Hijos de la discordia
Capítulo X
"¡Escape! - Parte 1"
Bardock ya estaba convencido que su misión de llevar de vuelta a Trunks había sido un completo fracaso y que debían marcharse lo antes posible. Así se lo hizo saber a su primogénito cuando compartían en sus habitaciones y para variar, su reacción no fue la mejor.
—Pensé que lo convencerías, conocías al chico desde que era un crío, ¡que confiaba en ti!
—Esto es inútil, solo estamos desperdiciando tiempo. ¡No me quedaré un minuto más en este planeta humillándome a mí mismo!
—¡Ya nos humillaste viniendo para acá en primer lugar!
Por un momento Bardock pensó que se le echaría encima pero para su sorpresa éste se había contenido.
—¿Por qué viniste entonces? —preguntó su padre con amargura.
—Quería ver con mis propios ojos a ese príncipe del que tanto hablabas —reconoció con una mueca y no esperó ninguna réplica porque se dio media vuelta dirigiéndose a la salida—. Entendí por qué apenas lo vi, pero ¿de qué sirvió? Nada.
Por supuesto que la urgencia de Raditz por irse de ahí eran bastante distintas de las que pensaba Bardock. Si su padre quería marcharse, él tenía que hacerlo antes si es que la princesa estaba dispuesta todavía. Raditz sabía que su padre se lo pensaría si llegaba a comentarle que Bra quería el trono para sí, Bardock lo meditaría un poco, pero Raditz no quería compartir la gloria con otro. Ni siquiera con su padre.
Raditz aún no maquinaba cómo iría a convencer a los hombres de que siguieran a una mujer mestiza, pero era mejor que llegar sin ningún príncipe. La situación en el planeta era de desorden absoluto y había habido una matanza a horas de la muerte de Tarble. Raditz no se imaginaba en qué estado estaría el reino a su llegada pero de todos escenarios quizás era el mejor para presentar a su pequeña princesa.
El primer lugar en el que la buscó fue en el lago y para su sorpresa, Bra no se encontraba ahí. En el camino de vuelta buscó con desesperación cada rincón, sin hacer más que asustar a las personas con las que se encontraba y mandarlas a la fuga. Su cara no debía de ser la mejor de todas.
Cuando Raditz estuvo a punto de perder la poca paciencia que le estaba quedando, fue ella la que lo encontró.
—¿Buscándome? —por el tono de su voz se colaba su enfado. Pero él no hizo más que sonreír al darse la vuelta para encararla. Bra se encontraba con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Si le dijeran que ella no era la hija de Vegeta, no se lo creería.
—Princesa —le dijo acercándose—, debemos irnos tan rápido como podamos, Bardock ya aceptó que tu hermano no vendrá con nosotros... —Bra lo interrumpió hablando por sobre sus palabras.
—¿Qué soy para ti? ¿Un trofeo? ¿Me llevarás para que se rían de mí?
Bra hablaba como una mujer herida.
—Eres la heredera —respondió frunciendo el ceño también, con la paciencia al límite—. ¿No es esto lo que quieres?
El perfume de su cabello le llegó de lleno a la nariz y sus ojos lilas perforaron los suyos con intensidad. ¿Esos eran los ojos de una reina? A Raditz le recorrió un escalofrío por la espalda que lo enmudeció en el acto.
—Princesa... —susurró él cuando la vio demasiado cerca de su cuerpo. El corazón le latió muy fuerte cuando Bra le tocó una mejilla con la punta de sus dedos.
—Esperé toda la vida para que me sacaran de este lugar —le dijo como si realmente se lo creyera, se oía casi profética—, solo que antes no lo sabía.
Bra continuó dando pasos y Raditz se encontró retrocediéndolos, con la respiración agitada, parecía hasta que sus alturas se equiparaban...
—Y aún así me humillaste —pronunció entonces la heredera con el mismo enfado de antes. Acertadamente Raditz pensó que se refería al beso que le había dado el primer día que hablaron.
