Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 3: Cálido y frío viento
Tails yacía recostado en la cama de su habitación, las paredes estaban tapizadas con futbolísticos y coloridos pósteres, en una esquina había un escritorio viejo de madera y sobre este una laptop, el piso estaba alfombrado con un tono grisáceo y hogareño, repentinos objetos como discos de música y cajas vacías estaban esparcidos por todo el suelo.
Él tenía su uniforme color vino aún puesto, no se había quitado los tenis siquiera, solo miraba al techo, con su enfoque perdido en los inexistentes patrones del concreto, el sueño no le llegaría pronto y él lo sabía, así que tomó su celular del buró a su derecha y empezó a buscar el contacto de Blaze, hacía varias horas que se habían visto, pero estaba aburrido y necesitaba hablar con alguien. Presionó el botón de llamar y esperó.
Después de unos segundos, la llamada fue contestada y se escuchó un gran bostezo.
—¿Sí? —dijo Blaze con somnolencia.
Tails agarró valor para empezar la conversación.
—Este, hola, Blaze. —Tails ya se estaba arrepintiendo de haberle hablado a esas horas de la madrugada, pero ya era tarde, en múltiples sentidos—. Bueno, yo solo quería hablar un rato contigo, no de lo que hablamos en el auto, tan solo, no sé, ¿qué hiciste hoy?
Blaze tardó un poco en responder pues trataba de asimilar la pregunta, no le fue difícil descubrir el por qué, su amigo quería olvidarse de todo por un momento, olvidarse de su propia vida, solo por un segundo. Ella hizo lo mejor que pudo para narrarle su jornada.
—Pues, me levanté como a las seis de la mañana, pero solo para tomar agua y después volví a dormirme. —Blaze pensó que su mañana no le iba ser tan interesante así que optó por comenzar desde otro punto—. Después fui al supermercado y tuve algo así como una pelea, fue por una oferta que no era la gran cosa, la verdad, pero oye, estaba en mi derecho, ¿no? Tal vez exageré un poco con mi escándalo, muchas veces u…
Tails puso el brazo bajo la almohada y adoptó una postura de descanso plácido, escuchando su voz como si de una canción de cuna se tratase.
La mañana siguiente, Sonic había madrugado y llegado antes al Red Rings Center, tenía mucho tiempo que matar así que se dispuso a dar una vuelta por diversas áreas del complejo, salvo el departamento de comunicación, pues allí había una chica que estaba loca por él, lo demostraba sutilmente, pero lo suficientemente claro como para enfadar a Sonic, su nombre era Amy Rose, una eriza de pelaje rosado a quién siempre se le veía con un elegante traje color rojo, era una persona importante en ese departamento a pesar de su joven edad, que era prácticamente la misma que Sonic.
Caminaba por el pasillo de la zona comercial, productos alusivos al equipo y sus colores se mostraban detrás de las vitrinas de las múltiples tiendas, era como un pequeño centro comercial, solo observaba y caminaba, sin prisas ni ajetreos, de pronto, sintió una mano en su hombro y jadeó de susto, mirando atrás y descubriendo quién lo había asustado de dicha manera.
—Oh, Amy…—Sonic se rascó la nuca, tratando de desviar la mirada y esconder su frustración—. No te había visto. —Sonic río leve y fingidamente—. Me asustaste un poco.
Las mejillas de Amy se enrojecieron, incluso ella sabía que podía resultarle molesta al jugador estrella del equipo, pero ello no le impedía nada.
—Perdón —dijo Amy tras una risa de vergüenza—. Es que, bueno, no sabía que decir o como saludarte así que solo, este, pues quería hablarte. —Amy se frotaba las manos con nerviosismo.
—¿Hablarme? ¿De qué? —Sonic pensó varias veces en solo irse y dejar la charla por la paz, pero sabía que no era lo correcto.
—Pues, no sé. —Amy apretó su propia mano, castigándose por tan pobre respuesta—. ¿Qué tal tu juego? Bueno, lo vi, qué mala pata.
—Sí… —Sonic bajó un poco la mirada—. Fue algo, decepcionante, ¿sabes?
—Pero seguro el siguiente lo ganan —dijo Amy con optimismo—. Es decir, te tienen a ti, eres muy bueno.
Sonic sonrió agradecido.
—Más o menos, ya sabes, trabajo es trabajo —dijo Sonic.
—Y que lo digas, no sé como hago para pasar ocho horas frente a una pantalla. —Amy bajó la mirada, desviándola y cerrando sus ojos, barriendo el piso con la suela de su zapato—. Aunque, pensándolo bien, no está tan mal.
