Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Capítulo 1:

Un mes entero.

Ese tiempo había pasado desde que Akane había tenido su altercado con Shinnosuke. Treinta días donde su padre mejoró, su herida sanó casi por completo, y gracias al cielo, su pequeña sobrina, llamada Humiya, que quiere decir "niña saludable", justamente como su nombre lo dice, ahora permanecía en el área de neonatología. Había luchado como una campeona y poco antes del mes, ya podía respirar por sí misma.

Su hermana Kasumi era un mar de lágrimas, todos estaban felices de que la pequeña Humichi, como la había apodado Ranma, estuviera fuerte y saludable. En unas semanas más, podrían tener a la pequeña en casa, siempre, claro, con los cuidados necesarios.

Akane rindió cuatro finales, todos aprobados, debido a su incidente, varios de los profesores aceptaron tomarle primero, para poder darle más tiempo para preparar los seis finales que le restaban, pero Ranko insistió en que solo se presentara a tres o cuatro. Por el momento, la pelinegra dijo que se lo pensaría, pero siendo tan cabeza dura como era, lo más seguro es que estudiara para dar todos.

El ojiazul tuvo que salir a dar explicaciones a la prensa, cuando los rumores lo involucraron a él como supuesto golpeador, echándole la culpa de lo sucedido con su novia. No entendía como habían desvirtuado tanto la situación. Luego de aclarar que fue el ex-novio y no él el responsable de tal atrocidad, dejaron de rondarlos. No podían salir siquiera a la puerta, porque inmediatamente oían un flash desde algún lugar escondido.

El padre de Akane se había recuperado casi del todo. Se había vuelto muy amigo de Genma Saotome, compartían el amor por las artes marciales, ambos habían dirigido en algún momento un dojo y ambos, casualidad o no, habían entrenado con el difunto maestro Happosai, en tiempos distintos. Solían reunirse en la casa de Saotome, en su mayoría, porque su suegra, Kimiko, había empeorado de salud, y no dejaría a su esposa Nodoka sola por nada del mundo. Cada vez que ellos dos se juntaban, charlaban sobre las artes, viejos tiempos y eventualmente, se dedicaban a jugar Shogui, Nodoka estaba feliz de ver a su esposo contento, hacía mucho no lo veía tan vivaz, alegre, hasta diría, con una chispa en los ojos que alguna vez creyó perdida.

Los dos, decidieron reabrir el Dojo que el señor Tendo tenía cerca de su casa. Antes, cuando su difunta esposa seguía con ellos, era poseedor de una enorme casa con Dojo incluido. Allí le daba clases a muchos niños, como también a su pequeña Akane, que lastimosamente dejó de entrenar cuando un mal golpe la dejó imposibilitada. Por esa razón había decidido mudarse. Ya de por sí, el lugar le traía recuerdos de su esposa, pero cuando su hija se lastimó, ya no pudo seguir allí. Sabía perfectamente que el dojo lo era todo para su pequeña, y el saber que no volvería a practicar la llenaba de dolor.

Así decidió mudarse a una casa un poco más modesta. Pero ahora que se había encontrado con el señor Saotome su percepción cambió y decidió reabrir aquel lugar que tan feliz lo había hecho y que echaba mucho de menos. Lo llevarían los dos, hasta donde pudieran, querían traer de vuelta al estilo libre y lo lograrían a como diera lugar. ¿Qué más daba si no había herederos de su arte? Quizá alguno de sus estudiantes pueda estar a la altura de ser un sensei presentable y llevar el dojo Tendo-Saotome -ya que Genma había comprado la mitad del dojo, pero no de la propiedad en sí quedando como socios- el día de mañana.

Ranma estaba cada día más ansioso por terminar el nuevo álbum. Ya tenían casi tres meses trabajando en él y el tiempo corría, pero todos parecían estar más empecinados en no lanzar nada a menos que estuviese todo perfecto. La canción que había compuesto para Akane sonaba en todos lados y llevaba varias semanas en el primer puesto.

Ranko y Akane pasaban mucho tiempo juntas, ya que ambas preparaban finales y si una necesitaba un empujoncito o alguna ayuda en lo que al estudio se refiere, la otra le ayudaba. Aunque casi siempre era la chica de cabello fuego la que necesitaba de la pelinegra.

La siempre suspicaz Nabiki, con todo el ajetreo de lo que pasó con su hermana, decidió aplazar la fecha de sus propios finales para poder ocuparse de su familia. Aunque estaba algo molesta por no poder asistir a la fiesta que estaban organizando, antepuso a su familia a la carrera, además de que seguía de cerca el caso Ryugen, cosa que le daba puntos extra a la hora de ser contratada por algún buffet de abogados.

Cierta tarde, la chica de largos cabellos negros, acompañó a su hermana mayor al hospital para poder, por fin, conocer a su pequeña sobrina, puesto que solo podían visitarla su madre y en menor medida el padre.

