Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 8: Día sin balón
Tails no había logrado conciliar el sueño durante toda la noche anterior a aquella mañana de sábado, si el desvelo hubiese sido entre semana hubiera tenido graves problemas en los entrenamientos, pero ese día y el domingo eran días de descanso para los Red Rings, a menos que hubiese un partido programado, pero este no era el caso. Su mirada estaba enfocada y a la vez perdida en la pantalla de su teléfono sobre el buró, de vez en cuando y con brutal esfuerzo lo levantaba para ver la hora, cuestión que volvió a hacer y al ver que ya marcaba las once de la mañana, lo tomó, se levantó y se quedó sentado un rato en la orilla de la cama, con el rostro tendido en las manos, el frío de la cristalina pantalla del teléfono rosando su mejilla, luego se puso de pie y buscó el contacto de Blaze, lo seleccionó y de inmediato puso el celular junto a su oreja con la esperanza de obtener una respuesta, esperanza que se cumplió finalmente, para el gran alivio de Tails.
—¿Amor? —respondió Blaze, somnolienta.
Tails suspiró reconfortado.
—Que bueno que estás bien —dijo Tails—. Me tenías muy preocupado.
A través de la bocina del teléfono, se escuchó un suspiro de pena por parte de Blaze.
—Sí vi tus llamadas —respondió Blaze—. Lo siento mucho si te angustié.
—Pero claro que me angustiaste. —Tails adoptó un tono más serio—. Incluso fui a tu casa y no respondiste a la puerta.
—Escuché el timbre, pero no pude ir a abrirte —contestó Blaze—. Creo que solo, bueno, no quería ver a nadie, no fue nada personal.
Tails arqueó una ceja.
—Pero, ¿estás bien? —inquirió Tails.
—Sí, pues, tan solo… —Blaze trató de ocultarlo, pero su voz comenzaba a romperse—. No, la verdad no lo estoy.
—¿Qué pasa? —Tails pensaba en fatales y terribles respuestas.
—Han sido… —Se escuchaban sollozos tenues entre las palabras de Blaze—. Días muy difíciles para mí.
Tails asintió con la mirada seria, sabiendo lo que debía hacer.
—¿Quieres que hablemos? —preguntó Tails, Blaze se demoró un momento en responder, y Tails no iba a tomar un no por respuesta.
—No lo sé. —Blaze no pudo contener el llanto que soltó fuertemente después de esas palabras.
Tails jadeó al escuchar los desgarradores sollozos de su novia.
—Amor, en un rato te veo en tu casa, ¿okay? —Esta vez Tails decidió no darle opción.
—Okay. —Apenas pudo expresar Blaze su contestación entre las lágrimas y los sollozos—. ¿En quince está bien? —Por fin ella entendió que necesitaba de alguien, más en esos duros momentos por los que estaba pasando.
—Bien, amor —dijo Tails—. Tranquila, pronto estaré allí. —Tails colgó el teléfono y lo puso en el buró contrario que estaba a su lado, después se recargó en la pared con la mano, sentía que su estomago estaba siendo estrujado, no soportó escucharla llorar, la amargura de su voz y la fuerza de sus sollozos nubló su ánimo como si de una tormenta se tratase.
Sin desayuno alguno, Tails salió de su casa, habiéndose cambiado para ir a ver a su novia, pues había dormido con el uniforme puesto. Iba con unos jeans y una playera negra, con un par de tenis blancos también. Caminó deprisa a la casa de Blaze, llegando pronto a donde el timbre se encontraba, lo presionó y esperó impaciente y preocupado a que Blaze llegase y abriera la puerta. No pasó demasiado tiempo antes de que Blaze acudiera.
—Hola. —Fingió Blaze una seca sonrisa al recibirlo, con la puerta abierta a medias—. Pasa —dijo tras un breve momento de duda, abrió la puerta completamente para que Tails entrara.
Tails entró a la casa y después Blaze cerró la puerta.
—¿Trabajarás hoy? —preguntó Tails al ver a Blaze usando el vestido negro que siempre llevaba a su empleo, acompañado de una formal camisa blanca, solo que no usaba sus típicos tacones púrpura, sino que estaba descalza.
Blaze negó con la cabeza, emitiendo una triste risita.
