Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Capítulo 17:

Los días fueron pasando, el show en el Kabuki-za estaba casi en puerta.

Akane y Ukyo habían estado mensajeándose casi a diario. Ambas descubrieron que tenían cosas en común y la pelinegra sentía que no había competencia entre ambas. La castaña desterró definitivamente al ojiazul de su corazón y se estaba dando una oportunidad con un compañero del instituto donde tomaba clases de cocina junto con Shampoo. Ese chico ser bastante atractivo, había dicho la china.

Ese fin de semana acordaron encontrarse unas horas antes del show para almorzar y hacer tiempo.

Luego de salir del local de comidas rápidas donde se habían encontrado, se encaminaron lentamente al Kabuki-Za.

Estando a dos manzanas, notaron cómo ya desde ese lugar había personas haciendo fila. Algunos estaban recostados sobre las paredes, otros sentados en la vereda y cuanto más cerca estaban, más equipaje parecían tener.

Estando a la vuelta de la entrada, un grupito de chicas llamó la atención de Akane.

Ellas estaban en círculo, sentadas en el frío suelo, aunque les diera el sol de lleno, el frío todavía se podía sentir. Dentro del espacio vacío entre las chicas, habían varios envases descartables de sopas instantáneas dentro de una caja de pizzas abierta donde reposaba una última porción de queso ya con aspecto de haber estado ahí más tiempo del necesario.

La pelinegra miró disimuladamente a las jóvenes y dedujo que ninguna estaba cerca de los dieciocho años. La evidencia estaba a la vista, pues las acompañaba una mujer que tranquilamente podría ser la madre de una de ellas.

Más cerca estaban, más gente con signos de cansancio encontraban. Vio como un joven de cabello largo y desalineado desarmaba una pequeña carpa mientras una chica a su lado doblaba una los bolsas de dormir.

—¿Han dormido ahí? —preguntó a Ukyo disimuladamente.

—Seguramente —contestó de forma vaga mirando a todos lados, como si buscara algo— ¡Allí! —gritó de repente apuntando a la esquina del teatro.

Se acercaron a una joven de cabello color naranja zanahoria que se sacaba una selfie con un muchacho que levantaba en el aire una guitarra acústica.

—¡Meena! —gritó la amiga de Ranma.

—¡Ukyo! —respondió la mencionada dando saltitos esperando a que las dos chicas se acercaran.

—No vayas a decir que eres la novia de Ranma —dijo la castaña en voz baja a la morena— ella no sabe tampoco que soy amiga de él y conozco a la banda.

—¿Entonces…? —comenzó Akane sin saber bien cómo terminar la pregunta.

—La conocí en los primeros recitales a los que vine. Jamás le dije que conocía a la banda ni mucho menos que Ranma y yo somos amigos de la infancia… de saberlo podría filtrarse la información y ya no podría volver al campo en otra ocasión. Así que, no digas quién eres ¿Si? —pidió con rostro entre suplicante y compungido.

—Por supuesto, de mi no saldrá una sola palabra —prometió la pelinegra haciendo una seña de sellar sus labios.

—¡Llegaste! Creí que llegarías antes —comentó Meena abrazando a la cocinera.

—Lo sé, lo siento, hemos ido a almorzar antes de venir —se excusó devolviendo el abrazo y mirando a la ojicafé— Meena, ella es Akane, es…

—¡Una prima! —dijo la joven Tendo algo exaltada— Vengo desde Sawara, es una aldea cerca de Hiroshima —dijo para terminar.

—Oh, eso es lejos… ¿has venido a ver a la banda?

—Si, bueno… vengo a acompañar a mi prima jejeje.

—¿Cómo dijiste que era? ¿Akane? —las dos asienten— como la novia de Ranma —comentó la joven mirando a la pelinegra.

—Menuda suerte la de esa chica —sonrió la Tendo— envidio sanamente a esa mujer.

—¿Y quién no? ¡Tener semejante semental para ella sola! —comentó con deseo en la voz.

—No lo comparto, gracias —se le escapó sin querer a lo que debió corregir de inmediato al recibir una acusatoria mirada de las otras dos chicas— es decir… ¿quién querría compartirlo? Si fuese mío… las cosas que le haría… —salvó su pellejo de manera rápida sin pensar, de inmediato se arrepintió, pues Ukyo se sonrojó y miró a otro lado.

—¡Yo te apoyo amiga! —rió Meena— vengan, vayamos por algo de tomar.

—¿No es muy temprano? —preguntó la castaña.

—Nunca es tarde para una buena cerveza, vengan —la muchacha de cabello naranja tiró de ambas chicas hacia la entrada del enorme teatro.

¿Cuántas veces había pasado por allí? Varias. Pero jamás le prestó atención al lugar. Era tan japonés que pasaba desapercibido, pero en momentos así, valía la pena estar en aquel sitio.

La enorme edificación estaba pintada de un color entre blanco y amarillo pastel, apenas se notaba la diferencia.

Parecido a un antiguo santuario, su arquitectura típica de Japón contrastaba con los altos y modernos edificios que lo rodeaban.

Sus techos de madera pintada de negro y sus pequeñísimos y diminutos balcones rojos llamaban la atención de cualquier transeúnte que pasara por allí.

La tarde aún no caía, el sol todavía no se había escondido, pero Akane admiró la majestuosidad del lugar como si de una turista se tratase.