—No puedo creer que podré verla al fin —dice emocionada

—Si, es una lástima que no puedan entrar todos, aunque lo bueno es que en poco tiempo la tendremos en casa —contesta la mayor de las Tendo

—¿Eso te dijeron? ¿Le darán de alta?

—Por supuesto, los doctores me han dicho que sus pulmones están fuertes y que le hará bien salir un poco al sol, aunque tendremos que sacarla muy poco, al menos hasta que cumpla la edad correspondiente

—Eso es bueno

—Lo es, ciertamente es agotador venir cuatro veces en el día solamente a darle de comer

—¿Se ha prendido bien al pecho?

—Por supuesto, doy gracias por eso. Mi mayor temor, entre otras cosas, era que la pequeña me rechazara —comentó con un ligero deje de tristeza— pero por suerte eso no ha pasado —sonríe

Las hermanas Tendo entraron a la sala de neonatología, allí, las recibió una enfermera que saludó a la mayor con una extrema dulzura. Akane se sorprendió bastante puesto que pensaba que la mayoría luciría claros signos de agotamiento.

¿Quién no estaría cansada si tenían que pasar el día entero cuidando de bebés, en su mayoría, prematuros? No es que no le gustaran los niños, los amaba, pero definitivamente se estresaría demasiado si le tocase a ella cuidar tan valiosas y delicadas vidas. El solo pensar en esos pequeñines y en el riesgo que corrían, hizo que se le erizaran los bellos de los brazos.

Caminaron por el corredor empapelado de carteles sobre el cuidado del neonato, tanto normal, como prematuro. Otros informaban sobre métodos anticonceptivos, también divisó varios que explicaban la manera correcta de alimentar a un bebé, como bañarlos, etc.

Por un instante, casi inexistente, la pelinegra sintió un vacío en su pecho. Pero no se dejó invadir por ese sentimiento de auto-compasión. Ya no más.

Desde que comenzó su relación con Ranma, ya no sentía culpa o remordimiento por aquel embarazo perdido. El chico de cabello largo le hizo comprender que a veces, las cosas pasan porque sí y en algún punto, estaba agradecida, ya que si ese pequeño hubiese nacido, ella seguramente estaría condenada a vivir con Shinnosuke de por vida.

Sacudió la cabeza deshaciéndose de el horrible pensamiento y volvió a la realidad cuando ella y su hermana ingresaron a una habitación de color pastel con tres pequeñas cunas. En la del medio, reconoció el osito rosa de peluche que ella misma y Ranma habían comprado para la niña, también estaba el cartel que Nabiki le había obsequiado, con una gran cigüeña que en el pico sostenía un paño rosa del que sobresalía una cabecita de bebé con cabello marrón y una cinta del mismo color que el paño. Debajo de la imagen, se leía con grandes letras "¡Ya llegué!" y con una caligrafía hecha claramente por Kasumi, estaba el nombre de la pequeña, junto a la fecha de su nacimiento y el peso.

La pelinegra, nerviosa como estaba, se acercó despacio hacia la pequeña cuna, donde su hermana ya estaba inclinada y levantaba un pequeñito bulto envuelto en una mantilla blanca con ositos rosas y celestes que reconoció como suya. Bueno, no "suya", más bien, era la que había comprado anticipadamente llena de anhelo unos días antes de enterarse que su bebé no nacería.

Con manos temblorosas acarició el pequeño rostro de su sobrina. Inmediatamente apartó las manos hacia su rostro cubriéndose los labios con una y con la otra limpiando un par de lágrimas.

—¿Quieres tomarla en tus brazos? —ofreció Kasumi mientras hamacaba a la diminuta niña

—¿Lo-lo dices enserio? ¿Puedo?

—¡Claro Akane! Toma, con cuidado en la cabeza —acercó a la infanta a su hermana quien con sumo cuidado de lastimarla o tirarla debido al poco peso, la acomodó con extremo cuidado entre sus brazos

—Es hermosa —dijo hipnotizada con los ojos clavados en su pequeña sobrina que se aferró a su dedo índice con fuerza mientras movía sus diminutos labios en un reflejo de succión. Incluso con los ojos cerrados, Akane no pudo evitar compararla con su hermana y su cuñado— Se parece a ti —comentó sin desviar la vista del pequeño bulto

—Tofú dice lo mismo, aunque todavía es muy pequeña para poder saberlo

—¿Es normal que no se haya despertado?

—Si, muy normal. Recuerda que nació dos meses antes, así que es como si aún estuviera en mi vientre. A pesar de estar de este lado y su desarrollo terminará fuera, sigue teniendo las características de un feto porque en teoría, todavía no tendría que haber nacido

—¿Eso qué significa?

