Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Capítulo 12:

La mañana amaneció despejada, el cielo celeste libre de toda nube esponjosa, brillaba radiante gracias al cálido sol que había comenzado su ascenso.

En la habitación del 4to piso, una morena joven se desperezaba y despedía de su tranquilo sueño. Ya era hora de levantarse.

Poniendo sobre su pequeño cuerpo una playera que encontró en el suelo, se dirigió al baño a asearse, luego de unos minutos, ya vestida y con su corto cabello apenas recogido con unas hebillas a los costados, se dispuso a preparar el desayuno mientras ojeaba por fin, la revista que había comprado el día anterior. Paseó por las páginas llenas de tips y consejos para adolescentes de cómo llamar la atención de su chico o cómo confesarse sin caer en lo ridículo. Otras más hablaban del horóscopo y notas sobre maquillaje, alguna que otra receta fácil y a la mitad de todas las hojas con material banal, estaba la imagen que había estado buscando.

Una fotografía de ella misma junto a su novio, él apoyado en la motocicleta y la campera de cuero al hombro agarrada sólo por un dedo en una pose despreocupada mientras que su mano restante estaba posada en el plano estómago de la chica que estaba -también- apoyada sobre el muchacho.

Comenzó a leer la entrevista, reía como colegiala al recordar ciertos detalles con respecto a la misma. Alguna que otra cosa que dijeron y no salió escrito en el papel. Hubieron muchas cosas que quedaron afuera de las páginas, algo que ya les habían anticipado, pues si bien la entrevista era interesante, se excedía demasiado y no quedó otra que acortarla y quitar varias cosas.

Se sintió un poco enojada o quizá defraudada de que no pusieran al menos dos o tres fotografías más de la pareja, siendo que La Reina les había sacado fotos hasta el hartazgo.

—Mm.. ¡qué bien huele eso! ¿Puedo probarlo? —preguntó el pelinegro entrando por la puerta aún adormilado portando sólo unos bóxers color rojos bastante ajustados— Buen día preciosa —se acerca a la chica que ojeaba la revista y planta un beso en su cabeza al tiempo que la abraza cariñosamente.

—Buen día cariño, si quieres prueba, aunque aún le falta un poco —responde a la pregunta del pelinegro abrazándolo de regreso.

—¡Oh! ¿Estás viendo la revista? Qué raro, mamá aún no me llama para avisarme que la compró —hace una mueca entre molesto y aliviado— maldita costumbre —dice por lo bajo recordando como su madre tiene la tendencia a comprar ese tipo de cosas para luego guardarlas en la caja que tiene en su casa— ¿luego me dejas verla?

—Claro.

—¿Pusieron buenas imágenes?

—¡Arg! Ni me lo recuerdes —contesta cerrando la revista y empujándola lejos— estoy in-dig-nada.

—¿Porqué?

—Sólo han puesto cuatro míseras fotografías ¡Estoy decepcionada!

—Bueno, siempre hacen lo mismo, sacan millones de fotografías y eligen las más bonitas.

—¿Qué hacen con el resto?

—No lo sé, tal vez son archivadas o las eliminan, sinceramente jamás me lo había preguntado —responde el ojiazul sin darle demasiada importancia— ¿harás algo el fin de semana? —pregunta de repente.

—Supongo que no, ¿por qué?

—¿Vamos a algún lado?

—Por supuesto, ¿dónde quieres ir?

—No lo sé, tal vez a cenar y luego a algún bar o alguna discoteca, sino podríamos ir al cine ¿quieres? —propone sentándose arrastrando consigo a la chica hasta sentarla sobre él.

—Como tú quieras, amor. Si es contigo iría a donde me pidieras —responde enlazando sus finos dedos con los grandes del muchacho que aprovechando la posición, con su mano libre la abraza por el abdomen y deja caer su cabeza sobre la nuca de la pelinegra dejando un suave beso— podríamos avisarle a Ranko y que venga con Taro.

—Me parece bien, le avisaré a los chicos a ver si quieren venir —agrega contento el joven dejando ir a su prisionera para después acomodarse, pues el desayuno estaba casi listo.

Después que el ojiazul la dejase en su trabajo, la morena recibió un mensaje de su cuñada recordándole que ese día debían ir directamente al jardín de niños en lugar de a la facultad. Como si pudiera olvidarlo, pensaba contenta la chica Tendo.

Había esperado ese momento desde hace años. Si bien mientras cursaban tuvieron unas cuantas experiencias con niños, esta no se parecería en nada. Ya no serían actividades aisladas una vez a la semana, había llegado el día de tirarse de lleno a la pileta e intentar nadar en un mar de murmullos, gritos y canciones infantiles, intentando que aquellos pequeños seres se moldearan de a poco hasta convertirse en personitas independientes.

Dejando sus cavilaciones de lado, se dispuso a hacer su trabajo. Los minutos pasaban y a cada segundo más se impacientaba. Finalmente llegó su hora de partir, había elegido cursar en las tardes para tener el tiempo suficiente de llegar a la escuela en el turno tarde, razón por la cual salió casi corriendo del Tokyo Dome, gracias al cielo llegó justo a la parada cuando llegaba el bus, así que estaría minutos antes que Ranko.

Mientras esperaba a la falsa pelirroja, se colocó su, en cierto modo, viejo delantal celeste a cuadros y su identificación con el nombre en letras mayúsculas que aún conservaba desde antes de haber abandonado y retomado la carrera. Vio como varias madres se acercaban con sus hijos, algunas abuelas o tías, hermanas y algún que otro papá, esperaban que la puerta se abriera.

