Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Capitulo 14:

Una flor amarilla.

Otro día una roja.

La quinta vez, fue un diente de león.

El pequeño Achiro solía aparecerse con una florecita que arrancaba de donde fuera, a veces, cuando se inspiraba, según él, le hacía algún dibujo, o manualidades. Akane tranquilamente podía haber tenido un jardín entero y variado con las diferentes plantas que el niño le traía. Guardaba con cariño cada retrato de ella y en su escritorio conservaba el pequeño tubo de papel higiénico con base de cartón decorado con papeles de colores y legumbres que él había artesaneado, en sus propias palabras, para ella.

—¡Oh! Es bellísimo —exclamó la pelinegra cuando recibió el extraño regalo.

—¿Verdad que si? Es lo mejor que he hecho, y te lo quiero dar a ti —comentó coloreándosele las mejillas— Espero que puedas usarlo.

—Por supuesto que lo haré —le contestó la futura maestra, pero al no tener idea alguna de para qué servía decidió preguntarle de una manera en la que el niño no sospechara— pero... No sé si podré guardar demasiadas cosas aquí.

—No te preocupes. Este es nada más para lápices, luego haré uno más grande para que puedas guardar tus otras cosas —respondió el pequeño.

Un lapicero —pensó la chica mientras colocaba un lápiz dentro y lo devolvía a su lugar en el escritorio, recordando con especial cariño el momento en que el pequeño le entregó el regalo unos días atrás.

Ya llevaba varias semanas en el jardín, había asistido como acompañante de la maestra titular durante la reunión de padres. Allí fue presentada formalmente. La mayoría de los padres decía saber de ella y estaban encantados, en especial la abuela del pequeño enamorado.

—No tienes idea de cómo habla de ti en casa —contaba la mujer que no era tan mayor como para ser una abuelita— se pasa el día contándonos lo que hacen, o dibujando cosas que luego te trae…

—Mi hija me comentó que le has enseñado a atarse los cordones —comentó una mamá— a mi jamás me hacía caso cuando intentaba enseñarle —decía con una sonrisa.

—El mío se ha integrado al grupo, juega con sus compañeros —dijo otro papá— siempre le costó hacer amigos y ahora me encuentro con que quiere llevárselos a todos de vacaciones con nosotros —comenzó a reír contagiando a los demás.

—Si, ciertamente la llegada de Akane nos ha traído puras cosas buenas —halagó la docente haciendo que la morena se sonrojara— pero bueno, esta reunión no es para alabar a Akane, los niños ya tienen ese trabajo y si se enteran, se enojarán —bromeó para cambiar el tema.

La chica de cabellos cortos sonrió con verdadero sentimiento.

Recogió su melena lo mejor que pudo y abrió uno de los cajones buscando algo cómodo que ponerse. Se decidió por un pantalón de jean que le llegaba hasta los tobillos y una camiseta de mangas largas color marrón claro. El viento removió las hojas del árbol del vecino y decidió que ese día no saldría de su casa hasta la noche. Cambió su atuendo, se pondría una cómoda pijama y se echaría a ver una película en el salón, o quizá leería algún libro…

O tal vez… sólo tal vez …

Al revisar el cajón de las pijamas, encontró un gi de entrenamiento. No era aquel amarillento y pequeño que había encontrado en otra ocasión. Éste era nuevo.

Sólo lo compro por puro impulso, sabía que no podía practicar otra vez. Su estómago se movió de ansias por estrenarlo.

Rápidamente se lo puso y se vio al espejo. ¡Le quedaba perfecto!

Tal vez pueda hacer alguna que otra cosa, algo sencillo …

Salió de su habitación dándose ánimos. Al llegar a la escalera, dudó ¿y si mi padre se escandaliza como de costumbre? ¿Y si Nabiki se burla? No, aquello era imposible. Su hermana del medio ya no dedicaba su vida a burlarse de la pequeña Akane, además ese día debía rendir un final crucial para su carrera. Estaba a un paso de poder terminar, por fin. Así que ella no está —pensó. Su padre tampoco daba señales de estar en el recinto, por lo que un poco más confiada, bajó las escaleras. Caminó hasta la puerta que conecta la casa con el dojo y se acercó. Lento. Sin apuro. Con el estómago lleno de mariposas.

Abrió la puerta y entró.

Inmediatamente se transportó a su niñez. Las paredes y pisos lustrados, el aroma a madera recién pulida. El pequeño altar que recordaba de antaño.

Miró la hora en su reloj de muñeca, ese día no habría clases hasta la media tarde, por lo que su suegro, Genma Saotome no llegaría hasta dentro de una hora y media, dos a más tardar. Tenía tiempo de sobra para hacer una pequeña prueba.

Tomó una larga y fuerte bocanada de aire. Cerró los ojos y expulsó de sus pulmones lo restante concentrándose. Movió un pie, luego un brazo, el otro, un giro, una patada que no llegó tan alto como hubiese querido y al dar el salto que finalizaba la kata más sencilla, un fuerte tirón en la zona donde había recibido el golpe, le impidió terminar el ejercicio con la gracia que creía, la estaba ejecutando.

Pero el dolor no la amedrentó. Terca como era, se enderezó y volvió a realizar el movimiento. Otro tirón, y otro, y así estuvo por al menos diez minutos más. Cayendo, saltando en un pie para no apoyar el lastimado, volviendo a caer.

