Primera vez que sale un capítulo dedicado completamente al pasado. Enjoy.


Hijos de la discordia


Capítulo XIV

«Manera humana»


Pasado


Vegeta movió el objeto entre sus dedos, debatiéndose entre la traición o la simple coincidencia. No podía equivocarse: lo que tenía en su mano era de la Patrulla Galáctica pero por qué lo tenía ella y por qué lo había lanzado al precipicio. La razón que le parecía más obvia era que Bulma siempre había pertenecido al bando enemigo y su presencia en el planeta era parte de un plan para llegar hasta él y el que se les hubiera acercado con tanta audacia la primera vez que se vieron para ofrecerle quiromancia era algo que no cuadraba en ella después de conocerla. Quizás hasta Tarble estuviera involucrado y eso explicaría su afán por mantenerla a su lado, dentro del palacio.

El rey apretó el prendedor de la Patrulla con fuerza, haciendo rechinar los dientes con frustración. Pero cómo había hecho para adivinar el futuro…

Nunca habría pensado que perdería en su propio torneo contra alguien tan insignificante como un simple repartidor de carne y ella se lo había dicho, y después había mencionado a su descendencia. ¿Tendría razón en eso también?

Vegeta lanzó el objeto tan fuerte que quedó incrustado en una pared y tuvo el deseo de gritar. ¿Por qué no podía simplemente matarla? No tenía que hacerlo él mismo, tenía súbditos a los que le podía ordenar hacerlo y en cambio estaba sentado en una de sus tantas habitaciones vacías pensando en cuál mujer sería la madre de su descendencia y si acaso era esa humana.

—¡Guardias! —gritó iracundo pero nadie acudió. Minutos después llegó Nappa y miró la pared agujereada sin asombro alguno—. Necesito irme —le dijo colérico—, necesito pelear.

—Prepararé las naves.

Le quedaba poca cordura y prefería desquitarse con el enemigo que con sus guardias, los últimos reportes hablaban de una natalidad muy pequeña y una mortalidad muy grande como para desperdiciar hombres. Entre más grande fuera la masacre mayor sería su alivio, pensó, y siguió a Nappa fuera de la habitación, no sin antes mirar la pared agujereada y sacar el objeto incrustado. Sería un recordatorio, se dijo, para no tentarse más con la que sería probablemente una traidora.

En el inicio del trayecto Vegeta iba detrás de Nappa pero pronto apuró el paso y el calvo dejó que el rey lo adelantara. En cambio comenzó a dar instrucciones a través de su rastreador para que les designaran un destino apropiado para la situación: un planeta densamente poblado. Sin demora los operadores respondieron y la conversación llegó a oídos del rey que escuchaba atento a lo que reportaron.

Los exploradores dieron con una señal hace dos días atrás —informó la voz al otro de la línea—, les daré las coordenadas al hangar, señor. —Hizo una pausa corta para buscar algo en el sistema—. Es una civilización altamente inteligente —añadió como si esa información le fuera interesante a Vegeta. Él simplemente puso mala cara.

—Mueren igual —le dijo a Nappa—, todos sangran.

Nappa sonrió y dio la orden. Al pasar cerca de la ventana en la que Bulma cayó al abismo, apretó la mandíbula e hizo rechinar los dientes. Si bien no se encontraba ahí, el recuerdo todavía lo tenía presente.

—Llama a Tarble —ordenó a su subordinado y la sorpresa le cruzó el rostro.

—¿Por qué…?

Vegeta sólo lo miró de mala gana y ya está, no hubo más palabras al respecto. ¿Lo quería muerto? No lo sabía, simplemente lo quería ahí, verle la expresión de horror.

—Llama a Broly también —le dijo después, a lo que Nappa le dio la negativa.

—Él se marchó —respondió un tanto incómodo y Vegeta se detuvo para mirarlo con el ceño fruncido.

—¿Cuándo? —La palabra deserción todavía no acudía a su mente. No parecía posible, Broly era el mejor guerrero que tenía en su equipo, el mejor reputado.

