Capítulo III
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Reaparición
- Suéltala – ordenó una voz tranquila a su derecha, Erza miro de reojo al hombre que la miraba amenazante con esos ojos negros.
Era un hombre alto, delgado, su tono de piel era claro, viéndolo bien sus ojos eran de color gris oscuro con unas marcas debajo de sus ojos pareciendo ojeras, aun así se veían preciosos, su largo cabello de color negro dejándose caer cerca de sus mejillas y una coleta baja en la parte posterior, vestía una playera blanca de mangas cortas que se le ceñía marcando sus cuadros, encima una cazadora de mezclilla oscura, un pantalón negro y botas de casquillos color negras.
- ¿Qué si no lo hago? – reto Erza levantando una ceja y volteando a verlo directo a los ojos.
El pelinegro apretó más el agarre que tenía en el brazo de Erza pero frunció el entrecejo molesto al escuchar el quejido de dolor proveniente de la rubia ya que la pelirroja también había apretado más el agarre que tenía sobre ella.
- No lo repetiré de nuevo – declaró lentamente el pelinegro mirándola con más amenaza.
El chico consideraba sus opciones, sabía que no podía comenzar una pelea dentro del reino y menos si algunos de los otros decidían intervenir, alguien podría salir herido, miró de reojo a los otros y le dio mala espina el que estuvieran tan tranquilos como si nada.
- Así que ese es el ya no tan pequeño Itachi… – pensaba Kakashi sin despegar su vista de su librito.
- ¡Espero haya ramen para la cena dattebayo! – pensaba animado Naruto asintiendo con la cabeza dándose la razón a sí mismo.
- Así que analizas tus opciones… – pensó Sakura al sentirse observada por el pelinegro – interesante, pero no tengo tiempo en estos momentos… – soltó un profundo suspiro, tendría que intervenir – Erza deja ya tus juegos, hay cosas más importantes por hacer – dijo fastidiada la ojijade.
La pelirroja al escuchar a Sakura suspiro con pesar y sin previo aviso le dio una patada a la altura del estómago al pelinegro más este reaccionó a tiempo saltando hacia atrás y antes de que tocara el suelo Erza le aventó sin ningún tipo de cuidado a la chica rubia que ya estaba inconsciente. El pelinegro la atrapó en el aire con cuidado pero sin bajar la guardia.
- Joder Sakura – se quejó Erza haciendo un tierno puchero que descolocó por completo al pelinegro – sé que lo hiciste como venganza por no dejarte matar al anciano aquel – indignada se cruzó de brazos.
- Ya jugarás después con él – respondió restándole importancia – inútil – dijo mirando al peli blanco – llama a Tsunade, no quiero tener que lidiar con más basura – ordenó déspota y al decir "basura" miro con desprecio al pelinegro con la rubia en brazos.
El peli blanco asustado solo asintió entrando deprisa al palacio en busca de Tsunade mientras que el pelinegro miraba molesto a esa pelirrosa que los había llamado basura.
- No recuerdo haberlos visto antes, y sin embargo sus rostros me son muy familiares… – pensaba el pelinegro – ¿Quiénes son ustedes? – pregunto mirando a la pelirroja.
Ante su pregunta repentina la pelirroja dejó su berrinche y volteo a verlo alzando una ceja en señal de diversión, pero antes de que pudiera responder algo apareció Tsunade con Kai a su lado.
- ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! – cuestiono Tsunade con voz imponente al ver al pelinegro con la chica inconsciente en brazos.
- Eso mismo debería preguntar yo Tsunade – respondió Sakura frunciendo su entrecejo – podrías decirme ¿porque carajo no me dejan entrar a MI propio palacio? – pregunto altanera y haciendo énfasis en "Mi".
Ante la revelación el pelinegro se giró bruscamente para ver a la chica con la duda presente en sus ojos, Tsunade sorprendida no pudo articular palabras, ahí parada frente a ella no estaba esa niña linda y tierna que recordaba, no, frente a ella estaba una mujer imponente que se hacía notar no solo por su belleza.
- ¿Sakura?... – pregunto sorprendida más que nada para confirmar que se trataba de ella.
- ¿Qué te sorprende tanto Tsunade? – preguntó con acritud mirándola con frialdad.
- Hace muchos años que no te veía – respondió una vez que la impresión pasó – creí…
- Que estaba muerta, lo sé – interrumpió con brusquedad a la rubia endureciendo más su mirada.
Ante lo dicho por la ojijade Tsunade se tensó, era verdad que todos creían que la princesa Haruno estaba muerta pero no podían culparlos por pensar así, la primera vez que escapo no recurrió a nadie, lo que sabían eran solo rumores, tenían esperanzas de que fueran ciertas y se encontrará en el palacio pero al llegar y no encontrarla creyeron que habían sido solo eso, rumores.
El pelinegro no perdía detalle de nada de lo que pasaba, aunque no recordara de donde había visto a esas personas, no podía creer que una de ellas fuera una Haruno, había pasado bastante tiempo desde que el clan había desaparecido pero lo que era aún más sorprendente es que Tsunade supiera quiénes eran los recién llegados, y aunque era cierto que ambas chicas eran muy hermosas por esa misma razón debía de ser más cuidadoso.
