Capitulo II

.

.

Fractura

Corriendo sin cuidado cubriéndose el rostro con ambas manos se encontraba un pequeño pelirrojo de no más de cinco años, a causa de las lágrimas que no dejaban de correr por sus mejillas el pequeño terminó tropezando y cayendo al suelo cerca de una mata de rosas blancas, dolorido no solo por sus raspones y sin levantarse del piso continuo llorando con más sentimiento.

Por más que quería dejar de llorar no podía, ya no podía continuar soportando más, el dolor que sentía era tan inmenso que le dolía hasta respirar. Desde que tenía memoria conocía lo que era el dolor y la soledad, pero sin embargo no creía que alguna vez podría acostumbrarse al desprecio que le profesaban sin cesar. ¿Porque todos lo odiaban tanto? Siempre intento esforzarse y luchar sin descanso para que dejaran de verlo como un monstruo, pero por más que intentara eso jamás sucedía.

Estaba cansado de fingir que no le importaban todas las miradas desdeñosas y palabras hirientes que le dirigían, estaba cansado de intentar remediar los errores que jamás había cometido para que lo aceptaran, estaba cansado ya de toda esa mierda que le había tocado vivir por haber nacido en un clan que lo odiaba por algo algo que él jamás había decidido.

Era débil, lo sabía. Su padre siempre se lo decía. Y aún así no comprendía porque lo había elegido a él para llevar a cabo la ejecución de sus planes.

- Oe ¿estás bien?

Al escuchar esa pregunta sonando gentil levantó la cara un poco para poder ver a quien le hablo, frente a él, una pequeña niña lo miraba de forma curiosa con unos hermosos ojitos color verde.

- ¿Necesitas ayuda? – preguntó de nuevo poniéndose en cuclillas.

- Nadie puede ayudarme... – respondió quedito volviendo a esconder su rostro en el suelo.

Ante sus palabras la niña frunció el entrecejo.

- Bueno, pues yo sí que puedo hacerlo – dijo muy segura de sus palabras.

- ¿Cómo puedes estar tan segura? – preguntó enfurruñado sin mirarla – ni si quiera me conoces ¿por qué querrías hacerlo de todas maneras? – continuó preguntando sin dejarla responder.

¿Que como podía estar tan segura? Pues ni ella misma lo sabía, aún con el ceño fruncido medito su respuesta. El pequeño al no escucharla hablar sonrío de forma seca aún contra el suelo, ya lo sabía. Nadie podía ayudarle, ahora estaba solo y todo era culpa suya, todos lo odiaban, incluso sus propios hermanos lo hacían, al recordar ese hecho nuevamente sintió ese dolor insoportable en el pecho y sin poder evitarlo las lágrimas regresaron.

Al notarlo tener leves espasmos la pequeña se acercó a él con la decisión brillando en sus ojos. Tomándolo desprevenido lo sujeto del hombro para poder voltearlo boca arriba, el pequeño pelirrojo tan solo la miro con los ojos abiertos como platos ante su acción. Aún en shock la miro sentarse a su lado y mirarlo de una manera que lo dejo sin habla por la fuerza que emanaban sus ojos.

- Escucha, no puedo saber cómo ayudarte si no me dices que es lo que te pasa y es verdad, no te conozco, pero sé que quiero ayudarte y podré hacerlo – le dijo con seguridad.

Por primera vez en mucho tiempo el pequeño sonrió con sinceridad.

...

En medio de dos árboles de almendro se encuentra un muchacho de pie, frente a él hay un pequeño rosal blanco.

Las facciones del chico son apuestas, su piel es pálida, su cabello corto y puntiagudo de color rojo, sus ojos son de color turquesa claro y alrededor de ellos existe un matiz negro, en su frente de lado izquierdo tiene el kanji "amor", viste una playera negra un poco holgada pero aun así se nota su bien formado torso, una chaqueta roja con dobladillo en ambos brazos, pantalón café y botas de casquillo negras.

En su semblante se le nota tranquilidad sin embargo sus ojos muestran un matiz de melancolía al observar el pequeño rosal. Soltando un profundo suspiro levantó su vista al cielo.

- El mismo cielo azul como el de aquel día – susurró.

** Flash Back**

- Mi nombre es Sakura - dijo la pequeña sonando amigable de nuevo.

Con tranquilidad el pequeño se incorporó hasta quedar sentado. Ante el silencio del chico Sakura lo miro curiosa, notando que ya no lloraba pero seguía con esa mirada triste, a lo que sin decir más lo abrazo, sorprendiendo de nuevo al pequeño.

- ¿Porque… – ni siquiera terminó de formular su pregunta, cuando ella se separó de él y lo miro con comprensión.