Observó los niños corretear a su alrededor, algunos jugando a las escondidas, otros saltando en rondas, unos otros escondidos detrás o entre las piernas de quien los traía y algunos más llorando, rehusándose a entrar al establecimiento.

—¿Tú eres una nueva maestra? —escuchó una chillona voz que provenía del suelo. Al bajar la cabeza se encontró con un pequeño de ojos grandes y marrones casi negros.

—Si, soy nueva, pero aún no soy maestra, vengo a practicar para poder serlo —contestó sonriente al niño, quien no superaba los cinco años.

—A-Aka ¡Akane! ¿Ese es tu nombre? —preguntó leyendo el cartel que colgaba de su delantal.

—Si, asi me llamo —respondió asintiendo admirada de que el pequeñín supiera leer— Y tú ¿cómo te llamas?

—¡Achiro! Deja de molestar a la maestra —dice una mujer entrada en años acercándose al pequeño— lo lamento señorita, es un niño revoltoso —se disculpa.

—¡Oh! No, no me molestaba para nada, estábamos conversando solamente.

—¡Abuela, se llama Akane! ¿Tú serás mi nueva maestra? —le pregunta de nuevo.

—Pues.. no lo sé.. eso espero pequeño —sonríe.

El niño y su abuela se alejan y en la esquina, la morena distingue a su cuñada que viene apurada, seguramente creyendo que llega tarde.

—¡Ay! ¡Al fin llego! —exclama nada más llegar.

—¿Te has quedado dormida? —inquirió la de cabellos cortos.

—Me conoces bien —contesta la voluptuosa chica guiñando un ojo a su compañera

—Dime, ¿has preparado algo para la clase de hoy? —preguntó Akane curiosa.

—Pues, no.. la profesora había dicho que sólo nos presentaríamos —exclamó alarmada la colorada.

—Ay, Ranko.. no pasaremos las cuatro horas presentándonos.

—¡Qué voy a hacer! —decía preocupada la chica de cabello rojo mientras tironeaba de sus cabellos recogidos en una media cola.

—Tranquila, Akane siempre tiene un as bajo la manga —dice la morena hurgando en su cartera— toma —tiende una carpeta con varias hojas dentro.

—¿Qué es esto? —pregunta la pequeña Saotome revisando el contenido— ¡Akane! Este es el trabajo que presentamos hace dos años —comenta confusa— No lo hemos puesto en práctica.

—Pero es un trabajo aprobado —guiña un ojo— no es necesario que hagas todas las actividades, primero veamos qué nos espera allí dentro y si la maestra titular nos dejará hacer algo con los niños.

—¡Gracias amiga! —la abraza— no podría tener una mejor amiga y cuñada a la vez —simula limpiar una lágrima.

—Por esta única vez, te salvaré las papas, luego tendrás que hacerlo sola —regaña la chica Tendo.

—Lo sé mamá —se burla.

—Nada de "Mamá" y por favor, no te distraigas de la meta.

—¿Por qué lo dices?

—Ranko, te conozco, ahora que estás con Taro seguramente vivirás en las nubes, por eso te repito: NO TE DISTRAIGAS DE LA META.

—Señor, sí señor —responde con saludo militar— entonces tú tampoco pienses en la tercer pierna de mi hermano.

—¡Ranko!

—¿Qué? Si vamos a andar advirtiéndonos, también debo advertirte a ti jajajajajajaja.

—Quién me ha mandado a mi hacerme amiga de una loca —se lamenta la pelinegra.

—Sabes que me quieres —sonríe burlona.

—Lamentablemente para mi, si. Y mucho —la abraza con un brazo y la guía hacia la puerta del pequeño jardín de infantes donde una mujer con delantal rosa había abierto sus puertas llamándolas a las dos— ven, entremos.

Las dos chicas estaban a punto de cruzar el umbral cuando escucharon sus nombres.

—¡Akane! ¡Ranko! —ambas jóvenes se voltearon encontrando a Haru, que iba llegando agitada y con un ligero sudor en la frente, producto de su apuro por llegar

—¡Hola Haru! —saluda la pelinegra.

—Ay niña, debes salir más temprano para llegar a tiempo —regaña la colorada recibiendo una desaprobadora mirada de su mejor amiga y cuñada.

—¿Enserio, Ranko? —hace un gesto de cansancio— entremos antes que se nos haga tarde —guió a las otras dos chicas dentro del establecimiento escolar.

Cuando finalmente ingresaron, se encontraron con un ambiente completamente diferente al que esperaban. Un gran espacio cerrado que oficiaba de SUM (sala de usos múltiples) las aguardaba, decorado con carteles sobre los derechos de los niños, dibujos y una enorme lámina de varios cartones que simulaba ser la entrada a un castillo. Al fondo, del lado izquierdo, había una puerta por la que pudieron ver una pequeña cocina con alacenas, una heladera, una mesa bastante modesta y dos sillas. Otra puerta, justo al lado de la primera, las llevaba a un amplio corredor, donde estaban las tres salas donde dictaban clases. Al final de éste, una reja de color verde separaba aquel espacio techado del patio descubierto, donde estaban los juegos.

Se detuvieron a observar todo el lugar. El lado izquierdo del gran corredor había otra reja de dimensiones bastantes exageradas, del otro lado había un enorme patio de escuela. Claro, la primaria está ahí -pensó la ojicafé. Las salas estaban diferenciadas por colores. Por fuera, eran las tres idénticas. La primera tenía el marco de la puerta y la ventana de color naranja, la del medio era verde y la última, la más cercana al SUM era celeste.

