Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 9:
—Azusa —vociferó Ranma intentando esconder el mal humor que lo atacó al encontrarse a su ex-novia
—¿Cómo has estado dulzura? —preguntó con su chillona voz al mismo tiempo que se colgaba del cuello del pelinegro haciendo que soltara a la ojimarrón
—Mejor que nunca —Akane notó la imperceptible sonrisa en los labios del ojiazul mientras apartaba a la mujer y volvía a abrazarla
—Me alegro —contestó la pequeña mujer de largos cabellos claros— Me enteré que me has cambiado —reprocha con un mohín
—No te he cambiado, te he dejado. Hace años
—Da igual cariño. Estoy segura de que volverás a mis brazos
—Estoy aquí, ¿sabes? —dice Akane con rabia contenida mirando a la patinadora con fuego en los ojos
—¡Ah! Así que eres tú —comenta con falsedad reparando en la pelinegra por primera vez— disculpa bonita, no te había visto —sonríe "modestamente"
—Si, soy yo. ¿Algún problema con eso? —increpa enojada— no me parece correcto que saltes encima de mi novio como lo has hecho
—Vaya Ranmi, sí que es celosa —lo mira de reojo
—Por supuesto. Yo sí lo quiero —comenta mordaz
—Jaja, que sentido del humor, querida. No entiendo cómo has conquistado al caballo salvaje —vuelve a acercarse al muchacho pasando una uña por su torso— aún no he podido olvidar esas noches, petit
—¡Que sigo aquí! —grita Akane zafándose del agarre de Ranma
—Déjala cariño, no te hagas problema, seguramente aún está en tratamiento —susurra bastante alto para que Azusa lo escuche
—No, mi vida —comenta mirándose las uñas— me han dado de alta hace un año. Ya estoy recuperada y lista para retomar lo nuestro —vuelve a querer acercarse
—Vámonos Ranma —la pelinegra tira del ojiazul con todas sus fuerzas dejando a una sonriente Azusa en medio de la vereda
—¡Un gusto volver a verte amorcito! —grita a la pareja que se alejaba— Ya volverás a mí —susurra para ella misma retomando el camino hacia el restaurant que minutos antes habían dejado el ojiazul y su acompañante.
La muchacha caminaba rápido, murmurando obscenidades dirigidas hacia la mujer que dejaron atrás, el pelinegro podía percibir su enojo, más bien furia, al tiempo que lo seguía tirando hacia el automóvil
—Está bien, Akane, puedo caminar solo ¿si? —dijo intentando de verdad no sonar agresivo pero fracasando estrepitosamente
—¿Acaso estás enojado? —voltea con la mirada transformada— Esa cualquiera se te tira encima y ¿te enojas conmigo? ¡Es el colmo! —lo suelta y pasa de largo el Hyundai de Ranma
—¡Espera! ¡Akane! ¿Dónde vas? —pregunta saliendo de la estupefacción inicial y la alcanza varios metros más adelante— Detente, por favor
—¿Qué quieres? —vuelve a voltear hacia él cruzándose de brazos adoptando una posición a la defensiva
—Saber qué te ocurre
—¿Todavía me lo preguntas? ¡Esa cualquiera te saltó encima y se te pega como mosca a la miel y me preguntas qué me ocurre!
—Pues, para mí tampoco fue agradable cruzarme con ella. Por si no lo notaste, ni siquiera le seguí la conversación
—¿Y qué?
—Amor, no te enojes, no ha sido mi culpa —intenta remendar la situación a la que llegó sin siquiera saber cómo, terminaron discutiendo
—Ya sé que no ha sido tu culpa ¿Acaso crees que no lo sé?
—¿Entonces? ¿Porqué te enojas conmigo?
—Es que.. —comienza a hablar apurada pero tratando de calmar su agitación— ¡Es una desgraciada! ¿Viste cómo me trató? ¡Y tú ni siquiera me defendiste!
—¡Porque no me has dejado decir ni una sola palabra!
—Eres un idiota
—Cariño, no te enfades. Lo lamento.. —se acerca tomando una de sus manos— disfrutemos lo que resta de la noche. Ya van dos veces que hemos discutido hoy, y lo peor es que fueron boberías
—¿Te parecería una bobería que alguien me estruje frente a ti? —pregunta retóricamente— ¿Qué hubieses hecho tú en mi lugar?
—Bueno.. probablemente ahora estaría detenido por agresión
—¡Ya ves! ¿Y porqué yo debo hacer de cuenta que no pasó nada?
—Yo no he dicho eso
—Pero lo insinuaste cuando dijiste que era una bobería
—Está bien, lo lamento, quizá minimicé el episodio. Pero es que yo estoy acostumbrado a pasar por esto
—¿Incluso lidiar con la desquiciada de tu ex?
