Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 15:
¿Hacía cuánto tiempo no sufría un ataque de alergia? Mucho tiempo. Unos cinco años, como mínimo.
Aunque aquella vez fue un poco más grave.
El chico de ojos azules recordaba vagamente aquel suceso. Habían llegado a un pueblo en Okinawa, un pequeño hostal, ellos hacían una presentación en un festival a beneficio de alguna buena obra que no recordaba.
El lugar era austero, familiar, cálido, alegre. Al menos así fue hasta que esa madrugada se despertó sobresaltado, con la garganta casi cerrada, los ojos hinchados y todo el cuerpo cubierto de erupciones.
Taro llamó inmediatamente a urgencias y lo trasladaron al hospital más cercano, donde pasó el resto de la noche y el día entero en observación.
Los médicos le recomendaron hacer un denuncia en contra de los dueños del lugar, debido a que la ley les prohibía tener un animal en un sitio como aquel, justamente por casos como el que sufrió esa noche, pero el muchacho decidió no hacer nada al respecto, se sentiría muy mal si presentara cargos contra la amable pareja. A fin de cuentas, ellos hicieron todo lo que pudieron y lo que estuvo a su alcance para que tanto él como sus compañeros lo pasaran lo mejor posible.
Simplemente dejaron el hostal entre disculpas y agradecimientos de los dueños.
Por supuesto que su familia no se enteró de aquel episodio. No quería preocupar a su madre y a su abuela por una nimiedad como aquella
—Ranma, deben saberlo, ¿qué hubiese pasado si te pasaba algo más? ¿Y si hubiera pasado a mayores?
—Pero no ha pasado nada Taro, estoy perfectamente bien.
—Lo sé, Saotome, pero están bajo mi cuidado y si te pasara algo…
—¿Bajo tu cuidado? No tenemos quince años —interrumpió el ojiazul.
—No, pero a veces pareciera que sí los tienen —regañó el manager.
—Bien, les diré una vez que volvamos a Tokyo, ¿si?
—Haz lo que quieras, pero deben saber lo que te ocurrió, podría enfrentarme a una investigación si tu familia decidiera hacer una denuncia en mi contra.
En esos momentos, el recuerdo se le hacía gracioso, pero no lo era tanto cuando recordaba lo que sufrió hace tan solo un par de horas.
El sol había salido, entraba por las rendijas de la ventana que había quedado casi cerrada la noche anterior. Sus ojos ya no picaban, su cuello le ardía, así que supuso que era por haberse rascado tanto. La garganta estaba despejada y ya no le molestaba. Se sentía bien, el antihistamínico hizo efecto más pronto que tarde y agradeció con creces a su madre por obligarlo a hacerse un chequeo cada seis meses.
Sintió el llamado de la naturaleza y no le quedó otra que levantarse de la mullida cama. A su lado, Akane suspiró cansada, su respiración era profunda y notó que la chica vestía solamente una playera suya.
Tuvo un recuerdo relámpago de la noche anterior, ella intentando que él se acostara y él insistiendo en tener sexo.
Se sintió un poco avergonzado por su comportamiento pero ¿qué podía hacer? Ya había metido la pata.
Al regresar a la cama, apenas logró recostarse cuando la pelinegra volteó y se acurrucó en su pecho. Él se acomodó junto a ella y entre suspiros cansados intentó volver a dormir.
—¿Dónde fuiste? —preguntó la joven con voz algo ronca.
—Al baño —fue su escueta y concisa respuesta.
—¿Cómo te sientes? —dijo esta vez enderezándose un poco para verle el rostro .
—Mucho mejor, de hecho. Ya no me duele nada, aunque si me molesta el cuello, he notado en el baño que está colorado. ¿Me he rascado mucho?
—Más o menos, lo importante es que estás bien —contestó alegre la chica para después darle un fugaz beso antes de acomodarse nuevamente entre sus brazos— Por cierto ¿qué hora es?
—Temprano.
—¿Quieres que prepare el desayuno? O prefieres... ya sabes… terminar lo que comenzamos anoche —murmuró la muchacha con el rostro encendido.