- Itachi – lo llamo Tsunade mientras volteaba a verlo – lleva a Rania a descansar, después nos veremos en la sala de juntas – ordeno y regreso su mirada a la ojijade.
El pelinegro obediente comenzó a caminar hacia el pueblo, si se podría llamar así a las casas que se encontraban por los alrededores del palacio, pero antes de dar la vuelta por completo le dio un último vistazo a la pelirroja y pelirrosa, Erza al sentir su mirada solo le guiño un ojo divirtiéndose ante el ceño fruncido del pelinegro.
- ¿Hasta cuándo nos tendrás esperando? – pregunto fastidiada la ojijade viendo molesta a la rubia.
- Este es nuestro hogar ¿no? – cuestiono Erza con el ceño fruncido – ¿porque tenemos que esperar? – pregunto con molestia – vayamos adentro y que la vieja nos busque después – finalizó encogiéndose de hombros y caminando hacia el interior del palacio.
- ¡Es muy cierto dattebayo! – exclamó el rubio caminando detrás de Erza.
- Esos mocosos mientras más grandes más maleducados… – pensó Tsunade mientras los miraba caminar hacia el palacio con una vena hinchada en la cabeza por como la llamó Erza.
Kakashi solo negó divertido mientras en su rostro se dibujaba una media sonrisa y sin dejar de leer comenzó a caminar hacia el palacio detrás de Erza – Tsunade-sama – dijo en modo de saludo y respeto al detenerse frente a la rubia.
- Kakashi – dijo en respuesta mientras hacía un leve asentimiento de cabeza al ver a Kakashi – has sido muy mala influencia para esos mocosos – acusó mirándolo con ojos entrecerrados.
Antes eso Kakashi sonrió divertido mientras se encogía de hombros restándole importancia para después continuar su camino hacia el palacio.
- Es cierto… pero aún hay que poner en marcha el primer paso del plan – pensó Sakura, por lo que suspiro con pesadez – ¡deténganse ahí! – ordenó antes de que se perdieran dentro del palacio.
Ante la voz de Sakura todos se detuvieron en seco y voltearon a verla, Naruto con curiosidad, Erza haciendo un tierno puchero y Kakashi, bueno Kakashi solo se paró y continuó leyendo.
- Aún hay algo que debemos hacer – les contestó a su pregunta no formulada – ahora Tsunade, démonos prisa ¿quieres? – preguntó mirando con molestia a la rubia.
- Andando entonces – Tsunade comenzó a caminar en dirección al interior del palacio con los demás imitándola.
En una isla grande en medio del mar cerca de la orilla se percibe un puerto que por su apariencia parece que está abandonado, lo único con vida es el pequeño barco que se asemeja a uno pesquero con un capitán y dos hombres más, en el camino aparece un pequeño sendero el cual lleva directo a un palacio grande justo en el centro de la isla, con muros demasiado grandes y gruesos.
En uno de los balcones del enorme palacio se distingue la silueta de un hombre alto, su cabello es negro y largo casi a la cintura con un flequillo que le cae en el rostro cubriendo su ojo derecho completamente dejando ver que su único ojos visible es de color negro como la noche, lleva una capa negra encima que le cubre todo su cuerpo pero aun así se nota que es fuerte.
- Mi señor – llamó una mujer menuda detrás de él, de cabello rubio amarrado en una coleta baja, vestía un vestido blanco largo y un delantal amarrado a este, por su pinta se podría decir que era una de las muchachas que trabajaban en el palacio.
- ¿Qué? – cuestiono con esa voz fría sin emociones que le daba miedo a cualquiera, por lo que la mujer se asustó.
- Pe-perdone – se disculpó rápidamente – pero el señor Obito-sama quiere verlo – dijo con la vista clavada en el suelo.
El hombre sin siquiera dirigirle la mirada fue en busca de quien quería verlo, por lo que se dirigió al salón principal donde era seguro que estaba.
- Más vale que sea importante – le advirtió en cuanto lo vio.
- Atacaron el castillo n orte y se llevaron a la princesa – anuncio siendo directo como siempre, pero al decir "princesa" rodó los ojos y mostró fastidio.
Obito aunque no lo demostró se sorprendió al verlo tan tranquilo ante la noticia.
Lo que pasó a continuación fue demasiado rápido, de un momento a otro Obito salió volando hasta el otro extremo del salón al recibir un puñetazo por parte del pelinegro. Ahí estaba el golpe.
- ¿Eres tan mediocre que ni siquiera te pudiste hacer cargo de esa mocosa? – se burló mirándolo con desdén.
El golpe fue tan fuerte que en el proceso la máscara que usaba salió volando dejando ver sus ojos color negro y que el lado derecho de su rostro estaba marcado por profundas cicatrices asemejándose a las arrugas de un anciano.
- Pues una mocosa ya no es – le corrigió Obito limpiándose la sangre de su labio – y tampoco lo son esos dos con los que escapó la primera vez – informo con molestia.
- Será mejor que te encargues de encontrarla, los preparativos casi están listos y la necesito para lo que se avecina, ahora lárgate – ordenó saliendo del salón.
