Nota: Descubrí como se hacen los «» en este ipad, como dejé de usar el pc, los dejé de usar porque no entiendo Mac jaja Pero ahora que los recuperé, adiós "*".
Hijos de la Discordia
Capítulo XIII
«Hiperespacio»
Bra despertó un sinfín de veces en la habitación temblando de frío aunque las hogueras estuvieran siempre ardiendo, susurraba un par de cosas y volvía a dormirse. Sentía la garganta seca, los labios agrietados y la piel ardiendo en fiebre. A veces estaba Raditz estaba junto a ella, otras veces no lo veía.
La enésima vez que abrió los ojos lo vio entrando a la habitación, se hincó a su lado y le quitó las pieles de encima. Ella protestó porque tenía mucho frío pero Raditz no la escuchó y levantó las vendas que le había puesto sobre la herida. La sangre se había coagulado y la venda se resistió a separarse de la piel de Bra, pero Raditz arrancó venda y costra por igual.
El gigante tenía en la mano un frasco, lo destapó con los dientes y escupió el corcho al suelo. Aún en el estado febril en el que se encontraba Bra, pudo ver que el contenido era viscoso, celeste y con olor a desinfectante. Ella trató de decir algo pero Raditz gruñó al prepararse mentalmente para echarle el ungüento encima. Vertió el frasco lo más gentil que pudo pero Bra se estremeció de igual manera y su reacción hizo que el gigante se interrumpiera a sí mismo.
—Es medicina —le dijo—, no es como los tanques de regeneración pero es la misma sustancia —continuó y planchó una de sus manos sobre las costillas de la princesa para evitar que se moviera. Raditz se espantó cuando sintió la fiebre.
—Está helado —se quejó ella cuando volvió a sentir el ungüento entrarle por la herida abierta. Raditz no la escuchó y siguió echándole la sustancia hasta que el frasco estaba vacío.
Raditz sólo se separó de ella para buscar un trapo mojado que usó para mojarle la cara y los labios, estrujando el exceso directo en su boca. Bra tosió un poco, luego se durmió otra vez
Cuando volvió a recuperar su consciencia Raditz la había incorporado para intentar darle un pequeño trozo de carne pero Bra se resistió y escuchó las protestas del gigante.
—Ningún saiyan se ha muerto de hambre… —le dijo como la primera vez en la taberna.
—Y no seré la primera… —continuó ella con una sonrisa agrietada y débil. Al verlo reírse un poco, abrió la boca y masticó sin fuerzas. No comió más que ese trozo.
El día que se sintió mejor despertó sin fiebre y se incorporó de la cama, notó que el dolor que sentía antes en el costado casi no estaba y al retirar las vendas, no había más que un moretón en donde antes estaba el agujero. Sin poder creérselo se tocó la magulladura en busca de un orificio y no encontró más que piel y músculo. Bra sonrió y llamó a Raditz en la habitación oscura. No estaba ahí.
Como si estuviera atrofiada caminó lentamente para no caerse y sintió que se desvanecía un par de veces. Sin embargo logró llegar al barril con agua y se metió dentro derramando mucho líquido en el acto. La princesa se sentía pegajosa por el sudor y la sangre seca por lo que se restregó el cuerpo y hundió la cabeza hasta que se sintió mejor.
Para cuando Raditz volvió a la habitación, Bra estaba tiritando de frío. La sorpresa cruzó su rostro antes de sacarla del barril como si no pesara nada y la devolvía a la cama de pieles. La princesa se envolvió en la que le pareció más limpia dentro de todas las inmundas, mientras que el gigante se arrodillaba frente a ella.
—Princesa… —le dijo pero ella se inclinó a besarlo cortamente en los labios.
—Gracias por cuidarme.
La sonrisa de Raditz no duró ni un segundo.
—Debemos irnos de inmediato —le avisó y se levantó para acercarle la bolsa con sus pertenencias. Bra comenzó a buscar una prenda que calzarse sobre su desnudez y eligió una túnica lila muy clara que le llegaba hasta los tobillos—. A estas alturas ya deben saber que estás aquí.
—¿Quienes?
—Contrabandistas… —respondió atropellando las palabras—, la Patrulla Galáctica, todos.
