Hijos de la discordia


Capítulo VIII

"El despertar de una guerrera"


El lago era el lugar en el que más se reunirían la princesa y el gigante.

Raditz se acostó sobre las costillas izquierdas, a su lado. Bra se abrazó de las piernas un tanto nerviosa. La chica pensó en su madre y se preguntó si así había empezado el romance con su padre.

—Lamento el otro día —dijo Raditz sin mucho interés—. Alguien estaba acercándose a la sala común. No podía permitir que nos vieran juntos.

—¿Por qué? —Bra se obligó a no pensar que era porque se avergonzaba de ella, una mestiza sin interés por la pelea.

—No quiero que sospechen de nosotros y no logremos escapar. —La chica asintió, ya convencida—. ¿Aún no te arrepientes?

—No —respondió tan rápido como pudo—, quiero irme de aquí, no hay nada que me ate a este planeta.

—¿Ni siquiera tu hermano?

—Lo amo —dijo—, pero él pertenece aquí como yo pertenezco a otro lugar.

Raditz sonrió complacido.

—Bien. —La pausa que hizo fue dolorosa, Bra pensó que la besaría pero el beso nunca llegó—. Afuera brillarás como nunca lo harás en este planeta.

Bra oprimió una sonrisa sin lograrlo realmente y Raditz llevó la vista hacia el frente. La chica pensó que lo haría cambiar de opinión si seguía actuando como una niña pequeña.

—¿Qué haremos en cuanto lleguemos al planeta de mi padre? —preguntó, queriendo desviar su enamoramiento a un tema serio. No sabía si Raditz notaba lo evidente que era pero si lo hacía, no lo hacía notar.

—No te adelantes tanto, princesa —rió él, tumbándose boca arriba en el prado—. El camino será largo y no iremos directamente, si nos siguen, será más fácil perderlos si damos rodeos. Haremos un par de paradas para recargar las naves y aprovecharás de conocer el exterior de este planeta sin gracia.

A Bra esa idea la emocionó y aunque intentaba imaginárselo, no lograba hacer una imagen mental que no fuera ese pequeño planeta. De pronto se encontró pensando en algo tan insignificante como qué tendría que llevar en esa aventura. Raditz no parecía tener muchas posesiones y no creía que las necesitara, estaba acostumbrado a viajar en sus misiones mortíferas.

—Pero cuando lleguemos allá te presentaré como la sucesora de tu padre y nadie podrá negar que eres su hija con la humana por tu cabello y ojos lilas. —Eso sonaba maravilloso, ¿pero qué pasaría si ellos no la aceptaban? Raditz pareció leerle la mente—. ¿Sabes pelear?

—Lo básico —dijo Bra, avergonzada.

—Tendrás que hacerte más fuerte —dijo Raditz al incorporarse y se encorvó de espalda para quedar la altura de sus ojos—, no te seguirán si no sabes pelear —espetó—. Pero eres la prueba viviente que se puede sobrevivir.

«A través del mestizaje... —pensó Bra, ensimismada. Ya había sangrado, por lo que ya podía concebir..., esperaba que Raditz no le pidiera que fuera madre. Estaba segura que a Trunks no se lo pedirían, él tenía madera de rey: era fuerte, un buen guerrero y por sobre todo, un hombre. Todo lo que quería ella era encajar.

Raditz encendió el rastreador en su oreja y éste comenzó a dar lecturas en caracteres alienígenas.

—Incluso sin ningún entrenamiento, eres más fuerte que la media de las hembras recién nacidas... —le dijo, apagando el aparato para dejarlo inactivo. Bra se sintió aliviada, al menos no era ordinaria—. Sería bueno que comenzaras a entrenar, princesa, desaprovechas el tiempo que te queda sentada aquí. —Y dicho eso, el gigante se levantó y comenzó la marcha de vuelta con el resto.

—¿Sola? —No se le ocurría cómo hacerlo sin otra persona—. ¿Contigo?

Raditz puso una mueca dudosa.

—La chica morena, la nieta... —divagó.

—¿Pan?

El rostro de él se iluminó al conocer el nombre.

—Sí, ella. Son del mismo porte y contextura, será una buena compañera para ti.