—Oh… sobre eso… lamento haber sido tan insistente —se disculpó.
—No, entiendo que fue por el medicamento —habló apresurada— p-por eso decía si-si-s-si querías continuarlo —ante su tímida sugerencia, el moreno no se pudo resistir, verla ahí, sonrojada y con vergüenza, era incluso más excitante que tenerla desnuda frente a él. Aunque bueno, tenerla desnuda también era un buen afrodisíaco.
—Señorita Tendo… ¿está tratando de convencerme para tener sexo? ¿Acaso soy algún tipo de juguete sexual para usted? —dijo sensual mientras la acercaba a él para besarla.
—S-sólo si tú quieres —respondió aún más roja dejándose hacer.
—Esas cosas no se preguntan Akane —se había acercado tanto a la chica que rozó sus labios en la oreja femenina enviando una seguidilla de escalofríos por todo su cuerpo haciendo que a su vez estire el cuello a un costado para darle más acceso a su blanca piel.
Ella se enderezó y arrodilló en la cama, él se irguió con la espalda chocando con el respaldo de la cama intentando levantar la playera del cuerpo de la mujer, acariciando su bella figura al mismo tiempo que levantaba la prenda.
Su suave piel quemaba por donde pasaba las manos. Tan delicada, tan blanca. Interrumpió su beso, que hasta el momento era dulce y tierno. Una vez que la prenda cayó al suelo, tomó a la chica de la cintura y estampó sus labios en los femeninos tomando todo a su paso. Entreabrió su boca un poco para poder acariciarla con su lengua, el efecto fue inmediato y la mujer abrió la suya dejándolo pasar hasta encontrarse con la propia comenzando así una dura y excitante batalla entre ambas.
Las manos corrían de lado a lado, tocando, acariciando, pellizcando cualquier pedazo de piel expuesta.
Los labios del ojiazul viajaron al blanquecino cuello, buscando morderlo con descaro. Una de sus manos viajó a uno de los pechos expuestos y pellizcó suavemente un pezón logrando que la chica gimiera de deseo.
Mientras seguía besando, lamiendo y mordisqueando la piel de la morena, otra traviesa mano se posicionó en la húmeda entrepierna, donde, intrépida, se paseó por los pliegues hasta llegar a la cavidad de donde procedía la humedad.
Dos dedos se colaron dentro, haciendo retorcer a la muchacha a su lado.
—¡Ranma! —jadeó la joven con voz aterciopelada, necesitando más.
Los hábiles dedos se movieron dentro de ella, hacia arriba y en círculos, provocando que se mojara aún más.
Dirigió su boca a uno de los pechos y comenzó a pasear su lengua por toda la zona sin tocar el centro. Alternaba las lamidas con un movimiento de manos, entrando y saliendo de la cavidad más abajo. Cuando la mujer por fin sintió su pezón entrar en la boca del pelinegro, se retorció de placer al tiempo que sentía sus dientes rozar el botón de su seno y los dedos apretar ese punto sensible dentro de ella
—Ah —gimió— n-no pares —continuó hablando mientras abría más sus piernas y tomaba el brazo de Ranma guiándolo en el ritmo que ella deseaba.
En la mesilla de noche, el teléfono celular del chico Saotome comenzó a sonar.
—¿Quién molesta ahora? —rezongó molesta la mujer.
—Es solamente la alarma, déjame apagarla —susurró el ojiazul dándose vuelta para desactivar el insistente sonido. Al hacerlo, encontró un mensaje de su hermana: Buen día Casper. ¿Interrumpo algo? Si lo hice me alegro y si no, lástima por mi. En fin, mamá quiere saber si Akane también vendrá a almorzar. Nos vemos luego hermanito ;)
—¿Sucede algo? —preguntó la chica que, portando sólo unas bragas, se había acomodado en la cama.
—Nada, mamá quiere saber si vendrás conmigo a casa para almorzar.
—¿Cuándo?
—Hoy —dijo algo dudoso.