—Lo estás haciendo mal —escuchó la profunda voz de Ranma en la puerta del dojo.

—¿Qué? —preguntó la chica sobresaltada, pues estaba tan concentrada que no sintió su presencia.

—Que lo estás haciendo mal —repitió y a la chica le pareció que estaba presumiendo.

—Dos cosas; primero; ¿qué haces aquí? Y segundo; ¿cómo sabes que lo estoy haciendo mal?

—En respuesta a tu última pregunta: recuerda que fui campeón en mi adolescencia y respondiendo a lo otro… tienes casi una hora de retraso ¿acaso lo olvidaste? —completó enarcando una ceja para darle énfasis a su fingido enfado.

—¿Olvidar dices? Jajaja por supuesto que no lo he olvidado, es solo que no medí el tiempo —rió nerviosa pues sí había olvidado, en efecto, que tenía una cita con el muchacho.

Desperezándose, el joven de cabello negro se acercó a su novia y se situó detrás de ella.

—Hazla de nuevo pero al bajar la pierna, intenta bajarla despacio, si lo haces como hasta ahora, el impacto hará que te duela.

La muchacha rehízo la kata haciendo caso al consejo de su pareja y para su sorpresa, el dolor fue casi inexistente.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó asombrada.

—Lógica, niña. Si estás lastimada no debes hacer esfuerzos.

—¿A quién llamaste niña?

—A ti, ¿a quién más? —se mofó— por cierto ¿ese gi es nuevo? —preguntó acercándose despacio cual depredador acechando a su presa— me gusta como te queda —susurró sensual al oído de la chica, aprisionándola de la cintura y depositando un húmedo beso debajo de éste.

—¿Estás consciente de que tu padre puede llegar en cualquier momento? —susurró aferrada al cuello de su pareja.

—De hecho, está en la cocina. Tu padre y él están ultimando detalles de las próximas clases.

—¿¡Qué!? —exclamó alarmada.

—Tranquila cariño, ellos saben que estás aquí, me han mandado a despejar la zona.

—Espera… ¿te mandaron a ti? —el pelinegro asiente— ¿qué hora es?

—Temprano —respondió encogiendo los hombros.

—O sea que me mentiste —acusa y el ojiazul apoya su mano en su pecho acompañado de un gesto sorprendido— no te hagas la victima, llegaste temprano.

—Bien, si. Papá venía para el dojo así que maté dos pájaros de un tiro —termina confesando con una sonrisa.

—Bien, pues, ya que llegaste antes, ahora debes esperar a que me de un baño y me cambie la ropa otra vez.

—¿Te ayudo con ese baño? —intenta seducirla.

—No, gracias, puedo sola —murmura saliendo del dojo meneando sus caderas.

Ambos volvieron a la comodidad del dojo Tendo y veinte minutos después, la chica entró a su habitación portando solamente una bata de baño, la cual la cubre de su desnudez, pues acababa de salir de la ducha.

—¡Ah! ¡Ranma! ¿Qué haces ahí? —grita al encontrar a su novio recostado en su cama, bastante cómodo jugando con el celular.

—Esperándote —responde sin despegar los ojos de la pequeña pantalla— dijiste que me tocaba hacerlo —la mira levantando la vista sin elevar la cabeza para después volverla al juego.

—¿Te has quedado aquí durante todo el tiempo que me bañé?

—Nope, estuve supervisando a papá en las clases hasta…

—¿Supervisando? —interrumpió la pelinegra.

—Si, digamos que no fue un buen sensei durante mis entrenamientos de niño… es una de las razones por las que he dejado las artes marciales. Sus métodos eran… poco ortodoxos.

—Wooah, no tenía idea.

—Pero no importa, hey, ¿necesitas ayuda? —murmuró cuando la chica se sentó en su cama, aún envuelta en su bata de baño.

—¿Quieres ayudarme? —contestó sensual mientras dejaba un hombro al aire de manera coqueta.

—Estoy deseando poder quitarte esa bata —ronronea el ojiazul acercándose felinamente a la muchacha de ojos color avellana.

—Lo lamento, Saotome, será en otra ocasión —se burla la chica quitándose la bata y arrojándola al pelinegro que notó, desanimado, que la chica traía puesto debajo un pequeño top color blanco y unos slip de dama a juego

—¡No se vale! —levantó un poco la voz indignado y fingiendo enojo— has hecho trampa —comentó volviendo a su posición en la cama cruzándose de brazos

—¿Y? ¿Qué creías? ¿Qué te dejaría hacérmelo estando mi padre en casa? —regañó al muchacho poniendo sus brazos en jarra.

—No, pero quería un poco de cariñitos —refunfuñó haciendo pucheros.

—Aaay, el bebé quiere un poco de atención —dijo al tiempo que se acercaba haciendo morisquetas y moviendo los dedos de sus manos en una clara advertencia de que le haría cosquillas.

—¡No! No te atrevas Tendo —acusó.

—Ooh Tendo, sí —reafirmó y se lanzó sobre el cuello del ojiazul, donde sabía, el muchacho era extremadamente sensible.