—¿Pero por qué? ¡Nadie de ellos me conoce!
—Por supuesto que te conocen, a ti y a tu hermano. —Aquello la tomó por sorpresa, ella y Trunks no eran más que unos mestizos exiliados en un planeta remoto. Jamás habían hecho otra cosa que vivir una existencia pacífica y aburrida—, son los hijos de Vegeta —dijo después—, no eras una amenaza en el planeta de mi hermano pero fuera de él, sí que lo eres.
—No le he hecho nada a nadie —replicó testaruda y Raditz tomó una capucha y se la puso sobre la cabeza. Su intención era la de ocultar ese pelo tan característico que la identificaba como la hija de su madre.
—Pero lo harás, princesa —dijo Raditz echándose la bolsa a un hombro y tomando una mano de Bra para hacerla caminar muy cerca de él—. Tienes más poder de lo que crees que tienes, Bra.
Casi nunca la llamaba por su nombre y optó por quedarse callada. Corrieron lejos del edificio y se metieron por pasajes estrechos para evitar la multitud. Si bien ya era fácil notar a Raditz por sobre todos los alienígenas, Bra intentaba con todos sus medios ocultar su cabello y ojos. Con algo de problemas para ubicarse notó que se alejaban del lugar en el que habían dejado las naves individuales. Raditz pareció notar que se daba cuenta.
—No usaremos las naves antiguas, ahora que saben que estás aquí las buscarán por todos lados —le dijo revisando cortamente una esquina y luego siguieron caminando—. Las cambié por otra. Tomaremos un camino distinto del que tenía planeado.
—¿Es directo?
—No —dijo rápidamente—, sólo un tonto iría en línea recta. Este es el cuadrante de la Patrulla, es lo que están esperando.
La nave era genérica y estaba un tanto destartalada. Bra se quedó contemplándola a un paso de distancia mientras Raditz abría la compuerta hidráulica y lanzaba la bolsa de Bra sin cuidado. Sólo cuando gruñó impaciente la chica accedió a entrar y se sentó sin dejar de mirar los interiores de la nave con escepticismo. El gigante se sentó en el asiento del piloto en una posición extraña porque era claro que las dimensiones eran pequeñas para su porte. El primer intento por encender la máquina fue infructuoso y tras una maldición, un golpe y un segundo intento, la nave comenzó a vibrar. Las luces del interior se apagaron y en su lugar los iluminaron las luces auxiliares, lo que le dio una mala espina a Bra y caminó para situarse a un lado de su pareja con nerviosismo. Tras una maniobra que no fue sutil se elevaron y Bra tuvo que sujetarse del respaldo del asiento del piloto.
—¿Estás seguro de que sabes lo qué haces? —chilló ella al tomar el asiento a su lado y abrocharse el cinturón de seguridad. Él no respondió y siguió mascullando maldiciones y gruñidos hasta que por fin salieron de la órbita de aquel planeta de contrabandistas.
Bra se dedicó a mirar por la ventana y se maravilló nuevamente por la vista galáctica, paisajes nebulosos y de tonos oscuros, con estrellas brillantes y galaxias tan lejanas que parecían dibujos pequeños sobre el negro del vacío.
Raditz se levantó del asiento del piloto cuando activó la navegación automática y se fue para atrás, hurgando ruidosamente en los compartimientos secretos bajo los asientos. Tiró al suelo mantas térmicas de brillo plateado, cascos de oxígeno y bolsas con agua pura, a las que miró con desconfianza hasta que se decidió por beberla. Cuando acabó por saciar su sed le extendió la bolsa abierta a Bra para que ella también bebiera y volvió a sacar objetos que descartaba con facilidad.
La princesa se demoró en tomar un sorbo de agua y se dedicó a mirarlo en silencio. Al verse observado, preguntó sin mirarla a la cara con excesiva seriedad.
—¿Cómo está tu costado? —dijo mientras abría una bolsa con alimentos deshidratados. Ella sonrió con dulzura.
—Me siento bien —respondió viéndolo sonreír—, muy bien de hecho. Me siento…, más…
—¿Fuerte? —la interrumpió Raditz con la palabra que ella no encontró. Bra asintió un poco insegura—. Siempre que un saiyan está al borde de la muerte, se hace más fuerte —afirmó con una mirada orgullosa pero ella lograba recordar lo asustado que estaba al verla convaleciente.