Obito se levantó con tranquilidad del piso sin despegar su mirada del pelinegro que lo había golpeado al verlo perderse escaleras arriba. ¿Solo un puñetazo? A decir verdad esperaba más que eso, y si no fuera porque lo conocía tan bien, podía apostar a que él ya sabía lo que había sucedido mucho antes de que incluso él se diera cuenta de lo que estaba sucediendo en su palacio.
- Sasori – llamo Obito tronando los dedos mientras suspiraba con fastidio.
Frente a él se presentó un apuesto joven de ojos color café ceniza que mostraba una mirada inocente, su cabello era color rojizo corto y alborotado con algunos mechones cayéndole en el rostro dándole un aire sensual, su piel era blanca, vestía una playera negra de mangas largas las cuales tenía dobladas hasta llegar a los codos, la playera se le ajustaba marcando su bien formado cuerpo sin exagerar, un pantalón tipo mezclilla color oscuro y botas de casquillo color negras.
- Dime – respondió el pelirrojo con esa voz tranquila y sensual.
- ¿Has averiguado algo acerca del paradero de mi adorada hija? – pregunto y al decir "hija" lo dijo con burla.
- No – respondió sin mostrar ningún tipo de interés – pero dudo mucho que esté lejos de Konoha – finalizó metiendo sus manos a los bolsillos delanteros de su pantalón.
- Prepara todo, irás con Hidan a buscar alguna pista a Konoha – ordenó mientras se dirigía a la puerta del palacio.
- Genial, iré con el psicópata – pensó el pelirrojo suspirando con fastidio saliendo detrás de Obito.
Después de aquel pequeño intercambio de palabras ambos desapareciendo con un remolino.
En un despacho grande y espacioso, con un librero lleno de todos los tamaños acomodados en orden alfabético y alguna que otra figurilla de cristal, enfrente del escritorio hay un sillón de cuero negro pequeño en el que caben a lo mucho dos personas.
Detrás del escritorio de madera fina se encuentra Tsunade sentada, la rubia tiene sus manos entrelazadas frente a su barbilla y mirada seria. La rubia observaba con detenimiento a la ojijade, no la miraba desde que era una niña, sin duda alguna; hija de su madre, como ella siempre una mujer preciosa difícil de pasar desapercibida.
- Así que… ¿por qué están aquí? – cuestionó la pelirrosa sentada en una de las sillas frente al escritorio, ignorando la mirada analítica de la rubia.
- Para esta hora supuse que Kai ya te lo habría dicho – contestó la rubia viéndose confundida.
- Si, lo hizo, pero… ¿por qué están aquí? – Volvió a preguntar.
Ante esta pregunta la rubia comprendió a lo que se refería por lo que la miro fijamente.
- Necesitábamos protección – respondió con tranquilidad.
- De todos los lugares que se te pudo ocurrir pensar, los trajiste al palacio de mi madre ¿Por qué? – cuestiono con acritud la ojijade.
- Atacaron al pueblo de Konoha, estaban cazando a los líderes de las familias más poderosas sin importarles si mataban a niños en el proceso, ¿Qué querías que hiciera? – le reprocho.
- Lo que hicieras o no, no es mi problema, pero jamás debiste haberlos traído aquí Tsunade – le habló con dureza mientras la miraba con frialdad.
- ¿Por qué? – la encaró mirándola seria – tu madre siempre nos brindó protección…
- Tú lo has dicho – interrumpió la ojijade mirándola con dureza – mi madre siempre los protegió y sin embargo dime, ¿dónde está ella ahora? – recalco con veneno, por lo que la rubia simplemente bajó la cabeza con impotencia.
Era cierto que Cordelia siempre protegió a su pueblo, no había lugar más seguro y armonioso que Konoha, Cordelia siempre fue fuerte a pesar de todo lo que le ocurriera jamás dejó de proteger a su pueblo y menos a su mayor tesoro, por eso cuando derrocaron su reino atacando directo a lo que era su mayor debilidad y nadie pudo ayudarla. Algunos porque eran parte de la misma emboscada y otros como ella porque fueron engañados y alejados para que cuando sucediera el ataque no pudieran hacer nada.
- ¿Vas a echarnos? – pregunto la rubia apretando los puños. Si ella decidía que nos los quería ahí no tenían más opción que irse.
- No – respondió la ojijade después de unos minutos en silencio, Tsunade levanto la mirada para verla sorprendida – no te hagas ilusiones –la cortó de inmediato al ver que estaba a punto de agradecerle – si no los hecho es porque te debo un favor – aclaro con desagrado.
- De cualquier modo, Gracias – la miro con una sonrisa sincera.
Por esa razón era que odiaba hacer obras de caridad, lo confundían con debilidad y eso sería lo último que tendría que mostrar, pero lo cierto era que le debía un favor y además no podía dejarlos ir sabiendo que los estaban buscando a ellos, ahora más que nunca deberían tener extremo cuidado en no ser encontrados.
- Como sea… – intervino Erza, sentada en la otra silla frente al escritorio, al ver la incomodidad de la ojijade – ¿Por qué tengo que estar sentada aquí? – se quejó mientras se cruzaba de brazos.
- Te acabas de sentar – comentó un aflojerado Kakashi sentado en el sillón negro de dos piezas detrás de ella.
- Si, y ya me aburrí – dijo mientras rodaba los ojos.