Aprovechando que aún los niños no ingresaban, la directora y el resto de las maestras se acercaron a las jóvenes estudiantes con el propósito de explicarles lo que su profesora les había dejado como tarea. Como bien sabían, sus obligaciones estaban en, además de presentarse, dar una o dos actividades ellas solas y luego ayudar a las docentes titulares que poco a poco las irían guiando. Una vez terminada la introducción, charlaron un poco sobre el ambiente y los niños que padecían algún tipo de trastorno y con los cuales deberían tener extrema paciencia. Como la pequeña Ryoko, que padecía autismo, entre otras cosas, otro de los temas a tratar fue la distribución de las futuras maestras, Haru se aventuró a la sala de los más pequeños, la naranja de tres años. Ranko aprovechó para escabullirse a la celeste de cuatro, la sala justa para la que su amiga le había dado la actividad. Por último, Akane se marchó a la sala de preescolar, la verde.

A medida que los minutos pasaban, las chicas se impacientaban más y más. La directora les recomendó que se quedasen fuera de las salas para que no alumnos no se sintieran presionados o intimidados al ver a tantas maestras en sus salas. La idea entonces fue que las educadoras comenzarían el día como siempre y luego de unos minutos, las estudiantes entraran.

Las puertas volvieron a abrirse y los niños entraban uno detrás de otro. No ingresaban solos a la escuela, sino que el adulto responsable que los llevaba, los acompañaba hasta la puerta del salón, donde los chiquillos se despedían -algunos pocos, sobre todo los más pequeños, lloraban desconsolados- ninguno se volvía a salir de su aula y las maestras los recibían con una sonrisa a todos.

Al cabo de unos minutos, las tres docentes salen canturreando de los salones llevando a los pequeños uno detrás de otro en una fila organizada, donde todos cantan a la par con ellas. Todos se dirigen a la sala de usos múltiples y se colocan en una enorme ronda, todos los niños agarrados de la mano del compañero y lo que estaban al final de la fila, tomaban la de su compañero de otra sala.

Las tres futuras docentes miraban maravilladas como entre todos, cantaban una canción "saludando" a la escuela, a sus compañeros y a sus maestras. Una canción que ninguna conocía pero que Akane grabó en sus oídos. Nunca se sabe. Quizá en un futuro me sirva -pensaba animada.

Entre los niños, la pelinegra encontró a Achiro, el pequeño que había estado charlando con ella en la calle.

—¡Akane! —gritó agitando su manita en dirección a la pelinegra.

—Hola pequeñín —saludó la chica cuando el pequeño se salió de la fila para caminar junto a ella.

—¿Has visto? ¡Tenía razón! Tú ibas a ser mi nueva maestra.

—Si, enano, tenías razón. ¿Cómo lo supiste? —dijo pareciendo intrigada aunque estaba más interesada en mantener la charla.

—Ah, es algo que papá llama "intición" —dijo restándole importancia con su manita haciendo que la ojicafé se ría de la palabra mal pronunciada.

—Oh, la conozco —continuó— dime Achi ¿te gusta venir a la escuela?

—Más o menos.. a veces no quiero porque mi abue me hace levantar y ooodio levantarme temprano —hace un gesto cansado— pero le prometí a mamá que iría sin rezongar —sigue hablando cuando un compañero lo llama adelante para jugar algún juego— ¡Luego nos vemos maestra! —se va corriendo al inicio de la fila.

Akane sonrió con alegría. Era la primera vez que un niño le decía "maestra". Esto de verdad está pasando -se decía sintiendo una calidez en su interior.

El otoño estaba pasando rápidamente para dejarle la vía libre al invierno, razón por la cual muchos niños traían camperas. La pelinegra, estando a un costado del pizarrón que estaba a la altura de los pequeños, veía asombrada cómo se iban despojando de sus abrigos y los dejaban colgados en un perchero -también a su altura- sobre las mochilas. Luego, cada uno se volvía a una mesa donde esperaban a que la maestra iniciara la clase del día.

—Bien niños, presten atención que tengo algo qué contarles —habló la mujer con cabello lacio y castaño largo hasta los omóplatos— hoy tenemos con nosotros a Akane —le hace una seña para que se acerque, la chica todavía cargaba su abrigo y su cartera— deja tus cosas ahí —señala una silla junto al closet donde la docente guarda los elementos con los que trabaja a diario— como les decía, ella está estudiando para ser maestra, así como yo y todas las del jardín, va a estar con nosotros un tiempo así que por favor, les pido, pórtense bien, hagan caso a lo que ella les diga y no peleen ¿si?

—Maestra Maru ¿tú te irás? —pregunta una niña levantando su mano.

—No, estaremos aquí las dos. Ella dará la mayoría de las clases y yo estaré con ella para responder sus dudas aunque también haremos cosas todos juntos ¿si? —el grupo de 20 niños asiente en unanimidad y la clase comienza.

Minutos más tarde, mientras el alumnado estaba entretenido escribiendo cartas y notas de despedida, la maestra Maru comenzó a charlar con Akane hasta que una de las auxiliares golpeó la puerta de la sala e ingresando, le avisó a la docente que la esperaban en el SUM.

—Bien, dame un momento y voy —contestó para después voltear hacia la chica Tendo— Akane ¿podrías hacerte cargo de ellos unos minutos? —preguntó.