—No, tan solo estoy dormida desde ayer en la tarde. —Blaze bajó la cabeza—. Perdón por no ir por ti, simplemente no pude.
—Descuida. —Tails puso una mano sobre su hombro—. Lo entiendo.
—No creo que puedas entender lo que estoy viviendo. —Los párpados de Blaze se humedecieron—. No creo que nadie lo haga.
—Si me explicas… —Tails acarició su mejilla—. Tal vez pueda.
Blaze tomó su mano y lo miró, reflexionando sobre la explicación que él le pedía.
—Está bien —dijo Blaze—. ¿Gustas comer algo?
—Estoy bien, gracias. —Tails se negó a la cortés oferta, pero su estómago se lo reclamaba a gritos.
Blaze asintió.
—Okay. —Ella seguía tomando su mano, así lo llevó hasta su cuarto por el estrecho corredor, algunas obras de arte estaban colgadas en las paredes y el corredor era iluminado por el tragaluz que estaba encima de este. La puerta del cuarto de Blaze estaba abierta, la habitación era un total desastre, como Tails pudo notar al ver la cantidad de ropa que había en el suelo y los papeles, vasos y platos sucios que estaban por todas partes, en los burós, algunos en las estanterías y otros en el suelo. Blaze estaba realmente apenada—. Perdón por el desorden.
—No te preocupes —dijo Tails, tratando de pisar con cuidado mientras entraba al cuarto seguido de ella, luego Blaze se sentó en la orilla de la cama, destendida, desde luego. Tails se sentó a su lado. Él seguía tomando su mano—. Dime, ¿qué pasa?
—No sé por donde empezar. —La mirada de Blaze yacía en las manos de ambos—. Déjame pensar un poco. —Respiró profundamente y después de un momento breve suspiró.
—Tranquila. —Tails le rodeó los hombros con el brazo y volvió a tomar su mano.
Finalmente Blaze se sintió lista para hablar.
—Hace dos días, en la noche, mi jefe me habló por teléfono. —Una lágrima escapó del ojo de Blaze—. Yo estaba emocionada, muy emocionada, hace un mes me había hablado de un aumento y pues, yo creí… —Se limpió la lágrima con el brazo—. Yo creí que esta vez todo mejoraría por fin. —Ella recostó la cabeza en el hombro de su novio—. Y en vez de eso… —Su voz se rompía hasta un punto insostenible—. Me despidió. —El llanto volvió a llegar como una avalancha de tristeza y desespero, Tails trataba de consolarla dándole leves palmadas en el hombro, apoyó su cabeza en la de ella y después le dio un beso entre las felinas orejas, pero ella seguía llorando amargamente.
—Son cosas que pasan, amor —dijo Tails—. Hay más empleos por ahí, y te apoyaré en todo lo que pueda.
Blaze negó con la cabeza.
—No encontraré otro. —Su triste voz y sus profundos sollozos quebrantaban el corazón de Tails, ella se sentía en un abismo, un punto sin retorno—. Se acabó. —Sus llantos se amargaron aún más.
Tails reflexionó mucho antes de decir lo que tenía en mente, pero al final supo que debía hacerlo.
—No quiero ofenderte, Blaze —dijo Tails, desviando la mirada al suelo lleno de ropa y platos sucios—. Pero creo que estás así desde antes de esa llamada.
Blaze no se ofendió para nada, como Tails temía, sino que aceptó lo que él sospechaba.
—No tienes idea de cuanto tiempo he estado en este embrollo. —Blaze cambió de un llanto de tristeza a uno de enojo—. ¡Y nada me sirve! Médico tras médico, ¡sigo estando en el suelo! —Nuevamente, el llanto fue de tristeza, fuerte y abrupto—. Tengo depresión, Tails, y lo lamento.
—¿Qué lamentas? —Tails se mantenía cerca de ella—. No es tu culpa.
—Debería estar feliz, tú sabes, estando contigo, eres amable y dulce, y yo, bueno, solo mira este desastre. —Blaze no paraba de llorar.
Tails la hizo mirarlo moviendo su cabeza gentilmente con ambas manos, luego se le acercó y la besó, después volvió a mirarla.
—Te diré que haremos. —Tails le sonreía cálida y comprensivamente—. Te encontraré un empleo en el Red Rings Center, seguro te contratan.