Él, intentando detener a su pareja, puso sus manos y brazos sobre su cabeza, escondió su cuello levantando los hombros y se agazapó quedando en posición fetal sobre la cama, riendo como chiquillo cada vez que la pelinegra lo atacaba con sus manos en aquellos puntos estratégicos donde sabía que tenía cosquillas. Las pequeñas manos se pasearon por debajo de las axilas, justo en las costillas donde solían apoyarse los brazos, sus costados en la zona donde están los riñones y para su sorpresa, la muchacha había descubierto que también tenía cosquillas en las orejas. ¡Las orejas! Era completamente absurdo; pero así era.

Su rostro estaba empapado de lágrimas que se le escaparon al reír demasiado, sentía su corazón acelerado, su estómago no paraba de dolerle por el esfuerzo al carcajearse y su bella novia parecía no estar satisfecha aún, así que de un inesperado giro, aprovechando que la morena se había arrodillado sobre la cama e inclinado hacia él, la sorprendió atacando sus costillas, haciendo que la chica pegue un grito al verse sorprendida.

Intentó levantarse pero el muchacho murmuró algo que sonó como ahora es mi turno y la derribó quedando sobre ella, que comenzó a reír a carcajadas mientras pataleaba aún en ropa interior.

La sometió al mismo martirio, haciéndole cosquillas en sus costillas, cuello, a los costados del estómago y haciendo uso de su fuerza, atacó también a la parte de atrás de sus rodillas.

—¡Basta! ¡Basta, basta, me rindo! —dijo finalmente la chica levantando sus manos en son de paz

—¿Has aprendido la lección? —preguntó burlón en ojiazul agitado sintiendo el corazón desbocado y la boca seca. En ese instante notó que el pequeño top que traía la muchacha se había bajado hasta quedar arremolinado debajo de los pechos de su novia. Tragó con dificultad sin poder despegar los ojos de tan preciosa vista. Oyó a lo lejos que la chica, igual de agitada que él le decía algo, pero los sonidos no le llegaban, eran, más bien, como palabras amortiguadas detrás de un vidrio blindado.

Se acercó sin pudor alguno y dejó un húmedo y largo beso en uno de los senos. Luego, liberando una de las muñecas de la joven, llevó la mano libre hasta uno de los pezones y lo presionó con los dedos índice y pulgar. La oyó gemir.

Sonriendo de lado se acercó otra vez y metió en su boca el pezón y parte del pecho, intentando acaparar el mayor espacio posible e hizo un sonido completamente sensual, según Akane.

La joven mujer sintió su entrepierna húmeda y necesitada. Él, por otro lado, creía que aún podía torturarla un poquito más.

Abandonó el seno que masajeaba con su mano y dirigió ésta por el plano estómago hasta llegar al paraíso. Una vez allí, se coló entre la tela y la piel tan suave y a la vez cálida, deslizándose dentro de ella haciendo uso de sus dedos.

Un gemido ahogado se escapó de la garganta de la muchacha que llegó a acallarlo por los pelos mordiendo una de sus propias manos.

Mientras el pelinegro se debatía entre hacerla suya en ese mismo instante o saborear su centro, sintió las paredes apretar sus dedos con fuerza al mismo tiempo que la ojimarrón movía sus caderas acompañándolo en el ritmo para después caer lánguida sobre el colchón, agitada y aún jadeante.

—Diablos, Ranma, te dije que aquí no —se quejó la joven entre respiraciones.

—¿Yo? —se hizo el desentendido— ¿acaso me ves sin ropa? —dijo sarcástico— no sé de qué hablas —remató levantándose de la cama tendiéndole la mano a la morena para que ella se levantara— vamos, vístete que no tenemos todo el día —bromeó para después palmearle una nalga— apúrate Tendo —dijo para después salir de su habitación con los brazos en la nuca silbando una melodía nueva mientras que la pobre Akane se quedó parada en medio de su habitación intentando salir del estupor.

—¡Idiota! —fue el grito que se escuchó segundos después pero para desgracia de la chica, el ojiazul ya no estaba en la planta alta.

Diez minutos después, cuando la pelinegra bajó, se encontró a su novio, su padre y su hermana mayor charlando tranquilamente mientras el ojiazul jugaba con su pequeña sobrina acercándole una pelotita de luces a la que la niña no le prestaba la más mínima atención

—Ranma, aún no ve —murmuró la muchacha llegando junto a él— recuerda que no se comporta como una bebé normal, ella es como una recién nacida

—Lo sé, pero no puedo evitarlo —respondió el joven risueño— ¿Estás lista? —preguntó para después levantarse y alzar a la pequeña Humiya por el solo hecho de querer tenerla en brazos— Espero que no salgas igual a tu tía y no te tomes dos horas para vestirte —le habla a la bebé que seguía indiferente al mundo.

—¡Oye! —reprochó— no tardé dos horas —dijo pasando a la niña de los brazos de su novio a los propios— no le hagas caso, pequeña, cuando crezcas haz lo mismo que yo. Pero no te tardes dos horas. ¡Tarda cinco! —luego besó la frente de la niña y la devolvió a su madre.

—¿Ya se van? —preguntó Kasumi mientras acomodaba el pequeño bulto en sus brazos.

—Si, queremos llegar antes de que el Neko Hanten esté lleno de gente —dijo la menor de las Tendo.

—Bien, cuídense muchachos —dijo Soun a modo de despedida.

—Descuida papá, no saldré a la calle —respondió la pelinegra blanqueando los ojos dando a entender que ya no tenía quince años.

