Como hasta yo me olvidé un poco de lo que pasó hasta ahora me pidieron que hiciera un resumen: Bra al fin se fugó con Raditz con la promesa de ser la reina dado que Trunks no quiso el puesto y como él estaba tan entusiasmado con Mai no pudo ver las señales que daba Bra de huir. Pan lo supo porque descubrió que Raditz rondaba mucho a Bra y como ellas tuvieron un pequeño acercamiento luego de años de roces, accedió a no contar lo que había visto. Paralelamente Pan tiene el corazón roto porque Trunks está con Mai. Cuando al fin Bra huye con Raditz, Pan confiesa ganándose el repudio de Trunks. Todos acceden que es mejor que Trunks junto a Goten vayan por Bra en la nave de Mai, Pan quiere ir también pero Trunks no se lo permite, aún muy enojado con ella. Presa de la culpa, Pan decide huir en una nave robada porque entiende que es el deseo de Bra de irse y quiere acompañarla, en cambio Trunks solo quiere que vuelva al planeta en el que viven en exilio. Bardock encuentra a Pan en el camino y la insta a ir junto a él porque se necesita maestría para irse al cuadrante de los saiyan sin encontrarse con la Patrulla Galáctica, sus enemigos naturales. Bra y Raditz comienzan un romance y son encontrados por contrabandistas que al verlo a él junto a una chica del mismo pelo y color de ojos de Bulma, adivinan que es su hija y por lo tanto una enemiga y la hieren gravemente. Raditz la sana con un líquido de regeneración y a los días recupera la fuerza para reanudar el viaje, percatándose que su sola existencia la pone en peligro.

De a poco se va descubriendo cómo Bulma se quedó voluntariamente junto a Vegeta y tuvo a sus hijos...


Hijos de la discordia


Capítulo XVIII

«Huéspedes»


Pasado


Bulma trató muchas veces de hacer funcionar el intercomunicador que ese hombrecillo le había dado, sin éxito. Fue tanto su descontento que siempre terminaba aventándolo contra una pared. La tecnología era desconocida, si es que lo era. A simple vista solamente parecía un prendedor y muchas veces pensó que había sido engañada, pero a menudo la traicionaba la esperanza de hacerlo funcionar e iba por él.

—¿Por qué me dieron esta porquería…? —murmuró mientras caminaba fuera de su habitación. Ya no le daba miedo salir de la pequeña habitación que Tarble había adaptado para ella, muy cerca de la suya, porque rara vez se encontraba con alguien. De todas maneras si oía pasos, huía de vuelta a su habitación y se encerraba, como si una puerta la fuera a salvar de una raza tan mortífera como la de sus captores—. Debería haberme ido con Kakaroto… Y con Milk —una punzada de desesperación le apuñaló el corazón cuando recordó el día que decidió quedarse atrás. Cada día que pasaba perdía un poco más la razón—. ¡Y esta estupidez no sirve de nada! —Quiso lanzar el comunicador lejos y de pronto… una ventana apareció ante ella como una gran amiga.

Miró al objeto alienígena que no respondía su llamado como le había sido prometido y quiso lanzarlo al vacío para así jamás volver a caer en la esperanza que el hombrecillo la llamara. Bulma respiró hondo y se encaramó en el alféizar para mirar hacia abajo: el palacio estaba erigido sobre la saliente de roca más alta del planeta árido y el viento afilaba la roca de manera violenta, tirando los mechones lila hacia arriba cuando se asomó por la ventana abierta.

El pelo la golpeaba como látigos enfurecidos por el vendaval y se miró la mano en la que estaba el comunicador, sobre las líneas de la mano que la habían engañado para que se quedase en ese planeta—. Por qué no me fui —se preguntó como muchas otras veces y cerró la mano enterrándose las uñas y el aparato en la palma y luego de un latido de su corazón Bulma lanzó ese comunicador en una pequeña parábola—. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Acaso tendría un novio? —sonrió sintiéndose tonta pensando en romance cuando estaba presa en un planeta cruel.

Una angustia la atacó cuando la esperanza de que la contactaran y quiso saber si el aparato había caído en una saliente de roca cercana, era una posibilidad remota y estúpida, pero se acercó al vacío sin poder detener el impulso.

Uno de sus pies se movió con una lentitud tortuosa hasta la orilla del alféizar y le dio vértigo cuando la piedra terminaba para dar paso al abismo. Unos centímetros más y el pie estaba sobre la nada y dio un pequeño grito por la impresión.