Pasado


Muy a menudo se encontraba a sí misma pensando qué habría sido de ella si hubiese escapado junto a Milk y Kakaroto tras la derrota de Vegeta. Bulma se preguntaba si quedarse había sido un error mortal y si terminaría muriendo como era el pronóstico de Tarble desde el inicio. Sin duda era una estúpida por guiarse ciegamente en las líneas de la mano, las cuales jamás había creído hasta que estuvo en ese planeta. Cómo era que las líneas de ella y las de Vegeta estaban relacionadas...

La mujer carraspeó, desilusionada.

—Siempre he tenido un pésimo gusto en hombres —se dijo a sí misma, encorvada sobre el alféizar de una ventana que daba a la polvodera naranja que era el planeta. Su vestido blanco ya no era blanco y el dobladillo estaba negro por el uso.

—Lo tienes —le dijo esa voz espeluznante que tanto la atormentaba—. Nadie en su sano juicio elegiría a mi hermano.

Si tan solo supiera que se refería a él.

Bulma supo que lo mejor era no verse asustada y disimuló un escalofrío.

—¿Qué juicio tendría alguien que te elija a ti? —dijo sin pensarlo y luchó para no acobardarse al verle la cara cruzada por la sorpresa. Casi le pareció que Vegeta hizo una mueca—. Pero qué irás a saber tú, ni siquiera tienes amigos.

—Un rey no necesita amigos.

—Una persona que no tiene amigos diría eso —respondió tan rápido como él terminó de hablar y una leve taquicardia se apoderó de ella. ¿Estaría jugando bien sus cartas?—. De hecho, yo podría ser tu primera amiga —dijo después extendiéndole una mano.

Vegeta la miró como si tuviera peste y se echó un poco para atrás.

—No puedes ser mi amiga —casi era doloroso responderle a ella y estaba a punto de perder la paciencia.

—No puedes ser amigo de tus súbditos, pero yo no soy una de ellos. Al menos yo no diría mentiras para agradarte.

Vegeta frunciría más el ceño si pudiera. Bulma pensó que quizás debería parar.

—Está bien —respondió él tras una pausa amenazadora—. Entonces dime a dónde se dirigió Kakaroto.

Bulma puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, apoyando todo su peso en una pierna.

—¿Acaso no piensas en otra cosa todo el día? —dijo—. No lo sé. Decidí que sería un planeta en el cuadrante de la Patrulla Galáctica pero que no sabría cuál, así no podría revelarlo si es que me torturabas.

Una sonrisa torcida apareció en el semblante del rey. Aquello inquietó a Bulma y se le debe haber notado el miedo que se sentía porque cuando Vegeta dio un paso, ella lo retrocedió.

—Eso fue inteligente pero estúpido —le dijo con esa voz venenosa que tenía—, si es que no me estás mintiendo... Eso sí que sería estúpido.

—¡No soy estúpida!

—Eso espero —respondió él como si fuera un ultimátum y comenzó a caminar con la intención de dejarla atrás rápidamente. Bulma sostuvo su respiración hasta que la adelantó—. Hay algo que no entiendo —le dijo súbitamente y ella tensó los hombros—, por qué te quedaste..., pudiste irte con Kakaroto cuando se escapó.

Era obvio que no le diría la verdad, al menos no la completa.

—Mi destino no se cumpliría allá.

—¿Destino?

—Tengo cosas que hacer en este planeta...

—¿Cuáles cosas?

—Si las digo puede que no se cumplan —dijo tras una vacilación y ella retrocedió un paso queriendo huir, Vegeta lo notó y le hizo sonreír.

—Pensé que eras una mujer de ciencia —recordó—, no tiene sentido que seas supersticiosa.

—Bueno..., supe lo que te pasaría en el Torneo, ¿no? —Bulma no esperaba que eso sonara como una ofensa. Todo el atisbo de disfrute del Rey se había esfumado de un segundo a otro.

—Eres afortunada porque no te asesine ahora mismo —dijo Vegeta en un susurro espeluznante y la sangre de Bulma se heló al escucharlo.

Sin esperárselo Bulma tenía lágrimas de terror en los ojos.

—¿Y por qué no lo haces? Es algo que ustedes hacen muy bien..., sólo te pido que lo hagas rápido. No quiero darme cuenta.

Vegeta la miró de soslayo sin relajar su expresión. Luego llevó sus pupilas negras ligeramente a una de sus manos.