La pareja se despidió y tomando su cartera y casco rosa chicle, salieron a la calle.

La Harley amarilla de Ranma estaba estacionada en el mismo sitio donde solía dejar su auto y el casco de Iron Man estaba atado a la rueda con una gruesa y tiesa cadena para motocicletas.

—¿Habrán llegado los demás? —preguntó la chica mirando su reloj de pulsera antes de colocarse su casco.

—Lo dudo, Ryoga suele llegar tarde a todos lados.

—Pero ahora está con Akari —recuerda la pelinegra

—Si, pero ella viajó este fin de semana a ver a sus padres así no contemos con que mi primo llegue a tiempo.

—¿Por qué no lo llamas y le dices que pasaremos por ahí, así nos sigue hasta el Neko Hanten? —dijo la chica queriendo ayuda.

—No lo sé… si bien la moto es llamativa, Ryoga se perdería en un camino recto de igual forma.

La ojicafé comenzó a reír mientras se acomodaba detrás del pelinegro y bajaba el vidrio de su casco.

—¿Lista? —quiso saber el ojiazul.

—Vamos —respondió segura.

Quince minutos después la pareja se estacionaba en la parte de atrás del Neko Hanten, el restaurante de la abuela de Shampoo, donde habían acordado juntarse aquella noche a beber algo, pues los integrantes del grupo musical estaban un poco cansados de los flashes y necesitaban distraerse sin llamar la atención.

—¡Nihao! —saludó la pelilila saliendo afuera a recibir a la joven pareja Saotome-Tendo— llegar justo, Ryoga llamar y decir que estar cerca, aunque Mousse creer que está cerca de departamento… —comentó la china mientras abrazaba a la pelinegra y saludaba gentil al ojiazul

—¿Quieres que vayamos a buscarlo? —se ofreció él incluso queriendo salir en ese instante.

—¿Buscar a quién? —escucharon la voz del mencionado detrás de su primo, venía caminando sin ningún problema con la mano en los bolsillos y masticando la punta de un escarba-dientes

—¿Cómo diantres llegaste sin perderte cerdito? —dijo Ranma mitad bromeando mitad en serio.

—He pedido un Uber, no iba a arriesgarme a salir en mi auto sobre la hora y terminar a cuarenta kilómetros de aquí —se mofó de sí mismo.

—Bien P-chan, ya estás madurando —bromeó el ojiazul palmeando la espalda de su primo.

—Cierra el pico Saotome —se soltó de su agarre— Akane, Shampoo —saludó a las dos féminas haciendo una reverencia.

—Hola Ryoga, siempre es bueno volver a verte —respondió Akane al tiempo que también se inclinaba hacia él mientras que la joven china solamente saludó con un asentimiento.

—Pasen, pasen, mejor entrar ahora, Airen estar arriba, ustedes subir y sentirse como en su casa —habló despacio mientras guiaba al trío por la cocina del restaurante que apenas tenía algunos comensales. El grupo veía como la abuela de la chica se movía de aquí a allá revolviendo ollas con sopa, revisando el enorme horno y vigilando el resto de las hornallas. Una chica con un mandil de volados entró y salió a velocidades increíbles llevando una bandeja con varios platos ya listos para entregar y otra muchacha se encargaba de lavar platos, cubiertos, etc.

—Esta noche estar tranquila la cosa —comentó Shampoo— espero que tres camareras ser suficiente para hoy

—¿Cuántas tienen? —preguntó Akane curiosa

—Los días de semana ser cinco. Yo y otras cuatro chicas atender mesas, abuela encargarse de comidas con mi ayuda y dos más encargarse de lavar elementos, espero que justo hoy no llenarse —decía pensativa.

—¿Qué sucederá si el restaurante rebalsa de comensales? —quiso saber Ranma mientras pasaron a un pequeño hall y de ahí a unas escaleras directo a la casa de la pelilila, ya que arriba del local tenían su departamento y más arriba, una terraza.

—Nada, simplemente camareras estar más atareadas. Serán cuatro y no cinco

—¿Tu abuela podrá sola en la cocina? —dijo Ryoga que iba a lo último

—Si, ella moverse con rapidez para ser casi octogenaria —rió por lo bajo abriendo la puerta que daba a su hogar haciéndose a un lado para que los tres chicos pasaran— ¡Airen! —gritó mientras se acercaba a saltitos a la cocina— ¡Ya estar aquí! —dijo saltando sobre el de anteojos que salía del lugar.

—Ah, que bien, trajeron a Ryoga —bromeó abrazando a la china por la cintura.

—Ja-ja-ja que gracioso Mr. Magoo —respondió el del colmillo cruzándose de brazos.

—Mousse —dijo la chica de cabellos lilas— ya decirte que no burlarte.

—Vaya, parece que alguien tiene la cuerda al cuello —se burló el ojiazul para después sentir la mirada de su compañera que lo observaba desaprobadoramente— ¿lo siento? —medio preguntó y se disculpó.

—Akane, ¿me ayudas a llevar lo que faltar arriba? —quiso saber Shampoo.

—Claro —contestó la ojicafé siguiendo a la novia del de anteojos hasta la cocina

—Bien, aquí haber bocadillos ¿A Ranma gustarle los Doritos? Abuela traerlos de afuera, yo no probar aún, pero supongo que ser ricos… para acompañarlos haber hecho salsa de queso con cilantro —comentaba con su acento característico— al menos engañar el estómago un rato hasta que sea hora de cenar.