—Por supuesto pero.. ¿qué hago cuando terminen la actividad?

—Mm.. en el closet hay cajas con bloques, una con hojas, y en uno de los estantes —señala arriba— hay botes con pinturas y pinceles, también está la biblioteca —señala un rincón donde hay libros y revistas —sino, podrías hacer alguna de tus actividades, fíjate, ahora, ellos son tu clase —sonrió logrando que la pelinegra mirara al grupo trabajando y se sonrojara. Mi clase —pensó con orgullo.

—La verdad, han llegado en el momento justo —dice sacando a Akane de sus pensamientos.

—¿Por qué? —pregunta viendo como su "colega" saca varias cosas de un cajón del closet.

—Verás, nuestro profesor de educación física está por retirarse. Así que los niños han preparado una despedida, nada demasiado ostentoso. Simplemente una merienda entre todos más las cartas que están escribiendo ahora —señala a la clase que estaba, en su mayoría, concentrada en su trabajo.

—Oh, por eso las cartas —comenta entendiendo ahora la actividad.

—Exacto, ahora yo debo ir a la sala de usos múltiples a colocar los dibujos que han hecho ellos y los niños de las otras salas ¿segura que podrás?

—Por supuesto —respondió la ojicafé.

La maestra salió de la sala dejándola sola con los pequeños niños que charlaban entre sí, algunos hablaban de la salida que hicieron con sus padres, otros que fueron a la plaza, unos cuantos más comentaban lo que había pasado en el capítulo de Ladybug el día anterior. En ésta última, la charla pasó de blanco a oscuro cuando un niño y una niña comenzaron a discutir fuerte y alto, logrando que la mitad de los compañeros pusieran la atención en ellos.

—Niños, niños ¿qué sucede? —pregunta Akane llegando hasta ellos pasando por entre las mesas bajas y cabezas a la altura de sus caderas.

—Hiro dice que el papá de Adrien es Hawk Moth ¡Pero no puede ser! —renegaba la pequeña de trenzas oscuras y ojos grandes.

—¡Pero te digo que sí es! Vi un capítulo donde él se transforma ¡Tiene el "Miraculous" de la mariposa! —respondía el pequeño seguro de sus palabras

—¡Mentira! —gritó de nuevo su compañera— ¡Ese está perdido!

—¡Bueno, ya basta los dos! —dice Akane levantando la voz pero no enojada— niños, no peleen, esto se arregla fácilmente —explica agachándose hasta estar a la altura de los dos— ¿Qué capítulo es el que viste Hiro?

—Animaestro

—¿Has visto ese capítulo Seina?

—No —niega la niña— es que él va viendo capítulos adelantados y yo apenas voy por los primeros.

—Bien, y ¿te has puesto a pensar que quizá él tenga razón?

—Pues no, porque los papás no pueden ser malos —razonó la pequeña.

—Tienes razón, pero quizá él es malo pero no con su hijo. Mira, hagamos una cosa, esta noche, buscaré el capítulo que dice Hiro y mañana lo hablamos ¿te parece?

—De acuerdo —contesta derrotada la de las trenzas.

Cuando la maestra regresó, encontró a los niños sentados en el suelo alrededor de Akane, quien se encontraba sentada en una pequeña silla del color de la puerta y la ventana, leyendo un cuento y haciendo las distintas voces acompañando con gestos, exagerados para un adulto pero perfectos para captar la atención de los niños, con sus manos.

Cuando el cuento llegó al final, la maestra aún estaba en un rincón viendo cómo debatían sobre el cuento leído. Akane les preguntaba a unos cuáles fueron sus partes favoritas y qué personaje les había gustado más. Para finalizar, Akane les propuso crear un final distinto al del cuento original, cosa que emocionó a los pequeños. Lamentablemente no pudieron siquiera empezar con esa parte, pues era hora de ir a despedir al profesor de educación física.

—No se preocupen, mañana podemos re-leer el cuento y hacemos el final que ustedes quieran ¿si? —animó la joven al grupo que, algunos desganados, fue formándose en la puerta.

Cuando las tres salas estuvieron en el lugar, la joven de cabello negro se encontró con sus compañeras que, al igual que ella, se veían emocionadas.

Durante la "celebración" la directora que las había recibido, dio unas palabras de despedida al hombre que apenas pasaba los cincuenta o tenía cuarenta y tantos.

—Estamos realmente felices de haber compartido contigo todos estos años, esperamos que no te olvides de nosotros así como nosotros tampoco te olvidaremos —dijo para cerrar el discurso con unas cuantas lágrimas retenidas.

El profesor también agradeció a todos, por haberlo apoyado y querido durante todos esos años y pidió a los niños que no fueran tan "duros" con el nuevo profesor.

Después de terminada la despedida, los niños de la sala de preescolar fueron al patio descubierto a jugar en los juegos, para cuando volvieron a la sala nuevamente, Akane notó como Achiro, el niño con el que había estado hablando en la entrada, bostezaba y recostaba su cabecita sobre sus brazos acomodados en la mesa. Akane lo mantenía vigilado, pues lo veía moverse y charlar con sus compañeros de mesa, hasta que notó como la respiración se hacía pesada y coordinada. El pequeño se había dormido.

—Achiro se ha dormido —le anuncia a la maestra

—¡Ay, otra vez! —exclama entre preocupada y cansada— seguramente su abuela lo levantó muy temprano —continuó hablando.

—Algo así me dijo. Que no le gustaba levantarse temprano —recordó.