—Quiero comprobar si lo que dijiste se hace realidad —dijo simplemente y comenzó su marcha, dejando a la terrícola con un llanto incontrolable al sentir que su vida pendía de un hilo por un momento. Si se marchaba, ¿sus líneas cambiarían? ¿O el destino la cazaría hasta que su papel se cumpliera?


Presente


—Todo lo que Bardock te dijo es verdad —reconoció la versión holográfica de su madre—, la población está disminuyendo de una manera alarmante y temíamos que terminaran por extinguirse si no hacíamos algo al respecto.

Goten era el más molesto del trío.

—No lo entiendo —dijo con la voz contenida—. Eras humana, ¿por qué te preocupa que se extingan? Son esclavistas y genocidas...

—Sé todo eso, Goten —dijo Bulma con calma—, pero pude ver bondad en algunos de ellos, por muy extraño que parezca.

Trunks frunció los labios sin comprenderlo. Pan se mantenía siempre al margen.

—¿Pero por qué? —le preguntó su hijo y ella simplemente sonrió.

—Quiero que sea un lugar seguro para ti y tu hermana..., para todos ustedes —dijo de manera maternal—. El reino de tu padre era terrible, lo sé..., pero piensa en un reino como tú en su lugar, alguien más humano.

—No lo quiero —dijo por una vez más—. Quiero que mueran.

—No será seguro, te lo garantizo..., son los herederos de una genética poderosa y si son los únicos que restan en el universo, mi gran miedo es que les den caza cuando sean los últimos.

—¡Pero somos buenos! —masculló Pan sin comprenderlo.

—El resto no lo sabe, querida... —Bulma hizo una pausa—. Pero si les muestran al universo y a la Patrulla que son distintos, lo entenderán..., limpia la reputación de tu gente, hijo.

—Desearía ser sólo un humano como tú, madre. —Seguramente se habría puesto a llorar de estar solo con ella—. No los quiero y tampoco quiero el trono de mi padre.

—Sólo piénsalo un poco, por favor.

—No necesito hacerlo, ya estoy decidido. No lo haré.

Bulma hizo una mueca y tras un instante se fue, dejando la habitación en súbitamente en penumbra. Enseguida la puerta se abrió sin contemplaciones y apareció Bra asomada. La chica pronto frunció el ceño al ver a dos intrusos en la intimidad de los hermanos de pelo lila.

—¿Qué hacen aquí? —Los había atrapado en plena trama.

—Hablando —respondió rápidamente Goten, sin disimular un tono culposo. Bra no estuvo ni cerca de creérselo y miró a Trunks incriminándolo por compartir a su madre. Estaba segura de eso.

—¿Estabas buscándome, hermana?

—No realmente —respondió ella—. Me dijeron que Pan estaba con ustedes.

Era momento de Bra de sentirse incómoda cuando la chica morena hizo una mueca sorprendida.

—¿Podemos hablar en privado? —preguntó la menor con un sonrojo en sus mejillas y la morena salió en silencio tras mirarse con su tío con turbación. Bra no quería que su hermano supiera que tenía planes de entrenarse nuevamente y le prohibiría terminantemente a Pan que le contara, si ella podía compartir secretos con Trunks y Goten, Bra también los tendría con Pan.

Caminaron hasta la sala común, no quería llevarla hasta el lago porque sentía que era un lugar íntimo que solamente ella y Raditz compartían. No habían llegado a la sala cuando le compartió su deseo de pelear pero Pan no terminaba de salir del estado de desconfianza que tenía desde que habían salido de la sala de la holografía.

—¿Por qué ese interés tan súbito? —Pan pronto dio con una explicación razonable que le dio terror—. ¿Es porque te sientes insegura con esos hombres aquí? ¿Te hicieron algo?

Bra lo negó terminantemente.

—Sólo quiero hacerlo —comentó sin mirarla pero internamente Pan pensó que sí estaba en lo correcto.

—Por supuesto que te ayudaré.

La chica de los pelos lilas sonrió genuinamente.

—No se lo digas a mi hermano, quiero que sea algo entre nosotras...

¿Se habían hecho amigas de la nada?

—Está bien —dijo—. ¿Cuándo quieres empezar?

—Lo antes posible —respondió Bra, sabiendo que se iría muy pronto.


Nota de la autora: Hola, hola. Quise no demorarme tanto en actualizar pero parece que aún así lo hice. Muchas gracias a los que me han leído. Besitos, besitos, chau, chau.