IV
—¿te sientes mejor?— preguntó Harry.
Draco se recostó sobre el sofá llevándose una mano a los ojos. El mareo aún seguía, podía sentirlo aun con los parpados cerrados. Negó con la cabeza deseando no haberlo hecho. Sintió como Harry lo sentaba sobre su sitio y para su sorpresa, lo abrazaba, estabilizándolo de inmediato, recargó su frente en el hombro del otro sintiéndose reconfortado. Era la primera vez desde que habían llegado a ese remedo de pueblo que no estaban gritándose e insultándose.
Harry le ayudo a levantarse y ambos caminaron a la habitación del rubio. El moreno hubiera preferido cargarlo, pero en ese mes que llevaban recluidos ahí, había aprendido un par de cosas sobre él y una de ellas era que odiaba que lo tratara con delicadeza.
Hay que decir que siempre existe la expectativa contra la realidad, por lo general te imaginas las mejores situaciones para lo que sea que estas planeando, para luego darte un golpe contra la fría realidad. Bueno eso es lo que les paso a nuestros chicos, la fantasía idílica que plantearon sobre vivir la paternidad juntos, se había desmoronado desde primer día.
—y a parte de todo ¿muggles? Potter. No me jodas, pudiste elegir cientos de lugares mágicos para vivir y se te ocurre una maldita ciudad muggle— Draco cruzó los brazos, mientras sostenía una camisa.
—dijiste que querías un lugar privado, y lo único privado es entre los muggle…
Draco lanzo la prenda que tenia entre las manos y se acercó a él en dos zancadas.
—¡Lárgate de mi habitación!— chilló lanzándole un hechizo no verbal para sacarlo de la habitación y cerrarle la puerta en las narices.
—te espero en una hora en el comedor, debemos poner las reglas— Harry suspiró serenándose, giró a su derecha y se encamino a su habitación. Cerro la puerta tras de sí recargándose en ella. —esto no va a funcionar, ¿en qué demonios estaba pensado? —
La fantasía termino en cuanto no pudieron encontrar dos casas disponibles en la misma ciudad y tuvieron que rentar una para los dos, después el que fuera una ciudad muggle no le había sentado nada bien al rubio. Cabe recalcar que esa fue una treta de Harry hacia el rubio. Siete años de enemistades no se esfuman solo por un acoston, ¿verdad? pero dicen que el tiro a veces sale por la culata y eso le paso a Harry puesto que nunca pensó que terminaría viviendo con el rubio. Aun podría retractarse y hacer como que nunca supo del embarazo, que nunca se acostó con Malfoy y volver a su vida de antes, eso no sonaba nada mal. ¡oh! pero estaba el detalle del juramento inquebrantable que habían hecho, donde el que desistiera, se rajara, corriera, no aguantara, díganle como quieran, antes de los nueve meses automáticamente perdería la custodia del bebé. Esto era algo así de un, voluntariamente a fuerza.
Llegaron a la habitación y con cuidado le ayudó recostarse, invocó la pócima para los mareos, la disolvió en un poco de agua y después la ofreció al rubio. Casi de inmediato el medicamento surtió efecto y Malfoy cayó en un duerme vela. Solo en ese momento Harry se permitió admirar la paz en el rostro del otro, se sentó en la cama y recorrió con la mirada cada parte hasta llegar a ese pequeño bulto que Malfoy escondía entre sus ropas. Acarició sobre la tela el vientre y esa onda de calor y palpitar se hicieron presentes, el rubio suspiró acurrucándose más cerca de él. Harry no pudo evitarlo, sonrió ante ese gesto infantil y en ese momento deseó que eso funcionara, deseó no querer asesinarlo cada dos por tres, deseó poder sentir algo más por Malfoy que solo antipatía.
Iba a retirar la mano, cuando otra cálida se posó sobre la de él.
—¿lo sentiste? — preguntó el rubio aun con los ojos cerrados, sonrió cuando dirigió la mano de Harry hacia otro punto de su vientre — ¡se movió! — después de eso volvió a dormir.
—ya estoy aquí, ¿de qué vamos a hablar?
—de las reglas Malfoy, desgraciadamente tendremos que vivir junto antes de lo previsto.
El rubio bufó y agregó.
—y eso es completamente tu culpa, hasta para conseguir una casa eres un inútil.
—¡de verdad no se en que estaba pensando cuando me acosté contigo! —
—lo mismo me digo cada maldito día, como es que termine contigo de entre todo el maldito mundo mágico. ¡Maldita la hora en que te abrí las piernas!
—¡Y yo en que me metí en ellas!
Esa noche ninguno de los dos bajo a cenar.
05/03/2019
De nueva cuenta yo.
ok, quien ya leyó "aun no me toca" se dará cuenta que me encanta dar saltos en el tiempo y si, odio poner la frase Flash back así que no la verán. Espero no confundirlos.
Eduyir: si, son una lindura cuando no están peleando. De verdad pueden llegar a ser muy hirientes.
Cuquiluna: yo espero lo mismo, que lleguen a enamorarse, pero hay mucha historia entre ellos.
Gracias por comentar chicas. Las adoro
