Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 9: Antes de la lluvia
Era un buen amanecer en el Red Rings Center, el sol brillaba sobre las áreas verdes del recinto y traspasaba los traslúcidos cristales de los edificios. En uno de ellos se encontraban Tails y Blaze, él portando su uniforme ya que era lunes y le tocaba entrenar, mientras que ella usaba un formal vestido color vino que combinaba con su par de tacones rojizos. Ambos estaban sentados en un sofá azul de una sala de espera en el segundo piso del edificio. Estaban esperando a la cita que Tails le había agendado a su novia esa misma mañana con el gerente de ventas.
—Tranquila —dijo Tails a Blaze, quien estaba frotándose las manos continuamente, y tenía la mirada baja.
Blaze suspiró y dejó de frotar sus manos cuando Tails las tomó.
—Estoy tranquila. —Blaze lo miró a los ojos—. Es que, bueno, ¿y si no me aceptan?
Tails emitió una risa de compasión, le dio un breve beso y siguió mirándola.
—¿Eso es estar tranquila? —bromeó Tails.
Blaze solo rió un poco.
—Supongo que no. —Blaze miró sus propias ropas—. ¿Seguro que esto me ayudará?
—Oh, no sabes cuanto se toman en serio los colores aquí —dijo Tails—. Además, te ves preciosa.
Blaze se sonrojó.
—Me vas a poner más nerviosa. —Blaze emitió una risa sutil y efímera.
—Entendiste, mantén ese rojo en tus mejillas y date por contratada. —Tails acarició su rostro.
—¡Basta! —expresó Blaze murmurando y riendo—. En serio. —Miró a la puerta de madera que daba a la sala—. Debo verme seria.
—Tan solo sé tu misma. —Tails se apoyó en el respaldo del sofá y cruzó los brazos—. Todo va a salir bien.
El temor de Blaze crecía mientras más miraba la puerta.
—Tal vez debería venir otro día, ¿no crees? —Blaze soltó un suspiro—. No quiero arruinar la entrevista.
—No, amor —dijo Tails—. Seguro dirías lo mismo una y otra vez. —Tails la volteó a ver—. ¿O me equivoco?
Blaze se quedó callada por un momento, luego inhaló y exhaló repetidas veces y cerró los ojos antes de ver a su novio.
—Es cierto —respondió Blaze, asintiendo y perdiéndose en sus ojos—. Gracias, por cuidarme.
—¿Cuidarte? —inquirió Tails.
—De mí misma. —Blaze dio un triste pero esperanzado suspiro—. Siempre me dices lo que debo escuchar.
Tails sonrió y de nuevo la besó.
—Tu también cuidas de mí —dijo Tails, y Blaze rió incrédulamente, desviando la mirada y sacudiendo la cabeza—. Es cierto, ¿cómo crees que soporto los entrenamientos?
—¿Con esfuerzo y dedicación? —dijo Blaze, bromeando y argumentando al mismo tiempo, pues conocía el rumbo de la respuesta.
—Por ti, amor. —Tails tomó su mano y la besó—. Solo por ti. —Le sonrió cariñosamente—. Aligeras mi día, por más duro que sea.
Una lágrima se formó en el párpado de Blaze, quien se le acercó y comenzó a besarlo, él la abrazó y ambos compartieron un momento de amor y templanza. De repente, la puerta de la oficina se abrió.
—¿Blaze? —preguntó el gerente, quien era un mapache de pelaje anaranjado que usaba un traje color negro.
Tails y Blaze se separaron, un tanto apenados por la abrupta presencia del gerente. Blaze alzó la mano tras una pequeña risa.
—Soy yo —dijo Blaze.
El mapache tenía un rostro frío, serio y monótono.
—Adelante —dijo el gerente, que entró a la oficina nuevamente, dejando la puerta abierta para que Blaze entrase. Blaze empezó a dar pequeños y temerosos pasos hacia la oficina. Apenas sus tacones abandonaron la alfombra de la sala de estar, ella se giró para ver a Tails, con ojos de duda.
Tails le sonrió y con su mano apuntó hacia la puerta abierta.
