Sonic: Estrellas del futbol: Liga Master
Capítulo 12: Recreación merecida
El autobús llegó al hotel de concentración del equipo, el "Wild River Inn", como el gran letrero anunciaba, brillando con una clara luz verde que iluminaba la superficie color marrón de la fachada del lugar, que estaba adornada con frondosas enredaderas que iban desde el techo hasta el pie del edificio. Los jugadores fueron bajando del autobús después de estacionarse este frente a la puerta principal. Entraron todos al hotel por las puertas automáticas, el interior no era muy diferente al exterior, el techo y las paredes estaban cubiertas por verdes enredaderas y el cálido color marrón seguía presente. En el lobby había una gran sala de estar que contaba con muebles rústicos y algunas piezas de arte folclórico. La luz amarilla que iluminaba aquella sección hacía resaltar las tonalidades terrosas y naturales del lugar.
—Bueno, yo voy directo a la alberca, no sé ustedes —dijo Ámbar.
—¡Sí, no suena mal! —respondió Knuckles animado.
—¿Qué dice el goleador? —Miró Ámbar a Tails.
—Oh, claro. Suena divertido. —Tails les sonrío mientras asentía.
—Yo tengo algo de sueño, supongo que los veo mañana —dijo Lenny mientras todos pasaban por el breve camino abierto que daba a las habitaciones, a un lado pasaban un par de ríos artificiales y los costados del camino, hecho de lisas piedras blancas, estaban adornados con filas de altas palmeras.
—Es bien temprano, no manches. —Ámbar reía mientras le daba una palmada en la espalda a Lenny.
—Es media noche —replicó Lenny,
—¿Y? —intervino Knuckles—. Ganamos, estamos felices, la alberca está genial. No hay razón para no ir a divertirnos un rato.
Lenny se quedó pensando, en realidad se sentía aún tímido con los jugadores del primer equipo, pero a su vez sentía que estos eran los momentos que tenía que aprovechar para poder simpatizar con ellos.
—Bueno...está bien, pero solo un ratito —respondió Lenny.
—¡Eso! —Ámbar volvió a palmearle la espalda.
—¿Qué hay de ti, Chase? —preguntó Knuckles.
—Obvio voy —respondió Chase.
—Genial. —Ámbar celebró brevemente con el puño.
Estando en su habitación Sonic, Knuckles y Tails, pues siempre en cualquier hotel de concentración las habitaciones eran compartidas y ellos tres escogían descansar en el mismo lugar, los dos últimos estaban listos para ir a la alberca, Knuckles usaba un traje de baño color negro con franjas verdes y Tails usaba uno azul cielo con franjas blancas, ambos usaban sandalias color negro.
—¿Tú no irás, Sonic? —preguntó Knuckles, pues Sonic yacía recostado en una de las camas matrimoniales.
—Eh no, vayan ustedes...yo descansaré un ratito —respondió Sonic bostezando.
—¿Y luego? —inquirió Knuckles.
Sonic sonrió engreídamente.
—Tengo una cita. —Sonic rió entre dientes—. No quiero dormirme a media plática, ¿sabes?
Knuckles ensanchó los ojos.
—¡¿Cita?! —Knuckles alzó una ceja mientras sonreía molestamente—. ¿Con quién?
—No te interesa. —Sonic mostró una mirada de indiferencia ante su pregunta.
—Ay no seas payaso, dime. —Insistió Knuckles—. ¿La conociste aquí?
No —respondió Sonic—. Es todo lo que voy a decir.
—Uy, perdón, galán —dijo Knuckles mientras reía con algo de burla—. Bueno, nosotros estaremos allá si quieres venir.
—Que se diviertan —dijo Sonic con un tono serio, después Knuckles y Tails salieron de la habitación y habiendo cerrado la puerta, Sonic suspiró con alivio y cerró los ojos nuevamente, después tomó su teléfono y miró la hora—. Rayos, no voy a alcanzar. —Se levantó con esfuerzo de la cama y se dirigió al cajón donde tenía sus cosas y abriéndolo sacó rápidamente una camisa negra y un pantalón de mezclilla—. Ojalá Vector me de permiso. —Se dijo a si mismo con preocupación.