—Durante el torneo de sucesión —dijo Nappa sin querer mencionar ese evento desafortunado que desataba toda la ira del rey. Para sorpresa del calvo, Vegeta puso una cara pensativa y tras unos instantes reanudó su camino sin decir nada más. Era verdad, ahora que hacía memoria la última vez que lo había visto había sido un poco antes de ser humillado por Kakaroto.


Bulma volvió a la ventana un momento después y se encaramó por el alféizar cuando se aseguró que no había nadie viéndola. No era su intención volver a ponerse en peligro, tenía la remota esperanza de divisar el comunicador que había lanzado antes y del cual se arrepentía terriblemente. El objeto brillante que había visto antes de caer ya no lo encontraba por ningún lado y buscó la posición del sol con una mano sobre sus ojos para estimar qué tan distinta estaba desde entonces. Quizás los rayos del sol no caían de la manera correcta para que el destello le dijera dónde había caído.

—Diablos —masculló y trató de asomarse un poco más, pero el vértigo y la experiencia cercana a la muerte la detuvo en el acto—, mierda, mierda, mierda —dijo volviendo a su posición y retrocediendo tres pasos de manera preventiva.

Quizás una cuerda, se dijo a sí misma entre murmullos y cuando se dio la vuelta para seguir caminando se encontró de frente con él.

—¡Vegeta! —gritó pero se arrepintió en el acto. No era Vegeta, era…

—Tarble —corrigió el chico un tanto ofendido y frunció el ceño tal como lo hacía su hermano.

—Lo sé —dijo un tanto apenada—, es que son muy parecidos —mintió pero Tarble no se tranquilizó en absoluto. Sin embargo hizo como si no importara y quiso cambiar el tema.

—Me voy —le informó cuando reprimió su enfado. Quizás era algo bueno haberse enfadado, momentos atrás se encontraba temblando de miedo. Bulma cambió de la incomodidad al pánico.

—¿Por qué? ¿Dónde? —No fue capaz de preguntar si se iba con él porque no quería hacerlo realmente pero eso no debía saberlo Tarble. El chico apretó los labios con impotencia y demoró en responder.

—Creo que Vegeta ha tomado la decisión de deshacerse de mí —le confesó y un poco de desesperación se coló en sus palabras. Había comenzado a temblar otra vez pero esta vez tensó todo el cuerpo para controlarse y sólo sus manos tiritaban—. Lo lamento… Sé que te dije que estaría contigo siempre, que nunca te dejaría sola… —hizo una pausa para controlar el temblor de su voz, a Bulma le parecía que iría a llorar—. He sido llamado para irme de misión con él y Nappa —le dijo y ella se le acercó para tomarle las mejillas y obligarlo a mirarla porque era bueno para evadirla—. Va a matarme cuando lleguemos —continuó cada vez más desesperado—, así suceden estas cosas..., estos accidentes.

—Escúchame —le dijo—, puedes pelear, sabes hacerlo —pero Tarble negó con la cabeza—, ¡sí puedes!

—No soy como mi hermano, no puedo ganarle, es demasiado poderoso. —Tarble le tenía terror a Vegeta. Y ella no tenía más que decirle más que un abrazo fuerte que desató el pánico que tenía Tarble y lloró y tembló todo lo que se había negado.

Cuando llegó la hora de partir, Tarble se despidió de Bulma, se enjuagó la cara y se marchó al hangar. Lo primero que vio fue a Nappa, cruzado de brazos como si estuviera aburrido, y después divisó a su hermano, regiamente sentado sobre una mesa, jugando con algo entre los dedos. Al cruzar miradas, el mayor le sonrió aterradoramente y Tarble sintió la necesidad de darse la vuelta y salir corriendo de ahí. El príncipe apretó los puños, respiró hondo y se unió a la pareja de guerreros que lo esperaban para partir.

—¿Listo? —Tarble no supo cómo leer la pregunta de Vegeta, no sabía si se refería al viaje o a su inminente muerte. Se sentía como un animal caminando hacia el cuchillo del carnicero.

Vegeta no esperó que su hermano respondiera realmente y se incorporó para pasar a su lado. El perfume de mujer le llegó a la nariz y sufrió un disgusto horripilante. La mueca que hizo Vegeta le provocó un temblor a Tarble quien tuvo que apartar la mirada.