—Me encantaría —respondió sonriente.
—Genial —susurró el pelinegro subiéndose a la cama nuevamente—Ahora… ¿Retomamos…? —dijo en tono sugerente.
—Por favor —respondió la chica estirando sus manos para atrapar la cabeza del azabache y luego arrastrarlo hacia ella robándole un pasional beso.
Unas horas después, una llamativa Harley amarilla se estacionó en la entrada de la residencia Saotome.
Del vehículo bajaron el joven de cabellos oscuros y su bella novia. Ambos traían la cabeza con una ligera humedad, cosa que cierta pelirroja notó al instante y no dudó en usarlo en su beneficio.
—Hola hermanito —saludó con aires de desacato recostada en la entrada de la casa mientras observaba a su amiga bajar de la enorme motocicleta al tiempo que su hermano sostenía un paquete que, supuso, eran aquellos pastelitos que su abuela adoraba
—Hola pequeña —saludó el pelinegro cordial.
—¡Amiga! —saludo ferviente a la ojicafé mientras se acercaba a ella y tomaba el casco de sus manos para que pudiera sostener bien el paquete que ahora tenía ella mientras Ranma se quitaba el suyo.
Los tres jóvenes se quedaron unos pocos minutos hablando en la entrada de la residencia por expreso pedido de la pelirroja.
—Ranma, necesito que me hagan un favor. Bah, no solo a mi, también a mamá —dijo seria— necesitamos que por favor, no le preguntes a la abuela sobre su salud. Está más delicada que nunca y el sólo mencionar la palabra "hospital" hace que se altere.
—Por supuesto Ranko, no te preocupes por eso pero, ¿Porqué dices que se alterará?—quiso saber el ojiazul ya que su hermana no mencionó ninguna razón específica.
—Digamos que mamá ha estado por demás sensible con ese tema. Los doctores dicen que a la abuela no le queda demasiado tiempo. De hecho le recomendaron dejar de caminar, sus piernas ya no soportan su peso. Esta semana hicimos los trámites para traer una silla de ruedas porque sus brazos tampoco soportarían el peso de su cuerpo en un andador o en un bastón —comentó la pelirroja con tristeza.
—Tranquila —la ojicafé abrazó rápidamente a su amiga al notar que su voz comenzaba a quebrarse y sus ojos se llenaban de lágrimas.
Una vez que las chicas se separaron, la menor de los Saotome fue envuelta en un nuevo abrazo reconfortante, ésta vez, su hermano la consoló con un apretón más fuerte. Las dos muchachas notaron el ligero temblor en las manos y el cuerpo del pelinegro. Akane solamente atinó a apoyar una de sus manos en la amplia espalda y acariciar la zona con delicadeza, brindándole apoyo pero a la vez sin querer romper el contacto entre hermanos.
La menuda chica sabía que su pareja tenía no sólo un cariño especial por su abuela materna, sino que aquel amor iba más allá del el que un nieto podía sentir o brindar. Kimiko había sido quien lo introdujo al mundo de la música cuando él era apenas un niño. A pesar de ser una mujer mayor, tenía un especial gusto por las bandas de antaño.
Ranma se había criado escuchando The Beatles, Elvis Presley, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, entre otros. Todas bandas dedicadas, en su mayoría, al rock and roll.
Kimiko lo había instruido desde que él aprendió a memorizar canciones simples, como el "Feliz Cumpleaños" o "Estrellita Dónde Estás". La mujer sabía que su nieto era aún pequeño, por lo que fue de a poco. De a una canción a la vez. Al llegar a los seis años, pasaban horas escuchando los LP y EP's en un viejo tocadiscos que la abuela tenía en el desván. A veces Tohiro, su esposo la regañaba diciendo que su nieto era muy pequeño para "desviarlo" pero Ranma solía refutar sus dichos con la simple frase "Abue, es sólo música, jamás ha matado a nadie".