- ¡Y yo tengo hambre dattebayo! – exclamó Naruto sentado al lado del peliplata.
- Sakura – llamó su atención Tsunade – hace dos años vine aquí a buscarte ¿dónde estabas? – cuestiono mirándola fijamente.
Ante esta pregunta la ojijade se tensó y borró cualquier rastro de calidez en sus ojos que solo ponía al ver a Erza, Naruto y Kakashi, los otros tres solo la miraban de reojo esperando su respuesta.
- Volvieron atraparme – contesto córtate.
Ante la revelación Tsunade abrió los ojos de par en par sorprendida, creyó que si la volvían atrapar esta vez si la matarían.
- Mira que es tan o más fuerte que Cordelia… – pensó una asombrada Tsunade.
- ¿Que fue esta vez Sakura? – se preguntó el peliplata pensativo.
- Sakura/Sakura-chan… – pensaron Erza y Naruto mientras fruncía su entrecejo.
Y es que no pueden evitar preocuparse por ella, aún no saben lo que le ocurrió y es frustrante tener que ver cómo intenta no quebrarse más de lo que ya está por ellos, la conocen mejor que nadie, pueden ver el dolor y vacío que esos ojos color jade muestran cuando cree que está sola, es cierto que siempre fue cruel, fría e incluso sádica pero también era compasiva si creía que las personas lo merecían, amable con todos, pero esa Sakura alegre ya no estaba más.
- Vamos a lo importante – tajo Sakura fastidiada por el silencio que se instaló – como sabrás, ahora que estoy de regreso en MI palacio no puedo correr el riesgo de que alguien descubra dónde estamos… – continuo hablando haciendo énfasis en "Mí" – por ello, si quieres que deje que toda esa bola de basura se queden y tú con ellos hay algo que debes hacer – finalizó mientras la miraba con una sonrisa oscura.
- Y ¿qué es? – pregunto Tsunade sintiendo un mal presentimiento.
- Algo demasiado sencillo… – respondió Sakura mientras se recargaba en el respaldo de la silla y cruzaba sus piernas – Erza – llamó a la pelirroja quien sacó de entre su ropa un pequeño frasco de cristal con un líquido color azul petróleo el cual puso sobre el escritorio.
La rubia miró el frasco con desconfianza conocía la magia de Cordelia y era simplemente inigualable pero la ojijade llevaba el don en las venas y de la pelirroja ni dudaba que también tuviera conocimientos sobre el tema.
- ¿Para qué es eso? – pregunto Tsunade dubitativa.
- No temas, no es nada peligroso – respondió Erza mirándola con burla – lo único que tienes que hacer es…
En un Salón grande y espacioso con un candelabro de cristal en el techo y una mesa larga de madera en la cual se encuentran los líderes de los clanes principales, a su derecha hay un gran ventanal por el cual puede verse un hermoso jardín con tulipanes rojos.
- ¿Cuánto tiempo más nos tendrá esperando Tsunade? – cuestiono un hombre de ojos color perla, cabello color negro y largo amarrado en una coleta baja en la parte de atrás.
- Supongo ya no debe de tardar – respondió una voz calmada, sus ojos eran de color negro, su cabello largo amarrado en una coleta, por lo cual su cabello quedaba en forma de punta pareciendo una piña, sus cejas delgadas y cicatrices en su rostro.
El sonido de la puerta al ser abierta llamó su atención por lo que voltearon a verla y por ella entró Shizune con una jarra de cristal llena de agua la cual puso en el centro encima de la mesa.
- Les traje agua, como siempre – comunicó amigable la pelinegra.
- Gracias Shizune-san – dijo Gaara mientras se servía un poco de agua.
La pelinegra hizo una leve inclinación en forma de respeto y salió cerrando la puerta tras de sí, mientras tanto los demás de la mesa también se sirvieron un poco de agua.
Sentado en los pilares de un balcón de una de las habitaciones de un pequeño palacio se nota a un hombre mirando el oscuro bosque que se extiende a lo largo de la isla es la que se encuentra.
En su rostro no existe ni el más mínimo de rastro de alguna gesticulación, ni siquiera en su mirada hay rastro de algún sentimiento. A pesar de que la noche es fría pareciera que es insensible al clima puesto que continúa únicamente con esa playera negra.
Con tranquilidad le dio una calada al cigarrillo entre sus dedos para después cerrar los ojos al sentir el humo entrar por su boca y recorrer su garganta para después expulsarlo de nuevo hacia afuera. La sensación que le daba el humo al escapar de su sistema era lo más cercano a la sensación de tranquilidad, la misma tranquilidad que ya no podía tener.
Nuevamente le dio una calada a su cigarrillo y cerró los ojos para disfrutarlo, sin duda el sentimiento era similar al de un bálsamo en sus heridas más profundas, a pesar de que sabía que era una droga no le importaba, ya había pasado por venenos más letales, y si nada de lo ya vivido lo había matado no esperaba que el fumar lo hiciera.
Era una pena, porque sin importar cuanto lo intentara había heridas que a pesar de no matarlo si que continuaban sangrando, y hasta cierto punto era gracioso como el destino jugaba sus cartas. En algunas ocasiones se preguntaba como había sido que llegaron a tal punto, pero también había otras en las que se cuestionaba si hubiese hecho algo diferente que tan diferentes hubiesen sucedido las cosas.