—Que su comportamiento y aprendizaje, al menos los primeros meses, se verán limitados a su edad corregida. Verás —comienza a explicar al ver el rostro desconcertado de la menor— ella ya tiene un mes de nacida, pero no hace lo que un bebé de un mes, como abrir los ojos o permanecer despierta más de veinte minutos, Humi hará ese tipo de cosas cuando tenga tres meses. Por ejemplo, cuando tenga ocho, podrá comenzar a alimentarse de papillas o intentar sentarse sola, cosas que son usuales en los niños de seis meses. Es por eso que estará aquí al menos hasta dentro de unas semanas, le darán de alta cuando tenga al menos un mes y medio o dos, es decir, cuando, en teoría, debería haber nacido.

—Woow.. que complejo

—Demasiado. Aunque no me preocupa, lo principal es que está bien y es fuerte. ¿Qué más da si camina a los dos años? O que tarde un año en aprender a sentarse sola. Mientras siga creciendo, me doy por satisfecha.

—¡Ay Kasumi! —la envuelve con un brazo mientras que con el otro sostiene a la niña con delicadeza— son fuertes, las dos —se enjuaga una lágrima cuando suelta a la mayor y escucha un tenue chillido apenas perceptible de su sobrina que, inquieta, se remueve entre sus brazos— bueno, bueno, tranquila —la mece de un lado a otro y la pequeña parece calmarse— ya está, mi dulce niña.. ¿A que no sabes? En casa están todos esperándote. El abuelo, tu papá, la tía Nabiki..

—El tío Ranma —agrega Kasumi riendo detrás de su hermana, que voltea a verla y se la encuentra con una sonrisa, de esas que no estaba acostumbrada a darle a nadie. Una sonrisa entre divertida, pícara y desvergonzada. Akane no pudo hacer otra cosa más que sonrojarse y volver la mirada a su sobrina que bostezaba con su pequeña boca

—El tío Ranma —repite con timidez y vergüenza al recordar la insistencia del pelinegro para acompañarla ese día. Él también quería conocer a su primer sobrina, puesto que asumía que él y Akane terminarían sus días juntos. "Su primer palabra será 'tío Ranma' " había declarado cuando le entregó a Kasumi junto con su novia, el peluche que ahora reposaba a un costado. "'Tío Ranma' son dos palabras, genio" había dicho Nabiki intentando molestarlo pero él no le hizo caso.

Siguió hablándole a su "dulce dama", como la había apodado. Le contaba cómo la habían esperado sus papás, cómo estaba feliz de que fuese una niña tan fuerte y le prometió enseñarle artes marciales, eso era algo que quería hacer desde que se enteró de su embarazo. Pero, por obvias razones, aquello no pudo ser, así que se dedicaría a entrenar a su sobrina. Cosa que a Kasumi no le agradó tanto, ya que era una niña y según ella "las niñas no pueden hacer cosas de niños" aunque Tofú se había mostrado increíblemente satisfecho y ansioso. Incluso Ranma no podía esperar para enseñarle sus técnicas.

Aunque su novio las había abandonado, sabía que era un gran artista marcial. Lo había visto ella misma en los torneos. Pero desde el altercado con Shinnosuke, las había retomado. No para seguir compitiendo, como esperaba Genma, sino para mantenerse en forma. Aquella vez se dio cuenta de que si su rival no hubiese perdido la concentración y la policía no hubiera llegado a tiempo, seguramente habría perdido. Esa fue razón suficiente para volver a entrenar. Aunque tampoco fue tan fácil para el ojiazul, al principio tuvo problemas para comenzar, ya que no contaba con un espacio lo suficientemente amplio para realizar los movimientos. Hasta que se le vino a la cabeza el dojo Tendo. ¡Claro! Su padre y el padre de su novia ahora eran socios, podía ir a practicar allí. Pero aún no comenzaban con la remodelación del lugar así que aún no era una opción.

Decidió al fin por la casa de sus padres. Le había pedido a su padre que volviera a entrenarlo. Genma estaba dichoso. Al fin su hijo había entrado en razón, pero sus ilusiones de un nuevo comienzo en el mundo de las artes marciales se vio interrumpido cuando el pelinegro aclaró que solo lo hacía para mantenerse en forma y que no le pasara lo que la última vez. Definitivamente, la próxima, estaría preparado. Aunque en su interior rogara no tener que pasar por otra situación así.

De nuevo en el hospital, pasada una hora y un poco más desde la llegada de las hermanas Tendo, Akane se despidió de la mayor, ya se acercaba la hora de su cita en otra parte del nosocomio, esperaba que fuera la última. Ese día había tenido que faltar al trabajo y no quería seguir haciéndolo.

Ranma había insistido en acompañarla, pero ese día, tenían prueba de cámara y vestuario para que la siguiente semana les sacasen las fotografías que irían en el nuevo álbum. Además, tenían una reunión con el que sería el director del nuevo videoclip.

Lo lamento preciosa, de verdad quisiera estar ahí contigo. Le había dicho esa misma mañana.

No te preocupes amor, nos veremos en la tarde.