—¿Te pondrás a cocinar? —cuestionó la pelinegra.

—Podría, pero Airen preferir que no… él decir que mejor cenar pizza o comida a domicilio —habló con tono desganado— ser una lástima, tener pensado hacer una receta bastante sencilla y rápida.

—¿Cuál es? Si puedo saberlo.

—No sé cómo llamarse, pero ser arrollados pequeños rellenos de carne o verduras, cubiertos de salsa blanca o roja —explicaba contenta la chica

—La próxima podríamos hacerlos, me encantaría probarlos —la joven Tendo de verdad se había tentado ante la descripción de la otra

—¡Excelente idea! ¡No poder esperar! —exclamó feliz la pelimorada dando pequeños saltos

—Genial —apoyó la morena para después quedarse en silencio mientras acomodaba los vasos y la bebida en una bandeja y seguía a la otra chica afuera de la cocina y de allí hacia unas escaleras que las llevarían a la terraza— ¿cómo van las clases de cocina? —preguntó sin saber bien porqué, pues no sabía qué otra cosa podía hablar con la china.

—Bien, ya casi terminar. La semana pasada rendir último examen, Ukyo ayudarme mucho sobre comidas japonesas, Ranko también ser de mucha ayuda… esa chica sólo saber comer y tener sexo —rió por lo bajo.

—Vaya que sí —secundó Akane meneando la cabeza afirmativamente.

Tras subir el último escalón, las chicas salieron a otro pequeño hall, allí el mobiliario era escaso. Tenía una solitaria puerta que daba a un baño y justo pegado a la escalera, había un lavarropas en funcionamiento, se oía el interior girar y el agua chocar contra las paredes del tambor, prueba irrefutable de que estaba lavando.

La puerta que daba al patio de la terraza se abrió y Mousse la sostuvo abierta para las muchachas mientras dirigía sus pasos escalera abajo, en busca de alguna otra cosa que podrían haber olvidado.

La china y la Tendo menor salieron al exterior y el rostro de Akane se iluminó de inmediato, en sus ojos se vio un resplandor de asombro mezclado con sorpresa.

Siguió a la de cabellos fantasía y dejó la bandeja que traía sobre una mesa baja que había en un costado.

—Ahora volver, ir abajo a ver si Airen encontrar lo que estar buscando —dijo para volver a perderse dentro de la casa

Akane se dedicó a admirar la bella vista, el amplio espacio abierto estaba iluminado por una red de pequeñas luces amarillentas dispuestas a unos tres metros del suelo y daban la impresión de ser estrellas situadas estratégicamente sobre sus cabezas. En cada esquina de la terraza había un farol de luz blanca que iluminaba los recovecos más oscuros donde las demás no llegaban.

Al ser una terraza, habían columnas de cemento que llegaban hasta debajo del busto de la chica, conectadas entre si con rejas negras.

No había mobiliario además de la mesilla donde dejaron los bocadillos y se preguntó vagamente dónde se sentarían.

—¿Te gusta el lugar? —preguntó Ranma situándose junto a la pelinegra que estaba asomada por uno de los lados mirando los edificios y casas aledañas iluminadas por las luces de la calle.

—Es bellísimo, me encanta que sea así, tan… sencillo —dijo tanteando las palabras en su mente— no parece ser el hogar de la novia de un famoso rockstar.

—Tu tampoco lo pareces —opinó el ojiazul abrazando a la muchacha por detrás meciéndola de un lado a otro al tiempo que hundía su nariz entre el corto cabello negro y el blanco cuello femenino— ¿quieres una cerveza? —preguntó de repente alejándose un poco e inclinando su cabeza hacia adelante para verla al rostro.

—Me encantaría pero hey —dijo llamándolo y picando su pecho con el dedo índice— no bebas demasiado, luego tienes que manejar —le recordó con una sonrisa tan tierna que Ranma no pudo evitar darle un rápido y casto beso antes de hablarle.

—Lo sé, preciosa —y se alejó escaleras abajo.

Minutos después, el azabache regresó con dos botellas de cerveza mientras que Akane charlaba con Ryoga sobre diversos temas. La joven se sorprendió de las cosas que tenían en común. Durante la charla no pudo evitar notar que el primo de su novio era un tanto guapo, estaba completamente segura de que si Ranma no se hubiese cruzado en su camino, su mirada hubiese ido a parar al chico del colmillo. Tenía un espíritu tan divertido que no podía parar de reír con las cosas que él decía. Le gustaba que ambos tuvieran el mismo sentido del humor.

—Ahora entiendo porqué Ranko dice que eres su primo favorito —confesó minutos después limpiándose una lágrima.

—Además de que, enserio soy el único que tiene, no me sorprende… soy fabuloso, ya lo sé —respondió el ojiverde dándose aires de egocentrismo.

—¡Hey! —dijo el chico Saotome al llegar junto a su novia— no intentes robarte a mi chica, ya tienes la tuya —dijo entre broma y regaño abrazando a la ojicafé por la cintura atrayéndola hacia él.

—Llegaste tarde, princeso, ya está bajo el hechizo Hibiki —bromeó el del colmillo.