—Si, pobre pequeño.. ha quedado solo con su padre —dice cuando Akane se acerca a ella cargando al niño que se ha prendido a ella como una garrapata— su madre falleció hace más o menos un año o unos cuantos meses más —comenta con voz afligida.

—Pobre niño ¿él cómo lo tomó?

—No lo sé, cuando eso pasó, él estaba en otra sala, con otra docente, pero hablé con ella y me dijo que al principio estaba triste y no quería participar de las actividades. Pero poco a poco ella lo fue integrando nuevamente. Ahora está bien, tu lo has visto, juega y habla mucho. Supongo que lo está superando —termina para después acariciar la cabeza color cobre del pequeño que lanzó un suspiro de cansancio— ven, pondremos una colchoneta aquí en un costado así lo acostamos allí, a menos que quieras cargar con él hasta la salida —mira su reloj de mano— faltan veinte minutos.

—De acuerdo ¿No le molestará el ruido? —preguntó Akane una vez que dejaron al niño acostado en el suelo sobre la colchoneta

—No, se ha dormido con todo el ruido, ya lo ha hecho antes, dejémoslo un rato y luego lo levantamos.

Así pasaron los minutos hasta que llegó la hora de marcharse. La pelinegra guardó las cosas del niño dormido y se acercó a él para despertarlo. El pequeño abrió sus ojos y aún adormilado, estiró sus brazos hacia la ojicafé y se prendió de su cuello en clara señal de que buscaba que lo alzaran. La joven no pudo resistirse así que lo levantó mientras le iba hablando bajito, solo a él para que se mantuviera despierto.

—Achi, bájate, ya debemos irnos —decía la docente titular.

—Déjalo, está cansado —intervino la chica Tendo.

—Bien, sólo por esta vez —le respondió su compañera en modo de regaño claramente hacia el niño.

Cuando todos estuvieron listos, con sus camperas y mochilas puestas, la maestra Maru acercó una pequeña silla junto a la puerta cerrada y sentándose, los alumnos imitaron su accionar rodeándola acomodándose en el suelo. Cuando todos hubieron encontrado lugar, la mujer comenzó a cantar una canción de despedida, donde saludaba a las maestras, a sus compañeros y al jardín.

Abriendo la puerta del salón, la maestra quitó del camino la silla y pidió a los niños acomodarse en fila para poder salir.

Una vez en la sala de usos múltiples, observó como las otras dos salas ya habían salido y la maestra del salón donde se encontraba Ranko, despedía a los últimos alumnos.

Achiro se removió de los brazos de Akane y bajó al suelo, acto seguido, salió corriendo en dirección a sus compañeros, el sueño se le había pasado. Cuando la mayoría se fue, Akane se despidió de Maru y salió del establecimiento buscando a sus compañeras que aguardaban por ella a un costado del lugar. Escuchó detrás de ella un "¡Papá!" y volteó para encontrarse a Achiro corriendo a los brazos de un hombre bastante joven, que lo recibe con alegría y una gran sonrisa.

—Bien ¿cómo les fue? —preguntó la pelirroja impaciente llamando la atención de su cuñada.

—¿Qué puedo decir? —comenzó Haru— ¡Me encanto!

—Fue la experiencia más placentera que he vivido —dice la pelinegra con ojos brillantes de emoción.

—Ha sido maravilloso —concuerda la menor de los Saotome— esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida —sentenció llena de añoranza.

—También yo —secundaron las otras dos.

—¡Akane! —escucharon la voz pasando junto a las tres— ¿Mañana volverás cierto? —dijo Achiro en brazos de su papá.

—Por supuesto enano, mañana volveré.

—Papá, ella es mi nueva maestra —escucharon al niño decirle a su progenitor que había pasado de largo prestando demasiada atención al trío de jovencitas, que continuaron su charla comentando los pormenores sin fijarse en el joven padre.

Esa noche, la morena charlaba por video llamada con su novio, quien había tenido un día bastante duro, grabando un programa que saldría ese fin de semana y luego yendo a unas entrevistas para un diario de espectáculos y una radio de alcance nacional.

—Me alegro que te haya ido bien —sonrió el pelinegro mostrando sus dientes

—Gracias cariño. A ti, ¿cómo te ha ido?

—Aah, lo de siempre, entrevistas aquí, allá, repitiendo la misma cosa una y otra vez, pero contento —vuelve a sonreír— ¿le dijiste a Ranko de la salida del sábado?

—Si, me dijo que lo hablaría con Taro, ella irá seguro, él no lo sabe aún.

—Bien, entonces, pues, te dejaré descansar, estar rodeada de tantos niños debe ser agotador.

—No te das una idea.

—Está bien, ve a dormir—dice en tono reprobador, como un adulto a un niño.

—Sí, papá —contesta con sarcasmo blanqueando los ojos.

—Señor novio papá para ti, jovencita.

—Jajaja, ya Ranma, déjate de chistes.

—De acuerdo, descansa amor.

—Gracias cielo, tu también descansa.

—Gracias.

La comunicación se corta y la ojimarrón apaga la luz, dispuesta a dormir.

La semana pasó frente a sus ojos como un suspiro, su rutina se había vuelto una constante en ir a trabajar, al jardín y volver a casa a planificar y corregir alguna que otra cosa de sus propias actividades. Era realmente cansador. Pero la chica estaba feliz.

