Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Y el ayer nunca muere
Una antología de Gohan y Videl escrita por LDGV.
Episodio 3: Furia en la carretera
Reclinando su brazo en la ventanilla y girando su cabeza hacia la derecha, Gohan observó el verdoso paisaje que pasaba veloz a un lado de la carretera mientras el vehículo continuaba con su trayecto. El sol, brillando en lo más alto del cielo despejado, anunciaba con toda su gloria que la época veraniega había llegado finalmente a la ciudad.
Disfrutando del aire fresco, Gohan respiró profundamente antes de regresar su mirada al mapa que sostenía en sus manos. En éste, el saiyajin estudiaba todos los posibles caminos que podían utilizar; sin embargo, deteniéndose por un segundo, Gohan se preguntaba a sí mismo hacia dónde querían dirigirse. A pesar de las varias rutas disponibles, desconocía el destino de su travesía.
Meditando dicho dilema, Gohan se hundió en su asiento volteándose a la izquierda mirándola en silencio entretanto ella seguía conduciendo. Videl, luciendo una tranquila sonrisa en los labios, se mantenía sumamente atenta a la carretera. Ella, con una actitud menos rigurosa, no se preocupaba en lo más mínimo hacia dónde iban únicamente disfrutando de la vista ante sus ojos.
– ¡No puedes estar hablando en serio!
– Claro que sí, a mí me encanta la idea.
– Pero creí que íbamos a pasar las vacaciones en casa de mis padres…
Todavía no terminaba de creer que haya accedido a su petición; pero cuando Videl lo miraba con aquella expresión suplicante mezclada con picardía, simplemente no podía resistirse. Habiendo llegado las vacaciones de verano, tanto Gohan como Videl planeaban escaparse de la rutina olvidándose por unas semanas de sus deberes universitarios.
Gohan, como en años anteriores, pensaba en visitar a sus padres hospedándose junto a Videl en su antigua habitación. Para Gohan, no existía mejor lugar para relajarse y perderse de la civilización que las exóticas y lejanas montañas Paoz. Lo tenían todo: verdes campos, exuberante vegetación, ríos con agua cristalina y una mágica calma que arrullaría a quien fuese.
Su adorada novia; no obstante, cambió sus planes por completo.
– Gohan, no me malinterpretes–acercándose al sofá donde él se encontraba, Videl se sentó sobre sus piernas poniéndose cómoda en su pecho–sabes que adoro a tus padres y a Goten; pero creo que es hora que tengamos más tiempo para nosotros solos. Ya no quiero que sigamos cuidándonos de no hacer demasiado ruido cuando dormimos juntos…
Tragando saliva, Gohan dibujó una media sonrisa al oírla hablar sobre su intimidad como pareja. No tenían mucho tiempo desde que decidieron ir más allá, aún resultándole un tema levemente difícil de tocar. Videl, tratándose de una chica con un temperamento más liberal y directo, desde el principio no tropezó con los conflictos que a él sí le hacían dudar de cada una de sus acciones.
Empero, contagiándose de la intensidad innata de Videl, Gohan vio cómo su naturaleza saiyajin fue disipando toda vacilación haciéndole sentirse, por primera vez, placenteramente masculino. Tal cosa sólo podía lograrlo una mujer como ella, una mujer como Videl. Y así, volviéndose más audaz, algunos pequeños inconvenientes como el ruido tocaron a su puerta.
Los cuales; pese a los problemas que podrían traerles, sólo le agregaban más leña al fuego.
– Yo comprendo eso, lo comprendo–Gohan, rascándose la nuca igual que su padre, mostraba una expresión confundida igual que él– ¿pero no te parece que hacer un viaje en automóvil es demasiado engorroso?
– ¿Engorroso? –Videl amaba a su novio, pero en ocasiones su seriedad lo convertía en alguien muy cuadrado de pensamiento–explícate.
– Bueno, considerando que el interior de un automóvil es muy pequeño, no creo que sea un sitio muy cómodo para pasar la noche o descansar–razonando, usando la lógica como siempre acostumbraba, Gohan le replicó.
– Ese no es ningún problema, usaremos una de las cápsulas que tengo guardadas–con ligereza, resolviendo rápidamente su interrogante, lo único que Videl quería era salir de aquellas cuatro paredes por un par de días–acamparemos a un lado de la carretera cuando anochezca y a la mañana siguiente continuaremos con nuestro camino.
– ¿Y exactamente a dónde quieres que vayamos?
