AN: ¿Alguien lee esto? Ha pasado tanto tiempo desde que lo publiqué que siento que estoy hablando sola. En verdad, quisiera saber. En fin, no era mi intención tardarme tanto en actualizar, pero en el mundo real no es posible predecir cuándo te caerán problemas. No uso lectores beta, así que es probale que se me hayan escapado algunos errores ortográficos. Me emociona un poco escribir el capítulo que viene, idk, me lo imagino pasando en la serie y me da algo de risa.

Desclaimer: El siguiente caso está basado en una de la historias cortas escritas por Sir ACD. Todo lo que se pueda reconocer le pertenece a él o a Mofftiss.

Un pequeño escándalo se había desatado en Londres en las últimas semanas, captando completamente la atención pública y volviendo tanto a Scotland Yard como la morgue de Barts un caos.

Charles McCarty —sesenta años, poseedor de una pequeña fortuna, viudo y padre de un hijo de veinticinco— había sido hallado sin vida al pie del puente del río Brent nada más y nada menos que con la compañía de su hijo, Steven McCarty.

Según el informe policial el señor McCarty había salido a las cinco de la tarde del trabajo para reencontrarse con su hijo (quien volvía a la ciudad después de un largo viaje de dos años en Canadá), no sin antes llamar a su amigo y jefe John Turner para informarle la razón de su ausencia en lo que quedaba de su turno. Al llegar al punto de encuentro padre e hijo sostuvieron una fuerte discusión. La razón de dicha pelea —según el joven McCarty— fue por la insistencia de su padre en que debía casarse con Lydia Turner, hija de su jefe y amiga de la infancia de Steven.

Diez minutos después de terminada la discusión McCarty padre yacía muerto a los pies de su hijo, con el arma homicida a un lado.

Al momento de dar su testimonio, el hijo del difunto se defendió diciendo que al terminar la discusión se dispuso a marcharse y que no había avanzado más de quince metros cuando escuchó el típico silbido con el que él y su padre se comunicaban. Contó que regresó con paso acelerado y que al llegar su padre se encontraba agonizando en el piso.

Al inicio el caso parecía sencillo. Un padre que se hacía mayor, una prometedora herencia y un hijo deseoso de ella que aprovechó la primera oportunidad que tuvo para deshacerse de su progenitor. Pero eran los casos más simples los que resultaban ser sorprendentemente complicados.

La autopsia —que justamente le había tocado a Molly realizar— confirmó lo propuesto por la policía, Charles McCarty había fallecido debido a no sólo uno, sino tres fuertes golpes en el lado occipital del cráneo, causados con un martillo.

El problema era que dicho martillo lleno de sangre que había sido encontrado a dos metros de la escena del crimen no tenía las huellas dactilares del joven McCarty, ni las de él ni las de nadie. Y como si eso fuera poco, los únicos rastros que se hallaron fueron únicamente del padre e hijo.

Fueron horas de investigación de parte de Scotland Yard y horas de examinación en la morgue. Personas entraban y salían de ambos lugares más de lo habitual, todo con el fin de encontrar alguna prueba que señalara a Steven McCarty inocente, o por lo contrario, culpable. Aún así, después de tres semanas de arduo trabajo, no habían encontrado nada.


Molly estaba cansada. Física y mentalmente.

En el último mes su vida había caído en una agotadora rutina que no le permitía dormir más de seis horas.

Su madre había cogido una grave enfermedad respiratoria, por lo que Molly cuidaba de ella en las mañanas. Al mediodía volvía a su departamento, tomaba un ducha, alimentaba a Toby y se alistaba para trabajar.

A eso se sumaba que uno de sus compañeros le había pedido hace seis días que por favor cubriera su turno y ella había accedido. El joven de no más de veintiséis años estaba hecho un manojo de nervios cuando recibió la llamada de su esposa anunciando que estaba a punto de dar a luz, Molly simplemente no pudo decir no.

Por lo tanto los únicos días que tenía para descansar eran los sábados y domingos por la tarde, siempre y cuando su madre no tuviera alguna cita en el hospital.

Es por eso que cuando Lestrade se acercó a la morgue en la tarde para solicitar su presencia a primera hora de la mañana para revisar por cuarta vez el cuerpo de McCarty, Molly decidió que era tiempo de ser egoísta y decir que no. En cualquier otro momento ella habría aceptado, pero por ahora no iba a exigirse más de lo que podía.

Ahora se encontraba terminando el papeleo de su séptima autopsia del día, una gran cantidad considerando que eran tres las que normalmente realizaba.

Con un jadeo de cansancio se apresuró a guardar los papeles que certificaban la causa de muerte de una mujer de cincuenta años llamada Lena Fletcher. Ordenó los folders que tenía en su escritorio y los guardó con llave en uno de los cajones del mismo, los entregaría mañana.

Tomó su bolso —que había dejado a los pies del escritorio— y en él guardó su identificación, su billetera, sus llaves, su teléfono móvil y por último, del bolsillo de su bata de laboratorio, sacó el teléfono que Sherlock le había dado y tras una breve mirada, también lo guardó.