Las tres chicas pasaron de largo hacia un pequeño puesto de sopas que había del otro lado del teatro y allí pidieron sus bebidas.

Al salir, notaron que algunos fans ya estaban preparando sus cosas, levantándolas y guardándolas. Lo que quería decir que pronto abrirían las puertas.

Las mujeres se quedaron paradas a un costado del puesto mientras charlaban, todas estaban atentas a lo que ocurría en la esquina.

—Apenas comiencen a correr, lo hacemos nosotras —dijo Meena— estamos más cerca de la entrada, llegaremos a los primeros lugares —celebraba mientras daba unos saltitos en su sitio.

—Brr ¡Hace frío! —se quejó Ukyo abrazándose a sí misma cuando el sol dejó de pegarle y dio inicio a su descenso.

—Toma —la de cabellos fuego ofreció un cigarrillo que la castaña aceptó con gusto— ¿Akane?

—N-no, gracias, no fumo —se disculpó. La chica volvió a guardar el paquete en el bolsillo trasero de su pantalón— ¿No tienes miedo de caerte o de lastimarte con esas botas? —quiso saber Akane cuando notó que la chica traía un calzado peculiar. Consistía en un par de botas estilo militar, altas, pesadas y de suela de goma dura. Un pisotón con esa bestia y quedo coja de por vida —pensó la Tendo.

—Nah, ya estoy acostumbrada. Además —agregó largando humo de su boca— no estaré por todos lados pisando gente. Una vez que llegue a la valla, me quedaré allí y no me moveré —respondió segura de sí.

—¡Están moviéndose! —gritó Ukyo.

—¡Corramos! —agregó Meena comenzando a correr hacia la puerta del enorme teatro— ¡Ya saben el protocolo de salida! —llegó a gritar antes de llegar por los pelos a la puerta, perdiéndose entre el tumulto de gente que empujaba, gritaba y se quejaba.

—¿Cuál protocolo? —quiso saber la pelinegra.

—Al terminar el show y salir a la calle, nos encontraremos en el café que está en aquella esquina —señaló la cocinera como pudo hacia el lugar donde habían estado minutos antes.

—¡Pero yo me iré con Ranko!

—¡Lo sé! No te preocupes, es más que nada para saber que todas estamos en una pieza.

Aún no habían entrado y la chica de ojos café ya sentía el bochorno del amontonamiento de personas. Comenzaba a arrepentirse de haber cambiado su asiento preferencial por estar allí. Aunque estaban a la orilla del embudo, el calor se sentía, y el enojo de muchos también.

Menos mal le encargué a Ranko que me trajera mi abrigo — pensó por lo bajo al notar que en cualquier momento terminaría con una liviana playera.

Echando un vistazo alrededor, Akane se puso en puntas de pie buscando quién sabe qué.

Vio el resplandor naranja de la cabeza de Meena que estaba casi en la entrada. ¿Cómo llegó allí?

Miró hacia la amplia vereda y notó como comenzaban a verse los vendedores que ofrecían desde playeras hasta relojes y almohadas con las imágenes de la banda.

Quiso comprar una playera pero eso le costaría salir de su privilegiado puesto, aunque no habría nadie que le robase el lugar. O eso pensó.

Avisó a su compañera que compraría una playera. Se alejó unos pocos metros hasta el vendedor que tenía varios colores y modelos con distintas imágenes.

La joven se decidió por una playera completamente negra con el nombre de la banda en blanco al frente y un itinerario de los lugares que seguían en la parte de atrás.

Luego de hacerse con su nueva compra, volvió a buscar a Ukyo. Pero no la veía. La encontró varios metros más adelante.

Volvió a su posición y aprovechando el empuje de gente, se quitó el suéter que traía y estrenó su nueva playera colocándosela sobre una blanca de tirantes que traía debajo.

Recordó las palabras de Ukyo y se ató el suéter a su cintura, luego vería cómo hacer.

El sol había bajado lo suficiente como para encender las luces de la calle, pero Akane no podía disfrutar del paisaje, pues las puertas fueron abiertas y la gente comenzó a empujar intentando entrar.

A duras penas logró llegar en una pieza al enorme hall. Tras pasar la primer entrada, donde le cortaron una de las esquinas de su ticket, caminó admirando el salvajismo de algunos que pasaban zumbando a su lado.

Un par de pasos más adelante, dos mujeres flanqueaban la entrada que daba al enorme teatro. Detrás de aquel telón azul, me espera la selva – pensó entre emocionada y a la vez ansiosa.

Una de las mujeres tenía aspecto cansado y daba la impresión de que emitía un gruñido en cuanto alguien osara dirigirle la palabra. La otra tenía semblante tranquilo y sonreía todo el tiempo.

Como venían empujándola, terminó pasando al lado de la mujer con cara enojada, pero extrañamente respondió con una sonrisa cuando la chica Tendo pasó a su lado y agradeció con un simple gracias.

Había mucha gente del otro lado. Mucha más de la que se imaginó.

No había tanta delante de nosotras — pensó mientras veía cómo todos los que pasaban a su lado corrían como si sus vidas estuvieran pendiendo de un hilo.

Agradeció internamente cuando recordó los consejos de Ukyo al decirle que no llevara demasiadas cosas, cuanto más pequeña y funcional fuese su cartera, sería lo mejor. ¡Ukyo! — recordó. La había perdido en cuanto abrieron las primeras puertas. Ya la encontraré al terminar el show.