- Mi madre suele decir que un abrazo siempre es bueno para aquellos que tienen tristezas escondidas – respondió con tranquilidad.

Aún en silencio él la observó con impresión. Nunca nadie antes le había abrazado.

- Mi nombre es Gaara… – dijo quedito mirándola con una pequeña sonrisa y mejillas sonrosadas.

- Ahora ya somos amigos Gaara – respondió sonriéndole alegre por al fin saber su nombre.

**End Flash Back**

Ante el recuerdo de esa pequeña niña sonriéndole alegre él también sonrió, con una pequeña sonrisa sincera mientras miraba con tranquilidad el rosal frente a él.

Hacia bastante tiempo de eso ¿en qué momento todo se había roto? ¿Cómo pudo haber sido tan estúpido? Era tan solo un niño en aquellos días, era cierto, sin embargo ella fue su primera amiga, la primera persona en quererlo y aceptarlo tal cual era ¿Por qué no lo vio? Sakura siempre estuvo para defenderlo y cuidarlo en los peores momentos que pudo haber vivido…

Y sin embargo él solo fracaso cuando debió de haber permanecido fiel a ella y sus sentimientos. Menudo idiota. Las cosas tal vez serían diferentes para ellos ahora si tan siquiera hubiese afrontado sus miedos para mantenerse inquebrantable a su lado, justo como los otros dos lo habían hecho. Estúpidamente creyó que al haber fallado la primera vez no habría una segunda.

Sin embargo antes de que algo se llevara a cabo hizo lo que debía haber hecho desde un principio, imponerse ante su padre. Tal vez demasiado tarde pero sin duda fue la mejor desicion que pudo haber tomado, tal vez las cosas jamás serían como antes, pero al menos estaba trabajando en reconstruir todo aquello que se había destruido por la ambición de querer más poder. Y aunque no todo fuera su culpa, se sentía responsable por las atrocidades que su padre sí que había cometido.

- Sabaku No-sama – llamó su atención una pelinegra acercándose a él.

El pelirrojo despego su mirada de las rosas para mirar a la mujer que lo llamó.

- Dígame Shizune-san - respondió con una sonrisa amable.

- Tsunade-sama convocó una reunión para esta noche a las nueve, es importante que no falte – anunció la mujer amablemente.

- Claro, gracias por informarme.

La pelinegra hizo una leve inclinación y siguió en su cometido de informar a los faltantes, mientras que el pelirrojo dirigía su vista nuevamente a las rosas.

- ¿Dónde estarás ahora Sakura? Sé que no moriste, no pudiste haberlo hecho – pensó él pelirrojo viéndose intrigado y preocupado soltando un profundo suspiro.


En medio del mar a plena luz del día se encuentra un barco sencillo, en el interior de este, para ser más exactos en la pequeña habitación se encuentra una pelirrosa sentada en medio de la pequeña cama, una pelirroja y un rubio ambos sentados frente a ella; los tres se encuentran en posición flor de loto y se les nota seriedad en sus facciones.

- Realmente ¿qué quieres hacer Sakura? – cuestiono la pelirroja mirándola con sospecha – ¿Cuáles son los planes ahora?

La chica pareció meditarlo un segundo ¿Cuáles eran los planes? Tenía demasiados por cumplir, sin embargo no podía revelarlos todos, al menos no por ahora.

- ¿Cómo dieron conmigo? – contesto con otra pregunta la chica.

- ¿Por qué evitas mi pregunta? – insistió Erza.

- No la evito, simplemente no eh pensado nada en particular – mintió.

- Como si eso fuera creíble Haruno – acuso malhumorada.

- Tú siempre tienes algún plan en mente Sakura-chan – apoyo el rubio a la pelirroja.

- ¿Tú también Naruto? – lo miro como el traidor que a sus ojos era recibiendo una sonrisa jocosa de el – para poder trazar un plan necesito saber cómo supieron dónde encontrarme – agrego al verlos querer insistir entre los dos.

- Hace cuatro meses descubrimos donde se encontraba uno de los palacios que utilizan como jaula para los prisioneros con potencial… – contesto el rubio con rabia apretando los puños con fuerza – no podíamos ir sin preparar un plan, no se trataba simplemente de una guarida cualquiera como las otras…

La pelirroja no pasó desapercibido ningún detalle de la pelirrosa, desde la noche anterior se había dado cuenta de la tristeza y el dolor que sus ojos habían adquirido, no era el mismo que le conocía de tantos años, era otra cosa y no se quedaría con la duda por lo que decidió interrumpir al rubio y probar suerte.

- Claro que Kakashi-sensei nos ayudó, fue gracias a Pakkun que descubrimos que en ese lugar también se encontraba Sasori… – dijo el nombre despacio esperando ver algún tipo de reacción en la pelirrosa pero en lugar de la reacción esperada se sorprendió al notar cierto deje de… ¿odio? en su mirada.