Pero cuando el hombre falleció, Kimiko se hundió en una depresión profunda. Todos aseguraban que no sobreviviría más de un año en soledad. Pero el pequeño pelinegro tuvo la brillante idea de pedirle que le enseñase a cantar.
Costó un poco. La mujer no estaba lista aún pero la insistencia de su nieto terminó por convencerla de salir del pozo y renacer de sus cenizas.
Así, Ranma Saotome, a los diez años, comenzó sus clases de canto, con su abuela como maestra.
Si bien no era cantante profesional, su madre, bisabuela de Ranma que no llego a conocer, era cantante de ópera y la había instruido un poco, enseñándole algunas técnicas que le permitieron mejorar y potenciar su canto.
Técnicas que aún conservaba cuando el pequeño Ranma intentó sacarla de la depresión.
Le enseñó todo lo que sabía. Practicaban día y noche sin descanso. El azabache aprendía rápido y su voz cada vez era más y más prolija. Ya no daba aquellos alaridos que parecían anunciar desgracias ni tampoco desafinaba tanto.
Los años fueron pasando rápido, a los trece se unió Ryoga y más adelante Mousse.
De pronto comenzaron a salir de show en show y para cuando les confirmaron la primera gira, Kimiko había salido completamente de la depresión. Gracias a su nieto y la terapia.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Akane cuando iban entrando por fin a la residencia Saotome. El muchacho negó con la cabeza sin siquiera mirarla y ella, entendiendo se limitó a apretar su mano en señal de apoyo.
Nodoka no estaba mucho mejor, sus ojos rojos y cansados de llorar, tal vez en silencio, tal vez escondida de todos, los recibieron con su cálido abrazo tan característico. Unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos pero Ranma no llegó a verlas, pues antes de soltarlo, la mujer las limpió rápidamente, luego pasó a abrazar a su nuera, quien la sintió un tanto fría, si bien la casa estaba a una temperatura tibia, pues estaba encendida la calefacción, sabía que aquel frío provenía de su interior.
En la cocina, el señor Saotome terminaba de levantar la mesa, puesto que ya hacía cerca de una hora habían terminado el desayuno.
—Hola papá —saludo el ojiazul.
—¡Ah! Ranma, vinieron, hola Akane —respondió al saludo con un asentimiento a ambos.
—Hola Tío —dijo la chica acercándose para ayudarlo a llevar las cosas a la cocina.
—No, querida, deja que yo lo haga —murmuró el hombre— tú siéntate tranquila —señaló el asiento más cercano.
—No se preocupe, de todas formas debo llevar esto a la cocina —respondió señalando el paquete que llevaba en sus manos.
—Trajeron los pastelitos que le gustan a la abuela ¡Se pondrá muy contenta! —retumbó la voz de Ranko en el comedor— déjalo papá, yo llevaré esto con Akane —sentenció en un tono que, aunque fuera amable, no daba lugar a replicas.
Mientras su novia y su hermana iban a la cocina, Ranma aprovechó para preguntarle a su padre sobre su abuela, puesto que había prometido a la pelirroja que no le haría preguntas a su progenitora.
—Son momentos difíciles, hijo —hablando en voz baja, el patriarca Saotome explicaba la situación— Nodoka quiere mantenerse fuerte frente a ella, pero todas las noches se ahoga en un llanto silencioso —agachó la cabeza con semblante triste para continuar— yo sólo puedo acompañarla sentándome a su lado y acompañarla en su dolor. Debo ser fuerte para ella, para las dos, para todos. Si Kimiko se fuera, si Nodoka, cayera, si yo me caigo ¿Qué tipo de esposo sería? Ranma, tu abuela está muriendo, es algo que no podemos evitar, pero he estado pensando, y Nodoka está de acuerdo, en hacerla feliz. El tiempo que le quede. Además… —dijo para después callar súbitamente.
—Además, ¿qué?
—Nos ha pedido que no dejemos que la conecten a ninguna máquina —su rostro se ensombreció.
—¿Cómo…?
—Dice que no quiere depender de una máquina, prefiere "irse dignamente" —hizo las comillas en el aire.