No había sabido nada de él desde aquella madrugada en hacía tres meses. ¿Estaba preocupada? Por supuesto, era inevitable, pero él era Sherlock Holmes, ¿no? Se había enfrentado a asesinos en serie, criminales consultores, una dominatrix que no era de fiar, gases tóxicos, una caída y aún así seguía vivo. Nadie podía contra él. Y tampoco nadie podía hacer lo que él hacía de la forma en que lo hacía. Un ejemplo claro era Scotland Yard.

No dudaba de las habilidades de Lestrade, Dimmock o del cuerpo completo de seguridad e investigación, pero, habían cosas que Sherlock Holmes y sólo Sherlock Holmes, podía resolver. Por ejemplo, el caso McCarty.

Fue con ese pensamiento, y con cierta curiosidad, que decidió sacar el teléfono recientemente guardado del bolso. Se cercioró de que la puerta de su oficina esté con el seguro puesto y comenzó a teclear, con más seguridad y confianza que la primera vez.

Hola, Sherlock. Espero no interrumpir. -M

Eran las once y siete de la noche y Molly se preguntaba cuánto tardaría en responder, o en todo caso, si lo haría. ¿Debía apresurarse en llamar un taxi antes de que se haga más tarde o debería esperar en su oficina?

A esta hora el piso que conformaba la morgue y el laboratorio estaba más frío y silencioso que de costumbre. Si bien Barts recibía cuerpos las veinticuatro horas del días, Molly había aprendido —hacía muchos años, cuando le tocó por primera vez el turno de la madrugada— que era una cantidad considerablemente menor los que llegaban en estas horas. Eran uno o dos a lo mucho, por lo que sólo se necesitaba de un solo patólogo.

Decidida a esperar en el calor de su departamento, se puso de pie y procedió a quitarse la bata blanca, la colgó en el perchero y tomó su bolso. Fue en el momento en el que iba a guardar el teléfono en su bolsillo, cuando éste vibró en su mano, haciendo que se sobresaltara.

Casi tirando su bolso se sentó de nuevo en la gran silla que cubría casi por completo su pequeña figura. Un conjunto de emociones se apoderó de su cuerpo, justo como la primera vez. Cada texto para Molly significa vida.

Rápidamente abrió el mensaje y lo leyó.

No has interrumpido nada Molly. Al menos nada importante. ¿Sucede algo?

Por un momento Molly olvidó la razón por la cual le había enviado el mensaje en primer lugar. Su mente rápidamente se puso a crear una buena excusa cuando recordó. McCarty.

¿Estás al corriente de las cosas que están pasando aquí? Tu hermano… ¿Él te informa de lo que pasa? -M

La respuesta llegó en menos de un minuto.

De algunas cosas más que otras. Sólo lo importante.

A los segundos, otro mensaje llegó.

¿Por qué?

¿Estás enterado del caso de Charles McCarty? Pues lleva casi un mes de investigación y Scotland Yard aún no ha podido resolverlo. -M

Era de esperar. Lestrade es lo mejor que tienen. Y el ni siquiera puede resolver un tres solo.

Molly emitió una pequeña risa al leer el mensaje. La verdad es que ella le tenía más fe al detective inspector de la que tal vez merecía.

Cruel (: ¿Y bien? ¿Sabes algo de eso? -M

No sabía qué tan familiarizado estuviera Sherlock con los emojis, pero pensó que si no agregaba uno, lo más probable sería que se tomara en serio la pequeña broma.

Oh, claro que sé 'algo'. De hecho, Molly, sé todo.

¿Entonces sí fue el hijo? ¿Él asesinó a su padre? -M

No. Fue John Turner.

Un jadeo de sorpresa escapó de sus labios. De todas la personas que se habían considerado como presuntos culpables, el señor Turner no había sido uno de ellos.

¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¿Por qué lo haría? -M

¿En serio Molly? Tu sorpresa me ofende.

Oh. Lo siento. Es sólo que tú estás… bueno, donde quiera que estés y no has revisado la evidencia o el cuerpo. Tampoco has visitado el lugar. -M

Estoy de encubierto, no en una cueva. Me enteré de la noticia y me pareció interesante, algo para despejar mi mente. Así que le pedí a Mycroft que me proporcionara información.

Y bien… ¿Cómo fue? Lo siento, es sólo que no entiendo cómo pudo ser el Sr. Turner. Ni siquiera estuvo ahí. -M

Charles McCarty le había comentado a Turner y a su hija sobre sus deseos de unirla con su hijo, a lo que la joven Lydia se mostró más que encantada. La tarde de su muerte, McCarty padre llamó a Turner para decirle que su hijo había vuelto a la ciudad. Turner sabía que hablarían sobre la futura unión con Lydia, unión que él de ninguna manera permitiría. Preguntó en dónde se encontrarían y al enterarse cogió un martillo y lo siguió. Lamentablemente llegó tarde y no pudo escuchar la negación de Steven, usando unas bolsas en los pies y guantes quirúrgicos apareció por detrás de McCarty y lo dio un golpe en la cabeza. Al escuchar el silbido de alerta procedió a golpearlo dos veces más hasta que lo dejó sin vida. Tiró el martillo y pasó lo que todos saben. No dejó rastros porque él se había acercado por el borde debajo del puente, donde pasa un hilo de agua y se retiró por el mismo lugar. Claro que todo esto se pudo haber evitado si John Turner hubiera llegado cinco minutos para escuchar que Steven McCarty era gay y estaba comprometido con un Canadiense.