Dejó a su hermana y su sobrina en la habitación mientras la mayor le repetía que la esperaba en cuanto terminara con la niña así ambas se iban juntas, pero la menor se negó nuevamente

—No, Kasumi, en serio, ve a casa, de aquí debo ir al dojo a ver como van papá y el tío Genma. Aunque sabiendo como son esos dos, seguramente no han hecho nada

—¿Estás segura? Puedo ayudarte, no necesitas hacerlo sola

—Ya, Kasumi, ve a descansar, además Ranma pasará por allá en cuanto salga de la reunión, así que no lo haré todo sola.

—De acuerdo, si tu lo dices. ¡Salúdame a Ranma! —dice cuando la pelinegra va saliendo de la habitación

—¡Lo haré! —le contesta acelerando los pasos hacia el corredor y luego hacia el consultorio donde la atenderían esperaba, por última vez.

Miró su muñeca, aún le quedaban cinco minutos. Llegó, se sentó afuera de aquel consultorio que visitó dos veces por semana y esperó. Las costillas ya no le dolían, eso era bueno, pero el médico seguía insistiendo en que no hiciera actividades que requieran mucho esfuerzo. Estaba cansada. Tampoco era como si trabajara levantando cosas pesadas, pero quería limpiar el dojo, un trabajo seguramente duro, y si no tenía el consentimiento del médico, sentía que estaba faltando a su palabra. Además, llevaba un mes entero sin tener un encuentro con su novio.

Aunque habían hecho un par de cosas, no era lo mismo sentir las manos del otro dándoles placer que hacerlo como se debe.

Si quedaban satisfechos, pero no era lo mismo. Ambos querían sentirse, tocarse, amarse. Y eso era algo que sus manos y bocas no podían reemplazar.

Esperaba con ansias el momento en que ese bendito doctor le diera el pase para poder reunirse con el cuerpo de su novio. Imaginaba como sería el reencuentro. Seguramente caerían en cualquier lugar del departamento de Ranma, tal vez lo harían en el sofá. O en el baño..

Ansiaba sentir las grandes manos de su querido pelinegro. Ella quería besarlo, por todos lados. En los labios, en su torso que de apoco, gracias al entrenamiento, se estaba tornando una linda e irresistible parte para morder y besar, en ese blanco y delicado cuello.. su perfecto rostro.. quería pasear sus manos por la anchura de la espalda como si se tratase de la más fina tela y arañarlo con fervor. Deseaba enredar sus dedos en la mata de cabello negro y atraerlo hacia ella para besarlo con desesperación. Quería sentirlo entre sus piernas.

Estaba tan desesperada. Necesitaba con urgencia tenerlo sobre ella. Era algo que jamás le había pasado. Sentía la humedad en su ropa interior, pero no le importaba, seguía pensando en el cuerpo perfecto de su novio y las cosas que le haría en cuanto tuviera el alta médico.

Se lo imaginó sobre ella en la encimera de la cocina, besándola en el cuello y presionando sus senos al aire mientras él roza su erección en su húmeda intimidad

—Tendo, Akane —escucha una voz conocida que la hace saltar en su lugar para entrar casi corriendo a la consulta seguida del hombre que hasta ese día la había atendido

—Buenas tardes doctor —saluda completamente roja de vergüenza e intentando calmar tanto su respiración por saberse pillada en plena fantasía, como sus desbocados latidos

—¿Qué le ocurre? La veo agitada

—Oh.. es que casi no llego —miente— estaba con mi hermana en neonatología, y de repente, salí casi corriendo hacia aquí. A penas me había sentado cuando me llamó —continúa con su perorata

—Bien, entonces, quítese la camiseta y recuéstese en la camilla —dice tranquilamente mientras revisa nuevamente el expediente de la joven— ¿Cómo ha estado? ¿sintió algún dolor, molestia o algo?

—No, nada

—¿Ha hecho algún trabajo pesado?

—Todavía no

—De acuerdo —dice acercándose a ella y presionando la zona donde sus costillas seguían levemente hundidas, dejando un apenas perceptible pelotita que si bien no le dolía, si le causaba pavor

—Doctor, ¿Ese bultito que está ahí se irá o quedará allí?

—¿Este? —pregunta haciendo presión en el lugar—

—Si, ese mismo

—No, con el tiempo irá acomodándose. Por el momento estará así, pero de aquí a un par de semanas desaparecerá sin que lo notes

—¡Qué alivio! —exclama la mujer

—Bien señorita Tendo, ¿hoy no la acompaña su seguridad personal? —pregunta en tono de broma el médico al percatarse que Ranma no estaba alrededor. Ella se sonrojó al negar con la cabeza mientras recordaba a su novio bastante celoso cuando la primera vez el doctor le pidió quitarse la blusa y acostarse en la camilla. Casi pone el grito en el cielo. Desde ese día, siempre la acompañaba, además de hacer la pregunta incómoda a la que ya se había acostumbrado. "¿Cuándo podremos tener sexo, doctor?" era un imbécil. ¡Preguntar semejante cosa al pobre hombre! No sabía donde esconderse. Por suerte el hombre que la atendía, tenía una infinita paciencia y le explicó los riesgos de que el lastimado pudiese empeorar. "Si se agita demasiado o se mueve el hueso astillado, puede perforarle un pulmón y ahí si muchacho, te quedarías sin sexo para siempre" lo había asustado. Pero eso no lo detuvo las consultas siguientes para repetir la pregunta.