—No, eso ni por asomo. Yo decía por el tema de los fans
—Ya sé que estás acostumbrado. Pero yo no. Ésta no es mi vida.. —dice la chica bajando el volumen de la voz hasta que ésta toma un tinte nostálgico y melancólico
—Pero es la mía —remata ojiazul dulcemente tomando las manos de la muchacha que parecía haber calmado sus nervios y su enojo— escucha, amor, ésta es tu noche, quiero que lo pasemos bien.. —se acerca un poco más y la abraza— si quieres te llevo a tu casa, pero no quiero que sigamos discutiendo, ¿si? —la chica se separa de él con una mirada confundida
—¿Porqué querría ir a mi casa? —pregunta frunciendo el entrecejo
—No lo sé, ¿quizá porque estás enojada conmigo? —se miran a los ojos escrutando en el profundo color del otro
—Lo-lo lamento —se disculpa Akane dejando escapar una única lágrima contenida que no llegó más allá de su pómulo, pues el azabache la limpió con su pulgar antes de que terminara su recorrido
—No, amor. No te disculpes —acaricia la mejilla contraria a donde rodó la lágrima y posa su frente en la de la mujer— sabes que para mí eres la única ¿cierto?
—Lo sé —susurra enredada en los brazos del ojiazul, que se separa de ella y deposita un beso en su coronilla
—Bien, entonces vayamos, está haciendo frío y no quiero que te enfermes
—De acuerdo —contesta la chica Tendo aún abrazada al pelinegro reiniciando el camino hacia el automóvil que había dejado atrás
—Supongo que primero debemos ir a buscar tus cosas a mi departamento.. ¿o prefieres ir directo a tu casa y mañana te las llevo? —pregunta el joven cuando ambos están dentro del vehículo a punto de emprender el camino de retorno
—Ranma, no iré a mi casa —lo sorprende con su respuesta haciendo que abra los ojos inesperadamente
—¿Entonces? —pregunta estúpidamente tragando en seco, pues siente la garganta seca de repente
—¿No se supone que pasaríamos la noche juntos? —responde ella con picardía y una sonrisa ladina
—Po-por supuesto, si es lo que quieres.. —desvía la mirada al frente sonrojado mientras pone el auto en marcha
—Además.. traigo algo para ti esta noche —comenta como al pasar mientras de su escote deja entrever solo un poco del conjunto que trae puesto debajo del vestido
—¿Quieres matarnos antes de llegar? —dice con lascivia mirándola de reojo y luego al camino, intercalando miradas con el mudo deseo de arrancarle el vestido cuanto antes
—¡Vista al frente Saotome! —ordena en cuanto una de las manos se desvía del volante e intenta tocarla mientras la mira de reojo
—¡Señor, si señor! —contesta con un saludo militar que hace reír a la muchacha olvidando por completo el incidente con las fans y Azusa.
Minutos después, en el garaje del edificio donde residía el pelinegro, ambos bajaron del vehículo. La morocha miró desconcertada hacia todos lados buscando algo
—¿Dónde está la motocicleta?
—Por allí —señala un lugar apartado al que se dirige la ojicafé— ¿Pasó algo? —preguntó cuando llegó a su lado. La joven estaba parada frente a la moto, pasaba distraídamente la mano sobre el cuero negro del asiento y sonreía de manera tierna
—No, nada —le contesta— sólo recordaba el día que la compraste.. deberías ir a buscar tu casco —recuerda mientras se deleita con los besos que el ojiazul comenzó a dejarle en su cuello descubierto, parado a su espalda
—Lo sé. La próxima semana veré si puedo hacerme un espacio para ir a buscarlo —habla bajito, sólo para ella depositando suaves toques en su tersa y blanca piel. Sus manos viajan al estómago de la joven que posó sus manos sobre las del azabache, quien la presionó contra su cuerpo en un claro intento de que note su aún creciente erección
—Ranma.. —lo llama volteando el rostro hacia atrás al mismo tiempo que una de sus manos la deposita en la mejilla del hombre que captura sus labios en un salvaje pero placentero beso.
Ella siente una oleada de calor que le recorre el cuerpo desde su vientre hacia todas y cada una de sus terminaciones. Él siente que su miembro va a estallar si no se apresura a entrar en esa hermosa mujer.
Bajó una de sus manos hasta la entrepierna de la muchacha y de paso la empujó contra la motocicleta que estaba bien posicionada sobre su pie, impidiendo que ambos caigan sí que es resistente al peso, fue el pensamiento relámpago que se cruzó por la mente del azabache.