—No podría aceptarlo —dijo Blaze, con la voz más calmada, pero aún con continuos sollozos—. Sentiría como si te estuviera usando, y no quiero ser esa chica para ti.
—¿Usando? —Tails arqueó una ceja—. Amor, yo estoy aquí para apoyarte, de eso se trata todo esto, ¿entiendes?
—Sí pero, es que no estoy segura —contestó Blaze—. Esto es muy fuerte, Tails, cada día, tan solo el poder ponerme de pie…me es muy difícil.
—Pero al final lo logras. —Tails limpió una de sus lágrimas con la mano—. ¿O no?
Blaze bajó la mirada.
—Pues sí, pero… —Blaze fue interrumpida por el beso que Tails le dio.
—Eso es todo lo que quería escuchar. —Tails la abrazó, y ella a él también—. Estarás bien, amor, el lunes iremos juntos, te encontraremos un trabajo y así siempre me tendrás cerca, para todo lo que necesites, ¿de acuerdo?
Blaze empezó a sollozar de nuevo, más tarde rompió el llanto, pero este fue un llanto de agradecimiento y dicha.
Silver estaba en su departamento, acababa de desayunar y estaba sentado a la mesa, mirando la taza de café que tenía al frente, y al lado de esta había una pastilla como la que se había tomado anteriormente. Usaba un pants color negro y una gorra del mismo color, se había planteado salir a hacer ejercicio ese día, y la duda lo acorralaba, no sobre salir, sino en cuanto a tomar la pastilla o no. Nerviosamente se frotaba las manos y varias veces intentó simplemente levantarse de la silla, pero no podía, sentía que debía tomarla. Poco a poco fue acercando su mano a la pastilla, dudando mientras lo hacía, hasta que finalmente agarró la taza y con ayuda del café se la tomó. Se levantó Silver de la silla para dirigirse a la puerta principal del apartamento, después salió de este, en camino a las actividades que se había propuesto.
Justo al otro lado de la calle frente a la torre de apartamentos, había un enorme parque, Silver no se molestó siquiera en calentar antes de empezar a correr en la pista de atletismo que rodeaba el parque. Rebasaba a todos los que también se encontraban corriendo en ese mismo trayecto, generando en ellos asombro y molestia a la vez, Silver se dio cuenta de esto y sonreía ante su condición mejorada, sabía que el mundo lo notaría y alcanzaría nuevas metas en el equipo, fantaseaba con entrevistas, reportajes e incluso con jugosos fichajes, emitía risas de orgullo mientras seguía corriendo sin parar, sus piernas no se cansaban y su respiración seguía fluyendo sin dolores en los costados, ya le había dado toda una vuelta al parque y no paró para iniciar con la segunda, seguía y seguía, de repente sintió que su nariz se humedeció, luego al sentir un goteo vio como las gotas de sangre se mezclaban con la arcilla de la pista, después no fueron gotas sino auténticas cascadas que salían de sus poros nasales.
Entonces Silver dejó de correr y se apartó de la pista, la mujer que iba detrás de él lo miró consternada al ver su ropa ensangrentada y la sangre que seguía fluyendo.
—Oye amigo, ¿estás bien? —dijo la echidna de pelaje anaranjado que se detuvo frente a él—. Creo que no estás bien.
—No es nada. —Silver alzó la vista hacia el cielo mientras trataba de sorber con la nariz para detener la hemorragia.
La echidna jadeó.
—¡Espera! —Ella salió también de la pista y se le acercó, bajando su cabeza con ambas manos—. No debes hacer eso, déjame ayudarte. —Ella empezó a sacar algo del bolsillo de su pantalón.
Mientras Silver se cubría la nariz con la mano, que estaba llenándose de sangre, la veía con ojos perdidos. Usaba un pantalón deportivo color negro, muy parecido al que él estaba usando, y portaba una playera sin mangas color azul cielo.
—Creo que ya estoy bien, dejará de sangrar en un momento —expresó Silver, hablando lo mejor que pudo, pues su voz se escuchaba un tanto gangosa.