Soltando el humo una vez más regreso su mirada al cielo e inconscientemente sonrió ante aquel recuerdo fugaz.
...Eres sin duda lo más bonito que he visto…
Escucho susurrar en su mente con su propia voz esas palabras, y vaya que no mentía, ella siempre fue lo más hermoso que pudo alguna vez haber visto. Incluso todavía lo era y tenía la seguridad de que siempre lo seria, ella era su sol entre toda aquella oscuridad en la que siempre se encontró, era luz en todo su esplendor, tal vez por esa razón siempre quiso abarcarla toda para él, y aunque ahora ella lo odiaba no podía culparla, hasta cierto grado él también lo hacía con ella. Des pues de todo lo que había pasado sería ridículo que no existiera algún pequeño rencor entre los dos.
...Si me amas tanto como yo te amo, entonces déjame ir contigo…
Está vez lo escucho con una voz delicada que al escuchar esa frase le recorría de nueva cuenta un escalofrío por la columna. Jamás pudo negarle nada, ni siquiera aquella vez, a su manera siempre le dio todo lo que pudo, porque muy a su pesar sabía que ya no era solamente una orden el llevarla consigo, para ese punto ella ya era suya y nadie se la arrebataría. Tal vez fue demasiado egoísta por ignorar esa voz que le decía que no debía ceder, por qué ese camino oscuro que el eligió no era para ella.
...Te amo tanto Sasori…
Y él la amaba también, tal vez incluso un poco más aunque no lo demostrara así, y aún lo hace de una manera que le quema la sangre el no tenerla a su lado, siempre intento protegerla, pero las cosas se complicaron y terminaron mal. Ella lo descubrió todo.
- Para su mala suerte, tarde lo hizo – pensó con una sonrisa dulcemente oscura en el rostro.
Pero ya nada de eso importaba, porque únicamente lo que debía importar es que ella debe estar a su lado para toda la vida, porque ella es suya para siempre. Pase lo que pase ella debe de estar con él. Si actuó bien o mal nada de eso importaba ya, porque así era la vida y si ella acepto ser suya mucho tiempo atrás, siempre supo que sería para siempre. Ambos los sabían y lo aceptaron.
- Pronto estaremos juntos de nuevo cariño… – susurro al aire con un promesa de por medio.
Dándole una última calada a su cigarrillo sonrió de medio lado con un brillo desconocido en sus ojos.
La puerta fue tocada un par de veces en el despacho donde se encontraban Tsunade y los demás.
- Adelante – contestó Tsunade, poco después apareció Shizune.
- Tsunade-sama, hace rato ya que lleve la jarra de agua – informó una vez estuvo dentro del despacho.
- Gracias Shizune – respondió Tsunade regalándole una pequeña sonrisa.
La pelinegra hizo una leve inclinación de respeto y salió del despacho, una vez solos Tsunade volteo a ver a Sakura con seriedad.
- Bien – dijo mientras se ponía de pie – entonces andando – agrego mientras se dirigía a la puerta.
Los demás se pusieron de pie, pero la atención de la ojijade no estaba en ninguno de ellos por lo que ni siquiera noto cuando entro Shizune, los demás llegaron hasta la puerta cuando se dieron cuenta que la pelirrosa seguía sentada en la misma silla con su mirada fija en un punto específico, Erza quien fue la primera en mirar lo que tenía la atención de Sakura se acercó a ella.
- Sakura… – susurro mientras tocaba su hombro, mas esta no reaccionó.
Los demás curiosos por saber qué era lo que tenía tan distraída a la ojijade siguieron su mirada, ahí frente a ella había un portarretratos con una fotografía vieja pero aun así se distinguía perfectamente la imagen, ahí estaba una mujer preciosa de largo cabello color violeta, su piel era clara como la nieve, ojos grandes y rasgados color verde jade, usaba un vestido largo color negro con terminados rojos y en sus brazos llevaba a una pequeña pelirrosa de unos 6 años, vestida con un overol rosa y una camisita blanca, ambas mujeres sonreían felices.
Erza y Naruto se miraron de reojo para después mirar ambos a Kakashi quien mostraba tristeza en su ojito visible, no pueden evitar decir que no eran buenos tiempos cuando Cordelia estaba viva, y aunque tal vez no para todos lo fue, sí que fue así para ellos, después de la traición cometida al reino todo hubiese terminado muy mal para ellos, los cuatro lo saben, cada uno de ellos tenía un pasado y sus propios demonios, ya nada valía la pena entonces, no después de perderlo todo y sin embargo Sakura había sido la fuerza que necesitaron para seguir adelante, ella fue su nuevo principio.
- Te esperamos en la sala de juntas Sakura-chan – hablo Naruto quien fue el primero en romper el silencio.
Los tres se conocían muy bien y eran una familia, Kakashi el papá, quien los cuidaba y reñía a los tres, Naruto el mayor de los tres, Erza la de en medio quien era como una mediador aunque no por ello la menos juguetona de los tres y al final Sakura, la más pequeña pero de algún modo siempre la más fuerte.
La ojijade solo asintió cuando la pelirroja le dio un leve apretón para después salir dejándola sola.