La misma mano que había bajado, siguió su camino hacia los muslos rehaciendo el camino nuevamente levantando el vestido de manera sensual, suave y lenta. Sus labios, que abandonaron los de la muchacha, se paseaban por el blanquecino cuello succionando de a ratos. Llegando al lóbulo pegó un mordisco que envió una corriente eléctrica a través del cuerpo femenino provocando un jadeo ahogado.
La ojimarrón dejó sus manos reposando en el asiento e inclinó su cabeza hacia un lado dándole mejor y mayor acceso a su cuello al pelinegro. Podía sentir la dura excitación del hombre detrás de ella rozando su espalda baja. La mano que había quedado en su vientre se movió hacia arriba, invadiendo su pecho por el escote. Una vez que logró su cometido, presionó uno de los pezones con los dedos índice y pulgar, la otra mano que subió su vestido por los muslos hasta llegar a la entrepierna, ahora atacaba su clítoris a través de la fina tela de la ropa interior.
—Aah, Ranma —gimió bajito la pelinegra dejándose llevar por su atacante que comenzó con un vaivén de caderas chocando su firme rigidez acomodada entre sus glúteos.
Las dos manos intrusas abandonaron sus posiciones y se aferraron a las caderas de la morena que intentaba por todos los medios callar los gemidos y jadeos que se le escapaban de vez en cuando.
Mientras una mano ejercía fuerza en la mujer, la otra se introdujo en la chorreante y cálida intimidad de la ojicafé. Aquel acto desvergonzado excitó más al joven Saotome, que sin saber cómo, ni tampoco conteniendo las ganas, con la mano restante bajó el cierre de su pantalón intentando liberar su duro miembro. Iba a penetrar a su mujer allí mismo, en el medio del garaje y no le importaba
—Espera, cariño —jadeaba Akane entre embestida y embestida— ah-aquí no.. nos puede ver alguien.. mmgh, amor, espera —lo detiene cuando el pene del muchacho estaba posicionado en su húmeda entrada
—¿Qué? —pregunta entre molesto e impaciente al tiempo que ella voltea hacia él y toma su erección con una de sus finas y delicadas manos
—Vayamos arriba —susurra en los labios del acalorado azabache mientras masajeaba sus genitales con parsimonia— aquí nos podría ver algún paparazzi
La sola mención del hecho puso de punta los pelos del ojiazul que rápidamente acomodó su duro miembro de nuevo en sus pantalones y besó a la mujer frente a él con pasión y salvajismo
—De acuerdo, sólo por que me lo pides así —jadea contra los femeninos labios.
La pareja se separa y encaminan hacia el edificio tomados de la mano, pero con prisa. Ambos desean llegar rápidamente al resguardo del departamento para darle rienda suelta a sus hormonas.
Llegados al hogar del pelinegro, apenas llegaron a entrar, pues la morena se tiró, literalmente sobre el muchacho enredando una pierna en su cadera y sus brazos en el cuello sosteniéndose en un solo pie. El ojiazul la aprieta más a él con un brazo y con el otro, sostiene la pierna en su propia cintura haciendo presión al mismo tiempo de su palpitante erección roza la entrepierna femenina.
—He tenido ganas de arrancarte este vestido desde que te vi en tu casa —murmura sensual en el oído de la pelinegra al tiempo que levanta la tela de su pierna enredada en él acariciando la piel expuesta
—También he estado esperando lo mismo —dice soltándose unos centímetros tirando del cinturón que atravesaba su cintura dejándolo caer y comenzando de inmediato a bajar el vestido
—No, déjame a mí hacerlo —habla bajo y ronco deteniendo las manos de la ojicafé— quiero disfrutar el desnudarte —ronronea en sus labios mientras comienza a despojarla de la molesta tela que la envuelve— Vaya.. ¿qué tenemos aquí? —pregunta retóricamente al descubrir la pieza de lencería salmón que traía debajo de la prenda— De verdad, amor ¿quieres que muera de un paro erectal? —dice confundido entre las palabras erección y eréctil
—¿Existe ese término? —pregunta entre divertida y excitada
—No lo creo .. vaya, acabo de inventar una palabra —sonríe con lascivia volviendo a atacar el cuello dejando caer el vestido del todo. Acto seguido se separa unos centímetros para admirar a la pequeña mujer que está frente a él— Dios, Akane —murmura comenzando a desvestirse con premura, un tanto desesperado— pareces.. pareces.. —comenta con la garganta seca— no sé bien qué pareces, pero estás matándome — completa la frase quedando solo en bóxers y camisa. Se acerca a la chica y la besa mientras va desabotonando de forma atolondrada la única prenda de su parte norte.
