Hijos de la discordia
Capítulo XI
"¡Escape! - Parte 2"
Raditz se inquietó cuando no vio a la princesa asistir a la cena, si querían pasar desapercibidos lo mejor que podía hacer Bra era ir a comer como todos los días hacía, no desaparecer por completo. Vio que la pequeña Pan estaba presente sólo porque lo miraba insistentemente pero no le preocupó en absoluto, por alguna razón creía que no abriría la boca..., pero un pensamiento perturbador lo atacó. Se le ocurrió que Pan había convencido a Bra que se quedara y lo descubriría en medio de la multitud, dejando a la princesa a salvo en su habitación. Raditz sintió pánico genuino y comenzó a escudriñar a la chiquilla con disimulo. Se tambaleaba.
Su sobrino menor la tomó en brazos y se la llevó, y fue cuando Raditz decidió seguirlos con cautela, para comprobar que la chica no abriera la boca. Era conveniente que no le tomaran tanta atención como a su padre, a quien mantenían vigilado por el cabecilla de esa travesía. Nadie consideraba a Raditz como una amenaza real puesto que se había dedicado a comer y beber cuando su padre era el interesado en el príncipe ilegítimo. El hecho de que la cocinera estrella Milk no sintiera miedo de él lo hacía ver más como un aprovechado que un peligro.
Caminó tras de tío y sobrina hasta la habitación de la última, y pasaron muchos minutos antes de que Goten saliera nuevamente. Su tranquilidad lo convenció de que Pan no había abierto la boca..., bueno, quizás lo había hecho para vomitar.
Estando tan cerca de las habitaciones Raditz sopesó la posibilidad de ir a buscar a la princesa, sabiendo que ser descubierto era un peligro para él como su plan, pero no había otra manera, pensó. Después de todo, no disponían de mucho tiempo para escapar.
El gigante caminó con cautela por el pasillo de las habitaciones, escuchando las voces imperceptibles y los perfumes que dibujaban trayectos pasados de sus portadores. Le costó mucho tiempo captar la esencia de la chica y no tuvo dudas cuando ésta lo llevó a una puerta, igual que todas las demás, y entró sin miramientos.
Bra estaba sentada sobre su cama, era evidente que se encontraba llorando, y lo miró incrédula mientras se ponía de pie de un salto. Raditz dio un paso dentro y cerró la puerta detrás de sí con una suavidad impropia de alguien como él y se le acercó con lentitud. Ocultaba bien el sonido de sus pasos.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó ella, limpiándose la cara.
—No fuiste a comer, te dije que no hicieras nada que levantara sospechas.
Bra volvió a sentarse sobre la cama con el mentón moviéndose por el llanto reprimido.
—No pude —sollozó—, si iba y veía a mi hermano me pondría a llorar..., no lo volveré a ver más…
—Bueno, ya estás llorando y si no sales, perderás la oportunidad de verlo por última vez.
La princesa se largó a llorar con más fuerza y Raditz apretó los labios sin saber qué decir. Se cruzó de brazos y la miró un rato impacientemente, hasta que por fin se hincó frente a ella sintiéndose casi como un niñero.
—Entonces vámonos ahora.
—¿Ahora?
Raditz asintió y puso ambas manos sobre las pequeñas rodillas de la princesa, sintiéndola estremecer.
—¿Estoy frío?
La chica negó con la cabeza, asegurando que estaba bien. El gigante sonrió y buscó una de las manos de ella, la tomó de la muñeca y suavemente la condujo hasta su cara para que Bra lo acariciara en la mejilla. La princesa se estremeció un poco más, si bien ya lo había tocado antes, la situación se había vuelto muy íntima. Cuando Raditz la soltó y Bra no quitó la mano, apoyó ambas manos sobre la cama, en los costados de las caderas femeninas y las usó para darse el pequeño impulso que necesitaba para incorporarse lentamente. Los ojos de Bra sostuvieron la mirada oscura de Raditz y cada centímetro que el avanzaba, ella retrocedía echándose para atrás hasta que su espalda se encontró con la cama. Y el gigante la besó, no como la primera vez, sino que esta vez fue deseada.