Gohan, siendo una persona que prefería planificar casi todas las actividades de su vida, esperaba que Videl le diese una respuesta concreta especificándole un sitio en particular. No obstante, al ser opuestos en su manera de pensar, Videl no se demoró en responder con un:
– ¿No lo sabes?
– Sí, eso dije–besándolo en la frente, Videl saltó de las piernas de Gohan caminando lentamente hacia la alcoba que compartían–lo decidiremos mientras viajamos…
Y sin tener la más remota idea de adónde irían, con la llegada del alba ambos prepararon sus maletas provocando que Gohan se hiciese otra pregunta crucial: ¿cómo viajarían si no poseían un vehículo propio?
– Deja de perder el tiempo mirando ese tonto mapa y disfruta de la vista–Videl, sacándolo de sus pensamientos a su vez que accionaba la palanca de velocidades, lo miró de soslayo aferrándose con seguridad al volante–y ya quita esa cara de indeciso, ya verás que serán unas vacaciones fantásticas.
– Perdóname, Videl–si bien era un hombre veinteañero, en ocasiones tenues matices de su vieja personalidad salían a relucir–no pienses que no quiero hacer este viaje contigo, es sólo que no es algo que acostumbre hacer sin haberlo meditado con calma.
– No te disculpes, no es necesario que lo hagas–pese a no poder verlo de frente por mantenerse concentrada en el camino, Videl le sonrió con sincero cariño–sé muy bien cuál es tu forma de ser, mi intención con esta locura es simplemente tener más privacidad para nosotros y alejarnos de todos por unos días.
Gohan, sin decir ni una palabra, le devolvió el gesto contabilizando los beneficios de la situación: se encontraban a varios kilómetros de Ciudad Satán y una infinita red de autopistas les abrían paso a cualquier dirección que deseasen tomar. Pero, más importante aún, sin importar cuál vía eligieran, estarían completamente solos.
Viendo las cosas de ese modo, Gohan debía admitir que no sonaban nada mal. Y haciéndole caso a su novia, Gohan se puso cómodo y disfrutó del paseo. Observando el entorno por medio del parabrisas, el saiyajin vio como una gran cantidad de automotores se desplazaban cerca de ellos así como otros lo hacían en sentido contrario acelerando cada vez más.
Esta no era la primera vez que viajaba en un automóvil, con anterioridad lo había hecho en un par de oportunidades cuando se veía obligado a guardar las apariencias; sobre todo al hallarse en compañía de sus excompañeros de preparatoria. Y al vivir algo tan cotidiano y normal, Gohan se decía a sí mismo que ese tipo de paz era justamente la que deseaba para su vida.
Los humanos; pese a sus defectos y a sus fallas, eran libres de tomar cualquier sendero, sea bueno o malo, sin sentirse forzados a seguir por una misma línea impuesta por un credo o herencia. Los saiyajin; en contraste, recibían de sus padres el destino que debían cumplir para posteriormente heredárselo a sus hijos y demás descendientes formando una infinita y repetitiva cadena.
Pero Gohan, desde que tenía uso de razón, sabía que su futuro no era el mismo que sus genes le dictaban. No, Gohan quería tomar otro rumbo. Y ahora, al aventurarse en esta improvisada travesía, era el momento indicado para reafirmar tal anhelo.
– ¿Por qué decidiste viajar en un automóvil? –Volviendo a hacer memoria, Gohan se escuchó a sí mismo un par de horas antes– ¿pudimos irnos volando o haber usado tu viejo avión?
– Antes solía divertirme mucho piloteando mi avión, papá me lo regaló cuando cumplí quince años–Videl, caminando junto a él mientras cargaban su equipaje, le contestó–pero desde que me enseñaste a volar ya no lo necesitaba para nada; y con el paso de los años, aquella emoción que sentía al volar fue haciéndose menos…
– Ya veo, comprendo lo que dices–asintiendo con la cabeza, Gohan se dio cuenta que se iban acercando a un establecimiento para rentar automóviles–aún recuerdo lo feliz que estabas cuando lograste flotar unos pocos centímetros…
– Sabes; a veces extraño los viejos tiempos, cuando tenía que hacer las cosas como la gente normal–girándose para mirarlo, Videl le aseguró con toda sinceridad–además, ahora que estoy a punto de terminar la universidad, me doy cuenta que la vida será mucho más complicada y pesada. Sé que ambos decidimos no pelear más contra el crimen porque ya era el momento de dejarlo, pero quisiera volver a tener una aventura como las que teníamos antes…
Gohan, guardándose sus palabras por un segundo, agachó la vista aceptando que lo dicho por Videl era totalmente cierto. Antes, al ser estudiantes de preparatoria, podían darse el lujo de escaparse de clases haciéndole frente a cuanto criminal violase la ley. Entrenaban y peleaban; estudiaban y practicaban, eran libres en todo sentido y contexto.