—Dejará de sangrar si te ayudo. —Ella había sacado un pañuelo que hacía juego con su pantalón—. Siéntate en aquella banca. —Apuntó hacia la banca de madera que estaba bajo un árbol no muy lejos de ellos, él solo acató la orden y fue y se sentó en la banca. Mientras tanto, la echidna fue al bebedero que estaba al otro lado de la pista de correr, este estaba instalado y construido sobre piedra tallada, una piedra amarillenta, entonces presionó el botón de este y con el agua que brotó empapó el pañuelo por completo.
Después de haber mojado el pañuelo, ella fue con Silver, quien seguía sentado en la banca, reposando su cabeza en el respaldo. Él alzó un poco la vista al oírla venir.
—¿Qué vas a… —Silver jadeó un poco cuando la chica le colocó el pañuelo sobre la frente, pues estaba muy frío.
—Sube la cabeza —dijo la echidna, Silver simplemente obedeció—. Esperemos unos minutos. —Ella se sentó a su lado.
Silver pensaba demasiado si hablarle o no, se preguntaba si agradecerle después o durante aquel tratamiento, trivialidades así pasaban por su mente, hasta que simplemente preguntó cualquier cosa.
—Y, ¿qué es lo que me pusiste? —inquirió Silver.
—Mi pañuelo —dijo la chica—. Una toalla funcionaría mejor pero bueno, es lo que había.
Silver arqueó una ceja.
—¿No lo habías usado ya, o sí? —preguntó Silver, un tanto en broma y en serio.
La chica solo emitió una risa breve.
—No responderé esa pregunta, amigo. —Ella lo volteó a ver—. Por cierto, soy Tikal.
—Un gusto —respondió él—. Me llamo Silver.
Tikal se tornó reflexiva, rascando su barbilla mientras deducía el familiar nombre.
—Silver… —Ensanchó Tikal los ojos al recordar donde había escuchado ese nombre antes—. ¿Acaso no jugabas en los Red Rings?
Silver asintió y sonrió.
—Juego. —Silver empezaba a sentirse mejor y su nariz estaba dejando de gotear—. Sí, juego en los Red Rings.
—Oh, qué bien. —Tikal se sentía un poco rara al descubrir que estaba conociendo y ayudando a un jugador famoso—. Y, ¿vienes mucho al parque?
—Algunas veces, solo para despejarme un poco —respondió Silver—. Pero es la primera vez que te veo por aquí.
—Bueno, me necesitabas, tal vez sea por eso —expresó Tikal—. Déjame ver. —Tikal se puso de pie, se le acercó y quitó el pañuelo de su frente al ver que el sangrado había parado, limpió con este su nariz y hocico ensangrentados, luego lo volvió a guardar en su bolsillo—. Bueno, ahora ya estás bien. —Tikal le brindó una amistosa sonrisa.
Silver suspiró y se levantó poco a poco, mirando hacia los lados y arriba y abajo.
—Pues, oficialmente me has salvado —dijo Silver sonriéndole de igual manera.
Tikal se rió entre dientes.
—No ha sido nada. —Hubo un silenció que se sintió eterno después de la modesta respuesta de Tikal, a lo cual Silver decidió poner fin.
—Y, ¿no tirarás esa cosa? —inquirió Silver, refiriéndose al pañuelo.
—¿Bromeas? Podría valer mucho dinero algún día. —Tikal bromeó y con ello rieron juntos.
—Eso es cierto —dijo Silver—. Quien sabe, tal vez tenga precio la próxima semana.
Tikal arqueó una ceja.
—¿Por? —preguntó Tikal, inclinando un poco la cabeza.
Silver rió arrogantemente.
—A decir verdad, he estado entrenando mucho —explicó Silver—. Ya lo verás.
—No veo mucho soccer, pero por ti, puedo hacer una excepción. —Tikal se sonrojo un poco.
A Silver igualmente se le enrojecieron las mejillas.
—Muy bien. —Silver se frotó la nuca, pues realmente sentía que le faltaban las palabras con solo mirarla—. Pues… —Extendió su mano para despedirse—. Muchas gracias por la ayuda, no sé que habría hecho sin ti.
Tikal rió entre dientes.
—No es nada, en serio. —Ella miró su mano brevemente antes de volver a mirarlo a los ojos—. Y, ¿no pedirás mi número?
Silver se sonrojó aún más mientras emitía sutiles risas nerviosas mientras se rascaba la nuca.