—Princeso tus… colmillos ¡Shu! Me espantas a la dama —hizo un ademán con su mano libre— ¡Mira, te llama tu mamá, corre! —dijo el ojiazul recreando la frase del famoso meme del dinosaurio fucsia.

—Ya, ya, idiota —contestó el primo de Ranma para cambiar de tema, mientras la pelilila salía al aire libre cargando dos guitarras enfundadas en lo que parecían estuches de cuero.

—Dime que en tus bolsillos no traes un redoblante y dos platillos —preguntó Akane con sarcasmo al chico de ojos verdosos frente a ella y Ranma.

—¡Demonios! Los dejé en mi otro pantalón —siguió la broma— ¡pero espera! Quizá tenga las baquetas —tanteó su torso con las manos hasta llegar a los muslos y de ahí hacia los bolsillos traseros— tampoco —dijo con falsa desilusión.

La extranjera, que no se había percatado siquiera de la pequeña broma entre Akane y Ryoga, volvió a entrar y al salir nuevamente, trajo consigo varios almohadones y los situó en el suelo a modo de asientos improvisados, donde rápidamente se sentó con una de las guitarras que previamente había sacado de su prisión.

Un sticker de Hello Kitty adornaba el instrumento pintando de rosa chicle por el frente, la pelinegra dedujo que aquel color había sido pintado por la misma Shampoo, ya que su acabado se veía algo opaco en comparación a la brillantez del dorso.

Mousse apareció con unas botellas de cerveza dejándolas sobre la mesilla junto a las bebidas que habían traído antes su novia y la chica Tendo, luego se acomodó junto a la pelilila que practicaba los acordes más sencillos.

Ranma veía a la pareja y se imaginó a sí mismo enseñándole a la mujer a su lado. Si bien habían intercambiado unas cuantas lecciones teóricas sobre acordes, escalas y notas, aún no lo habían llevado a la práctica; prefiero implementar la 'otra' práctica, pensó divertido.

—¿De qué te ríes? —quiso saber la chica de ojos marrones

—Nada, cariño —evitó responder— ¿Quieres algo de comer? —dijo y logró distraerla fácilmente.

A medida que las horas iban pasando, el grupo se veía más y más distendido, llegó un momento en el que la joven Tendo ya no aguantaba el sueño y los bostezos se le escapaban cada tres palabras pronunciadas, por lo que la pelilila le ofreció su habitación para que durmiera un poco, "ser cama cómoda, no preocuparse por mi y Mousse, tener sillón cama y habitación de invitados para Ryoga" había dicho entre hipeos la china para guiar a la ojicafé hacia sus aposentos.

Al llegar, entre las luces tenues del corredor, se distinguía una puerta verde chillón que no concordaba con la palidez de las paredes y los marrones claros de las puertas. En medio de aquel rectángulo verde, un simple cartelito blanco con letras negras rezaba el nombre Xiàn Pú.

—¿Xiàn-Pú? —preguntó Akane antes de que la mencionada abriera.

—Sip, así escribirse, la mayoría escribirlo como shampoo de cabello, pero no, aunque no molestarme, sonar igual con la SH que como XI así que estar bien con eso.

La chica Tendo simplemente asintió y la siguió dentro de la habitación.

Por dentro, eran un espacio amplio, una cama de respaldo negro hacía juego con las cortinas del mismo color contrastando con las paredes rosa y el suelo de alfombra blanca. Bastante femenino, pensó Akane.

En uno de los lados, un enorme armario encastrado en la pared y pintado del mismo color rosado, tenía una de las puertas corredizas abierta y se veía la gran cantidad de ropa que la china tenía. Un ligero vistazo y distinguió el vestido que la muchacha usó el día que conoció a Ranma. Recuerdo que le supo dulce.

—Bien, creo que Akane estar cómoda —dijo la china parándose en medio de la habitación— si necesitar más almohadas, debajo de la cama haber cajón secreto con más y algunos cobertores por las dudas. La ventana estar cerrada así que no entrar demasiado frío

—Bien, muchas gracias Shampoo.

—De nada —contestó la pelilila inclinándose y saliendo de la habitación. Una vez que cerró la puerta, pudo escucharla hablar con alguien— ¡Ranma! Akane estar en habitación con puerta verde.

—Genial, gracias Shampoo —oyó la voz de su pareja

—¡Ah! Si ustedes tener sexo ¡por favor cambiar las sábanas! —terminó casi gritando.

Luego la risa entre divertida y nerviosa de Ranma se escuchó al mismo tiempo que la puerta se abría. Gracias al cielo, Akane no se había quitado su ropa, ya que no había traído nada, había decidido dormir en ropa interior y justo cuando iba a quitarse su playera el moreno hizo acto de presencia.

—Si has venido a tener sexo, ya te voy diciendo que no —exclamó incluso antes que el chico dijera "mu".

—Mmm… —murmuró pensativo llevando una mano a su mentón— sexo en casa ajena… una idea muy tentadora, pero no, por hoy paso —se encogió de hombros y se acercó a la chica para enroscar sus brazos en las curvas de su espalda— sólo he venido a ver si necesitas algo —comentó besando el cuello de la joven entre sus brazos logrando que ella se acurrucara más en su pecho.