—Entiendo —susurró el ojiazul.
—¿Por qué no vas a buscar a tu abuela? No quiso venir a desayunar y estoy seguro de que le levantará el ánimo que estén aquí.
El joven asintió y se encaminó a la habitación de la anciana con pasos ligeros.
Podía oír que la mujer estaba escuchando música en su viejo aparato que aún se negaba a cambiar.
Suspiró profundo y haciendo acopio de su mayor fuerza de voluntad, cambió su semblante por uno más animado y jovial, pretendiendo hacer de cuenta que todo estaba bien.
—¿Se puede saber por qué aún está en la cama señorita? —preguntó con una sonrisa entrando en la habitación.
—¡Ranma! —saludó la mujer sorprendida— Ven aquí cielo —sonrió alzando los brazos alegre desde su cama, para envolver a su nieto en un delicado pero conmovedor abrazo que removió las entrañas del pelinegro— ¿Por qué no llamaste para saber que vendrías? —reprochó.
—Fue de último momento abue, prometo que la próxima llamaré antes para que lo sepas —dijo el moreno disfrazando su preocupación con una sonrisa, pues él había avisado varios días antes que iría a casa de sus padres. También está perdiendo la memoria; pensó apesadumbrado— bien, no me has contestado ¿Qué haces aún en la cama?
—Ah, ya sabes… la vejez está pasándome factura y hay días que me cuesta más que otros.
—¡Que cosas dices! Todavía estás apta para una maratón —bromeó.
—Los dos sabemos que eso no es cierto —contestó la anciana con una sonrisa triste y a la vez cargada de cariño— ¿Akane ha venido contigo cierto? —preguntó de golpe, olvidando que su nieto había llegado "de improvisto".
—Si, está con mamá y Ranko en la cocina.
—Entonces es hora de levantar los viejos músculos —se sentó en la cama y se impulsó a levantarse despacio pero con fuerza.
—Deja que te ayude —regañó el ojiazul tomando una de las manos de la mujer y ayudándola mientras ella se impulsaba apoyando la restante en el respaldo de la cama haciendo fuerza hacia atrás para luego terminar de pie.
Con pasos lentos y aferrada al fuerte brazo de su nieto, la mujer avanzó despacio por la casa hasta llegar al comedor donde la familia la esperaba alegre.
—Por fin abue —bromeó la pelirroja— hay que decirle a Casper que venga más seguido para que te pueda sacar de la cama —dijo con una sonrisa.
—¿Y tú quién eres? —preguntó la anciana a su nieta en tono confuso logrando que tanto la joven como el resto de la familia la miraran con preocupación y tristeza— ¡Es broma! —rió por lo bajo ganándose una reprobatoria y a la vez aturdida mirada de su hija— no todo es malo en esta vida —afirmó mirando a la pelirroja— si no puedo reírme de mi enfermedad entonces, ¿de qué se supone que me voy a reír? —remató sacando una sonrisa al ojiazul que la miraba entre preocupado y divertido.
—Muy bien señora, basta de bromas —regañó Nodoka— ahora siéntate que en un rato estará listo el almuerzo.
—¿Trajiste esos pastelitos que me gustan? —preguntó al joven de cabello negro con la ilusión danzando en sus ojos como si se tratase de una pequeña niña.
—Por supuesto, fue lo primero que compré antes de venir.
—Pero no habrá nada si no terminas —advirtió la matriarca Saotome.
—¿Cómo? ¿No está comiendo? —preguntó en voz baja a su padre que estaba más cerca.
—Hace unos días está algo reacia a comer. Lo hace, a regañadientes.
—Es como una criatura —finalizó Ranko acercándose a su hermano para susurrarle.
Si bien Ranma había liado un poco con los desvaríos de su abuela, esperaba que durante el almuerzo estuviera en su completo estado de conciencia. Entendía que podía o no estar al cien por ciento de su capacidad, pero recordaba que su madre le dijo unos días antes que estando acompañada su demencia disminuía y por unos pocos minutos, volvía a ser ella misma.