Dejando caer la camisa, toma la mano de su compañera y tira de ella hacia la habitación, besándola en el camino. En el corredor solo atina a estamparla de espaldas a la pared y acorralándola, la asalta desesperado, hambriento, enredándose en el pequeño cuerpo de su diosa con fervor. Sólo la libera unos pocos segundos para que recupere el aire y vuelve a besarla, con más pasión si es posible, levantándola sin hacer casi esfuerzo.
Sus respiraciones entrecortadas y mezcladas son la evidencia de las ganas que tienen el uno del otro. La muchacha encierra las masculinas caderas entre sus piernas y lo empuja hacia ella mientras sus manos se internan en la negra cabellera del ojiazul, tironeando de a ratos
—Akane.. —susurra el joven excitado hasta la coronilla— no-no puedo aguantar más —cuenta mientras libera su erección de los molestos bóxer guiando el palpitante miembro hacia la cálida entrada de su novia— necesito entrar —anuncia antes de colarse dentro de ella, apresurado por sentir sus paredes encerrándolo de una deliciosa manera.
—Mgh —exclama la pelinegra aferrándose con fuerza a las caderas de ojiazul, que empieza a embestirla suave, disfrutando la sensación de estar dentro de ella
—Ah, Akane, estás tan húmeda.. y estrecha —dice comenzando a acelerar los embistes
Cuando la posición se le hizo molesta, la cargó casi sin esfuerzo hasta la habitación, cuidando de no deshacer el contacto entre cuerpos. Dando un fuerte portazo con su pie, la deja en el suelo, movimiento que lo hizo salir del cuerpo de la mujer, produciéndole un sentimiento de frío en el miembro, pues dentro de la joven estaba cálidamente acondicionado y la habitación tenía la ventana abierta, dejando entrar el frío de la calle.
—Ranma ¿Porqué dejaste la ventana abierta? —pregunta la chica abrazándose a si misma mientras ve al ojiazul encaminarse a la abertura a cerrar los vidrios y correr las cortinas
—Lo lamento, es que suelo dejarla abierta para que se ventile la habitación —se da vuelta y queda sin aliento al encontrar a su diosa. Antes no había podido admirar de manera completa el atuendo de la pelinegra, ahora la tenía a su merced.
Su perfecto, curvilíneo y proporcionado cuerpo estaba cubierto por aquel pequeño camisolín abierto en el frente, sus pechos saltaban a la vista a través del trasparente sostén que se suponía, era la parte de arriba de la prenda, los pezones erectos clamaban su atención en un mudo llamado desesperado que él no rechazó, pues se lanzó a besarla nuevamente, alzándola por la cintura, la dejó sobre la cama encerrada entre el colchón y su propio cuerpo para después atacar sus senos a través de la fina tela, mordisqueando los botones y sus alrededores provocando algún que otro gemido en la joven receptora de tales caricias.
Tal vez fue la excitación, el amor, la ocasión especial que era o las ganas de enmendar las cosas entre ambos, lo que llevó al pelinegro a querer demostrarle cuánto era que la amaba.
Así que haciendo caso omiso a su propia excitación, se dedicó a besar cada centímetro de piel. Abandonó los senos de la muchacha para acariciar con sus labios su cuello, bajó por las clavículas, siguió de largo en el pecho y llegó a su plano estómago intentando dejar su huella en la chica. Besó sus caderas, sus muslos, sus piernas, mordisqueó la punta de sus dedos. Volvió a su posición sobre la mujer que entendiendo el accionar del ojiazul colocó una mano en su mejilla, mano que tomó entre las suyas y besó. Tiró de ella hasta sentarla en la cama y sin querer perderse un solo segundo de ella, acunó su rostro en sus manos y chocó su boca con la de ella. Tierno y suave. Un beso cargado de amor y pasión sin llegar a ser burdo o bizarro, lujuriosamente romántico.
—¿Qué has hecho con mi novio? —bromea la chica enfocando sus ojos terracota en los profundos azules de él
—Sigo aquí —levanta la mano un poco— sólo quiero demostrarte cuánto es que te amo, y ésta es la mejor manera que encontré —vuelve a besarla mientras queda arrodillado en el colchón arrastrándola a ella en el camino.
Abrazándola por la cintura, levanta un poco la tela de la prenda dejándole una inigualable vista de las posaderas de su chica, así que aprovechando el momento, agarra con un poco de fuerza uno de los glúteos y luego pega un cachetazo haciendo saltar a su portadora de la sorpresa para después acariciar la zona con ternura.
Llevando la mano un poco más arriba fue levantando la prenda de lencería hasta sacarla por completo, ayudado por la joven que levantó sus brazos, facilitando la tarea.