Sin embargo, una vez dentro del ambiente universitario, el enorme número de deberes, exámenes, proyectos y demás exigencias acabaron por aplastarlos. Gohan, quien siempre amó el estudio, no tuvo problemas para adaptarse sabiendo que su álter ego justiciero tenía los días contados. Pero Videl, siendo una chica que amaba la libertad, no lo tomó tan bien como él.
Comprendiendo que era inevitable colgar la capa de heroína, Videl se abrió camino en aquel nuevo mundo que la esperaba con incontables obligaciones. Y así, entre lecciones y presentaciones, la otrora archienemiga del hampa no detuvo su marcha si bien echaba de menos el pasado. Aunque, sin que ella lo imaginase, aquel estrés los hizo descubrir la intimidad.
Lo que en un principio fueron algunos besos y abrazos en la oscuridad de su departamento buscado olvidarse de los libros, acabó subiendo de nivel hasta descubrirse a ellos mismos desnudos y enredados entre las sábanas. Para ambos, no existía mejor remedio contra la presión y la tensión que hacer el amor cada noche escuchando la lluvia caer al irse a dormir.
Y Gohan; pese a avergonzarse ligeramente, no negaba que aquello le encantaba.
– Por otro lado, como ya volar es algo normal, pensé que podríamos viajar en auto para cambiar la rutina–continuando con sus afirmaciones, Videl se detuvo justo ante su destino.
Esperándolos, un batallón de automotores permanecía perfectamente estacionado aguardado que uno de ellos fuese elegido. Videl, tomándose unos segundos para meditar, caminó entre las camionetas y convertibles entretanto Gohan la seguía de cerca. Y al cabo de unos minutos, Videl hizo su elección al detenerse junto a un vehículo sencillo y poco llamativo.
No quería llamar la atención rentando uno en demasía lujoso, lo que menos deseaba es que las personas la reconocieran estropeando sus planes. Así pues, enrumbándose sin más demoras por las calles, tanto Gohan como Videl dieron por inauguradas sus vacaciones escapándose de todo y todos diciéndole adiós a la civilización.
– ¿De qué te ríes? –arqueando una ceja, Gohan le preguntó al escuchar una disimulada carcajada saliendo de los labios de su novia.
– Estaba recordando la primera vez que conduje un auto–contestándole, Videl se carcajeó sin reservas evocándose a sí misma–fue un par de años antes de conocerte, papá comenzó a hacer una colección de automóviles deportivos y los fue amontonando en el garaje. En aquel entonces papá despilfarraba el dinero en cosas innecesarias y no permitía que alguien tocara sus autos; pero una tarde, luego de llegar de la escuela, estaba muy aburrida así que entré en la cochera y di un pequeño paseo entre los autos…
– ¿Y qué pasó? –viéndola interrumpirse a sí misma por volver a reír, Gohan le cuestionó.
– Un auto deportivo tenía la puerta abierta, me acerqué y noté que las llaves estaban colocadas en el encendido–manteniendo una velocidad constante, Videl le hablaba sin dejar de vigilar el camino–nunca supe por qué estaba así, pero no desaproveché la oportunidad para mirarlo por dentro. Y por mera curiosidad accioné la llave y el motor se encendió.
Gohan, teniendo una sutil sospecha de lo que sucedió después, continuó escuchándola.
– Te juro que no lo planeé, simplemente pasó–carcajeándose, Videl fue contagiándole su buen humor a su novio–accidentalmente pisé el acelerador y el auto avanzó hacia adelante con muchísima velocidad. Logré evadir cuanto obstáculo me encontraba, pero luego de unos minutos comenzó a gustarme. Di un par de vueltas por todo el garaje; pero cuando quería detenerme, una de las sirvientas apareció de la nada y tuve que desviarme o la mataría.
– Supongo que todo no terminó ahí.
– Correcto–le aseguró sonriente–al girar, el auto chocó contra la puerta de la cochera aplastando el jardín que estaba a un lado. Intenté frenar pero no alcanzaba el freno y cuando menos me di cuenta, acabé cayendo en la piscina…
– ¿En la piscina?