Por lo visto, la visita de la pareja tuvo su efecto positivo y la anciana se pasó la tarde charlando con Akane sobre sus estudios y demás temas. Aunque unas veces tuvo que fingir que no conocía a Ranma, puesto que la mujer los presentó alrededor de tres veces ignorando que ellos ya estaban en pareja.
De igual forma, la familia Saotome intentó pasar la tarde lo mejor que se pudo.
Minutos antes de dar por terminada la visita, Nabiki envió un mensaje a su hermana menor para hacerle saber que aquella noche no la pasaría en la casa Tendo y aprovechó para recordarle que su padre había salido en un viaje de entrenamiento con algunos alumnos y volvería hasta mitad de semana.
Guardando nuevamente su teléfono, vió como su pelinegro y su suegra acompañaban a la mujer de cabellos canos a su habitación.
Antes de haberse retirado, la saludó diciendo que había sido un gusto conocerla y que esperaba que fuera feliz con Ranma. Obviamente, había olvidado que ya la conocía por ser amiga de la pequeña pelirroja.
Al regresar de la habitación, Akane notó como los ojos de Nodoka estaban rojizos y como el joven a su lado la envolvía en un cálido y reconfortante abrazo. Sabiendo que lo que venía a continuación no era de su incumbencia, abogó por el ingenio de su amiga y le pidió pasar a su cuarto para "anotar lo que no pudo en clase". Su cuñada entendió a la perfección y dándole vía libre, la morocha se escabulló dejando a la familia tranquila.
—No te tortures más mamá —dijo la chica en un tono casi silente.
—No es tu culpa, sé que duele, a mi tampoco me agrada que ella esté así. Pero, ¿qué podemos hacer? —intentó reconfortar el ojiazul.
—Nada Ranma, no podemos hacer nada. Salvo esperar a que llegue el momento y rogar que no sea doloroso para ella —la voz de Nodoka se entrecortaba más a cada palabra que salía de sus labios.
Akane por su parte, sólo se limitó a refugiarse en la habitación de su amiga, hacía tiempo no estaba allí y notó los pequeños cambios que su amiga hizo, como cambiar algunas de las fotografías de su afiche, donde antes había imágenes de paisajes, algunas de ambas y varias con un antiguo novio, ahora había alguna que otra de Taro, Taro y ella, Taro durmiendo, Taro distraído, ella besándolo, abrazándolo posando para la cámara. Se preguntó en qué momento pasó a ser algo realmente serio. Su amiga no era de ese tipo de persona, a pesar de su personalidad extrovertida, si de relaciones serias se trata, la menor de los Saotome era bastante reservada.
Recordó las veces que salían y la pelirroja iba en plan de ligue, su actuar no era nada comparado con su bajo perfil en ese momento. Sonrió con verdadero regocijo, su amiga se lo estaba tomando en serio y rogó al cielo que Pantimedias no fuera un desgraciado patán.
Minutos después, Ranma apareció en el umbral apoyándose en éste.
—¿Estás lista amor? —dijo en voz baja pero con un matiz de cariño impregnado en ella.
—Vamos —sonrió.
Despidiéndose de la familia, la pareja se montó en la amarilla motocicleta y se alejaron en un completo silencio.
Llegados a la residencia Tendo, la chica se bajó y esperó a que él hiciera lo mismo. Cuando el vehículo estuvo estacionado y él frente a ella, la muchacha lo abrazó, sabiendo que aquello era lo que necesitaba.
Un fuerte suspiro escapó de Ranma y envolvió sus brazos alrededor de su novia en un fortísimo abrazo, dejando ir unas pocas lágrimas, pues no dejaría que Akane lo viese en ese estado.
—Quédate conmigo ésta noche —pidió suplicante sin soltarla.
—Siempre, cariño.
La pelinegra se deshizo del abrazo y lo tomó de la mano guiándolo dentro de su casa.
—¿Irás a buscar ropa? —preguntó mientras la veía rebuscar algo en la cocina.
