Sonic: Estrellas del futbol
Capítulo 5: Vivencias de ocio
Tails regresó a su casa agotado y lleno de desilusión, a pesar de las explicaciones de Vector, esos sentimientos seguían causándole problemas. Llegó a la acogedora sala de estar, una gran ventana iluminaba el área, la luz era difuminada por la traslúcida cortina de tela color beige, el piso allí era de madera, había una pequeña mesa frente al televisor de fines de siglo, un viejo sofá grisáceo antecedía ambas cosas.
Tails se tumbó en el sofá, suspiró con descanso, esperando probables largas horas de sueño informal, su deseo no se cumplió ya que el teléfono empezó a sonar, gruñó con enfado y se levantó del sofá, con un poco de modorra que ya le había llegado, caminó hacia el teléfono que estaba sobre la barra que daba a la cocina y lo tomó, quitándolo de su base de carga, ya que este era un teléfono inalámbrico. Presionó el verde botón de responder y se puso el teléfono junto a la oreja.
—¿Bueno? —dijo Tails, quien trató de ocultar la molestia de responder con un tono fabricado de concordia.
—Hola, soy Blaze. —Escuchar la voz de su amiga lo reanimó de pronto—. Te vi llegar, pensé que salías hasta más tarde, y pues quería saber si estaba todo en orden.
—Oh, hola —contestó Tails—. Estoy bien, fue tan solo, diferente esta vez , ya sabes.
—Ya veo. —Blaze no comprendió del todo lo que Tails estaba diciendo—. Bueno, estaba viendo si, pues, querías que nos viéramos o algo, algo así como el centro comercial o que sé yo.
A Tails le extrañó un poco la invitación de Blaze, nunca habían hecho algo similar.
—Este… —Tails iba a responder afirmativamente, solo sintió un desconocido bloqueo—. Okey, sí, está bien. —Se preguntó a si mismo por qué había respondido tan extrañamente.
—¿Te parece bien, no sé, la Plaza Seaside? —preguntó Blaze.
Tails había oído de aquel sitio, por lo que la idea le sonó agradable.
—Claro —dijo Tails—. Entonces, ¿vienes por mí o te veo allá? — A él le daba un poco de vergüenza pedir aventones, le hacia sentir dependiente de alguna forma.
—No, yo voy por ti —aclaró Blaze—. Espérame quince, ¿de acuerdo?
—Okey, nos vemos entonces. —Tails colgó el teléfono, aún estando consternado, no acostumbraba salir con nadie que no fuera alguno de sus amigos, estaba acostumbrado a salir en grupo a ver partidos de soccer en bares deportivos, pero esto se sentía para él particularmente distinto.
Tails había cambiado su oficial atuendo por algo más casual y citadino, una playera polo negra y un par de pantalones de mezclilla. Se dejó puestos los tenis de futbol y salió de la casa, sentándose en el par de escalones que daban a la puerta principal, en espera de su amiga.
Blaze llegó en su auto unos cinco minutos después de lo que habían pactado, bajó la ventana y saludó a Tails, quien se levantó del escalón y caminó hacia el automóvil, abrió la puerta y se sentó al lado de ella.
—Hola. —La saludó Tails con el mismo amistoso beso de siempre y cerró la puerta.
—Hola, ¿cómo estas? —Blaze aceleró en camino al comercial destino.
—Mejor —dijo Tails, pero recordó que ella era buena para detectar mentiras—. Bueno, bien, solamente bien. —Una mentira disminuida.
—Me alegra —dijo Blaze—. ¿Qué tal te fue hoy en el centro? Usualmente llegas mucho más tarde —preguntó.
—Bueno, el entrenador me dijo que ya podía irme —respondió Tails—. Después de esa paliza, ni que hubiese tenido otra opción.
—Oh, entonces no estás bien —dijo Blaze afirmando, ya sabía que no estaba siendo honesto.
Tails suspiró y solo se rió levemente.
—No sé, es decir, me golpeé la cabeza y ando todo adolorido —explicó Tails—. Pero el entrenador me dio una gorra.
—¿Una gorra? —inquirió Blaze en automático.
—Sí, supongo que fue una lección o algo —dijo Tails—. Me golpearon varias veces pero creo que es lo que él quería.
Blaze ensanchó la mirada y vio a Tails preocupada por un breve segundo antes de volver a poner la vista al frente, manteniendo su cara de preocupación.
—O sea, ¿te golpearon? ¿Quiénes? —A Blaze le preocupaba realmente que Tails estuviese sufriendo cualquier tipo de violencia, no lo veía como alguien débil, tan solo ello le preocupaba constantemente.
—Oh… —Tails rió—. No, unas máquinas de entrenamiento, debía esquivarlas pero no pude.
Blaze soltó un suspiro de alivio.
—Tails, no me des esos sustos —dijo Blaze—. Ya quería ir a darle una lección a todos.
Tails se rió de nueva cuenta.
—Gracias, en serio, pero me llevo bien con mi equipo —contestó Tails.
—Menos mal —dijo Blaze—. Pero si algún día alguien te hace pleito, mejor que no esté yo ahí por que no sé que iría a hacer.