- ¿Kakashi vino con ustedes? – pregunto tratando de ignorar la bilis que subía por su garganta.

- Si, nos alcanzara más de rato – respondió Erza frunciendo el ceño.

- Las probabilidades de que estuvieras en ese lugar por obvias razones crecieron, pero no contamos con que ahí se encontraría Obito y algunos otros subordinados… – continuo hablando el rubio cuando la pelirrosa volteo a verlo – tuvimos la suerte de que no nos confiamos tan fácil y bueno, después de que te capturaran anduvimos aun con más cuidado esperando la oportunidad para poder…

- ¿Qué demonios paso Sakura? – volvió a interrumpir Erza mirándola fijamente.

Para ninguno de sus compañeros paso desapercibido la impresión que provoco la pregunta tan repentina, para después abrirse paso el dolor y el odio que esos ojos color jade mostraron como solo una vez lo han hecho.

- Nada de lo que deban preocuparse… – intento sonreír para tranquilizarlos.

- Fueron casi dos años los que estuviste lejos Sakura-chan… – dijo el rubio mirándola serio y con cautela – los tres sabemos de sobra lo que es ser prisioneros de ese desgraciado – al decir "desgraciado" apretó los puños y lo dijo con infinito odio.

- No fue tan siniestro cómo piensan – soltó un profundo suspiro al ver la mirada incrédula que le dirigieron – digamos que con el paso de los años se ha hecho más blando respecto a sus modos de tortura – les dirigió una mirada juguetona.

- ¿Crees que esto es divertido? – Erza la miro indignada.

- Tan solo no se obsesionen con eso – pidió – no fue tanto tiempo.

- Fue bastante tiempo – refuto Erza.

La pelirrosa los miro fijamente, eran tan necios. ¿Qué se supone que debía decirles? ¿La verdad? No sabía si estaba preparada para ver sus rostros al enterarse de todo. Ni ella misma podía verse al espejo sin sentir odio ante lo débil que fue, no pudo proteger lo que más anhelaba y quería, seguro que ellos también la odiarían cuando supieran todo lo que hizo y no hizo, y realmente eso le dolió.

Le dolió pensar si quiera cuanto ellos se decepcionarían de ella, y nuevamente trato de reprimir las lágrimas, mismas lágrimas que no derramo en casi dos años, mismos años en los que se guardó su dolor y odio pero jamás se olvidó de ellos, el odio fue su único motivo para vivir, y el dolor fue lo único que le recordaba que aún seguía viva. Se sintió débil al sentir la necesidad de llorar nuevamente. ¿Ese era el resultado por haberse reprimido tanto tiempo? ¿Ahora jamás dejaría de llorar? ¡Por kami!

- Dijiste que estaría bien si solo era por la noche de ayer – susurro.

Erza sonrió con tristeza al comprender sus palabras. Era tan testaruda.

Sakura se levantó de golpe cuando sintió que todo su ser la traicionaba a mostrar todo lo que sentía, el dolor, el odio, la pérdida... la pérdida era lo que más le hería el alma…

El rubio se levantó al verla ponerse de pie y la abrazo con fuerza, la ojiverde al ya no poder soportar todos los recuerdos que se agolparon en su mente tras lo dicho no pudo hacer nada más que esconder su rostro en el pecho del rubio, tomo su playera en puños no pudiendo evitar más sus lágrimas, Naruto al sentir su camisa mojarse apretó más el abrazo y volteo a ver a la pelirroja con advertencia y suplica que ella entendió a la perfección por lo que suspiro con pesar y solo asintió.

- Sakura-chan… – susurro el rubio con dolor al verla tan rota cómo jamás se había mostrado – está bien, todo está bien ahora – consoló acariciándole sus hermosos cabellos color rosa.

- No... esto no está bien… – pensó la pelirroja al verla tan frágil como jamás se había mostrado– juro que mataré a quien te hirió así Sakura… – la pelirroja apretó los puños con fuerza encima de sus piernas mientras fruncía su entrecejo.

Era casi imposible el que alguien pudiera herirla de esa manera, la ojiverde siempre se mostró inquebrantable incluso aún después de la muerte de Cordelia, jamás se vino abajo, a pesar de ser la menor de los tres ella siempre fue la luz que no dejo que ambos se vinieran abajo hace tantos años, a pesar de todos los castigos recibidos cuando eran niños y eran prisioneros, jamás pudieron herirla a tal grado de romperla.

A la pelirrosa le flaquearon las piernas al no poder mantenerse inmutable ante el dolor que tuvo que reprimir los últimos años por lo que se dejó caer de rodillas, tal vez al sentirse segura de cualquier peligro sus defensas se rompieron como si fuesen un cristal.

