AN: En verdad lamento haber tardado casi un mes en actualizar. Me van a perdonar por el terrible capítulo que es este (además de corto). Aquí dejo las fechas de los textos hasta el momento, para poder ubicarlos más o menos en el tiempo. Aviso que la mayoría fueron elegidas al azar y no están relacionadas al canon.
-12 Marzo (primer texto)
-Junio (segundo texto)
-24 Octubre (tercer texto)

Desclaimer: No me pertenece nada (lamentablemente).


29 de Noviembre

Una vez más la muerte había llegado a la vida de Molly.

Desde inicios de mayo la salud de su madre se había vuelto muy delicada al señalarse que sufría de una EPOC. Esto había sorprendido de gran manera a Molly, pues sabía que era una enfermedad típica de personas que tenían (o habían tenido) el hábito de fumar, y ella no había visto nunca a su madre hacerlo.

Fue entonces cuando Gena Hooper le confesó a su hija que desde la muerte de su padre ella había retomado el mal hábito que había dejado en la universidad. Molly se había sentido decepcionada, pero ya no había nada que hacer. Ella sabía que era una enfermedad progresiva y que iría acabando con su madre lentamente, lo único que quedaba era aprovechar el tiempo que tenía con ella.

Fue en la madrugada del 28 de noviembre (apenas tres días después de su cumpleaños número treinta y seis), cuando la enfermera encargada de cuidar a su madre la llamó para informarle la terrible noticia, y a penas a la tarde del día siguiente Molly se encontraba de nuevo en el mismo lugar, con el mismo vestido y el mismo corazón roto que aquel febrero.


Meena fue la única que estuvo a su lado. Su familia nunca había sido grande, o la más unida. Ella era hija única y la relación que tenía con sus tías —las hermanas de su madre— no era la mejor.

Ellas nunca habían apoyado la relación de su hermana con Joseph Hooper. El día de la boda no habían asistido, asegurando que ella merecía algo mejor que un chef con una guitarra. Tampoco habían estado muy emocionadas con la noticia de la futura llegada de Molly al mundo. El día que ella nació ambas hermanas habían ido a verla y tras darle una mirada desdeñosa, acompañada de un Pudiste haberlo hecho mejor Gena, se fueron. En toda su vida Molly recordaba haberlas visto no más de seis veces y siempre sin la presencia de su padre.

No recordaba haber pasado momentos agradables con ellas, de hecho todo lo contrario. En una ocasión, cuando Molly tenía diez años, las escuchó decir que era una lástima que ella se pareciera tanto a su padre. Mírala, no tiene nada de especial. Cuando sea grande dudo que encuentre un buen hombre. Además tiene esos extraños gustos por la ciencia y los muertos. Claro que su madre la había defendido, pero eso no evitó que un comentario parecido escape intencionalmente de la boca de sus tías meses después.

Era por eso y muchas cosas más que Molly había decidido no avisarles del deceso de su hermana. No quería que el momento en el que su madre por fin pudiera descansar en paz fuera perturbado por ambas mujeres que nunca habían tenido nada bueno que decir.

-Molly, cariño… Están esperando tu aprobación.

La voz de su amiga la trajo de nuevo al presente.

-¿Hmm? -emitió, sacudiendo un poco la cabeza a la vez que volteó hacia su amiga.

-Quieren saber si ya pueden eh… descender el ataúd. Pueden darte unos minutos más si quieres. ¿Deseas que nos retiramos para que tengas un momento a solas? -dijo con delicadeza.

Molly, que la mayor parte del tiempo había estado con la mirada perdida, parpadeó y respondió un casi inaudible no. Caminó lentamente hasta el delgado ataúd de madera y dejó caer una solitaria rosa blanca en el medio.

Sin decir nada miró a los trabajadores del cementerio y asintió, dando la orden.

Muchos recuerdos pasaron por su cabeza a la velocidad de la luz. Los desayunos, las caminatas en el parque, las navidades, las tardes de películas, su graduación, las vacaciones, todo. Aun así, ni una lágrima salió de ella. Y no era porque no estuviera devastada o dolida, era porque… Bueno, ni siquiera ella sabía por qué no había sentido ni el más mínimo cosquilleo en los ojos. No era la misma reacción que había tenido con su padre.

Cuando él murió Molly era aún muy joven. Recordaba haber llorado desconsoladamente por cuatro días, en los cuales no había probado ni un solo bocado. Con su madre era diferente. Se sentía… vacía. Sin emociones. Sin ganas de nada. Veía pero no— pero no veía. Casi como si estuviera funcionando en modo automático.

Una mano encerró la suya y le dio un breve apretón. Nuevamente se había sumergido en sus pensamientos y recuerdos, perdiendo sentido del presente.

-Molly, estuviste diez minutos sin decir nada y ya son casi las seis. Están por cerrar. Si quieres puedo pedirles diez minutos más -ofreció su amiga.

Molly sólo negó con la cabeza.

-¿Quieres ir a casa?

