Capitulo 5
Respirar
Por Amelia Badguy
435 palabras según Word
La verdad era que ser padre todavía estaba siendo algo nuevo para él, pues a pesar de que había tenido a aquel bebé durante ocho meses en su vientre, seguía siendo algo nuevo de ver, de apreciar, de sentir.
Él siempre había estado acostumbrado a destruir vidas, no formarlas ni nada de aquello, por lo cual sus sentidos de protección estaban realmente altos en las primeras semanas de vida de Amarant.
Aquellas primeras semanas en que verlo dormir, mientras el idiota de Kakarotto salía a cazar o algo, había sido normal se tranquilizaba al sentir su energía, para saber que el infante dormía profundamente, su energía le hacía saber que estaba bien, que estaba vivo. Era un beneficio de poder sentir el poder de los seres vivos.
Pero habían pequeñas ocasiones donde no podía sentir nada en realidad. Veía a su pequeña cría en aquella cuna que Bulma les había dado —en algún punto aquella mujer vulgar se había vuelto simplemente Bulma—, recostado, seguramente durmiendo profundamente, pero maldición, no podía ver su pecho subir y bajar.
Su instinto le decía que lo tomara en brazos, para poder sentir que realmente respiraba, aunque su lógica le decía que sí estaba vivo, es decir, podía sentir el pequeño ki que su hijo tenía, no debería preocuparse por nada, pero su instinto solía ganar en muchas ocasiones, por lo cual lentamente, comenzaba a picar primero el vientre de su bebé, buscando alguna reacción, cualquiera, pero cuando no obtenía nada, se comenzaba a desesperar lentamente y su juicio comenzaba a nublarse por completo.
Era en aquellos momentos, en los cuales el pequeño Amarant dormía como todo bebé, ajeno a los problemas y vidas de sus padres, sin tener ninguna idea de sus preocupaciones, cuando se veía despertado de forma algo brusca al ser sacudido por su progenitor, siendo esta la maniobra usada por Vegeta debido a las nulas respuestas obtenidas con anticipación.
Cuando el bebé comenzaba a llorar, al verse interrumpida su serenidad era cuando Vegeta se sentía más tranquilo, al ver que su cría su respiraba y lloraba, viéndose obligado a arrullar a Amarant hasta que este volviera a dormirse nuevamente, lo cual no tomaba demasiado tiempo.
Odiaba su instinto de omega y sus miedos estúpidos, es decir, sentía la energía del niño, podía verlo ahí descansar, pero al no tener movimiento de su pecho subir y bajar, no podía evitar aquella preocupación que lo recorría.
Sí, odiaba siempre ser omega y que ese instinto que muchas veces tenía —en algunos momentos bastantes acertados debía admitir— lo hacía lucir cada vez más abierto al mundo por completo.