Bra se supo ignorante en el tema pero no por eso no lo disfrutó, se abrazó de su cuerpo, ¿alguien la extrañaría en la cena?
Raditz se separó de ella para mirarla a los ojos, sonriente.
—¿Confías en mí?
—Sí —dijo ella casi en un susurro.
Él volvió a sonreír y procedió a quitarse la armadura, quedando con el pecho desnudo. Bra lo miró mientras él volvía a tomar su mano y posarla sobre uno de sus pectorales, instándola a tocarlo. Ella así lo hizo y delineó los músculos con la yema de sus dedos, viendo cómo su respiración hacía subir y bajar su torso. Incluso cuando reía a boca cerrada todo su torso también reía. No era la primera vez que veía un cuerpo desnudo de la cintura para arriba pero nunca había sido de esa manera. Era una visión casi hipnótica.
Bra entonces miró su garganta tan gruesa que ni aunque la rodeara con sus dos manos podía tocarse la punta de sus dedos. La manzana de Adán se movió cuando él tragó saliva…
—Llévame contigo —le pidió casi muda, sintiendo que su interior palpitaba dolorosamente.
Raditz gruñó un tanto al sonreír y quitó un mechón de cabello lila del rostro juvenil de la princesa.
—Lo haré.
La puerta de la entrada no daba indicios de abrirse súbitamente o nada por el estilo, pero Bra esperaba que aquello pasaría en cualquier momento y respiró hondo, haciendo que Raditz se incorporara cuando ella misma lo hacía. La princesa se fue a su armario y tomó todo lo que pudo agarrar en un movimiento para colocarlo malamente dentro de una bolsa. El gigante apenas comenzaba a ponerse de pie cuando ella echaba otra tanda de cosas dentro, y le quitó el bulto sin miramientos.
—¿Qué estás haciendo? ¡Debemos irnos ahora!
—No puedes llevártelo todo contigo —dijo y lanzó la bolsa a la cama para ponerse la armadura—. No hay el suficiente espacio —y la atajó cuando ella se lanzó a la cama por sus cosas, pero no logró que Bra cumpliera con su cometido, y la condujo a paso firme por la oscuridad de los pasillos, siempre atento a testigos. Raditz era hábil para buscar escondites cuando alguien aparecía de improviso y Bra lo imitaba, siempre abrazando su bolsa sobre su pecho—. No verás a tu hermano por última vez —le advirtió cuando al fin llegaron a las naves individuales y Raditz abrió las compuertas con un sonido hidráulico.
—Lo sé —respondió Bra cuando se le formaban una par de lágrimas—, pero es mejor así —dijo cuando Raditz marcaba las coordenadas en la nave que sería suya. Entonces le extendió una mano y tras una vacilación, Bra posó la suya sobre la palma gigante—. Estoy lista.
Raditz sonrió y la ayudó a acomodarse en el asiento junto a las cosas que había sacado.
—Te veo en el otro lado, princesa —le dijo haciendo el ademán de cerrar la nave pero Bra se paró inesperadamente para besarlo una vez más, con la misma temperatura que antes.
—No puedo esperar —respondió al sentarse otra vez, dejando que Raditz cerrara al fin la compuerta de su nave y tras un par de segundos, toda ella se sacudió al salir de la órbita al fin.
Pasado
«¡Despierta!»
Bulma comenzó a sentir miedo y despertaba en medio de la noche por las pesadillas que acudían a ella cada madrugada. Eran sueños donde su vida corría peligro, otras veces quedaba moribunda, y Vegeta salía en cada uno de ellos. No siempre tenía claro cuál era su papel en la pesadilla pero jamás era quien acababa con su vida, pero estaba segura que todas las veces era un simple espectador de lo que le sucedía.
La terrícola se incorporó de la cama con la respiración entrecortada, tal como si hubiese corrido una maratón. Al posar una mano sobre su pecho, sintió el corazón tan fuerte que sentía el palpitar en la palma. Y cada vez perdía más el sentido de haberse quedado ahí. ¿Qué era lo que estaba intentando probar? ¿Que podía ser la heroína de su propia historia? ¿O que podría domar a un asesino de sangre fría?