—No, hoy tenía una reunión importante —contesta ella cabizbaja, quería estar con él, pero el trabajo era más importante. Ya estaban en la recta final.

—Bien, pues me alegro que no haya venido —dice el hombre que tenía la cabeza blanca— si no, no hubiese esperado siquiera a que yo saliera del consultorio para reclamarte ahí mismo —señala la camilla donde la chica estaba recostada haciendo que su rostro se tiña de un llamativo color rubí, sus nervios se disparasen y su intimidad salte por la excitación— De acuerdo, ya puede cambiarse —comenta el galeno acomodándose los lentes mientras se encamina al escritorio y comienza a escribir en el expediente—

—¿Ya está? —pregunta roja de vergüenza

—Si, eso es todo. Ahora le daré una receta con unos analgésicos que deberá tomar solamente si siente alguna molestia, y aquí —levanta un papel en blanco— le daré el alta para que retome sus actividades normalmente ¿De acuerdo?

—Si, ¡gracias doctor Yimura! —contesta alegre

—Tome —le da los papeles correspondientes— quiero verla el mes próximo, señorita Tendo, el alta ya lo tiene, pero quiero ver como evoluciona, quizá la próxima ya esté del todo bien y no necesitemos volver a vernos —dice sonriente

—¿De verdad? Gracias doctor —intenta decir sin demostrar la ansiedad y felicidad que siente

—Bien, adiós, Señorita Tendo, que le vaya bien —saluda el doctor desde su lugar en el escritorio

—Adiós doctor, gracias por todo —sale rápidamente por la puerta

Revisó su celular, el cual lo había sentido vibrar en su cartera mientras el médico la examinaba y se encontró un mensaje de ¡Oh! Su novio.

Ya casi llego cariño, nos retrasamos unos minutos pero estoy cerca, tal vez pueda alcanzarte a la salida de la cita, si no, espérame en la puerta del hospital, así no nos desencontramos

Mensaje recibido hacía casi diez minutos. Aceleró sus pasos, seguramente Ranma ya la estaba esperando.

Caminó dando largas y rápidas zancadas hasta visualizar la entrada. Y allí, recostado en una de las puertas, pudo ver ese cabello negro imposible de no reconocer, lo traía suelto, parecía estar húmedo, pero era solamente el reflejo del sol. Estaba con la mirada fija en la pantalla del celular, tecleaba algo, lo podía notar algo impaciente. Sus ojos se lo decían aunque estuvieran detrás de unos oscuros anteojos de sol.

Inmediatamente después que guardó su teléfono, el de la pelinegra volvió a vibrar en su cartera. Lo sacó y, efectivamente, era un mensaje de él.

Ya estoy afuera preciosa, ¿Te ha revisado el médico? Te espero -emoticón tirando un beso

La joven leyó el mensaje y siguió caminando hacia la puerta, sin contestar. Mientras guardaba el aparato, le llamó la atención que uno de los papeles que le entregó el médico tenía escrito "Ranma" en una de las esquinas. Curiosa, se paró en su lugar y sacó el papel donde supuestamente estaba su alta médico.

En el centro de la parte superior, estaba el nombre y número de historia clínica de la chica. Debajo, una clara misiva dedicada a su novio:

"La paciente no presenta riesgo.

Se le otorga el alta médico.

Disfrútalo, Ranma"

Debajo, la firma, fecha y sello del doctor.

Akane levantó la vista hacia afuera, estaba en una encrucijada, ¿Debía darle aquel papel a su novio? Obviamente aquel alta era una broma para el muchacho ya que debajo de ese papel, había otro exactamente igual donde el doctor había enumerado las heridas que ella había sufrido y cuánto había evolucionado, terminando por aclarar que dentro de un mes debería volver para un último control.

Volvió a levantar la vista y se encontró con los ojos azules de Ranma, la había pillado. Sonrió a través de las puertas de vidrio y ella se sintió morir. Devolvió los papeles a su cartera y se encaminó hacia él.

Decidió darle "su alta" más tarde, si bien necesitaba tenerlo para ella, sentía que de entregárselo ahora, el muchacho la llevaría desesperado al motel más cercano.