Ajustó su suéter en su cintura con un doble nudo y desabrochó la pequeña bolsa que colgaba de su cintura, donde tenía dinero suelto, su celular y las llaves de su casa, la pasó por su pecho dejándola cruzada con el cierre hacia adelante y echando un suspiro se lanzó también a correr hasta llegar a la última hilera de personas delante de ella.

Una chica se colocó a su izquierda y un muchacho delgado y alto a su derecha. Poco a poco comenzó a sentir el empuje de los demás que intentaban abrirse paso o simplemente empujaban hacia adelante.

Levantó como pudo su mano donde descansaba su reloj y comprobó que aún faltaba una hora para que todo comenzara.

No estaba segura de cómo o en qué momento pasó, pero de un segundo a otro se encontró charlando con la chica a su lado, el muchacho metía algún que otro comentario y hasta la joven de adelante -que se había girado un poco para seguir la conversación- se unió a la plática.

—Oh, no —dijo una— ya han sacado a una caída —comentó meneando la cabeza.

—¿Ya? Y eso que aún no comienza —secundó la chica de costado.

—¿Caída? —quiso saber Akane.

—Las que se desmayan —agregó el muchacho alto.

La pelinegra alzó un poco sus pies y llegó a ver a una chica siendo arrastrada fuera del gentío por un hombre se seguridad.

—¡Yo la he visto! —dijo la Tendo recordando la larga fila, ella estaba casi delante de todo— ¿Qué ocurre después? Cuando se recupera, digo, ¿vuelve a su lugar?

—Pfff ni hablar. A veces las dejan que se queden allí delante de la valla, otras veces las hacen volver al campo pero no a su sitio… en realidad no lo tengo muy seguro, jamás me ha pasado—dijo otra chica salida quién sabe de dónde.

Faltaban menos de quince minutos y Akane sentía el calor en su espalda. Estaba comenzando a irritarse y a insultar internamente a su novio.

No tenía una buena razón para hacerlo, pero en ese momento, era el blanco de todas sus furias.

—Estúpido Saotome —dijo para sí.

—¡Las cosas que hacemos por ellos! —le respondió su compañera de lugar. La pelinegra no pudo más que carcajearse, pues le pareció graciosa la ironía de la situación.

—No te das una idea —rió secándose la transpiración de su frente.

—¿Primer show o ya habías venido? —le preguntó su compañera.

Recuerda no decir quién eres —He venido otras veces, pero siempre en la tribuna. Es la primera vez que lo hago aquí.

—¡Uy! Buena suerte entonces —llegó a escuchar antes de que las luces se apagaran y un grito cómplice, sincronizado y eufórico inundara el lugar.

Y ahí comenzó su peor pesadilla. Y a la vez, el mejor momento de su vida.

La estridencia de una guitarra rebotó por las paredes encendiendo las gargantas de los presentes y también la de la joven de ojos café.

Notó por primera vez que no había telón. Los flashes de las cámaras iluminaban los instrumentos y logró divisar a Mousse subiéndose en la batería, acto seguido comienza con un solo de su instrumento haciendo gritar a la multitud.

El bajo se une al retumbar de los tambores y Ryoga aparece en escena. Los gritos son iguales a los que sonaron cuando apareció el primero. ¿Dónde estás Ranma?

Su pregunta fue respondida por el sonido de las notas sonar por encima de los otros dos. Al mismo tiempo, un ensordecedor AAH de todo el teatro -incluida la misma Akane- resonó aún más fuerte que la banda en sí.

Era el momento de disfrutar o arrepentirse.

El calor sofocante.

Los cuerpos pegajosos de transpiración pegados a los de los demás, todos rodeándola con sus torsos desnudos y semidesnudos.

Había pasado al menos la mitad del show. Los gritos ensordecedores de las chicas y las voces gruesas de los muchachos, todos juntos coreando la misma canción.

Esto era mil veces mejor que estar en los reservados.

Sentir el cariño de todos para con el grupo que estaba sobre el escenario. Gente que no se conoce ni viven siquiera en el mismo sitio. Todos juntos abrazándose, cantando, saltando al son de una misma melodía.

Su frente, su cuello, su cuerpo entero estaba empapado en sudor, el cabello, aunque corto, estaba recogido lo más posible en un intento de chongo alto, dejando caer los mechones más cortos. La ropa la tenía pegada al cuerpo, la playera que tenía puesta era una segunda piel que comenzaba a molestarle. A su alrededor, varias chicas estaban subidas a los hombros de algunos muchachos.

Akane se estaba dejando guiar por la muchedumbre enardecida. Los gritos mezclados con los cantos la estaban dejando sin voz y la estridencia de la música la dejaría sorda de un segundo a otro.

Cuando la canción terminó, la pelinegra decidió que era tiempo de refrescar su cabeza al menos. Despacio pero a los empujones salió del tumulto y se dirigió a uno de los baños. Se tomó un minuto para mirarse al espejo del lavabo. Su maquillaje estaba corrido, agradeció sólo haber llevado máscara en las pestañas y muy poco delineador. Ukyo tenía razón, era mejor sin maquillaje -pensó fugazmente. Abrió la canilla y se lavó el rostro. Quitó todo rastro negro que la pintura hubiera dejado y se secó con las toallas de papel que había en un costado. Aprovechó a orinar, pues la cerveza que había tomado afuera comenzaba a hacer efecto y su sistema le pedía a gritos evacuar el líquido.