El rey no demoró en subirse a su nave personal y cerrar la compuerta para irse inmediatamente. Nappa lo imitó y Tarble tuvo la insidiosa idea de dejar que se fueran y no seguirlos…, pero el castigo vendría de todas maneras, no había manera de escapar y se subió a su nave en un arranque de valentía y se marchó también.


Tarble daba bocanadas de aire enormes y aún así no conseguía sentirse menos ahogado, habían llegado en las primeras horas del sol y de eso había pasado una eternidad. Al llegar Vegeta y Nappa se marcharon a la ciudad más cercana sin detenerse a esperarlo y cuando los alcanzó la matanza ya había comenzado. Ambos se reían y mataban uno a uno a todos los humanoides, atacantes o en fuga, daba igual. El príncipe solo se defendía si cargaban hacia él, era obvio que era parte de ellos por su coraza y el innegable parecido a su hermano. Al ser un blanco fácil un sinfín de seres lo atacaban y a ratos lo rodeaban y se subían a él, lo lanzaban al suelo y trataban de aplastarlo, pero todas las veces Tarble lograda subir a la superficie y matar a algunos. No tenía idea de cuántas veces iba a lograr escapar de ellos.

Todo su cuerpo le dolía y sus extremidades casi no le respondían. Un hombre se le abalanzó sorpresivamente y le agradeció que le gritara antes porque así pudo repeler el ataque. Esquivó una, dos, tres veces porque no le quedaban energías para hacer otra cosa. No podía levantar los brazos ni hacer un puño, así que esquivó y siguió esquivando mientras retrocedía. Aire, necesitaba más aire…

Un ataque pulverizó a su agresor para su sorpresa y se quedó quieto viendo el polvo que se llevaba el viento, el polvo que había sido ese hombre. Tarble trató de normalizar un poco su respiración y se dio la vuelta. Vegeta estaba atrás de él aun con la mano extendida y le sonrió un tanto. No era de felicidad, era algo venenoso.

Tarble no dijo nada, no se daban las gracias, no era su costumbre, así que sólo respiró y disfrutó ese pequeño descanso que le habían regalado.

—Estoy sorprendido —le dijo cuando bajó el brazo y comenzó a caminar hasta él—, realmente pensé que estabas muerto.

Una explosión iluminó el rostro de Vegeta y lo vió cubierto de sangre que era negra en la oscuridad de la noche.

—Por poco —respondió entre exhalaciones el menor de los dos. Vegeta sonrió una vez más y tan pronto como pestañeó, estaba sobre él. Una mano del rey le apretó el cuello al príncipe y lo alzó en el aire hasta que quedó mucho más arriba de la cabeza de Vegeta. Nuevamente a Tarble le costó respirar y arañó un poco la mano de su hermano para liberarse. Era obvio que bastaría mucho más que eso para que lo soltaran.

—Te odio —le dijo con todo el desprecio que le tenía—, desde que eras un bebé fuiste una desgracia, un ser débil. —Vegeta hizo una mueca—. Debería matarte ahora, nadie lo va a notar.

La mano de Vegeta comenzó a cerrarse sobre el cuello de Tarble y éste pataleó un poco por el dolor. Estuvo casi seguro que su hermano planeaba enterrar los dedos hasta su esófago para arrancárselo de un tirón. Tarble cerró los ojos sintiendo cómo se le iba la vida y se sacudió como pudo mientras tenía fuerza…

...pero al cabo de unos segundos eternos cayó de bruces al suelo y tosió saliva y sangre por igual. Intentó mantener los ojos abiertos pero se le cerraban sin parar y lo último que vio fueron las botas de Vegeta alejándose de su cuerpo.


Para cuando volvieron en su planeta habían transcurrido cuatro días y la matanza no había calmado el temperamento del rey que se había bajado de la nave de la misma forma arisca con la que se había subido. Nappa no le preguntó por Tarble cuando le ordenó que se marcharan y Vegeta tampoco volvió a mencionarlo, por lo que haría correr la noticia de que había muerto en la purga del planeta. La gente, sin embargo, haría correr el rumor de que había sido el rey quien había matado a su hermano, tal como había hecho con su padre.