El rubio sin soltarla también se dejó caer y apretó más el abrazo, la ojiverde al sentir que el rubio apretaba más el abrazo se aferró más a su pecho y trató de ahogar sus sollozos, no era común la debilidad en ella, sabía que probablemente se preocuparían de más, pero ya no podía reprimir más todas aquellas lágrimas que se prohibió derramar en los últimos años.

- Si golpeas con insistencia un muro después de agrietarlo este terminara por quebrarse… – pensó el rubio mientras sus ojos reflejaban dolor.

- Saku… – llamó la pelirroja levantándose de la cama e hincándose a su lado – lo siento, mi intención no es herirte… – se disculpó mientras los abrazaba – tú, Naruto y Kakashi son mi familia, son lo único que me importa y me enferma el hecho de que alguien les haga daño… – dijo mientras apretaba más el abrazo que tenía en ambos.

- Lamento tanto todo… – sollozo contra el pecho del rubio – lamento el haberles fallado tanto, el haberlos dejado como lo hice y el haber sido tan estúpida…

- Nada de eso es tu culpa – interrumpió Erza.

- Incluso lamento el no poder explicarles todo lo que necesitan saber…

- Hablarás solo hasta cuando te sientas lista, sabes que siempre estaremos aquí Sakura-chan… – consoló el rubio.

Después de un rato en silencio, cuando la ojiverde pudo controlar su llanto levanto el rostro y los miro con infinito amor, jamás dejaría que nada los lastimara, no a ellos, nadie los heriría como a ella, ella que siempre fue optimista, siempre sonriendo, siempre tuvo esperanza en que las cosas mejorarían...

Pero eso fue antes de que el dolor y el odio se apoderaran de su corazón, ahora solo quería acabar con aquellos quienes la mataron, porque si, sigue respirando, pero mataron todo dentro de ella... ahora ya no le interesa que las cosas mejoren, lo único que le importa son esos dos delante de ella y su sensei, la única persona que no los abandono cuando se quedaron solos, quien los ha cuidado como un padre, nada más le importa que ellos tres, y por ellos es que terminaría con aquel que dio inicio a todo ese infierno.

- Nadie va a lastimarlos, si tengo que dar lo que queda de mi vida por ustedes, lo haré sin pensarlo… – pensó mientras posaba sus manos sobre la mejilla de cada uno – los extrañe… – les dijo mientras trataba de sonreírles como antes, más no pudo y ellos lo notaron más no dijeron nada.

- ¡Nosotros también te extrañamos Sakura-chan! – exclamó el rubio regalándole una enorme sonrisa.

- Será mejor que te des una ducha, más o menos como en una hora estaremos en el puerto de Konoha – dijo la pelirroja sonriéndole cálidamente.

Antes de que pudieran agregar algo más la puerta fue tocada por lo que los tres dirigieron las mirada a esta, sin esperar respuesta se asomó por la puerta un peliplata con su cabello en punta, su rostro estaba cubierto por una máscara que ocultaba la mitad inferior de su rostro, además de una banda cubriéndole el ojo izquierdo el cual tiene una cicatriz, su ojo visible dejaba ver una mirada aburrida.

- ¡Yo! – saludo el peliplata levantando una mano a la altura de su cabeza.

- ¡Kakashi-sensei! – exclamaron el rubio y la pelirroja con una sonrisa jocosa.

El peliplata se adentró por completo a la pequeña alcoba dejando ver que es alto y delgado, viste una playera negra de manga larga ceñida dejando ver su cuerpo bien formado, arriba un chaleco color azul marino, un pantalón negro un poco holgado y una botas de casquillo color negras.

- Bienvenida pequeña – dijo sonriendo paternal mientras le revolvía el cabello con una mano.

Para el peliplata no pasó desapercibido la falta de vida en los ojos verde jade de la pelirrosa ni mucho menos la hinchazón y el color rojizo de sus ojos y nariz, señal de que lloro, esto último sí que lo descoloco por lo que les dio una mirada fugaz a los otros dos que se mantenían serios, por lo que decidió no preguntar nada por ahora.

- Gracias sensei… – dijo la pelirrosa mirándolo con calidez – por todo – agregó mientras se ponía de pie.

- No agradezcas pequeña – agito una mano restado le importancia – eres como la hija que jamás he deseado tener – agregó sonriéndole amigable por lo que su ojito visible se cerró.

- Aun así gracias – finalizó con un intento de sonrisa que para nadie pasó desapercibido.

- Bueno lo mejor será que te duches porque apestas – dijo la pelirroja mirándola burlona.

La pelirrosa no se lo discutió porque en verdad necesitaba una ducha así que sólo hizo un mohín en modo de desacuerdo pero luego le enseño la lengua viéndose juguetona.