Cerró la portezuela del cubículo y mientras esperaba a terminar, una voces chillonas se colaron por la puerta

—Dicen que la novia de Ranma está entre el público —escuchó que decía una de las chicas.

—Si, como si me importara —dijo una voz un poco chillona para no estar interesada.

—¡Vamos Lina! ¡Tú eras la primera en la fila de las que quería darle una tunda a esa chica —¿una 'tunda'?.

—¿Yo? ¡No digan pavadas! —se defendió una.

—¿Pavadas dices? ¡Hasta querías buscarla entre la gente! —recriminó otra voz un poco más gruesa.

—Dejen de decir mentiras. Me importa poco y nada lo que haga esa chica aquí. Ranma será mío. Ya lo van a ver. Es que aún no me conoce. No importa, es normal que se divierta hasta que encuentre a su amor verdadero. Ya veremos quién es el amor de su vida —Akane escuchaba anonadada a esa chica que, por su tono arrogante y chillón, suponía que no tendría más de quince años.

—En efecto, querida Lina, estás equivocada. ¿Te acuerdas esa vez que entramos en la radio? Pues él ni siquiera te miró —se burló la de voz gruesa.

—¡Porque estaba en medio la molesta de Azusa! Pero no se me escapará de nuevo.

—Ay, amiga, deja de soñar. Ranma es feliz con Akane. Hacen una pareja hermosa —habló una tercera voz, más tranquila y tan empalagosa que la chica Tendo deseaba no volver a comer dulce una vez que saliera del lugar.

—¿¡Cómo puedes decir eso!? Eres mi amiga.

—Si, pero se ven lindos ¿Recuerdas la fotografía de ellos dos en la motocicleta? ¡Estaban para comérselos!

—Ay, sí —dijo la que Akane reconoció como Lina— tú porque estás enamorada de ambos.

—Pues sí niña. ¿Has visto las curvas de Akane? ¡Me echaría una buena siesta en ese estómago plano! Y en las nalgas de Ranma, por supuesto.

—¡Eres una pervertida!

—No, querida, sólo sé admirar la belleza.

—Ya, deja de ver yuri, hace mal —se burló otra de las chicas.

—Bien dejen de molestar. Vayamos que en cualquier momento cantarán mi canción —volvió a decir la llamada Lina.

—Que no es tuya, la escribió para ella.

—Me importa un comino. La detesto —dijo una última vez y salieron las tres del baño.

La chica de cabello oscuro no sabía qué pensar. ¿Serían muchas las chicas que, al igual que Lina, la detestaban?

Su pregunta no sería respondida con palabras. Al salir del baño, taciturna y pensativa, un par de brazos la tomaron de los hombros.

—¿Akane verdad? —una chica de rostro tranquilo y ojos verdosos como su cabello la abordó.

—S-si —dijo dubitativa.

—¡Ah! ¡No puedo creerlo! ¡Por favor! ¡Déjame sacar una foto contigo! ¡Mi hermana y yo te adoramos! —dijo a los gritos, su voz era más fuerte incluso que los gritos de los que estaban alrededor del escenario.

Después de intercambiar unas palabras con la chica, ambas volvieron al tumulto tomadas del brazo. Era ese tipo de complicidad, de compañerismo y camaradería lo que a la joven Tendo le fascinaba. Dos completas desconocidas abrazadas saltando y disfrutando de un show.

Mariko, como después se presentó, guió a Akane al medio de la pista. Justo al lugar que la morena quería ir, pero al cual le faltaban ánimos para hacerlo.

—¿Sabes cómo funciona? —le pregunto la de cabello fantasía gritando cerca de su oído.

—Más o menos.

—Solo déjate llevar —dijo con una sonrisa pícara y por un instante la de ojos café titubeó.

Se supone que a esto has venido, a disfrutar -se dijo a sí misma y comenzó a imitar a los demás. Vio cómo entre todos, hombres y mujeres, hacían una enorme ronda estirando los brazos para agrandar el espacio, hizo lo mismo echándose hacia atrás estirando los suyos y cuando el estribillo de la canción comenzó, el descontrol hizo lo suyo. Todos los cuerpos saltaron hacia el centro del círculo empujándose unos contra otros, saltando y gritando.

Sintió un pisotón en su pie izquierdo, un codazo cerca de donde había sufrido el golpe cuando cayó en manos de Shinnosuke, sintió sus propios pies por encima de otros que no sabía de quién era ¡Lo siento! Gritó al dueño, éste le sonrió y siguió saltando desaforadamente, como si nada hubiese pasado.

Otra vez formaron la ronda, ésta vez, la azabache ya sabía de qué iba la cosa, así que ya no se disculpó cuando su pie cayó sobre alguien más o cuando sus manos y brazos chocaron contra otros cuerpos.

Se sacudía de dicha. Los comentarios ofensivos de la chica en el baño ya no le eran relevantes, agradeció estar en ese lugar. Siguió saltando en medio de aquel pogo, hasta que la banda comenzó con los lentos.