«—No quiero saltar —le respondió a lo que sea que la estaba alentando y detuvo el deslizar de su pie para dar un respiro. Sus palmas sudaban y las líneas de su destino estarían desdibujándose. A lo lejos un punto brillante la llamaba y la desesperación la engañó convenciéndola que estaba alcanzable.

El viento la aventó pero ningún grito salió de su garganta en los primeros instantes de la caída, muda por la impresión. Después de todo, su vida sí terminaría ahí…, hasta que abruptamente dejó de caer apenas comenzó a gritar.

—Si quieres quitarte la vida al menos hazlo callada —le dijo Vegeta cuando ella consiguió calmar su corazón y asegurarse de que estaba bien aferrada de él para no caer otra vez. Era como una gata asustada, subiéndose por su cuerpo masculino con tan solo estar lo más arriba posible.

—No estaba… —tartamudeó sabiendo que parecía que estaba mintiendo descaradamente. Trató de seguir el hilo de sus pensamientos pero un llanto irremediable brotó de su interior al tiempo que se abrazaba de Vegeta mientras la acercaba al alféizar y la dejaba de vuelta en el pasillo.

Bulma tanteó el suelo varias veces antes de que pudiera pararse por sí misma, todavía con el vértigo a flor de la piel, y se lanzó al pasillo sin pensárselo dos veces. La terrícola cayó al suelo dando bocanadas aterrorizadas de aire y lo miró hacia arriba: el rey la miraba parado desde el alféizar, el mentón alto y los brazos cruzados.

—Yo… —dijo ella incapaz de hilar una frase coherente.

—No me interesa —le respondió enseguida y giró la mirada hacia un lado—. Ahora vete antes de que me arrepienta de esto. —Bulma respiró hondo y se tragó una oleada de llanto hasta que le dio la espalda para dirigirse rápidamente hacia su habitación.

Él esperó a que Bulma se hubiese ido para levantar su puño a una altura a la que sus ojos divisaron a la perfección aquello que guardaba en la palma. Era pequeño y parecía un prendedor.

Bulma llegó a su habitación y cerró de un portazo, aún con el corazón en la garganta, la piel erizada y un llanto desesperado. Pero tan pronto como recuperó un ritmo más calmado de respiración comenzó a reír casi histérica. Creía recordar haber tocado a Vegeta antes pero jamás como ahora…, quizás era algún síndrome de prisionera, quizás su soledad, pero creía que su corazón latía más por emoción que por susto. ¿Estaba influenciada con lo que había visto en las líneas de su mano? Jamás había creído antes en esas mancias hasta que lo había hecho para simular ser una hechicera, recién fugada de un templo en que la tenían cautiva, ese donde había conocido a Milk.

Pero cómo conseguiría que Vegeta sintiera lo mismo por ella. Quizás ya le había llamado la atención y por eso permitía que su hermano la mantuviera en el palacio. Quizás por eso los miraba en silencio con su usual rostro impasible e iracundo.

Una chica podía soñar…

Especialmente una cautiva.


Presente


Raditz no recordaba algún viaje más placentero que aquel. No había recurrido al sueño asistido porque lo menos que deseaba era dormir si tenía a la princesa a su disposición, recién despertada en las pasiones, totalmente rendida a él. La tenía sobre su cintura, jadeando, sonrojada y adormilada. Con una de sus manos acarició su costado femenino y con la cola le hizo cosquillas en la espalda baja. Bra, todavía extasiada, tembló un poco más para el regocijo de él.

—Princesa…, alguna vez te contaron lo que sucede con esto —le comentó cuando se separaron.

—¿De qué hablas?

—Bueno, cuando un macho con una hembra…

—¡Por supuesto que sí! —Bra estaba avergonzada y un rubor traicionero se apoderó de ella—. No soy una niña pequeña —bufó mientras le daba la espalda y Raditz se acostó sobre su costado para mirarla con una carcajada en la garganta.

—Podrías quedar preñada —puntualizó Raditz por si Bra no entendía lo que le intentaba decir y otro arrebato de vergüenza la hizo erizarse.

—¡Cállate! —La verdad que no lo había pensado y aunque las chicas de su edad elegían compañero y eran madres enseguida, ella jamás se había puesto en esa situación. No habían hombres que le llamaran la atención en el planeta del Repartidor, según Pan ninguno calzaba con sus estándares reales, aunque lo decía con un tono de burla. Quizás tenía algo de razón. Aunque fuera híbrida, al ver a Raditz y a Bardock llegar al planeta, algo en su corazón había conectado más con su parte saiyan más que con la parte humana. Ahora no concebía a ningún otro más que un saiyan como su pareja.