—Vamos a una taberna —sugirió Nappa pero del rey sólo recibió una mirada de reojo sin emoción alguna—. Una buena pelea, alcohol o alguna mujer son el remedio para todo.

Pero Vegeta caminó más rápido y dio por terminado su monólogo. Sólo quería cambiarse la ropa y limpiarse la sangre y el sudor. Mientras avanzaba sacó el objeto de la Patrulla desde un bolsillo oculto de su coraza y la miró con los ojos hechos dos líneas delgadas. Había agarrado el gusto por ese objeto, lo hacía girar entre sus dedos y creía que le calmaba un tanto la ira. A veces simplemente lo miraba, daba igual.

Al pasar cerca de la ventana la curiosidad lo hizo mirar y para su sorpresa ahí estaba ella, mirando hacia abajo con la cabeza fuera del alféizar. Bulma debía estar buscando el objeto que él había recuperado al verla lanzarlo al vacío y que ahora tenía en una mano. Vegeta se echó el aparato de vuelta al bolsillo cuando Bulma volteó a verlo y se aterró de encontrarlo ahí. ¿Tarble habría vuelto también?

A veces se asombraba de que estuviera viva todavía y que tuviera la audacia de recorrer el palacio sin escolta. Su seguridad sólo la atribuía a la túnica blanca que siempre usaba, sus guerreros más simples eran seres supersticiosos y creían mucho en el poder de la luna que les brindaba más poder, por lo que lastimar a una de sus chicas era la última de sus prioridades. No era raro ver a alguna que otra sumisa, que era el nombre coloquial que les daban, andar por ahí en el planeta pero eran pocas y no acostumbraban ir solas. Las que habían por lo general eran compañeras de hombres y mujeres saiyan que les gustaban exóticas. Los híbridos con esas mujeres estaban terminantemente prohibidos.

¿Era ella la compañera de Tarble? Su hermano era tan débil que no era favorecido por las mujeres del planeta.

Vegeta quería creer en que Bulma no era más que una traidora que se había aliado a él, que venía de la Patrulla Galáctica y que por eso tenía un comunicador de sus enemigos.

Bulma se le acercó lentamente con el corazón en un hilo, él no se movió ni un ápice, simplemente la vio llegar con la cara cruzada por la desilusión.

—¿Dónde está él? —se atrevió a preguntar mas no a pronunciar el nombre de Tarble.

—No aquí —precisó él y la terrícola aguantó el llanto pensándolo muerto. Quizás lo estaba, no lo sabía realmente. Le había ordenado no volver más pero no estaba seguro de que lo escuchara, el tonto solamente tosía.

Bulma se abrazó a sí misma y se encorvó un poco para llorar sin evitarlo. ¿Por qué? Por qué lloraba por él, Vegeta no lograba comprender esas emociones.

—¿Qué será de mí ahora? —se preguntó para sí misma cuando Vegeta se dio la vuelta, listo para retirarse pero no lo hizo. Simplemente la escuchó sollozar.

—Matarte sería sencillo si tan solo fueras una tonta —le dijo sorpresivamente a él de una manera calmada pero no menos seria y Bulma se sobresaltó, no había esperado que dijera una frase más en su pequeña interacción. Había sonado casi como un halago pero la terrícola no estaba del todo convencida. Vegeta seguía dándole la espalda y parecía que esperaba una respuesta de ella, pero nada acudía a su boca.

—¿Quién eres? —le preguntó nuevamente él y giró la cabeza un poco para verla de soslayo. Era sorprendente que él quisiera hablar con ella, saber cosas de ella…

Atónita, Bulma demoró en contestar y escuchó que Vegeta chasqueaba la lengua cabreado y se disponía a retirarse, por lo que ella apuró la respuesta.

—¡Sólo soy una humana! —le dijo de un arrebato y logró que él se detuviera—. Sólo soy una humana que escapó del Templo de la Luna, sólo quería irme… Pensé que podría robarme una nave y ser libre, pero no lo logré.

—Pudiste haberte ido con Kakaroto —le recordó como siempre—, por qué no lo hiciste.

—No puedo decirlo.