- ¡Te esperamos arriba Sakura-chan! – dijo el rubio animado caminando hacia la puerta.

- Date prisa casi hemos llegado al puerto – apuro el peliplata mientras salía por la puerta detrás del rubio.

- Erza… – llamo la ojiverde antes de que la pelirroja pudiera salir por lo que se giró para voltear a verla con curiosidad – yo…

- Está bien linda… – la interrumpió la pelirroja – sea lo que sea, lo dirás cuando estés lista, sabes que estaré aquí siempre, y ellos también… – dijo mientras señalaba con la cabeza en dirección a la puerta por donde los varones habían salido – somos familia – puntualizo mirándola con infinita ternura – ahora date prisa, aún debes decirnos qué planeas – dijo sonriéndole como antaño – por cierto, tu ropa está en el cajón de arriba del buro a lado de la cama junto con un cambio para mí, así que apresúrate – señalo guiñándole un ojo para después salir cerrando la puerta tras de sí.

La pelirrosa se quedó un momento ahí parada después de que la puerta se cerrará y los pasos se perdieran.

- Somos familia... – susurro mientras dirigía su mano a su pecho donde colgaba una pequeña piedra color blanca de una fina cadena de plata, a simple vista la piedra podía confundirse con una perla – y nadie volverá acercarse con intención de herir a mi familia – se aseguró a si misma mientras en sus ojos se abría paso la decisión.


En la cubierta del barco se encontraban el rubio mirando al cielo que se pintaba de anaranjado señal de estar atardeciendo, el rubio tenía ambos brazos levantados usándolos como almohada, a su lado derecho estaba el peliplata que estaba recargado en un poste leyendo un libro de color naranja, en medio de ambos estaba la pelirroja recargada en uno de los costados del barco mirando el reflejo del sol que comenzaba a ocultarse en el cielo.

- ¿Saben lo que le ocurrió? – pregunto el peliplata siendo el primero en romper el silencio.

- No – fue la respuesta escueta de la pelirroja.

- Ella no nos lo ha dicho sensei… – dijo el rubio sin dejar de mirar el cielo.

- Ya – fue la respuesta del peliplata sin despegar su vista de su lectura – ¿entonces que es lo que te molesta pequeña Erza? – pregunto mirando de reojo a la chica.

Naruto volteo a ver a la pelirroja con curiosidad.

- No lo sé sensei… – suspiro frustrada – siento que esta vez ella no podrá recuperarse tan fácilmente de lo que sea que haya perdido estando ahí, yo cure algunas de sus heridas y sin embargo sé que hay algo que ella no quiere decirme… – les devolvió la mirada viéndose preocupada.

- Además también esta esa fluctuación extraña en su chakra – aporto el rubio.

- ¿Qué fluctuación? – Kakashi frunció levemente su ceño.

- ¿No la sientes sensei? – Erza también frunció su ceño cuando vio al peliplata negar.

- Tal vez tu y yo podamos sentirla porque estamos ligados a ella a un nivel más espiritual debido a nuestros poderes – razono Naruto.

- Esa puede ser una razón – convino Kakashi – sin embargo eso jamás ha sido un impedimento para mí para detectar cualquier anormalidad en ustedes tres.

- Todo esto es demasiado extraño – Erza los miro seriamente.

Kakashi no pudo estar más de acuerdo con ella. Todo era demasiado sospechoso.

- No queda más remedio que preguntarle directamente a Sakura-chan

- No lo sé ¿creen que eso si querrá decírnoslo? – Erza los miro dudosa.

- Preguntémosle y salgamos de dudas.

- Hatake-san – llamo el anciano que se proclamó el primer caballero de Cordelia el peliblanco levanto la mirada de su lectura para verlo dándole a entender que tenía su atención – Tsunade-sama nos espera antes de la reunión con los líderes…

- ¿Por qué? – cuestiono la pelirroja de forma brusca sin voltear a verlo interrumpiéndolo.

- Bu-bueno, no lo sé exactamente señorita – respondió el hombre nervioso.

La pelirroja se enderezo y volteo a ver al hombre con ojos entrecerrados.

- Por tu bien, más vale que no se te ocurra traicionarnos Kai – advirtió.

Antes de que pudieran agregar algo más el ruido de unos pasos los hizo callar a todos, por lo que voltearon a esa dirección, ahí se acercaba la pelirrosa con su largo cabello amarrado en una coleta alta con mechones cayéndole en el rostro viéndose realmente preciosa, sus facciones eran más maduras y hermosas de las que recordaban, en su cuello se apreciaba esa cadena fina de plata de la cual colgaba una pequeña piedra blanca, usaba una blusa negra de tirantes que se le ajustaba marcando la figuran de sus pechos con un escote sensual pero reservado, un pantalón de cuero rojo a la cadera, ambas prendas se le ajustaban marcando su pequeña cintura, sus caderas anchas y sus piernas bien proporcionadas, encima un cardigan color negro con un circulo pequeño color blanco, símbolo de su clan el cual portaba en su espalda, y unas botas negras altas, arriba de la rodilla.