Una vez liberada, la pelinegra pasó sus manos por los musculosos brazos hasta llegar a los hombros y de ahí, tomando el masculino rostro poblado por una ligera barba rasposa, posó sus labios en los de él, que la abrazó nuevamente, pero ésta vez, sintiendo el calor del cuerpo cuasi desnudo de la ojimarrón
—Te amo, Akane —dijo al separarse, con voz profunda y el amor reflejados en sus orbes azules como el mar profundo— te amo, te amo, te amo —repetía entre beso y beso provocando una contagiosa risa en la muchacha mientras la recostaba nuevamente y comenzaba a dejar besos en su cuello
—No hace falta que me lo repitas tanto, cariño —le responde ella— ya sé que me amas, yo también lo hago, hasta quizá más que tú
—Eso ni pensarlo. Yo te amo más
—Yo te amo aún más —comenta mientras el ojiazul repasa la piel de su rostro dejando cosquillosos besos en sus mejillas, nariz, frente y ojos
La muchacha deja ir sus manos hacia en esculpido pecho y abdomen de su amante, deleitándose con el simple roce de sus dedos. Él, por otro lado, ya comenzando a sentir la necesidad de estar dentro de ella, abre sus piernas y se posiciona frotando su miembro en el sexo de la otra, logrando que se escape un suave jadeo de los labios de Akane.
Poco a poco la temperatura volvió a subir gradualmente hasta que los suspiros se transformaron en sonoros gemidos y roncos jadeos.
Quitándose la última prenda ya bastante húmeda debido a su líquido pre-seminal y la humedad de su pareja, Ranma dejó caer los bóxer a un lado de la cama y haciendo lo mismo con la pequeña tanga de Akane, volvió a acomodarse entre las piernas de la azabache entrando despacio en ella, dejándose inundar por la calidez y estrechez de su interior.
Cuando la poseyó completamente, comenzó a moverse despacio, sin prisa. Sintiéndose pleno y a la vez necesitando más. Pero aún no quería terminar, su intención era alargarlo hasta no dar a basto, hacerle el amor toda la noche si era posible. Entraba y salía de ella despacio, disfrutando el momento, sabía que la muchacha también lo disfrutaba, pues sus gemidos eran sonoros y excitantes. Hasta que ambos sintieron que era momento de acelerar un poco las cosas. En el momento que Ranma comenzó a acelerar los embistes, la pelinegra volteó la situación quedando ella sobre el ojiazul, brindándole una hermosa vista de sus pechos desnudos danzando en el aire, pidiendo una atención que él no le negó. Sentándose en la cama con el pequeño cuerpo a horcajadas, besó, lamió, chupó y mordisqueó las montañas que tanto lo enloquecían dejando que el placer escapase de su boca en forma de jadeos y algún que otro ronco gemido. Cambiando nuevamente de posición, dejó a la pelinegra sobre su espalda del lado de los pies de la cama y abrió sus piernas de par en par, admirando sin recato la intimidad femenina, los labios húmedos y el interior rosado de excitación. Se acomodó erguido pasando las piernas de su amante sobre sus caderas y las suyas por debajo de las de la jadeante mujer dejándola a su merced, completamente expuesta e indefensa.
Akane, algo avergonzada de repente, no tuvo opción siquiera de cubrirse cuando los dedos de su compañero la invadieron haciendo que voltee el rostro hacia un costado y aferrase sus manos fuerte en las sábanas emitiendo un ahogado sonido que oscilaba entre gemido y grito de Ranmaaaaaaa
Tenerla así, excitada y abierta para él, lo excitó más, por lo que sacando los dedos de la cálida cavidad, dirigió su palpitante dureza hacia la entrada de la chica que lo miraba expectante. La posición que mantenía le daba el ángulo perfecto para ver cómo su miembro se introducía en el menudo cuerpo, engulléndolo deliciosamente para luego reaparecer húmedo, brillante y empapado de su salado néctar que se arrepentía de no haber probado ese día.
El espectáculo que estaba presenciando lo ponía más duro, si era posible. No podía quitar la vista de la vagina que literalmente se tragaba su rígido mástil una y otra vez. Cada vez más rápido, más sonoro, más rico pensó acelerando a más no poder los embistes frotando su pulgar en ese punto que sabía, la joven disfrutaba en demasía. Cuando sintió cerca el fin, presionó el rosado botón que estaba acariciando haciendo que el interior de la mujer se estrechase al llegar al clímax y, por consiguiente, llegando él mismo explotando de placer, vaciándose en un potente orgasmo. Acto seguido, salió de la ojimarrón dejándose caer exhausto a su lado.