¿Por? —preguntó Sonic.
—Bueno. —Amy soltó una risita—. Trabajo mucho con tu imagen, publicidad, marketing, esas cosas —respondió Amy—. ¿Qué más podría pedir? —Lo miró con valentía.
Sonic se sonrojó.
—Oh, okey —dijo Sonic mientras trataba de idear una escapatoria—. Pues me encantaría seguir charlando y todo pero debo ir a revisar, este, el césped. —De inmediato se reprochó a sí mismo en su mente.
Amy arqueó una ceja, extrañada, sospechó que se trataba de una coartada, pero le dio el beneficio de la duda, como siempre lo hacía.
—Está bien —dijo Amy—. Nos vemos luego, entonces. —Se le acercó y le dio un beso en la mejilla, luego se apartó de él y se giró para tomar otro camino. Viéndola irse desde lo lejos, Sonic se quedó parado en el mismo lugar, lleno de dudas y especulaciones.
Tails había optado por usar el transporte público, no quiso pedirle a Blaze que lo llevara al centro ya que creía que la había molestado lo suficiente con la larga charla telefónica que le pidió en la madrugada. El autobús demostraba haber vivido mejores años por su moribunda apariencia y los asientos estaban llenos, así que Tails se sostenía con la ayuda de un tubo superior, tan solo esperando la llegada a su cotidiano destino. La gente en el autobús lo reconocía y lo miraba raro, no les parecía común ver a alguien famoso paseándose en autobús, Tails era más ordinario de lo que todos creían, tenía el dinero para adquirir autos de lujo, pero simplemente decidió emplearlo en otras cosas, beneficencia, por ejemplo, cuestión que no muchos de sus compañeros de equipo sabían, no le gustaba andarle contando eso a la gente.
—Wow —dijo un hombre que subió al autobús y lo reconoció, un viejo topo de baja estatura, usaba un chaleco café y pantalones color beige, como también una boina del mismo color. El hombre se le acercó a Tails, lo miró fijo por un segundo.
Tails le sonrió con esfuerzo, tratando de parecer alegre y lleno de amabilidad.
—Buen día —dijo Tails solemnemente.
El viejo topo no dio la respuesta esperada.
—Entonces, ¿es verdad? —inquirió el topo.
Tails arqueó una ceja.
—¿A qué se refiere? —preguntó Tails, intrigado y confundido.
—¿Te despidieron? —El topo hizo un gesto de lástima.
Tails forzó una sonrisa, no se sintió mal por el comentario, en realidad no tenía idea de como sentirse.
—No —respondió Tails, simple y llanamente—. Aún no.
El topo asintió con cierta duda, después vio que uno de los asientos de adelante se había desocupado.
—Disculpe —dijo el viejo tras un tosido—. Ha sido un placer conocerle. —Se fue sin más a sentar en el asiento recién abandonado.
Tails suspiró y sacudió levemente la cabeza, bajando la mirada.
—Ánimo —se dijo Tails a sí mismo, cosa que hacía regularmente para desviarse de sus angustias.
Mientras tanto, Sonic y Knuckles se encontraban realizando estiramientos en el campo de entrenamiento, una cancha cercada con metros y metros de malla ciclónica.
—¿Qué te dije? —Knuckles sostenía su propia mano detrás de la espalda, parte del ejercicio que realizaba.
Sonic arqueó una ceja y lo miró perplejo.
—¿De qué? —preguntó Sonic.
—No ha llegado, Tails —respondió Knuckles—. Seguro hoy faltará.
Sonic comprendía que Tails acostumbraba llegar temprano a los entrenamientos, incluso antes que él, pero su ausencia no le sugería lo que Knuckles estaba suponiendo, en lo absoluto.
—Solo se le hizo tarde. —Sonic empezó a realizar el ejercicio que Knuckles estaba haciendo—. Seguro llega en un rato.
—¿Que pasó? —saludó Silver, llegando de improviso y uniéndose a los estiramientos.
Knuckles rió sutilmente.
—¿Ves? —le dijo a Sonic—. Hasta Silver llegó antes.
Silver lo volteó a ver mientras movía el pie de arriba abajo.
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió Silver—. Todavía no llegan los demás, ni el entrenador —alegó Silver, le costaba mucho levantarse temprano y no quería que nadie menospreciara tal hazaña.
—Si llegas después de nosotros… —dijo Knuckles, refiriéndose a él y a Sonic—. Llegas tarde.
Silver sacudió la cabeza y prosiguió con su ejercicio.
—Como digan —concluyó Silver.
Sonic decidió iniciar otra conversación.