—¡Fue sólo una tontería...! —rebatió Raditz un tanto impaciente y la mirada de Bra no cambió pero notó que sus ojos lilas se habían ocultado bajo una capa de lágrimas. Pero no era pena, era algo parecido a la vergüenza—. Princesa, no significó nada para mí en ese momento —dijo entonces para remediar sus palabras anteriores—, pero ahora puede ser distinto.
—¿Por qué debería creerte? —preguntó Bra cuando él la tomó por sus codos.
—No lo sé —respondió haciendo un movimiento de hombros—, pero puede.
—No es suficiente —dijo ella queriendo conformarse, pero no podía evitarlo, lo quería como su compañero. Bra pensó que estaba a punto de llorar y aquello la hizo avergonzarse de sobremanera. ¿Qué pensaría de ella un guerrero como él? Era tan sólo una chiquilla...
—Oye —le dijo cuando ella bajó la mirada y le puso un dedo bajo su mentón para levantarle la cabeza. Raditz vio que una capa de lágrimas cubrían sus ojos y no hizo más que sonreír de lado—. Serás reina, te lo prometo, y podrás tener a cualquiera que desees.
Y Raditz sabía que era él.
Pan entrenó junto a su tío bajo la atenta mirada de su padre y abuelo. Si había alguien que con el que podía pelear equiparada era él y pelear tan seguido a solas junto a Bra la hacían pensar que su cuerpo estaba perdiendo forma, aunque sabía que eso estaba lejos de ser verdad. Tanto Goten como ella no cedían terreno, patadas iban y venían, golpes de puño eran parados. Cansados, cada uno dio un salto hacia atrás para cambiar de estrategia y por el rabillo del ojo vio que a los espectadores se unía su madre, sentándose a un lado de Gohan. Ambos padres intercambiaron un par de palabras pero no supo de qué se trataban y Goten llamó su atención al sentir que su concentración pendía de un hilo.
—¡Vamos! ¡Me lo estás haciendo fácil! —le gritó desde el otro lado del ring imaginario y atajo su mirada nuevamente hacia él—. Podría atacarte ahora mismo sin que te dieras cuenta.
Era verdad y asintió con la cabeza hasta que otra cosa llamó su atención. Justo detrás de Goten pero mucho más allá se dibujó la inequívoca figura de Trunks, riéndose sin percatarse del entrenamiento que se llevaba a cabo ahí, junto a la chica morena que había llegado hacía una luna atrás.
Después sintió un golpe de lleno en una mejilla que la hizo volar lejos.
—¡Pan! —gritó Videl.
—¡Te lo dije! —dijo Goten al tiempo que su hermano mayor calmaba a su esposa asegurándole que su hija estaba bien—. Ojos en frente.
Pan se ruborizó esperando a que nadie se fijara en su distracción y su acompañante.
—Lo lamento —respondió ella sobándose la mejilla mientras se levantaba. Ya no quería seguir ahí, quería irse lejos—. Creo que estoy un poco cansada. Iré a tomar agua.
—¿Estás segura que estás bien? —Videl quiso acompañarla pero Pan se negó.
—Lo estoy, madre. Nos vemos en la comida.
Pan se alejó sola justo cuando Goten aceptaba un duelo con su abuelo y un suspiro se le escapó como un sollozo suave y descubrió que se pondría a llorar si se dejaba. Por supuesto que no quería, no por un chico que le doblaba la edad y más, y que nunca la vería más que como a una niña pequeña. Bra era capaz de llorar por cosas así, ella no.
Sin preverlo la chica no pensó en nada mejor que ir a ver a la otra mestiza, puesto que esa clase de tristezas no merecían ser compartidas con su tío o padres. Sentía hasta vergüenza por lo que estaba pasándole pero Bra sabría entenderla, esperaba que sí.