En la sala de juntas ya todos se encontraban aburridos y el agua de la jarra ya iba a menos de la mitad, algunos platicaban entre sí mientras otros solo se mantenían en silencio.
- ¿Tienen alguna idea del porqué de esta reunión tan improvisada? – pregunto un rubio de larga cabellera amarrada en una coleta alta, ojos color verde, y piel clara.
- Esperemos no sean malas noticias – comentó una mujer, piel blanca y el cabello color castaño fuerte el cual llevaba revuelto y despeinado, con dos marcas faciales de color rojo en forma de cuña en cada mejilla, sus pupilas inusualmente delgadas, lo que le concedía una mirada afilada.
- Dudo mucho que no sean malas noticias cuando ellos están aquí… – pensó Itachi serio.
- Ahora que lo pienso ¿Por qué hay… – volvió hablar el hombre rubio de largo cabello pero no pudo terminar su frase ya que del otro lado de la puerta comenzaron a escucharse pasos acercándose.
Todos voltearon y mostraron sorpresa cuando por la puerta apareció Tsunade, pero eso era cosa normal, lo que les sorprendió fue ver a Kakashi con su mirada aburrida entrando detrás de ella, todos ahí sabían quién era y la mayoría de los adultos ahí compartían un pasado con él, pero hacía bastante tiempo que no sabían nada de él.
- ¡Ahora lo recuerdo! Es Hatake Kakashi, la última que lo vi fue cuando tenía 10 años… – pensó un impresionado Itachi
Detrás de Kakashi entraron Erza y Naruto, todos se extrañaron pues nadie los conocía ni sabían quiénes eran, mientras que Itachi solo entrecerró los ojos mirándolos con recelo, Erza al sentirse observada busco a quien la miraba y al ver al pelinegro le guiño un ojo mientras en sus ojos mostraba burla.
- ¿Quién demonios son ellos? – se preguntó un molesto pelinegro.
- ¡Mi nombre es Naruto dattebayo! – exclamó el rubio en cuanto entro a la sala por lo que todos voltearon a verlo con curiosidad y extrañeza a excepción de Erza, Kakashi y Tsunade, los dos primeros sonrieron divertidos mientras que la rubia rodaba los ojos.
- Creí que jamás volvería a verlos… – pensó Gaara mientras mostraba una leve sonrisa sincera – ¿Sakura vendrá con ellos también? – se preguntó.
Todo se quedó en silencio por un momento, algunos seguían impresionados por la presencia de Kakashi mientras que otros se preguntaban quiénes eran los otros dos, los recién llegados tomaron asiento cada uno al lado de la silla que encabezaba la mesa justo frente al otro extremo de donde estaba Tsunade, por supuesto dejando un lugar en medio de Erza y Naruto, claro eso no era nada extraño, esa silla nadie la usaba por el simple hecho de ser el lugar de la Reina Cordelia.
- Bueno, ya que estamos todos…
- Aún no estamos todos Hiashi, aún falta alguien más… – interrumpió Kakashi al hombre de ojos color perla.
Ante lo dicho todos mostraron sorpresa y curiosidad.
- Claro, falta la otra loca – pensó Itachi mientras bebía un poco más de agua.
Erza y Naruto miraban con disimulo a los presentes, al topare con la mirada del pelirrojo ambos fruncieron el ceño casi imperceptiblemente y apretaron los puños bajo la mesa, cosa que no pasó desapercibida para Kakashi que ya había sacado su librito y se había puesto a leer.
- Hay cosas que nunca cambian ¿na? Kakashi – hablo mientras dirigía una patata a su boca un hombre de cabello largo color marrón y una cinta blanca amarrada en su frente, con dos marcas en las mejillas color lila.
- Tú mejor que nadie lo sabe ¿na? Choza – respondió Kakashi amigable mientras su ojito visible se cerraba.
- Y ¿quién es quién falta? – pregunto tranquilo el hombre con peinado en forma de piña.
- Es mejor que lo veas por ti mismo Shikaku – contesto aflojerado mientras regresaba su atención a su librito.
En el despacho donde se quedó Sakura, se encontraba esta parada frente al escritorio mirando la fotografía donde sale una Cordelia más joven y una pequeña Sakura, en los ojos de la ojijade se nota tristeza y dolor.
- Lo intente madre, te juro que lo intente… – pensó apretando el agarre en la fotografía – él fue mi perdición y cuando me di cuenta de lo que quería de mí yo ya lo había perdido todo… – sonrió amargamente mientras por su mejilla rodaba una lágrima.
Hasta parecía que fuese un déjà vu, siempre tenía que confiar en las personas equivocadas y por ende llevarse entre las patas a todas aquellas personas importantes para ella. Incluso inocentes pagaron por sus errores, tan estúpida fue que cuando quiso rectificar fue demasiado tarde.
- Lo mató… – susurro con voz rota mientras más lágrimas caían por sus mejillas.