—¿Qué clase de ejercicios creen que Vector ponga a hacer a Tails? —Sonic compartía con los demás la intriga de saber qué estrategias usaba Vector con los jugadores que aislaba, pues de hecho era la primera vez que eso ocurría.
—Ni me lo digas —dijo Silver—. Seguro hará lo mismo conmigo.
Knuckles rió, más descaradamente que la vez anterior.
—Le tienes miedo, ¿verdad? —preguntó Knuckles burlonamente.
—¿Cómo crees? —replicó Silver—. Yo solo lo respeto, pero aún así no quiero acabar como Tails.
—¿Acabar como o qué? —inquirió Sonic—. Ni que lo hubieran suspendido.
—No pero ha de ser bien aburrido estar entrenando así nada más, con Vector, que flojera —opinó Silver.
—A lo mejor es algo intensivo. —Knuckles fue y se sentó en una de las sillas plegables que se encontraban detrás de ellos—. Imagínense que surta efecto.
—¿Qué surta efecto? —Sonic dejó de calentar y se fue a sentar al lado de Knuckles—. Tails es bueno, solo requiere pulir algunas cosas.
—Tal vez pero sigo creyendo que Tails está muy verde. —Knuckles se arrepentiría de inmediato de lo que dijo pues Tails llegó justo en ese momento.
—Buenos días. —Tails ignoró el comentario de Knuckles, pero si le dolió un poco, y más viniendo de su amigo.
—Qué tal, Tails —dijo Silver.
Sonic se levantó de su silla y se acercó a su amigo. Ambos chocaron manos.
—Ya nos estábamos preocupando —habló Sonic por todos.
—Sí, lo noté —contestó Tails con cierta hostilidad, después empezó a realizar los estiramientos.
Knuckles se levantó de su asiento, haciendo una mueca de vergüenza.
—Oye, Tails. —Knuckles se le acercó—. Perdón si… —Fue interrumpido casi al instante.
—Está bien —dijo Tails secamente, concentrado en sus estiramientos. Knuckles solo se quedó callado y luego volvió a sentarse.
—Muy bien, muchachos —dijo Vector al llegar de repente—. Ya saben, cinco vueltas a la cancha y un partido, gol gana, después se reúnen conmigo y les diré que harán.
Tails sintió una especie de alivio, pensó que tal vez Vector había reconsiderado su decisión y le permitiría continuar con el entrenamiento regular, pero antes de que siquiera pudiera dar un paso para dar inicio al trote, Vector lo miró y caminó hacia él.
—Tú vienes conmigo. —Vector apuntó hacia los edificios que conformaban las áreas recreativas.
Tails gruñó de una manera casi imperceptible.
—Okey —dijo Tails, siguiendo al entrenador a dicho lugar, desilusionado y agobiado.
Ámbar y Chase llegaron junto con otros jugadores, y al ver que Vector no los había visto llegar tarde se apresuraron a reunirse con los demás en su continuo y arduo trotar.
—Oigan, ¿pasó lista? —preguntó Ámbar al integrarse.
—No —respondió Silver.
Chase hizo un gesto de celebración.
—Qué bien. —Chase podía correr y hablar al mismo tiempo sin generarse los cotidianos dolores que ello provoca, ni el frío de la mañana diezmaba dicha habilidad—. Ojalá siga así toda la semana, sirve que me levanto más tarde.
—Gracias, Tails —dijo Ámbar, haciendo una breve pantomima de reverencia mientras corría.
—Chicos —dijo Sonic—. Ya déjenlo.
—¿Qué? —replicó Chase—. Ni que estuviera aquí.
—No importa. —Sonic comenzaba a molestarse, dándoles a ambos miradas de advertencia.
Silver se rió ante la discusión que estaba surgiendo.
—Tranquilos, no ha empezado el partido y ya están peleando —dijo Silver, provocando las risas de algunos.
—No, si no es pelea —aclaró Sonic—. Solo digo que no hay por qué atacarnos entre nosotros.
Ámbar arqueó una ceja, con una tenue indignación.
—¿Cual ataque? —inquirió Ámbar defensivamente—. Si hasta le agradecí, compañero. —La conversación se tensaba cada vez más.
—Ya, ahí déjenlo —propuso Knuckles que no soportaba escuchar a nadie discutir, al menos no durante un entrenamiento, ello le generaba jaqueca y lo ponía de mal humor, cuestión que por supuesto él conocía.
—Sí, ya párenle —opinó Silver.
Sonic refunfuñó sutilmente y dejó de hablar al igual que Chase y Ámbar, todos entendieron que el embrollo se estaba volviendo demasiado grande.
