AN: Soy la peor persona actualizando, dije que no tardaría y acá estoy después de dos semanas. Es que puedo pasar días sin encontrar las palabras correctas, pero de pronto una noche mis dedos se mueven solos sobre el teclado. Como siempre, espero que no se lean muy OOC *sighs*. No uso lectores beta, cualquier error ortográfico o de puntuación es mío.

Desclaimer: Sherlock Holmes le pertenece a Sir ACD y Sherlock a Mofftiss, lo único mío es la imaginación.

Molly Hooper nunca había sido el tipo de persona que disfrutara de salir a bares o fiestas los fines de semana cuando asistía a la universidad.

Aún ahora, Molly prefería quedarse en la comodidad de su departamento leyendo, viendo alguna nueva serie o película. Si quería beber sólo tenía que caminar hasta su refrigerador a sacar la botella de vino que parecía nunca acabarse. Las siguientes horas serían de cantos y bailes por todo el departamento, para luego acabar en un penoso llanto causado por el simple pensar de cualquier injusticia que se cometiera en el mundo. En una ocasión, lloró al pensar que su casa no era lo suficientemente grande como para cuidar de todos los gatos sin hogar que encontraba en las calles. Era algo infantil y sin sentido, pero en ese momento ella se repetía que ese era su departamento y podía hacer el ridículo libremente si quería.

Esa era la principal razón por la cual no solía salir los sábados por la noche, porque disfrutaba de la libertad que le daba el beber sola.

Por eso es que se sorprendió a sí misma cuando aceptó la propuesta de Meena de salir a bailar a un pub en el centro de Londres.

-¡Vamos, Molly! Yo sé que lo amabas y que lo has estado pasando mal desde que murió, pero no puedes seguir así para siempre ¡La vida sigue! No es el primer hombre del que te enamoras y estoy segura que tampoco será el último. Vamos… por favoooor -hizo un puchero tomando las manos de Molly- Sólo dos horas y ya. Por mí.

Claro que ella —como todos— pensaba que su falta de ánimo se debía a la muerte de Sherlock. En parte así era, Molly nunca estaría del todo bien hasta que supiera que él estaba de vuelta y a salvo en Baker Street, pero lo que más la tenía consternada era la salud de su madre, quien parecía no mejorar con el tratamiento que estaba siguiendo. Pero eso no se lo había contado a nadie. Otra vez, Molly Hooper, cargaba con el peso de su silencio. Y lo prefería así, pues siempre había sido de las personas que guardaban todo para sí mismas.

-De acuerdo... ¡Pero sólo un par de horas! -respondió riendo.

Así fue como llegó a este momento.

Eran ya muy entrada la madrugada y se encontraba sentada, sola, en la pequeña mesa circular ubicada en una esquina del bar. En toda la noche, según lo poco que recordaba, había bebido todo lo que el barman le pusiera enfrente. También había bailado con cinco —¿o fueron seis?— tipos que le habían extendido la mano (uno de ellos guardando su número discretamente en el bolsillo posterior de sus jeans favoritos).

No estaba segura qué hora era, o cuánto tiempo llevaba ahí, hacía mucho que había perdido el sentido del tiempo. Lo único que sabía por ahora, era que se sentía maravillosamente bien, tan bien como no se había sentido en más de medio año.

Bebiendo de un sólo tiro lo que su paladar reconocía como tequila, observó a Meena. Ella llevaba quince minutos o más (no estaba segura) bailando con un hombre alto y rubio, con ciertas ondas en el cabello.

Molly rió ante la imagen de su amiga bailando de manera provocativa e inmediatamente se cubrió la boca al sentir un pequeño y agudo hipo escapar de sus labios. Cogió torpemente su bolso y haciéndole una seña a su amiga se dirigió al baño menos concurrido. Una vez dentro se miró en el espejo.

Las suaves ondas que se había hecho en el cabello estaban desechas, el delineador se le había corrido un poco debido a la transpiración y los ojos los tenía vidriosos. Era la cara digna de una buena borrachera. Se veía fatal y seguramente al día siguiente tendría una fuerte resaca, pero por ahora no podía evitar sentir que eso, estaba bien.

Se inclinó en el lavabo con ambas manos y sintió unas fuertes náuseas. Respirando hondo y lento con los labios abiertos se recompuso.

No había sido su intención llegar a este punto, no del todo, se suponía que estaría fuera sólo un par de horas. Tampoco había sido su intención sacar el pequeño teléfono gris de su bolso y enviarle un texto a Sherlock, pero hacía muchas horas que el alcohol había bloqueado la 'señal de alarma' que su cerebro normalmente emitía cuando estaba por hacer alguna tontería.

Hoilaaa, Sheilock! Espero q me hayyas extrañado -Mollsss

Envío, haciendo su mejor esfuerzo por teclear las letras correctas.