– ¡Sí! –Videl exclamó jovial–por suerte la piscina no era muy honda y pude nadar hacia la superficie sin problemas; aunque en realidad si estaba en muy serios problemas.
Como si hubiese sido ayer, Videl recordaba con toda claridad la algarabía que los criados de la mansión crearon al darse cuenta del desastre que ella provocó. Videl, riéndose a más no poder, nadó sin inconvenientes saliendo de la piscina ante la mirada atónita de los allí presentes. Su padre, apresurándose al escuchar un gran bullicio, se petrificó al ver los cuantiosos daños.
Mr. Satán, pasando de la mudez a la ira, borró la sonrisa del rostro de Videl castigándola como jamás lo había hecho. Videl no se caracterizaba por ser una niña traviesa; no obstante, a raíz de la falta de interés del campeón en ella, Videl fue volviéndose independiente desde muy temprana edad y, en ocasiones, terminaba metiéndose en graves aprietos sin tener la intención de hacerlo.
– Papá estaba furioso. No sólo dañé la cochera; sino también, arruiné por completo uno de sus autos favoritos–calmando sus risas, Videl fue retomando la calma–estuvo molesto conmigo por unas semanas, ni siquiera me permitía entrenar en el gimnasio de la mansión pero no tardó en volver a salir de gira y aproveché para regresar a la normalidad.
– Vaya, jamás me imaginé que hubieras hecho algo así–pensativo, Gohan se esforzaba por ilustrar aquella escena en su imaginación–aunque admito que me resulta adorable la imagen de ti encerrada en tu habitación por estar castigada.
Bufando, Videl realizó un giro a la derecha preparándose para abandonar la autopista internándose en una carretera más rural y menos congestionada.
– Ya que estamos tocando ese tema, cuéntame alguna travesura o problema que tuviste de niño–Videl, mirándolo de soslayo por un santiamén, le consultó–dime cuál fue la peor fechoría que hiciste.
– Ninguna, sinceramente nunca me metí en problemas de ese tipo–directo y sincero, Gohan le replicó con rapidez.
– ¡Por favor, Gohan! –con un suave sarcasmo, Videl le debatió–todos los niños se meten en problemas al menos una vez en sus vidas, tú también debiste hacer hecho algo así.
– Te juro que no–encogiéndose de hombros, Gohan se defendió–sabes dónde está la casa de mis padres, sabes lo estricta que es mi mamá; conoces mi forma de ser…
– De acuerdo, te creo…
Gohan le hacía honor a su apodo de genio. Tanto en la escuela como en la universidad, Gohan no se desviaba de sus deberes siguiendo cabalmente la línea que su madre trazó muchos años atrás. Videl, con muchísima facilidad, podía visualizarlo sentado en su pequeño escritorio de madera en su alcoba estudiando un enorme montón de enciclopedias bajo la mirada vigilante de su suegra.
Pero, con honestidad, Videl le agradecía a Milk por ello. Mientras otras chicas se derretían por los típicos galanes del salón, Videl descubrió lo irresistible que un chico estudioso y tímido era en realidad. Debajo de ese rostro en apariencia ordinaria, Videl halló un salvajismo propio de un animal cuando conseguía encender la mecha de la pasión.
Le encantaba ese hombre; lo amaba, le agradecía al cielo por haberlos reunido.
– ¿De qué te ríes ahora? –notando una expresión traviesa en ella, Gohan ni sospechaba los pensamientos de la mujer a su lado.
– De nada, de nada–queriendo disipar de su mente algunos recuerdos íntimos de ella y Gohan, Videl cambió el tópico de la conversación–ahora que lo pienso… ¿te gustaría conducir un poco?
– Pues no me molestaría hacerlo si supiese cómo.
– Deberías aprender a conducir, yo podría enseñarte–sintiendo como si una bombilla brillara en su cabeza, Videl le alegó–así podré devolverte el favor cuando me enseñaste a volar, te aseguro que aprenderás a conducir; es muy fácil.
– No sé si lo logre, se ve algo complicado–viéndola accionando la palanca de velocidades simultáneamente que los pedales, Gohan esbozó un semblante de incertidumbre–por otro lado, nunca he necesitado un auto para ir a donde quiero, simplemente me voy volando.