Y no se equivocó. A penas puso un pie fuera del lugar, el ojiazul la elevó unos centímetros del suelo besándola e inmediatamente preguntando si ya le habían dado de alta, ella, tan distraída estaba en sus ojos que dijo "si"

–¡Al fin! —la apretó más a su cuerpo— vayamos a otro lado —dijo sensual a su oído— conozco un hotel aquí cerca —susurró con voz dura

—¡Ranma! —retó avergonzada

—¿Qué? Amor, hace más de un mes que no podemos hacerlo.. —dice exasperado separándose un poco de ella

—Lo sé —le contesta la de ojos color ámbar perdiéndose en la mirada azulada

—Te necesito —canturreó cabizbajo apoyando su frente en la de ella

—Lo sé, amor. Juro que lo sé.. —acaricia el compungido rostro de su novio— pero le prometí a papá que iría a ver el dojo hoy ¿Recuerdas?

—Está bien, vamos —la toma de la mano y se encaminan al auto del joven

Un rato después, ambos ingresaban al que había sido el hogar de Akane desde su nacimiento hasta su adolescencia.

Ranma, detrás de ella, solo se limitaba a seguirla. Ella esquivó la residencia y caminó directo a lo que de verdad le importaba: el dojo. Avanzó por el corredor seguida de un nervioso pelinegro que observaba todo con ojos impacientes. Hacía años que no pisaba una duela, y volver a hacerlo, en cierta forma aunque sea para ayudar a su novia, lo hacía sentir inmensamente emocionado.

La joven de ojos marrones corrió la portezuela y tanteó en el oscuro la tecla de la luz. En un instante sintió su alma volver a su cuerpo. Ahí estaba, tal cual lo había dejado. Nada fuera de lugar, los instrumentos de práctica seguían allí donde ella los había dejado de cualquier manera aquel día que intentó entrenar por última vez, cuando creyó que el doctor Tofú se había equivocado y, a escondidas de su padre, se había escapado de su nueva casa allí para entrenar. Fue tanta la desilusión que luego de eso, jamás volvió a pisarlo. Y de eso habían pasado ocho largos años.

Dio unos pasos dentro y no pudo evitar dejar escapar algunas lágrimas. Lágrimas de tristeza, nostalgia y alegría. Sabía que jamás podría volver a entrenar, y era algo que le dolía. Añoraba los tiempos cuando pasaba más tiempo en el dojo que en su casa, y, por supuesto, a pesar de todo, sentía su corazón latir desbocado de felicidad.

No se dio cuenta cuando el ojiazul se alejó de ella examinando el lugar. Caminaba despacio alrededor de la estancia, curioseando entre las distinciones y trofeos que estaban dispuestos en la enorme vitrina de vidrio de uno de los lados. El señor Tendo los había dejado en su lugar, alegando que era allí donde pertenecían al igual que el pequeño Kamidana que estaba en una de las paredes laterales lejos de la puerta a una altura considerable. Era el mismo que estaba en su casa, aunque a penas, un poco más grande.

Una vez que el joven Saotome satisfizo su curiosidad, volteó hacia su pareja, que lo miraba con ojos anhelantes y se acercó a él señalando con su cabeza las colchonetas desperdigadas por el suelo. Al levantarlas, se disipó una gran polvadera que provocó el estornudo de la chica Tendo haciendo que suelte imprevistamente el elemento que cayó sobre las demás, provocando más polvo y, por ende, más estornudos para la pobre muchacha

—Será mejor que abramos todas las ventanas y saquemos un poco el polvo ¿no te parece? —pregunta Ranma acercándose a su chica mientras posa una mano en su espalda hablándole dulcemente

—Si, déjame ir a la casa, a ver si allí no ha quedado al menos una escoba.. —le contesta caminando hacia la puerta y de ahí a la enorme casa que precedía al dojo.

Tras poner el primer pie en la enorme casona, la muchacha se sintió transportada inmediatamente a su niñez, incluso podía escuchar a su madre regañarla por corretear en las escaleras, o a Kasumi yendo y viniendo por todos lados buscando algún libro que perdió, hasta creyó escuchar a Nabiki intentando vender información sobre los exámenes a sus compañeros. No pudo evitar recorrer la pequeña sala y de allí el resto del lugar.

Todo estaba vacío, salvo por algunos muebles que no habían entrado en la nueva casa, pero éstos estaban en el mismo lugar que solían ocupar. Ni siquiera habían contemplado la posibilidad de moverlos. Caminó por la sala, la cocina, el corredor y sus pies la llevaron hacia las escaleras. Nerviosa, subió peldaño a peldaño hasta llegar arriba. Siguió dando paso tras otro y se encontró con la puerta de su antigua habitación. Aún conservaba el patito con su nombre colgado. Había olvidado eso.

Despacio, ingresó a su antiguo refugio, las paredes seguían con ese característico color durazno aunque algo decaído por el paso del tiempo. El armario abierto y vacío le hizo sentir tristeza y recorrió todo con la vista. Aunque no había mucho que recorrer, todo lo que lo habitaba, ahora residía en la otra casa. Sintió que, aún con la estancia vacía, aún podía ver su cama, su escritorio y todo lo que decoraba su vieja habitación. Creyó escucharse cantar acostada en la cama, dibujar en su escritorio siendo aún una niña, hasta pudo escuchar su propio llanto cuando se enteró que ya no podría practicar las artes marciales.