Cuando lo conoció las cosas no eran perfectas a pesar de lo que habían pasado estaba con Naruto, Kakashi y Erza y ellos eran su apoyo y su motivo para vivir pero cuando él apareció todo mejoró, al menos los primeros años, la primera vez que todo se vino abajo fue cuando él se fue…
Pero claro, ella tenía que ser tan estúpida como para continuar amándolo aún a pesar de todo, siempre fue su debilidad, a pesar del odio entre los dos, a pesar de los daños y las heridas siempre tendrán algo que los unirá, y tal vez eso sea lo que más detesta, pero al final eso será lo que los mate a uno de los dos o a ambos. Quién sabe.
¿Qué si lo amó? por supuesto que lo amó, más que a su propia vida y lo continuó haciendo aun a pesar de todo cuanto la hirió, pero eso se acabó, ni siquiera cuando su madre murió su mundo se devastó como ahora lo estaba.
- Pero aquí viene mi revancha, no importa cuanto tenga que condenarme… – dijo en voz baja mientras se secaba sus mejillas – esta vez seré yo quien acabe con cada uno de ellos, te lo juro madre – prometió mientras ponía el portarretratos de nuevo en el escritorio y caminaba hacia la puerta.
Al llegar a la puerta y tocar la perilla se detuvo y cerró los ojos un momento, antes de soltar un profundo suspiro y salir por la puerta, cerrándola tras de sí.
En la sala de juntas de nuevo, ya había personas hablando entre sí, esperando a la persona que faltaba y cada vez el agua de la jarra iba siendo menos. Naruto quien se encontraba sentado al lado de Kakashi frunció el entrecejo visiblemente molesto al ver a un Itachi que no despegaba su vista analítica de la pelirroja.
- ¡Ese Teme a mí no me engaña dattebayo seguro se quiere robar a mi Er-chan! – pensó molesto y alarmado el rubio mientras ponía su mirada amenazante hacia cierto pelinegro.
Kakashi quien leía muy tranquilamente su librito dejó de hacerlo al sentir un aura asesina a su derecha por lo que volteo topándose con Naruto y vaya que le sorprendió verle esa mirada amenazante por lo que curioso siguió el curso de su mirada topándose con un pelinegro que no dejaba de mirar a Erza por lo que levantó una ceja.
- Ese mocoso comienza a desagradarme – pensó el peliplata mirándolo con ojos entrecerrados.
Erza sonrió divertida al saber a quién iban dirigidas las miradas de Kakashi y Naruto, desde que entró a la sala el pelinegro no había dejado de mirarla y no lo culpaba, ella era muy hermosa, Kakashi los había a cuidado a los tres desde niños y con los años se convirtió en un padre para ellos y sabía lo sobre protector que era con Sakura y con ella, cuando un chico se les acercaba actuaba como todo padre celoso y bueno Naruto no era un caso distinto.
Itachi al sentirse observado quitó su mirada de Erza y volteo a ver a los hombres que lo miraban de forma asesina por lo que sonrío nervioso.
- Kakashi-sempai – saludo con un asentimiento se cabeza – es bueno volver a verlo – dijo tranquilo ocultando los nervios que sentía.
Kakashi levantó una ceja divertido al saber que el pelinegro que según él se quería robar a una de sus princesas lo recordó, mientras que Naruto y Erza se sorprendieron más no lo mostraron ya que jamás pensaron que él pudiera conocer a Kakashi.
El peliplata quitó todo rastro de amenaza en su rostro y sonrió amigable cerrando su ojito visible, Itachi suspiró aliviado de manera discreta, seguro que ya recordaba quién era, todos los demás se mantenían a la espera de ver qué sucedía, Erza levantó una ceja con duda y Naruto bajó la cabeza deprimido, si el pelinegro conocía a Kakashi probablemente no podría golpearlo.
- Siempre es bueno volver a verme – respondió amigable por lo que a todos les resbaló una gota de sudor en la nuca – pero no te recuerdo – mintió sin borrar su amable sonrisa.
Eso fue una herida en el orgullo del pelinegro ¿cómo era posible que alguien no lo recordará? Ante su reacción Erza tuvo que morderse la lengua para no soltar la carcajada y Naruto levanto su cabeza emocionado mientras que a los demás se les hacía más grande la gota en su nuca.
- Soy...
- No me interesa – interrumpió Kakashi al pelinegro agitando una mano restándole importancia.
- Idiota… – pensaron Naruto y Erza quienes le sonreían con burla a un petrificado pelinegro.
Erza hacía todo lo que podía para no reírse, debía mantener su porte serio hasta que Sakura llegara, algunos sonrieron con añoranza mientras que otros solo se mantenían al margen.
El ruido de la puerta al ser abierta llamó la atención de todos, ahí en el umbral de la puerta se encontraba una pelirrosa muy conocida para algunos y por otros no recordada.
- Ahí está esa loca de nuevo… – pensó un desconcertado Itachi.
- Esa chica se me hace conocida… – pensó el hombre de ojos color perla.
- ¿Dónde la he visto antes? – se preguntaba el rubio de coleta larga.
- Ha pasado mucho tiempo Sakura... – pensó con tristeza Gaara.
Sakura cerró la puerta tras de sí y comenzó a caminar con esa altivez y sutileza propia de ella, ante la atenta mirada de los demás.
- Veo que incluso están presentes algunos de los que fueron participes en la traición a mi madre… – pensó la ojijade endureciendo la mirada.