Gohan, por definición, era una persona experta en teorías, hipótesis y demás conjeturas académicas. Sin embargo, cuando se trataba de pasar a la práctica, Gohan se veía forzado a limitarse a sí mismo temiendo que sus habilidades y poderes sobrehumanos lo delataran ante la humanidad. Por ello, siempre evitó llevar a cabo cosas que la mayoría de la gente hacía.
– Sé que se ve difícil, pero todo es cuestión de practicar–Videl, repitiéndole una frase que él le dijo al enseñarle a volar, le comentó abriendo un poco más su ventanilla– ¿si quieres puedo detenerme un momento para que cambiemos de asiento?
– No creo que sea la ocasión correcta para hacer algo así, se supone que estamos de vacaciones…
– ¡Cobarde!–con tono bromista, Videl le reprochó borrando su expresión sonriente con demasiada prisa.
– ¿Qué ocurre, pasa algo? –percatándose del repentino cambio de humor de su novia, Gohan no se resistió a indagar sobre aquello.
– Veo varias patrullas de la policía acercándose detrás de nosotros a toda velocidad…
– ¿Nos vienen siguiendo a nosotros?
– No, creo que en realidad…
Interrumpiéndola, un automóvil deportivo apareció de la nada justo detrás ellos metiéndose en el carril por donde viajaban, lo cual, obligó a Videl a frenar bruscamente evitando así una colisión. Gohan, sintiendo el empujón hacia adelante, levantó la mirada observando como dicho automotor se movía en la carretera de forma zigzagueante poniendo en peligro a los demás conductores.
Y así lo fue, el tráfico se paralizó en su totalidad a consecuencia de la escandalosa persecución policial que se robó el protagonismo. Para Gohan y Videl tal escena les traía incalculables recuerdos, recuerdos que atesorarían por el resto de su existencia añorando sus hazañas heroicas en nombre de la justicia. Algo que, justamente, Videl quería recobrar con este viaje.
– ¿Estás bien, Videl?
– Sí, estoy bien–apretando el volante con sus manos, Videl no apartaba sus ojos de la acalorada cacería que se alejaba más y más de ellos.
– Tal vez deberíamos continuar, estamos deteniendo el tráfico…–escuchando las bocinas de otros coches, Gohan miró sus alrededores gracias a los espejos retrovisores.
– Sí, tienes razón…
Con una inusual seriedad, Videl aceleró gradualmente retomando la marcha sin dejar de pensar en lo que vieron escasos segundos atrás. En su adolescencia, el sonido de las sirenas de la policía era el cántico que la invocaba, el cántico que la hacía entrar en acción. De estar allí, su versión más joven ya hubiera emprendido una demente carrera por atrapar a aquellos delincuentes.
Y escuchando la voz de aquella Videl del pasado, la Videl actual se inclinó hacia atrás en su asiento ajustando su cinturón de seguridad. Gohan, detectando un leve incremento en su ki, giró su cabeza mirándola en silencio como si una parte de él supiese lo que Videl pensaba. Lo intuía, podía sentir la adrenalina llenando la cabina del vehículo, sabía muy bien lo que pasaría.
– ¿Confías en mí, Gohan?
– Sabes muy bien la respuesta a esa pregunta.
– Entonces, sujétate…
Hundiendo su pie con fuerza, Videl llevó al motor de su auto a su máxima capacidad devorando el asfalto en menos de un pestañeo. Tal cosa era impresionante, tomando en cuenta que tal automóvil no estaba fabricado para esa clase de propósitos; aún así, Gohan sí se inquietaba por la manera tan agresiva con la cual Videl maniobraba.
– Sé lo que piensas hacer; pero no olvides que este auto es rentado–personificando a su conciencia, Gohan le habló en voz alta mientras Videl parecía ser una especie de lobo que olfateaba a su presa–si algo le sucede tendremos que pagar los daños…
– No creo que sea muy costoso reparar algunos raspones y abolladuras…
– Sólo no pierdas la cabeza, te lo ruego…
– ¿Gohan, alguna vez me has visto perdiendo la cabeza? –El pelinegro, disponiéndose a contestar afirmantemente, fue interrumpido por Videl quien replanteó sus palabras–sólo confía en mí, ya verás que los atraparemos…
Bajo otras circunstancias, un Gohan más moderado habría detenido a Videl desde antes de acelerar; empero, reviviendo el fuego justiciero de antaño, Gohan simplemente se dejó arrastrar viviendo una segunda y corta adolescencia. Y si bien no portaban consigo sus viejos disfraces de superhéroes, eso no era un impedimento para poder hacer algo al respecto.