—¿Siempre estarás conmigo? —preguntó de repente confundiendo un poco a la agitada mujer que intentaba recuperar el aliento después de tanto ejercicio
—¿Porqué me preguntas algo así? —rebate ella sin procesar las palabras
—Solo quiero saber si vale la pena estar enamorado de ti —dice agitado pero abrazándola— he sufrido mucho la última vez que entregué mi corazón a alguien
—¿Esto es por Azusa? —pregunta la pelinegra sentándose a su lado deshaciendo el abrazo
—No lo sé.. hasta hoy, creí que toda esa mierda estaba enterrada pero..
—¿Pero..?
—Al verla, recordé cuánto mal me había hecho, todo lo que me había mentido, el daño que me hizo.. y..
—No —lo frena antes de que siga— yo no soy ella. ¿Está bien? Yo no voy a lastimarte ¿me oyes? Te amo demasiado para hacerte algo malo
—¿Lo prometes? Que el día que ya no quieras estar conmigo, me lo dirás, que no seguirás con la relación sólo por no herir mis sentimientos —toma con un poco de fuerza la mano de Akane
—Lo prometo —dice llevando la gran mano hacia sus labios dejando un suave beso en su dorso
—Gracias —la abraza con fuerza— te amo, mi vida
—También te amo, mi cielo
Se dan un último beso y se acomodan abrazados, ella sobre el pecho de él mientras se rodean el uno al otro con sus brazos y piernas.
•••
La noche corría silenciosa y fría, la quietud de la madrugada dejaba escuchar hasta el más mínimo ruido producido por el viento.
En la habitación del azabache, él y su preciosa novia descansaban o al menos eso hacía el joven, dado que la chica comenzó a respirar agitada moviendo su cabeza de un lado a otro frenéticamente
—N-no —decía entre sueños con temblor en la voz
—¿Akane? —pregunta el ojiazul perezoso abriendo un ojo encontrándose con una sudorosa pelinegra que temblaba y comenzaba a elevar la voz. Una pesadilla pensó mientras comenzaba a sacudirla, intentando despertarla— Amor, despierta —decía con un ligero toque de preocupación— Akane, cariño, es un sueño —hablaba un poco asustado hasta que ella comenzó a llorar desesperada— ¡No! No, no, no, no, amor, basta —pedía cuando le dio un manotazo al aire y casi estampa su mano en su pecho— ¡Akane! ¡Despierta! —sacudió con fuerza arrepintiéndose en el mismo instante, pues no tenía otra forma de despertarla. La alterada joven abrió los ojos desorientada momentáneamente mirando a todos lados
—¿R-Ranma? —dice entre aliviada y asustada para después romper en llanto abrazándolo con fuerza dejándole claro cuán aliviada y asustada se encontraba
—Estoy aquí, cariño, tranquila —trataba de calmar a la ojicafé acariciando su espalda desnuda sintiendo sus acelerados latidos que se mezclaban con los suyos propios— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? —se animó a preguntar cuando los sollozos menguaron
—Sólo tuve una pesadilla —le responde sonriendo pero con los ojos aún llorosos y la nariz tapada por el llanto
—Eso es obvio, pero me refiero a qué tipo de pesadilla. ¿Qué soñaste?
—Nada importante —intentaba alejar el sentimiento de vacío en su vientre y las ganas de acurrucarse en la cama y no levantarse nunca más
—Está bien, amor, si no quieres decírmelo, lo entiendo. No voy a presionarte ¿bien? —ella asiente— te traeré un poco de agua —dice levantándose y poniéndose unos pantalones cortos fue a buscar algo de beber
Cuando volvió a la habitación, Akane estaba sentada en la misma posición, con la mirada aún perdida, sumergida en su propio mundo
—Toma, cielo —le tiende el vaso con la fría bebida sacándola de su burbuja
—Gracias —le contesta queda, bebiendo todo el contenido. Deja el vaso en la mesilla de noche y al voltear, el ojiazul ya está recostado en la cama de nuevo, le hace un gesto y ella entiende a la perfección. Se acomoda en los fuertes brazos de Ranma sin rechistar sintiéndose nuevamente tranquila
—¿Mejor? —pregunta el azabache tiernamente acariciando el brazo de la muchacha
—Si, gracias
—Bien, descansa —deja un beso en su frente
Minutos después, ambos seguían despiertos, el reloj marcaba más de las cuatro de la mañana y ella sabía que si no descansaba aunque fuera una hora o dos más, el día sería insoportable. El pelinegro sabía que estaba despierta pero no quería presionarla para que le contara qué había soñado para alterarla de tal manera. Decidió dejar el tema a un lado. Su novia no necesitaba un interrogatorio ni él quería ser un chismoso. Cuando se sienta segura me lo dirá pensaba hasta que ella rompió el silencio
—Otra vez fue ese sueño —dice bajito, por un momento creyó que estaba hablando para ella misma pero al no volver a hablar, se arriesgó a preguntarle
—¿Cuál sueño?