—Tu puedes —dijo Tails, con la voz baja.
Blaze esbozó una sonrisa de confianza y agradecimiento, luego retomó el camino a la entrevista. Al cerrar ella la puerta, Tails se levantó del sillón para ir al entrenamiento.
Mientras tanto, Sonic trotaba a un lado de Knuckles en el perímetro de la cancha, pues Vector había llegado ya, observaba a su equipo calentar, sentado en la banca lateral.
—¿Estás listo? —preguntó Knuckles repentinamente.
Sonic estaba concentrado en el ejercicio, por lo que demoró un poco en contestar.
—¿Listo para qué? —respondió Sonic.
—Para el partido, en Lost Jungle. —Knuckles sintió un leve dolor en el costado por hablar mientras corría, pero lo soportó por el bien de la conversación.
—Tal vez —contestó Sonic.
Knuckles se rió entre dientes.
—¿Tal vez? —Knuckles sacudió la cabeza—. Se dice 'sí', amigo.
—Uno nunca sabe —dijo Sonic—. Y menos en el futbol.
—Bueno, pero hemos entrenado como locos, yo siento que fácil les anotamos tres —dijo Knuckles.
Sonic asintió.
–Puede ser. —Sonic trataba de hablar despacio para no interferir con su respiración—. A ver como nos va. —Knuckles pronto entendió que la plática no daba para más, así que solo siguió trotando.
Detrás de ellos trotaban Ámbar y Silver, quienes mostraban una diferente condición uno del otro, abismalmente diferente. Ámbar inhalaba y exhalaba rápida y fatigosamente, mientras que la respiración de Silver era calmada y suave, ambos trotaban con la misma velocidad e intensidad.
—Oye —dijo Ámbar con la voz cansada—. ¿Qué haces para aguantar tanto? —Ya llevaban varias vueltas.
—No sé —dijo Silver, que empezaba a temer una sospecha de su amigo—. Como mucha fruta. —Fue la mejor respuesta que pudo idear.
—No inventes —expresó Ámbar—. Yo también y no tengo esa condición tuya.
—Tal vez sea porque hablas mucho en los trotes. —Silver mantenía la vista al frente—. ¿No lo habías pensado?
Ámbar rió entre dientes.
—Tal vez pero… —Ámbar soltó un suspiro de agotamiento—. Esto es demasiado.
—Bueno —dijo Silver—. ¿Qué se le ha de hacer?
—¿Te drogas? —preguntó Ámbar, bromeando, por supuesto, pero esa pregunta tambaleó a Silver sobremanera.
—¿¡Cómo crees?! —Silver frunció el entrecejo—. ¡No vuelvas a decir eso!
Ámbar jadeó y arqueó una ceja ante la reacción inesperada de Silver.
—Oye, calmado —dijo Ámbar—. Era broma.
Silver se mantuvo serio.
—Más te vale —sentenció Silver, y con ello siguieron trotando.
Vector se puso de pie e hizo sonar su silbato, luego se acercó a la media cancha.
—¡Bien, muchachos, acérquense! —ordenó Vector.
El equipo paró el trote con diversos suspiros de alivio, y de inmediato caminaron los jugadores hacia el entrenador. Tails llegó corriendo de improviso.
—Perdón —dijo Tails entre jadeos al llegar con Vector—. Se me hizo tarde.
—Sabes que eso no me agrada, ni a los directivos, Tails. —Vector se cruzó de brazos—. ¿Razón?
Tails fue recobrando poco a poco el aliento.
—Mi novia…necesitaba ayuda —respondió Tails.
Vector arqueó una ceja y lo miró seriamente, después asintió con una mueca de credulidad.
—Está bien —dijo Vector—. Solo, maneja bien tu tiempo, ¿eh? Tienes una obligación con el equipo.
Tails asintió, habiéndose recuperado.
—Entiendo —dijo Tails, quien después se reunió con Sonic y Knuckles, saludándolos.
—¿Qué? ¿Él no va a trotar? —Ámbar se cruzó de brazos, viendo a Tails, luego miró al entrenador.