La buscó en los lugares que Bra concurría y no le fue difícil encontrarla..., pero no estaba sola. Raditz estaba encorvado hacia Bra, sus frentes estaban unidas tanto como sus manos. Ambos sonreían y parecían tramar en secreto, y él fue el primero que se fijó en la intrusa. Sin embargo no se mostró sorprendido como sí lo estuvo Bra al verla.
Los ojos de Pan se llenaron enseguida con lágrimas y sinceramente sintió miedo.
—¿Qué está pasando aquí?
Raditz sonrió, Bra se aproximó a ella dejándolo rezagado. Estaba visiblemente asustada pero por motivos distintos a los de ella. A Trunks lo podía entender pero a su hermana, jamás. A un paso que Bra estuviera a su alcance, Pan la detuvo de lleno con el cuerpo tenso justo cuando una lágrima corrió por su mejilla herida.
—Por favor, no menciones lo que viste aquí.
—¿Qué es lo que estás tramando, Bra?
—No puedo decírtelo...
—No deberíamos dejar que se vaya, princesa... —sugirió la enorme figura de Raditz detrás de Bra, que lo paró en seco presa del pánico.
—¡Detente!
—Sólo si promete que no dirá nada —le dijo—, pero diré que los muertos jamás hablan.
—Seré difícil de matar, de eso estoy segura —respondió Pan, lista para detener un asalto de ese forastero que se regodeaba de verla tan determinada.
Bra gritó.
—¡Nadie hará nada! —ladró ella mientras se dirigía al gigante para atajar su andar con su pequeño cuerpo. Como no la miraba, la pequeña mestiza lo obligó poniendo una mano en su barbilla y sus ojos hablaron en silencio por unos instantes—. Por favor...
Raditz hizo una mueca desagradada y luego sonrió a Pan, quien no terminaba de relajarse.
—Haré lo que le plazca, princesa —Raditz hizo una reverencia mal hecha y se fue caminando sin antes mirar a Pan, asustándola con un movimiento brusco. Se rió abiertamente—. ¡Estaré esperándote! —Ese comentario iba dirigido a Bra, sin duda.
Sólo cuando estuvo lo bastante lejos como para considerarlo seguro, Pan sacudió a Bra por los hombros.
—¿Qué crees que estás haciendo? ¿Esto tiene que ver con tus repentinas ganas de pelear? —La chica no le respondió y apartó su mirada, casi avergonzada—. ¡Háblame!
—Realmente me gusta, Pan. —El rubor de Bra se lo confirmó y ella negó con la cabeza incapaz de formular una palabra—. Y quiero irme con él, no me quedaré aquí sin él.
—Sólo lo has conocido por un corto periodo de tiempo... —Pan sintió ganas de vomitar—. ¿Abandonarías a tu familia por él...?
Bra la interrumpió.
—No tengo familia más que Trunks, él entendería si supiera lo mucho que me gusta, Pan —dijo Bra pero ella no le creyó, el príncipe ilegítimo jamás aprobaría una relación así—. Y me iré con él, formaré otra familia, mi propia familia...
—¿Y cuánto tiempo crees que eso durará? Ellos no se quedan tranquilos por mucho tiempo, te dejará sola, quizás hasta te mate...
—¡Él jamás haría algo así! ¡Raditz también me quiere!
—Te está usando, Bra.
La mestiza menor quiso golpearla pero Pan era mucho más hábil y paró el golpe tomándola de la muñeca
—Si realmente me estimas, Pan, no dirás ninguna palabra de esto a nadie, mucho menos a mi hermano...
La imagen de él junto a la chica morena volvió a atormentarla y sintió un calor desagradable en todo su cuerpo, eran celos y la hacían enferma. Estaba enojada con él y estaba enojada con esa chica también. Ya no controlaba lo que pensaba o lo que diría.
—No lo haré —dijo Pan queriendo parar pero algo más grande que ella se estaba apoderando de sus palabras—. Sólo espero que recapacites..., Raditz no es bueno, ninguno de ellos lo es...