Lo que para ninguno de sus compañeros paso desapercibido fue esa mirada dura y fría que puso al ver al peliblanco junto a ellos.

- Si es lo suficientemente listo sabrá que no debe si quiera pensar en hacerlo – declaro la pelirrosa mirando al peliblanco con desprecio.

- Ja-ja-jamás la traicionaría Sakura-hime – aseguro el peliblanco mirándola con respeto.

- Largo – ordeno la pelirrosa espantándolo como si fuera un perro.

El peliblanco sin poder atreverse a verla directo a los ojos hizo una leve inclinación antes de irse.

- Y bien ¿cuál es el plan? – pregunto el peliplata aburrido.

- El mismo de siempre Kakashi-sensei – respondió la ojiverde – ahora más que nunca quiero dar con el palacio principal de esa basura – al decir "basura" apretó los puños y lo dijo con odio puro – en el tiempo que estuve encerrada, descubrí cosas interesantes pero para poder trazar un plan necesito saber que en el palacio de mi madre podremos estar seguros – finalizo endureciendo su mirada.

- Entonces el plan no es poner a prueba a los líderes…

- No – dijo la pelirroja interrumpiendo al peliplata – el plan es someterlos.

- Exacto – afirmo la ojiverde – una vez en el palacio no podemos correr el riesgo de que alguien nos traicione…

- ¿Y porque no solo echarlos? – pregunto aflojerado el peliplata.

- Es mejor tener controlada a una plaga sensei, uno nunca sabe para que pueda servir en un futuro – puntualizo la ojiverde.

- Es mejor exterminar a la plaga para evitar líos, pero comprendo a lo que quieres llegar – respondió la pelirroja encogiéndose de hombros.

- Bueno… – interrumpió el rubio mirándolos serio – yo no entiendo eso de las plagas, creí hablábamos de las personas que están en el palacio dattebayo – comento el rubio viéndose confundido.

Los otros tres solo se golpearon la frente con la mano.

- Naruto… – comenzó hablar la pelirroja – es mejor mantener vigiladas a esas persona que simplemente echarlas, una vez en el palacio verán a Sakura y si alguno de ellos es un traidor es mejor tenerlo cerca para evitar que digan algo – explico con toda la paciencia de la que era capaz.

- ¡Ahora comprendo dattebayo! – exclamo el rubio asintiendo varias veces con la cabeza – ¿y cómo los someteremos? – pregunto mirándolas con curiosidad.

- Erza – llamo la ojijade, eso fue suficiente para que dé entre su ropa la pelirroja sacara un frasco pequeño con un líquido color azul petróleo que le entrego a la ojijade – ¿será suficiente? – la cuestiono mirándola con duda.

- Por supuesto – aseguro la pelirroja sonriéndole con arrogancia.

- ¿Qué es eso? – preguntó el rubio señalando el frasco.

- Créeme Naruto es mejor no saberlo… – respondió el peliplata aburrido, provocando que las otras dos sonrieran con diversión – bueno pequeñas, será mejor que nos demos prisa, haya está el puerto – agrego señalando hacia enfrente.

Los otros tres dirigieron su mirada a donde señalaba el peliplata, en efecto ahí estaba el puerto, se lograba notar otros barcos y faroles que comenzaban a prenderse al ya estar anocheciendo, ahí dejarían el barco y caminarían hasta el palacio, no estaba lejos.

Un sentimiento de nostalgia los embargo a todos, después de tantos años al fin regresarían a su hogar. Ese mismo hogar que los vio nacer, vivir los mejores momentos pero también que los vio caer en desesperación cuando lo perdieron todo.


En un hermoso salón, decorado con flores y adornos de colores pasteles, con una mesa de madera fina en el centro y grandes ventanales con cristales de figuras se encuentra Tsunade sentada en una silla negra reclinable, leyendo unos papeles, el sonido de la puerta al ser tocada llamo su atención por lo que dirigió su mirada a esta.

- Pase – ordeno a quien tocaba.

- Senju-san – la llamo un pelirrojo de facciones apuestas adentrándose al salón.

- Sabaku No-san – dijo Tsunade un poco sorprendida por su visita.

- Disculpe la molestia – se disculpó – pero estoy un poco preocupado por la ausencia demis hermanos… – hizo una pausa para verla con seriedad antes continuar – Temari y Kankuro debieron haber llegado ayer…

- Comprendo… – dijo Tsunade entrelazando ambas manos frente a su barbilla – si le parece bien, podríamos aprovechar la reunión dentro de un rato para organizar un grupo de búsqueda – ofreció con entendimiento.