Bra miró de reojo al hombre a su espalda y una sonrisa aleteó en sus labios. Ya no la miraba y se recostó sobre su espalda con una exhalación con los ojos cerrados, usando un antebrazo como almohada. Mordiéndose los labios para no soltar una risa se encaramó sobre su cintura otra vez y Raditz sonrió sin abrir los ojos.

—Cuéntame del planeta.

—No es la gran cosa, princesa, sólo tiene polvo y lluvia ácida. No tendrás un lago para nadar.

Bra sufrió una desilusión.

—¿Qué tiene de bueno?

—Los guerreros —dijo Raditz abriendo los ojos—. Eso es lo único que importa.

—Pero… ¿cómo es la gente? —quiso ahondar negándose a la desilusión.

—Fea —dijo divertido—, no hay sentido del humor. Los clanes se pelean seguido.

—¿Clanes?

—Antes de tener reyes, los clanes se masacraban entre sí. Es por eso que era necesario un rey. Así es como apareció tu abuelo. Al principio era el más fuerte de todos, pero no duró mucho. Para su suerte Vegeta era poderoso y no perdió el título, era natural pensar que era el heredero. Los clanes no siguen la sangre, siguen el poder.

Bra hizo una mueca angustiada, ella no tenía derecho a la sucesión si no era fuerte como Trunks. Bardock tenía razón, era él al que se tenían que llevar, ella nunca había sido parte del plan.

Raditz sonrió al notar su preocupación y le acarició toscamente una mejilla.

—Con entrenamiento te harás más fuerte, lo sé —le dijo—. Los clanes se están masacrando entre sí en este momento, es el momento perfecto para aparecer. Ya te lo dije que estamos extinguiéndonos, dependemos mucho de las incubadoras. Pero tú y tu hermano nacieron sin asistencia, todos lo saben.

Raditz puso sus manos en las caderas femeninas, a la altura del vientre, y la volteó sin mucho esfuerzo para que quedara bajo su cuerpo gigante. Los colores de la princesa se ensombrecieron y le dedicó una sonrisa tímida.

—¿Seré suficiente?

—Ya te dije que son feos —le dijo—, tú no lo eres. Al menos les llamarás la atención.

Ella sabía que eso no era suficiente pero tenía la impresión de que Raditz pensaba en su capacidad de producir descendencia fuerte aunque no se lo dijera.


Las luces de emergencia se activaron tiñendo de rojo todos los rincones de la nave, habían lanzado un ataque y los escudos de Mai no irían a soportar una segunda vez. La pareja llegó primero, Goten después, y entre gritos se explicaron lo que estaba pasando. Mai lanzó una señal de auxilio y la petición de comunicación llegó a ellos segundos después.

—Conéctense al muelle —les ordenó una voz digital—, conéctense al muelle.

Mai tomó los controles y entre maldiciones llevó su modesta nave al costado de la nave enemiga, donde un muelle se ancló en su compuerta para que ellos descendieran de ella.

—¿Quiénes son?

Mai estaba muy atónita y demoró en responder. Cuando Goten le repitió la pregunta ella atinó a tomar un arma de camino a la puerta.

—La Patrulla Galáctica —respondió con los ojos vidriosos—, o peor…

—¿Quién es peor? —quiso saber Goten enojado como lo había estado desde que Pan huyera.

—Cállate —respondió Trunks, ofuscado en partes iguales por la situación y su actitud. Pero Mai respiró hondo y les respondió a ambos.

—Su raza —les dijo a ambos.

Mai accionó de un puñetazo la pared de la puerta y la cortina metálica comenzó a levantarse tortuosamente lento. Vapor desinfectante comenzó a colarse en la nave y los cubrió como una alfombra hasta los tobillos. La humana temblaba y Trunks la miró de reojo antes de dar un paso adelante para protegerla, a lo que Mai respondió colocándose la cantonera de su arma sobre un hombro y uno de sus ojos en la mirilla para apuntar certeramente a lo que sea que apareciera detrás de la cortina. Trunks sintió la espada en su espalda, guardada en su vaina, pidiéndole que la sacara.