Se encaminó hacia el escenario entre el mar de gente, algunas chicas se quejaban, ¡Yo estaba ahí! Dijeron varias, a lo que Akane simplemente encaminó hacia otro lado. Descubrió que le iría mejor esperando a las canciones más ruidosas para avanzar. Entre los saltos y los empujones, logró llegar casi a la barrera que separaba el público del escenario. Estaba justo enfrente de Ranma.

Estaba todo transpirado, llevaba el cabello atado de manera descuidada, lo que le daba un aire de chico malo. Sobre su cabeza, una gorra al revés negra y su torso iba desnudo, mostrando los pectorales producto del entrenamiento en el dojo. Dios, y éste hombre es todo mío -pensaba excitada. Sus ojos lo recorrieron de pies a cabeza, hasta llegar a aquella mirada azul grisácea. Sus ojos se encontraron y la chica no pudo evitar morderse el labio con deseo ni tampoco pudo esconder su mirada llena de lascivia que hizo sonrojar al ojiazul.

El muchacho sólo atinó a guiñarle el ojo, y siguió en lo suyo, se acercaba el solo de guitarra y lo admiró correr por el escenario.

Se subió a un parlante y allí siguió hasta terminar la canción.

Las luces se apagaron, Akane se dejó llevar nuevamente hacia la zona P, como la había catalogado y siguió saltando mirando de vez en cuando hacia el escenario.

Se sentía completamente feliz. Había valido la pena esperar y sufrir los empujones.

Otra canción lenta sonaba cuando dirigió su mirada hacia los reservados. Llegaba a distinguir la melena roja de Ranko y creyó ver a Akari a su lado, ambas estaban riendo y señalando al escenario. Desvió su mirada y vio como su pareja se levantaba del suelo ¿Se ha caído? Se preguntó.

Se hizo a un lado para corroborar que no había perdido nada y se sorprendió de tener todo en su sitio, incluso el suéter.

Arrugó la nariz al sentir el aroma fuerte y característico de la marihuana siendo fumada. Miró a todos lados pero no logró ver quién estaba consumiendo.

Se giró para volver por donde había venido y casi choca con el muchacho alto y flacucho enredado con una joven un poco más baja que él pero igualmente alta. Eran una maraña de brazos y cabezas moviéndose.

Sin pensar demasiado se alejó introduciéndose de nuevo entre el gentío.

Unas tres o cuatro canciones intensas después, el pelinegro dio por terminado el espectáculo. Él y Mousse estaban al frente del escenario, Akane había llegado bastante cerca de la valla cuando su pareja agradeció al público y levantó una cerveza individual a la par de su compañero. Ryoga apareció detrás de ellos con una enorme botella de champagne y agitándola, dejó que el líquido se desparramara sobre el público. Bebió el resto del pico y haciendo los tres un reverencia, desaparecieron.

Todo el mundo reía, Akane se sacudía el líquido pegajoso de los brazos y sentía el cabello pegoteado. Los más cercanos al escenario habían sacado la peor parte.

Caminó hacia el baño que estaba cerca de la salida y se enjuagó un poco el cabello y los brazos.

Al salir se percató de que faltaba su suéter. Volvió al campo, por los lugares en los que creía podía estar, pero no había rastro alguno. Encontró dos celulares, los cuales levantó y los sostuvo consigo hasta que sus dueños aparecieron, mientras ella intentaba encontrar su abrigo.

¿Quién querría un suéter? No podían habérselo llevado.

El silencio de los instrumentos comenzó a hacer estragos en ella y un pitido acechó sus oídos. No escuchaba nada y a medida que se acercaba a la salida, podía notar el frío aire de la calle.

Devolvió los teléfonos a sus dueños, que llamaban desesperados mientras sentía el frío en sus brazos descubiertos y más aún en su playera húmeda.

Se encaminó a la cafetería donde se encontraría con Ukyo, la encontró charlando con Meena y bebiendo una cerveza.

—¡Akane! —dijo la de cabello naranja— ¿No tienes frío? —preguntó.

—Me estoy congelando.

—¿Dónde está tu suéter? —quiso saber Ukyo.

—No lo sé, lo perdí entre la gente en algún momento.

—¿Ahora qué harás? —cuestionó preocupada la amiga de la cocinera.

—No te preocupes, una amiga me trae un abrigo —comentó cuando su teléfono comenzó a sonar— Hablando de Roma… ¡Ranko! —atendió— estamos en la cafetería de la esquina… ¿Dónde están?... Si, las veo —dijo girando hacia la calle de enfrente saludando con su mano a la pelirroja que estaba acompañada de Shampoo— bien, le preguntaré. De acuerdo… si, lo he perdido…. Está bien, adiós —dijo cansada.

—¿Ya te vas? —preguntó Ukyo.

—Si, ¿vienes?

—No, pasa a buscarme mi chico —contó un poco sonrojada.

—¿Meena? —preguntó a la otra.

—Oh, no te preocupes, vine en mi automóvil, esperaré a que vengan por Ukyo y me iré, todavía llego al after del trabajo —sonrió.

Akane abrazó a las dos chicas y cruzó la calle lanzándose a los brazos de su mejor amiga.

—¿¡Estás loca!? ¡No puedes salir así a la calle! —la regañó.

—¡Lo siento! No encontré mi suéter —se disculpó haciendo un mohín.

—Akane, poner abrigo antes de pescar pulmonía —decía Shampoo mientras la abrazaba.