Al final resolvió salir de la cama y caminar descalza en su habitación a la espera que amaneciera, y que la mañana le trajera una razón del su estadía ahí antes de que perdiera la cabeza. Pero no había nada que la hiciera encontrar la calma, Bulma estaba entrando en pánico y salió corriendo de la habitación en camisón y sin calzado. Se sabía de memoria el camino hacia el hangar donde se encontraban las naves pero de noche los pasillos creaban un laberinto que la mareaba. Ella tuvo que devolverse sobre sus pasos muchas veces para orientarse y encontrar el camino correcto.
La carrera no le ayudó a recuperar el aliento o tranquilizarla, sólo sabía que tenía que seguir corriendo hasta encontrar una nave para marcharse. Cuando Bulma pensó en la suerte que tenía de no encontrarse con nadie, el destino la traicionó y un guerrero desconocido abrió los ojos al verla ahí. La terrícola se detuvo y no alcanzó a gritar o huir cuando una ráfaga de rayos verdes atravesaron al hombre y lo dejaron agonizando en el suelo. Una mano le tomó la suya y la hizo correr detrás del hombrecito que había ido en su ayuda. Enemigo o amigo..., Bulma se inclinó ante la segunda opción.
Era un alienígena que no se parecía en nada a ella o cualquiera que hubiera visto y vestía un uniforme que conocía muy bien: era de la Patrulla Galáctica.
Su salvación la hizo ocultarse en un hueco en la pared mientras cargaba su arma láser con unos botones.
—¿Quién eres?
El hombrecito no le respondió.
—Vuelve a tu habitación, no tardarán en darse cuenta de ese hombre muerto.
Pero Bulma no quería volver a su habitación, quería irse con él de ese planeta. Estaban tan cerca del hangar…
—¡No! —casi gritó ella—, ¡llévame contigo! Por favor, si me quedo aquí, me matarán...
—No hay posibilidad de marcharnos, he estado aquí mucho tiempo y no lo he logrado.
Bulma no entendía cómo no se habían dado cuenta de su presencia antes.
—Estarás bien, te has mantenido con vida todo este tiempo. Creo que tienes más posibilidades de sobrevivir si sigues haciendo lo que sea que haces.
—¡Me estoy volviendo loca aquí! —Bulma sabía que debía dejar de gritar. Ya no pensaba que no volvería a ver a Tarble si huía, sólo quería marcharse—. Si me quedo me matarán…
Su salvador la ignoraba y en cambio sacó de su cinturón un pequeño medallón con el emblema de la Patrulla Galáctica y se lo dio en silencio.
—Nos mantendremos comunicados con esto. Ahora vete antes de que nos descubran.
Por alguna razón le hizo caso a regañadientes y apretó el comunicador tan fuerte que las puntas le hicieron daño en la palma. Caminó en la oscuridad sin la desesperación que la había llevado hasta ahí y tomaba muchas precauciones cuando entraba en un pasillo. Le dio un escalofrío cuando pasó por donde había caído el guerrero que ya había muerto y fue hábil cuando escuchó que otros corrían hasta él, ocultándose en el pasillo adyacente hasta que se perdieron. Era una raza estúpida salvo algunos guerreros, pero incluso los estúpidos podían ser viles.
—¿Fuiste tú? —La voz repentina de Vegeta la hizo pegar un grito y lo encontró sigiloso detrás de ella. Al normalizar la respiración, Bulma supo que se refería al hombre muerto.
—No —respondió obedientemente—. Si pudiera hacerlo muchos ya estarían muertos.
El Rey mantuvo su mirada hasta que una sonrisa aleteó en sus labios y lo escuchó reír un tanto. Luego miró cómo iba vestida y se alejó un poco. Vegeta hizo un movimiento con la cabeza antes de dejar de mirarla.
—Vete —le ordenó—, no le diré a Tarble que trataste de escapar —dijo casi con burla—, le partiría el corazón.
—¿Desde cuándo te preocupas por él?
—No trates de escapar de nuevo —dijo Vegeta, obviando su pregunta—. Mis hombres te matarán sin pensarlo cuando te vean. No tendrás tanta suerte la próxima vez.