Mientras tanto, Knuckles y Tails caminaban por el sendero artificial que llevaba a la piscina, adornado con piedritas blancas, con el contorno hecho de piedras negras, diferentes tipos de plantas los rodeaban, iluminadas tenuemente por los reflectores que había escondidos entre la tierra.
—Te veo contento, Tails —dijo Knuckles afablemente.
Tails se río entre dientes.
—¡Lo estoy! ¡Me encantó anotar! —expresó Tails alegremente.
Knuckles soltó una risa de gusto y le alborotó el pelaje de la cabeza con la mano.
—¿Y a quién no? —Knuckles y Tails rieron mientras pasaban por un puente de madera que atravesaba un río artificial, centelleante y de un azul claro y pacífico.
—La verdad, a veces me cuesta trabajo creer que puedo hacer las cosas, no solo de futbol, sino, bueno, en general —dijo Tails.
—¿Como qué cosas? —preguntó Knuckles.
—Bueno, por ejemplo… —Las mejillas de Tails empezaron a enrojecerse.
Knuckles soltó una tenue risa al notar el rostro de Tails.
—Vamos, puedes confiar en mí. —Knuckles rodeó sus hombros con el brazo.
Tails se tomó un breve momento para decir lo que quería manifestar.
—Es...una chica. —Tails río nerviosamente.
—Oh… —Knuckles a su vez también se rió, pero más de una manera amistosa—. Ya son dos los galanes entonces. —Ambos rieron nuevamente.
—Si tu lo dices. —Tails suspiró mientras miraba al cielo estrellado—. Ha ido muy bien lo nuestro.
—¡Genial! —Knuckles le dio una palmada de felicitación en la espalda—. ¿Es la del centro comercial?
—Oh, sí —confirmó Tails—. Bueno, no trabaja allí ni nada solo fuimos una vez.
—Entiendo —rió Knuckles.
—A lo que iba es que…nunca creí poder tener novia, no me sentía, capaz de conseguirlo…tú sabes —explicó Tails.
Asintió Knuckles, palmeando su hombro fraternalmente.
—Te entiendo, pero me alegra que estés superando esos miedos. —Knuckles lo miró con orgullo.
Tails soltó una risita mientras sus mejillas seguían enrojecidas.
—Gracias, Knuckles. A mí también —respondió Tails.
Llegaron ambos a la nocturna área de la alberca, rodeada de postes que emitían tenues luces azules, camastros de aspecto minimalista, cristalinos y elegantes, como también de vegetación tanto natural y artificial, incluyendo lianas que colgaban sobre la alberca. Eran varias las zonas en las cuales se dividía la alberca, todas de aspecto nocturno, pacífico y salvaje.
—Vente, vamos a buscar a los otros —dijo Knuckles, y después de quitarse las sandalias y ponerlas junto a un camastro, corrió hacia la alberca y se dio un chapuzón. Tails hizo lo mismo momentos más tarde.
El agua estaba a una temperatura agradable, ni muy fría ni muy caliente, la zona en la que se encontraban era la parte simple de la alberca, sin toboganes ni cascadas o chorros de agua.
—Qué a gusto —expresó Knuckles mientras nadaba hacia las escaleras que daban a otra zona de la alberca.
—¿Crees que estén allá? —inquirió Tails mientras lo seguía, braceando casualmente.
—Pues aquí no están —bromeó Knuckles.
Tails rió con la respuesta de su amigo.
—Eso sí —respondió Tails.
Knuckles y Tails llegaron a la escalera, subiendo con cuidado. Estaba hecha de azulejos color índigo como el resto de la alberca, por las cuales un poco de agua de la otra zona bajaba y acariciaba sus pies. Llegaron hasta arriba y se encontraron ya en la zona más recreativa, con cascadas que bajaban de edificaciones que salían de la misma alberca, toboganes hechos a su vez del índigo azulejo, áreas cerradas con fuentes internas y asientos hechos de concreto y azulejo que apenas salían del agua.
—Vaya, seguro están por allá —Knuckles apuntó a una de las áreas cerradas, que como todas estaba adornada por vegetación colgante y cascadas. Dio un salto al agua seguido por Tails y ambos comenzaron a nadar hacia allá.