Un ruido la alertó. Dándose vuelta, encontró a Ranma parado en el umbral mirando el patito tocándolo con su dedo índice

—Jeje —ríe por lo bajo, sin darse cuenta de que Akane estaba dentro de la habitación

—¿De qué te ríes? —pregunta la muchacha frunciendo el ceño sin entender

—Yo tenía el mismo el la puerta de mi habitación, pero con mi nombre —le contesta mirándola finalmente con una sonrisa y la mirada perdida en el pasado— ¿Aquí vivías? —quiso saber de inmediato

—Si.. hasta los 17

—¿Porqué se mudaron?

—Cuando me lesioné y ya no pude entrenar, estuve un tiempo deprimida, no salía de mi habitación y evitaba ir o ver el dojo a toda costa. Me había deshecho de todos los gi de entrenamiento y jamás volví a tocar el tema. Ni siquiera hablaba de eso con mi padre y mucho menos veía las competencias.. creo que ese fue uno de los motivos para que papá tomara la desición

—¿Cuál fue el otro motivo?

—La muerte de mamá.. —su novio se le acerca y la abraza por detrás— cuando ella murió, quiso mudarnos, pero me decidí a entrenar con él. Por un lado quería hacerlo por que me fascinaban y por otro, por que lo veía muy triste. Pensé que al entrenarme, recuperaría un poco de su antigua alegría. Y así fue hasta ese día ..

—No tienes que decirme si no estás lista —dice el muchacho sabiendo que era una fibra sensible para su chica

—No, está bien.. —se suelta inconscientemente y camina hacia la ventana que daba hacia el patio y al enorme cerezo que allí estaba— fue en invierno. Una competencia entre barrios. Papá sabía que jamás me gustó pelear de verdad, ni lastimar a nadie. Por eso solo hacía demostraciones, pero al no tener alumnos tan experimentados, papá me convenció de pelear, sería una muestra, lo había acordado con el entrenador de la otra escuela, pero parece que nadie se lo dijo al alumno con el que lucharía.. —sintió nuevamente como el azabache la abrazaba desde la espalda, pasando sus manos por sus caderas— todo iba bien hasta que de un momento a otro, el estudiante comenzó a implementar más fuerza. Eso me llevó a mí a imitarlo. Hasta que, de repente, me encontré luchando.. no recuerdo bien cómo, pero este chico dio una vuelta desapareciendo de mi campo y golpeándome de improvisto en la pierna izquierda. Me fracturó el fémur en dos partes, la tibia y peroné en tres y para rematar, una de las fracturas no sanó del todo bien, dejándome sin la posibilidad de volver a entrenar.. —finaliza

—¿Y luego? ¿Hicieron algo con el agresor?

—Si, lo descalificaron y no lo dejaron volver a participar

—¿Solo eso? —parecía enojado— por mucho menos yo lo hubiese dejado paralítico —murmura de mal humor

—Ya está, Ranma. Pasó hace mucho tiempo —comenta mientras se remueve entre los varoniles brazos y se cuelga de su cuello para después pegar su boca a la de él

—Oye.. no me tientes —dice gracioso— he encontrado material de limpieza, está nuevo así que creo que el viejo y tu papá los compraron pero jamás usaron

—No es algo de extrañar —comenta divertida

—Son unos vagos —remata el pelinegro

Minutos después, ambos entraban nuevamente al dojo, esta vez venían preparados. Escobas, baldes y trapos de piso listos, comenzaron por sacar al patio los elementos de entrenamiento. Uno a uno fueron sacando las colchonetas y los bokken que ella había abandonado a su suerte en el suelo hacía tantos años y descolgaron el resto de las armas, tonfas, bo's, nunchkus y algún que otro shinai. Si bien no eran armas que la joven manejaba, si lo hacía su padre, puesto que él era el sensei del dojo.

Ranma se extrañó al saber que ella solo manejaba el bokken y el shinai, la mujer contestó que no creía necesario aprender a manejar el resto, se valía solo con sus manos.

Casi dos horas después, agotados y algo sucios, terminaron de limpiar el enorme dojo. La pelinegra agradecía internamente que el ojiazul hubiese acudido en su ayuda, de haberlo hecho sola, hubiese tardado el doble

—Y bien, ¿cómo les fue hoy? —preguntó mientras descansaban en el patio

—Ah, ya sabes.. si las pruebas para las fotos son un bodrio, las de verdad son un verdadero suplicio, pero es lo que elegí —comenta con la cabeza gacha

—Lo sé, pero lo agradezco —dice la morena mientras él se acerca y la abraza por la cintura— de otra forma no te hubiera conocido —deposita un beso en la mandíbula del joven

—Hubieras sido amiga de Ranko —le responde sonriendo

—No.. si no hubieses sido "famoso" no hubieran tenido la necesidad de mudarse por las acosadoras

—De todas formas sería famoso en las artes marciales —rebate mirándola a los ojos y acaricindo su rostro con extrema ternura— No busques excusas Tendo —regaña con una sonrisa— de una u otra forma te hubiera encontrado. Recuerda que todos los caminos llevan a Roma —sonríe y la besa pero ella lo evita rebatiendo

—O al corazón —termina para besarlo al fin

El que había comenzado como un inocente beso, fue mutando poco a poco. Cada vez más profundo, más pasional, más necesitado. El punto sin retorno fue cuando ambas lenguas hicieron contacto. La conciencia y raciocinio dejaron de importar, se estaban dejando llevar por la necesidad que venían acumulando y la frustración de no poder amarse como corresponde.