—Pues, sí, ¿no? —Silver sacó su celular del bolsillo de su pants, luego lo encendió y abrió la aplicación para registrar el contacto. Asintió ante la pantalla y con ello Tikal empezó a dictarle el número. Silver lo registró y después guardó su celular—. Listo.
—Bien, entonces. —Esta vez Tikal fue quien extendió la mano para despedirse—. Supongo que te veré en la tele.
Silver estrechó su mano y ambos se dieron un beso en la mejilla.
—De acuerdo —dijo Silver—. Estaré recordándotelo todos los días. —Él finalmente empezó a alejarse de ella, volteando ocasionalmente para mirarla y sonreírle.
Sonic estaba en su habitación, un cuarto minimalista en el que solo tenía lo necesario, una cama, un buró a su derecha, un armario y un televisor, pues para él eso era indispensable. Las paredes eran todas blancas al igual que el techo, el mobiliario también era de aquel color, incluso el televisor. Sonic estaba sentado en la orilla de la cama que veía hacia la ventana, mirando el contacto de Amy en la pantalla de su celular, dudando de si llamarla o no llamarla, él tenía la intención de ir al Red Rings Center ese día, pero no como jugador, sino como cliente, a la zona comercial, por ello usaba una playera tipo polo color verde oscuro y un par de jeans, el plan era ir a comprarle una playera a Amy para el partido.
Sonic suspiró y después tomo aire, luego exhaló
—Bien, tu puedes, solo invítala y se acabó —se dijo a si mismo en un tono de murmuro. Finalmente tocó el botón de llamar y colocó su celular a un lado de su oreja, esperó unos segundos muy breves hasta que Amy respondió. Las orejas de Sonic se movieron un poco al oír su voz.
—¡Hola! —dijo Amy desde el otro lado de la línea.
—Qué tal —respondió Sonic, queriendo llegar al grano cuanto antes—. Amy, no sé si tengas algo que hacer hoy pero me pregun…
Amy lo interrumpió.
—Oh no, no de hecho no tengo nada planeado. —Amy se apenó un poco por haberlo interrumpido tan abruptamente, riendo sin más remedio—. Perdón, te interrumpí.
Sonic se rió entre dientes, comprensiva y afablemente.
—Está bien —prosiguió Sonic—. Quería saber si querías ir hoy al Red Rings Center.
—¿Al trabajo? —inquirió Amy, haciendo un tono de desgane.
—Sí, pero de compras —aclaró Sonic.
—Oh, ya empieza a agradarme la idea —respondió Amy—. ¿Qué compraríamos?
Sonic emitió una risita.
—Es una sorpresa —respondió Sonic—. Entonces, ¿voy por ti?
—Si quieres allá nos vemos, vivo cerca del trabajo —contestó Amy.
—Okey, entonces te veo en la zona comercial. —Sonic colgó, después hizo una mueca de culpa al suponer que Amy tendría algo más que decir, solo suspiró y guardó su celular en el bolsillo de su pantalón, después se puso de pie y salió de su cuarto.
Después de pasar por los blancos e iluminados corredores y la sofisticada cocina junto a la sala de estar, salió de la casa y subió a su auto deportivo, que era de un color azul marino, de pintura mate.
Después de haber encendido el auto, Sonic salió del pequeño espacio para estacionar del que disponía y emprendió su camino hacia el Red Rings Center. En el camino, entre los autos, edificios y semáforos, no dejaba de pensar en el momento en que colgó el teléfono. «¿Y si se molestó?», pensó Sonic, sacudiendo la cabeza. «Por qué no esperé, soy tan impaciente». Sonic no acostumbraba a preocuparse por esas cosas, y no sería la última vez que lo haría.
Finalmente llegó al centro, estacionando su auto cerca del edificio donde se encontraba la zona comercial. Bajó del auto y enseguida caminó hacia el inmueble.
Las puertas automáticas se abrieron, revelando el gran corredor con tiendas a los costados. Allí estaba Amy, sentada en una banca. No usaba su habitual conjunto corporativo, esta vez portaba una blusa roja y unos shorts color negro.
Sonic quería sorprenderla, así que mientras ella veía su celular atentamente, él caminó despacio hacia ella, dirigiéndose a la parte de atrás de la banca. Habiéndose acercado lo suficiente y estando justo detrás de ella, puso sus manos sobre sus hombros.
—Amy —dijo Sonic, haciendo una voz ronca.