—No, estoy bien —ronroneó dejando más espacio para que el azabache siguiera con su paseo en la blanca piel de su cuello

Entre beso y beso, el ojiazul fue haciendo y deshaciendo el camino hacia su pecho y de nuevo hacia su cuello para seguir de largo hasta la boca, donde la pelinegra lo recibió gustosa dándole la bienvenida con su lengua traviesa, comenzando una pequeña contienda entre ambas.

Ninguno de los dos se percató de en qué momento cayeron enredados en la cama. Beso tras beso, se iban dejando llevar de a poco hacia aquel sitio feliz. Las manos paseándose por lugares indebidos, las respiraciones cada vez más agitadas, jadeos y cuerpos necesitando con locura el contacto del otro hasta que…

—¡Achu! —estornudó imprevistamente el pelinegro que llegó a esconder su cabeza en la almohada donde se apoyaba la chica

—Salud, cariño —rió la mujer debajo de él.

—Gracias a-a-ah ¡Achu! —volvió a hacerlo girando su cabeza a un costado para luego fregarse la nariz con el dorso de su mano— ¡Mierda! —dijo con la nariz tapada— ¡Achu! —ésta vez se sentó sobre la cama y tanteó sus bolsillos sacando de ellos unos pañuelos descartables de papel tissue.

—¿Estás bien amor? —para ese momento, Akane se había extrañado, pues aunque lo había visto hacerlo muchas veces, era la primera vez que le daba un ataque de estornudos.

—Si, si, no te preocupes —intentó tranquilizarla a sabiendas de que su voz lo delataría, de a poco comenzó s sentir como su garganta le molestaba y sus ojos comenzaban a picar.

—Ranma, no te ves bien —acusó su chica fregándole cariñosamente la espalda adoptando una posición protectora sobre él.

—Estoy perfectamente, Akane ¿Dónde estábamos…? —quiso volver a besar a la muchacha pero ella se alejó cuando advirtió que volvería a estornudar, logrando así que el joven atinara a frenar el estornudo en el pañuelo descartable.

—¡Mishu! —Shampoo entró a la habitación sin tocar— ¡Oh! Akane, Ranma ¿no ver ustedes a Mishu? —preguntó la china distraída

—¿Y quién es "Mishu"? —preguntó el ojiazul sintiendo la garganta como lija.

—Ser mi mascota —contestó

—Dime que no es un…

—¡Ga-gato! —gritó Ranma cuando un pequeño felino negro salió de entre las ropas que había en el armario abierto. El pequeño animal saltó a los brazos de su dueña ronroneando cariñoso mientras la pelilila no comprendía el porqué del grito del chico Saotome.

—Shampoo, ¿el gato duerme en tu cama? —preguntó Akane un poco alterada.

—Bueno, si. Ser mascota ¿porqué? —cuestionó extrañada.

—¡Ranma, debemos ir a un hospital! —dijo elevando la voz.

—¿Qué pasar? —preguntó nerviosa la china acercándose a la pareja que se levantaba de su cama.

—Es que él es alérgico a los gatos, ha comenzado a estornudar y Ranko me advirtió que no se acercara a ninguno —dijo mientras elevaba el rostro de su novio evaluando sus facciones. No habían pasado ni diez minutos y su nariz estaba roja y sus ojos se veían llorosos.

—¡Ranma, lo lamento! —dijo apenada Shampoo al tiempo que sacaba el animalito hacia el corredor y se acercaba a la pareja— no tener idea de que ser alérgico ¡Mousse! —gritó y salió corriendo hacia las escaleras, camino arriba, donde se encontraban los otros dos chicos.

—Vamos, cariño. Debemos ir a un médico —dijo Akane preocupada mientras ayudaba al ojiazul a caminar. Aunque él se sentía perfectamente para hacerlo solo, igual disfrutaba que su pequeña fiera se preocupara tanto.

—Oh, cielos —murmuró Mousse cuando los encontró caminando hacia las escaleras— ¿Dónde? —sólo bastó decir una palabra para que tanto la chica Tendo como su compañero de banda entendieran.

—Una guardia —dijo Akane.

—Mi casa —contestó el alérgico muchacho al mismo tiempo que su novia.

—No, Ranma, debe verte un doctor.

—No, amor. En mi departamento tengo el remedio para la alergia. Mamá me obliga a hacerme un chequeo cada seis meses y no hace ni tres que me ha dado un nuevo medicamento para emergencias —explicó con la nariz tapada y los ojos lagrimosos— la única razón por la que debería ir es si me hincho como globo aerostático pasada una hora del contacto con el bicharraco —terminó de decir para volver a estornudar.

—Bien, entonces tu departamento. Vamos. Akane ¿vienes con nosotros en el auto?

—¡Por supuesto! —habló casi a los gritos.

—Oigan, esperen ¿Y qué haré con la motocicleta? —se podía oír la preocupación en la congestionada voz del azabache.

—Yo la llevaré —escucharon la potente voz de Ryoga— luego volveré con Mousse en su auto ¿les parece?

—Por mí está bien —el de anteojos aceptó rápidamente.

—También yo —dijo la pelinegra casi quedándose sin aire.

—¡Ya que! —dijo el ojiazul rendido y estornudando.

Durante el viaje, Akane vigilaba que el muchacho a su lado en la parte trasera no comenzara a hincharse, los síntomas seguían siendo los mismos, estornudaba, tosía y sus ojos continuaban rojos y llorosos.