—De acuerdo, haremos esto. —Vector ignoró la pregunta de Ámbar—. Los Trees de Lost Jungle son muy defensivos, por ello hoy harán un ejercicio un tanto…diferente. —Todos se miraron con rostros de intriga, Vector vio brevemente a todos y luego asintió ante la decisión que tomó en sus pensamientos—. Okay, Tails, Sonic y Knuckles, ustedes vengan conmigo, los demás esperen aquí. También ustedes vengan —dijo a otros jugadores para que se unieran al equipo de Sonic. Fueron entonces hacia la banca, donde Vector había dejado la bolsa con balones.
—Rayos, ya sé que vamos a hacer —dijo Chase—. Esquivadas.
—¿Qué es eso? —inquirió Silver.
—Lo vi en un programa deportivo, básicamente es controlar la pelota de un extremo a otro mientras te disparan con decenas de balones —explicó Chase.
—Genial —dijo Ámbar, sonriendo con expectativa.
—¿Genial? —Silver arqueó una ceja—. ¡Nos van a golpear!
Ámbar rió engreídamente.
—Bueno, si no tienes la habilidad… —Ámbar le dio una mirada retadora.
—¿Que no tengo la…? —Silver gruñó y le apuntó con el dedo—. ¿Quieres ver que sí?
Nuevamente, Ámbar se rió, desviando la mirada.
—Veremos, entonces —concluyó Ámbar.
Vector arribó y empezó a repartir balones, sacándolos de la bolsa que sostenía y lanzándolos con la mano. Cuando todos tenían un balón a sus pies, Vector puso la bolsa con balones a un lado del grupo de Sonic y luego apuntó hacia la portería a su diestra.
—¡Ustedes! —le dijo al grupo de Ámbar—. ¡Para allá! —El grupo fue a donde Vector les indicó, cada quien llevando su balón con ligeras patadas, hasta llegar a la línea—. ¡Muchachos, esto es bastante simple, ustedes tienen que llevar el balón hasta el área grande y tirar a gol! —explicó Vector.
—¡¿Es todo?! —preguntó uno del grupo.
—¡Me temo que no! —Vector esbozó una sonrisa al tomar un balón de la bolsa—. ¡Tendrán que esquivar nuestros tiros! ¡Sin perder la pelota!
—¿Qué les dije? —expresó Chase.
—¡Chase!, ¡¿qué haces allá?! —Vector apuntó a la portería a su siniestra—. ¡Arquero!
—Este, es que usted, di… —Chase decidió no discutir y fue corriendo hacia la portería al otro lado de la cancha.
Vector suspiró.
—Bien. —Vector miró ahora al grupo de Sonic—. Saben que hacer, ¿no?
Knuckles se rió entre dientes y tomó un balón de la bolsa, lanzándolo levemente hacia arriba.
—Oh sí, tirar a matar —expresó Knuckles.
—No es para tanto, pero creo que entendiste el concepto. —Vector tomó su silbato y sin previo avisó lo sopló y con ello empezaron a correr Ámbar y el resto, controlando el balón como se les había dicho.
Knuckles dio el primer tiro, el cual pasó apenas a un lado de un compañero, quien confiadamente siguió corriendo pero fue prontamente golpeado en la cara por un certero balón de Sonic, quién celebró con una risa y alzando el puño.
—¡Levántate! —ordenó Vector al joven chita que se frotaba el rostro mientras yacía hincado en el césped.
—¡Lo siento, Brick! —dijo Sonic, que no pudo ocultar su mueca de satisfacción, su compañero solo hizo un gesto de perdón y siguió corriendo, recuperando su balón con el talón.
Ámbar se adelantaba a los demás, rebasándolos y pasando frente a ellos, con la mirada en la portería, controlando el balón. Silver le seguía de cerca, cuidando con breves miradas su costado izquierdo en vigilancia de los tiradores, Tails pateó un balón que fue directo hacia él pero Silver lo esquivó agachando la cabeza. Knuckles y Sonic eran quienes lograban acertar más tiros, Tails logró darle a algunos compañeros en los pies, logrando desestabilizar su correr.
Ámbar llegó al área grande del arco de Chase, quién rápidamente se enfocó en el esférico, el cual Ámbar pateó con precisa dirección al ángulo izquierdo de la portería, pelota que le fue imposible a Chase alcanzar, aún con el salto que dio en la dirección correcta.
—¡Sí! —Vector comenzó a aplaudir la acción de su jugador—. ¡Muy bien, Ámbar!
Ámbar trotó hacia donde estaban Vector y los tiradores.
—Vendrán más de esos en Lost Jungle, entrenador —aseveró Ámbar, mirando a Sonic y a sus amigos de forma presumida.
—Bueno, Ámbar. —Sonic le sonrió cruzándose de brazos—. Debo advertirte que tendrás muy buena competencia. —Apuntó a sí mismo y a Tails.
Ámbar fingió una risa desinteresada.
—Claro, lo que tu digas. —Pasó Ámbar junto a Sonic, poniendo una mano sobre su hombro, luego fue a realizar estiramientos a un lado de la línea lateral del césped.
Chase atajaba con astucia varios balones que llegaban a su portería, algunos se le escapaban, pues todos tiraban al mismo tiempo.
—¡Entrenador…! —Chase atajó una pelota impulsándola hacia abajo con ambas manos, luego desvió la mirada hacia Vector—. ¿No deben esperar...? —Silver le dio justo en el rostro con un balonazo, Chase logró mantenerse de pie, aunque un poco aturdido—. ¿Su turno?
Vector soltó una carcajada.
—¡Descuida, Chase! —Vector empezó a caminar hacia el grupo de Silver una vez terminaron de tirar—. ¡Es formativo!
Sonic soltó un suspiro.
—Bueno, creo que nos irá bien. —Sonic miró a Tails—. ¿No lo crees? —Se dio cuenta de que su amigo divagaba, pues su mirada estaba perdida en el horizonte, así que sacudió su mano frente a sus ojos—. ¿Hola, Tails?
Tails sacudió levemente la cabeza.
—Oh, sí. —Tails lo volteó a ver y sonrió—. Por supuesto.
Sonic rió entre dientes.
—No vayas a distraerte así en el partido. —Sonic le dio una palmada en la espalda.
Tails rió.
—No te preocupes —respondió Tails—. Estaré listo.
Knuckles estaba con Ámbar, igualmente estirando.
—Espero que tus amigos no me estorben el día del juego —advirtió Ámbar.
Knuckles arqueó una ceja.
—¿De qué hablas? Somos un equipo —argumentó Knuckles.
—Por favor, dile eso a las fuerzas inferiores. —Ámbar sacudió la cabeza mientras soltaba una breve risa—. Solo jugamos para nosotros. No por la afición o la directiva, sino solo por una persona. —Ámbar apuntó a sí mismo.
—Bueno. —Knuckles bajó la mirada y negó con la cabeza—. Me temo que yo no lo veo así.
—Claro que no lo ves de esa forma —dijo Ámbar—. Soy el único que sabe como funciona esto.
Más tarde terminó el entrenamiento, Tails se apuró en llegar al edificio donde Blaze había tenido la entrevista. Entró al inmueble y se apresuró en subir las escaleras que daban al segundo piso, no sin algunos tropezones en su apresurado andar. Finalmente llegó al corredor y vio a Blaze sentada en un sofá de la sala de estar a lo lejos, entonces empezó a caminar hacia ella, moderando su prisa y recuperando el aliento. Llegó Tails con su novia, parándose frente a ella, quien lo miró a los ojos, con una sonrisa que no podía ocultar.
—¿Te acep…? —Tails fue interrumpido.
—Me acep… —Blaze había hablado al mismo tiempo que su novio, lo cual provocó en ambos breves risas, ella se puso de pie y le dio a Tails un abrazo de agradecimiento—. Me aceptaron, Tails. —Rió alegremente y rompió el abrazo.
Tails le sonrió.
—¿Ves? —dijo Tails, luego le dio un beso—. Las cosas empiezan a mejorar.
Blaze rió de nueva cuenta, con un nudo de dicha en la garganta.
—Gracias, amor —dijo Blaze—. En verdad.
—No es nada. —Tails rió nuevamente—. Lo difícil será concentrarnos en nuestros empleos.
—Ya lo creo. —Blaze le sonrió, tomó su mano y después ambos empezaron a alejarse del lugar.
Amy trataba de dominar un balón lo mejor que podía, aún con su formal conjunto, dentro de una de las áreas recreativas del Red Rings Center, mientras Sonic la supervisaba, pero prontamente dejó caer el balón en un descuido, generando el eco de los rebotes en el lugar. Suspiró Amy y bajó la cabeza, con una sonrisa de vergüenza.
—Esto no es lo mío —dijo Amy.
—Vamos. —Sonic sonrió y se acercó a ella, poniendo una mano sobre su hombro—. Con esos tacones, yo diría que lo hiciste muy bien.
—¿Tres dominadas te parecen bien? —Amy se rió entre dientes y alzó la mirada hacia él—. Creo que estoy mejor detrás del escritorio. Tu no podrías convertir una sola imagen.
—¿Cómo que convertir? ¿En qué o qué? —preguntó Sonic.
Amy se rió por un breve momento.
—Exacto —respondió Amy, luego empezó a caminar hacia la puerta de salida junto con Sonic—. Así que, ¿te veré en Lost Jungle?
Sonic asintió, manteniendo su mano sobre su hombro.
—Así es. —Sonic la miró a los ojos—. Y te voy a dedicar todos mis goles.
Amy se sonrojó y a su vez lo miró a él también.
—¿Todos? —Amy arqueó una ceja burlonamente—. ¿Acaso eres así de bueno?
Sonic rió efímeramente.
—Oh, ya verás. —Sonic abrió la puerta del área, dejando salir a Amy primero—. Solo espera al partido. — Ambos empezaron a caminar por el gran corredor que a un costado tenía altas ventanas de puro vidrio, columnas tubulares de metal y ocasionales bancas de diseño moderno.
—De hecho. —Amy se rió entre dientes—. No he pensado en otra cosa, ¿sabes? Nunca he ido a un partido de futbol.
Sonic ensanchó los ojos y jadeó de asombro.
—¡¿Cómo?! —Sonic fingió una voz de extrema sorpresa.
Amy rodó los ojos.
—Oye, que trabaje aquí no significa que sea la chica más futbolera del mundo —dijo Amy.
—Pues no pero… —Sonic arqueaba una ceja—. ¿En serio nunca has ido?
Amy negó con la cabeza.
—Creo que no veo el futbol de la misma manera que tu lo vez, es todo —respondió Amy.
Sonic suspiró risueñamente, luego miró al frente.
—¿Quieres saber como lo veo? —preguntó Sonic.
Amy alzó los hombros y asintió.
—Si quieres —dijo Amy con un sutil tono de desinterés.
Nuevamente, Sonic suspiró, luego comenzó a pensar en su respuesta, para finalmente expresarla.
—Hemos tenido muy buenos torneos. —Sonic rió y la miró—. Realmente buenos. —Mantuvo su mirada en la de ella—. Pero otras veces, fallamos de veras, hasta el suelo. Una tras otra y tras otra. Es lo peor del mundo.
—¿En serio? Pero, creí que ustedes eran de los que siempre ganan —inquirió Amy.
Sonic sacudió levemente la cabeza.
—No, Amy. —Levantó Sonic la mirada—. No somos de esos. De hecho, no existe un equipo así. Hacemos lo que podemos y nos levantamos, con esa esperanza de algún día volver a ganar un título, o incluso un simple partido si las cosas van muy mal. —Sonic soltó una risita—. Y créeme, las cosas en verdad mejoran, siempre es así.
Amy se quedó callada por un momento, reflexionando sobre las palabras de Sonic.
—Entonces…¿crees que ganen contra los Trees? —inquirió Amy.
Sonic se tornó pensativo, después asintió, manteniendo la mirada al frente.
—Si solo nos queda creer —Sonic centró su mirada en los ojos de Amy, que a su vez miraban los suyos—. Entonces ya estamos un paso adelante.