La más conservadora era Akane, pero en ese momento, no podía pensar en otra cosa que no fuera desnudar al hombre que tenía frente a ella. No le importaba estar en el pasto, o en el patio de su antigua casa a la vista de los vecinos. Estaba cegada por el deseo.

Pero no todo termina como uno quisiera y en un relámpago de lucidez, la joven cayó en la cuenta del lugar donde estaban

—Ranma, espera —intentaba que su novio le diera atención y dejara de besar fervientemente su cuello arrebatándole suspiros y algún que otro gemido— Amor, es-aah, espera

—¿Qué? —pregunta ronroneando en la blanca garganta

—Estamos en el patio —dice separándose finalmente y fijando sus ojos en esas dos gemas azules tan profundas como el mar pero que a la vez destellaban con pasión

—Vayamos al dojo —dice levantándose e intentado ocultar la gran erección que sufría con sus manos

—Pero —rebate sin poder evitar ser arrastrada por el pelinegro al espacio que acababan de limpiar

Ya dentro del dojo, la asaltó nuevamente arrinconándola en una de las paredes y levantándola, ella enredó sus piernas en las caderas masculinas sintiendo su duro miembro rozar su intimidad haciendo fricción entre ambos arrancándole un sonoro gemido a los dos.

Ninguno se percató de que el otro lo despojó de la parte de arriba. Él quedó con el torso a la vista y ella en sostén. Ranma desvió su boca hacia el nacimiento de los senos de la muchacha que estaba cegada por las sensaciones, hasta que escucharon la grave voz de Soun Tendo y los fuertes pasos de Genma Saotome

—Vaya, ¡Qué mugre hay aquí! —dijo el de bigote al encontrar el patio lleno del agua sucia que sus hijos habían sacado del dojo y las armas acomodadas a un costado ya limpias

—¡Papá! —dijo Akane saliendo del dojo un tanto agitada y recogiendo algunas armas, simulando que ya las estaban acomodando dentro

—¡Hijita! No deberías hacer esfuerzos —regaña Soun

—No te preocupes papá, el doctor me ha dado de alta hoy —sonríe

—¿Ranma está contigo? —pregunta Genma— he intentado llamarlo pero no me ha contestado

—Oh, él está dentro —intentando que le baje la erección, agregó en su mente—

—¿Falta mucho Akane? —pregunta el susodicho saliendo con los baldes delante suyo cubriendo su elevada virilidad— ¡Ah! Hola señor Tendo, viejo —asiente a ambos

—Ay, Ranma, te he dicho que me digas Soun, muchacho

—Lo sé, es que me cuesta —dice dejando los baldes y arrebatándole los bokken a su novia para llevarlos adentro nuevamente— justo ahora debían venir a molestarnos —dijo a la pelinegra por lo bajo a lo que ella respondió con una pícara sonrisa

Un rato después, cuando terminaron de acomodar nuevamente el dojo, salieron de la propiedad, todos en dirección a la casa de Akane, donde bajó la pelinegra a buscar ropa, ya que esa noche la pasaría en casa de Ranma. Siguieron su camino hasta la residencia de los Saotome donde bajaron los dos hombres y la pareja siguió su camino hacia el domicilio del ojiazul, donde esperaban poder finalmente concretar ese asunto que los traía mal a los dos.

¡He vuelto de entre las sombras!

¡Bienvenid@s! Estoy muy feliz de poder -al fin- continuar con esta segunda parte del fic.

Quiero agradecer los mensajes de apoyo y pedidos de que continúe con esta secuela.

Sé que me tardé un poquitín, pero ahora estoy un poco más adelantada en los capítulos así que, digamos, voy bien encaminada.

¡Y todo eso, gracias a mi nueva y recién estrenada Beta Reader DanisitaM ! Gracias a ella puedo ver algún error, ya sea gramatical u ortográfico (además no lo publico si no tengo su visto bueno ;) ) ¡Gracias preciosa!

Finalmente, quiero decirles que sé que por ahí este primer capítulo es medio aburrido, pero déjenme decirles que era necesario.

Gracias por darle una oportunidad a esta secuela, sin ustedes, no la hubiera seguido ¡Gracias por su apoyo!

Ahora me despido, nos vemos la próxima!