Vegeta metió la mano en el bolsillo y se dio la vuelta para ponerle el objeto de la Patrulla Galáctica frente a sus ojos.

—Eres una de ellos.

Bulma abrió los ojos tanto como pudo en una expresión de horror, sabiendo que todo lo que dijera sería visto como una mentira. ¿Quién iría a creerle que se lo había dado un hombrecillo que nadie había visto?

—Eres una traidora —insistió.

—No puedo ser una traidora si nunca fui fiel a ti.

Vegeta apretó el objeto en su mano mientras apretaba los labios, exasperado por las respuestas inteligentes que siempre daba. Lo hacía sentir un estúpido.

—¿Por qué no te fuiste cuando pudiste? —volvió a decir con la mandíbula apretada y vio que ella se asustaba de nuevo.

—No… no puedo decírtelo.

—Porque es una mentira.

—¡No!

—Entonces dime, dime por qué no te fuiste.

—No soy de la Patrulla Galáctica —dijo presa de la desesperación—, quería huir hacia su cuadrante pero no soy parte de ellos. Ese objeto... , lo encontré en el palacio —su vacilación sonaba a mentira—, pensé que podría arreglarlo para llamarlos pero no pude y lo terminé lanzando por la ventana —confesó—, esta es la verdad. Lo juro. Me arrepiento de haberlo tirado tal como me arrepiento de no haberme ido con Kakaroto cuando tuve la oportunidad.

—Un hijo y una hija —le dijo con la voz contenida, recordando lo que le había dicho un tiempo atrás cuando le había ordenado adivinar su suerte y decirle dónde se había ido Kakaroto para darle caza—, eso sería mi ruina —continuó y entrecerró los ojos—, y sus ojos y cabello no serían negros como los míos —culminó sin poder quitarle la mirada al pelo lila de la chica—. ¿Acaso serán de...?

Vegeta le extendió el comunicador para que Bulma lo tomara pero ella estaba tiesa por la impresión. Ella temía que se tratara de una trampa por lo que no reaccionó.

—Si te vas serás el enemigo. —La solemnidad con la que le había hablado se volvió estúpida cuando Bulma no tomó el comunicador ni dijo algo al respecto.

—No creo que me vaya —confesó ella cuando Vegeta parecía estar perdiendo la paciencia.

Hubo un silencio.

Bulma extendió la mano hasta el comunicador pero no lo tomó, simplemente cubrió la mano de Vegeta con la suya, solo lo tocaba. Los dedos de él se cerraron sobre la mano de ella y una sensación desconocida lo inquietó. Una sensación que no había sentido con ninguna otra guerrera con la que había estado. «No serán negros como los míos» se dijo una vez más, tornando los ojos, y estando cada vez más seguro de que así sería.

Vegeta no supo si había sido él el que la había acercado o si había sido ella lo había hecho de un salto, pero tenía Bulma encima. Sus manos femeninas le habían cubierto las orejas y lo miraba con sus ojos lilas sin una gota de miedo en ellos. La terrícola lo comenzó a acariciar sin importarle que tuviera sangre seca encima, o quizás no lo sabía realmente. Sintió sus manos en los pectorales, sus costillas, en la nuca…, y luego se le colgó del cuello para que no dejara de besarla.

Sus ojos nunca dejaron de verla a la cara, a sus ojos exóticos lilas, y eso ya le parecía muy distinto a todas las veces que había tenido sexo antes. Las mujeres de su planeta simplemente se daban la vuelta y se daban placer sin verse la cara, no habían caricias ni siquiera besos. En cambio todo lo que Bulma hacía le era excitante; sus suspiros, los gestos, la forma en que lo besaba... Fue Vegeta quien acabó antes que ella pero continuó solamente para verla llegar al clímax. Nunca antes había sido su prioridad el placer de la pareja de turno y no comprendió por qué era importante ahora.

Es debía ser la manera humana.


Nota: Hola, después de horas, aquí va el siguiente capítulo que escribí en tiempo record. Quise terminar con el paralelismo del vegebul pero fue casi imposible. Creo que ya está? Ahora espero traer de vuelta a Broly y Cheelai pronto, bai.