Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 6: Nuevos panoramas
Silver, Ámbar y Knuckles estaban en un bar deportivo en la Plaza Seaside, pues habían decidido salir a comer algo después del breve y extraño día de entrenamiento, estaban sentados a la mesa en una de las áreas del lugar con asientos acolchados bajo la luz de un foco colgante.
—¿Qué tal están las alitas? —Ámbar se rascaba la barbilla tratando de decidirse por uno de los numerosos pero modestos platillos mientras leía las opciones en el menú plastificado.
—No sé, buena pregunta —dijo Knuckles entre espaciadas y tenues risas—. Siempre bebo dos cervezas, ni más ni menos, no conozco lo que sirven aquí.
—Yo solo vengo a acompañarlos —dijo Silver.
Ámbar arqueó una ceja y los miró con bromista desilusión.
—¿Apoco me dejarán solo? Coman, chicos, para eso estamos aquí. —Ámbar volvió a dirigir su mirada al menú.
Knuckles hizo muecas de duda al revisar el menú que sostenía.
—Bueno, a lo mejor me caería bien una hamburguesa. —Knuckles asintió ante su propia elección—. Sí, eso será.
—¿Tú, Silver? —insistió Ámbar.
Silver negó con la cabeza.
—Estoy bien. —Silver se rascaba el brazo mientras miraba perdidamente el suelo de madera—. No tengo hambre.
Knuckles y Ámbar se miraron preguntándose que estaba ocurriéndole a Silver, estaba callado, algo completamente opuesto a como solía actuar, pero con un alzamiento de hombros olvidaron el asunto.
—Pues yo pediré alitas —declaró Ámbar, dejando el menú sobre la mesa y mirando casualmente a la ventana, sus ojos se ensancharon y se rió con sorpresa.
—Oye, Knuckles —dijo Ámbar en un tono de susurro, apuntando hacia la ventana—. Mira, rápido.
Knuckles volteó a ver la ventana y vio a Tails caminando junto a Blaze en el pasillo afuera del establecimiento.
—Guau, eso si no lo hubiera imaginado —dijo Knuckles—. ¿Crees que sea su novia?
—No sé, creo que la he visto antes —respondió Ambar.
—A veces viene por él y lo trae. —Silver decidió unirse a la conversación para no parecer un fantasma.
—Oh, entonces es como su mamá o algo así. —El comentario de Ámbar hizo que Silver riera un poco.
—Quien sabe. —Knuckles trató de cerrar abruptamente la conversación—. ¿Y a que hora llegarán a atendernos? —Pareció como si Knuckles hubiese llamado directamente al mesero que llegó a la mesa, con su teléfono inteligente listo para tomar órdenes.
—¿Qué tal? Buenas noches —dijo el tigre, quién vestía un uniforme negro alusivo al baloncesto, con el logo del bar y promociones impresas—. ¿Qué van a pedir?
—Ya era tiempo —dijo Ámbar, recibiendo miradas de advertencia de sus amigos y una de vergüenza del mesero.
—Discúlpelo. —Knuckles miró su menú para confirmar lo que iba a pedir—. Te encargo una cerveza y una hamburguesa, por favor.
—Yo quiero unas alitas —exigió Ámbar.
—¿Usted? —El mesero miró a Silver.
—Oh, yo estoy bien, gracias —respondió Silver en automático.
—Muy bien, entonces unas alitas, una hamburguesa y una cerveza, ¿es correcto? —preguntó el mesero, Knuckles asintió y con ello fue suficiente para que el mesero se fuese a pedir las órdenes a la cocina.
Ámbar suspiró y se recargó en el respaldo del asiento.
—Qué día, un regaño del entrenador y una patada de Sonic —expresó Ámbar—. A ver que pasa mañana.
—Bueno… —Knuckles estaba del lado de Sonic, por supuesto—. Lo provocaste bastante, para serte honesto.
Ámbar rió y sacudió la cabeza, negando con el dedo.
—No, él trae algo contra mí —dijo Ámbar—. Nunca se enoja tan rápido.
—Pues estabas insultando a su mejor amigo, que digo amigo, su hermano. —Knuckles sabía que ambos eran como familia—. La verdad, eso hiciste.
—No empieces. —Ámbar comenzó a inquietarse—. Ya ahí dejémoslo, comamos a gusto —dijo conclusivamente.
Knuckles suspiró y desvió la mirada.
—Ustedes verán, entonces. —Knuckles empezó a mover el pie a ritmo de la rockera música que sonaba en el fondo, pues sentía que la conversación necesitaba sanar un poco.
Ámbar solo sacudió la cabeza, luego miró a Silver y de nueva cuenta se extrañó por su silencio.
—Hombre, ¿estás bien? —Ámbar notaba el movimiento ansioso que Silver hacía con sus dedos índice y pulgar, como si estuviese prendiendo un encendedor.
—Todo bien, todo bien —respondió Silver, fingiendo una pobre sonrisa—. Creo que estoy cansado.
Ámbar soltó una risa.
—¿Cansado, pero de qué? Hoy no hicimos nada —argumentó Ámbar.