—Tus hombres son estúpidos —respondió ella, presa del enfado—, pasaron por mi lado y no me vieron.
Vegeta se rió un poco más, volviendo a mirarla.
—Quizás tienes razón, son estúpidos. Pero yo no soy un estúpido. —Y sin más, Vegeta se marchó en dirección opuesta, hacia donde estaba el muerto, y Bulma lo miró alejarse pensando que su salvador había estado ahí sin que Vegeta lo notara. ¿Era seguro mencionarle lo que sabía a Tarble?
Presente
Mai se encontraba muy cerca de su cuerpo, o eso era lo que parecía. De todas maneras, haberse hecho amigo de ella lo contentaba y cada día que podía pasar un poco de su tiempo con Mai lo emocionaba en demasía. Hasta estaba seguro que ella sentía por él lo mismo que él por ella.
Goten había llegado hacía poco y se sirvió de la jarra que su tierna sobrina había estado usando.
—Vomitó un poco —aclaró apoyándose en una baranda mientras bebía un sorbo—, pero creo que estaba más avergonzada que ebria.
Mai sonrió.
—Estaba molesta.
—No lo creo —respondió Trunks, restándole importancia. Goten lo secundó—. Creí que estaba con mi hermana. —También se había fijado que ambas chicas habían comenzado a congeniar sorpresivamente. Goten negó con la cabeza.
—Entrenamos durante la tarde y se fue a su habitación. No he visto a Bra ahora que lo mencionas. —Goten se volteó a mirar la sala y no la vio por ninguna parte. Luego dio con la respuesta a ambas dudas e hizo chascar dos dedos frente a Trunks—. Ellas dos se pelearon, por eso Bra no vino a comer y Pan estaba molesta. ¡Debe ser eso!
Trunks se vio convencido y Mai volteó a verlo, apoyando una de sus manos enguantadas sobre su hombro. Ese toque lo hizo respirar más rápido.
—Deberías ir por ella —le sugirió.
Goten hizo un gesto.
—No creo que le haga mal saltarse la cena.
—Te acompaño —insistió con esa voz calmada y baja para obviar el comentario de Goten que se rió a carcajadas cuando Mai lo ignoró. A Trunks lo traicionó el rubor cuando Goten le hizo una cara y se puso a comer.
Al final el chico accedió y en tanto salían al pasillo, Mai tocó la mano cercana a ella con la suya, como una invitación para que la tomara. Trunks así lo hizo y caminaron sin decir ninguna palabra cogidos de la mano. Ambos sonreían pero Trunks estaba cohibido.
La habitación de Bra apareció más rápido de lo que su hermano esperaba y con un poco de desilusión, tocó su puerta. Al no recibir una respuesta, volvió a insistir. La negativa hizo pensar en que quizás Bra se había ido al lago, pero no quiso irse antes de echarle un vistazo por si ella estaba haciéndose la ausente a propósito.
—Bra —dijo al entrar y encendió las luces para descubrir que no había nadie ahí. Sin embargo, vio que la puerta del armario estaba abierta y se acercó a cerrarla. El interior estaba desordenado y algunas cosas estaban en el suelo.
Trunks se hincó para recogerlas pero un par de alarmas lo hicieron fruncir el ceño mientras pensaba.
—¿Está todo bien? —Mai se atrevió a entrar y se puso a mirar lo que estaba viendo Trunks.
—No lo sé —respondió sin querer mencionar algo. El sólo verbalizarlo le daba realidad a su extrañeza. Trunks recogió más cosas y pensó que faltaban otras, por lo que comenzó a revisar rápidamente los colgadores para notar que habían muchos vacíos.
El mestizo dio pasos hacia atrás y miró la cama, un tanto arrugada, y uno que otro objeto pequeño que se había caído aquí y allá. El corazón de Trunks comenzó a latirle rápido y corrió en dirección al lago, al campo de entrenamiento, a cualquier parte en búsqueda de su hermana. Cada lugar vacío lo hacía enloquecer más.
—¡Trunks! —gritó Mai cuando se quedó atrás y volvieron a la sala común.
—¿¡Dónde está ella!? —vociferó con la calma apunto de esfumarse como su paciencia—. ¿DÓNDE ESTÁ MI HERMANA?
