar su presencia.

—¡Lo lamento…! —dijo ella con un tono demasiado efusivo que no combinaba con su semblante serio. Ella no se separó de Trunks ningún centímetro, acurrucada bajo él, y cuando él trató de separarla sintió un negativa. El mestizo buscó su cara con la suya totalmente roja y dio con que ella desenfundaba un arma de su cinturón con cuidado. Bastó una negativa de parte de él para que ella se separara—. Soy una torpe… En fin, nos vemos, Trunks.

La chica guardó el arma que le estaba ofreciendo y se fue tras arreglarse el abrigo. Bardock la siguió con la mirada sin decir ninguna palabra. No dio señales de notar absolutamente nada. Trunks respiró hondo, sofocado por la situación totalmente bizarra en la que se había metido. ¿Un arma?

Su perfume había quedado en el aire… ¿Es que acaso eran flores?

Bardock carraspeó y Trunks se aclaró la garganta sintiéndose aún muy sonrojado, y abrió la habitación con más problemas de lo normal.

—Eso fue extraño… —Trunks quiso decir una disculpa pero Bardock lo interrumpió en el acto.

—No vine a discutir sobre las actitudes de las hembras.

—Está bien…

¿Podría dejar de sonar como un niño?

—No.

—¿Qué?

—No quiero que la mujer holográfica esté encendida.

Trunks demoró un momento en entender que Bardock se refería a Bulma y lo condujo a una esquina en la que el sensor de movimiento del objeto esférico no los leyera y ocasionara su mecanismo de iniciado.

—¿Le temes a la tecnología? —tan pronto como Trunks formuló esa pregunta se arrepintió. Burlarse de un guerrero saiyan no era muy inteligente de su parte. Sin embargo, Bardock se limitó a mirarlo con su típica mueca fea sin decir nada.

—Es momento de ponerse serio, niño —dijo el forastero de manera apática—. He estado mirándote todo este tiempo, decidiendo si eras el individuo que me dijeron que eras. —Tontamente Trunks comenzó a rememorar todas las veces que se había topado con Bardock y buscando en sus recuerdos si había hecho una tontería en su presencia. No recordaba nada, ni siquiera momentos fugaces. Simplemente se veían para comer y se sentaban muy lejos—. Te he visto entrenar —¿si?—, te he visto participar en esta comunidad y creeme, nada hace que te parezcas remotamente a tu padre.

Trunks sintió una punzada en su pecho y sus músculos automáticamente se tensaron. Todo en su vida siempre se resumía a su Vegeta, al vil rey. Nadie recordaba al padre que él y Bra tenían, ese que distaba tanto de las historias horrorosas que le contaban.

—No soy mi padre —espetó Trunks, más adulto que antes. Incluso su entrecejo le dolía de lo ceñido que estaba.

—Lo sé —respondió Bardock con su cara de siempre—, incluso tus colores están mal.

Sin avisar o pestañar, Bardock le estampó un golpe directo en la cara y por poco Trunks no lo esquivó. El forastero sí le peinó el cabello lila que tenía. Ese que tanto le recriminaban.

—¿Quieres hacer esto ahora? —preguntó el menor, con una incredulidad seria.

Por primera vez vio que el guerrero sonreía. Ante todo pronóstico, Bardock bajó la guardia.

—No. —Furtivamente miró hacia donde estaba el objeto esférico, como diciéndole que no quería despertarla.

—¿Qué es ese plan del que hablan?

—Tu padre está muerto —le dijo Bardock como si no lo supiera y Trunks sintió que le clavaban una daga en el corazón—. Tarble…, Tarble nunca tuvo madera de rey.

El mestizo no quería seguir escuchando y tuvo la urgencia de retirarse de la habitación.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo?

—Tú eres hijo del Rey —esperó Bardock—, y aunque nuestras costumbres no sigan leyes por sobre la fuerza-

—No soy un rey —dijo Trunks interrumpiéndolo—, y no lo seré. No de ustedes.

—Eres el más fuerte.

Trunks se permitió reírse amargamente.

—Eso no puede ser verdad. Puede que sea fuerte pero deben haber más fuertes que yo —concluyó el mestizo, a punto de salir corriendo de esa habitación. No quería seguir ahí, no debía seguir ahí. Ellos eran el enemigo, su enemigo.

Tan pronto como llegó a la puerta, Bardock continuó hablando.

—Nuestra raza está muriendo —confesó como último recurso. Trunks lo miró de soslayo—. El mestizaje es la única manera. Tú y tu hermana…

—No hables de mi hermana.

—Ustedes dos nacieron sanos y fuertes sin necesidad de incubadoras o algún otro método —explicó el guerrero con más elocuencia de lo que había demostrado en toda su estadía en ese planeta—. El planeta debe ver lo poderosos que son ustedes para cambiar las costumbres o-

El mestizo tuvo suficiente y se volteó sólo un poco para darle su último veredicto antes de retirarse.

—Entonces mueran. Le harán un favor al resto de nosotros.


Bra se encontró en el prado a pleno sol, con la cara enterrada entre las rodillas. Ya no sabía qué hacer para sentirse mejor consigo misma. No le apetecía comer o estar en la sala común con el resto, solo quería estar sola pero no quería alertar a su hermano mayor más de lo que ya estaba. La frustración en ella se estaba poniendo cada vez más insoportable.

Unas pisadas la alertaron de un visitante y cuando estuvo a su lado, Bra alzó la mirada. Raditz simplemente se paró a su lado con los brazos cruzados.

Inmediatamente ella se alarmó y miró hacia todos lados con urgencia.

—¿Está permitido que nosotros…? —Incluso la pregunta de Bra fue en susurros, como si no quisiera que los descubrieran si llevaba a hablar alto.