—¿Akari? —preguntó cuando no la vió.

—Ya se fue, tenía que estudiar para un importante examen el lunes —explicó Ranko— ¿porqué estás mojada?

—Resulta que estaba cerca del lugar donde Ryoga esparció el champagne… así que tuve que enjuagar un poco mi cabello

—¡Pero no tu cuerpo entero!

—Oh, eso es transpiración… aunque gran parte de ella no es mía —explicó colocándose dentro del calentito abrigo.

—Eww —se quejó Shampoo.

—Bien niñas. ¿Nos vamos? —Akane dio un salto al sentir la voz de Genma detrás de ella.

—¡Ah! Tío, que susto —gritó.

—¡Akane! Veo que sigues viva ¿Cómo te fue con las salvajes?

—Bastante mejor de lo que creí —sonrió— ¿Dónde está tía Nodoka?

—Se ha quedado con su madre. No se siente bien últimamente —no hizo falta decir más.

Mientras iban en la parte trasera de la camioneta, la joven Tendo envió un mensaje a su novio felicitándolo por el espectáculo

—Gracias cariño ¿te ha gustado?

—¡Me encantó! Estoy agotadísima, todavía no oigo bien y comienzan a dolerme las costillas pero sigo en una pieza.

—¿Las costillas? ¿Te han lastimado? ¿Dónde estás? Voy por ti.

—Tranquilo amor, estoy perfecta, no te preocupes. Estamos camino a casa. Shampoo se ha dormido así que la dejaremos primero, luego iremos a mi casa.

—¿Quieres esperarme en mi departamento? 7u7

—¿Tardarás mucho?

—No lo sé… estamos cenando.

—¿En el teatro?

—Pues… sí… luego nos iremos. Todavía hay gente esperando en la calle.

—¿Esperando qué?

—Que salgamos… siempre hay algún que otro fan esperando… ¿me esperarás?

—No tengo la llave.

—Si no me equivoco, Ranko tiene una copia…

Codeo a Ranko y le pregunto en voz baja si llevaba con ella las copias del departamento de su hermano

—¿Van a enterrar el hueso? —preguntó con sarcasmo y la joven de cabello corto la miró sin entender— ¿El sin respeto?

—¡Oh!... ¡Ranko! —se escandalizó la pelinegra al comprender.

—Jajaja, si, tengo las copias aquí mismo ¿Irás para su departamento? —la otra asintió— bien, le diré a papá que se desvíe entonces.

—Listo, ya tengo las llaves.

—Genial, nos vemos luego amor.

—Bye.

Una vez en su destino, ingresó en el edificio que le era ya conocido. Subió al ascensor y después de caminar los pocos pasos que la separaban del departamento del pelinegro, entró con la llave que tenía un pequeño cerdito negro de llavero.

El lugar estaba oscuro. Las ventanas cerradas y con las persianas bajas impedían que entrara la luz de la calle.

La chica bostezó al tiempo que su estómago gruñía. No había probado bocado desde que ella y Ukyo habían salido del local de comidas rápidas.

¡Ukyo! —recordó de repente. Habían quedado en que se avisarían en cuanto llegaran a destino.

Mientras caminaba hacia la cocina, envió un mensaje a su compañera de recital preguntándole si estaba bien.

En tanto esperaba a que la castaña le respondiera, rebuscó en la heladera y en la alacena por algo de cenar. Algo ligero, rápido y que no necesitara demasiada cocción.

Encontró unas sopas instantáneas, así que decidió que la prepararía luego de bañarse.

Su ropa seguía húmeda y su abrigo comenzaba a tener un ligero aroma a transpiración y humedad. Además su piel se sentía rara y pegajosa, le urgía entrar en agua caliente y quitarse aquel malestar.

Una vez salida de la ducha, con el cabello oliendo al acondicionador que Ranma usaba a diario y sintiéndose limpia, se envolvió y fue hacia la cocina a poner la tetera al fuego. Luego se encaminó a la habitación del pelinegro y se enfundó una de sus playeras en lo que el agua se calentaba. Al no tener más ropa interior de la que se había quitado, decidió tomar prestado uno de los bóxer que su pareja solía usar.

Con su cabello húmedo y su cómodo atuendo -aunque no tanto, pues la ropa interior le quedaba algo grande por lo que la tuvo que plegar en el elástico de la cintura para amoldarlo a su figura- volvió a la cocina a apagar el fuego. Preparó la sopa instantánea y tapó el recipiente descartable una vez que le hubo puesto el agua hirviendo.

Pensó que sería buena idea poner a lavar su ropa, pues, por más cómoda que fuesen las prendas de su novio, no podría salir a la calle vistiendo sus enormes pantalones. Usar la ropa que Ranko tenía en la otra habitación tampoco era opción porque era demasiado reveladora para su gusto.

Así que esperando a que se hicieran los fideos instantáneos, echó a lavar sus prendas y algunas que encontró en el cesto de ropa sucia.

Al regresar a la cocina, su sopa ya estaba lista, por lo que cenó, bebió bastante agua -la que había perdido durante el show- y se encaminó nuevamente a la habitación.