Tails sonrió y emitió una breve risita, después decidió cambiar de tema.
—¿Y…qué tal el trabajo? —preguntó Tails.
—Poco a poco —respondió Blaze, ella trabajaba en una agencia de viajes como secretaria—. Es aburrido pero, mientras me paguen… —concluyó Blaze.
Tails asintió, queriendo saber más de su labor.
—¿Y qué haces allí? —preguntó Tails.
—Nada interesante, casi siempre estoy respondiendo llamadas, me hacen mil preguntas de los viajes, que si el avión, que si esto, lo otro. —Blaze sacudió la cabeza y suspiró—. Sí, así son mis días.
—Al menos no te golpean en la cabeza —bromeó Tails.
Blaze hizo una mueca de acuerdo.
—Es cierto —dijo Blaze tras reír un poco—. Pero, sabes, estoy agradecida por tenerlo, tú deberías estarlo más por lo que tienes.
—Sí lo estoy, es solo que a veces es muy duro —explicó Tails—. Me exige mucho y me estoy cansando.
—Todo requiere entrega, Tails —dijo Blaze—. Deberías saberlo, todos deberían saberlo.
Sonic se encontraba sentado en una de las redondas mesas de la cafetería del Red Rings Center, tenía un estilo industrial, paredes de ladrillo pintadas de gris, las tuberías de arriba se veían pero su homogéneo color las hacia ver bien, había camisetas firmadas enmarcadas en las paredes y cuadros grandes con las figuras históricas del equipo, uno que otro con mensajes relacionados a la comida o al café. Sonic comía un muffin de chocolate que había comprado, se supone que se lo tenían prohibido pero hacia caso omiso a las instrucciones de los costosos nutriólogos del club. Disfrutaba de su momento de soledad cuando de pronto sintió como si le estrujasen el estómago, pues vio a Amy Rose entrar a la cafetería, consideró huir sigilosamente pero ya era imposible porque Amy lo vio apenas llegó, con esa sonrisa que solo a él le mostraba, exagerada y marcada, cerrando sus ojos brevemente.
—¡Sonic, hola! —dijo Amy efusivamente, acercándose a su mesa sin demora y sentándose frente suyo.
—Oh, ¿qué tal, Amy? —Sonic sabía que estaba acorralado.
Amy arqueó una ceja.
—¿No deberías estar entrenando? —preguntó Amy.
—Bueno, se supone —respondió Sonic—. Pero el entrenador nos dejó salir antes. —Creyó que la conversación seguiría de inmediato, pero no fue así, un silencio extraño se había hecho presente, lo cual Sonic empezaba a detestar, así que decidió superarlo con una trivialidad—. Este… —Sonic tomó el muffin y lo alzó levemente frente a ella—. ¿Quieres un poco?
Los ojos de Amy mostraron un brillo que Sonic no había visto antes.
—¿E…En serio? —Amy soltó una risita—. Tal vez un bocado. —Tomó el muffin y le dio una mordida, manteniendo la mirada en él. Sonic no podía dejar de ver sus ojos, de principio para no parecer grosero o indiferente, pero luego tan solo se hizo costumbre, en un parpadeo.
Amy terminó de degustar la humilde muestra que había tomado del postre de Sonic.
—Está rico —expresó Amy, sonriéndole gratamente—. Gracias.
Sonic le sonrió de vuelta, de momento sin saber la autenticidad de dicho gesto.
—No hay de qué —respondió Sonic.
Amy lo miraba con detenimiento, notaba que se mostraba continuamente disperso.
—¿Te pasa algo? —preguntó Amy, preocupada.
Sonic seguía pensando en lo sucedido con Ámbar, se llevaba bien con él regularmente, no eran los mejores amigos pero sin duda le tenía estima, pero sentía que eso no volvería jamás.
—Estoy bien —contestó Sonic—. Cosas de futbol.
Amy rió y sin previo aviso tomó la mano de Sonic sobre la mesa.
—Bueno, yo sé un par de cosas sobre eso —dijo Amy, sonrojada por su acto de valentía.
Sonic se encontraba con las mejillas aún más enrojecidas, inseguro de lo que sentía.
—Este, pues algo como una pelea, no sé. —Sonic se preguntaba por qué de pronto se expresaba tan erráticamente—. Mañana veré que hacer.
—¿Una pelea? —Amy desvió un poco la mirada para tratar de pensar en un consejo—. ¿Cómo fue?
Sonic sacudió la cabeza y decidió mirar a la ventana.
—Fue algo tonto, nada más —respondió Sonic—. Ya lo resolveré.
Amy entendió que no quería hablar del tema, pensó que Sonic deseaba estar solo, pero estaba decidida a dejar una puerta abierta a otra ocasión y tiempo.
—Pues, tan solo, reflexiónalo y si quieres hablar luego… —Sonic dijo algo completamente inesperado.
—Espera —dijo Sonic—. Yo… —suspiró y sacudió la cabeza de nueva cuenta, emitió un tenue gruñido de desespero, dejando la frase inconclusa.
Amy apretó su mano gentilmente, lo miró con compasión, supo que su suposición no había sido del todo precisa, si bien Sonic no quería hablar, tampoco deseaba estar solo.