Trunks miró las estrellas moverse a su alrededor mientras viajaban en el espacio abierto e hizo dar vueltas el objeto esférico dentro de su puño una infinidad de veces, sin encontrar paz en su corazón.
En el último momento antes de irse, Trunks sopesó la posibilidad de dejarlo abandonado en el planeta, furioso con la imagen holográfica de su madre al no ver la gravedad de la situación de su hermana. Incluso llegó a pensar en que ella no era realmente el eco de su madre, sino una vil copia que usaba Bardock para convencerlo de ir con ellos al planeta. Simplemente ella no sonaba como su madre…
—Trunks —lo llamó Mai con cautela y él se dio la vuelta para verla en la puerta de la pequeña sala de mandos. Se forzó una sonrisa y ella se la respondió con otra mucho más triste—. ¿Estás bien?
Por más que asegurara que sí, ambos sabían que eso no era cierto.
—¿Goten?
—Encerrado aún —respondió ella. Cuando le llegaron las noticias del escape de Pan, el tío quiso salir tras ella, olvidando completamente el plan inicial. Hubo una reunión familiar y con los ánimos por las nubes discutieron la situación y lo que harían. Trunks asistió también pero en ningún momento abrió la boca, sintiéndose por primera vez un extraño ahí. Entre peleas y alzadas de voz, acordaron que Goten sería el que la buscarían, usando los recursos que ya estaban invertidos en la misión previa con Trunks y Mai. No disponían de más naves y por más que Gohan quería ir también, su hermano menor le aseguró que la traería de vuelta como fuera.
—«No me desviaré de mi camino, ni siquiera por Pan —pensó Trunks, todavía herido. Todavía no tenía corazón para otra cosa que no fuera su hermana.
Cuando se marcharon del planeta y fijaron su curso, directo al planeta Vegeta, Goten se encerró en su habitación, atormentado por sus propias tribulaciones. Cada tanto salía hasta la sala de mandos para consultar el estado de su trayectoria. Si la nave de Mai tiraba una alarma, también. Pero siempre evitaba a Trunks, era como si hubiera leído la mente del chico durante la reunión.
Mai le miró la mano y supo lo que tenía en la palma.
—Quizás debas hablar con ella… —le sugirió, acercándosele un poco y buscó su puño para tomarlo entre sus manos femeninas cubiertas por sus guantes de cuero. Trunks enseguida relajó los dedos y dejó que la mujer los extendiera para descubrir el objeto esférico. Su tacto lo hacía sentir mejor.
—No lo sé… —respondió, enfadado. En esos momentos la única persona grata para Trunks era Mai.
La morena flexionó sus dedos para hacer el puño otra vez, ocultando la esfera con la misma mano de él. Luego apoyó su cabeza en uno de sus hombros y de las hebras negras le llegó el aroma femenino. El ceño que había estado fruncido se relajó y Trunks tuvo la necesidad de abrazarla contra su pecho. Un tanto vacilante levantó los brazos para estrecharla y sin siquiera verla, supo que Mai estaba sonriendo. Al llenar sus manos de Mai el objeto de su madre rodó por el suelo sin siquiera importarle y una llamarada de excitación le sulfuró las entrañas cuando Mai se alzó parándose sobre la punta de los pies para besarlo sin miramientos. Ella era mucho más experta que él y se le notaba, pero aquello no le importó, simplemente se dejó guiar, sumiso.
En el suelo, la esfera terminó de rodar al chocar contra la pared y se detuvo en la baldosa bajo el asiento del copiloto, oculta, olvidada.
Pan aterrizó en el planeta de la peor forma que hubiera imaginado y se arrastró fuera de la nave destrozada con la rapidez que el mareo le permitió. Estaba magullada y desorientada pero se obligó a correr lejos de la nave por el miedo a que explotara. Hubo un incendio pero no llegó a mayores y se quedó mirando absorta mientras recuperaba la respiración.
La nave no había soportado su poca destreza para pilotear y estaba preguntándose si podría salir de ese planeta desconocido con la ayuda de otra, cuando sintió que una mano la tomaba del hombro y la hacía voltear bruscamente. La cara era conocida.
