Finalmente, Wendy había llegado al departamento que había logrado costearse. Aunque algo pequeño,era acogedor, más aún teniendo un buen calentador para ese invierno.
Dejó su bolso en el sillón y checó su teléfono móvil para ver las pocas conversaciones que tenía de vez en cuando, en las cuales esta vez destacaba un mensaje que no había visto.
"Hola"
A Wendy sé le paró el corazón. Creyó que con lo que había pasado la última vez, el entendería. Sabía claramente que necesitaba seguir adelante, olvidar el pasado, olvidarle, soltar los rencores, no derramar más lágrimas por alguien que no valía la pena. A pesar que lo había escuchado de todo el mundo, a veces creía que no era tan fuerte.
Observó la hora del mensaje.
16:44
Eso significaba que hace al menos cuatro horas no había checado su teléfono.
"Todo va a estar bien, Wendy"
Y se echó en la cama a llorar hasta quedarse dormida.
A la mañana siguiente, despertó con los párpados doliéndole. Se sentía como si hubiera tenido la peor cruda de su vida y, lo más triste es que ni siquiera se había divertido o bebido ayer como para que hubiera valido la pena.
Recordó el mensaje que había recibido y sus dedos tomaron el teléfono celular que yacía en su cama.
Dudando si desbloquearlo o irse inmediatamente a tomar una ducha, finalmente optó por hacer ambas cosas a la vez. Saco la ropa interior que se pondría esa día e ingresó la contraseña del teléfono, desplegándose inmediatamente en la aplicación de mensajes, encontrándose con uno nuevo del mismo remitente del día anterior.
"Me dijeron que no te habían visto en la escuela, pensaba regresarte...lo que todavía tengo."
Sonrió con melancolía. Se dio cuenta que hasta se había dado la delicadeza de escribir bien el mensaje: los puntos de suspenso se lo decían. No era usual en él escribir correctamente.
Abrió la llave de la ducha que daba agua caliente y se desnudó, pensando mientras lo hacia que no le importaría tener de nuevo su sudadera, audífonos, dije, cuadernos,...unas panties. Sonrojándose, dejó el aparato en el lavabo y entró a la regadera, dejando que toda el agua le borrara esos pensamientos.
Fue una de las primeras personas que conoció, a pesar de que no iban en la misma clase, cuando entró a la academia de artes en España. De hecho, lo conoció el primer día de clases, justo cuando miraba por todas partes para tratar de encontrar al menos la oficina de servicios de la escuela, pasando los ojos de aquí a allá, pensando en lo bueno que sería que la maleta que cargaba desapareciera algunos instantes y que el croquis que le habían dado, hablara por si mismo y le ofreciera un camino. Todo le resultaba tan grande, tan lleno de edificios, tan...diferente a Gravity Falls.
Estaba a punto de pedir ayuda a la primera persona con la que se topara, cuando escuchó a alguien detrás de ella:
-Hola, pareces confundida, ¿primer día?
Wendy volteó hacia donde provenía la voz y se encontró para su sorpresa, con un joven que le sonreía amablemente, y que por el acento, se notaba que tampoco era español. Llevaba puestos unos jeans oscuros y una camisa negra, cerrada solo hasta los últimos botones, donde encima de ellos descansaba un collar de metal con un dije en forma de una pequeña mano humana. Ella lo estudió en una mirada rápida y juzgando por los detalles, el buen trabajo y gusto del artesano, concluyó en que debía haber sido costoso.
-En realidad sí. Me preguntaba si sabrías donde queda esto- contestó ella enseñándole a medias el croquis.
El joven le dio una mirada rápida. -A veces, hasta para los estudiantes, el campus se torna confuso. Ven, te guiaré.-le indicó mientras tomaba la maleta de Wendy y le devolvía el papel.
Wendy se encontró algo sorprendida, no estaba acostumbrada a tanta amabilidad, ni siquiera como lo recordaba con Dipper.
En ese momento, ella estaba tan equivocada.
