IX
Ley de Murphy
Había sido una pelea monumental, en cuanto Draco despertó había exigido a Harry que echara a patadas a la pelirroja esa, pero Harry se había opuesto tajantemente alegando que necesitaban ayuda, que el necesitaba ayuda. Draco se había negado rotundamente a que ella se quedara, y ante la negativa de Harry ahora no se hablaban. Harry era el único autorizado a entrar a su habitación, salvo cuando el rubio dormía, que era la mayoría de tiempo, cuando Ginny entraba a checarlo. El medimago tampoco había estado a gusto con ella, pero tenía que admitir que Harry tenía mejor aspecto y que la salud de Draco había mejorado. No tuvo más remedio que aceptar la situación, había sugerido un hechizo de confidencialidad o un juramento inquebrantable, pero Harry se opuesto. El tiempo estaba pasando y Ginny llevaba dos semanas ahí, supervisando y haciendo arreglos a la casa para que se viera más hogareña.
Esa mañana Draco se había despertado más lúcido y con fuerza para poder levantarse de la cama. Pensó que Harry llegaría en cualquier momento, pero se decepciono al notar que no era así, tal vez había salido. Miro el techo de su cuarto y recordó cuando su madre le había mostrado la habitación donde lo habían acunado, el techo estaba cubierto de hermosas estrellas que iluminaban la habitación cuando apagaban las velas. Esa era la decoración que había estado pintando en la habitación de su bebé y que abandono dada su condición. Se levantó dispuesto a terminar su labor, se sentía mejor e incluso con unos ánimos enormes de hacerlo con Harry, quien sabe, tal vez si terminaba antes de que Harry regresara podrían estrenar la habitación del bebé. Salió del cuarto con paso lento pero seguro justo cuando iba a abrir la puerta las voces inconfundibles de Harry y la pelirroja se escucharon detrás de ella.
—¿Que hacían ahí?— su corazón comenzó a latir deprisa y un nudo en la garganta se hizo permanente.
Abrió la puerta lentamente y su estómago cayó al suelo. Las paredes que con tanto esfuerzo había pintado un azul celeste simulando un cielo y las pocas estrellas que lo adornaban habían sido reemplazadas por snitchs, bludger y aros de quidditch.
—¿Qué?— fue solo lo que pudo decir, al ver mancillada su obra—
—Draco— dijo Harry sonriendo—queríamos que fuera una sorpresa—
—¡Mis estrellas!— articuló.
—¡oh! Ginny sugirió que sería más apropiado algo con color y no tan lúgubre ¿te gusta?—
El nudo bajo hasta su estómago y comenzó a dolerle. Tenía que calmarse, pero entonces lo vio, un cunero, ropa, juguetes.
—¿Qué es esto?— dijo señalando el cunero
—cambiamos el diseño, Ginny mencionó que este cunero era más apropiado y más seguro para él bebe, y aprovechamos para comprar ropa y juguetes.
Se acercó sin poder creerlo, nada de eso lo había elegido él, nada de eso era lo que habían elegido para el bebé, se lo estaba quitando, la maldita se lo estaba quitando. Quiso vomitar.
—¡No lo quiero!— chilló— ¡no lo quiero!— elevó la voz comenzando a sacar los peluches y ropa de dentro y botándolo en el suelo manchado de pintura.
—¿Qué te sucede?— gritó Harry levantando los peluches que Draco sacaba.
—¡Me lo quiere quitar!— chilló desesperado tocándose el vientre— esa maldita me lo quiere quitar.
—¡de que hablas!
— ¡Nada de esto es lo que planeamos ni lo que habíamos escogido! ¡Esto no es mío!— levanto la varita ante la mirada atónita de Harry e incinero la cuna ante un estupefacto Harry. Ginny solo se mantuvo callada y alejada del rubio.
—¿Estás loco?— gritó el moreno apagando el fuego, luego se acercó a Draco para arrebatarle la varita y así evitar que quemara más cosas.
Forcejearon por unos segundos hasta que Draco chilló de dolor doblándose en el acto. Cayó de bruces llevándose la mano al vientre y gimiendo de dolor, y Harry lo sintió la magia descontrolada de Draco pidiendo ayuda. El rubio gimió con mayor fuerza y un grito desgarrador se escuchó por toda la casa.
La espera se estaba haciendo eterna, el medimago lo había sacado de la habitación donde tenían a Draco en labor, el parto de había adelantado dos semanas, y necesitaban sacar al bebé lo más antes posible, sino la misma magia de Draco lo haría y eso podría ser mortal para ambos.
Una hora después por fin pudo escuchar el inconfundible llanto de un bebé, apretó la mano de Ginny que tenía entre las suyas, la miró con una enorme sonrisa atrayéndola en un apretado abrazo. El medimago salió en ese momento dándoles la noticia de que era un varón saludable y que Draco estaba débil, pero estable.
Harry entró deprisa a la habitación y sus pupilas se llenaron de la más emotiva y hermosa imagen que pudiera ver, Draco sostenía en brazos a un pequeño bulto al cual miraba con adoración, este levanto la mirada y le sonrió con dulzura. Harry se acercó, acaricio los cabellos dorados y depositó un beso en la frente perlada por el sudor. Draco levantó los brazos para que Harry pudiera ver el sonrojado rostro de un bebé dormido, le extendió las manos para que lo tomara. Harry lo tomó en sus brazos y admiro el rostro de su hijo, era hermoso y por la pequeña pelusita que se asomaba por la cabeza tendría el cabello negro. Miró al rubio sonriendo, pero este tenía una mueca de dolor al igual que el sudor seguía presente.
—Te sientes mal—preguntó al ver como el rubio comenzaba a respirar con rapidez —Ginny— gritó mientras intentaba, con bebé en brazos tranquilizar a Draco. El medimago entró seguido de la pelirroja a quien en segundos fue encargada de cuidar al recién nacido, ella lo tomo en brazos y lo llevo a la parte mas alejada de la habitación.
El medimago lanzaba hechizos estabilizadores mientras Draco se convulsionaba y Harry hacia todo lo posible por detenerlo mediante la fuerza. Llego un punto en donde Draco cayo laxo sobre la cama y Harry pensó lo peor.
—Solo se desmayó, tranquilo— realizó más movimientos de varita y lo aisló en una cúpula de magia. —su magia esta inestable, el estrés por el parto y luego por la pérdida del bebé, su cuerpo lo busca, busca esa magia extraña que lo acompaño durante casi nueve meses y que bruscamente le fue arrebatada, necesitara de tu magia y de la presencia del bebé para poder recuperarse.
—Pero él no está en peligro— se acercó donde Draco y lo miro dormir profundamente.
—no, no lo está, puedes estar tranquilo.
Ginny mecía al bebé enajenada por su hermosura y ternura, sonrió hacia el pequeño, miró hacia la cama de Draco y posteriormente clavo su vista en Harry, luego deposito un beso en la cabecita del Bebé y sonrió.
11/06/2019
a la verch todo...