—Perdía un embarazo otra vez —contó con voz calmada pero perdida en el pasado— aunque hoy fue distinto..
—¿Distinto? —preguntó a riesgo de quedar como chismoso
—Casi siempre son pesadillas diferentes. Nunca es de la misma manera, solo que la de hoy no era ningún sueño —toma una gran bocanada de aire— fue como revivirlo de nuevo
—¿Quieres hablar de eso? De verdad, amor, no te sientas presionada
—No, debo sacarlo afuera. Ya lleva mucho tiempo de hacerme la vida de cuadritos
—¿Crees que contándome lo que ocurrió dejarás de tener esos sueños?
—Podría ser.. ¿Quién sabe?
—De acuerdo, entonces soy todo oídos
—¿De verdad? ¿No estás escuchándome solamente para dejarme hablar? —pregunta enderezándose mirándolo a los ojos
—No, amor. Quiero saber qué te ocurre, pero no quiero presionarte a nada ¿entiendes? Siempre estoy queriendo saber más de ti pero no quiero que lo hagas por obligación ¿si? —ella asiente— bien, ahora dime ¿qué fue lo que soñaste?
—Creo que primero deberías saber cómo empezó
—¿Con el embarazo que perdiste?
—Si. Unos días después de que me practiqué el aborto..
—¿¡Qué!? ¿No que habías tenido un aborto espontáneo?
—Si. Bueno, no exactamente.. —suspira derrotada, era hora de decirle aquello que la atormentaba día a día— tuve que abortar —dijo llena de vergüenza desviando la mirada lejos del pelinegro— no tuve opción —cuando el joven a su lado no habló, siguió con su relato— Yo estaba contenta, de verdad. Me sentía llena de vida y feliz —sonríe— pero cuando él se enteró, puso el grito en el cielo. Se había enojado, se echó la culpa a sí mismo, luego a mí, hasta que por fin lo aceptó, aunque más bien, creo que se resignó.
~No te voy a negar que también estuve mal cuando me enteré, de hecho en esos días estaba pensando una manera de enfrentarme a Shinno y por fin terminar la relación. Así que cuando vi que la prueba casera marcaba un fuerte y claro positivo, sentí mi alma caer a mis pies, pero a los dos días estaba feliz de la vida. Incluso había decidido criar a mi bebé sola. La idea de seguir con Shinno ya no era opción para mí, aunque luego me convenció con relatos de familias felices y toda esa cháchara.
~Luego, llegó la primer consulta. Me sentía feliz aunque él aún seguía reacio. Por suerte el bebé estaba bien pero mis nervios estaban de punta. Discutíamos seguido, siempre por nimiedades y mi nivel de estrés subió hasta los cielos.
~Hasta que fui a la tercer cita.. Ya tenía tres meses de embarazo y no podía esperar a sentir sus pataditas. Unos días antes había comprado ropita de bebé blanca y unas cosas más, pero cuando el doctor hizo el chequeo de rutina, supe que algo andaba mal cuando movía el doppler por todo mi bajo vientre con el cejo fruncido. Cuando le pregunté qué ocurría, dijo que el aparato andaba mal y fue por otro.
~Cuando volvió no lo hizo solo, lo acompañaba una doctora y entre los dos volvieron a checar los latidos del bebé, pero no los escuchaba.
~Se miraron entre ellos y él negó despacio y ahí lo supe. La doctora me miró compasiva y dijo levántate, Akane. Hemos terminado.
~Obviamente mi cabeza era un hervidero de preguntas que contestaron con tranquilidad, trataron de hacerme sentir.. no lo sé.. dijeron que no sentían los latidos del bebé y que me realizarían una ecografía de emergencia, porque había una posibilidad de que los latidos no se escucharan porque estaba mal posicionado el embrión, por que eran bajos o por que había dejado de latir su corazón.
~La ecografía mostraba un pequeño círculo en la pantalla, inerte, no se veía ni se oían los latidos. Su corazón se había detenido.
—Akane —abrazó el ojiazul a su chica cuando la voz de ésta comenzó a temblar— Ya está. No sigas
—No, debo hacerlo —suspira nuevamente tomando aire, tranquilizando su respiración— El problema era que el embrión seguía adherido a mi útero y según los médicos, eso era un aborto retenido. Dijeron que llevaba sin latidos desde poco después de la última visita de.. muerto.. y mi cuerpo aún no lo expulsaba..