—De hecho, pensaba que podíamos quedarnos aquí —propuso levantando un hombro
—Pero…Tu hermana y tu padre…
—No están, Nabiki no vendrá hasta mañana en la tarde y papá estará afuera hasta mitad de semana.
—¿Estás segura?
—Elige tú. Nos podemos quedar aquí o ir a tu departamento pero no voy a dejarte solo —remató frunciendo el cejo
Un cálido sentimiento inundó el pecho del azabache haciéndolo sonreír.
—En ese caso, quedémonos aquí —dijo diestro mientras tomaba asiento en el comedor.
Horas después, ambos se encontraban acostados. Ella portaba un camisón color beige de satén y él se acostó sólo en ropa interior. Mientras se miraban el uno al otro, el chico no pudo evitar sentirse abrumado por lo acontecido durante ese día.
—¿Qué ocurre? —preguntó la chica al notar la mirada perdida de su acompañante
—Pensaba en hoy… mi abuela está realmente mal.
—Lo lamento —murmuró en voz baja mientras estiraba una mano y acariciaba el rostro del pelinegro.
—Los médicos le dijeron a mamá que la enfermedad está avanzando rápido. Seguramente pronto nos dejará pero no sabemos cuándo.
—¿La enfermedad del corazón?
—Esa misma.
—Pero ella está haciendo el tratamiento. ¿Cierto?
—Si, pero no garantiza que se cure. No existe una cura para ella. El tratamiento sólo retrasa el avance un tiempo —comentó triste— mamá dice que los últimos estudios mostraron que tiene agua en los pulmones y se le han hinchado las piernas. Por eso le está costando tanto mantenerse en pie, además de lo que nos dijo Ranko en la mañana…
La chica vio la preocupación en los ojos azules y no dudo en enderezarse y abrazarlo. Él respondió para después acomodarse en el regazo de la chica mientras ella acariciaba cariñosamente su cabeza haciéndolo sentir un poco aliviado
—Gracias —susurró desde su posición.
—¿Porqué? —quiso saber la ojicafé.
—Por estar conmigo… Te amo —declaró aferrándose más fuerte al pequeño cuerpo para luego sentir como la mujer se removía para depositar un beso en su cabeza.
—También te amo Ranma —lo abrazó transmitiendo incluso en aquella incómoda posición todo el cariño y brindándole el apoyo que necesitaba.
Si, las cosas se pondrían cada vez peor pero sabía que podía salir salvo de cualquier tempestad si su Akane estaba a su lado.
Si es que estaba…
¡Miren quién llegueee! Volví perras (?) y esta vez ¡No es un simulacro! Jajajajaja
Se que tarde demasiado en actualizar y que esta semana creyeron que actualicé pero no, habia borrado el capitulo del dia de los inocentes :P (perdón por eso por cierto) Naaah, no lo lamento jajajaja
Como ven el capítulo de hoy estuvo triston y corto, pero es estrictamente necesario. Además no todo puede ser miel sobre hojuelas...Vayan preparando los pañuelos porque se vienen momentos algo sad.. no inmediatamente pero pronto.
Por lo pronto, voy a seguir con lo que ya empece del próximo capítulo (solamente escribi el disclaimer pero cuenta xD)
Tenia pensado participar del desafío 1, 2, 3 de la página Ranma Latino pero... me entusiasmo demasiado y estoy segura que voy a perder el hilo de este fic
Por supuesto no puedo dejar de agradecer a todos los que comentan el fic, a los que siguen la historia, los que pasan nada mas a leer y a los que no les gusta tambien :P
Pd: vayan a acosar a mi super beta DanisitaM porque nos tiene sin actualizar Capturando y eso no se vale (?)
Obviamente no iba a irme sin darle las gracias, sin su visto bueno y sin sus correcciones esto sería más desastroso que la primera parte xD jajaja gracias querida Dani (L
Ahora si, espero que les haya gustado y que me tengan paciencia, no tengo una fecha exacta en la que vaya a volver a actualizar pero den por seguro que no voy a abandonar el fic
Besitos! ;*