Amy soltó un grito de susto y miró atrás, aliviándose al ver que era Sonic.
—Oye, si me asustaste. —Amy inhalaba y exhalaba para recuperar el aliento, sintiendo los latidos de su corazón con una mano en el pecho—. Casi me da un infarto.
—Lo siento, solo quería sorprenderte. —Sonic desvió la mirada, sonriendo sin más y rascándose el cuello, apenado.
Amy suspiró.
—Está bien. —Amy se puso de pie y rodeó la banca, abrazándolo—. ¿Cómo estás?
—Muy bien, la verdad, ¿y tú qué tal? —inquirió Sonic al romper ambos el abrazo.
—¡Bien hasta el susto que me diste! —Golpeó su hombro con delicadeza, fingiendo enojo.
—Ouch —expresó falsamente Sonic—. Creo que con eso estamos a mano.
—Oh, eso no será suficiente —bromeó Amy. Ambos empezaron a caminar bajo las luces amarillas del corredor.
—Tal vez tengas razón, pero créeme, la sorpresa que te tengo lo compensará todo. —Sonic miraba a los lados, buscando la tienda que él prefería.
—Más te vale —dijo Amy, nuevamente exagerando un tono de molestia.
Mientras caminaban, Sonic la abrazaba con el brazo izquierdo, sabía que algo estaba cambiando entre los dos, y la idea de estar con ella ya no le desagradaba, sino todo lo contrario. Sonic se detuvo frente a una tienda adornada con pequeños pilares del mismo rojo que el uniforme del equipo, las modernas letras sobre las puertas automáticas decían 'RRShop'.
—Es aquí —dijo Sonic, dirigiéndose a la tienda, llevando a Amy con él. Ambos entraron y al escuchar las puertas abrirse, el joven sentado detrás del mostrador, un chita que vestía la camiseta del equipo y un par de pantalones negros, desvió la atención de su revista de deportes extremos y los miró a ambos por un momento, solo subió los hombros y siguió leyendo—. Veamos… —Sonic miró a cada rincón de la tienda, buscando el área de damas, la cual no le fue difícil de encontrar ya que había un letrero bastante claro pegado en la pared, justo bajo el techo, que indicaba el área—. Ahí está —dijo Sonic apuntando a dicha zona, luego miró a Amy—. Espera. —Él caminó hacia el área, al igual que en la zona para caballero, allí había gorras, camisas, tenis, entre muchos otros artículos, pero él fue directamente a las playeras del equipo, las cuales estaban colgadas en una barra rectangular, viendo hacia el mostrador. Sonic adivinó la talla de Amy, supuso que necesitaba una playera mediana, entonces tomó una de las que estaban en medio y brevemente revisó el interior de la prenda en la zona detrás del cuello, viendo que efectivamente había escogido la correcta—. Listo. —Sonic fue con Amy y alzó la playera frente a ella, girándola para que la estudiase brevemente. Era exactamente del mismo diseño que el uniforme del club.
Los ojos de Amy se ensancharon y una sonrisa honesta se formó en su rostro al tomarla.
—¡Es muy bonita! —dijo Amy con emoción.
—Bueno, pruébatela. —Sonic estaba realmente feliz por la reacción de Amy, le gustaba la idea de compartir con ella los colores que el portaba en cada partido.
Tras un par de minutos, Amy salió del vestidor y fue con Sonic, mirándose a ella misma y después a él, pidiendo una opinión.
—¿Cómo me veo? —preguntó Amy.
Sonic asintió, haciendo un gesto de aprobación.
—Muy guapa —respondió Sonic.
Amy se rió entre dientes.
—No juegues. —Amy se había sonrojado—. Ya, en serio.
Sonic se le acercó, tomando sus brazos.
—Nunca he hablado más en serio, Amy —reafirmó Sonic—. Te ves radiante.
Amy volvió a emitir una risita.
—Está bien, te tomaré la palabra —concluyó Amy.
Sonic asintió de nueva cuenta y fue al mostrador a pagar por la playera de Amy.
—¿Encontró todo lo que buscaba? —dijo el chita, más por protocolo que por amabilidad, al meter la playera en una bolsa con el logo de los Red Rings.
—Claro que sí, amigo —dijo Sonic—. Lo he encontrado.