~Pasé un mes con el embrión en mi vientre —el rostro del pelinegro se tornó blanco— si, estaba muerto dentro de mi. Los doctores dijeron que lo normal era dejar que se desprendiera solo, pero no lo hacía. Pasaba los días acariciando mi estómago pidiéndole que saliera, pero todo era inútil. El saco seguía creciendo pero el embrión estaba sin latidos.
~Hasta que una tarde comenzaron los dolores, me asusté y fui corriendo al hospital. Me dijeron que mi cuerpo no estaba desechando nada y corría riesgo de contraer alguna infección. Por eso me recetaron unos medicamentos fuertes que inducen el aborto. Cuando salí de allí me dirigí a la primer farmacia que vi. La dependienta me miró con enojo y dijo que no vendía esas cosas. Le pregunté dónde las podría conseguir y por qué las estaba buscando y eso pareció ablandar su coraza, pues me dio una dirección de una socorrista que me ayudaría.
~Pensé en llamarla cuando recordé al abuelo de Shinno. Él estaba al tanto de toda esa horrible situación así que me dio las pastillas sin siquiera protestar.
~Seguí las instrucciones de la doctora y la media hora empezaron las contracciones, luego la hemorragia. Me acuerdo del dolor. Nunca había sentido nada así. Era como un hierro incandescente atravesándome las entrañas una y otra vez. Estaba tirada en el suelo de mi habitación con una toalla por debajo. Estaba sola, ese día Shinnosuke tenía guardia, Nabiki estaba en la universidad, papá en un viaje y Kasumi había ido con Tofú a ver unas cosas de su casamiento.
~Sangré muchísimo durante cuatro días, tuve fiebre alta, temblores, dolores punzantes en el útero cada tanto. Fue la experiencia más horrible de mi vida.
~Ni siquiera fui capaz de expulsar por mi misma a mi propio hijo —comenzó a llorar
—Cariño —llama el ojiazul con voz serena— no te mortifiques, era lo correcto. Son cosas que pasan, horribles y dolorosas, pero a fin de cuentas te hacen lo que eres. El día de mañana, cuando seas madre, vas a poder dar todo ese amor que no pudiste en esa ocasión, te lo prometo. Eres una mujer hermosa, amable, cariñosa, buena.. tienes un corazón enorme y yo soy testigo de eso, me lo has demostrado en más de una ocasión. Puedo asegurarte con mi vida que ese no era tu momento, lo será, algún día, pero es algo que debes dejar atrás. No fue tu culpa, no debes sentirte mal por eso otra vez. Piénsalo de esta manera; tú lo hiciste por que de verdad no tuviste opción y te dolió en el alma; en cambio hay quienes lo hacen por el sólo hecho de que no quieren ver sus vidas truncadas o solamente por que no estaba en sus planes. Siéntete orgullosa porque tú sí querías seguir adelante e incluso criarlo sola —decía intentando darle ánimos a la joven que hipaba entre llantos— eres maravillosa, Akane, no lo olvides nunca ¿si?
La muchacha no pudo hacer nada más que asentir y dejarse querer por aquel hombre perfecto. Mientras iba quedándose dormida se preguntó qué había hecho para merecer a aquel hombre tan.. comprensivo e inteligente.
Por esa única vez se permitió ser egoísta (o egocéntrica) y se dijo a sí misma que se merecía el amor de ese espécimen inigualable. Con ese pensamiento, se dejó caer en los brazos de Morfeo para no volver a tener pesadillas nunca más.
A poco no fue tierno?Ok, no, mejor me callo xD
Se que me estoy tardando con las actualizaciones, pero de verdad es necesario, mi súper beta #DanisitaM se me va de viaje D': asi que por unas semanas va a estar inactiva ¡pero no se preocupen! Eso no quiere decir que no vaya a publicar, no no no. Van a ser actualizaciones espaciadas con una semana de por medio, asi no los dejo sin capi y Dani no se vuelve loca con tener que corregir estando en sus vacaciones.
Por lo pronto, me encuentro escribiendo lo que sigue, si todo marcha como debería, al regreso de Dani voy a tener algo adelantado :)
Por cierto.. Vayan corriendo a leer Capturando tu corazón, el primer y fascinaaante fic de ella, de verdad, no se van a arrepentir 7u7
Ahora sí, qué me dicen de la reacción de Akane? Es la primera vez que está celosa.. Cómo hubiesen actuado ustedes?
Espero que les guste la historia tanto como a mi escribirla, como siempre, mil gracias a todos por el recibimiento, me encanta que les guste y cada follow, favorito y review que dejan, me llena de calorcito el corazón. ¡No tengo más palabras de agradecimiento!Nos vemos la próxima :)