—¿Cómo te sientes amor? —preguntó preocupada mientras acariciaba la cabeza del joven que reposaba en su regazo.

—Me pica mucho la nariz y me duele la garganta —decía mientras se rascaba el cuello por enésima vez.

—Te estás brotando ¿seguro que no quieres ir al médico?.

—Aún puedo respirar cariño. Cuando sienta que se me cierra la garganta y parezca un chorizo recién relleno, ahí te dejaré que me lleves.

—¿Seguro?

—Si, cariño. ¿Ryoga viene detrás? —preguntó haciendo referencia a su motocicleta.

—De hecho lleva la delantera, nos pasó hace más de cuatro cuadras —dijo el cegatón desde el asiento delantero haciendo que el pelinegro se siente en su lugar intentando divisar su vehículo amarillo en las desiertas calles

Diez minutos después, el joven del colmillo entró al estacionamiento del edificio donde residía su primo, seguido por el de gafas.

—Diablos Ryoga, llevo media vida esperando a que llegues —se quejó cuando los dos pasajeros bajaron del automóvil.

—Cállate cegatón —recriminó el otro y así todos ingresaron al edificio, inevitablemente se había perdido una cuadra antes.

Un vez en el departamento, Mousse fue al baño, donde, según Ranma, se encontraba el antihistamínico que el doctor le había recetado mientras Akane lo sentaba en el sofá y Ryoga buscaba un vaso con agua. Al regresar los dos miembros, se aseguraron de que su compañero tomase la pastilla correspondiente y luego se despidieron de la pareja deseándoles buena noche y que los mantuvieran al tanto de la evolución del chico Saotome. Akane los despide en la puerta y al quedarse solos, Ranma le hace señas de que se siente a su lado.

—Ven, quédate conmigo —dice con la voz aún congestionada

—No, vayamos a la cama, ahí estarás más cómodo —tomó de su mano y tiró para que él se levantara

—¿Quieres tiroteo pequeña…? —dijo entre divertido y somnoliento.

—No, idiota. Quiero que descanses.

—¡Akaneeee! —refunfuña— yo quería sexo —reprocha con un mohín.

—Nada de eso. Necesitas descansar, recuperarte.

—Uff está bien —dijo derrotado tirándose en la mullida cama— ¿dormirás conmigo al menos?

—Pues claro ¿dónde piensas que dormiré? —respondió la pelinegra trepándose en la cama para acostarse a su lado— ¿necesitas algo? —preguntó con dulzura.

—¿Sexo?

—¡Bah! Mejor duérmete.

—De acuerdo… menos mal aún no estamos casados —murmuró bajito.

—¡Te oí! Enserio Ranma, debes descansar. No necesitas hacer esfuerzos, aún estás congestionado y —revisa el cuello del chico, donde se había estado rascando hasta hacía unos minutos— la erupción parece remitir pero tu voz aún se escucha mal ¿te pica? ¿tu garganta cómo está?

—No quieras distraerme.

—No te distraigo.

—¡Achu!

—Salud.

—Creo que tienes razón —termina por admitir fregándose la nariz con el dorso de su mano— que descanses cariño —dijo mientras se levantaba nuevamente.

—¿Dónde vas? —preguntó la chica alarmada de que se haya enojado porque no accedió a acostarse con él, trayéndole amargos recuerdos.

—A ningún lado —volteó mientras sus manos aflojaban el cinto de su pantalón— iba a quitarme la ropa solamente.

—D-de acuerdo —dijo más aliviada.

—¿Pasa algo?

—No, nada —sonrió levantándose ella también— iré a tomar algo ¿quieres que te traiga algo de la cocina? —el ojiazul negó quitándose los pantalones y acostándose nuevamente con el torso y las piernas desnudas.

Ranma no es Shinno, Ranma no es Shinno, Ranma NO es Shinno se repetía una y otra vez. Al volver a la habitación, el joven de cabello negro ya dormía, su respiración era tranquila y acompasada. Ella se desvistió y se colocó una playera de él y se acurrucó a su lado. Al sentirla en la cama, Ranma volteó y la aprisionó entre sus brazos suspirando entre dormido.

A los pocos minutos, ambos ya habían caído en un silencioso y tranquilo sueño. Ninguno de los dos se percató de la intensa luz de flash que iluminó la habitación durante un segundo para después volver a la oscuridad total.

¡No estaba muerta, estaba de parranda! Jajajaja enserio, para quienes creían que el fic ya había quedado abandonado ¡sorpresa! Volví :p

Espero que me disculpen por la tardanza, sinceramente no se que me anda pasando que me cuesta enganchar los hilos de la historia. Si bien ya está ordenada, sé cómo va a terminar y qué es lo que sigue, me está costando escribir, demasiado, muchiiisimo.

Espero que la trabacion (?) a la hora de escribir se vaya así puedo continuar con la historia :)

Un saludo a tooodos los que comentan, sepan que me levantan el ánimo y me impulsan a seguir

Tambien un saludazo mega especialisimo a mi querida beta DanisitaM que a veces me guía en mi propia historia, gracias Dani!

Y como no podía ser de otra manera, también les agradezco a todo el #TeamRanmaconda son unas genias, TODAS! Las aaaamo niñas (L)

Ahora sí, nos vemos la próxima!