Cuatro meses sin saber nada de él y su lado consciente sabía que serían más si es que ella no tomaba la iniciativa.

Dejó el teléfono a un lado del lavabo, abrió el caño y se refrescó el rostro. No había terminado de secarse las manos cuando el teléfono vibró.

-¡Ouh! -se sobresaltó.

Cogió el teléfono y apoyando su espalda en la pared abrió el mensaje.

Has estado bebiendo. Vete a casa, Molly, es tarde.

La patóloga frunció las cejas.

No! Me stoy divrtiendo. he befido y bailado con distintos honbres hoy. No lo había psado tan bieb desde q te fuiste -Mollss

Molly rió al presionar enviar.

Esperó cinco minutos —o tal vez más— de pie, apoyada en pared hasta que el siguiente mensaje llegó.

Oh, sí. Felicidades, Molly. -respondió con sarcasmo.

Inmediatamente después, el teléfono volvió a vibrar.

Un auto pasará por ti en diez minutos. Sube en él y vete a casa antes de que termines haciendo algo de lo que luego te arrepentirás. Hazte ese favor.

Molly rodó los ojos exasperada.

Iba a responder cuando un fuerte golpe en la puerta del baño la sobresaltó.

-¡Vete! ¡No es el único baño! -gritó, sin importarle quien estuviera al otro lado.

-¡Y tú no eres la única que puede usar éste! -respondió la voz de una mujer.

-Llevas casi quince minutos en el baño, amiga. Has formado una gran fila -agregó otra.

Molly simplemente ignoró sus palabras y procedió a responder el texto.

Soy sherloj holnes y disfruto de darles órdenes a las persona. Yo creo q no! No sta vez sherlock -Mollss

¡Pam! ¡Pam!

-¡Dije que se fueran!

Cualquiera que la viera probablemente se reiría. Molly molesta era como ver a una niña haciendo un berrinche porque no le habían comprado el helado que quería. Tenía el ceño fruncido, los labios arrugados, las mejillas rojas y ambos puños a ambos lados del cuerpo. No era la imagen más intimidante, de hecho, hasta podría llegar a causar ternura; pero por dentro, Molly se sentía la persona más ruda posible.

-¡Molly, soy yo! Abre la puerta en este instante.

-¿Meena? -respondió más calmada.

-No sé qué estés haciendo ahí o con quién estés, pero tienes que salir ahora.

Como si hubiera escuchado una orden de su madre, Molly cogió su bolso y abrió la puerta.

Un aproximado de seis personas la recibieron al otro lado, entre ellas, su amiga, que la miraba con curiosidad.

-Oh. Entonces sí estás sola -dijo con un leve tono de decepción.

-Por supuesssto que estoy sola -respondió fingiendo estar ofendida mientras caminaba hasta donde se encontraba su pelirroja amiga.

-No puedes culparme por pensar lo contrario Molly, te tardaste mucho. Ven -caminó a través de la multitud, tirando de la mano de la patóloga- Te ordenaré otro shot de tequila.

-Creo que prefiero un cosmo. Iré a sentarme un rato.

Saltándose del agarre se dirigió a la mesa en la que había estado sentada hace unos minutos, pasando torpemente entre parejas que se basaban o bailaban. Una vez sentada abrió la palma de su mano y vio que tenía un mensaje nuevo.

Podrás agradecerme mañana. Te quedan seis minutos.

-¿Qué es eso?

Meena llegó hasta la mesa con una bebida para ambas, sus ojos fijos en el objeto que tenía Molly en la mano.

-¿Qu-qué es qué? -respondió, sintiéndose atrapada.

-Ese teléfono. Es nuevo, por decirlo de alguna manera.

La boca de Molly se abrió y cerró un par de veces, pensando en qué decir. ¡Demonios!

-Es… ¡Mi madre me lo dio! Ja-ja. Para comunicarme sólo con ella.

Justo en este momento, un nuevo mensaje llegó. Lentamente sus ojos se dirigieron del rostro de su amiga al teléfono que estaba en sus manos.

-Ajá… Y supongo que es tu madre la que te está enviando textos a estas horas -dijo la pelirroja en tono suspicaz- ¿Molly, estás saliendo con alguien? ¿Quién es él? ¿Es-

-¡No es nadie! Nadie importante -dijo parpadeando un par de veces.

-Estás mintiendo. Vamos, déjame ver -insistió su amiga, empezando a rodear la mensa.

Un pequeño pánico se apoderó de Molly, quien sólo atinó a esconder la mano con el teléfono en su espalda.

-¡Ahí estás!

Como un milagro, el mismo joven alto con el que su amiga había estado bailando hace unos minutos llegó hasta ellas.

-Tienes suerte. Pero no creas te escaparás de esto -dijo mientras se dirigía a la pista de baile con su acompañante.