Al llegar al único lugar disponible y sentarse todos mostraron la sorpresa que sintieron, nadie era lo suficiente digno para usar ese lugar aunque más de uno de los presentes lo desearan, algunos voltearon en dirección a Tsunade esperando una reacción por parte de ella, pero al no ver nada más que tranquilidad su desconcierto aumentó mientras que otros comenzaban a sospechar la situación.
- ¡Pero ¿qué crees que estás haciendo niñata?!– cuestiono un molesto Hiashi poniéndose de pie y haciendo notable su disgusto.
- ¿Es que acaso no lo ves? – pregunto altanera la ojijade mirándolo con desdén – tomando el lugar que por derecho me pertenece – aclaro con prepotencia.
Ante este comentario para aquellos que sospechaban lo que pasaba fue suficiente para saber quién era ella por lo que no pudieron evitar mostrar incredulidad. Hiashi al entender lo dicho tampoco pudo evitar sorprenderse por lo que se dejó caer a la silla mirando con ojos muy abierto a la pelirrosa, simplemente no podía ser cierto.
- Eso no es posible… – susurro un impresionado Shikaku.
- ¿Por qué no puede ser posible? – cuestiono Erza volteando a ver a Shikaku ya que escucho lo que había dicho.
- ¿Cómo podemos saber que no nos mientes? – pregunto desconfiada la mujer de pupilas afiladas.
- Si me creen o no, no es mi problema – contestó cortante la ojijade, encogiéndose de hombros.
Ante su respuesta la mujer frunció el entrecejo y entrecerró los ojos mirándola penetrantemente.
- ¿Y qué pretendes?... – pregunto Hiashi mirándola serio – ¿qué confiemos en lo que dicen sin saber exactamente quiénes son? – finalizó su pregunta mirándolos con desconfianza.
Ante lo dicho por el pelinegro todos voltearon a verla esperando una respuesta.
- Tenía la esperanza de que fueran un poco más estúpidos… – pensó una fastidiada Sakura.
- ¡Esto es genial! – pensó Erza mientras sonreía con diversión al saber que las cosas serían por las malas.
Kakashi y Naruto solo suspiraron con pesar, mientras que Tsunade se acomodaba mejor en su silla para ver lo que pasaría a continuación.
- Muy bien… – dijo Sakura mientras se cruzaba de piernas y brazos – Erza – volteo a verla.
- Todos la bebieron – respondió con una sonrisa traviesa ante la pregunta no formulada de la ojijade.
- Perfecto – dijo Sakura satisfecha – ahora dejemos las cosas claras de una vez por todas – continuó hablando mientras miraba a los presentes – no estoy aquí para solicitar que acaten mis órdenes ni mucho menos para pedir refugio – aclaró mirándolos con desprecio.
- ¿Entonces qué es lo que quiere? – preguntó un hombre de piel clara, cabello corto, color negro y de punta con un bigote, usaba unos lentes de sol color negro en forma de óvalos y una chaqueta de cuello largo que cubría su boca.
- Lo que yo quiera ustedes lo harán sin cuestionar – afirmo mirándolos con burla.
- ¿Tan segura estas de ello? – pregunto enfurecida la mujer de pupilas afiladas recibiendo una sonrisa altanera por parte de la pelirrosa.
- Antes que cualquier cosa ¿porque no nos dicen sus nombres? – Choza les dirigió una mirada amable.
Sakura y Erza sonrieron de forma torcida mientras ambas volteaban a ver a Kakashi y Naruto, estos captaron lo que querían las femeninas de inmediato.
- ¡Mi nombre es Uzumaki Naruto dattebayo! – exclamó el rubio mientras sonreía amigable y hacia el símbolo de amor y paz.
Ante la mención de ese apellido todos los presentes mostraron sorpresa, hacía años que nadie sabía nada de los Uzumaki, tras la muerte de Minato y Kushina y no haber encontrado a su hijo lo dieron por muerto.
- ¿Tus padres eran Namikaze Minato y Uzumaki Kushina? – preguntó aun impresionado Hiashi.
- Así es… – respondió un Naruto ya no tan animado, pero eso solo lo notaron Sakura, Erza y Kakashi.
- Hatake Kakashi – comentó aflojerado el peliplata sin despegar la mirada de su librito.
- Mi nombre es Sukaretto Erza – dijo una pelirroja seria.
Al escuchar ese apellido la sorpresa no desapareció de sus rostros, todos conocían al Clan Sukaretto pero después de la masacre lo único que se supo fue que nadie había sobrevivido.
- ¿Tu madre fue Sukaretto Irene? – preguntó de nueva cuenta un anonadado Hiashi.
- Por supuesto – contestó con superioridad.
Todos estaban completamente impresionados, pero aún faltaba una persona por presentarse, alguno quienes ya sabían quién era pero no querían aceptarlo se preparaban y los que no sabían no tenían ni la menor idea lo que pasaría a continuación.
- Y yo soy Haruno, Haruno Sakura…
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CONTINUARÁ…
!Aquí está un nuevo capítulo!
Perdonen la tardanza, pero entre a la escuela y salgo tarde, escribo en mis ratos libres y no tengo mucho tiempo libre, espero no hacerlos esperar mucho pero tampoco podré actualizar tan seguido.
Espero este capítulo sea de su agrado.
!GRACIAS!