- Se lo agradecería de sobremanera – dijo mirándola con agradecimiento – entonces, me retiro – anuncio caminando hacia la puerta – gracias y con permiso – Tsunade solo asintió en respuesta.

- Espero no hayan sido capturados, porque de lo contrario será demasiado complicado dar con ellos… – pensó la rubia soltando un profundo suspiro mientras se masajeaba la cien.


El cielo en el puerto de Konoha comenzaba a pintarse de color gris al haber desaparecido por completo el sol, la luna se había abierto paso en el cielo, por la calle del puerto solo alumbrando el camino por los faroles en los postes caminaban Sakura y sus compañeros en dirección al palacio de Cordelia.

Erza tenía su largo cabello rojo amarrado en media coleta con un flequillo de lado en el rostro pero sin cubrir del todo esos hermosos ojos color marrón, vestía una blusa blanca de mangas cortas que se le ajustaba, marcando esos grandes pechos con un escote sensual en V, encima una cazadora negra de cuero la cual llevaba en pequeño un dibujo blanco de un dragón, símbolo de su clan, el cual era tapado por su largo cabello, un pantalón negro de cuero a la cadera que se le ceñía marcando su figura a la perfección y unas botas negras pequeñas con correa para amarrarse.

Naruto tenía su cabello rubio desordenado como siempre viéndose demasiado apuesto con esos hermosos ojos azules, vestía una playera anaranjada que se le ceñía marcando más sus pectorales, encima una chaqueta de cuero color negra, en su espalda en grande tenía un espiral rojo símbolo de su clan, un pantalón negro tipo mezclilla con algunas roturas en las rodillas y botas de casquillos negras.

Kakashi vestía igual que cuando fue a ver a la ojiverde, lo único nuevo era que en lugar del chaleco azul marino llevaba una cazadora color verde pino. Y en el caso del anciano Kai seguía con su ropa de pesquero.

Al ir caminando por las calles del pueblo que se había asentado cerca del reino buscándolo se miraban casi desiertas a no ser por uno que otro establecimiento abierto, algunos sino es que la mayoría eran lugares de mala muerte, aunque pensándolo bien era entendible dado que por lo que sabía la gente decente por así decirlo se encontraba dentro del reino.

Hacia tantos años cuando el reino de Cordelia no había sido derrocado siempre existió la abundancia, la mayoría de los clanes vivían en paz dentro del mismo, pero después de la muerte de Cordelia comenzaron las disputas. Claro que en su momento vivian familias dentro de este, más cuando Cordelia murio y el reino fue derrocado todos se fueron.

Los pocos clanes que quedaron se marcharon, y al hacerlo, el mismo reino se protegió y desapareció para todos, por lo que jamás había sido invadido de nuevo, por el simple hecho de que estaba protegido y nadie sabía su ubicación exacta.

- Nadie lo sabía. Excepto aquellas pocas personas que convivieron tanto con mi madre como para que ella misma se los dijera, y por supuesto Tsunade tenía que llevarse a toda esa basura consigo – pensó con molestia la ojijade.

Continuaron caminando hasta que llegaron a un sendero de árboles que formaban una tipo cueva con flores de colores, era como recordaban; el más hermoso paisaje que existía, al llegar a un árbol de encino rojo se detuvieron y frente a ellos aparecieron las puertas principales del palacio, eran de color negro con toques de dorado en lo más alto de las rejas, en la cima se encontraba un árbol de cerezo esculpido en oro rosa, como símbolo del reino de Cordelia.

Sakura camino hacia las puertas y sin dudar un poco toco la reja, esta inmediatamente a su tacto se abrió para ella, la ojiverde sin inmutarse ni un solo momento entro con los demás siguiéndola, una vez dentro se detuvo un momento para observar el reino.

Frente a ella se encontraba la calle principal, como la recordaba llena de flores preciosas de todos tipos, árboles en las esquinas, una fuente en el centro de la pequeña plaza más adelante, continuo con su mirada fija en dirección a las puertas del castillo, desde la distancia aun podía verse la edificación del palacio. Comenzó a caminar en dirección a este, y mientras caminaba en dirección al palacio se llevó la sorpresa de encontrarse con las casas que se encontraban por los alrededores, antes desocupadas, ahora habitadas en su mayoría por las personas que habían entrado a su reino sin su permiso.

- Solo espero que esos desgraciados no estén en el mismo palacio – se dijo a si misma viéndose indignada.

Continuaron caminado en dirección al palacio ignorando las miradas curiosas que les dedicaban las personas.