—¿Cómo sabemos si son buenos? —preguntó Goten ansioso, poniéndose en guardia.

—No lo sabemos —respondió Mai, colocando un dedo sobre el gatillo.

—Eso es reconfortante —masculló Goten con un atisbo de risa sobre su nerviosismo. Nunca había estado fuera de su planeta natal, de los tres solo Mai lo había hecho pero con su calidad de contrabandista huir era su mejor especialidad. La poca vida de Trunks en el planeta de su padre se sentía como un sueño que tuvo hace mucho tiempo.

Mai pestañeó tras la mirilla cuando el vapor llegó a su cara y la hizo lagrimear, y la cortina metálica estaba arriba. Una docena de hombrecillos les apuntaban con sus armas y Mai apuntó a la coraza de uno simplemente para comprobar el símbolo que lucía con la ayuda del aumento de su mirilla.

—¿Mai? —la apuró Trunks sin mirarla y ella se demoró un latido de su corazón más sólo para estar segura.

—Patrulla Galáctica —y tan pronto como lo dijo bajó su arma y levantó las manos en señal de paz, esperando que sus dos acompañantes hicieran lo mismo.

—Los tipos buenos, ¿no? —susurró Goten, levantando las manos como Mai, pero esperó a que ella se moviera para hacerlo también.

Sólo faltaba Trunks. El príncipe desenvainó la espada con la intención de dejarla en el suelo, pero un rayo lo alcanzó en la mano y lo obligó a soltarla enseguida. El sonido que hizo al caer contra el suelo de la nave fue el de metal contra metal pero Trunks no lo notó, sorprendido de lo súbito pero certero disparo.

—Venimos en paz —gritó Mai al ver que los hombres no dejaban de apuntarlos con sus armas—. Deben creernos. Sólo queremos pasar.

Goten frunció el ceño guardándose las ganas de cargar contra la patrulla y quitarles las armas, pero verse más amenazante era lo que quería evitar. En cambio comenzó a contarlos en silencio.

Terrícolas —espetó uno de ellos.

Ese color de cabello —dijo otro, moviéndose intranquilo.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó uno de los hombrecillos aunque no supieron cuál había sido. Los cascos ocultaban sus rostros.

—Sólo unos terrícolas que quieren pasar —insistió Mai, siguiendo el hilo de lo que habían dicho antes.

—¿Por qué unos terrícolas querrían pasar? Es territorio enemigo.

Debe ser él —se escuchó susurrar a uno.

Trunks supo de inmediato a quién se referían, era bastante obvio a esa altura, y caminó lentamente hacia los hombres mientras bajaba los brazos. Su cara estaba cruzada por el enojo y de pronto era la viva imagen de su padre. Las armas que antes los apuntaban a los tres por igual ahora sólo lo apuntaban a él y tanto Mai como Goten lo miraron con espanto.

—¿Qué haces? ¡Vuelve acá…!

—¡Trunks…! —Goten había cometido el error de decir el nombre pero ya no importaba, ya lo habían descubierto, y las armas comenzaron a dispararle levantando humo y viento hacia todas direcciones. Goten corrió hasta la chica cuando ésta comenzó a gritar, para protegerla de los proyectiles que rebotaban hacia ellos.

Pero los gritos de Mai no fueron los únicos. Goten también escuchó alaridos de algunos de los hombrecillos que disparaban, aterrados al comprobar que ninguno de los disparos que acertaba sobre Trunks le hacía un daño verdadero. Algunos incluso llegaron a lanzar sus armas antes de adentrarse de vuelta en su nave, presos del pánico.

La mano de Trunks apareció entre el humo y la silueta de su figura, tomó la punta del arma más cercana y como si fuera una rama delgada la partió en dos de un apretón. El hombrecillo cayó sobre sus cuartos traseros y tiró el arma destruida al suelo, sin poder pararse para huir como el resto. El heredero del planeta enemigo lo miró desde las alturas, su rostro tan duro como una piedra y el humo en suspensión borraba su figura desde la cintura para abajo. No había dudas, se veía tan aterrador como su padre.

—No es mi deseo lastimarlos —le dijo al hombre pero su mensaje no coincidía con su imagen y su voz—, sólo quiero cruzar al otro lado.

El susodicho tembló y tartamudeó un poco por lo que simplemente asintió, accediendo a su petición.