Su teléfono estaba sobre la mesilla de noche, en el extremo superior derecho, titilaba una luz blanca a la par que una roja, indicador de que le quedaba poca batería, tenía siete mensajes sin leer. Uno era de Ukyo, confirmando su llegada a destino en una pieza, dos de su hermana Nabiki, a quien le había avisado que pasaría la noche en el departamento de Ranma para que su padre no se escandalizara en cuanto notara que no había llegado, cuatro mensajes eran de Ranko, preguntándole si había podido entrar sin problemas y alguna que otra tomada de pelo. El último mensaje era de su pareja, que le avisaba que en una hora a más tardar, estaría en el departamento.

Contestó todos los mensajes, más cuando estaba escribiendo la respuesta para el último, el teléfono titiló una última vez antes de apagarse.

Genial, y yo sin el cargador…

Ni siquiera sabía qué hora era. Estaba tan cansada que solamente dejó el aparato descargado en la mesilla y se acomodó dentro de la mullida cama.

Hasta ese momento no había reparado en el molesto chillido que le azotaba ambos oídos, tampoco se sentía exhausta, al menos no hasta que su cuerpo comenzó a relajarse y aún estando en la cama, sintió la pesadez de las piernas, los brazos y las costillas.

Por un segundo, mientras entraba lentamente al mundo de los sueños, sintió el codo de una de sus compañeras dentro del Kabuki-Za, incrustándosele en la boca del estómago o alguna patada sin querer en las espinillas.

Finalmente, el cansancio pudo con ella y no fue consciente del ojiazul acostándose a su lado un tiempo después, con el cabello recién lavado y su torso desnudo, vistiendo solamente unos bóxer color azul oscuro.

Simplemente se acurrucó en su pecho al sentir la calidez de su piel sin dejar por un segundo el país de los sueños.

El pelinegro, por su parte, se sentía desfallecer del cansancio que lo tomó por sorpresa una vez que se bañó.

Cuando había llegado a su hogar, se imaginó que Akane lo estaba esperando para celebrar, pero la joven dormía plácidamente en medio de su cama.

Vestía una playera de su banda, aquella que el pobre no recordaba tener y llegó a vislumbrar su ropa interior cubriendo el trasero de la chica.

Su libido comenzaba a despertar, pero su sentido común le decía que no era buena idea despertar a su chica para tener sexo. Por lo que se decantó por lo más fácil. Darse un baño frío y acostarse a dormir.

Apenas logró adentrarse entre las sábanas, cuando el mismo peso de su cuerpo alertó a la durmiente chica, quien, dándose vuelta, se acomodó sobre su pecho dando un suspiro cansado.

Unas horas después, la linda pelinegra despertó con unas incontinentes ganas de ir al baño. Se deshizo del abrazo del ojiazul, del cual ni siquiera reparó y salió disparada al cuarto de al lado.

Incluso después de haber tomado al menos un litro de agua, la misma que ahora estaba eliminando, aún sentía una terrible sed y su boca estaba pastosa, como si sufriera de algún tipo de deshidratación.

Volvió a la cocina y bebió un vaso de agua antes de volver a la recámara.

Sobre el sofá estaban las cosas de Ranma, indicio que le advirtió y recordó que la estaba abrazando al momento de levantarse.

Sonrió entre bostezos y retornó a la habitación, donde su pareja seguía durmiendo.

—¿Dónde fuiste? —preguntó el pelinegro adormilado cuando la joven se acostó nuevamente provocándole el despertar

—Sólo he ido al baño, vuelve a dormir —susurró acomodándose a su lado y envolviéndolo entre sus brazos como si fuese un pequeño niño

—¿Te ha gustado el show? —volvió a preguntar, esta vez más despierto

—Me ha fascinado. Amé cada minuto de él —sonrió en el oscuro abrazándolo con fuerza

—Te amo

—También te amo

El muchacho levantó su cabeza a la altura de la chica y robándole un beso, la envolvió ahora él entre sus brazos, aprovechando el cambio para pasear sus manos por la figura femenina debajo de la playera

—¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me pones cuando usas mi ropa? —jadeó pasando de sus labios a su cuello

—No recuerdo haberlo escuchado

—Bien, pues lo haces —confirmó mordisqueando un lóbulo de su oreja logrando que su compañera gimiera por lo bajo.

Si bien su intención era no llegar al sexo, sentir su aroma mezclado con el perfume de su shampoo y su visión de la mujer con su playera, lo excitaron a tal punto que necesitaba entrar en ella con urgencia.

Una pícara mano fue bajando hasta el borde de la prenda y se adentró entre la tela y la piel. Acariciando la espalda baja de la joven mientras con la otra mano acariciaba su rostro.

Akane levantó ambas manos cuando entendió las intenciones del muchacho de querer sacarle la prenda.

Más cuando estuvo libre de la tela y su compañero la asió hacia él para sentarla a horcajadas en su regazo, un gemido de dolor se escapó de la mujer

—¿Qué tienes aquí? —preguntó algo curioso y preocupado a la vez al notar una zona de su piel más blanda. Encendió la luz de la mesilla y notó con cierta molestia, que a un costado de las costillas, comenzaba a formarse un moretón, aunque aún era de un tono amarillento, estaba tornándose violáceo poco a poco.

—Oh, eso… supongo que me lo hice durante el pogo.

—¿Te metiste al pogo? —dijo asombrado.

—Pues… sí… Creo que tengo algún otro golpe en las piernas o la cadera.

—Déjame ver.

—¿Qué? ¡No! No vas a analizar mi cuerpo en busca de golpes.