—¡Abuelo…! —pero no era él, su mirada era distinta y trató de huir despavorida pero Bardock no se lo permitió y forcejeó un poco hasta que él le dio un golpe en la nuca. Pan no perdió la consciencia pero había quedado tan aturdida que se dejó arrastrar por él— . Suéltame… —masculló casi sin fuerza.
Bardock gruñó como respuesta.
—No volveré…, mis padres deben entender…, yo no volveré…
—Nadie te va a devolver —le dijo con una mueca.
—Entonces suéltame —pataleó pero su bisabuelo no le hizo caso.
—Planeas ir tras la princesa, ¿no es así? —gruñó otra vez pero Pan no quiso responder—. Le dije a tu abuelo que te llevaría si me cruzaba contigo —le dijo después como si hablar le desagradara.
Una puntazada le pinchó el corazón.
—¿Qué dijeron… cuando me fui?
—Tu padre quiso venir a buscarte, tu abuela y madre lloraban —le explicó—. Goten les prometió que te encontraría y te llevaría de vuelta, y así lo acordaron.
—Pero mi abuelo…
—Me pidió que te ayudara.
Pan sonrió, él jamás la defraudaba y de su familia era el único que veía claramente sus intenciones.
—Si mi tío me encuentra…
—No lo hará, ninguno de los tres sabe viajar por los cuadrantes —explicó soltándola al fin. Era claro que Pan lo seguiría sin protestar ahora que sabía sus intenciones—. Nosotros llegaremos…, puede que ellos no. Y eso quizás sea lo mejor.
La híbrida tenía miedo de preguntar por qué pero en su corazón lo intuía.
—¿Qué pasará con ellos?
—Puede que los de la Patrulla Galáctica los atrapen, puede que otros no tan benevolentes lo hagan…, no hay manera de saber —contestó él, buscándose algo en el cinto y extrajo una pequeña cápsula bicolor. Simplemente la sostuvo bajo su puño un tiempo—. Quizás que pase lo primero sea lo mejor.
Después apretó la cápsula y la lanzó a metro y medio de donde estaban y una nube de humo los cubrió a los dos tras una pequeña explosión. Pan quiso gritar pero la calma de su bisabuelo la mandó a callar.
Ante sus ojos había una nave que había aparecido por arte de magia.
—Sube —le ordenó con la cola en el aire al trepar por la escotilla que se abría ante ellos. Pan tuvo un momento de vacilación en el que decidía si la nave era real o una ilusión. Cuando Bardock se volteó a verla con mala cara, ella se apresuró a entrar.
El guerrero se instaló en los controles sin mirarla y sintió la pequeña vibración de la nave bajo sus pies cuando se encendía.
—Hay comida atrás —masculló después—, y líquido de regeneración si lo necesitas.
Pan asintió pero no terminó por sentirse cómoda con él cerca. ¿Realmente iría a viajar junto a Bardock todo el camino hasta su planeta natal?
—¿Por qué dijiste que sería mejor que la Patrulla Galáctica los encontrara?
Bardock no respondió enseguida.
—Son mestizos de saiyan —le dijo—, en este lado del universo son el enemigo. Los cazarrecompensas los matarán sin pensarlo. Si Raditz fue cuidadoso, aún no se ha dado la alerta de que salieron de su planeta. Debemos ser rápidos antes de que se den cuenta.
Pan se sintió asustada.
—¿Me cazarían… a mí? —Bardock no respondió pero no hubo necesidad.
Nota de la autora:Hola, hola. No encontré inspiración y tampoco creo que este sea un gran capítulo, pero bueno, así es la vida. Gracias a los comentarios del capítulo anterior, espero que éste sea de su agrado. No tiene tanto Braditz pero al menos tiene un poquitín de TruMai :) Goten ¿mejor tío o mejor tío?
Quería seguir con la racha de más de 4.000 palabras pero simplemente no lo logré..., para mí este es un capítulo de transición.
No sé que más decir para rellenar, sólo que no olviden darme fanficmonedas en el botón de abajo, el que dice review, sí, ese ese. Es la paga para este trabajito jaja
RP.