—No sé. —Silver descansó su cabeza sobre su mano hecha puño.
Ámbar decidió dejarlo en paz.
—De acuerdo, pues. —Ámbar miró a Knuckles y trató de reavivar la conversación que se había perdido.
—Y, ¿contra quién vamos la siguiente semana? —preguntó Ámbar casualmente.
—Creo que contra los de Lost Jungle. —Knuckles estaba en lo cierto, pero no recordaba el nombre del equipo.
—Sí, los Trees de Lost Jungle —confirmó Silver, respondiendo casi dormido.
—Muy bien. —Ámbar se tronó los dedos—. Esto me huele a goliza.
—Ojalá, después de perder contra los Waves, nos hace falta un poco de ánimo —dijo Knuckles asintiendo—. Pero el calor va a estar fatal allá. —Lost Jungle era un distrito que le hacía enorme honor a su nombre, palmeras y troncos formaban caminos y rutas cubiertos de vegetación que cubría el ardiente sol y protegía humildemente de las intensas lluvias. Era lo cotidiano en aquel lugar de aspecto salvaje.
—Como ir de vacaciones, amigo mío —dijo Ámbar, ensanchó de repente los ojos al ver que llegaba el mesero con su comida—. Oh, ¡qué bien!
Knuckles y Silver voltearon y efectivamente sus órdenes estaban ya a unos cuantos metros.
Mientras tanto, Tails buscaba con la mirada algún lugar interesante para comer con Blaze.
—Y, ¿Qué te gustaría? —preguntó Tails.
Blaze veía las opciones al frente y a los costados mientras caminaban.
—Como que tengo ganas de un pastel o algo así. —Blaze lo miró—. ¿Tú no?
Tails soltó una risita.
—¿Ya estás pensando en el postre? —inquirió Tails, con un breve estudio de los restaurantes que pasaban a su lado, descubrió una cafetería de aspecto moderno, lámparas led iluminaban el interior y exterior del lugar, el suelo era de mármol y había barras laterales de cristal oscuro donde se sentaba la clientela a degustar sus alimentos y bebidas.
Tails arqueó una ceja y detuvo su andar seguido por ella, rascándose la barbilla.
—¿Chao Café? Suena bien —opinó Tails, apuntó a un artístico cuadro que se veía desde afuera del local, una fotografía en blanco y negro de un esponjoso pastel de chocolate—. Creo que es lo que buscamos.
Blaze asintió, sonriendo por la atención de Tails.
—Me convenciste. —Blaze entró a la cafetería, Tails entró posteriormente. Ambos se postraron frente a la barra principal, leyendo el menú que estaba en el monitor colgante arriba de la empleada encargada, una loba de pelaje azulado que usaba un uniforme color negro con un mandil blanco del mismo color y una gorra con la combinación de ambos colores.
—¡Hola, bienvenidos a Chao Café, ¿en que podemos servirles? —dijo la empleada.
Tails pensó que el saludo había sido uno demasiado cortés y efusivo para la ocasión.
—Hola —dijo Tails, estudiando el menú cuidadosamente, alzando el dedo índice, indicando que había encontrado algo apetitoso—. Yo pediré una crepa de carnes frías, señorita.
—Muy bien. —La empleada envió la orden desde su computadora táctil, luego miró a Blaze—. ¿Y para usted?
Blaze arqueó una ceja mientras analizaba las opciones en la extensa sección de postres, por momentos parecía decidida pero de inmediato reconsideraba. Después de un exhaustivo y meticuloso debate en su propia mente, tomó su decisión.
—Le pido un pastel de chocolate con helado, por favor —pidió Blaze.
La empleada asintió y presionó la opción en su pantalla, después les dio una amable mirada.
—En seguida están, amigos —dijo amistosamente.
Tails y Blaze asintieron para agradecer y se fueron a sentar a la barra de la izquierda, al fondo que topaba con la ventana que daba hacia el pasillo.
—Pues, a esperar —dijo Tails, previendo un silencio creciente.
—Sí —respondió Blaze, teniendo la misma suspicacia que su amigo.
Tails trataba de idear un tema que no fuese de futbol, pensaba en películas, libros, jardinería incluso, pero no encontraba un tema que garantizara una conversación que perdurase, sintió un alivio cuando Blaze logró conseguir lo que él no pudo.
—Y, ¿conoces mucha gente, ya sabes, en tu medio? —Claro que era un tema de futbol, pero él no tenía nada mejor que ofrecer para la charla.
—No sé, a veces nos reunimos con todo el equipo, no solo con mis compañeros, va el presidente, los dueños del club y todo el staff —respondió Tails—. Son fiestas tranquilas pero ayudan a distraernos.
Blaze asintió, mirando después a la superficie vacía del cristal.
—Seguro hay muchas chicas tras de ti —comentó Blaze, sonrojándose por la pregunta.
Tails se rascó la nuca mientras trataba de formular su respuesta.
—Hay algunas, pero, casi todas me hablan solo para llegar a Sonic. —Tails se rió sutilmente—. Creo que no tengo ese tipo de chispa, ¿sabes?
Blaze le sonrió con gran estima.