El gigante se rió un tanto.

—Nadie está mirando —dijo y la chiquilla se permitió mirar de soslayo a los alrededores para comprobar que lo que decía era cierto—. Bardock está hablando con tu hermano en este momento, seguramente todos están pendientes de ese encuentro.

—¿Le ofrecerá el trono? —preguntó Bra, apenada de que su hermano dijera que sí, el hombre siempre tenía más favor que la mujer. Así era en todo el universo que ella conocía, aunque conocía muy poco de él.

—Seguramente —respondió sonriente. La mestiza hizo un puchero con el entrecejo fruncido.

—¿Por qué estás tan feliz?

Tan pronto como Bra se dio cuenta, Raditz se había hincado junto a ella y sus caras estaban estuvieron muy cerca la una de la otra.

—¿Importa lo que diga tu hermano?

La chiquilla se encogió de hombros y miró hacia el frente, un tanto triste.

—Si acepta, yo no puedo ser reina.

—¿Quién lo dice?

—¿Así vas a hablarme? ¿Respondiendo mis preguntas con otras preguntas? —Por más que ella se mostró molesta, Raditz volvió a reír—. ¿Acaso dije algo gracioso?

—¿Siempre eres así de ceñuda? —Raditz rió—. Sonrie, niña.

No le hizo caso no porque no quisiera, sino que porque no podía…

—No… —respondió con algo de inseguridad. Antes no lo era.

—Bueno, tu padre lo era. —Raditz se recostó en el prado a su lado, sobre uno de sus costados y entrelazó los dedos entre sí—. ¿Esto es lo que haces todos los días? —preguntó mirando al lago y ella se sintió un tanto avergonzada.

—No hay mucho que hacer aquí —se defendió quedamente y apartó la cara pensando que estaba roja—. Dijiste que mi padre era ceñudo… ¿Lo conociste bien?

—Algo —dijo—, cuando éramos niños estábamos en el mismo equipo.

Bra se mostró genuinamente asombrada y Raditz se rió el verle la cara.

—No duró mucho. Me echó del equipo cuando decidió que no era lo suficientemente fuerte.

—¿Era más fuerte que tú?

—Mucho más —dijo sin vergüenza y cortó un puñado de pasto sin remordimiento—, y sin embargo, yo estoy aquí y él está muerto.

Bra se encogió de hombros.

—Casi no lo recuerdo —dijo ella.

El gigante no le dijo nada, quizás tampoco había algo que decir.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —Raditz no dijo nada así que simplemente continuó—. ¿Por qué yo y no mi hermano?

Raditz se sonrió mirándola a los ojos directamente.

—Creo que sería más divertido. —¿Estaba tan cerca de ella como Bra sentía? Su corazón le latía muy rápido y cuando él se levantó del suelo pensó que la besaría arrebatadamente como la primera vez que se vieron pero nada de eso pasó. Sin decir adiós se marchó con la cola desenrollada de la cintura.


Trunks llegó a la sala común más temprano que de costumbre y se sentó en silencio en uno de los bancos, aprovechándose de la soledad. «Entonces mueran» le había dicho desde el fondo de su corazón. Le sonaba despiadado incluso para él.

—¿Te encuentras bien? —Era la chica nueva. Seguramente lo había estado siguiendo después de topárselo en el pasillo antes.

—Sí… —trató de sonreír sin mucho éxito, con lo abrumado que se encontraba no era capaz de sentir tanta timidez como antes—. Sabías mi nombre —puntualizó al recordar que cómo se había despedido de él. Ella sonrió de lado como si fuera bastante obvio.

—Todos lo saben cuando llegan acá. Tú y tu hermana son bastante famosos. Ya sabes, por el padre que tienen…

Trunks agradeció que no ahondara más en el tema.

—Mi nombre es Mai —dijo ella sacándose el guante de cuero antes de extenderle una mano a modo de saludo. Trunks le respondió de manera tímida—. Pensé que podrías estar en problemas —confesó tras un silencio—. Sé que bastaba más que un arma para matarlo pero fue lo mejor que se me ocurrió —rió Mai.

—Gracias —respondió él de manera solemne y Mai sonrió un poco forzadamente.

—¿Tienes problemas con esos tipos?

Trunks no supo si la asustaría si le dijera la verdad.

—No, creo… Espero que se marchen pronto. Me trajo un objeto que le pertenecía a mi madre.

—¡La humana!

—Sí, ella lo era —afirmó Trunks pensando en cuanto hablaban de él sin que lo supiera. Era quizás lo más cercano a una celebridad en ese planeta…, después de El repartidor, claro está—. Pero no tengo ni quiero tener nada que ver con esos tipos. —Algo en él lo obligaba a reforzar constantemente que él no era más Vegeta que Bulma. Su humanidad era muy grande

—Eso es bueno. —Y Mai le sonrió de una manera que él sabía que era un coqueteo directo.


Nota de la Autora: Siempre he tenido la impresión de que el Trunks de El último vigilante y de acá es el Trunks del futuro del canon, más que el Trunks de la línea normal por ser más oscurito y triste. En este capítulo sí que me salió más gracioso, lo que quería para Bra jaja pero Bra al menos me está permitiendo escribirla más relajada. Me emocioné mucho escribiendo con soundtrack tipo Game of Thrones, The Last Kingdom, Thor Ragnarok, etc. No sé qué más decir, cambié mi amor por el TrunksMarron al TrunksMai porque obvio, soy fiel al cannon, aparte que cuando era chica y veía Dragon ball me gustaba mucho ella (y aunque suene estúpido me gustaba su estética y maquillaje) y su línea media distópica me agrada.

Gracias Sybloominai y B Ackerman por sus infaltables comentarios.

RP.