—Ambas tenemos sangre de ellos en nuestras venas, Pan, ¿tan poca estima le tienes a nuestra herencia?
Esa herencia la hacía fuerte y era la que le había traspasado su abuelo, pero jamás la vio como algo malo.
—No puedo mirarte a la cara ahora, Bra.
Y sin más se marchó directo a su habitación para llorar todo lo que su corazón estaba sintiendo en ese momento, lejos de los ojos del resto.
Cuando fue hora de la cena, Pan decidió salir de su claustro y caminó como un espectro hasta la sala común. Iba sin mirar, sus pies se sabían el trayecto de memoria y simplemente dejó que ellos hicieran el resto. Bra no estaba ahí, para su suerte, porque seguramente la golpearía presa de una fuerza mayor.
Las chicas podían beber alcohol si así lo querían y esa noche Pan lo quería. Su tío bebía cuando estaba enfadado o triste y parecía irle bastante bien para quitarse el malestar. No fue mucho lo que bebió pero fue suficiente para marearse y querer vomitar. Estaba enfadada con los dos hermanos, tanto con Bra como con Trunks.
Era injusto igualar la falta de Trunks con la de su hermana, lo sabía, pero no podía evitarlo. Tampoco escatimó en miradas furiosas hacia el gigante de Raditz, quien apenas le correspondía. Simplemente comía y bebía como era de costumbre.
Su abuela la vio y no demoró en enviar a su tío a que la recogiera. Como si no pesara nada, Goten la tomó en sus brazos con una risa contenida.
—Es suficiente por hoy, querida sobrina —le dijo—. ¿Qué pasa hoy? Primero el entrenamiento, luego esto...
—No puedo decir —respondió Pan con los ojos cerrados—, prometí no decirlo...
—Mmm, eso suena inquietante y divertido —dijo Goten, picado por la curiosidad—. ¿Segura que no puedes compartirlo con tu querido tío?
Pan se sentía como una niña pequeña de nuevo.
—Oh, hola, Trunks —saludó Goten para espanto de Pan, uno de los hermanos de la discordia estaba entrando a la sala común, con la susodicha a su lado—. Miren, ¿a que no es dulce? Es la primera vez de mi sobrina...
—¡Para! —pataleó la chiquilla en sus brazos pero no hubo mucho caso, Goten la sostenía bien.
—Asegúrate de tomar mucho líquido, Pan —le dijo divertido el príncipe ilegítimo y Pan se dejó de mover. Miró a Trunks a los ojos y sintió que lo traicionaba si no le comentaba lo que había visto, pero traicionaría a Bra si lo hacía. No había manera de ganar, alguna de las dos partes quería enfadada con ella.
—Yo... —susurró Pan casi sin fuerza. La voz interior de sí le gritaba que lo dijera—, quiero irme a la cama, tío.
—Por supuesto, querida. —Goten siempre la trataba en parte iguales de amor y burla—. Volveré apenas me encargue de que esta chica no se ahogue con su propio vómito. —Un par de risas y estaban camino a su habitación. No se dijeron más hasta que salieron del edificio y la actitud de Goten pasó de risueña a seria en un segundo—. Sé que te preocupa la seguridad de Trunks y Bra con esos tipos aquí. He visto como ustedes dos entrenan... Y me alegra, Bra necesita una amiga. —Las amigas no se obligan a hacer cosas que no quieren, pensó Pan con malestar—. Ellos se irán mañana, me lo dijo mi padre. Sino acceden, él intervendrá. No te preocupes, Pan, todo estará bien.
Pero nada iría bien como le prometía Goten.
Nota: Hola, sé que me demoré pero la primera escena no sabía como cerrarla y bueno, cosas mágicas pasan cuando apretan el botón submit review, 100% real no fake. Amo la relación que tienen Pan y Goten, tenía que decirlo.
Espero que les guste, me gustaría leerlo y saber sus pensamientos.
RP.