Apretando los labios levantando por fin la mirada asintió con la cabeza.

-Vamos entonces.

Meena la tomó del brazo y la guió hasta la salida del cementerio, en donde un par de autos la esperaban. Una vez ahí la soltó y se separó un poco de ella para poder apreciar su aspecto.

-Creo que deberías venir conmigo. Ha sido un largo día para ti. No debes pasar por esto sola.

-Te lo agradezco, pero no. Quiero descansar.

-Puedes descansar en mi casa. Tengo el cuarto de invitados siempre listo y Sam está fuera de la ciudad. Nadie te molestará si quieres llorar -insistió.

-Meena -la cortó- En verdad aprecio que hayas estado conmigo cuando nadie más lo hizo. No tienes idea cuánto, pero en verdad quiero estar sola.

-De acuerdo. Pero llámame si me necesitas ¿si?

-Está bien.

Meena le dio un último apretón en el brazo y volteó a darle la dirección al chofer de uno de los autos.

Después de despedirse con un abrazo Molly cerró la puerta del vehículo y se sumergió en el leve tráfico de la tarde.


La razón por la que Molly rechazó la invitación de Meena de pasar la noche en su casa era porque no quería que alguien sintiera pena por ella. Podía tolerar muchas cosas, pero no la lástima. Era algo que la hacía sentir frágil, indefensa, y Molly no era nada de eso.

Sabía que si se quedaba en el departamento de su amiga recibiría las típicas palabras de Ella está en un lugar mejor. Todo estará bien, saldrás de esto. En situaciones así esas palabras eran inútiles. Primero porque ella era una mujer de ciencia y no creía en la llamada 'Vida Eterna' y segundo porque no importaba lo que le dijeran, el dolor no se iría con un par de palabras.

Sin embargo, sí quería soltar todo lo que tenía dentro.

Fue por eso que al llegar a su casa sacó el teléfono gris de su pequeño bolso negro y una vez en su habitación empezó a escribir.

¿Por qué él? Porque era el único que rompería con la regla. El no le daría sus condolencias o le ofrecería su hombro para llorar, no sentiría pena por ella o su por su difunta madre. Era la persona perfecta en ese momento.

Ya no está. -M

Mi madre, me refiero. Murió. -M

Creí que en este punto de mi vida ya estaría acostumbrada a la muerte. Supongo que es diferente cuando la persona es alguien a quien quieres y no un desconocido. -M

Sabes, he estado prácticamente la mitad de mi vida sin mi padre. Extraño su alegría, todo el tiempo. Hice lo mejor que pude por tener a mi madre mucho más tiempo, creí que lo hacía bien. -M

Los he perdido a ambos. Y sólo tengo treinta y cuatro. -M

¿Quieres saber de qué murió mi madre? De una epoc. Yo nunca supe que lo hacía —que fumaba—, si lo hubiera sabido lo hubiera detenido. -M

El 35% de las personas que terminan en mi camilla de la morgue murieron por una epoc. No sé cómo pude ser tan ciega como para no notar las señales. -M

Quiero que sepas que allá… dondequiera que estés, ya estás poniendo demasiado en riesgo tu vida. Espero que seas tan inteligente como creo que eres y no estés aumentando ese riesgo con tonterías. Sabes de qué hablo. -M

Ya sé que no es mi lugar decirte qué hacer o qué no hacer con tu vida, pero ya estoy cansada de perder personas. De todos modo, lo siento. -M

Estos meses han sido agotadores. Estoy cansada tanto física como mentalmente. Necesito dormir. Tal vez suene algo insensible lo que voy a decir, pero en parte estoy algo aliviada de que todo haya acabado. Ahora sólo necesito que tu asunto acabe para poder volver a la normalidad. -M

Lamento haber tenido que aburrirte a ti con todo esto. Sólo… necesitaba soltar lo que tenía. Adiós. -M

Sin más dejó el teléfono en su mesa de noche y se metió debajo de las sábanas. Ni siquiera se molestó en retirarse el vestido y ponerse la pijama, ya habría tiempo para eso luego.


A la mañana siguiente se despertó por voluntad propia. Revisó su laptop y se dio con la sorpresa de que tenía un correo de su jefe. Al leerlo se sorprendió al saber que le había dado dos semanas y media de descanso. No era algo que ella hubiera solicitado, pues era consiente que el personal nunca sobraba en la morgue.

Era obvio quién estaba detrás de tal ofrecimiento. Molly sabía que esa era su respuesta a los mensajes del día anterior. Lo había hecho de la única forma que él sabía hacerlo, y estaba agradecida.

Tipeó una respuesta rápida a su jefe y volvió a cerrar su laptop.

Diez minutos después Molly se encontró nuevamente en un profundo sueño.

EPOC son las siglas de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, just in case you were wondering. Quedan tres textos y un epílogo. PROMETO que todo tendrá sentido y encajará en el final, en serio. Volveré en el próximo capítulo con una ocasión especial :)