Tails disfrutaba en verdad aquella noche, el agua fresca que reconfortaba su pelaje como también su cuerpo cansado por el partido, las estrellas acompañando la luz de los azules postes, la tenue oscuridad que calmaba su mente y el natural ambiente que ofrecía aquel lugar, era algo que gozaba sobremanera y ocasionalmente se mojaba el rostro mientras contenía la respiración, sacando después la cabeza e inhalando profundamente. Knuckles, a su vez, también encontraba regocijo mientras nadaba en el agua cristalina, olvidándose por completo de todo, enfocándose tan solo en pasar un buen rato en un paraíso momentáneo.
Llegaron entonces al área cerrada, entrando por un estrecho pasadizo que después llevaba a una gran abertura cuadrada, que revelaba el interior de la "sala", con asientos azulados bajo el agua y diferentes sitios en donde reposar. Y como Knuckles había sospechado, Ámbar, Chase y Lenny se encontraban allí.
Los tres estaban sentados al fondo de la sala sobre una larga elevación azulejada, estaban hablando y riendo, con medio cuerpo fuera del agua y las piernas sumergidas. Ámbar ensanchó los ojos y sonrío con alegría al ver a Knuckles y a Tails.
—¡Eh, chicos! —exclamó Ámbar, quien usaba un traje de baño azul marino—. Creí que se habían perdido.
Knuckles también rió mientras nadaba hacia ellos.
—Ni que estuviera tan grande —opinó Knuckles.
—Pues más o menos, además tratándose de ustedes… —bromeó Chase. Él usaba un traje de baño color gris oscuro.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Tails fingiendo molestia.
—Nada, solo decía —dijo Chase mientras reía.
Knuckles y Tails se sentaron entre ellos para unirse a la charla.
—Y bien, ¿de que nos perdimos? —preguntó Knuckles.
—No de mucho, estábamos explicándole a Lenny a qué sabe la cerveza —dijo Ámbar con una risa delatadora.
—¿No has probado la cerveza? —Knuckles ensanchó los ojos mientras miraba a Lenny con una exagerada mirada de desconcierto.
—¿Yo cuando dije que no? Ni estábamos hablando de eso —expresó Lenny, provocando la risa de todos.
—Es broma, novato —dijo Ámbar—. En realidad hablábamos de la ciudad.
—¿De aquí? —preguntó Knuckles.
—Pues sí —respondió Ámbar, recargándose en la pared—. Está padre, les decía que hay una pizzería que está de lujo, ahí por el centro, la comida está pasable la verdad pero lo genial es el lugar.
—¿Qué tiene? —preguntó Tails.
—Pues es como si estuvieras en una casa del árbol, algo así, pero enorme. Las sillas son como de bambú, no sé la verdad, pero también las mesas y todos los días hay bufé de pizza. —Ámbar alzó el pulgar—. Se los recomiendo.
—Pues a ver si en otra venida porque ahorita ha de estar cerrado —dijo Lenny.
—Obvio amigo —dijo Ámbar riéndose entre dientes—. Sí, cuando nos toque volver a jugar acá, los llevo.
—¿Y Silver? —preguntó Tails.
Ámbar suspiró, sacudiendo la cabeza.
—No quiso venir, dijo que se sentía cansado —explicó Ámbar.
Como todos —dijo Knuckles.
—Pues sí, pero ya vez lo que le pasó, seguro se sigue sintiendo mal —opinó Ámbar.
—Es verdad. —Knuckles se deslizó un poco hacia abajo para recostar su espalda sobre la elevación—. Ojalá no sea nada grave.
—Le pregunté qué tenía pero me dice que no le entendió al doctor, algo así —dijo Ámbar—. Tal vez es una gripa o algo.
—No vomitas sangre con la gripa —dijo Tails.
—Ya sé. —Ámbar habló con algo de enojo, después suspiró—. Pero no quiero que sea nada permanente o algo.
—No creo —dijo Chase—. Tal vez el entrenador nos diga qué onda con él, seguro fue algo espontáneo.
—Sí, ojalá —dijo Ámbar con preocupación.
Tails vio la desdicha en la cara de Ámbar y trató de animarle.
—Estará bien, Ámbar. —Tails lo miró con una sonrisa alentadora.
Ámbar lo miró, asintiendo con el rostro serio.
—Eso espero —respondió Ámbar con un tono desesperanzado.