Agudizando sus sentidos, Gohan no se demoró en avistar las luces de las patrullas quienes continuaban con su deber a su vez que intercambiaban proyectiles con los prófugos. Atrapando un extraviado billete que volaba cerca de ellos, Gohan dedujo que tales sujetos debían ser asaltantes de bancos que huían después de haber acertado un golpe.
Habiendo abandonado la atestada autopista; tanto ellos como los bandidos, se adentraron en un estrecho camino adornado con árboles y tranquilos paisajes montañosos. Tal lienzo, generó que Gohan se sintiese como en casa; pese a eso, las detonaciones de armas de fuego espantaron a las aves y restantes animales que residían en aquel verdoso páramo.
Sosteniendo una pesada ametralladora, uno de los criminales abrió la ventanilla deslizable del techo de su auto asomándose por medio de esta. Y utilizando su armamento, empezó a disparar como un demente destrozando el parabrisas de la patrulla más cercana. Tal cosa, en consecuencia, propició que los oficiales en el interior perdieran el control volcándose aparatosamente.
Pocos metros detrás, Videl juraría que olía el olor de la pólvora recién quemada recordando, otra vez, los miles de tiroteos en los que estuvo antes de conocer a Gohan. Pese a lo emocionante que le pareciese, una bala destrozó la burbuja de sus pensamientos al incrustarse en la carrocería de su automóvil. Gohan, volteándose nuevamente hacia ella, le miró con una clara preocupación.
– Bien, ya los alcanzamos–hablándole, Gohan se dispuso a hacerle una pregunta simple pero fundamental– ¿ahora qué?
– Trataré de acercarme lo más que pueda, luego de eso será tu turno.
– ¿Mi turno?
– ¡Asegúrate que no se escape ninguno!
Tratándose de la policía de Ciudad Satán, para el dúo de pelinegros era de lo más normal que fueran muy torpes e ineficaces a la hora de cumplir con su deber. Para nadie era un secreto su inutilidad en una situación así, no por nada solían solicitar la ayuda de Videl al verse superados por cualquier vulgar ladrón. Y una balacera, sólo relucía aún más su incompetencia.
Quitándose de encima a dos patrullas más, los malhechores creyeron haberse salido con su suya cuando notaron que un auto más les venía pisando los talones. Confundido en un principio, el tirador mandó todo al demonio antes de apuntarles descargando una potente lluvia de proyectiles que, como era natural suponer, llenaría de agujeros aquel entrometido coche.
Sin embargo, eso no ocurrió.
– ¿Pero qué diablos?
Gohan, reaccionando con prontitud, extendió una de sus manos hacia el exterior creando una invisible pero impenetraba barrara de energía que pulverizó hasta la última de las balas. Videl, sonriéndole y felicitándolo, aumentó la velocidad aproximándose más a los bandoleros. Gohan, queriendo terminar con aquello de una vez, se desbrochó su cinturón de seguridad.
No pudiendo creer ni explicar lo que presenciaba, el asaltabancos vio como Gohan abría la puerta del pasajero para colocarse encima del automóvil que Videl conducía. Pese a las violentas ráfagas de viento que lo golpeaban, Gohan no perdía el equilibrio manteniéndose estable mientras Videl seguía presumiendo sus dotes como conductora.
– ¿Qué clase de broma es esta?
Siendo incapaz de comprender lo que veía, aquel desafortunado individuo enmudeció al atestiguar como Gohan saltaba con elegancia reacomodándose en el aire antes de aterrizar, brutalmente, sobre la tapa del motor del auto deportivo que empleaban para escapar. La potencia con la cual Gohan aterrizó, destrozó las entrañas de aquella máquina deteniéndola casi en el acto.
El que fuese un veloz e impresionante bólido, ahora no era más que una pila de arrugada chatarra que se arrastraba unos cuantos milímetros. A pesar de eso, Gohan tuvo la delicadeza de no excederse asegurándose de no matar a los ocupantes de dicho medio de transporte. Aún así, uno de ellos consiguió liberarse de su asombro apuntándole a Gohan con su pistola.
– ¿De dónde salió este fenómeno?
Disparándole, aquel pobre tonto contempló incrédulo como Gohan esquivaba sus tiros con meramente inclinarse de un lado al otro. Sonriente, riéndose de la cara pasmada del hombre ante él, Gohan creyó sentirse de nuevo como en sus mejores épocas de enmascarado. Tranquilamente, sin prisas, Gohan fue rodeando el vehículo viendo a Videl estacionándose no muy lejos.
Si bien no era lo que tenía planeado, aquellas vacaciones lo llenaron de energía desde el comienzo.
– ¡Ya bajen del auto, no tiene caso que continúen luchando! –Arrancando la puerta del conductor como si fuese de papel, Gohan divisó en la lejanía como más patrullas de la policía se acercaban con rapidez–la policía no tardará en llegar, les recomiendo que se rindan pacíficamente.
– ¡Cierra la boca!
Persistente, sin claudicar, el jefe de aquella pandilla quien también conducía, volvió a intentar acabar con Gohan apuntándole directamente al rostro aprovechándose de su cercanía con él. Y sin vacilar, haló del gatillo experimentando una fuerte sacudida al disparar. Pero, creyendo que su cordura se había ido por el caño, lo que sucedió después de detonar su revólver lo congeló.
Gohan, utilizando dos dedos de su mano derecha, atrapó sin dificultades el proyectil que viajaba hacia él. En menos de un pestañeo, en fracción de segundos, los reflejos sobrehumanos del novio de Videl le permitieron ver y detener tal fragmento de plomo. Dicho acontecimiento, terminó por minar las esperanzas de escape de aquellos prófugos de la ley.
– Por la expresión de tu cara supongo que ya no vas a necesitar esto…–con buen humor, Gohan le arrebató la pistola a su atacante aplastándola al tirarla al suelo.
– ¡Quieto!
Escuchando la voz de Videl, Gohan se ladeó a la izquierda contemplando como ella noqueaba a uno de los asaltantes obsequiándole un demoledor puñetazo al mentón que lo tumbó en el asfalto.
– Ya tenía todo controlado…
– Pues casi se te escapa uno–Videl, con tono divertido, le respondió al mismo tiempo que los uniformados se hacían presentes frenando sus patrullas a un lado de ellos.
Esposados y detenidos, el cuarteto de criminales fue sometido y transportado de inmediato a la comandancia de policía en Ciudad Satán. Por otro lado, los oficiales no se demoraron en reconocer a Videl agradeciéndole infinitamente por oportuna su ayuda aunque, quedando intrigados, ninguno de ellos pudo explicar como aquel reluciente automóvil acabó de tal manera.
– Les deseamos un feliz viaje…
– Muchas gracias–disponiéndose a reanudar su travesía, Videl le devolvió la cortesía a uno de los policías–asegúrense que esos rufianes pasen una larga estadía tras las rejas…
– ¡Puede contar con ello, señorita Videl!
Acelerando, dejando atrás aquella multitud de uniformados, tanto Gohan como Videl se internaron en aquel camino siendo los únicos que transitaban por allí. Continuaron avanzando mientras conversaban, Gohan buscaba en el mapa dónde se encontraban entretanto Videl le decía que eso no era importante y que lo mejor era gozar de la panorámica sin distracciones.
Más vivos que nunca, todavía saboreando un poco de la adrenalina que corría por sus venas, el dúo de antiguos justicieros miraban hacia adelante como si aquello, metafóricamente, fuese una especie de analogía sobre su futuro juntos. Gohan, observando el asiento trasero de soslayo, se preguntó si algún día un infante se convertiría en el tercer pasajero de sus aventuras.
Gohan, evocándose a sí mismo en su niñez, recordó los escasos viajes familiares donde asistía a días de campo junto a sus padres. Videl, haciendo lo mismo, juró que por un santiamén consiguió conectarse con su yo más joven añorando la sencillez y calidez que alguna vez caracterizó a la familia Satán. Y sobre todo, sonrió al pensar en su madre quien amaba tales paseos.
Sin parar, pasaron en medio de una extensa arboleda hallándose a cientos de kilómetros de distancia del poblado más cercano; así pues, Videl trataba nuevamente de convencer a Gohan de aprender a conducir cuando, sin aviso, el coche que los albergaba empezó a ralentizarse quedándose sin potencia paulatinamente hasta detenerse a pocos metros de un puente cubierto.
– ¿Se habrá descompuesto el motor? –Gohan, ajustándose sus gruesas gafas, la interrogó al verla intentado encender el auto.
– No, no es tan grave–dándole un golpe al volante como muestra de su frustración, Videl se desabrochó su cinturón de seguridad al girarse hacia él–simplemente nos quedamos sin gasolina, debió agotarse toda cuando perseguíamos a ese grupo de idiotas.