La sala común se quedó en silencio cuando escucharon al príncipe y tras unos momentos de vacilación, grupos salieron al exterior para rastrear los mismos lugares que Trunks ya había buscado. Incluso Bardock salió pero eran otros sus motivos.
Goten trató de calmar a Trunks cuando Pan volvió en silencio a su encuentro.
—Se fue —dijo simplemente y se puso a llorar. Ninguno de los dos le creyó y Trunks se enfadó con ella—. ¡Es verdad! Vi que ella y Raditz…
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Trunks con una ira que no era propia de él y Goten se puso entre él y su sobrina.
—¡Ella debe estar en alguna parte! ¡Ya sabes como es ella…!
—Tío, basta. Es verdad…, yo la vi con mis propios ojos, ella estaba…
Trunks se vio a sí mismo respirando profundo y rápido, la mandíbula apretada a más no poder y el entrecejo dolorosamente fruncido. Por fin Bardock apareció detrás de él y lo hizo dar vuelta en redondo.
—Las dos naves que usé con Raditz para llegar hasta este planeta no están. Se las han llevado.
—Quiénes.
—Raditz y tu hermana. Ambos desaparecieron.
Tan pronto como el guerrero dejó de hablar, Trunks desenvainó su espada y con sólo una mano la maniobró para que quedara besando el pescuezo del hombre mayor, sacándole una gruesa gota de sangre donde estaba el filo. Trunks ya no se veía solo enfadado, también se veía preocupado hasta el punto de la desesperación.
—Ella no tenía nada que ver en esto. Ustedes habían venido por mí, a ella la tenían que dejar fuera de esto —dijo él—, Bra ni siquiera es una guerrera.
—Ella jamás formó parte del plan, Trunks. Esto ha sido obra de Raditz.
—Te juro que si algo le llega a pasar a mi hermana te mataré, a ti y a tu hijo. —Dicho esto, Trunks se fue con la espada en la mano, sin envainar, hecho una furia. Al hablar su voz temblaba como si tras todo ese enojo estuviera a punto de llorar. Nadie se atrevió a seguirlo cuando se marchó de la sala común y salió al patio interior a donde se encontraba el lago que siempre frecuentaba su hermana, cada vez más taciturna. Su semblante se fue desfigurando hasta que cedió al llanto y se dirigió al primer árbol que se encontró a su paso para darle dos estocadas, una a cada lado, con mucha fuerza y luego lanzó lejos esa espada que tanto quería. El arma describió muchos círculos en el aire antes de enterrarse en la tierra.
Trunks se derrumbó en el suelo que lo recibió de brazos abiertos y se quedó sollozando en silencio hasta que el cansancio finalmente lo tranquilizó.
—Trunks —lo llamó Mai, atrás se veía Goten, ambos lo miraban en silencio y el rostro cruzado por la preocupación—. Podemos ir tras ellos, iremos en mi nave.
El aludido la miró y luego desvió la atención a sus manos en el suelo. La posibilidad que su hermana no se hubiera ido contra su voluntad era la que más le asustaba.
—Debí haberle prestado más atención —susurró y la punta de su espada apareció al lado de su mejilla. Goten se extendió como si estuviera dándole una mano de acero, un llamado a la guerra.
—La necesitarás cuando nos marchemos.
—Debemos partir cuanto antes —dijo Mai cuando Goten daba vuelta la espada para que Trunks la recibiera por el mango y éste la usó para levantarse del suelo—. De todas maneras sabemos a dónde se dirigen.
Nota: Hola de nuevo, como ya me quedaba tan poco para el escape al fin, escribí y escribí y hasta un suave lime subí. Déjeme sus comentarios para saber que no estoy sola en esto(?) Es como cuando haces clases y le preguntas a tus alumnos "entendieron?" y ellos no responden jajaja
El próximo capítulo ya es tierra de nadie, todo puede pasar(?) lo único que resiento es que no puedo hacer que Vegeta o Bulma dejen de ser paralelos entre ellos... porque tengo pensado mucho para ellos :( maldito paralelismo jaja
Besos en cuarentena, RP.