Más aún, se sentía en paz consigo misma, aunque estaba preocupada por el pequeño Achiro. El niño había demostrado real interés en ella, siempre buscaba su atención, a diario le traía alguna flor que arrancaba de alguna planta o dibujos que hacía en su casa. Sentía miedo de que estuviera proyectando en ella a su madre ausente. Maru, la docente que la supervisaba, le decía que no se preocupara por eso, que los niños solían encariñarse con ellas, que era algo a lo que debía acostumbrarse aunque al momento de despedirse fuera difícil. Recuerda que ellos son como la plastilina, se adaptan a las circunstancias. Si los colocas en un recipiente "cuadrado", ellos se volverán cuadrados, si los moldeas en uno circular, serán círculos. Ellos no sufrirán la separación, sufriremos nosotras. Solía decirle solemne, cosa que luego entendió, las maestras se encariñaban con sus alumnos, al igual que ellos, pero la diferencia estaba en que siendo adultas, la nostalgia de verlos partir les deshacía el corazón. Recordó cuando una profesora les había comentado que dejó de dar clases porque le dolía verlos partir.

—¡Buenos días Akane! —saludó su cuñada ese último viernes previo a la salida del fin de semana

—¡Buenos días Ranko! ¿Te has caído de la cama? —dijo socarrona la pelinegra

—¿Porqué lo dices?

—Bueno, no es muy normal en ti que llegues tan temprano

—Oh, eso, bueno.. es que Tadashi me ha traído —comenta sonrojada al tiempo que desvía la mirada

—¿Sólo te ha traído? —bromea levantando y bajando las cejas repetidas veces

—¿Qué insinúas? —preguntó la pelirroja fingiendo sentirse ofendida

—Nada, absolutamente nada —ambas se echan a reír

—¡Maestra Akane! ¡Buenos días! —oyeron la voz chillona de Achiro

—Buenos días peque ¡has venido muy alegre!

—¡Es que es viernes!

—¡Ja! Este niño es de los míos —comentó Ranko sólo para Akane

—¡Achiro! Te he dicho mil veces que no salgas así.. corriendo —el joven que acompañaba al niño se quedó a medio camino mirando a su pequeño charlar con una joven de delantal celeste y cortos cabellos negros. Su entristecido corazón dio un respingo cuando la mujer sonrió al niño.

—¡Mira! Ahí está mi papá —dijo el niño señalando al hombre alto de cabellos color cobre atados en un moño bajo desordenado, con algunos mechones rebeldes fuera de su lugar, dándole un aspecto de modelo de revista.

Ranko lo miró boquiabierta, inspeccionándolo de arriba abajo con una aguda mirada crítica que a Akane le pareció más bien la de un cazador al borde de asaltar a su presa. Dándole un leve codazo, la pelirroja recompuso su porte y desvió la mirada hacia otro lado, claramente avergonzada

—Disculpe maestra. Este niño es un torbellino —dijo por fin con profunda y gruesa voz, si no fuera porque Akane estaba perdidamente enamorada de Ranma, seguro hubiese caído rendida a los pies de aquel espécimen único

—Lo he notado —contesta la pelinegra sonriendo amable haciendo caso omiso a intensa mirada del padre de su alumno

—Discúlpeme, no me he presentado —dice inclinándose en señal de disculpa— Mi nombre es Kirin, soy el padre de Achiro —estira su mano hacia la joven esperando que ella la estreche

—Mucho gusto, señor, soy Akane, la maestra de Achiro. Bueno, no "maestra", más bien, soy practicante

—No va a estar todo el año con nosotros, ella se irá después de las vacaciones de invierno —agrega el niño frunciendo el ceño hacia la chica

—Ya sabes cómo es, enano, no puedo quedarme —le responde la ojimarrón agachándose a su altura

—Pues yo digo que te quedes —replica haciendo un gracioso mohín

—Akane, debemos entrar —llama su amiga de cabellos color escarlata

—Bien, campeón, te veo adentro —se levanta removiendo los castaños cabellos del niño— fue un placer conocerlo señor Kirin —dice al padre del niño con una ligera inclinación de su cabeza

—El placer ha sido todo mío —responde con su voz profunda. Por un segundo la pelinegra creyó notar que su amiga dejó momentáneamente de respirar.

Una vez lejos de los niños que esperaban entrar, la pelinegra encaró a su muy querida amiga

—Ya lárgalo —declaró mirándola inquisidoramente

—¿Qué? —le respondió desentendida fingidamente

—No te hagas. Vi como le clavaste el ojo a ese tipo —acusó enarcando una ceja

—¡Bien! ¡Si! Pero es que ¿no lo viste? Ese hombre es un adonis Akane. No me explico cómo no te le echaste encima, parecía querer devorarte con los ojos —decía la colorada

—Te recuerdo que estoy en pareja y es tu hermano —replica la pelinegra

—¿Y qué? Mirar no hará daño ¿no crees?

—Ay, amiga… y ¿qué hay de Taro? —intenta intimidar a su cuñada

—No lo veo por aquí —responde jocosa— no te alteres, Akane. Tampoco es como si me fuera a ir con él… mucho menos sabiendo que está interesado en ti —murmuró por lo bajo

—Tampoco es como si fuera a mirarlo a él —redobla la apuesta la ojicafé.