Molly estaba atónita. Todo lo que Sherlock había dicho tenía sentido y se hubiera descubierto si hubieran interrogado con mayor profundidad a John Turner. Lo único que no entendía era la razón de matar al padre en lugar de al hijo. Fuera de eso, todo resultaba ser tan fácil que —ahora que sabía cómo había sucedido— pensó que era un caso más sencillo de lo que había parecido.

Revisó la hora en el reloj de su muñeca y se dio con la sorpresa de que faltaban sólo veinte minutos para la media noche. Con su otro teléfono llamó a un taxi que llegaría por ella en menos de diez minutos. Antes de salir y tener que guardar el teléfono escribió una respuesta.

Sorprendente. -M

Volvió a tomar su bolso, se puso su abrigo verde olivo y guardó el teléfono en uno de los bolsillos internos antes de salir y cerrar la puerta tras de ella.

Mientras caminaba por el pasillo que la llevaba hasta la puerta del hospital sintió el teléfono vibrar. Posó su mano sobre el bolsillo y caminó más rápido, cuando se encontró fuera vio que el taxi ya estaba esperándola y subió de inmediato. Saludó al conductor que en algunas ocasiones ya la había llevado hasta su departamento y sin necesidad de dar su dirección empezó a conducir.

Entonces, con la oscuridad que le proporcionaba la noche, sacó el teléfono para leer el nuevo mensaje. No sin antes asegurarse de que el conductor no la estuviera viendo.

No, no lo es. Este caso fue con las justas, un cuatro. Si Lestrade dejara de ver las cosas de una sola forma esto se habría acabado la primera semana.

Bueno, él no es como tú. -M

Es un idiota.

¡Sherlock! No todos podemos ver las cosas de la misma manera que tú lo haces. -M

Bueno, pues ese es el problema. Nunca analizan restrospectivamente. Sólo ven lo que tienen en frente.

Molly levantó la mirada del celular y se dio cuenta de que ya había llegado a la calle en la que vivía. Después de pagarle al taxista salió rápidamente y corrió hasta su puerta. Grandes gotas habían empezado a caer, anunciando lo que sería una larga noche de lluvia.

Una vez dentro encendió la tetera con la intención de prepararse una taza de té. Llenó los tazones de agua y comida de Toby y se tiró sin ganas en el sofá.

¿Ahora qué pasará con el hijo? Está detenido hasta que acabe el proceso. ¿Tu hermano informará a SY sobre Turner? -M

Oh, no. No tendría sentido. A John Turner le quedan a lo mucho dos meses de vida. El joven McCarty saldrá libre y todo acabará en un máximo de seis semanas.

Mientras tanto tendrá que pasar esas semanas encerrado. Maravilloso. -M

Mucha gente pasa por lo mismo. Estará bien, saldrá libre.

En ese momento la tetera comenzó a sonar. Caminó hasta la cocina, preparó el té y caminó con él hasta su habitación. Una vez sentada al pie de su cama, respondió.

¿Sabes qué me sorprende? Que incluso estando muerto nadie puede llegar a ser como tú :) -M

Fue luego de enviar el mensaje cuando se dio cuenta de lo mal que se leía.

-¿Por qué siempre tienes que volver incómodas las situaciones más amenas, Molly Hooper? -se reprendió en voz alta. Inmediatamente después, envió otro mensaje.

¡Oh! ¡Lo siento! No era lo que quería decir.

¿Por qué estás despierta? Deja de escribir y ve a dormir Molly. Si no me equivoco, debes salir de tu casa temprano.

¿Cómo lo sabes? Mi turno no empieza hasta la tarde. -M

¿En verdad quieres saber? Sólo vete a dormir.

Okay. Fue… bueno poder hablar. -M

Molly…

De acuerdo. Sólo, ten mucho cuidado. -M

Lo tendré. Ahora ve a dormir.

Buenas noches Sherlock. -M

Buenas noches, Molly Hooper.

Sin saber por qué, obedientemente, Molly dejó el teléfono y la taza en la mesa de noche al lado de su cama. Se metió dentro de los cobertores y con Toby hecho una bola a su lado se sumió en un profundo sueño.

Por alguna razón no me termina de gustar al cien por ciento este cap… Creo que hay algunos problemas con los espacios, no sé por qué pasa pero bueno. Anyway, debo agradecer infinitamente a mi IBF, porque hubo un momento en el que estuve estancada escribiendo y ella me hizo darle una vuelta a la trama que sí funcionaba.