¡No puedo permitirlo! —le gritó una voz en la puerta, dándole la oportunidad al hombrecillo de huir cuando no fue el centro de atención de Trunks. Aún así, el híbrido lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, detrás de la nueva persona en escena. Era una mujer y no era alta, por lo que no resultaba ser amenazante. El que no mostrara miedo ante ellos era… ciertamente interesante.

No llevaba arma alguna y al acercársele la notó relajada, dando saltos por aquí y por allá como si fueran amigos. La chica se detuvo tan cerca de su cuerpo que fue intimidante e hizo a Trunks retroceder un tanto cuando fue incómodo.

—No puedo dejarte cruzar siendo quien eres —le dijo la mujer de ojos amarillos y piel verdosa—, tampoco puedo dejarte volver sabiendo que estás vivo y eres más que solo una historia, príncipe.

—No soy una amenaza —respondió Trunks, evidentemente enfurecido—. Prometo que no haré nada… —Pero la mujer lo interrumpió antes de que terminara de hablar con una carcajada sonora. Después le dio la espalda y se alejó un poco con sus brazos cruzados tras su espalda diminuta.

—Tú vienes con nosotros como nuestro «huésped» —dijo y cuando comprobó que no la siguió, hizo una mueca terca—, ¡está bien! Tus amigos también pueden venir.

—No iré a ningún lado —dijo el príncipe y la chica simuló una desilusión, alzó los brazos y suspiró sonoramente. Luego puso las manos en los costados de su cara y llamó a alguien.

—¡Ven aquí, mi amor!

Los tres «huéspedes» miraron hacia donde la chiquilla gritaba y escucharon unos pasos pesados acercándose por el pasillo. Mai no reaccionó hasta que vio que Goten abría los ojos del espanto y retrocedía un paso disimuladamente. La mujer no pudo recordar algo que los hubiera aterrorizado antes, ni siquiera en cuentos, y su corazón congeló toda la sangre de su cuerpo cuando vio la silueta de un hombre enorme dibujarse frente a ellos. Trunks retrocedió también queriendo coger la espada pero su mano simplemente agarró aire y se volteó para ver su arma tirada muchos metros más atrás.

—Es un… —masculló Goten en un susurro y se vio a sí mismo temblando un poco.

Mai ahogó un grito y se tapó la boca con sus manos enguantadas al ver la cintura de ese hombre gigante.

Saiyan —exhaló Trunks.


Su «anfitriona» los recibió en un salón enorme con abundante comida y bebida sobre una mesa enorme y un asiento principal también enorme. O quizás no eran tan grandes como se veían y era ella la que era demasiado pequeña para todo eso. Sólo estaban los tres huéspedes, la anfitriona y su compañero. El enorme saiyan daba la impresión que era una bomba de tiempo porque su actitud calmada no coincidía con su poder, ese que tanto Goten como Trunks habían sentido antes de que apareciera. Tanto era el miedo que tenían que ninguno de los jóvenes se atrevió a probar bocado. Aunque Goten se tentaba cada tanto por el olor de la carne cocida.

El asiento enorme, tan grande como un trono, era evidente para la bomba de tiempo, y la chica se sentaba en el espacio entre las piernas de él. Parecía que era algo que hacía siempre pero la presencia de los huéspedes lo incomodaba y para no molestarlo evitaban verlo directamente. Era ella la que conversaba por todos.

—¿No les apetece mi comida? —preguntó ofendida, aunque ninguno sabía si era una broma o lo decía enserio—, no está envenenada —les dijo sacando un trozo para ella y se lo metió en la boca. Su acompañante también comenzó a comer.

Goten apretó los labios sin quitarle la vista a los platillos frente a él y tras pensárselo un par de segundos, tiró una maldición callada y empezó a comer también. Trunks lo miró de reojo como si estuviera reprochándolo pero éste simplemente alzó los hombros con la boca llena. Lanzó una exclamación de satisfacción cuando tragó los primeros trozos.

—¡Lo ven! ¡Les dije que es apetitosa! —No lo había dicho pero su entusiasmo quizás lo había dejado en claro—. Anda, chica, come.

Mai lo hizo por obligación y comió trozos pequeños pero seguidos para simular normalidad, y Trunks la imitó pero después de probar el primer bocado, la misma fascinación de Goten lo embargó y comió tanto como quiso. Mai los miró un tanto aterrada.

—Es comida amigable con su raza, lo sé porque es la que le gusta a mi Broly —dijo entonces y le acarició una mejilla, provocándole un pequeño bochorno. Era como si fuera… tímido.