Una vez sola, Molly soltó el aire que había estado contenido, sintiéndose aliviada. No podía ser que alguien hubiera estado tan cerca de ese teléfono. Se suponía que nadie debería verlo nunca. Qué diría Sherlock si supiera que alguien había estado tan cerca de leer sus mensajes.

Con eso, Molly abrió los nuevos textos, mirando a ambos lados por precaución.

¿Bar 512? En serio Molly, creí que tenías mejores gustos.

El auto está afuera, sal.

Ni siquiera desde la muerte Sherlock podía dejar de dar órdenes.

Uhm, noope. Y cómo raios sabes dónde estoy? -Mollsy Hoopet

Con extrañeza, Molly miró el pequeño teléfono gris. Pensando si Sherlock habría o no puesto un rastreador en él.

Eso no importa. Sal o haré que entren y te llamen a través del altavoz.

Ugh.

Está bien. Iría, pero con una condición.

De acuerdo, Holmes. Peero, antes dime, crees q soy linda? -Mollsy Hooper

El mensaje se envió y Molly empezó a reír levemente, apretando los labios. Él había fastidiado su noche, así que no se iría sin tener una pequeña revancha.

Tardó un poco, pero el mensaje llegó.

¿Qué clase de pregunta es esa? Sal ya, Molly. No tengo toda la noche.

Oh no.

Molly no saldrá si no repsondes. Vamos, hazlo. -Mollsy Hooper.

En menos de un minuto, el teléfono vibró.

Lo eres. ¿Contenta? Ahora sal. Hay personas que preferirían estar durmiendo a estar cuidando de una doctora que no sabe controlar la cantidad de alcohol que está en su sangre.

Algo sonrojada, Molly se puso de pie, guardando el teléfono en su bolso. Con una seña se despidió de su amiga, que aún se encontraba alegremente bailando y salió del bar.

Afuera un elegante auto negro de lunas polarizadas la estaba esperando, el chofer sosteniendo la puerta posterior.

Caminando con dificultad Molly llegó a su lado.

-Uhm ¿este…?

-Buenas noches, señorita Hooper. Adelante.

Sin preguntar nada más Molly subió en el auto, quedando profundamente dormida al instante de haber arrancado.


Sherlock tenía cosas más importantes que hacer.

Un grupo de mapas estaban extendidos sobre la pequeña mesa japonesa frente a él, esperando por su atención; atención que les estaría dando si a cierta patóloga no se le hubiera ocurrido salir a embriagarse esta misma noche.

Poniéndose de pie caminó lentamente de un lado a otro mientras marcaba el número que tenía en llamada rápida.

Un timbre, dos, tres.

-¿Señor Holmes? -respondió la voz somnolienta de una mujer.

-Necesito comunicarme con mi hermano. Ahora.

Dos minutos después la voz adormilada de Mycroft Holmes le respondió del otro lado de la línea.

-Será mejor que sea un asunto de importancia nacional.

-Un placer hablar hablar contigo también, hermano.

-¿Qué quieres Sherlock? Son las cuatro de la mañana.

-Necesito que envíes uno de tus autos a recoger a Molly en un bar del centro. Si es posible en menos de quince minutos. Te enviaré un mensaje con ón.

-¿Quién es Molly? ¿Se supone que debo conocerla.

-Por favor Mycroft, no tengo tiempo para tus juegos -respondió empezando a perder la paciencia- Molly Hooper. Sabes perfectamente quién es.

-Ah sí. Ahora recuerdo. Tu patóloga de St. Barts, la doctora Hooper.

-Es sólo un miembro más del hospital.

-Claro que sí. ¿Por qué la ayudamos entonces como si fuera una damisela en peligro?

-Oh, no lo sé. ¿Quizá porque salvó mi vida arriesgando su carrera profesional? Tú dime.

-Pero hay algo más ¿no es así?

-Ha bebido, Mycroft. Estoy ahorrándole hacer ridículo ¿No es eso amable?

-Como tú digas, Sherlock -se separó brevemente de la línea para hablar con alguien- En diez minutos pasarán por ella.

-Bien. Adiós.

-No, no. Antes una cosa.

Sherlock, que había estado a punto de colgar el teléfono, volvió a llevarse el móvil al oído. Caminó hasta ponerse frente a la sucia venta y miró la ciudad que estaba pronta a despertar.

-¿Y eso es?

-Preocuparse por lo demás no es-

-Buenas noches, Mycroft -interrumpió, colgando el teléfono.

Después de colgar, su teléfono vibró.

Bar 512, 512 Kingsland Rd, señor. -Peter.

Ah, el cliché de los mensajes después de haber bebido no podía faltar. Lol. Bar 512 existe. No es como imaginé la locación pero los demás tampoco me convencían, así que sólo tomé el nombre. La parte del final se me hizo necesaria, espero no haya sido demasiado. Un fav, review o follow siempre se agradece (: