Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 2: En picada
Apenas silbó el árbitro, Shadow le dio el pase a Espio y con ello inició la parte complementaria, Espio se dio un autopase para burlar a Ámbar, después con el talón le dio la posesión del balón a Steady, uno de los miembros más veteranos del equipo, quién era un oso de pelaje rojizo. Silver trató de quitarle el orbe con una barrida pero Steady lo evadió de un salto y siguió su camino hacia la portería, al encontrarse con dos defensas, controló el balón de una forma que este pasó por encima de sus cabezas, aterrizando al otro lado y siendo inmediatamente recuperado por Steady.
—¡Aquí! —dijo Shadow quién estaba también metido en el área grande del portero.
Steady ignoró a Shadow y pateó el balón, este rebotó en el poste izquierdo, haciendo que hiciera una mueca de vergüenza, aliviada por la reacción de Shadow quién se barrió hacia el balón y con el impulso de ambos pies lo dirigió hacia la portería, enviando el tiro justo al ángulo de ésta, quedando Chase imposibilitado para detenerlo. Steady fue con Shadow quien celebraba con saltos arrogantes.
—Bien hecho —le dijo Steady.
Shadow lo miró brevemente.
—No gracias a ti —dijo Shadow—. A la próxima haces lo que te diga.
Steady dejó de seguirlo y refunfuñó con disgusto.
—Lo que digas, señor entrenador. —Shadow le estaba colmando la paciencia a Steady, provocando el privado y sarcástico comentario.
Vector se levantó enfurecido de su asiento en la banca del equipo.
—¡Vamos, Silver! No te quedes ahí sin hacer nada! —exclamó Vector.
—¡No lo hago, entrenador! —replicó Silver con un notorio tono de hostilidad, Vector solo sacudió la cabeza y volvió a sentarse con los brazos cruzados.
—Aún tenemos tiempo, solo haz lo que el entrenador te dijo. —Sonic entendía lo que Vector intentaba con Tails, si querían atravesar esa defensa se requería un esfuerzo extra de su parte.
—Lo voy a intentar. —Asintió Tails y le pasó el balón a Sonic después del pitido, Sonic hizo un túnel a Shadow, manteniendo la vista en Tails quien se estaba acercando a la zona defensiva, Sonic llevó el balón a su cabeza y con ella dio un pase largo a Tails antes de que Gray pudiese arrebatárselo, Tails recibió el balón con el pie y estudió el panorama, dos defensas se le acercaron y los esquivó con su tradicional toque externo, al igual que las otras veces, evadió a Espio con un autopase y después se encontró de nuevo con aquellos dos defensas que le causaban tanto lío, se detuvo por un momento, deteniendo el balón bajo el pie, tratando de idear una manera infalible de esquivarlos, ellos eran Hide y Clyde, dos liebres quienes eran comúnmente catalogados como los mejores defensas de los Waves por los programas deportivos. El tiempo se le había agotado, Gray le arrebató el balón sin complicaciones y lo alejó de la zona de peligro. Tails quedó estupefacto ante lo que él sintió como un momento de vergüenza e incompetencia, no pudo evitar mirar a Vector, quien a su vez lo miraba a él con ojos de decepción.
El rumbo del partido se había definido con la indecisión de Tails, pases erráticos y efímera posesión eran resultado de un plan de juego rebasado por el límite del factor sorpresa y el pobre estado anímico de Tails, se le podía ver caminando en varias ocasiones, sin intenciones de robar la pelota.
Tras varios largos minutos el árbitro silbó, dando fin al encuentro. Los Waves celebraron con fraternales choques de mano y abrazos breves mientras los Red Rings caminaban hacia el túnel cansados y cabizbajos.
Los Red Rings se encontraban en el autobús que los llevaba a las instalaciones sede del equipo desde donde después partirían a sus hogares particulares. Tails estaba sentado junto a Sonic, recibiendo los regaños de Vector quien estaba parado en el pasillo entre los asientos del bus, sin importarle lo tambaleante del trayecto.
—Tails, te lo dije en los vestidores, te lo dije en la cancha y te lo digo ahora, ¿qué rayos te pasó? —dijo Vector.
Tails estaba distante, mirando los rascacielos por la ventana.
—Perdón —respondió Tails monótonamente.
Vector bajó la mirada y se tapó medio rostro con su roja gorra.
—Eso no basta, Tails. —Vector lo miró directamente de nueva cuenta—. Mírame y escúchame —ordenó Vector, sin obtener reacción alguna—. Tails!
Tails jadeó por el agresivo tono de Vector y lo obedeció inmediatamente. —Sí —dijo Tails, casi en silencio.
Vector suspiro y chasqueó los dedos, asintiendo mientras lo miraba.
—A partir de mañana entrenas conmigo, tú solo, sin el grupo —dijo Vector, apuntándole.
—Pero, por…—Tails no pudo completar su replica.
—No te estoy preguntando, chico —sentenció Vector, después miró a Silver quien estaba sentado un par de filas detrás de la de Tails y Sonic—. Silver, quiero más constancia, ¡te rindes muy rápido! Quiero más barridas, más llegadas, más presión! —exclamó Vector, golpeando la palma de su mano con el puño tras cada oración.
Silver asintió, poniendo una mirada de promesa.
—Sí, entrenador —contestó Silver.
—Muy bien. —Vector se sentó en su asiento sin decir más.
Sonic notó que Tails estaba molesto, usualmente ambos charlaban todo el camino después de los partidos pero esta vez el silencio era abrumador.
—Oye —dijo Sonic, tratando de obtener la atención de su amigo, quién lo volteó a ver vacilantemente—. No estará tan mal, lo está haciendo por ti.
Tails negó con la cabeza.
—El no entiende nada, era imposible pasar a esos dos —respondió Tails—. A todo esto, ¿Cuál es el punto de separarme de ustedes si no jugaremos contra los Waves hasta dentro de un montón de tiempo? Me has visto con los demás equipos, puedo con sus defensas. —Tails procuraba modular el tono de su voz para evitar que Vector lo escuchase.
Sonic soltó una sutil risita.
—Solo quiere que superes eso, no creo que tenga otra razón —argumentó Sonic—. Tranquilo.
Tails suspiró y apoyó la cabeza en la ventana, mirando el cambiante panorama.
—Ya no sé nada —dijo Tails, terminando la breve charla.
Llegó el autobús al estacionamiento del Red Rings Center, el lugar donde se realizaban los entrenamientos qué también contaba con diversas áreas recreativas como de servicios varios. Bajaron todos del autobús, algunos se despidieron y fueron a sus vehículos particulares para emprender el camino a sus hogares, otros se dirigieron al complejo para realizar otras actividades, incluyendo a Sonic y a Knuckles, quienes se volvieron y vieron a Tails caminando hacia la acera afuera del lugar.
—¿Qué, no vienes? —preguntó Knuckles, hablando lo suficientemente fuerte para que Tails lo escuchara.
Tails se giró y negó con la cabeza.
—Gracias, chicos, pero la verdad estoy muy cansado —respondió Tails.
—¿Quieres que te llevemos? —ofertó Sonic.
—Gracias, Sonic, pero le pedí a Blaze que viniera por mí. —Tails tenía como vecina a Blaze, una gata que conoció apenas se mudó, eran muy buenos amigos y tenía la confianza de pedirle ese favor, aunque fuese a altas horas de la noche.
Sonic asintió.
—Muy bien —expresó Sonic—. Bueno, te veo mañana. —Él y Knuckles se despidieron con un gesto y ambos retomaron su caminar hacia el centro, Tails continuó caminando hacia la acera para esperar a Blaze.
Tails pisaba impacientemente pues Blaze ya se estaba tardando más de veinte minutos, no era de esos que exigía perfecta puntualidad pero lo que había dicho no era mentira, estaba agotado, física y mentalmente, el día no le había sentado bien. Suspiró con alivio de pronto al ver a Blaze llegar con su auto púrpura, bajando la ventana del lado del copiloto.
—¡Lo siento, de verdad, me quedé dormida y vine lo más rápido que pude! —Blaze tenía el pelaje de su rostro parcialmente aplanado gracias a la inesperada siesta que había mencionado, usaba un pants, del mismo color que su auto, un fuerte y oscuro púrpura. Tails asintió, aceptando la disculpa y abrió la puerta del auto, se sentó junto a Blaze y volvió a cerrarla.