—La tienes, Tails —respondió Blaze—. Al menos para mí.
—Oh. —Tails puso sus manos sobre la mesa, tratando de hacer una especie de barrera inconsciente entre ellos—. Qué bien. —Su corazón le imploraba dar el grito de verdad que había estado dormido hasta esos momentos, pero el miedo era mayor. Nuevamente, Blaze haría lo que el no había podido concretar.
—Nunca había hecho esto. —Blaze mantuvo su mirada en la oscuridad de la barra, cubriendo parcialmente su rostro con la mano.
—¿Qué? —inquirió Tails, impaciente.
Blaze sacudió la cabeza, con la mirada aún distante.
—Esto de salir por salir —explicó Blaze—. Tal vez cuando niña con mis padres pero…—Soltó una risita y empezó a frotarse el brazo, con las mejillas enrojecidas—. Nunca con nadie más.
Tails arqueó una ceja, siempre la había imaginado como el tipo de persona que sale todos los viernes a celebrar y olvidarse de las labores con docenas de amigos.
—No sales mucho, entonces —respondió Tails, secamente, sin esconder su extrañeza.
—A veces ni salgo de mi cuarto, bueno, llevo así varios años. —Blaze suspiró—. Mi día es oficina, casa, oficina, casa…—Tomó su mano sin previo aviso—. Pero, creo que sé por qué sobrevivo.
Después de un interno acto de valentía, Tails imitó el gesto, cuestionándose si su interpretación era correcta.
—Bueno, puede ser que al final del día valores tu trabajo, lo que tienes, como me has dicho antes. —Trató Tails de asegurarse de no malentender nada de lo que ella decía, cuestión que le sería revelada en unos imprevisibles instantes, ella se había acercado a su rostro, lo suficientemente cerca como para que Tails supiera que hacer, se inclinó y aún con duda e inseguridad, besó a quién hasta ese momento había sido su mejor amiga, momentos gratos y complicados convergían para convertirse en un sólido porvenir, sus corazones bailaban con dicha y sus ojos cerrados estaban, pues el ayer se transformaba en un bello y esperado futuro que como un sueño vívido y brillante compartían en sus pensamientos.
El día se había esfumado, Silver se encontraba en su departamento, uno de tantos en un gigantesca torre a unas cuadras del Red Rings Center. Estaba en la cocina, con las manos apoyadas en la mesa de granito que contenía la estufa y el fregadero, inhalaba y exhalaba duramente, apretando las manos contra el granito, casi queriéndolo traspasar, luego caminó hacia una de las puertas de las repisas donde guardaba los platos, los vasos y las tazas. Se puso levemente de puntas para alcanzar la perilla, abrió la pequeña puerta y con la mano empezó a buscar entre la vajilla. Después de la difícil pero breve búsqueda, encontró lo que tanto quería, una lata de metal, simple y cilíndrica, pero esta tenía una tapa de seguridad, la cual abrió fácilmente. Con unos pequeños golpes en la palma de su mano, una redonda y dorada pastilla salió de la lata, Silver dejó la lata en la barra y se dirigió al refrigerador, no tardó mucho en elegir una bebida, un cartón de jugo medio abierto, cerró el refrigerador y miró la pastilla con duda, pero al final decidió tomársela bebiendo directo del cartón del jugo de naranja.
Tenía Silver las manos sobre la cabeza, jadeaba por los grandes dolores que estaba sintiendo, sus latidos iban como un violento rayo y el sueño no volvería esa noche, ocasionalmente golpeaba el piso de su habitación, trataba de distraerse del dolor pensando en las grandes hazañas que sus compañeros y contrincantes solo tendrían en sueños, Vector lo notaría y se sentiría orgulloso, ello era lo que Silver se repetía continuamente, cuando los dolores y la culpa le daban permiso.
10:31; Sonic
Hola
10:32; Amy
Hola ;)
10:32; Sonic
Te desperté o algo? O_o
10:33; Amy
No jaja ntp, no puedo dormir
10:34; Sonic
Y eso?
10:34; Amy
No sé la vd, tanto que hacer y pensar -_-
10:35; Sonic
Jaja
10:35; Sonic
La verdad yo tmb estoy igual
10:36; Amy
Uy, muy mal, siendo un deportista ;)
10:37; Sonic
Sip jaja, que se le ha de hacer?
10:38; Amy
Pues sí
10:43; Sonic
Oye, me la pasé muy bien hoy, me ayudaste a olvidar un poco ese asunto con Ámbar
10:44; Amy
Oh sí, no te preocupes, cuando quieras hablar ya sabes ;)
10:44; Sonic
Gracias.
10:47; Sonic
Y mañana a que hora entras?
10:48; Amy
Uf, a las 6 –_-
10:49; Sonic
No inventes! ¿Tan temprano?
10:52; Amy
Si…
10:55; Sonic
Al menos sé a que hora encontrarte ;)
10:56; Amy
Jaja de acuerdo, para empezar bien el día o qué? :b
10:56; Sonic
Claro que sí jajaja
10:57; Amy
Jaja bueno, te veré mañana entonces