– ¿Qué haremos ahora? –también liberándose de su respectivo cinturón, Gohan se dio cuenta como una punzante lluvia se manifestaba sobre ellos llenando de gotas los cristales del automóvil–está comenzando a llover y la estación de combustible más próxima está a unos kilómetros de aquí.
– Podrías bajarte y comenzar a empujar el auto–con voz ingenua, Videl bromeó con él.
– ¿No lo dices en serio, verdad?
– Es sólo una sugerencia…–Videl, moviéndose con dificultad a consecuencia de la estrechez de la cabina, debió contorsionarse para lograr acostarse sobre el asiento trasero del auto–pero podemos quedarnos aquí hasta que pase la lluvia, no tiene caso que perdamos el buen humor por algo así…
– ¿Dónde está el estuche con cápsulas que trajiste? –Buscando en la guantera, Gohan le consultó–sería mejor guarecernos allí…
– Gohan, ya te dicho mil veces que no te tomes las cosas con tanta seriedad; en ocasiones, es más saludable simplemente disfrutar de las circunstancias–Videl, cómodamente acostada, extendió una mano hacia él–ven, tengo frío…
Inmóvil, Gohan pestañeó perplejo sin saber qué decir. Hacía unos minutos la Videl combativa y enérgica reapareció para hacerle honor a su reputación heroica, y ahora, dando un giro radical, una Videl más pasiva y femenina la reemplazó invitándolo a acercarse. Aquello, diametralmente, propició que el Gohan vacilante le cediese las riendas a un Gohan más audaz y masculino.
Dejándose llevar, pronto Gohan se halló a sí mismo sobre ella cuidando de no aplastarla con su peso. Ella, abrazándolo mientras besaba su barbilla, se aferró a él queriendo mantener encendida la llama que la persecución encendió pocos instantes atrás. Tal cosa era un trabajo conjunto, y captando el mensaje, Gohan le regresó la caricia olvidándose de sus dudas y preocupaciones.
Hacer el amor en el asiento trasero de un auto no era precisamente la primera opción para Gohan; no obstante, siguiendo el consejo de Videl, rápidamente sus risas acompañaron a las de ella en la aparatosa tarea de desnudarse el uno al otro en un espacio tan limitado. Y echando leña a la hoguera, la noción de hacerlo en plena vía pública le agregó un morbo picante y delicioso.
Reacomodándose, sentándose ella sobre sus piernas, Gohan la ayudó a mantener el equilibrio escuchando como un millar de gotas golpeaban el techo del coche. Y allí, a su vez que Videl ponía en marcha su rítmico movimiento de caderas, Gohan se convencía que haber salido de la ciudad fue una verdadera bendición, una bendición que se la debía totalmente a ella.
Sosteniéndola, enterrando su rostro en el valle de sus senos, Gohan escuchó en los alrededores unos cuantos truenos repicando entre las nubes. Afuera, en el exterior, el pavimento empezaba a llenarse de numerosos charcos cuyas superficies, actuando como cristalinos espejos, reflejaban las oscilantes siluetas de un par de amantes que con su baile mandaban todo al mismísimo demonio.
Al demonio con la rutina.
Al demonio con los deberes.
Al demonio con la estresante ciudad.
Al demonio con las entrometidas opiniones de los demás.
Entre jadeos y suspiros; besos y mordidas, encontraron un sitio donde guarecerse y esconderse de quién fuese. Y máxime, un sitio donde amarse con total libertad.
Fin
Hola, muchísimas gracias por haber leído un nuevo episodio de este fic. Nuevamente le agradezco a mi estimada amiga Linkyiwakura por permitirme crear esta antología basándose en sus dibujos de Gohan y Videl, espero honrar su talento artístico con cada capítulo que escriba. Crear esta colección de historias se ha convertido en uno de mis pasatiempos más queridos, ojalá les gusten.
Sé que tal vez ya es un poco tarde pero quería desearles un feliz año nuevo, ojalá el 2018 esté cargado de cosas muy buenas para todos ustedes. También les mando un enorme abrazo a todos mis amigos y amigas del grupo Godel en Facebook, muchas gracias por permitirme ser parte de su comunidad. Les deseo muchos éxitos con todos sus proyectos de Gohan y Videl.
Antes de retirarme, les doy las gracias a las siguientes personas por dejar su comentario en el capítulo anterior: Giuly De Giuseppe, Majo Aphrodite, SViMarcy, Saremi-San 02 y a Lisa.
Gracias por leer y hasta la próxima.