- ¡Dan! ¿No es esa la princesa? – escucharon que alguien preguntaba por lo que la ojijade le miro de reojo, era un anciano, probablemente que llego a verla alguna vez de niña.

- No padre, la princesa murió hace años – le dijo un hombre no tan viejo ni tan joven.

Este comentario hizo que la pelirrosa se parara de golpe apretando los puños.

- Pobre idiota – pensaron el peliplata y el rubio mirando con pena al hombre, pero en sus ojos mostraban diversión.

- Demonios… – suspiro con fastidio la pelirroja, miro de reojo a los otros dos esperando que intervinieran, pero estos esperaban la reacción por lo que suspiro con pesadez y decidió mejor intervenir, aun había mucho por hacer, en otras circunstancias sería la primera en esperar la reacción de la ojijade – Sakura, aun debemos hablar con Tsunade y muero de hambre – dijo con la esperanza de que eso funcionara.

Sonrió complacida al ver que la ojijade suspiraba con fastidio y seguía caminando, al ver que los otros dos solo bajaban la cabeza con tristeza al no haber pasado nada les sonrió con mofa.

Continuaron caminando mientras miraban disimuladamente los cambios que habían ahora en el reino, al llegar a las puertas del palacio no pudieron seguir avanzando ya que frente a la ojijade apareció una mujer que les impidió el paso.

La chica era alta y delegada de pechos pequeños, cintura pequeña y caderas anchas, el color de su piel era menos clara de la de la ojijade aun así era clara, su cabello era largo y de color rubio cenizo, lo llevaba suelto y mechones le caían en el rostro a pesar de usar una pañoleta negra como diadema, sus ojos eran de color lila, tenía un collar negro que se ajustaba al cuello, vestía una blusa de manga corta color lila que dejaba ver su ombligo, un pantalón de color café claro a la cadera y unas botas pequeñas de color negras con cierre a los lados.

- ¿Qué se les ofrece? – pregunto la chica dejando notar su suave voz que sonaba neutral pero los miraba con superioridad.

Ante este hecho tanto la ojijade como la pelirroja levantaron una ceja.

- Es obvio que contigo nada – respondió tajante la pelirroja viéndola con molestia.

- No puedo dejarlas pasar a menos que me dig…

La chica no pudo terminar de hablar, ni siquiera pudo reaccionar hasta el momento que su espalda choco contra una pared demasiado fuerte ya que cerró los ojos por causa del dolor, cuando pudo reaccionar y comenzó abrir los ojos se encontró con la fría mirada de la pelirroja quien la tenía apretada del cuello.

La chica estaba demasiado impresionada ni siquiera vio venir el ataque.

- Dejemos claro algo – pronuncio lentamente Erza – tu a nosotros no nos prohíbes nada – dijo apretando más el agarre.

La chica ni siquiera podía salir de su impresión, era la primera vez que alguien la tomaba de sorpresa y más aún cuando en ningún momento había bajado la guardia.

- ¿Quiénes son estas personas? – se preguntó mientras miraba por encima de la pelirroja a los otros.

Ahí estaba un peliplata quien se mostraba aburrido y se había puesto a leer un librito naranja, un rubio que veía con mucho interés el cielo y esa pelirrosa que la miraba con una sonrisa torcida y burla en su mirada, eso le hizo hervir la sangre por lo que regreso su mirada furiosa a la pelirroja quien se había atrevido a tocarla.

- Por-por favor no la lastime señorita… – pidió suplicante la voz del peliblanco.

- Tu no te metas – Erza lo miro con desdén.

- Kka-a-ii… – la chica pronuncio el nombre del peliblanco con mucha dificultad pues apenas y podía respirar.

La pelirroja al notarla querer hablar apretó más el agarre por lo que la chica hizo una mueca de dolor.

- De acuerdo… – la pelirroja le sonrió sádicamente – esto no te dolerá – dijo mientras levantaba una mano para darle otro golpe para noquearla.

La ojilila cerró los ojos esperando el ataque, no tenía oportunidad de defenderse en las circunstancias en las que se encontraba y comenzaba a faltarle el aire.

Erza simplemente sonrió y se dispuso a golpearla pero otra mano la detuvo, Sakura y Naruto fruncieron el entrecejo mientras Kakashi soltaba un bostezo.

- Suéltala – ordeno una voz tranquila a su derecha, Erza miro de reojo al hombre que la miraba amenazante con esos ojos negros.

.

.

.

CONTINUARA…

Aquí les dejo el segundo capítulo, espero les guste, cualquier consejo o sugerencia no duden en decirlo.

Cabe aclarar que en este capítulo, decidí no modificar tantas cosas, pero como pueden ver ya se va descubriendo el cómo se van entrelazando las historias de cada personaje.

Espero que la historia les esté agradando.

!GRACIAS!