Minutos después, Haru entraba al pequeño establecimiento sonrojada, mordisqueándose el labio inferior y ligeramente acalorada

—¿Ocurre algo? —quiso saber Ranko

—Acabo de conocer al amor de mi vida —contesta con la mirada perdida en algún lugar

—Cuéntanos quién es —alentó la joven Tendo

—No… no sé exactamente quién es —dudó unos segundos— pero es todo un espécimen... ¡ah! Su cabello, sus ojos, que creo que eran grises, su espalda —divagaba mientras al mismo tiempo Akane ya comenzaba a hilar las pistas

—Te apuesto cualquier cosa a que está hablando del bebesito de afuera —susurra la pelirroja a su mejor amiga

—¿Saben quién es? —exclamó la blonda— necesito con urgencia su número telefónico

—Calma, calma, Paris Hilton. —tranquilizó la de ojos ambar— no sabemos nada, sólo que es el padre de uno de los niños de mi sala

—¿Y cómo se llama?

—Ahm… no lo recuerdo… ¿Krilin?

—Kirin —corrige su cuñada

—Eso, Kirin

Dejando la charla momentáneamente de lado, cada una siguió a su sala para comenzar con los preparativos del día dejando así que pasen las horas enseñando y a la misma vez, aprendiendo.

El pequeño Achiro no dejaba de buscar a Akane con la mirada, a veces por pequeñas cosas, como comentarle qué había almorzado, otras veces pidiéndole que lo acompañe al baño o le atara los cordones.

Para suerte de la morena, el padre del niño no volvió a aparecer. Algo la ponía incómoda con respecto al llamativo y misterioso hombre. No quería indagar demasiado sobre eso, así que intentó olvidar el tema -y al joven- por la paz.

Esa semana, particularmente, se encontraba sumamente ansiosa. Por un lado, su incursión en los estudios de manera más profunda, la traía feliz y agotada, pero a eso había que sumarle la ansiedad de poder por fin en sus manos el ticket que había reservado con anterioridad para asistir al show que daría su novio. Llena de impaciencia, había decidido que ese fin de semana saldría de su trabajo y se iría al Kabuki-Za a retirar su entrada para el recital de Polaroid antes de que su reservación expirara.

Al llegar se encontró con una larga fila. Tal como en el Tokyo Dome, se paró al final de ésta resignada, no le quedó otra que esperar.

Minutos después, estando en la boletería, pagó y retiró su ticket. Se sentía contenta. Como si de verdad fuese una fan de la banda. Creo que a fin de cuentas lo soy ¿cierto? —se decía a si misma.

Jamás había sentido aquel hormigueo en su vientre, esa sensación de nervios, ansiedad y ganas de que ya fuese el show.

Unas cuadras más adelante, su camino se cruzó con el de Ukyo, que justamente también había reservado su entrada vía internet. Después de conversar unos minutos, la castaña invitó a la morena a que la acompañase a buscar su entrada y luego a beber unos batidos, pues la cocinera finalmente se había dado por vencida con su amigo de la infancia y la pelinegra se sentía menos rara al estar cerca de la chica de ojos color miel.

Irónicamente se pasaron la tarde charlando como si se tratara de viejas amigas, ambas congeniaron bastante bien y rápido. La cocinera le contó a su ex-rival que se encontraba finalizando su curso de cocina y que había conseguido un puesto bastante importante en un famoso restaurant de Tokyo.

—Así que.. —comenzó Ukyo cuando se quedaron sin temas de conversación— ¿Por qué compraste una entrada para el campo? ¿Ranma no les dio tickets especiales?

—Bueno, si. Pero prefiero estar en medio del tumulto. Verás, no me molesta estar en la zona preferencial con familiares y amigos, pero la otra vez, cuando tocaron en la cena a beneficio, me detuve a mirar al público un momento y deseé estar ahí, saltando, gritando. Estando con la tía Nodoka mirándome .. me daría pena —termina sonrojada.

—Te entiendo, me pasaba lo mismo. Ranma me obsequiaba las entradas para estar en esa "zona" pero la verdad es que siempre preferí el descontrol del campo..

—Oh, entonces ¿tú ya has estado en el campo?

—Claro, he ido al campo desde los diecisiete años. Y créeme, se pone salvaje ahí.

—¿Debería asustarme?

—Para nada —la castaña hace un gesto restándole importancia— la parte difícil son los pogos.

—¿Pogos?

—Sip, es cuando suena una de esas canciones perfectas para descontrolarse, el público suele hacer rondas dejando el centro despejado y en el estribillo comienzan a saltar todos juntos hacia el centro, generando una marea de cuerpos empujándose unos a otros, dejándose ir ante la adrenalina de la música.

—O sea, es cuando se muelen a empujazos unos a otros —redondea Akane.

—Eh… si, en resumidas cuentas —sonríe la cocinera.

Pasaron unos momentos más en compañía la una de la otra hasta que la chica de largo cabello castaño tuvo que retirarse. He conocido a alguien, hemos quedado de vernos y si no me apresuro, llegaré tarde a mi cita —había comentado la joven.

Ambas se despidieron enseguida, cada una tomó un camino diferente al de la otra.

Con su entrada bien guardada en su cartera, la pelinegra llegó a su hogar para encontrarse con que Kasumi había ido de visita al viejo dojo.

—¡Hola hermanita! —saludó la mayor de las Tendo con su habitual sonrisa y melodiosa voz. La familia entera estaba sentada alrededor de la mesilla de té en el comedor de la casona. Soun Tendo precedía la mesa, en su puesto de patriarca, Nabiki leía distraída un libro recostada sobre uno de sus brazos y la pequeña Humi descansaba en su carrito

—¡Kasumi! —saluda la menor que corre a abrazar a la más grande de sus hermanas— estaba pensando en ir a visitarlas mañana

—Bueno, pues te hemos ganado —sonríe la mayor— dime ¿cómo te ha ido en el jardín? Esta semana comenzabas las residencias ¿cierto?