—No te preocupes —dijo Tails—. De verdad te agradezco que hagas esto por mí. —Tails soltó un suspiro de cansancio—. Solo quiero llegar a casa.
Blaze aceleró suavemente, alejándose poco a poco de las afueras del recinto.
—Lo hago con gusto. —Blaze lo miró por un segundo, sonriéndole, después volvió a mirarlo con ojos de extrañeza, pues notó que algo no andaba bien—. ¿Pasó algo? —preguntó Blaze.
—No —contestó Tails, bostezando con desamparo—. Todo bien.
Blaze sacudió la cabeza.
—Sé cuando me mientes, Tails. —Blaze frenó ante el semáforo rojo—. Dime, ¿qué tienes?
Tails no pudo elaborar excusa alguna.
—Es solo que… —Tails mantuvo la mirada baja—. Tal vez no sea tan bueno después de todo.
Blaze lo miró con pasmo y soltó una amistosa risa.
—¿Qué, en el futbol? —Blaze miró al frente pues el semáforo se había puesto en verde—. Te he visto jugar, ni en un millón de años lograría hacer lo que tú haces.
—Hubiéramos ganado de no ser por mí —dijo Tails.
—Vamos —expresó Blaze—. Eso no lo sabes.
—Sí lo sé, no pude seguir una simple instrucción —argumentó Tails, sacudiendo la cabeza y alzando la vista—. No sé que hacer.
Blaze suspiró mientras giraba a la derecha.
—Mira, hoy solo fue un día, mañana va a ser diferente y después también. —Blaze lo miró brevemente—. No quiero verte así, Tails.
Habían llegado a la entrada de la casa de Tails, una moderna y acogedora vivienda de un solo piso, con un jardín frontal y otro trasero, en una amplia zona residencial.
—Muchas gracias. —Tails se despidió de ella con un beso en la mejilla y se bajó del automóvil.
—Cuando quieras. —Blaze le sonrío—. Si necesitas algo, no dudes en llamarme.
Tails asintió y fabricó la mejor sonrisa que pudo.
—Gracias, Blaze. —Tails cerró la puerta del auto y empezó a dirigirse a la puerta de su hogar, Blaze se quedó allí por un breve momento, luego aceleró y se fue del lugar.
Mientras tanto, en una de las áreas recreativas del Red Rings Center, se encontraban Sonic y Knuckles, pasándose un balón evitando que este cayera al suelo, dicha área estaba bajo techo y era iluminada por encandilantes luces blancas que se perdían en las paredes del mismo tono.
—Esa sí que fue una falla —bromeó Knuckles, refiriéndose al fallido intento de Sonic de meter gol con la cabeza en el partido—. Yo pude haber concluido eso con los ojos vendados.
—Se vale soñar, amigo —replicó Sonic, después jadeó al casi dejar el balón caer, apenas lo salvó con la punta del pie.
Knuckles esperó a que el balón llegase a él y lo pateó con la parte interna.
—Pobre Tails, ahora sí que lo regañaron —dijo Knuckles.
—Se puso muy mal —respondió Sonic—. A ver que tal le va mañana.
Knuckles soltó una risita.
—No creo que venga siquiera. —Golpeó Knuckles el balón con la rodilla.
—Solo tuvo un mal juego —opinó Sonic—. Se podría decir que yo también.
—El tuyo no fue malo, ¡fue malísimo! —Knuckles cabeceó el balón.
—Dejémoslo ahí —advirtió Sonic—. Hay que hablar con él mañana.
—Pues tú, si quieres —dijo Knuckles, quién detuvo el balón con el pie y después lo envió a sus manos—. Buena práctica. —Knuckles se dirigió a la salida, que estaba atrás de Sonic, dejó caer el balón y este rebotó en el piso un par de veces, resonando por el eco—. Nos vemos mañana. —Abrió la puerta de cristal y después salió del lugar.
Sonic se quedó estático por un momento, después pateó el balón, enviándolo a la pared, este rebotó y Sonic lo volvió a patear cuando iba de regreso. Permaneció así varios minutos, pateando el balón y pensando en lo sucedido con Tails, sabía que tenía que hablar más del tema con él, debía de apoyarlo y no dejarlo solo, siempre habían sido como hermanos.