—¿Y quién dijo que quiero buscar golpes? —sonrió de manera macabra— solamente quiero ver los lugares donde no debo tocarte esta noche —murmuró volviendo a besarla evitando tocar en el nubarrón de color de su costado.

Más pronto que tarde retomaron los besos apasionados y los jadeos comenzaron a llenar la habitación mientras los amantes se dejaban ir uno dentro de otro, danzando entre ligeras gotas de sudor y pieles desnudas.

—¿Has dormido bien? —preguntó el joven a su pareja que apenas abría los ojos cuando él levantó las persianas para dejar entrar el sol de la media mañana.

—Un poco dolorida —contestó estirándose dejando sin querer un pecho al aire.

—Akane, eso está peor que anoche —advirtió el moreno al ver que el moretón ahora era más visible— déjame ver tus piernas —continuó acercándose a la cama mientras hacía las sábanas a un lado y se dedicaba a mirar las marcas de la chica a su lado— Si. Ya lo he decidido. No vuelves a ir al campo —sentenció con el ceño fruncido.

—¿Disculpa? —dijo algo sorprendida la pelinegra enarcando una ceja.

—¿Qué?

—Repíteme eso.

—No volverás al campo.

—Y un comino. No puedes prohibirme ir al campo.

—¡Pero mira tus piernas! —contestó acariciando por fuera la zona afectada.

—¿Y qué?

—¿Cómo que "y qué"? Akane, pudiste salir peor.

—Pero no lo hice.

—No quiero que te lastimen. No otra vez —en ese instante, la chica comprendió el miedo de su pareja.

—Ranma —habló despacio acariciando su rostro a la par que sonreía— no van a lastimarme. Y si, me metí en esa locura, pero créeme, estaba completamente consciente de lo que hacía. Además ¿No te preocupan tus fans? Es decir, te preocupa que yo salga lastimada, pero que hay de los demás? Te recuerdo que el estadio estaba completamente lleno y así como salí con estos golpes.

—Pero tu no eres una de ellos —la cortó— no deberías haber estado ahí.

—¿Y porqué no? Cariño, anoche fue la mejor noche de toda mi vida. Jamás lo había pasado tan bien, al menos no en mucho tiempo.

Ranma miraba a su acompañante, aún desnuda, que lo tomaba del rostro. En el tiempo que llevaban juntos, muy pocas veces había visto aquel brillo. Una de esas veces fue cuando le dijo que lo quería por primera vez. O cuando había visto a su sobrina recién nacida. Amaba el brillo que desprendían sus ojos, podía entenderlo. Estaba feliz.

—Anoche —continuó diciendo la joven— viví algo diferente. No solo por ustedes, sino por el público. Me sentí… parte de algo. Es difícil de explicarlo. Lo único que tienes que saber, es que estoy bien. Y esto —señala las marcas— no es nada. Recuerda que trabajaré con pequeños niños, en salas con pequeñas sillas y pequeñas mesas. Y ya sabes de mi problema al chocar con cosas —el ojiazul rió al recordar lo torpe que era a veces la ojicafé— no me prohibas hacerlo otra vez.

Y aquella palabra, prohibir, prohibición, le supieron a desconfianza, a encierro, a la expareja de su novia.

—¿No te haré cambiar de idea cierto? —ella negó sonriendo— entonces, si no consigo que no vuelvas al campo ¿podré conseguir que te pongas algo de ropa? Digo, no me molesta en absoluto, pero alguien aquí abajo estará muy feliz si sigues provocándolo con tu desnudez —comenta meloso besándola de inmediato.

No pasaron diez minutos y la pareja volvió a sucumbir a las mieles de la pasión.

Hello de nuevo! He aquí un nuevo capitulo, lo tenía escrito hasta la mitad y mi idea era publicarlo mucho antes pero el internet es una horrible distracción, eso y las tareas de los pequeñines, cuidar al husbando, la casa, etc, etc, etc. Además suelo sentarme a escribir cuando ellos se duermen pero este ultimo tiempo me dormia muy rapido y sinceramente, me siento agotada.

Ustedes como llevan el confinamiento? por estos lados tenemos arriba de 100 mil casos y casi dos mil fallecidos. Gracias al cielo nuestra tasa de mortalidad es baja, pero eso no quita que no tengamos que cuidarnos...

Espero que les haya gustado este capitulo, y aunque si bien es en parte relleno, era necesario para darle fin a una etapa.

De ahora en más la cosa se pone buena, o dramática, triste, fea, como quieran llamarlo xD

Si venían esperando un lemon, ai sou sowry, no senti necesario un meta y ponga :v

Pero no quiero dejarlos con las ganas, así que estoy pensando cómo compensarlos... tal vez algún oneshot a propósito de esta pandemia o un capítulo perteneciente a este UA entre cierta pelirroja y el representante 7u7 todavía no lo decido

Mil gracias a mi beta DanisitaM, vayan a leer Capturando tu corazón, no se van a arrepentir, es gracioso, ingenioso y realmente refrescante :)

Muchísimas gracias a todos quienes leen, dejan review y agregan la historia a favoritos además de darle follow. Sin ustedes no hubiera seguido.

No podía irme sin agradecer a todo el Team, ustedes saaaben lo importantes que son, mas alla de los debates y las charlas, me divierto siempre

Nos vemos la proxima ;)