—Sip, comencé esta semana ¡Ay es hermoso Kasumi! Cansador pero me encanta hacer lo que hago

—Estás loca, yo no me encerraría con treinta mocosos todo el día ni aunque me ofrecieran el oro del mundo —dice Nabiki desde su lugar.

—No es una carrera fácil ni a todos les agrada, pero es lo que Akane eligió y si ella es feliz, es lo único que importa —habló la castaña mirando a la hermana del medio, que levantó los hombros en señal de desinterés y bajó la mirada a su revista.

—De todas formas, ¿no salías hoy con Tatewaki? —inquirió la pelinegra.

—No, nos hemos tomado un tiempo —dice sin despegar los ojos de las páginas con voz desinteresada, restándole importancia.

—¿¡Qué!? —exclama Akane atónita— ¿Por qué no nos has dicho nada?

—¿Para qué hacerlo? No rompimos, simplemente nos tomamos un tiempo.

—Nabiki ¿Sabes que "un tiempo" es la manera sutil de "terminar" una relación? —pregunta Kasumi con rostro preocupado.

—Lo sé —contestó levantando la vista desprovista de emociones, aunque la menor de las Tendo logró ver un atisbo fugaz de tristeza en su mirada.

Las dos hermanas sabían que la del medio no era una persona sentimental, no solía expresar sus penas o alegrías. Era la mujer fría de la familia, pero sólo si se trataba de sus propios sentimientos. No dudaba en abrazar a sus hermanas y apoyarlas en algún momento difícil, pero cuando ella sufría alguna pena o decepción, solía encerrarse tras una coraza de frialdad impenetrable durante un período de tiempo hasta haberlo, por fin, superado.

La charla sobre el rompimiento abrupto de Nabiki con Tatewaki quedó olvidada, para fortuna de la chica, así que comenzaron a hablar de otros temas, el patriarca se había mantenido a un lado de la conversación, no era bueno hablando de sentimentalismo, por lo que prefirió quedarse callado.

—Papá ¿cómo va el dojo? —preguntó la mayor de sus hijas.

—Muy bien Kasumi, gracias por preguntar.

—Ni que lo digas, jamás ha estado tan concurrido —comentó la pelinegra

—Es cierto, papá y el señor Saotome lo llevan bastante bien —agregó la del medio

—¡Eso está muy bien! —exclamó la castaña levantando a su pequeña que comenzaba a lloriquear— me alegro de que todo vaya bien papá, en serio —continuó diciendo mientras le daba de comer a la niña.

La charla siguió hasta la hora de la cena, el doctor Tofú llegó al dojo Tendo en busca de su familia pero terminó quedándose a cenar. Cuando se hizo la hora, la pareja se retiró junto a la niña mientras el patriarca se retiró a sus aposentos. La menor de las hermanas se estaba preparando cuando la castaña pasó por su habitación.

—¿Saldrás? —quiso saber.

—Si, iremos con Ranko, Ranma y el resto a algún lugar.

—Oh.. está bien.. yo venía a pedirte uno de tus libros de esos románticos que tienes.

—¿Estás segura? ¿Tú leyendo una novela romántica? Por qué no mejor te arreglas y vienes conmigo y los demás, te vas a divertir.

—No, Akane, ya te lo dije, no estoy de ánimos, prefiero quedarme en casa.

—No, señorita, no acepto un "no" por respuesta. Ve, arréglate que vendrás conmigo de juerga.

—Ay Akane… las cosas que me haces hacer —contesta la castaña entre divertida y cansada— de acuerdo —balancea sus brazos hacia arriba en señal de rendición— espérame que ya vuelvo.

Varios minutos después, las hermanas Tendo esperaban al ojiazul impacientes y con un poco de frío, pues el invierno estaba cerca y el viento de la calle era una clara señal de que no faltaba mucho para que llegara.

Finalmente, cuando el conocido Hyundai negro de Ranma apareció por la esquina, la castaña tuvo la sensación de que esa noche sería una de las mejores de su vida.

Perdon, perdon, perdon,perdooooon! Ya se que me demoré DEMASIADO en actualizar, no tengo excusa alguna que valga la pena, salvo que los quehaceres de madre y esposa me ataron y me llevaron lejos. Eso y sin contar que la musa se fue a dar un paseo deliberadamente sin mi permiso y no volvió hasta ahora xD

Bueno, quiero agracerles, como es costumbre, por seguir la historia y por darme ánimos para que siga escribiendo, me encanta saber que les gusta lo que sale de mi cabeza enmarañada xD

Por supuesto, también gracias a mi beta DanisitaM ya la conocen, esa chica con un suuuuuper talento para dibujar y también con excelentes dotes escriturales (acabo de inventar una nueva palabra :P). Si no leyeron su fic Capturando tu corazón, vayan corriendo! También tiene un oneshot excelentísimo que acaba de subir. Se los recomiendo ENORMEMENTE

Muchiiisimas gracias también a toodo el #TeamRanmaconda, que seria de mis aburridos días sin sus debates y charlas hasta la madrugada (L) las adoro muchachas

Bueno, creo que eso es todo por ahora, no prometo volver a actualizar todos los viernes o lunes o jueves, solamente, estén atentos, soy como Ryoga, nunca se sabe cuando voy a aparecer :v