«Broly —repitió Trunks para sus adentros.

—Se preguntarán qué hace un sitio como éste en esta chica como yo —dijo y después se rió—, es decir, una chica como yo en un sitio como éste —continuó—, y con Broly a mi lado, ya saben, es un saiyan como ustedes. Bueno, ustedes dos…, medio saiyan.

—Pensé que eran de la Patrulla Galáctica —se atrevió a decir Mai, cauta con su mirada. Se aventuró a mirar la armadura de su anfitriona para comprobar que no se había equivocado de insignia. La chica verde ocultó la insignia con una mano cuando la pilló espiándola pero luego se rió, al parecer lo hacía como una broma.

—Sí lo somos —dijo tomando un poco de líquido fermentado—, este pequeño puesto de vigilancia es de la Patrulla. Somos una pequeña guarnición y como pueden ver no nos acompaña ninguno de nuestros compañeros —dijo y luego se inclinó hacia ellos como si les fuera a decir un secreto—. Le temen a Broly. —La chica volvió a inclinarse sobre su compañero—. No me creen cuando les digo que no hace nada. Pero no les gustaría estar presentes cuando se enfada —se rió—. No habla mucho, así que soy yo la que lo hace por él.

—Pensé que los saiyan eran enemigos de la Patrulla —dijo Trunks, tan serio como pudo y dejó de comer para estar atento a su respuesta.

—Y lo son —dijo e hizo una pausa para acariciarle el rostro. Broly en cambio comía con la mirada en el horizonte—. Verás, tu abuelo siempre temió a Broly porque nació mucho más poderoso que el resto, incluso que tu padre —miró a Trunks—. Lo tuvieron en el escuadrón del príncipe por un tiempo pero no le agradaba realmente. En el torneo de sucesión de Vegeta cuando el hijo de Bardock lo dejó malherido, Broly decidió irse. Tiempo después nos encontramos y estamos aquí. ¡Y ahora ustedes están aquí! —La chica se rió.

—A los huéspedes se les permite irse cuando gusten —dijo Mai con un ápice de valentía pero no tuvo la fuerza para mirarla a los ojos.

—¡Tú puedes irte cuando quieras, amiguita! —anunció con las manos juntas y después se puso seria—. Son ellos los que no se pueden ir. Las instrucciones son matar a todo saiyan, incluso a los híbridos… No a mi Broly, por supuesto —nuevamente hizo el ademán de contarles un secreto—, nadie puede contra él. —Luego recuperó su tono usual y se abrazó de su cuello—. ¿Cierto, amor mío?

Él no contestó pero la tomó del costado como una caricia tímida.

—Tengo una debilidad por ustedes —dijo tocándole la punta de la nariz a Broly sin que éste dejara de comer—. Quizás hasta los deje vivir… ¿No sería eso bueno, cariño? —le preguntó y éste le respondió por telepatía, o eso parecía—. Otras personas con quien hablar —divagó ella mirando al horizonte—. ¡Por cierto mi nombre es Cheelai!


Nota: Qué vergüenza, la última vez que actualicé fue en agosto del 2020 y ahora estamos en mayo del 2021 jaja meper? Mientras escribía mis dedos escribieron solos la aparición de Cheelai y Broly, no lo tenía planeado aunque Broly sí apareció en El Repartidor de Carne y místicamente lo hice retraído y sin ganas de pelear antes de que se estrenara la película de Broly y todo calzó mucho! Además me gusta mucho la pareja de él con Cheelai y empece un fanfic de drabbles de ellos pero como todo lo que hago lo abandoné jajajaja Disfruté mucho escribir todo menos el Braditz, lo que me parece raro porque cuando empecé esta historia sólo quería escribirlos a ellos... pero con la introducción de Mai como interés amoroso de Trunks y ahora Cheelai con Broly me parecen más entretenidos ellos, ups. Además amo mucho a Goten jaja Como me costaba unir tanto a Vegeta y Bulma simplemente me lancé a la piscina como le dicen y listo, no encuentro tanta coherencia y no sé cómo Vegeta se va a dulcificar con ella pero es problema de la yo del futuro.

Espero que lo disfruten, espero no abandonar la historia tanto tiempo más, aunque los insto a que me escriban reviews porque ayuda a mi hype por escribir jiji Also estoy intentando escribir más, 2.000+ palabras es muy indigno para capítulos, ahora fueron 4.000+ pero espero subir la cantidad en el futuro.

RP.